Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Jigoku.

Advertencia: Hola a todos, antes de que comiencen a leer quiero avisarle un par de cosas que me parecen importantes, trataré de no extenderme demasiado, sólo lean esto antes de decidir si continuar la lectura o no. Antes que nada, esta es una secuela de Himitsu, así que considero necesario un conocimiento de ese fic para comprender este, en caso contrario muchas referencias no tendrán sentido y les asombrará la velocidad con la que avanza la relación de los protagonistas. Este es un fic de terror, así que habrá escenas muy fuertes que podrían herir sensibilidades, quedan advertidos. Por otro lado planeo escribir lemon en algún momento, probablemente no sea más que una ralladura de lima, ya que los que han leído mis trabajos saben que jamás escribí algo en ese tono, pero esta historia lo requería y no quiero quitarle partes sólo por mi incapacidad como escritora. Si con estas advertencias deciden continuar con su lectura, les doy la bienvenida a este nuevo proyecto, espero que lo disfruten y desde ya agradezco a todos el apoyo que me han dado desde el comienzo, realmente me siento muy afortunada de tener lectores tan fieles y comprensivos.

Capítulo 1.

Anoche tuve un sueño hermoso, jamás creí que hoy se volvería realidad…

Aquí estoy, en este apacible parque escuchando sólo el trinar de las aves, acostada en la hierba con mi cabeza reposando sobre tus piernas. Disfruto de la suave caricia de tus dedos peinando mi cabello y el calor de tu aura cobijándome, todo parece tan perfecto, pero nada lo es…

Recuerdo con claridad cuando desperté aquel día, ese en el que supe que la pesadilla había acabado, sentir tu dulce abrazo, tus cálidas lágrimas, y esa tierna voz susurrándome que no volviera a dejarte, que me protegerías por siempre. Me sentí la mujer más feliz del mundo, no te separaste un segundo de mi lado durante nuestra recuperación, ya eras imprescindible en mi vida, pero desde ese entonces te has vuelto la luz que ilumina mi mundo, no sé que haría sin ti. Debería decírtelo, decir que te amo, pero los miedos y dudas continúan allí, y como una idiota sigo esperando a que lo digas tú. Talvez si lo hiciera podría disfrutar más a menudo de caricias como la que me das en estos momentos, y no sólo cuando recibo una mala noticia, cuando sólo lo haces por darme fuerzas para continuar viviendo a pesar de que el mundo parezca desmoronarse sobre mi. Ya hace varios meses desde que nos dieron el alta, y recién hoy Tofú nos aseguró que estamos completamente curados y podemos regresar sin problemas a nuestras actividades diarias, lo que nunca esperamos fue lo que nos dijo luego.

"Esteril", esa palabra continúa repitiéndose en mi cabeza, él lo explicó muy bien, pasó demasiado tiempo sin que la herida en mi vientre fuera tratada, cuando me suturaron ya era tarde, el daño estaba hecho. ¿Cómo perder algo que nunca se tuvo? ¿Por qué duele tanto saber que no podré tener algo con lo que nunca soñé siquiera? Un hijo… no me lo había planteado hasta ahora, realmente me habría gustado, pero ya no debería pensar en eso, aunque sea inevitable imaginar a un pequeño de ojos azules en mis brazos… no sé porque ese siempre es el color de sus ojos, talvez porque no imaginaría que alguien más que tú fuera su padre.

Abro mis ojos, puedo verte tan pensativo, melancólico, con la mirada perdida en el horizonte como si añoraras algo. En la mañana te veías tan feliz, sólo sabías hablar de lo mucho que entrenarías cuando el doctor al fin te lo permitiera, pero luego de esa noticia te ves tan triste, es como si te hubiera afectado tanto como a mi, no entiendo el porqué, acaso tú… no, imposible. Ya está oscureciendo, es increíble como se pasa el tiempo cuando hablo contigo, aunque sólo sea en mis pensamientos y no te haya dicho palabra desde que salimos del consultorio. Creo que es hora de irnos, me incorporo lentamente, mi cuerpo se siente demasiado pesado, y sé perfectamente que no tiene nada que ver con algo físico… no sé si algún día podré recuperarme de este golpe.

-¿Ya nos vamos?- te escucho preguntar y yo sólo puedo asentir mientras me pongo de pie.

