Twilight pertenece a Stephenie Meyer, y 'Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado' a Odin Dupeyron.

La princesa Alice aprendió una valiosa lección. Claro, con la ayuda de... algunos amigos que le ayudaron a quitarme mi cuento. -- Adaptación.

(Códigos de letras en Capítulo 1)

Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado.

2

Eran más o menos las ocho de la mañana. Era una mañana cálida, porque más me valía que lo fuera, y porque el sol, que hacía rato que se había asomado, brillaba majestuoso; el cielo estaba casi despejado y el azul deslumbraba con gran intensidad. La princesa y el dragón dormían, pero no sería por mucho tiempo, porque los pájaros cantaban alegremente entre las ramas de los árboles y su mágico canto invitaba a la vida.

La princesa Alice y el dragón Emmett seguían dormidos, seguramente estaban muy cansados por las fuertes emociones que habían sentido la noche anterior, pero no sería por mucho tiempo, porque los fuertes ronquidos del dragón pronto despertarían a la princesa.

Seguramente la princesa estaba exhausta, parecía que nada la despertaría.


Eran las doce del día, y el sol, siguiendo su curso natural, se posaba exactamente encima de la princesa y el dragón, que casi toda la mañana, se cubrieron de él a la sombra de la enorme pared del castillo.

Mmmm… -se estiró, al fin, la princesita Alice. Trató de abrir los ojos, pero el fuerte brillo del día despejado y caluroso le impedía hacerlo. He tenido el más extraño, el más dulce y el más maravilloso de los sueños –se dijo mientras cubría sus ojos.

Al parecer, la princesa creía que la pesadilla por las que nos había hecho pasar a mí y al pobre dragón hace apenas doce horas era sólo un dulce y maravilloso sueño. Poco a poco, sus ojos se acostumbraron a la luz y pudo abrirlos… sus ojos se abrieron enormemente… se le cayó la quijada abriendo la boca de manera impresionante, nadie jamás pensaría que las princesas tuvieran la boca de ese tamaño.

¡No ha sido un sueño! –dijo sorprendida, y volteó a ver al dragón para asegurarse. ¡Aquí está el dragón! ¡Estoy fuera de la torre! –gritó la princesa. La alegría se desbordaba por sus ojos verdes claros, y la emoción transpiraba por su hermoso cuerpo.

Buenos días, escritora – dijo la princesa en un tono dulce y coqueto, como agradeciendo a la escritora los comentarios acerca de sus ojos y su cuerpo (N/T: Sé que suena medio gay… Pero confío en que sabrán entender que en el original, la escritora es escritor xD)

Buenos días, princesa –se apenó la escritora.

Veo que es una mañana calurosa.

Especialmente diseñada para ti.

El sol brilla en lo alto, el cielo está casi despejado y yo me siento fresca como jamás me había sentido antes.

Sí, bueno… supongo que después de doce horas de sueño es natural.

Alice se levantó rápidamente y corrió al enrejado del castillo, no podía creer lo que veía.

No puedo creer lo que veo –dijo la princesa redundante. Hay montañas, árboles y un hermoso lago, puedo ver montones de flores de todos los colores. Corrió a despertar al dragón.

Yo no me he movido.

Es una sugerencia.

Entiendo.

Corrió a despertar a Emmett.

¡Mira, dragón! ¡Despierta! ¡Tienes que ver esto! La princesa estaba muy emocionada. Hay montañas, árboles y un hermoso lago, hay montones de flores de todos colores.

El dragón despertó, miró a la princesa detenidamente, echó un vistazo a su alrededor, y miró también a la escritora. Finalmente cerró los ojos, y súbitamente dejó caer su enorme cabeza en el piso.

¡Por todos los dioses! –se quedó mientras se tapaba la cabeza con las enormes patas. Deseaba que todo fuera sólo una terrible pesadilla.

No es una pesadilla, dragón, ¿no te das cuenta?

¿De qué? –se levantó. ¿De los árboles, las montañas, el lago y las flores? Siempre han estado ahí. ¿No mirabas todo desde lo alto de la torre?

Así es –contestó la princesa dirigiéndose de nuevo al enrejado y tomándose fuertemente de los barrotes. La nostalgia la invadió. Desde lo alto de la torre, como un sueño inalcanzable, pero ahora sólo de pensar que tengo todo esto al alcance de mi mano… -la emoción la dejaba sin palabras, y un nudo le crecía en la garganta. ¡Vamos, escritora, abre la puerta!

