Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Este drabble es fruto de la deseperación de no poder escribir algo más largo. Y está dedicado a Victoria Everglott, con todo cariño.


Miradas


La miras como si la vida se te fuera en ello; pero no es una mirada de lujuría, porque ella no es un pedazo de carne —como todos los demás hombres a tu alrededor parecen creer. No, es una mirada de adoración, de devoción. Una mirada de amor.

Conoces a la perfección cada curva de su cuerpo de porcelana, cada centímetro de su anatomía, y sin embargo, te roba el aliento —que no necesitas— cuando el viento agita su cabello, cuando sonríe, cuando cruza sus manos sobre su regazo, cuando levanta su barbilla. Cualquier gesto de ella, por demás insignificante que pueda parecer, para ti es el cielo. Y ella, tu diosa.

De pronto ella voltea, y atrapa tu mirada en la suya. Sonríe dulcemente, de lado. Es esa sonrisa, y de inmediato sabes que estás perdido. Te está pidiendo que la ames una vez más. ¿Cómo poder negarle algo al amor de tu existencia? De ninguna manera.

Le sonríes de vuelta, y en un santiamén te encuentras encaminándote a la habitación, con su mano entrelazada en la tuya. Abres la puerta, y ella pasa primero. Como siempre. Cierras con suavidad, y te giras para tomar su rostro con tu mano libre. La besas. Ella responde con pasión.

—Rose —alcanzas a decir con voz ronca antes de que el frenesí comience.

Y no deseas que termine.


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