Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Capítulo 4.

-Por aquí…

-¿Dónde?

-Aquí… date prisa te estamos esperando…

-Pero, no las veo…

-Sólo ve hacía el frente tontito.

Él obedeció, y luego de un par de pasos, las penumbras en las que estaba sumergido se disiparon, apareciendo frente a él un hermoso paisaje primaveral. El césped estaba cubierto por miles de flores de todos los colores, los pajaritos volaban sobre su cabeza cantando hermosas tonadas, el viento soplaba gentilmente meciendo las hojas del gran roble que había en medio de tan paradisíaco lugar, y debajo de este, lo más hermoso de todo. Sus dos chicas, las dos diosas de sus sueños, a las que amaba tanto como ellas a él, esas dos bellezas lo esperaban allí, clamando por su adonis.

-Akane Tendo, chica de la coleta, ¡vengan a mis brazos!- exclamó corriendo hacía ellas.

-Eso quisiera… pero no puedo- se lamentó la pelirroja al borde de las lágrimas.

-¿Qué es lo que te sucede bella damisela? ¿Porqué no puedes correr al encuentro de tu amado?- preguntó deteniéndose a mitad de camino.

-Es que… algo me lo impide, ¡esta horrible maldición ha encerrado mi alma de doncella entre barrotes de hierro, no permitiendo que entregue mi corazón a nadie más!- explicó angustiada, mientras ponía una sus manos en el pecho y la otra en su frente en una pose dramática.

-¡Mi hermosa cabellos de fuego, ven a mi encuentro! ¡Juntos podremos vencer hasta al más terrible de los dragones, romperemos ese maldito encantamiento con la fuerza de nuestro amor!

-¡Oh… Señor Kuno, lo amo!- exclamó ella corriendo a su encuentro, al llegar, enterró su cabeza en el masculino pecho y él la envolvió con sus fuertes brazos.

-Mi Diosa de la trenza, bésame y acabemos con ese cruel hechizo- dijo al tiempo que la tomaba por la barbilla y se acercaba a sus labios.

A escasos milímetros de tan ansiado roce, sintió la quemante sensación de agua hirviendo que caía sobre él. Cuando abrió los ojos, se topó con una horripilante imagen.

-¡Saotome!- gritó furioso empujándolo lejos de sí, con todas sus fuerzas.

-Lamento tanto haberles aguado su encuentro- resonó cínica y malvada una voz, la voz de la persona menos esperada.

-Tendo… Akane- murmuró él, prestándole atención a la mujer que vestida de negro, permanecía bajo el que hasta hace instantes era un frondoso roble de envidiable follaje, y ahora se convertía lentamente en cenizas.

-¡Fui muy clara al advertirte que no te acercaras a ella!- exclamó Akane furiosa, al instante el cielo se volvió rojo como si estuviera hecho de fuego.

-¿De qué hablas mi diosa con alma de tigresa? Abandona esa actitud hostil y ofréceme tu apasionado querer- ordenó altaneramente.

-Acéptalo Kuno, jamás podrás tenerme a mí… ni a ella…- informó mordazmente al tiempo que con su mano llamaba al joven que aún permanecía sentado en el mismo lugar donde cayó.

Como si fuera un títere sin voluntad, Ranma fue hasta ella obedientemente, Kuno vio con asombro como Akane vertió el líquido contenido de una pequeña botella de cristal sobre su prometido y este se transformaba ante sus ojos en la exuberante pelirroja.

-Porque ella es mía…- murmuró Akane viéndolo de reojo, mientras con un brazo rodeaba la cintura de su chica, y con la otra acariciaba su rostro.

Para reafirmar su sentencia, Akane besó a la chica de la trenza, quien aún bajo control, no se resistió en ningún momento. Kuno dio un paso hacia atrás impresionado, pero inmediatamente una sonrisa llena de satisfacción se formó en su rostro y comenzó a avanzar hacía ellas.

