...

Con cuidado cerré los pequeños diarios que yacían entre mis manos. Nunca pensé que realmente mis padres tuviesen razón y la respuesta a mi pregunta llegase a mis manos de aquella manera tan simple. Si lo hubiese sabido, quizás hubiese ordenado la habitación tiempo atrás. Estaba tan feliz que no podía parar de sonreír e incluso comencé a dar pequeño saltitos como mi tía.

Con cuidado, una vez me tranquilicé un poco, puse los diarios a un lado sobre el suelo y cerré la caja de cartón guardándola nuevamente en el interior de mi armario. Una vez eché un rápido vistazo a mi habitación y vi que estaba totalmente ordenada, tomé los diarios entre mis brazos pegándolos a mi pecho y comencé a bajar las escaleras tarareando mi nana y dando pequeño saltitos.

- ¡Papá! – grité mientras entraba al salón - ¿Qué pasó con Tanya? – pregunté emocionada.

Mis padres estaban sentados en el sofá, abrazados y bebiendo lo que parecía un poco de vino. No puede evitar reír cuando, una vez formulada mi pregunta, mi padre apartó a mi madre y escupió todo el vino que se había llevado a la boca llenando todo el suelo de aquel líquido rojizo mientras su cara se volvía totalmente blanca. Mi madre, a su lado, le dio suaves golpecitos en las espaldas mientras hacía que su risa musical resonase por todo el salón.

- ¿Có-cómo sabes de Tanya? – preguntó finalmente mi padre una vez consiguió volver a respirar.

- No deberíais dejar vuestras intimidades por ahí… - reí

- ¡Edward te dije que guardaras mejor los anticonceptivos! – le regañó mi madre

- ¿Anticonceptivos? Mamá tengo 17 años, no 5. Además… - les mostré los diarios – yo me refería a esto.

Mis padres miraron con detenimiento los cuadernos de tapa de cuero negra y con el nombre de cada uno de ellos grabado. Con cuidado cada cual tomó el suyo y comenzó a ojearlo mientras sonreían. Incluso juraría que vi como los ojos de mi madre se humedecían. Tras volver a echar otro vistazo a los diarios, los cerraron y se miraron de aquella manera que indicaba que era el momento de irse, porque tus padres iban a ponerse cariñoso.

Por lo que decidí darles unos segundos para que se dijesen cuanto se querían. Así pues, me dirigí a la pequeña lacena de limpieza y tomé una fregona. Vi que ya había pasado un minuto desde que los había dejado solos, así que entre al salón y recogí los chacalitos de vino mientras mis padres seguían acurrucados absortos en su burbuja personal.

Cuando terminé, dejé la fregona en su lugar y volví nuevamente al salón. Mis padres volvían a tener los diarios entre sus manos y comentaban sobre algunas cosas mientras reían o se abrazaban con fuerza. He de reconocer, que a veces les enviada. Mis padres se querían tanto que incluso llegué a pensar que su amor era palpable en el ambiente. Aun habiendo pasado 24 años desde que se conocieron ellos seguían tan enamorados como el primer día e incluso más y eso a mí me daba bastante envidia, porque aunque yo si sentía lo que era estar enamorada, no podía disfrutar de ese amor.

- ¿Renesmee cariño en que piensas? – preguntó mi madre a la vez que sonreía

- ¿Eh? En nada…

- ¿En Jacob? – No hay quien engañe a mi madre

- Sí…bueno…más bien pensaba en vosotros…en la linda pareja que hacéis – mis padres sonrieron y me hicieron un hueco en el sofá – Ven Renesmee, querías preguntarnos sobre esto ¿no? – señaló los diario, sabía que mi madre había entendido lo que sucedía.

- Ajá…bueno yo…ya sabéis lo que pasa con Jacob, él es un playboy, es el chico más popular del inti, atlético, simpático, gracioso y sé que también es dulce y que daría su vida por la de los demás…pero siempre está Leah, su novia o lo que sea que sea esa tipa. No parece que le interese nadie, solo juega con las chicas y después se divierte con sus amigos…y eso me duele…porque yo le quiero desde el primer día que me ayudó cuando unos chicos me quitaron mi muñeca cuando era pequeña. La verdad, es que siempre he pensado que por mucho que yo le abriese mi corazón el solo se burlaría pero…cuando los leí…los diario quiero decir…yo…no sabía que papá…ni que tú… ¿Puede significar eso que aún me quedan esperanzas? ¿Qué Jacob puede sentir algo por mí por muy absurdo que eso parezca?

- Renesmee, ya te lo dije muchas veces. Tú sabes cómo es el verdadero Jacob y si actúa como un Playboy significa que ha de haber un motivo oculto para ello. Aunque supongo que el saber que a tu padre y a mí nos pasó lo mismo te da más esperanzas – sonrió

- ¿Entonces…debería de hacerme pasar por Leah y hablar por msn con él?

- No hija, no seas así de absurda. En los diarios no cuentan cómo nos tuvimos que hacer pasar por otras personas para darnos cuenta de la verdad. Sino que cuentan como tienes que luchar por lo que quieres, si Jacob te importa, habla con él seriamente, y aunque Leah esté a su lado gritándote que él no te quiere, nunca le hagas caso a los demás, solo cree lo que Jacob te diga o entonces tú serás como Leah. – Mi padre, el cual no era bueno en este asunto, solo se dedico a asentir dándole la razón a las palabras de mi madre.

- Gracias por el consejo – sonreí – aunque…aun no me contasteis lo que sucedió después. En el diario solo se cuenta hasta cuando papá te regaló la alianza. – señalé un pequeño anillo de flores que mis padres conservaban en una urnita de cristal con un poco de un líquido extraño que impedía que la planta muriese.

- ¿Qué es lo que quieres saber? – preguntó mi padre

- ¡Pues todo! – mis ojos brillaron con emoción - ¡Quiero saber qué pasó con Tanya, cuando os declarasteis, como fue la boda! ¡Todo! - grité emocionada

- Realmente…has pasado mucho tiempo con tu tía Alice

Rió mi madre, a la vez que comenzaba, junto con mi padre a contarme que fue lo que sucedió después de aquella linda declaración…

Flashback

BELLA POV

- Edward… ¿me quieres? – pregunté con carita de perro abandonado

- Claro que te quiero vida mía

- Entonces….porque me obligas a ir a clases con esta ropa – sollocé de manera dramática mientras abría un poco mis brazos para que Edward me mirase bien.