Necesito llegar a mi habitación, encerrarme allí y llorar, no silenciosas lágrimas como las que lloré en tu regazo, necesito desahogarme, pero no quiero molestarte más, ya te ves lo suficientemente triste como para cargarte con algo más. Caminamos en silencio, la calle se ve tan vacía, es una fría noche de verano, ese frío me está calando los huesos, nunca sentí frío teniéndote a mi lado, hoy algo cambió entre nosotros, te siento lejos y no me molesta que así sea… necesito tanto de tu calor que quiero tenerte lejos para creer que este frío se debe sólo a la distancia.


Kasumi regresaba a la casa, luego de haber salido por quinta vez a esperar a los chicos.

-Tranquila, pronto regresarán- le dijo Nodoka esperándola en la puerta.

-Me preocupan, ya es muy tarde- explicó la joven dirigiéndose a la cocina seguida por la mujer.

-Hoy era el día en que Tofú les daría la noticia.

-Así es, me preocupa como se lo haya tomado Akane…

-Mi hijo está con ella, te aseguro que la apoyará como lo ha hecho todo este tiempo- afirmó la mujer comenzando a preparar la cena.

-También me preocupa como lo tomará él- suspiró resignada Kasumi, imitándola.

Ambas mujeres continuaron sus quehaceres en silencio, sumergidas en sus pensamientos. Luego del incidente Nodoka comenzó a vivir en la casa para ayudar a Kasumi con los cuidados de la familia, aún se lamentaba por no haber estado allí cuando todo sucedió, pero su ayuda fue de vital importancia para la familia luego de lo acontecido. Los chicos pasaron dos meses hospitalizados, una recuperación increíblemente rápida para las condiciones en las que se encontraban, ya habían pasado cuatro meses desde que les dieron el alta y el mismo tiempo desde que la familia supo que Akane no podría tener hijos, pero habían decidido no informarles hasta que estuvieran en plena forma por temor a una recaída. Ranma y Akane se mantuvieron juntos durante todo ese tiempo, si bien nunca hubo declaración se notaba desde lejos cuanto se querían, ambos se cuidaban mutuamente y sólo necesitaban el cuidado de la familia durante las noches, por lo que Nabiki dormía en el cuarto de Akane y Ranma con su padre previendo cualquier eventualidad.

-Creo que ya llegaron- dijo Kasumi al escuchar la puerta de la entrada abriéndose.

Ambas mujeres observaron desde el pasillo como Akane subía las escaleras en silencio, seguida por Ranma, su eterno protector. Decidieron no intervenir, ambos necesitaban descansar, más tarde hablarían con ellos cuando bajaran a cenar. Al llegar a su habitación, Akane entró inmediatamente sin mediar palabra, encerrándose allí, Ranma por su parte sólo se quedó unos segundos observando la puerta cerrada. Esa puerta que fácilmente podría derribar con una patada, en estos momentos parecía una barrera infranqueable, él no podría acercarse a ella, no hasta que ella lo permitiera, no hasta que él aclarara sus sentimientos, necesitaba pensar así que subió al tejado.


Soy un idiota… dirás que eso no es noticia, que lo sabías desde el primer día que me viste, pero hoy superé cualquier idiotez que haya cometido en la vida.

Me siento mal… sé que es estúpido, sé que no debería sentir esta tristeza, pero no puedo evitarlo. Aquella semana, viéndote en esa cama, postrada, sin dar signos de mejoría, dándome cuenta a cada momento que lo único que te mantenía viva eran esas máquinas. Eso fue sufrimiento, eso fue tristeza y desesperación, esa fue la peor semana de mi vida, pero luego abriste tus ojos y en ese momento supe lo que era ser realmente feliz. Estabas allí con vida, te recuperarías y todo regresaría a la normalidad, no podía imaginar algo mejor que eso. Fui tan feliz durante todo este tiempo, tenerte conmigo es lo mejor que puedo imaginar, sin embargo hoy fue diferente, hoy me sentí triste, abatido con esa noticia. ¡Maldita sea! ¿Cómo puedo entristecerme si sigues estando conmigo? Pensar en que casi te perdí me hace sentir deseos de golpearme por no poder sonreír en estos momentos, ¿qué importa haber perdido la posibilidad de tener un hijo si te sigo teniendo conmigo?

Escuchar tu llanto ahogado por la almohada me parte el alma, pero si yo me siento de esta forma no puedo imaginar lo que sentirás tú. Alguien inteligente no se habría recostado en el tejado a pensar, justo sobre tu habitación, sabiendo que escuchar tu llanto solo lo martirizaría… pero yo no soy alguien inteligente. Imagino que esta es la única forma que encuentro de castigarme.