-¡Esto es perfecto, ambas se casarán conmigo y los tres seremos felices por siempre!-exclamó, mientras por su mente pasaban imágenes de las cosas que podrían hacer los tres juntos.

-¡A ti nadie te necesita estúpido!- gritó Akane rompiendo el beso, pero aún sosteniendo a su amada.

Sólo con su aura Akane creó un viento quemante que lo hizo volar hacía atrás hasta chocar con el duro suelo de piedra. En ese momento él lo comprendió todo, se levantó sosteniendo su sangrante hombro, y la enfrentó con valentía.

-¡Tú, vil hechicera que me has engañado durante tanto tiempo con tus impuros encantos, que has envenenado el alma pura de mi diosa de trenza, jamás te perdonaré por esto! ¡Yo acabaré contigo!- sentenció sacando una espada y lanzándose hacía ella mientras su capa era agitada por el viento.

Akane lo observó fijamente, sus ojos se volvieron rojos una demoníaca sonrisa se formó en su rostro.

-¡Ahora verás lo que le sucede a quienes se interponen en mi camino!

En ese momento una densa neblina nubló su visión, luego de unos instantes la neblina se disipó y el paisaje había vuelto a ser el hermoso césped florido de un principio.

-¿Qué, que sucedió?- preguntó desconcertado, notando algo extraño en su voz.

-Observa detrás de ti- dijo tranquilamente Akane, ahora vestida con unas telas semi transparentes que cubrían apenas lo justo, al igual que la pelirroja que abrazaba.

Él se dio la vuelta cautelosamente, se encontró con un espejo que flotaba en medio de la nada, por la fuerza de la costumbre observó su reflejo en el mismo.

-¡S… soy un… CABALLO!- gritó horrorizado.

Despertó relinchando… se sentó en su futón, con el rostro desfigurado de miedo, al observar a su alrededor notó que estaba en su habitación, miró sus manos en busca de cascos, palpó su rostro intentando encontrar un hocico, pero nada, todo era normal.

-¡Esa maldita pesadilla nuevamente!- exclamó frustrado.

Él era un guerrero, uno fuerte, poderoso, noble y por sobre todas las cosas valiente, nada lo asustaba mucho menos una insignificante pesadilla. Aún así se arrastró hasta la pared y apretó el interruptor encendiendo la luz, así estaba mucho mejor. Pero al instante se arrepintió, ya que de esa forma podía ver claramente las dos gigantografías de sus amadas. La pelirroja lucía su belleza sensual de siempre, pero Akane Tendo, en esa postura desafiante de quien se prepara para dar un golpe, con sus ojos fieros que parecían observarlo, analizarlo, burlarse de él.

-¿Cómo puedo pensar en eso por una tonta pesadilla?- se recriminó a si mismo –¡Dulce Akane, ¿serías capaz de perdonar a este noble caballero por haberte difamado, aunque sólo fuera en uno de sus sueños?!- preguntó arrodillándose frente al poster de la chica Tendo.

Kodachi entró sin llamar, así que lo vio en esa pose tan ridícula, reverenciando a una foto gigante, sin embargo estaba acostumbrada así que no le prestó atención.

-¡¿Porqué gritas de esa forma? Me despertaste estúpido!

-Oh… pero si es mi loca hermana- dijo Kuno como si estuviera narrando la escena, mientras se incorporaba.

-¡Yo no estoy loca! ¡Ya deja de llamarme así engreído!- ordenó altaneramente.

-¡No permitiré que irrumpas en mi habitación a esta hora para insultarme, psicópata!

-¡Y yo no tolero que interrumpas mi sueño de belleza con tus alaridos, imbécil! ¡Eres la vergüenza de la familia!

-¡¿Cómo te atreves mala hermana?! ¡Tú eres la vergüenza de esta familia!

-¡El mal hermano eres tú! ¡Te enseñaré a respetar a una dama!- amenazó sacando su cinta de gimnasia.

-¡Y yo a respetar a un caballo…digo… un caballero!- se corrigió al instante sacando su booken.

