Crepúsculo no me pertenece, solo esto.

Calor

Calor. Hacía mucho calor, tanto que era imposible de creer. O sea, estaba en Forks, se suponía que en este lugar nunca salía el Sol. ¿Y que pasaba ahora? Treinta grados de calor ¡Treinta! Todo un acontecimiento.

Las personas del pueblo eran felices, usaban ropa liviana, las adolescentes podían mostrar las piernas; presumir sus atributos. Era día sábado. Para Isabella Swan este era, lejos, el mejor día desde su llegada a Forks. Ella adoraba que los rayos del astro Rey bañaran su piel, que la calentaran…

Por suerte su padre, Charlie, el jefe de policía del pueblo; tenía comprada una piscina desde hace mucho. La había obtenido cuando su hija era una niña, pero nunca la ocuparon, hasta ahora. Charlie la coloco y armo en el patio trasero de la casa, para que Bella—como le gustaba que la llamaran—luego pudiera disfrutar.

La piscina no era muy grande, pero lo suficiente para que entraran tres adultos. Isabella obviamente iba a caber. El agua estaba hasta el tope y muy helada. Era perfecto.

Bella no tenía traje de baño, no llevo uno consigo, nadie imaginaba que pasaría algo como esto (que el Sol y Calor se hicieran presentes en Forks). Pero eso no sería problema, que no tuviera traje de baño no era un impedimento. Ella quería relajarse, no pensar en nada ni nadie, no deseaba pensar en Edward Cullen…

Ese raro chico tenía sus pensamientos hechos un desparramo. No entendía por qué era así con ella, por qué se alejaba, no comprendía como era posible que fuera tan rápido y fuerte. Isabella recordaba claramente esa escena: él salvándola de la furgoneta de Tyler, haciendo una abolladura en esta, solo con su mano. ¿Cómo era posible?

Dejo de pensar en eso, no quería arruinar su día pensando ese tipo de cosas. Hoy, Isabella Swan solo quería pasarla bien, sola; por supuesto.

Llevaba un vestido blanco, ligero y corto. Tuvo mucha suerte al encontrarlo entre sus cosas. No ocuparía ropa interior, sería muy incomodo. Estaba sola, daba lo mismo como se metiera a la piscina.

Primero metió una pierna, el agua estaba helada, pero exquisita. Cerró los ojos por un momento a la vez que sonreía. Luego entro por completo, la piscina estaba tan llena que le llegaba hasta la mitad de sus muslos, los bordes del vestido se mojaron un poco. Sin mas se hundió por completo en el agua. Refrescante. Bella siguió feliz flotando en la piscina. El vestido se levantaba un poco por el movimiento. Se puso de pie mientras pasaba ambas manos por su mojado cabello, miró de pies a cabeza su cuerpo. Le gusto lo que vio, al parecer el agua hacía que curvas que nunca había notado aparecieran.

Volvió a sumergirse en el agua.

Lo que Bella no sabía era que tenía publico. Entre los árboles, un joven de no mas de diecisiete años disfrutaba la vista. Tenía cabello cobrizo desordenado, ojos dorados, nariz recta y cuerpo escultural. Era él, Edward Cullen.

Estaba sorprendido. ¿Cómo era posible tanta belleza? Isabella…, Bella era hermosa. Si fuera humano su corazón estaría a punto de estallar. Al parecer las visiones de Alice, esas que decían que Bella y él se enamorarían, eran ciertas.

Edward ya la amaba. No solo era una persona hermosa, si no que físicamente también. Cuando Bella se levanto para mirar su propio cuerpo Edward quedo estupefacto. Ese vestido blanco ahora parecía una segunda piel, además ¡No llevaba ropa interior! ¿Qué pretendía? Cualquier pervertido podría estar viéndola a escondidas. Oh, un momento, ese era él.

El vampiro sonrió por sus tontos pensamientos y siguió disfrutando la vista.

Mañana le hablaría a Bella Swan.