¿Ya tan rápido? ¿No deberíamos hacer algo primero?

¿Algo como qué, dragón?

Mmmm… ¿Desayunar?

¿Quién puede pensar en comer en un momento como éste?

¿Yo?

El dragón sólo quería hacer tiempo pues sentía miedo.

¡Vamos, escritora, abre ya!

¿Qué pasa?

No puedo abrir la puerta.

¿Qué?

La princesa parecía desconcertada.

¿Cómo que no puedes?

Así como lo escribo, no puedo.

¿Pero por qué? Tú eres la escritora del cuento.

Déjame te participo, querida Alice, por si no te has dado cuenta todavía, que este cuento se me está saliendo de las manos, estoy escribiendo literalmente sobre la marcha y hago lo que puedo. La puerta no se abre. ¿Por qué? Porque este ya no es enteramente mi cuento, soy la escritora, es verdad, pero nada de esto lo tenía yo planeado, si la puerta no se abre, es porque no la puedo abrir. Fuera de ustedes dos: la princesa Alice y el dragón Emmett, y fuera de las cuatro paredes de la torre…

La torre es redonda.

Es un decir, Emmett.

Ah, si es un decir entonces está bien, continúa.

Fuera de lo que era mi cuento original, no tengo poder sobre todas las cosas.

¿Quieres decir que sólo tienes poder sobre mí y el dragón?

Creo que sí.

Pues no me parece, es decir: Los hechos, que todavía no aprenden a mentir, arrojan evidencia contradictoria. –dijo el dragón suspicaz.

Lo sé, dragón… Para que me entiendan, yo puedo escribir una mañana cálida para la princesa, puedo hacer ropa para ustedes, puedo… no sé, encargarme de ciertos detalles e incluso cambiar algunas cosas, pero habrá muchas otras que no podré cambiar y tendremos que arreglárnoslas todos juntos como mejor podamos para salir adelante.

Princesa, ¿no te entran de pronto unas ganas monumentales de regresar a la torre? Por lo menos ahí estamos seguros de lo que va a pasar.

Sí, un poco.

¡No lo puedo creer!

¿Qué?

Has hecho tanto alboroto, te saliste de la trama de mi cuento, pasaste por encima de mi autoridad poniéndome en ridículo enfrente del lector y has demostrado que el temible dragón Emmett del miedo casi se teme a sí mismo.

¡Oye!...

Es verdad, dragón, no eres tan temible como me parecías en un principio.

¿Lo ves? Has vencido al dragón del miedo, estás en la puerta de salida a lo que tanto deseaste, ¿y estás a punto de darte por vencida para regresar a encerrarte en la torre?

Pues sí –dijo la princesa muy triste, pensé que era más fuerte.

Después suspiró, dio la vuelta y se encaminó de nuevo a la torre, su cuerpo encorvado de pronto, hacía ver a la escritora que el mundo entero pesaba sobre sus espaldas.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

La princesa se detuvo un momento.

¿Cómo puedo sobrevivir en un mundo sobre el que no tengo ningún control? –dijo con una profunda tristeza.

Un zumbido peculiar llamó la atención del dragón.

¿Qué es eso?

El dragón, haciendo bizcos, vio cómo un pequeño punto se posaba sobre su nariz.

¡Un abejorro! ¡Nadie se mueva… y yo no saldré lastimado!

Dragón, por favor, ¿Qué te puede hacer un abejorro?

Mucho –dijo el pequeño insecto, soy el abejorro del deseo y la curiosidad.

La escritora estaba sorprendida, más bien, estaba anonadada.

¿Y tú de dónde saliste?

De donde salen todas las cosas –dijo el abejorro; de la vida.

La princesa volteó a ver a la escritora; ésta sólo levantó los hombros. –Este cuento, ahora sí, ya se me salió de las manos –dijo dándose por vencido.

¿Tú no conoces a este abejorro?

Es la primera vez que lo veo en mi vida. Yo nunca escribí un abejorro en mi cuento original.

No pierdan de vista lo realmente importante de este asunto: ¡Lo tengo parado en mi nariz! ¡Me va a comer!

Los abejorros no comen, dragón.

A lo mejor éste sí.