- Te ves muy hermosa Bella.

Con un movimiento rápido y suave, Edward posó sus labios sobre los míos mientras tomaba mis manos y tiraba de mí sacándome del vehículo. ¡Era un tramposo! Sabía que sus besos me aturdían y aprovechaba mis debilidades para cumplir sus propósitos.

Aun así, ya estaba fuera del coche, por lo que no merecía la pena quejarse. Edward me dedicó la más hermosa de sus sonrisas mientas tomaba mi mano y comenzaba a caminar hacia el interior del instituto. Notaba como mis piernas temblaban y sabía que no tardaría en caer al suelo desmayada; pero Edward me sostenía con tanta fuerza que incluso fui capaz de caminar hasta la entrada de la clase de Biología sin tropezar ni una sola vez.

Tomé una gran bocanada de aire antes de que Edward caminase hasta entrar en el aula y hacer que todos los alumnos, sin excepción, mirasen hacia nosotros y callaran sus chismes de golpe. Al principio nadie dijo nada, incluso parecía que algunos ni tan siquiera me reconocían, cosa que agradecí; pero en cuando nos sentamos en nuestro lugar, todo el mundo nos rodeó y comenzó a hablar a la vez. No era capaz de entender lo que decía, ni tan siquiera sabía cómo Edward podía estar respondiendo con tanta tranquilidad.

- Sí, somos novios – sonrió Edward a la vez que dejaba ver nuestras manos entrelazadas.

Todos callaron mirando nuestra manos, algunos sonreían y otras maldecían por lo bajo que Edward fuese mío. Sí, mío y pobre de ellas como se acercasen.

- Pues vaya que lástima – gritó un chico entra la multitud – Ahora que Bella es popular y dejó de vestir con sudaderas… - su mirada recorrió todo mi cuerpo – está bastante buena – rió mientras conseguía que un 99,9% de los chicos me mirasen de manera lujuriosa.

- Más vale que no la toques Newton – gruñó Edward – y eso también va por ustedes – agregó junto a otro gruñido.

No puede evitar reír. Edward se veía tan lindo así, celoso. Nunca pensé que Edward fuese tan protector conmigo, tan celoso, si lo hubiese sabido, quizás hubiese dejado que Alice y Rosalie me hubiesen cambiado la ropa mucho antes, solo para disfrutar el ver a Edward de ese modo. Como un niño pequeño al que le quieren quitar un dulce. Aunque bueno, por otra parte, estás ropa me hacían sentir incomoda. No eran nada del otro mundo, solo unos pitillos negros con unas botas cortas con un poco de tacón, una camiseta azul agarrada al cuello con escote de pico y una chaqueta de cuero negra. El pelo me lo habían dejado suelto y caía sobre mis hombros en forma de cascada un poco más debajo de mis pechos. Pero aunque no fuese vestida como Tanya ni como las porristas, ese escote dejaba mucho que ver para mi gusto.

La gente seguía hablando a mí alrededor. Gritando cada vez más y haciendo cada vez más imposibles que se les entendiera. Apenas podía descifrar nada de lo que decían pero una palabra captó mi atención: Tanya. Ahora que lo pensaba, no había visto a Tanya en todo el tiempo que llevaba en el instituto. Rápidamente eché un vistazo por el aula; pero nada, no aparecía por ninguna parte…quizás… ¿estaba enferma? Nuevamente volví a mirar para volver a comprobar que era cierto que hoy no nos molestaría. La verdad no tenía ganas de volver a pelear con ella, ni ganas, ni fuerza.

- ¡¿Has oído eso mi amor? – gritó Edward mientras me atraía hacia su cuerpo con sumo cariño – Lo lograste Bella…conseguiste vencer a Tanya.

- ¿Eh? - una leve risita escapó de entre los labios de Edward

- Se ve que no estás acostumbrada a la popularidad ni a que te hablen todos a la vez – sonrió nuevamente – Amor, acaban de decir que Tanya se mudó con su familia lejos de aquí, muy lejos …

No pude evitar sonreír ante eso, por una parte me sentía mal, ella se había visto obligada a dejar el instituto por mi culpa; pero por otra parte - con lentitud apoyé mi cabeza en el pecho de Edward mientras este acariciaba mis cabellos y susurrabas dulces palabras - por otra parte…ahora al fin podía estar con Edward. Levanté con lentitud mi cabeza y me topé con sus preciosos ojos brillando de esa manera tan hipnotizaste.

Maldito seas Cullen, no hay quien pueda con esa mirada… - bufé y agarrando el cuello de su camisa le atraje hasta mi boca disfrutando del dulce sabor del caramelo que eran sus labios. Al fin, no habría nadie que nos molestase.

- ¡Ejem!

Una fuerte aclaración de garganta me hizo sepárame de Edward y mirar aterrada al profesor…Bueno quizás si había alguien que nos molestara…ahora más que nunca odio a los profesores.

Fin del Flashback

- ¡Wau! ¡Así que la echaste del insti mamá! – reí con las manos en el estomago

- Nos alegra que te haya gustado – rió mi padre – pero créeme te reirías mucho más si hubieses visto la cara de tu madre cuando el profesor nos llamó la atención – rió un poco mas fuerte pero como siempre con voz musical

- ¡Cállate! – le regañó mi madre sonrojada – Además es tu culpa por mirarme de ese modo

- ¿De qué modo? – Preguntó mi padre dulcemente mientras miraba fijamente a mi madre con los ojos brillantes de emoción.

- ¡Eres imposible Edward! – y le besó

De verdad, nadie diría que mis padres tenían 41 años, aun parecían un par de adolescentes que acaban de descubrir a su primer amor. Realmente eran la pareja perfecta y no podía evitar sentirme feliz teniendo unos padres que nunca se divorciarían.

Con lentitud, vi como las manos de mi madre comenzaron a jugar con el cabello de mi padre y como mi padre abrazó la cintura de mi madre atrayéndola aún más a su cuerpo. No puede evitar cerrar los ojos con fuerza y tras tomar una gran bocanada de aire, grité.