Con el tiempo saliste del hospital, me quedé allí a tu lado siempre, cuidando de ti, vigilando que nadie se atreviera a molestarte, y tú hacías lo mismo por mí, una sonrisa tuya podía aliviar mi dolor mucho más efectivamente que cualquier tonto medicamento. Desde que todo sucedió han pasado casi seis meses, y en todo este tiempo nunca tuve el valor de hablar, bueno si de hablar, dije muchas cosas, la mayoría fueron tonterías, pero nunca te dije lo más importante. Realmente te necesito Akane, no sólo necesito tu compañía o tu amistad como siempre las tuve, desde que desperté aquel horrible día, desde que te encontré agonizando en ese charco de sangre a un lado de mi cama, lo decidí, te amaría con locura, te daría todo de mí, sólo tenías que quedarte conmigo, sólo permanecer a mi lado y yo te haría la mujer mas feliz del mundo. Moriría y mataría las veces que me lo pidieras sólo por ver tu hermosa carita sonriente, sin embargo… nunca hablé.

No imaginas la cantidad de noches en las cuales al entrar a escondidas a tu habitación, tuve que hacerlo por la puerta ya que me prohibiste que volviera a saltar hacia tu ventana hasta que me recuperara, dispuesto a susurrarte al oído que te amaba, que eras mi vida, que lo daría todo por ti. Añoraba despertarte con esas palabras, podía imaginar tu rostro somnoliento y confundido, tus labios maravillándome con esa hermosa sonrisa, tu voz preguntándome si se trataba de un sueño. Pero siempre acababa acobardándome luego de observarte un rato, no tengo dudas, sé que me aceptarías, sé que me amas tanto como yo a ti, pero había algo que aún me molestaba… Tenía tanto miedo de acabar haciéndote daño de alguna forma, hacerte algo que mil golpes de tu mazo no pudieran solucionar.


La introspección de Ranma se vió interrumpida por los gritos de furia de su prometida, y el sonido de objetos chocando contra las paredes y rompiéndose.

-¡Demonios, debo detenerla antes que se haga daño!- exclamó al tiempo que se incorporaba en el tejado.

En tanto en el cuarto de Akane su lámpara de noche se hacía añicos contra la pared.

-¡Maldición, no me alcanzó con arruinarme la vida! ¡También tuve que hacerlo con la de él!- gritaba fuera de sí, sin importarle pisar los trozos de vidrio y cerámica esparcidos por el suelo.

Mientras se desahogaba tendida sobre su cama su turbado cerebro llegó a una conclusión, talvez Ranma necesitara un heredero, sabía bien que los padres de él simplemente no lo presionaban porque esperaban a que se recuperara, pero de ahora en más volverían a insistir con ese tema, sobre todo su madre para la cual un nieto sería una gran prueba de la hombría del muchacho. Y ahora ellos no obtendrían el heredero allí, así que seguramente lo obligarían a casarse con otra de sus prometidas contra su voluntad. ¿Y si elegían a Shampoo y ella se lo llevaba a China para que viviera como un amazona más, en una sociedad donde los hombres sólo servían para procrear mujeres con buenos genes? O peor… talvez lo obligaran a casarse con Kodachi, ni siquiera Ukyo era una buena opción, él le había dejado en claro que atender un puesto de okonomiyakis no estaba entre sus planes. Definitivamente por su estupidez, por su debilidad ante ese hechizo, lo condenaría, ese tenía que ser el motivo por el que se lo veía tan triste, y era algo que no se perdonaría jamás.

Una fuerte mano tomó su muñeca antes de que lanzara su reloj despertador hacía la puerta.

-Cálmate…- le pidió con la voz más dulce que pudo, como si intentara calmar una fiera.

-R… Ranma…- murmuró dejando caer el aparato que sostenía –Lo siento…

Él no dijo nada, se limitó a sentarla en su cama y comenzar a desprender los trozos de vidrios que se le habían incrustado en sus pies. Se concentró en su tarea evitando verla a los ojos, esos ojos hinchados y llenos de dolor le afectaban demasiado, y en estos momentos al menos él debía mantenerse fuerte para apoyarla.

-Hablaré con tío Genma y tía Nodoka para que no te obliguen a irte- comenzó a decir ella desviando la mirada hacía la ventana.

-¿Qué?- preguntó desconcertado levantando la mirada.