Incluso desde afuera se podía escuchar el estruendo de objetos rompiéndose y gritos de batalla acompañados por insultos, nadie en los alrededores dormiría esa noche.

En la casa Tendo, Nabiki despertaba por segunda noche consecutiva a causa de una pesadilla.

-¡Maldición! De nuevo ese sueño- murmuró frustrada, incorporándose en la cama.

Miró hacia la cama de Akane, y allí la encontró, con su espalda recostada al respaldo abrazando sus rodillas. A pesar de la oscuridad se la veía muy afectada, meciéndose hacia atrás y adelante en un intento por calmar su tembloroso cuerpo. Si escuchaba con atención podía oír sus sollozos, definitivamente su hermana no estaba bien.

-Akane, ¿qué tienes?- le preguntó preocupada.

La aludida se sobresaltó, y la quedó viendo como si fuera un fantasma.

-N… nada- respondió nerviosamente.

-¡Nada por supuesto!- exclamó irónicamente –Y "nada" es lo que te tiene temblando de miedo.

-E… en serio Nabiki, no pasó nada…

-Anda dime, tú también tuviste una pesadilla, ¿verdad?

-¿También?- preguntó Akane de manera perspicaz –¿Tuviste la misma pesadilla de anoche?

-Así es, pero no tiene importancia, no es más que una tontería. Lo que me molesta es que no puedo descansar bien, hoy casi no lograba concentrarme en las clases.

-Entonces será mejor que intentemos dormir nuevamente- aconsejó Akane acostándose, mientras se tapaba hasta la cabeza con la sábana.

Escuchó como Nabiki volvía a recostarse en su cama y en un par de minutos se quedaba dormida.

-Tuvo la misma pesadilla… la misma que anoche… ¿será eso lo que está sucediéndole?- pensó preocupada intentando encontrar una explicación -¡Dios, ¿Qué debo hacer?!

Al día siguiente Akane llegó a la escuela acompañada de Ranma, todo parecía haber regresado a la normalidad, Nabiki había salido bastante más temprano, y ellos tuvieron que correr para llegar justo a tiempo.

-¡Akane!- la llamaron sus amigas apenas pisó el salón.

-Hola chicas- las saludó.

-¡Mira lo que usamos!- exclamó una de las chicas señalando la mascada en su cuello, mientras la demás hacían lo mismo.

-Mph… ¡Estúpidos trapos!- murmuró Ranma, y se alejó de las chicas refunfuñando.

-¿Qué le pasa?- preguntó una de las chicas.

-No le presten atención- se apresuró a decir Akane mientras sonreía afectadamente.

A la hora de la salida, Akane encontró a Ranma en el patio trasero de la escuela, tal como él le había pedido en un papelito que le arrojó durante la clase.

-Aquí estoy Ranma, ¿para qué querías verme?

-¿Necesito motivos para querer verte?- preguntó él aventurándose a tomarla de la mano.

-¡Ten cuidado! Alguien podría vernos- dijo ella mirando nerviosa alrededor.

-Vamos a dar una vuelta antes de regresar a la casa- propuso él con una sonrisa.

Akane no pudo evitar corresponder a esa sonrisa, se lo veía feliz, con ese brillo tan especial en sus ojos, se dejó guiar por él. ¿Y qué si alguien los veía? No importaba cuanto se esforzaran, nadie los separaría nunca. Caminaron tranquilamente, por primera vez sin molestarse en vigilar que nadie conocido apareciera, era como si de pronto prometidas, pretendientes y extorsiones dejaran de importar. Llegaron a un parque algo alejado de la escuela, allí se sentaron a la sombra de un enorme roble.

-Que tranquilidad…- susurró Akane apoyando su cabeza en el hombro de Ranma.

-Ojala siempre pudiéramos estar así, juntos y sin nadie molestando- comentó él, mientras pasaba un brazo por su cintura para acercarla más a su cuerpo.

-Eso sólo sería posible si nos huyéramos muy lejos de Nerima y cambiáramos nuestros nombres- respondió Akane en tono de broma.