- ¡Ya paren por favor! ¡Voy a tener pesadillas esta noche! – Rogué.

Vale, lo reconozco, no me importaba que mis padres se comportasen como una pareja de adolescente; pero por favor que no lo hicieran frente a mí, es un poco extraño ver a tus padres de ese modo, extraño y muy vergonzoso, además de perturbador. Mis padres se separan sonrientes y con una sonrisa bailando en, sus ahora, sonrojados labios.

- Lo sentimos cielo; pero es culpa de ti padre – nuevamente mi madre rió y mi padre la miró con cara de perro apaleado.

- Bueno, bueno por esta vez os perdono – reí junto a mi madre – ¡pero ya que estáis tan amorosos haber si me dais un hermanito!

El rostro de mis padres volvió a adquirir una tonalidad rojiza haciendo que mi risa fuerte aun más fuerte. La verdad es que ambos se sonrojaban con mucha facilidad y más si yo hablaba de temas que podían tener relación con el sexo. Aunque la cara de mi padre cuando hablaba explícitamente de ello no estaba roja de vergüenza, sino de ira al pesar que alguien acabaría con la ``inocencia´´ de su hijita, aunque no tenía mucho de qué preocuparse. No soy de las típicas chicas que se entregan a cualquier hombre, yo quiero entregarme al definitivo, al que ame de verdad, a Jacob…mi Jacob…el cual nunca sería realmente mío…aun así, más de una vez divagué sobre ``eso´´ con Jacob…sus labios posados suavemente sobre los míos…sus manos acariciando mi cintura mientras mis dedos juegan en su sedoso cabello…

- Renesmee… ¿Por qué estás tan sonrojada?

La voz de mi madre me devolvió a la realidad mientras agitaba la cabeza en señal de negación e intentando que Jacob saliese de mi cabeza, aunque no lo conseguí del todo.

- Bueno Nessi ¿hay algo más que quieras saber? – preguntó mi padre a lo que mi madre le fulminó con la mirada ya que odiaban que me llamasen así, aunque ya se estaba acostumbrando.

- Ummm… - medité unos segundos - ¿Qué hay de la pedida de mano? ¿Y de la boda?

Mi padre miró a mi madre de esa manera que demostraba que ningún hombre podría amar de la forma en la que lo hacía él y con cuidado entreabrió sus labios dispuesto a relatarme como fue el día en que decidió casarse con mi madre.

Flashback

EDWARD POV

- ¡Edward ya deja de moverte! ¡Pareces un león enjaulado!

- Es que… ¡Alice estoy tan nervioso!

- Hermanito, hermanito, hermanito, no seas absurdo, sabes que Bella te dirá que sí.

- Pero… ¿y si dice que no Alice? ¿Y si dice que no está preparada para dar el paso?

- ¡Edward ya deja de ser tan ridículo! – me regañó con el ceño fruncido haciéndola ver muy graciosa – Empezasteis a salir con 17 años y tenéis 19 y seguís como el primer día, como si casa segundo que pasaseis juntos os enamoraseis por primera vez. Edward estoy segura de que Bella desea pasar el resto de su vida contigo; peor tienes que decirle que tú también quieres y tienes que hacer que este día lo recuerde para siempre.

- Pero…eso es tan difícil… ¿y si me pongo nervioso y no me salen las palabras? ¿o y si el coche se para en medio de la carretera? O… ¡¿y si el anillo se me pierde? No, Alice no, aun no estoy preparado… - suspiré cansado mientras metía la mano en el bolsillo e mi traje de chaqueta y jugueteaba con la pequeña cajita de terciopelo – tengo tanto miedo Alice…

- ¡Edward ya basta! ¡Estoy cansada! ¡Pareces un niño pequeño! ¡Ya puedes ir sacando tu lindo trasero de la habitación e ir a recoger a Bella a su casa o juro que la llamo ahora mismo y le cuento tus planes!

- Está bien, está bien, ya me voy hermanita – susurré temiendo la amenaza de mi hermana

- ¡Bien! Pues…te deseo suerte hermanito – Alice posó su manita en mi hombro y me dedicó una de sus radiantes sonrisas mientras se marchaba con pasos de bailarina.

Me quedé unos minutos más en la habitación, jugueteando con la pequeña cajita entre mis dedos. Con delicadeza la saqué del bolsillo y la abrí para comprobar el anillo seguía en su interior. Aquel pequeño anillo, que parecía de otro siglo, tan perfecto para Bella. Sonreí al imaginar el anillo entre su dedo y lo hermosa que se vería con él. Suspiré y con cuidado volví a cerrar la cajita azulada y a introducirla en el bolsillo de mi chaqueta negra.

Salí de la habitación tras coger las llaves de mi volvo y bajé las escaleras a toda prisa, ya que llegaba tarde a recoger a Bella. Mis hermanos, Rosalie y Jasper y mis padres me desearon suerte y tras echar un rápido vistazo a mi cabello en el espejo de la entrada, salí de la casa y me introduje en mi vehículo.

No tardé más de cinco minutos en llegar a casa de Bella. Por fortuna, el jefe Swan no estaba, no era que me llevase mal con mi suegro, todo lo contrario a Charlie siempre le agradé por mi educación y por mi excelente promedio estudiantil; pero la verdad es que se preocupaba mucho por Bella y si me veía entrar a recogerla a estas horas me haría miles de preguntas y eso me pondría aun más nervioso.

Con lentitud y una vez inspire y expire tranquilamente un par de veces, salí de mi vehículo y caminé hasta la puerta de su casa golpeando suavemente con los nudillos. Vi como las luces de la habitación de Bella se apagaban y como se encendía la de la entrada y escuché el sonido de sus tacones al bajar las escaleras. Pobre Bella, mi hermanita la había obligado a ponerse tacones y es que aun después de dos años, Bella seguían siendo igual de torpe y seguía odiando cualquier zapato que no fuese totalmente plano.

La puerta comenzó a abrirse iluminándome la luz de la entrada y cegándome por unos segundos; pero una vez que mi vista se acostumbró a la claridad, no pude evitar que mis ojos se abrieran como platos y que la voz se quedase paralizada en mi garganta. Bella estaba preciosa – aunque para mí siempre lo estaba – llevaba un hermoso vestido color azul atado a su cuello que se ajustaba perfectamente a su cuerpo marcando todas sus curvas y con un escote en V – que de seguro para Bella dejaba ver mucho más de lo que ella deseaba – y que caía desde su cintura hasta un poco más arriba de sus rodillas. El traje estaba adornado con una fina cinta plateada debajo de su pecho que hacía juego con una gargantilla y con sus pendientes, los tacones, no eran muy alto, unos 5 centímetros y eran plateados.

