Todos los personajes... bueno ya saben. Pero el Jaime de este fic es mío en mis sueños, lo robe de ellos.

CAPÍTULO 5 NUESTRA PRIMERA VEZ (2ª PARTE)

Le abracé atrayéndolo más hacía mí. Su erección, que hasta entonces había rozado levemente mi parte más sensible, se hizo más presente cuando el espacio entre nuestros cuerpos se acortó. La ruda presión apenas duró una décima de segundo, pues él se arqueó para evitarla mirándome directamente a los ojos, los suyos estaban chispeantes por el deseo.

– ¿De veras quieres hacerlo? –me preguntó en un susurró ¿Qué continúe?.

Tragué saliva ruidosamente pero no pude hablar, quería decirle que sí, que me hiciese suya por completo; pero estaba tan nerviosa que no encontraba mi voz, por lo que me limite a asentir una sola vez, perdida en aquella maravillosa mirada color chocolate.

Instintivamente alcé las piernas para enlazar su cadera, mientras él bajaba poco a poco. De nuevo sentí el dulce roce en mi entrada y después como iba penetrando lentamente...

Y entonces el dolor me alcanzó y lo ahogo todo. Estaba avisada, pero aun así me sorprendió por su intensidad.

– ¿Estas bien? –Preguntó alarmado por la repentina tensión que había adquirido mi cuerpo, y el quejido que sofoqué rápidamente mordiendo la almohada, tras un brusco giro de cabeza.

No respondí. No podía. Sólo podía pensar en el dolor, en tratar de que parase. Cerré más el abrazo de mis piernas, cruzando fuertemente los tobillos tras sus riñones, tratando de inmovilizarlo. Él se dio cuenta de mis intenciones y me susurró al oído con dulzura.

– Tranquila amor, no me voy a mover. No hasta que se te pase el dolor y te acostumbres a mí.

Continuó murmurando, pero esta vez más como para sí mismo.

– ¡Caray! No pensé que doliera tanto. Menos mal que Ian me comentó al respecto... pero...

Agradecí en silencio a Ian por ser tan considerado. Sólo un hombre tan comprensivo y protector como él, podría recordar y darle la importancia suficiente a un detalle como ese.

Definitivamente Wanda tenía mucha suerte, y yo también.

Poco a poco el dolor se fue desvaneciendo y mis músculos se relajaron. Al percibirlo, Jaime mordisqueo el lóbulo de mi oreja y volvió a susurrarme.

– No volverá a dolerte jamás, te lo prometo. Confía en mí.

Giré el rostro para mirar al amor de mi vida y tranquilizarle al fin.

– Jaime Stryder, te amo –susurré, con su hermosa cara a escasos centímetros.

Él se inclinó un poco más y limpió las lágrimas que el dolor había hecho brotar de mis ojos, con sus labios. Luego volvió a susurrarme al oído.

– Yo también te amo, Elen Masen. No permitiré que nada ni nadie te separe de mí.

Volvió a besarme con una leve presión de sus labios cálidos en los míos, casi un simple roce. No habló de nuevo, pero en sus tiernos ojos la pregunta se reflejaba claramente cuando nuestras miradas se encontraron.

– Sí, por favor. –Musité al tiempo que arqueaba la espalda haciendo que, pese a que él aún no se movía, su erección profundizara un poco más en mi interior.

Sonrió visiblemente satisfecho y comenzó un vaivén suave, entrando y saliendo despacio. Gemí dulcemente, sin poder evitarlo, cuando sus labios se posaron en uno de mis pezones. Su lengua ardiente empezó a trazar círculos a su alrededor endureciéndolo más y más, mientras una de sus manos hacía lo mismo con el otro, masajeándolo con mucha delicadeza usando sólo dos dedos.

Volví a arquear la espalda, y en esta ocasión, mi Jaime se apresuró a deslizar su brazo entre mi cuerpo y el colchón mientras gruñía. Sin duda mi nueva posición le había resultado muy placentera, al menos eso esperaba, pues a mi sí.