-Créeme que eso no me molestaría…

Ranma comenzó a acercarse lentamente a su prometida, pero cuando estaban a punto de besarse, una traviesa y solitaria nube decidió que ese parque era el mejor sitio para descargar parte de su peso. Ranma se detuvo en cuanto sintió la primer gota en su cabeza, la cual fue seguida por muchas otras. Ya con su apariencia de chica miró desafiante al cielo el cual lucía un hermoso arcoíris provocado por una lluvia que duró exactamente diecisiete segundos.

-¡Maldita lluvia, vuelve aquí y pelea!- gritó Ranma sacudiendo el puño, mientras la inofensiva nube se alejaba lentamente.

-Tranquilízate Ranma- le sugirió jalándolo del brazo para que volviera a sentarse.

-No importa a donde vallamos… hay problemas que nunca podremos evitar- suspiró resignado.

Su sonrisa había desaparecido, esa tristeza en su mirada dolía tanto. El asunto de su maldición aún estaba pendiente, y estaba afectándolo demasiado.

-Tranquilo sabes que no me importa como te veas- aseguró ella acercándose su rostro al de él con lentitud.

-¡U… un momento Akane, ambos somos…!- no pudo terminar la frase debido a esos dulces labios que presionaban su boca.

Se quedó congelado sin poder creerlo, Akane lo estaba besando, incluso con su apariencia de chica, el shock era demasiado para poder pensar en algo más.

-¡AHHHHH!- se escuchó un grito cerca de allí.

-Oh…oh…- murmuró Akane alejándose de Ranma al tiempo que miraba en la dirección del grito.

De entre unos arbustos emergió un furioso joven agitando su booken.

-¡Lo sabía, sabía que mis sueños eran proféticos!- gritó parándose a mitad de camino mientras señalaba a las dos chicas con su espada de madera.

-¡Oye Kuno, tranquilízate!- pidió Akane poniéndose de pie, sin saber como reaccionar.

-¡No permitiré que una mal nacida hechicera como tú cometa la osadía de darme órdenes a mí, el gran Kuno Tatewaki de diecisiete años!-

-¿Hechicera?- preguntó desconcertada.

-¡Me engañaste durante demasiado tiempo, pero finalmente he abierto los ojos a la magnitud de tu maldad!

-¿Me podrías explicar de que rayos estás hablando esta vez?- preguntó ella resignada, no había duda; Kuno estaba cada día más loco.

-¡No intentes ocultarlo, tú fuiste quien maldijo a mi noble cabellos de fuego con la ruin intención de quebrantar su voluntad! ¡Oh, cruel destino el de tan dulce doncella, verse forzada a cumplir la voluntad de una malvada bruja!

-¡¿Qué yo la maldije?!

En tanto, Ranma continuaba ajeno a gritos y acusaciones, aún en su propio mundo intentando entender tan complejo acontecimiento.

-Chica…- murmuró mirando a su prometida –Chica…- mirándose a si mismo –Chica…- volviendo la mirada a Akane –Chica…- mirándose nuevamente.

No importaba cuantas vueltas le diera al asunto, ambos eran chicas y ella lo había besado, y eso resultaba algo demasiado surrealista para su derretido cerebro. Sin embargo cualquier tipo de dilema fue olvidado cuando escuchó a Kuno gritando:

-¡Akane Tendo, acabaré contigo!- exclamó lanzándose hacia su desprevenida víctima.

Un puño colocado estratégicamente en su estómago le impidió llegar a destino.

-¡No permitiré que la toques idiota!- le gritó Ranma quitando su puño, mientras veía como Kuno se balanceaba intentando mantener el equilibrio luego de ese golpe que le quitó el aire.

Cuando logró recuperarse se irguió por completo mirando fijamente a los ojos a su dulce pelirroja, que en estos momentos parecía más dispuesta a fulminarlo con la mirada, que a darle el apasionado beso de amor que ella seguramente tanto deseaba.