- Buenas noches Edward – sonreí a la ver que sus ojos recorrían mi cuerpo y se mordía nerviosa el labio inferior.

- Buenas noche vida mía – con lentitud, le mostré un hermoso ramo de rosas que tenía escondido tras mi espalda y sonreí - ¿estás preparada para una velada inolvidable?

Si estoy contigo, cualquier instante de mi vida es inolvidable – sonrió mientras sus mejillas se teñían de una adorable color carmín y tomaba el ramo de rosas entre sus manos – Espera un segundo a que las ponga en agua y en seguida nos vamos

En menos de un segundo, Bella llenó un pequeño jarrón de agua e introdujo en su interior el ramo de rosas a la vez que acariciaba los pétalos de las flores. Cuan equivocado estaba si dije que antes se veía hermosa, porque ahora, parecía un ángel.

- ¿Nos vamos?

¡¿En qué momento Bella había cerrado la puerta de su casa y quedado a escasos centímetros de mi rostro? No tenía ni idea; pero estaba seguro de una cosa, no era capaz de resistirme a la tentación y me incliné un poco más hacia ella hasta que mis labios encontraros los suyos, tan suaves y cálidos como los pétalos de una flor.

- Vámonos… - susurré

Con delicadeza tomé su pequeña mano y comencé a caminar hacia mi volvo. Abrí la puerta del copiloto y esperé a ella se sentase, no pude evitar reír al recordar cómo se sonrojaba cada vez que me portaba tan caballeroso con ella y viendo que aun se sonrojaba por ello. Una vez cerré su puerta rodeé mi coche y tomé mi lugar.

No tardé menos de unos segundos en arrancar y comenzar a conducir hasta el lugar previsto para mi declaración y tampoco puede evitar notas que mis manos estaban sudorosas de los nervios.

- ¿Edward porqué stás tan nervioso? – preguntó Bella a la vez que tomaba mi mano

- ¿Yo? Esto…no es nada Bella, no te preocupes – sonreí pero ella siguió mirándome con el ceño ligeramente fruncido fingiendo estar enojada.

- No te enfades cielo, es una sorpresa – sonreí y le di una suave apretón a su mano.

Al cabo de unos minutos llegamos a una carretera y aparqué mi vehículo a un lado de esta.

- ¿Por qué te detienes aquí Edward?

- Te dije que adónde íbamos era una sorpresa

Metí la mano en uno de mis bolsillos y saqué del interior un pañuelo de seda negro.

- Voy a vendarte los ojos - reí

- ¿Eh? ¿Por qué? – preguntó confusa

- Es una sorpresa – repetí

Un largo suspiro escapó de entre los labios de Bella a la vez que me daba la espalda para que vendase sus hermosos ojos. Con cuidado puse la venda sobre sus ojos e hice un pequeño nudito detrás.

- ¿Ves algo mi amor?

Bella negó con la cabeza mientras yo la giraba suavemente para que volviese a estar bien sentada. Arranqué nuevamente el vehículo y tomé sus manos dibujando pequeños circulitos en su palma y haciendo que Bella se mordiese el labio inferior para que una suave y musical risa no escapase de sus labios.

No tardamos mucho en llegar a nuestro destino. Paré del coche y me bajé rodeando el vehículo hasta llegar a la puerta de Bella y abrirla con lentitud. Bella se giro para que la quitase la venda pero en lugar de eso me agaché un poco y pase mis brazos por debajo de sus rodillas y por su espalda, levantándola como a una princesa y sacándola del volvo mientras cerraba la puerta con el pie.

- ¡Edward que haces! ¡Bájame! ¡Bájame! ¡Seguro que todos están mirándonos!

- Bella mi amor, no hay nadie mirándonos. Así que deja de patalear o acabaremos cayendo.

- ¡Pe-pero…! ¡¿Y si nos ve alguien?

- Bella… - con delicadeza posé mis labios en su frente – confía en mi ¿vale?

Con lentitud Bella apoyó su cabeza en mi pecho a la vez que aferraba con sus pequeñas manitas mi chaqueta. Se veía tan adorable, como una niña pequeña que busca consuelo en los brazos de su padre; pero ni yo era su padre, ni Bella era una niña pequeña, era toda una hermosa mujer, mi hermosa mujer, mi hermosa y dulce futura esposa…Con cuidado comencé a caminar por los senderos que llevaban a nuestro paraíso personal intentado hacer el menos ruido posible al pisar algunas ramitas para que Bella no pudiese ser capaz de adivinar donde nos encontrábamos.

No tardamos mucho en llegar a aquel hermoso, el cual, había preparado para la ocasión. En el centro, rodeado de flores de miles de tonalidades había una mesa redonda sobre la cual había unas bandejas de plata, un par de copas y un hermoso candelabro con dos velas azules que iluminaban todo a su alrededor. Alrededor de la meza, formando un circulo había pequeñas lamparitas redondas que iluminaban un poco más aquel lugar.

- ¿Estás lista cielo? – pregunté muy cerca de su oído haciéndola estremecer

- S-si – murmuró a la vez que un fuerte sonrojo se apoderaba de sus mejillas.

Con cuidado fui depositando a Bella en el suelo y me coloqué detrás de ella para quitar el pañuelo. Lentamente me deshice de aquel molesto pañuelo y me coloqué frente a Bella con la mano tendida en su dirección y una hermosa sonrisa curvando mis labios.

Bella comenzó a abrir sus ojos lentamente, como si la tenue luz de aquel lugar la dañase; pero finalmente me dejó ver sus hermosos ojos chocolates que brillaron con tal intensidad que cortó mi respiración y aceleró mi corazón de tal modo que casi pensé que iba a estallar. No me di cuenta cuando levantó su suave mano, tomó la mía y en un rápido movimiento me abrazó. Pequeños sollozos escaparon de entre sus labios mientras sus manos se posaron en mi corazón. Era tan linda, Bella siempre adoraba posar sus manos en mi corazón, comprobar como latía por ella y yo la adoraba a ella. Pasé mis dedos por sus cabellos mientras susurraba palabras para tranquilizarla, palabras que surtieron efecto.