Como se sujetaba con el otro brazo, apoyado sobre el codo, para no cargarme con todo su peso, eso dejó libre se sus dedos acariciadores a mi pecho. No me importó en absoluto, su boca ansiosa pasó a ocuparse de ambos.

Sus embestidas, poco a poco iban aumentado de intensidad y rapidez, volviéndose frenéticas, casi furiosas, haciendo que entrara mucho más profundamente de lo que creí que podría llegar. Pero tal y como prometió, no había más dolor, sólo puro gozo. Jaime era mi Ángel, y me estaba llevando con él camino de la gloria .

Mis manos, que ya se sabían de memoria la musculatura de su espalda y sus hombros, se cerraron en el vacío convirtiéndose en apretados puños, clavando las costas uñas en las palmas. Un extraño temblor precedió a la descarga eléctrica que me recorrió columna abajo camino de mi sexo, que palpitaba furiosamente alrededor del suyo, mientras un gruñido salvaje, completamente animal, amenazó con desgarrar mi garganta a su paso.

Mi Ángel lo sofocó con sus labios solícitos, y después creí oírle murmurar algo así como: "disfrútalo, intentaré que dure". Aunque la verdad, apenas si era consciente de lo que me rodeaba en esos momentos. El movimiento de sus caderas volvió a adquirir esa cadencia dulce y lenta del principio, para luego tornarse en segundos en fuertes y profundas embestidas. La corriente eléctrica volvió a recorrerme, pero ahora se extendió por mis extremidades y desapareció como si hubiese escapado por la punta de los dedos.

Mis dientes fueron los encargados de acallarme esta vez, clavándose con saña en mi labio inferior hasta casi hacerlo sangrar.

Cuando todo terminó, me quedé exhausta. El brazo que mantenía mi espalda arqueada se retiró. Mis piernas débiles y temblorosas, resbalaron por sus costados siguiendo el ejemplo de mis brazos, como si fuese una muñeca de trapo sin ningún músculo al que recurrir. Parecía como si aquella corriente, hubiese arrastrado con ella casi todas mis fuerzas. Empleé las pocas que me quedaban en tratar de depositar las piernas con suavidad sobre el colchón, de modo que no entorpeciesen sus movimientos.

– ¿Sabes?...Creí que... no era... posible..., pero... tu carita... se vuelve... aún más... hermosa... cuando... te vienes. –Comentó con voz entrecortada mientras me la cubría de besos, haciéndome gemir bajito.

Su aliento calentó mi garganta, cuando su nariz dibujó los contornos de mi mandíbula.

Se incorporó atrayéndome hacía sí, sujeta firmemente por las caderas, para asegurarse que no nos separásemos, que no se saldría de mí.

Su pelvis, que no se había detenido por completo en ningún momento, recuperó poco a poco un empuje rítmico pero suave.

Enterré las manos bajo la almohada, arqueando y relajando la espalda, cuando me acarició con ambas manos recorriendo desde la unión de nuestras intimidades hasta la base de mi cuello, provocando temblores y piel de gallina a su paso.

En el camino de regreso a mis caderas, se demoró unos deliciosos segundos en mis pechos, durante los cuales me retorcí gimoteando y cerrando los puños; simulando que de algún modo retuviese presas mis muñecas bajo la almohada; situada muy por encima de mi cabeza.

Eso pareció desquiciarlo. Seguramente era demasiado sensual a sus ojos como para resistirse, aunque ni se me había pasado por la cabeza que mi comportamiento pudiese provocarle, y menos de esa forma. Volvió a asegurarme por las caderas y casi se retiró por completo para después entrar de un solo empujón. Aunque la placentera sensación fue indescriptible, me pilló tan de sorpresa que grité su nombre demasiado alto.

Él se apresuró a apagar mi voz con su mano. Su mirada se había vuelto más oscura... llena de deseo irracional.