-Ahora lo entiendo todo- declaró solemnemente sin dejar de ver a Ranma –Esa bruja no sólo se ha apoderado de tu corazón, ¡también controla tu voluntad!

-¿Tienes idea de que está hablando?- preguntó Ranma mirando a su prometida, ella se limitó negar con la cabeza mientras se encogía de hombros.

-¡Oh, mi pobre doncella, atrapada por las fuerzas de la oscuridad, que terrible destino el de una dulce flor a la cual no le es permitido abrir sus pétalos al verdadero amor!

-Mejor nos vamos- sugirió Akane al notar que la disertación de Kuno iba para largo.

-Buena idea, necesito un baño lo antes posible- asintió Ranma y juntos comenzaron a alejarse del lugar.

-¡Un momento!- exclamó Kuno, logrando que la pareja detuviera su camino -¡Tendo, te reto a un duelo!

Ambos se detuvieron en el lugar, el primero en girar fue Ranma con su puño alzado dispuesto a sacarle a golpes, la estúpida idea de herir a Akane.

-¡Si yo gano liberarás a tan hermosa doncella de tus dominios!- continuó Kuno.

Ese fue el turno de Akane para voltear a verlo, talvez tuviera una oportunidad de conseguir lo que quería.

-¡Deja de decir estupideces no permitiré que le pongas un dedo encima a…!- comenzó a amenazar Ranma mientras caminaba furioso hacía él arremangándose.

-¡Y si yo gano la dejarás en paz!- interrumpió Akane, mirando de manera desafiante a su retador.

-¡¿De que demonios hablas? No pensarás aceptar!- le gritó Ranma, mirándola incrédulo.

-¡Está decidido, ponte en guardia maldita bruja!- exigió Kuno preparándose para atacar.

-¡YA DETÉNGANSE LOS DOS!

Kuno y Akane obedecieron, quedándose congelados mientras miraban a la furiosa pelirroja con su aura de combate encendida al máximo.

-Descuida, lo entiendo todo- asintió Kuno a la petición jamás realizada por Ranma –Esta será una batalla por el honor de una joven dama, por lo tanto debemos hacerlo como lo dicta la tradición.

-¿Qué tradición?- preguntó Ranma superado por tanta estupidez.

-¡Tendo, en aproximadamente una semana tendremos nuestro duelo! Yo me encargaré de enviarte la carta de reto, con el lugar y la hora de nuestro encuentro. ¡Así que prepárate, porque no tendré piedad!- luego de estas palabras el relámpago azul de Furinkan se retiró con su booken al hombro, mientras el atradecer coloreaba de tonos naranjas la escena.

-Estaré lista…- murmuró Akane viéndolo alejarse.

-¡¿Que tú qué?!- le gritó Ranma viéndola con una mezcla de incredulidad y molestia -¡Escúchame bien Akane, no irás a ese encuentro, no lucharás contra Kuno y no volverás a aceptar sus locuras! ¿Entendiste? ¡Lo prohíbo!

Para cuando Ranma terminó de gritar como un loco sus exigencias, Akane ya estaba saliendo del parque rumbo a su casa sumida en sus pensamientos. Esa batalla sería más dura de lo que estaba acostumbrada, lo sabía bien, pero si con eso tenía una posibilidad aunque fuera mínima de liberar a su prometido de ese loco, el esfuerzo bien valdría la pena.

-¡No me dejes hablando solo!- el reclamo de Ranma a sus espaldas la sacó de sus cavilaciones.

-Lo siento, estaba pensando…

-¿Pensando en la estúpida pelea que estúpidamente aceptaste?

-¿Pretendías que rechazara un duelo de honor?- preguntó ella deteniéndose a mirarlo seriamente.

-¡Claro!- respondió Ranma como si fuera la obviedad más grande del mundo –Sobre todo si sólo es un tonto impulso de un loco como Kuno- explicó al ver la cara de ella.

-¡Seguro, como tú lo harías!- ironizó Akane retomando su camino.

-¡Pero eso es porque soy un idiota!- concluyó Ranma luego de unos segundos de pensarlo -¡Espérame!