- Edward esto es tan…hermoso… - susurró mientras lentamente se separaba de mi

- Entonces… - hice una pequeña reverencia y le tendí mi brazo – Señorita Swan, me concedería el honor de ser mi acompañante esta noche.

- Será un placer acompañarle Señor Cullen

Tras dedicarme la más hermosa de sus sonrisas, tomo mi brazo y se dejó guiar por mí hasta la pequeña mesa. Con cuidado retiré una de las sillas y ella tomó asiento. Rápidamente yo tomé mi lugar y tras llenar las copas, destapé nuestra comida dejando ver un plato de sopa.

- Espero que te guste cielo, yo mismo cociné – sonreí haciendo ue Bella volviese a sonrojarse.

Con lentitud comenzamos a cenar, fue la cena más maravillosa de toda mi vida. Charlamos de miles de cosas, reímos, brindamos, jugueteamos con nuestros dedos bajo la mesa y finalmente cuando Bella terminó de comerse el postre – pudín de chocolate – decidí que era el momento de dar el paso.

Me levanté de la mesa de manera lenta y con las piernas algo temblorosas. Bella me miraba confusa; pero sin borrar de su rostro aquella hermosa sonrisa que iluminaba nuestro prado. Cuando al fin me situé frente a ella, vi como Bella entreabrió sus labios para decir algo; pero con suavidad, posé mi dedo sobre sus labios mientras me arrodillaba frente a ella. Metí la mano en el bolsillo de mi chaqueta y con lentitud saqué la pequeña cajita de terciopelo. Por primera vez desde que me arrodillé ante Bella, fui capaz de mirarla a los ojos y vi que estos estaban muy húmedos; pero aun así, seguían brillando de aquella manera que me hacían seguir con mi declaración.

- Sé que esto puede parecerte una locura, porque aun somos jóvenes y tenemos toda una vida por delante; pero aun así, yo quiero gritarle al mundo entero que te amo, que eres mía, que solo yo puedo tocarte, besarte, amarte. Quiero ser tu mundo, quiero estar presente en cada pequeño detalle de tu vida, quiero ser quien te haga reír, quien te consuele cuando estés mal, quiero ser tu abrigo las noches de frío, quiero ser tu esperanza pero sobre todo, quiero…deseo, amarte como ningún hombre será capaz de amarte…amarte…como tú esposo…Isabella Marie Swan… ¿Quieres casarte conmigo?

Con lentitud abrí la pequeña cajita de terciopelo mostrando la hermosa alianza y volví a mirar a los ojos de Bella. Sus ojos, como el chocolate fundido, dejaron escapar un par de lágrimas y por un momento temí que Bella no quisiera casarse conmigo; pero solo por un momento, pues antes de que me diese tiempo a decir nada Bella posó su mano sobre la mía inclinándose hasta rozar de manera suave y dulce mis labios.

- S-si quiero…Edward Anthony Masen Cullen…nada…nada en este mundo…me haría más feliz que pasar el resto de mi vida contigo…el resto de la eternidad…

No pude evitar que una sonrisa curvase mis labios mientras deslizaba el anillo por el fino dedo de mi prometida. Con cuidado, me levanté del suelo y la levanté conmigo pegándola a mi pecho y besándola con todo el amor que le profesaba. Mis manos acariciaron su cintura, las suyas juguetearon con mis cabellos y nuestras bocas se movieron con tanto cuidado y amor que si en ese momento el mundo acabase, yo ya podría morir en paz.

*piiii* *piiii*

Rápidamente saqué mi móvil del bolsillo y vi que Alice me estaba llamando, pensé en contestar pero cuando la melodía del tono de llamada mi móvil, Claro de luna, comenzó a sonar, dejé el teléfono sobre la mesa y extendí mi mano hacia Bella.

- ¿Me concede este baile futura Sra. Cullen?

- Será un placer Sr. Cullen

Bella tomó mi mano en un lento movimiento mientras yo pasaba mi brazo por su cintura pegándola a mi cuerpo. Levanté con cuidado nuestras manos entrelazadas hasta ponerla a altura perfecta. Mi pequeña prometida llevó su otra mano a mi hombro y en menos de dos segundos, ambos nos movíamos al compás de las hermosas notas de Claro de Luna…

Fin del Flashback

- ¡Wau! ¡Qué lindo que lindo! Pero papá fue muy precipitado, aun ni tan siquiera habíais terminado de estudiar. Como conseguisteis el dinero y esta casa – pregunté curiosa

- Da igual que aun no hubiésemos terminado de estudiar, porque yo quería estar con tú madre para siempre y la casa y los gastos, corrieron a cuenta de nuestros padres, aunque a cambio tuvimos que soportar que el discurso de bodas lo hiciera Emmett…eso fue una completa tortura…

- Aun así… -mi madre entrelazó sus dedos con los de mi padre – fue el mejor día de mi vida, estaba muy nerviosa; pero cuando vi a tu padre en el altar, esperando por mí, todo el temor desapareció incluso el discurso de Emmett hablando de nuestra vida sexual se me hizo de lo más pasajero y el baile…adoré escuchar el corazón de tu padre mientras bailaba pegada a su pecho…

- ¡Ay! ¡Ya paren! ¡Me van a poner perdida de miel! – reí - ¿y ahora porque no me cuentan lo interesante?

- ¿Lo interesante? – preguntaron algo confusos

- Claro, cuando mamá se quedó embarazada – sonreí volviendo a prestar atención a las palabras de mi madre, la cual, estaba muy sonrojada… - Todo comenzó 5 años después nuestra boda, tu padre acababa de comenzar a trabajar en el hospital para que pudiésemos al fin ocuparnos totalmente de nuestros gastos y yo había conseguido mi trabajo como profesora de literatura en el instituto…ese día…

Flashback

BELLA POV

Estaba sentada en el sofá del salón leyendo el libro que el instituto me exigía ponerle a los alumnos y comprobando si era lo suficientemente bueno para ellos o si sería más conveniente cambiarlo por otro. Tan absorta estaba en la lectura de aquel ejemplar de cubierta negra con el dibujo de una manzana que no reparé cuando la puerta de la casa se abrió y en qué momento Edward posó sus manos cálidas y suaves sobre mis ojos. No puede evitar que una fugaz lágrima recorriese mi rostro. Hacía dos semanas que Edward se había marchado a una convección de médicos en Seattle y dos semanas que había extrañado cada parte de él.