– Shh. No queremos que nadie aparezca por aquí a interrumpir, ¿verdad? –musitó, mientras volvía a retirarse lentamente.

Como ya la esperaba, su brusca vuelta no me alarmó tanto y pude disfrutarla más ampliamente.

– ¿Te... gusta... esto? –preguntó con voz entrecortada y ronca mientras se retiraba por tercera vez– ¿¡así!? –corrigió su pregunta en tono exigente, acometiéndome de nuevo.

Yo emití un prolongado gemido parecido a un sí, fue el único sonido que pude hacer. Justo en ese momento el placer era demasiado intenso como para que mi cabeza formara palabras correctamente.

Sonrió complacido y lo repitió un par de veces más antes de dejarse caer sobre los codos, besando mi frente, mordisqueando mi oreja, mi cuello. Derritiéndome cuando sus dientes atraparon mis pezones, primero uno, luego el otro, antes de volver a poner en movimiento sus caderas. Nuestros cuerpos encajando a la perfección y sin tregua una y mil veces. Nuestras bocas intercambiando murmullos de amor y besos ardientes y húmedos. Mis manos reclamando la posesión de sus hombros, de su espalda al completo, incluso de sus nalgas.

Ralentizó un poco el ritmo para poder besar con calma mi cuello, mis hombros, mis pechos. Me sentía confundida, quería dulzura pero también que fuese enérgico, que me hiciese suplicar para que parase, y así se lo dije.

Me complació aumentando poco a poco el ritmo y la intensidad de sus envestidas, mientras me pedía que gimiese para él, sólo para él. Sus manos, su boca, parecían estar en todas partes quemando mi piel, así que para mí tampoco fue difícil complacerle enterrando mis labios en su hombro.

Comencé a mover inconscientemente las caderas complementando sus movimientos, ajustándome a los cambios de ritmo e intensidad con los que me penetraba, tratando de fundirme con él en un solo ser.

Nos miramos fascinados, moviéndonos al mismo ritmo. Era como si hubiésemos nacido para eso, para amoldarnos al cuerpo y los deseos del otro. Dos almas gemelas. Dos piezas de un mismo engranaje, encajando a la perfección. Dos mitades que al fin se reúnen para volver a formar un todo. Ya no había ni , ni yo; sumergido en el fondo de un mar de sensaciones, se erguía el poderoso nosotros que los había reemplazado.

Cerró los ojos y se mordió el labio inferior ahogando un gemido.

Sentí su cuerpo estremecerse por las convulsiones previas, justo en el mismo instante en que volvía a mí la sensación de estar recibiendo una descarga en plena columna. Mi ángel me regalaba otra vuelta por las nubes, mientras el mismo también alcanzaba su propio éxtasis.

Esta vez fue mucho más intenso, quizá porque no sólo atendí a mis sensaciones. No cerré los ojos en ningún momento queriendo asistir al disfrute del amor de mi vida, que me envistió más rápido, fuerte y profundo antes de arquear la espalda privándome de su rostro. Más que gemir, rugía mi nombre; pero todavía no había llegado al punto máximo de su clímax, y su pelvis siguió golpeándome sin piedad provocando que el mío estallara.

Me miró con ojos vidriosos, aunque grandes como platos, sin duda no esperaba lograr volver a provocarme un orgasmo tan pronto. Se le dibujó una sonrisa mitad de satisfacción, mitad de orgullo, al arquearme a mi vez chillando su nombre, arañando sus hombros. Arrastrándolo finalmente conmigo, obligándolo a derramarnos juntos.

Rápidamente volví a buscar su mirada. Apenas si podía enfocar bien y la cabeza me daba bandazos, como si mi mente no quisiese pertenecer más a mi cuerpo. A él también parecía costarle trabajo enfocar y su respiración era fatigosa, sin embargo su sonrisa se había ensanchado hasta amenazar con cortarle las mejillas.