Al llegar a la casa Kasumi los recibió, sin embargo a pesar de la amabilidad de siempre su sonrisa se veía algo apagada, cosa que no pasó desapercibida para Akane.

-Buenos días chicos, ¿qué tal les fue?

-¡Kasumi, ¿qué sucedió?!- preguntó Akane preocupada por el semblante triste de su hermana.

-Oh… no te preocupes hermanita, sólo estoy preocupada por el doctor Tofú.

-¿Continúa deprimido por lo de ayer?- preguntó Ranma restándole importancia.

-¡Cierra la boca insensible!- lo reprendió Akane mientras le daba un codazo en las costillas -¿Sucedió algo más?- preguntó suavemente volviendo la atención a su hermana.

-Si… volvió a suceder- respondió en medio de un suspiro.

-¡¿Otro paciente murió? Que mala racha la de Tofú!

-¡¿Podrías ponerte serio Ranma? Esto es muy grave!

-¿Y yo que dije ahora?

-En realidad…- comenzó Kasumi interrumpiendo la pequeña discusión de la pareja –parece que no fue una enfermedad lo que lo mató…

-¿Quieres decir que…?

-Así es… la policía sospecha que algún psicópata está rondando la clínica por las noches, dicen que la muerte del señor Mazuya también fue ocasionada por esa persona.

-¿Un tipo anda rondando a los pacientes de Tofú? ¡Vaya loco!- comentó Ranma asombrado por la noticia.

-Cielos, pobre Tofú, no es justo que le sucedan esas cosas a alguien tan bueno como él…- reflexionó Akane aún anonadada.

-Me preocupa mucho, ¿Qué tal si ese hombre continua matando gente, o si decide atacar al doctor?

-Tranquila Kasumi, Tofú es un gran artista marcial aunque no lo demuestre.

-¿Si lo es?- preguntó Ranma interesado en el dato –Es decir, sé lo bien que maneja su ki, y lo mucho que conoce del cuerpo y puntos de presión, pero ¿realmente sabe luchar?

-¡Claro que si! Él entrena todas las mañanas, se necesita mucha fuerza para su trabajo, y además es un experto en artes marciales. Es más, seguramente sea tan bueno como tú.

-¡¿Tan bueno como yo? Creo que exageras Akane!- replicó Ranma cruzándose de brazos mientras intentaba ocultar lo mucho que le afectó el comentario.

-Será mejor que prepare la cena- se disculpó Kasumi dejando a los chicos solos.

-No te ofendas… no importa que tan fuertes sean los demás, para mi eres el único- le susurró ella, para luego correr a su habitación.

Una sonrojada pelirroja se quedó sola en el recibidor, viendo el lugar por el que desapareció su prometida.

-No creas que olvidé lo del reto…- murmuró -Haré que te olvides de esa locura pase lo que pase… Si Kuno llega a tocarte un pelo lo lamentará por el resto de su vida…

Mientras tanto en la mansión Tatewaki…

-Así que lucharás contra esa…- comentó Kodachi parándose frente a su hermano, que permanecía meditando a mitad del enorme dojo.

-Así es, y te pido que no interfieras- respondió él si abrir sus ojos ni moverse un ápice de su posición.

-No planeaba interferir, sino todo lo contrario- explicó ella captando la inmediata atención del chico –Te ayudaré a destruir a esa plebeya del demonio, si Akane Tendo desaparece definitivamente, ambos obtendremos lo que queremos. ¿No es así hermanito?

Continuará.

Hola a todos… lamento la demora peor estoy muy atareada con los estudios, de hecho debería estar estudiando y no escribiendo, pero bueno u_u…

En realidad planeaba hacer un capítulo largo, pero terminé dividiéndolo porque sino iba a ser demasiado, así que disculpen por el poco contenido de este. En breve volveré a mi ritmo normal de actualización ^^.

Gracias por leer mis locuras y por sus comentarios, realmente me alegran el día.

Cuídense mucho, y saludos.

Hasta pronto.