- Buenas tardes mi amor… - susurró con voz aterciopelada en mi oreja haciéndome estremecer

- E-Edward…pensé que regresabas la semana que viene…

- Bueno…al final pude escaparme antes y quería darte una sorpresa, además…te traigo un regalo – le escuche sonreír

- ¿Un regalo? ¿Por qué?

- ¿Acaso no puedo regalarle algo a mi bella esposa?

- Pe-pero…y-yo no tengo nada para ti, ni tan siquiera prepare una cena especial para tu regreso – suspiré tristemente

- Bella… - volvió a susurrar cerca de mi oído – Tú me lo das todo solo con respirar…

No pude resistirlo más. Le había estado extrañando todos estos días y cuando regresa de trabajar me susurra esas cosas tan lindas que me hacían perder la razón. En un rápido movimiento retiré sus manos de mis ojos y rodeé el sofá hasta quedar frente a él y unir de manera efusiva nuestros labios. Saboreando cada espacio de su boca que ya conocía a la perfección, disfrutando de su embriagador aliento y jugueteando con pequeños mechones de su desordenado cabello broncíneo.

No sé en qué momento Edward me tomó entre sus brazos como a una princesa de cuento de hadas y noté el mullido colchón de nuestra cama. Sus manos recorrían con sumo cariño cada espacio de mi cuerpo mientras las mías recorría su bien marcado pecho. Susurros, caricias y besos se hicieron dueños de nuestros cuerpos mientras nos fundíamos el uno con el otro, mientras sentíamos que éramos dos piezas de un todo, mientras nuestros corazones bombeaban al mismo son.

La noche dio paso a un nuevo día y este día a otro más, las horas, los días y las semanas pasaron casi sin percatarme de ello. Todos en el instituto se entusiasmaron con la lectura de Crepúsculo y en casa, todo era aún más perfecto entre los brazos de mi querido esposo. Adoraba como cada vez que regresaba del trabajo me besaba como si no me hubiese visto en años, adoraba cada vez que me decía te quiero y cuando ambos íbamos al cine los domingos y él siempre escogía ver películas de miedo para que permaneciese el mayor tiempo posible de la película abrazada a él.

Estaba en el sofá de la sala, terminando de corregir los exámenes de mis alumnos cuando de pronto, sentí que todo a mí alrededor daba vueltas y que si no llegaba pronto al baño el salón quedaría totalmente manchado por mi vómito.

Me levanté rápidamente del sofá, tirando los exámenes al suelo y apartando todo a mi paso, incluso a Edward, que me miró con su semblante blanco de preocupación; pero no podía detenerme. Rápidamente llegué al baño y agarrándome comencé a vomitar de manera que casi me caigo al suelo.

- ¡Bella! ¡¿Bella mi amor estás bien?

Noté las frías manos de Edward en mi frente apartando los mechones de cabello mojados por el sudor que se había pegado a mi rostro y sosteniéndome mientras volví a vomitar.

- S-Si, Edward…e-estoy bien…so-solo que…c-creo que la co-comida me sentó mal

Edward tomó una toalla que había sobre el lavaba y la mojo para limpiarme el rostro, seguidamente, me tomó en sus brazos y me llevó hasta el salón.

- ¿Qué es lo que te duele cielo? – preguntó preocupado; pero concentrado en su papel de médico para saber qué era lo que me sucedía.

- Edward…no me duele nada… - susurré mientras intentaba sentarme; pero Edward me lo impidió.

- Bella, yo también he comido y sin embargo no he vomitado. Así que por favor, déjame curarte… - sus ojos brillaron con infinita dulzura y fui incapaz de resistirme a su mirada.

- Estaba corrigiendo los exámenes y de pronto noté como…una punzada…un golpe…no sabría describirlo con exactitud…y de pronto…sentí ganas de vomitar…

Los ojos de Edward se abrieron con sorpresa; pero no había solo sorpresa, sus hermosos ojos esmeraldas me miraban con…dulzura, amor, ilusión…de una forma que nunca antes había visto mirarme a Edward. Como si su amor por mí, aunque yo pensaba que era imposible, fuese aun mayor.

- E-Edward… - susurré nerviosa - ¿P-por qué me mieras así?

No fue capaz de sostener su penetrante mirada y aparté mis ojos de los suyos. Aun así, Edward tomó mi mentón con infinita delicadeza y con sus labios murmuró algo que entendí como ``vamos al hospital cielo´´ y me dejé llevar por él. Su mano aferró la mía aun mientras conducía a toda velocidad. No entendía que es lo que le sucedía a Edward; pero no importaba mientras siguiese sonriendo de esa manera en la que lo hacía. Tan dulce, tan especial, nunca había visto a Edward sonreír de ese modo…bueno más de una vez sonrió así, cuando nos conocimos, nos besamos, nos declaramos o cuando nos casamos…pero no entendía porque ahora volvía a sonreír de ese modo.

No tardamos mucho en llegar al hospital y como siempre Edward me abrió la puerta del coche y me guió hasta el interior del recinto sin soltar en un solo segundo mi mano. Cuando entramos, su padre nos miró algo confundido y Edward se acercó a él susurrándole algo al oído y haciendo que mi suegro sonriese de la misma manera que mi esposo. ¿¡Pero qué diablos estaba pasando?

- Bueno Bella, vamos a hacerte ``la prueba´´

Nuevamente ambos me miraron sonrientes y Edward volvió a tomar mi mano guiándome por los pasillos del hospital hasta una habitación cuyo letrero no me dejaron leer. En esta había una camilla y una maquina con una gran pantalla y algo que parecía una manguera.

- Bella túmbate en la camilla – Dijo Carlisle mientras encendía la maquina.

Edward me ayudó a subir a la camilla y después fue a un pequeño armario a por un tubo de pomada mientras me susurraba que levantase mi caseta y bajase un poco mis pantalones dejando visible la zona de los ovarios. Entonces, lo vi claro. ¡Esto, esto era una prueba de embarazo!