-También hablaré con papá, el dojo es más tuyo que mío, aunque no haya boda- continuó diciendo, él se mantuvo en silencio, esperando averiguar que loca idea había dando vueltas en su cabeza esta vez –Prometo que haré todo lo posible para que no te obliguen a casarte con Shampoo o las demás, de alguna forma lograré que esperen a que encuentres a la chica indicada, y entonces podrás tener… lindos niños… con… ella- acabó con dificultad sin poder evitar llorar amargamente, sin atreverse a observarlo.

Bien, eso le daba una leve idea de lo que ella pensaba, como siempre, tenía una percepción equivocada de las cosas. Ese llanto lo estaba matando, ella sufría, ella sufría porque él era un cobarde y nunca se atrevió a hablarle con franqueza, ¡al diablo con las dudas! Ella lo necesitaba, y lo necesitaba ahora, se prometió a si mismo que jamás volvería a permitir que ella sufriera, nunca la lastimaría ni siquiera por error. Así que con renovados ánimos se incorporó, rodeando con sus brazos el pequeño cuerpo, apretándola contra su pecho en un abrazo tan lleno de amor, que dolía continuar callando.

-Hace tiempo que encontré a esa chica…- dijo con suavidad, demasiado cerca de su oreja, tanto que la ponía nerviosa –Y tú la conoces bien…- el rostro de Akane se compungió, esa frase dolía más de lo que esperaba, en su mente comenzaron a pasar velozmente imágenes de chicas de la escuela, y otras conocidas sin que lo pudiera evitar –Te amo Akane… sólo a ti, desde hace más tiempo del que puedo recordar…- concluyó separándose un poco para observarla.

Estaba en shock, con los ojos aún bañados por las lágrimas abiertos completamente, temblaba, ambos lo hacían. Lentamente dirigió su mirada a él, temerosa por lo que podía encontrar, no podía ser una burla, él no sería tan cruel, pero temía encontrar lástima, lástima por ella, el único motivo por el cuál él podría haber dicho esas palabras. Sus miradas se encontraron, y en ese instante se sintió renacer, en esos ojos azul cielo no podía encontrar más que amor, miles de recuerdos se agolparon en su cerebro, cada oportunidad en la que la salvó, cada disculpa, cada mirada fugaz, cada sonrisa, cada día desde que lo conoció él la había protegido de alguna forma. De pronto aquello que se negaba a aceptar por temor a que sólo fuera una vana ilusión, estaba tan claro que se sentía una idiota por no haberlo notado antes. Él la amaba tanto como ella lo amaba a él, esa certeza le caló tan hondo, que en ese momento supo que jamás volvería a dudar de él sin importar lo que hiciera.

Lo abrazó con fuerza, enterró su cabeza en el hombro de él y lloró con intensidad, sin saber si lo hacía por tristeza o felicidad. Él se mantuvo allí, quieto, sólo respondiendo al abrazo, mientras deslizaba una mano por la espalda de ella con lentitud, en una dulce caricia que la animaba a continuar desahogándose. Ella no respondió, él no esperaba una respuesta, sólo se mantenía allí, en esa incómoda posición en la que no estaba ni de pie, ni sentado, sino inclinado hacía delante para que ella que estaba sentada pudiera aferrarse a él con facilidad. Leves estremecimientos en el cuerpo de Akane auguraban el final del llanto, cuando al fin logró respirar con normalidad se retiró un poco de su cuerpo, ya no sentía vergüenza por la cercanía, pero aún necesitaba decirle algo, aunque su cerebro en estos momentos estaba completamente derretido. Lo miró a los ojos y un gran sonrojo, y expresión idiota se apoderaron de su rostro, un estado más propio de Ranma que de ella, en el cual por alguna extraña alquimia sentía que pronto se petrificaría, pero a él no pareció importarle, sólo le sonrió y se sentó a su lado, viéndola como sólo se ve a lo más querido para uno.

-¿Te sientes mejor?- Le preguntó con suavidad mientras retiraba el flequillo que estaba pegado a su húmedo rostro.

No obtuvo respuesta, así que tomándola por los hombros, condujo su cabeza hacía su propio regazo, dejándola acostada en la cama en una posición muy parecida a la que habían disfrutado en el parque. Los minutos pasaron, ambos estaban inmersos en sus pensamientos, él intentando crear una estrategia a futuro, su caudal de valor se había extinto de un momento al otro, y ya no podía pensar con claridad teniéndola en tan íntimo contacto, ella sintiéndose algo culpable por sólo permitir que él le diera sin ofrecerle nada a cambio, con su cerebro regresando poco a poco a la normalidad.