Se dejó caer lentamente sobre mí. Ni él ni yo volvimos a movernos. Su peso, casi aplastante, apenas me dejaba respirar; pero ni loca se me ocurriría protestar. Morir justo ahora, con nuestras pieles desnudas tocándose, me pareció la mejor muerte posible.

Traté de concentrarme en como mi intimidad ralentizaba sus pulsaciones, en como su corazón palpitaba cerca del mío, en el aroma de su piel, en su aliento acariciando mi pelo. En cada parte de mi cuerpo en contacto con el suyo.

– Gracias –le escuché decir en voz baja pero entusiasmada– a sido maravilloso.

No supe que responder. No podía decirle que tenerle dentro de mí era como entrar al paraíso, que ansiaba repetirlo, que había disfrutado intensamente de nuestra primera vez; no con esas palabras, me daba vergüenza, demasiada vergüenza. Quizá algún día pero hoy no. Así que me limite a suspirar y juguetear con sus cabellos infiltrando mis dedos.

Pareció tensarse un poco. Adivinando el motivo me apresuré a encontrar las palabras adecuadas. Unas que lo expresasen todo. Unas que pudiera pronunciar.

– Para mi también, pero sólo porque TÚ eres maravilloso.

– Vuelves a valorarme demasiado. –Comentó tras un suspiro, que juraría fue de alivio– Pero me alegra saber que te ha gustado tanto como a mí.

Alzó su rostro regalándome una de sus sonrisas arrebatadoras. Colocó el mechón que su suspiro había movido hacía mi frente detrás de mi oreja y me besó. Primero dulcemente, a continuación con pasión.

Un jadeante Jaime se separó saliendo de mí con cuidado, después se dejó caer de espaldas a mi lado. Yo rodé para volver a mi lugar favorito en el mundo, sus brazos. Descansé mi cabeza en su pecho, y apoyé la mano por delante de mi cara. Tal y como esperaba, él me rodeó con sus brazos, estrechándome para atraerme más hacía su cuerpo. Suspiré de nuevo, feliz de poder oler su piel y sentir su calor bajo mi mejilla y mi torso, como tantas noches soñé.

Guardamos silencio durante algún tiempo, no había nada que decir, sólo sentir nuestras respiraciones mientras se calmaban y acompasaban, igual que los latidos locos de los corazones. Creo que casi estaba dormida cuando Jaime comenzó a hablar, pues pegué un pequeño respingo.

– Creo que deberíamos hablar con Doc o Candy, si voy a seguir secuestrándote cada noche durante estos dos meses.

No levanté la cabeza para mirarlo, ni emití sonido alguno, pero trace un círculo sobre su pectoral con la palma de mi mano, para que supiese que le escuchaba. Sonreí sabedora de a que se refería exactamente. Dudaba que las almas hubiesen desarrollado anticonceptivos, sobre todo después de tener que descartar a los futuros anfitriones adultos, pero me mordí la lengua. El silencio me pareció lo mejor, después de todo, tal vez ellos conociesen otros métodos y en estos momentos no me apetecía vivir otra crisis. Ya había tenido más que suficiente con las del baño y el corredor, al principio de la noche.

– Por supuesto que en algunas sólo dormiremos –continuó él, soltando una risita nada más terminar la frase. No necesité mirarle para saber que tendría los ojos puestos en blanco–. Además –Añadió acariciando mi brazo de modo sugerente– debería hablar con tío Jeb. Necesito su permiso para una excavación. Después de acostumbrarme a tu dulce respiración, dudo que pueda soportar los ronquidos de Brand y Aarón.

Esta vez no aguanté y me alcé para mirarle. Quería comprobar si estaba de broma, me dolería claro, pero en el fondo esperaba verle una sonrisa picara y burlona. Estaba muy serio y pensativo.