- ¡E-Edward yo estoy…! – Edward me silenció con uno de sus dedos

- Aun no es nada seguro Bella, solo una suposición. Túmbate mi amor voy a untarte la pomada

No lo dudé y obedecí mientras las manos de Edward comenzaban a acariciar mi vientre untando la pomada de manera delicada. He de reconocer que la pomada estaba helada, más incluso que las manos de Edward en invierno o un trocito de hielo. Finalmente las manos de Edward dejaron de presionar mi vientre y tomó mis manos con delicadeza mientras me regalaba la más hermosa de las sonrisas.

- ¿Estás lista Bella? – preguntó Carlisle mientras comenzaba a situar el aparato en mi vientre – veamos…

Ni tan siquiera presté atención a como el aparato recorría mi vientre, sino que rápidamente me fije en la pantallita, puede que yo no fuese médico ni pudiese decir si era niño o niña; pero estaba segura de que estaba embarazada y que esa cosita que se veía en la pantalla no era nada más que el fruto del amor entre Edward y mío. Sin poder evitarlo una par de lágrimas escaparon de mis ojos y vi como Edward miraba con infinita devoción la pantalla en la que se podía ver a nuestro futuro hijo.

- E-esto…es real…es… ¿nuestro hijo? – pregunté dándole un leve apretón a la mano de Edward

- Sí, Bella…y estoy seguro de que una niña tan preciosa como su madre – susurró antes de apoderarse suavemente de mis labios.

Tras hablar con Carlisle sobre la dieta que debería de seguir desde ese momento hasta que el bebé naciera. Salimos del hospital tomándonos de la mano y nos dirigimos hacia la mansión Cullen con Carlisle para darles a todos la noticia de mi embarazo. Cuando llegamos a la casa mi padre estaba allí también viendo el partido de beisbol con Emmett en la pantalla plana. Al vernos llegar todos nos saludaron algo extrañados de que Carlisle también estuviese con nosotros. Aun recuerdo a la perfección como casi me dejan sin aire cuando se enteraron de la noticia. Incluso Carlisle llegó a gritar que si me seguían abrazando así perdería a mi bebé y entonces todos pararon de golpe, aun así, no dejaron de felicitarnos y Rosalie y Alice ya estaban planeando una salida de compras para ir comprando las cositas del bebé y por mucho que dije que aun no sabíamos ni el sexo del bebé para empezar a comprar, ella dijeron que era una niña y más vale no contradecir a esas dos.

Los días pasaron y con esto las semanas y los meses hasta que llegó el gran día. Ese día en el cual la cara de Edward nunca había estado tan pálida…

Edward y yo estábamos tumbados en la cama y sus manos se movían haciendo pequeños circulitos sobre mi abultado vientre y sonriendo cuando la pequeña – ya que desde hace unos meses sabíamos que era una niña – daba una ligera patadita.

- No te impacientes pequeña Renesmee, dentro de poco estarás con tu hermosa madre – susurró hablándole al vientre

Se veía tan lindo, como un niño pequeño en navidad y no pude evitar reír ante ello. Reír y gritar cuando me dio una fuerte contracción y noté que mis piernas estaban empapadas.

- ¡Ah! – grité llevando mis manos a mi vientre

- ¡Be-Bella que te sucede! – gritó Edward alarmado

- E-Edward…Renesmee…creo que viene en camino, he-he roto aguas…

El rostro de Edward se volvió pálido como la nieve quedándose totalmente en estado de shock.

- E-Edward…llévame al hospital – le recordé lo que debía de hacer y reacción.

Rápidamente sacó ropa del armario y se vistió unas…tres veces…ya que con los nervios no acertaba a ponerse de manera correcta la ropa. Edward me tendió algo de ropa a mí también y me ayudó a vestirme. No tardamos mucho en subir al coche y si antes me parecía que Edward conducía como un loco ahora era un conductor mucho más temerario. No pude evitar reír ante la absurda idea de que siendo médico estuviese tan asustado por…

- ¡Ah! – volví a gritar - ¡Edward acelera!

No tardamos más de dos minutos en llegar al hospital y rápidamente fui atendida por los médicos. No sé cuánto tiempo pasé en aquella sala dando a luz a mi querida hija, solo sé que casi le rompo la mano a Edward apretándosela con tanta fuerza. Lo que vino después…es incapaz de describirse con palabras…cuando sentí a mi pequeña Renesmee entre mis brazos y sentí las manos de Edward acariciar mi rostro, supe al fin que mi vida estaba totalmente completa…

Fin del Flashback

- Ja, ja, ja, ja – reí a carcajadas agarrando mi estomago – imagino la cara de papá cuando le dijiste que rompiste aguas – seguí riendo – seguro que fue la mar de divertida.

- Pues sí, debería haberle grabado en video –rió mi madre

- ¿Bueno ya pueden dejar de burlase de mí y centrarse en otra cosa? Por ejemplo…que vas a hacer con Black

- ¡Pa-papá! Esas son cosas de mamá y mía – le regañé

- Pero si siempre lo hablas cuando estoy presente, además tengo derecho a opinar para algo soy el ex playboy ¿no? – rió mi padre

- Bu-bueno…de todos modos…las cosas con Jacob no van a cambiar

- ¿Por qué no? – preguntó mi madre – Ya sabes nuestra historia hija, tienes que tener un poco de esperanza, quizás Jacob sea igual que tu padre y tal y como hablas de él podría asegurar que estoy en lo cierto.

- Mamá tu no lo entiendes…mírame – me señalé – mi cabello es un desastre, mis ropas son sudaderas, vaqueros y tenis, y nunca me maquillo ni arreglo como para llamar la atención de algún chico y lo que es peor…no soy hermosa…pero tú si lo eres y es normal que papá se fijase en ti…

- Renesmee cariño – me madre se acercó a mí y me abrazó – tienes unos ojos chocolates precioso y un cabello rizado del color del bronce muy hermoso, tu piel es pálida y suave y eso te hace ver tierna y si sabes que tu tía Alice estaría encantada de ponerte ropa ajustada y minifaldas – rió ante eso ultimo y después me besó en la frente – Bueno, cariño, tu padre y yo hemos quedado con tus tíos para ir a cenar, no regresaremos tarde – volvió a darme un beso en la frente – cierra la puerta con llave cuando te vayas a acostar

Tras eso, mi padre se acercó a mi también y me dijo lo típico de un padre: no abras la puerta a ningún extraño, si llaman ignora, si contestas al teléfono y preguntan por nosotros di que estamos en la ducha, cierra con llave… y toda esa lista interminable de cosas que siempre decían todos los padres. Después depositó un beso en mi frente y tras coger su abrigo se fue con mi madre hacia su reunión.