Este abejorro tampoco come, dragón.

¿Tú que sabes? Tú no escribiste este abejorro.

El dragón tiene un muy buen punto. El abejorro miró fijamente al dragón, que solo pelaba los ojos enormes. Grandes gotas de sudor perlaban su frente. Buu –susurró el abejorro.

¡¡Auxilio!! Salió corriendo el dragón, dando vueltas por el patio del castilla para terminar encerrándose en la torre.

El abejorro soltó una agradable carcajada. El dragón asomó la enorme cabeza por la puerta.

No fue chistoso.

¿Así que tú eres el abejorro del deseo y la curiosidad?

Así es –respondió el pequeño insecto, regordete y simpático. He estado viéndolo todo desde lo alto de la torre y me pareció que era buen momento para intervenir.

La princesa lo miró dudosa.

No me tengas miedo, princesa, soy casi inofensivo –le dijo el pequeño animalito sonriente.

¿Casi? ¿Qué quieres decir con casi?

No me das miedo, abejorro, es otro sentimiento el que me provocas, pero no sé qué…

¿Me dejas pararme en tu nariz? –preguntó el abejorro tierno.

¡Cuidado, princesa! ¡La curiosidad mató al gato!

El abejorro voló y se posó en la pequeña nariz de la princesa Alice. Sé que estás a punto de tomar una decisión muy importante –le dijo. ¿Puedo ayudarte?

¿Cómo me podrías ayudar tú?

Tienes miedo a vivir en un mundo sobre el que no tienes control, ¿verdad?

Así es, me da miedo no saber qué es lo que va a pasar.

Princesa –le dijo el abejorro con gran dulzura. No puedes tener el control sobre todas las cosas, no por ahora que estás enfrentándote por primera vez a la realidad. Nada es del todo seguro, la vida se debe vivir desafiando constantemente lo desconocido, porque la vida, princesa Alice, no es estática, va cambiando constantemente.

Pero no tengo el valor para afrontar eso.

Imagina lo que podría ser tu vida si te atrevieras a cambiar –le dijo el abejorro entusiasmado. Imagina todo lo que podrías lograr si tan sólo te atrevieras a moverte. Imagina todo lo que hay detrás de estas rejas, fuera de este castillo. Trata de pensar que esta torre, que a veces te protege de lo desconocido también te encierra y te priva de tu libertad.

La princesa estaba perdida en sus pensamientos, se imaginaba corriendo por los prados, experimentando y haciendo cosas nuevas, soñaba con esa independencia. Deseaba, como nunca había deseado nada en su vida, ser una princesa libre.

El abejorro susurró: No sólo lo sueñes, princesa, atrévete a serlo –sacudió la cola, movió las alas y un pequeño aguijón apareció. La curiosidad y el deseo a veces vencen más fácilmente al miedo que el valor –y diciendo esto pinchó la nariz de Alice con su pequeño aguijón.

¡¡AUCH!! -gritó el dragón. Sentí ese piquete en mi nariz.

La princesa se irguió nuevamente.

Y colorín colorado este cuento aún no se ha acabado.

No dejes de imaginar nunca todo lo que puedes llegar a ser, princesa –el abejorro voló hasta que desapareció en lo azul del cielo.

Vamos dragón, ayúdame a buscar la forma de abrir esta puerta.

No, me da mucho miedo.

Está bien, lo haré yo sola.

La princesa volteó a todas partes y de pronto se dio cuenta de algo de lo que no se había percatado antes.

¿Ya vieron el castillo?

Por extraño que parezca, el castillo era muy simple; había sólo cuatro paredes enormes que formaban una barda, y en medio de ellas una sola torre. La torre donde había estado encerrada la princesa Alice.

¿Cómo he podido vivir en un lugar tan pequeño? No hay tiempo que perder.

Se acercó al enrejado y se dio cuenta de que había un enorme candado oxidado que aseguraba una gran cadena a la reja. La princesa comenzó a buscar algo para abrir el candado. Dio vueltas y vueltas por todo el patio del castillo, entró y salió de la torre en incontables ocasiones, pero no pudo encontrar nada. El dragón sólo la observaba en medio del patio.

¿No me piensas ayudar dragón?

¿A qué? Yo no tengo la llave.

¿Disfrutas estar encerrado aquí?

Me da más miedo salir que quedarme.