Mi corazón golpeó dolorosamente contra las costillas. Mi Jaime no sólo me amaba, sino que quería quedarse conmigo para siempre. Si fuese necesario lucharía por mí, por mantenerme a su lado. Apartir de hoy, además de mi amigo, sería mi confidente, mi amante, mi compañero.

Rozó la punta de mi nariz con un dedo y luego lo deslizó por mis labios, trazando su contorno.

– Te dije que no dejaría que nada ni nadie te separase de mí. Nos mudaremos al salón de juegos si es necesario. No me importa lo que piensen o digan los demás.

Busqué sus labios con desesperación, como si con eso selláramos el pacto. Él sujetó mi cabeza con ambas manos mientras nos dejábamos llevar por la pasión una vez más, pero enseguida intentó separarme con suavidad. Sólo le dejé hacerlo cuando la necesidad de respirar se hizo apremiante, aunque para mí era evidente que yo no habría podido oponer mucha resistencia, si de veras hubiese querido zafarse. No sólo porque Jaime fuese mucho más fuerte que yo, sino porque apenas tenía ya fuerzas para mantener la cabeza erguida, seguramente si él no me sujetase me habría ido resbalando arruinando el momento.

– Deberías tratar de dormir un poco amor. –Comentó mientras dibujaba mis ojeras con la yema de sus dedos– Pronto amanecerá y te ves agotada.

Me acomodo con mimo bajo su mentón, apagó la lámpara y abrazándome, comenzó a tararear bajito. Reconocí la melodía enseguida. No sólo estaba arrullándome, también me estaba diciendo que sería mi único amor por siempre, mi Ángel Guardián.

- Feliz Cumpleaños, amor mío. Mi Ángel. –susurré cerrando los ojos y dejándome deslizar en la inconsciencia, con la certeza de que jamás volvería a soñar nada que superase la realidad que dejaba atrás.

Cuando veo tu sonrisa lágrimas corren por mi cara, no puedo reponerme

y ahora que soy fuerte he comprendido

como este mundo se vuelve frío y atraviesa mi alma

y se que encontraré dentro de mí que puedo ser el único.

Nunca te dejaré caer

me levantaré contigo siempre

estaré ahí por ti a pesar de todo

aún cuando salvarte me mande al cielo.

Esta bien, esta bien. Esta bien

las estaciones están cambiando

las olas chocando

y las estrellas están cayendo todas por nosotros

los días son largos y las noches cortas

puedo demostrarte que seré el único.

Nunca te dejaré caer

me levantaré contigo siempre

estaré ahí para ti a pesar de todo

aún cuando salvarte me mande al cielo.

Porque tú eres, tú eres, tú eres mi amor verdadero, todo mi corazón

por favor no desaproveches eso

porque estoy aquí por ti

por favor no te vayas

por favor dime que te quedaras, quédate

Úsame como quieras

tira de mi cadena sólo para tu deleite

y sé que estaré bien

aunque mis cielos se vuelvan grises.

Nunca te dejaré caer

me levantaré contigo siempre

estaré ahí por ti a pesar de todo

aún cuando salvarte me mande al cielo... desvaneciéndome.

FIN

YOUR GUARDIAN ANGEL - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - THE RED JUMPSUIT APPARATUS

N/A: Ahora que lo he subido y revisado para ponerlo aquí estoy pensando que estos chicos dan para más. Quizá tengan segunda parte... ¿Qué me dicen, se la merecen?.

Creo que plasmé mi chico ideal en una primera vez ideal. Les contaré otro "secreto", mientras lo escribía en mi mente recreaba todo, como en una pelí y Jaime era el Taylor de Crepúsculo, con su melena negra y suelta. (Suspiro).

Espero que cuando regrese ( Y lo haré, me pico el bichito de los Fics, ahahah) me visiten de nuevo. Chao y muchas, muchisimas gracías a todas, tardeís lo que tardeís en leer esto.

Electrica (Unica autora, lo digo por si acaso, no me pase como a Kokoro. A la pobre no dejan de robarle su trabajo).