Una vez la casa quedó en silencio decidí que ya que no tenía nada que hacer estudiaría durante una hora, ya que estaba con los exámenes finales y no me apetecía suspender, y después me ducharía para ver si realmente podía ponerme a la altura de Jacob. No pasó mucho tiempo en que le reloj me indicó que ya era el momento de cerrar los libros y comenzar con la sesión de belleza.

Me metí en el baño dejando que el agua caliente recorriese mi cuerpo relajando mis músculos y planeando mi cambio de look. La verdad no quería convertirme en una plástica, ni dejar de vestir mis sudaderas ni mis vaqueros pero…tampoco quería que Jacob comenzase a salir con otra chica o volviese con Leah. Una vez terminé de ducharme me puse un pijama que consistía en una camiseta de mi padre que me llegaba por medio del muslo y mis zapatillas de andar por casa y comencé a intentar domar mi cabello. Lo sequé con cuidado y lo cepillé haciendo que este pareciera un nido para pájaros. Suspiré y tomé el cepillo para los rizos y el secador. Había visto muchas veces a la tía Alice hacer esto y no parecía muy difícil. Al cabo de unos minutos, que para mí se hicieron horas, mi cabello lucía bastante bien, rizos perfectos se formaron en mi cabello haciéndolo ver como una hermosa cascada que caía hasta mi espalda. Tenía que reconocerlo, debí haber intentado peinar mi cabello mucho antes.

*Toc* *Toc*

Los golpes en la puerta de la entrada me hicieron dar un pequeño salto y tomar el bate de beisbol que mi tío Emmett me regaló por mi cumpleaños. He de reconocer que estaba algo asustada. ¡¿Quién podría ser a la 1 de la madrugada?

*Toc* *Toc*

Con lentitud comencé a abrir la puerta aferrando aun más con fuerza el bate de beisbol. Cuando la puerta finalmente estuvo abierta pude ver a un hombre corpulento frente a mí y levanté el bate dispuesta atacarle hasta que su voz hizo que me paralizara en el acto.

- Cu-Cullen. Y-Yo… ¡l-lo siento! ¡No me golpees por favor! ¡Déjame hablar!

- ¡¿Bl-Black? ¿Pe-pero…que haces aquí? – pregunté mientras los ojos de Jacob recorrían con temor el bate – L-lo siento…pensé que era un violador o algo así – tiré el bate - ¿Qué es lo que quieres?

- Renesmee, sé que esto te sonará absurdo, que puedes pensar que viniendo aquí a estás horas tengo que estar borracho o algo por estilo pero…nunca he estado más seguro de nada en toda mi vida…

- ¿Qu-que…quieres decir? No entiendo na…

Pero Jacob no me dejó continuar. En un rápido pero delicado movimiento se apoderó de mi cintura pegándome a su cuerpo y uniendo sus labios a los míos. Puede que para cualquier chica, el primer beso debiese de ser más especial o más delicado…pero para mí, este era el mejor primer beso del mundo, pues era Jacob quien acariciaba sus labios con los míos y me estrechaba entre sus fuertes brazos.

Al cabo de unos segundos, Jacob tomó mi rostro entre sus manos y separó delicadamente nuestros labios mirándome fijamente a los ojos y haciendo que toda la sangre de mi cuerpo se agolpase en mis mejillas.

- Renesmee Carlisle Cullen Swan, sé que todo en el instituto piensan que soy un Play-boy, que solo juego con las chicas; pero si he hecho eso…es porque estoy locamente enamorado de ti y tú eres tan perfecta y todos los chicos te miraban queriéndote para ellos, que pensé que nunca te fijarías en mí y por eso comencé a salir con todas esas chicas; pero nunca he conseguido olvidarte, nunca he conseguido sacarte ni de mi mente, y mucho menos de mi corazón… - Con delicadeza comenzó a acariciar mi mejilla - Te amo Renesmee… - y nuevamente volvió a capturar mis labios con los suyos.

- Ja-Jacob yo… - Jacob posó un dedo sobre mis labios callándome de manera delicada

- No hace falta que digas nada mi niña…porque ya lo sé…

- ¿Co-como…?

- ¿Recuerdas que esta tarde chateaste con mi hermana? – asentí – Bueno…digamos que no era con ella con la que chateaste – confesó mientras pasaba una de sus manos por su cabello

- N-No me digas que… - pregunté asustada

- Renesmee lo siento…pero….necesitaba saber tus sentimientos…necesitaba saber si me amabas de la misma forma en la que yo te amo a ti y aun así…ya ves el tiempo que tardé en venir a suplicar tu amor

- Su-supongo que ya no importa…además…lo importante…es que estás aquí…conmigo

- Para siempre mi pequeña...te amo...

Y tras eso, me alzo entre sus brazos uniendo efusivamente nuestros labios. He de reconocer que nunca pensé que besar a Jacob fuese puro fuego; pero lo que menos me espere…es que el amor llegase…chateando con un Play-Boy…

FIN


N/A: Bueno siento mil la tardanza pero estaba con los examenes finales y apenas e podido sentarme en el PC además de que queria teneros un bune epilogo y tras varias modificaciones creo que os gustará a todos. Bueno aquí acaba este fic; pero no será el ultimo tengo las ideas para algunos fic mas asi que no so librareis de mi tan facilente *risa malvada*

Bueno espero que os haya gustado mi fic y que me deis vuestra opinión al respecto.

Espero tener noticias pronto de vosotros!

y bueno...¿veis ese lindo botoncito de hay abajo? ¿Que tla si lo pulsais y me dajais un lindo reviews? *¬*

Espero ansiosa vuestros comentarios!

Gracias por seguir mi fic hasta el final! ^^

Nos leemos! Besos vampíricos para todos! :[