¡Por lo menos ayúdame a salir a mí! –suplicó la princesa.

El dragón sólo se llevó las manos a la cara mortificado. ¿Pero cómo?

¡Valiente dragón bueno para nada! –la princesa se sentó junto al dragón mirando la puerta.

No puedo creer que esté sólo a un paso de salir de aquí, y no puedo dar ese paso.

Pronto se va a hacer de noche, será mejor que prenda la antorcha.

El dragón se levantó y caminó hacia la pared, de donde en lo alto, colgaba una enorme antorcha. Parándose sobre sus dos patas traseras el dragón alcanzó la antorcha, inhaló profundamente y con un soplido generó una bola de fuego… ¡Capaz de derretir un viejo candado oxidado!

¿Perdón?

La respuesta ha estado ahí siempre, en tus narices.

¿Me estás llamando estúpido?

¡No dragón! Literalmente en tus narices. Puedes derretir el candado con el fuego de tus narices.

¡Oh no!

Anda, ven antes de que se haga de noche.

Princesa… ¡no puedo! De verdad no puedo. No te puedo dejar salir, me da mucho miedo.

Dragón, por favor –suplicó la princesa.

No puedo, de verdad no puedo –dijo el dragón del miedo.

¡Eso es!

¿Qué es?

Eres el dragón del miedo, y el miedo a estas alturas ya no me asusta. Estoy decidida a salir, porque ya no puedo vivir encerrada, porque merezco buscar cosas nuevas, porque lo peor que me puede pasar en esta vida, no es lo peor que me puede pasar en esta vida, lo peor que me puede pasar en esta vida ¡es nada! Y no me voy a sentar aquí para que no me pase nada. ¡Absolutamente nada! Ya es más mi deseo y mi curiosidad. Así es que mira, dragón –le dijo Alice agarrándole la cabeza y mirándolo fijamente a los ojos. No te estoy preguntando. Vas a ir directamente a esa puerta y vas a soplar tan fuerte como puedas, vas a derretir el candado y voy a salir de aquí, cuésteme lo que me cueste.

Emmett sólo pelaba los ojos enormes.

¡Híjoles! –dijo en voz baja y casi impactado. Nunca nadie me había hablado así.

¡Muévete!

El dragón no dijo nada. Si le contesto ahorita me mata. Se dirigió a la puerta y se paró delante del candado. Pensó por un momento y refunfuñó. Está bien, está bien, lo haré. Inhaló profundamente, aguantó el aire por un momento, cruzó los dedos de las cuatro patas y se dispuso a soplar. Pero no salió fuego de sus narices. ¿Ah no? Sólo aire. Chihuahuas. Pero de pronto el candado comenzó a temblar. ¡Mamá! El dragón corrió y trató de esconder su enorme cuerpo detrás de la princesa.

¿Qué está pasando?

El candado temblaba cada vez con más fuerza, y de pronto comenzó a convertirse en polvo. Primero el candado, se desmoronaba poco a poco, después la cadena, el polvo volaba por el aire, hasta que finalmente la reja entera se pulverizó.

¿Eso quiere decir que tengo muy mal aliento?

El arco que formaba la puerta del castillo estaba ahora abierto, el enrejado había desaparecido y delante de ellos se podía ver el bosque enorme en todo su esplendor.

Tenemos que salir, tenemos que salir, tenemos que salir –dijo la princesa afirmándose a ella misma una y otra vez.

¿Tenemos? Me suena a mucha gente, yo me quedo aquí adentro.

La princesa caminó lentamente, el dragón aterrado se tapó los ojos, Alice se paró un momento debajo del gran arco, suspiró profundamente y dio el paso definitivo para salir del castillo.

Tududududu… ¡Perdón por tardar! Es que me acabo de mudar y aún no ponen internet en mi casita u-u. X's; Yo amo este cap y al dragón del miedo xD. El siguiente capi es corto (muy corto) pero gracioso (muy gracioso) xD Tal vez lo suba alrato.

¿Les está gustando?

Ya saben. ¡Acepto lo que sea! Reclamos, felicitaciones, noticias, amenazas de muerte, flores, piedras, tomates… ¡Lo que sea! Los quiero; ¡Los veo en el siguiente cap! ;)

-Dani31c

~ I will not kiss you… 'Cause the hardest part of this, is leaving you