Demasiado silencio, demasiada quietud, demasiado tiempo sólo para pensar, fue inevitable que un traicionero pensamiento llegara a ella. Ranma le daba todo, pero ella, ¿qué podía ofrecerle a cambio? Ya no se trataba de tontas inseguridades del pasado, ya no eran comparaciones con otras en cuanto a estética o habilidades culinarias, ahora era algo mucho más profundo, ella no podría darle un hijo… ya no era una mujer completa…

Se separó con brusquedad de él, y corrió hacía su ventana en un intento por alejarse lo más posible. Ranma sólo la miraba confundido, aún salía algo de humo de sus orejas, inequívoca prueba del estado en el que estuvo durante todo ese tiempo.

-Esto no va a funcionar Ranma… será mejor que no volvamos a vernos…- informó mostrándose lo más fría posible, sin atreverse a verlo.

Él se limitó a observar con preocupación como los pies de ella sangraban, esas palabras habrían sido demasiado dolorosas en otras circunstancias, pero ahora sabía bien que sólo era un arranque más de ella.

-No vuelvas a decir eso- no sonaba a orden, ni siquiera había una pizca de molestia en su voz, eso era lo que más atemorizaba.

-¡No te acerques!- gritó Akane, cuando lo vio dirigiéndose a ella con lentitud.

-¿Es que no ves los vidrios del suelo?- le preguntó alzándola en brazos.

-¡Suéltame!- le ordenó mientras pataleaba intentando zafarse -¡Esto no está bien, debes alejarte de mi…!

-¡Esto es lo mejor que he hecho en mi vida Akane, ¿en qué demonios estás pensando ahora?!- preguntó mientras la sentaba sobre el escritorio, e intentaba recordar donde había gasas y vendas.

-¿Olvidas que no podré darte hijos?- preguntó cabizbaja.

-Aquí están…- dijo para si mismo mientras sacaba un botiquín uno de los cajones del armario.

-¡¿Me estás escuchando idiota?!

-Si te tengo conmigo, ¿crees que algo como eso me importa?- preguntó él con el botiquín en su mano, parado a un palmo de narices de ella, mientras la observaba con tal intensidad que la dejó sin palabras, segundos después se arrodilló y retomó su anterior tarea de quitar los fragmentos incrustados en la carne.

-S… si lo creo…- logró articular finalmente –Te veías muy triste… te dolió demasiado saber que no podríamos tener hijos…

-Por un instante así fue…- admitió serenamente mientras comenzaba a vendarla –Pero luego recordé que casi te perdí una vez, y eso me alcanzó para darme cuenta de que sólo te necesito a ti para ser feliz, el resto es secundario- concluyó acabando su trabajo –Lo que notaste no fue tristeza, era culpa porque aunque sólo hubiera sido un segundo, en ese momento no valoré lo feliz que me haces- aclaró levantando la cabeza para mirarla.

Las lágrimas caían sin que lograra detenerlas, lo que él dijo se escuchó tan sincero que no podía dejar de creerle, era demasiado bueno, demasiado perfecto para ser sólo de ella.

-Aún así… ya no soy una mujer completa…- susurró ella –Nunca seré suficiente mujer para ti…

Juraría que lo escuchó gruñir en ese momento, lo vio ponerse de pie lentamente sin dejar de verla, había fuego en su mirada, tuvo la extraña sensación de haber despertado una fiera.

-Te demostraré lo contrario…- le susurró al oído, con tal sensualidad que le provocó un escalofrío.

Lo vio marcharse en silencio, ella aún inmóvil, temblando sin poder asimilarlo, sin saber que esperar, sólo pudo tragar saliva, tenía el presentimiento de que algo sucedería, algo extraño que cambiaría su vida para siempre.

Continuará.

Hola! Luego de tanto tiempo al fin concluyo este capítulo, debería estar estudiando pero sentía que debía terminarlo. Espero que les haya gustado, talvez me apresuré mucho en la relación de estos dos, no lo sé ustedes me dirán. Pero mi argumento es que luego de pasar por tantas cosas ambos maduraron en algo.

Bueno me despido, espero tener el siguiente antes de fin de año… espero…

Saludos y muchas gracias por tomarse su tiempo en leer.