Los personajes que aparecen pertenecen a Stephenie Meyer. Yo solo em adjudico la idea de la historia :)


Nuevo Empleo

Capitulo 1

Ocho en punto de la mañana.

Como era habitual, allí estaba yo, una hora antes de abrir el local, arreglando un poco las cosas y lo más importante: esperando al nuevo empleado.

Bueno, al menos suponía que era chico, de otro modo, no me explico el entusiasmo de mi madre.

Mis padres se habían ido una semana de vacaciones de verano a Europa. Les había asegurado que yo sola me apañaría con la cafetería, pero ellos no estuvieron de acuerdo, así que se encargaron de buscar a alguien para que me ayudase durante esa semana.

Ahora la pregunta del millón era: ¿Quién seria?

Mis padres no me lo habían querido decir, alegando que era una sorpresa. En mi fuero interno, esperaba que fuese mi mejor amigo, Jake, aunque lo dudaba mucho, ya que no le agradaba mucho el hecho de madrugar en verano.

El nuevo empleado llegaba a las ocho y media. Yo había querido estar media hora antes allí, organizando un poco la cafetería y echando de menos a mis padres, porque, aunque me costase decirlo, la cafetería sin ellos no era lo mismo.

La campanilla de la puerta sonó, anunciando que alguien entraba.

- ¡Pasa! –grité, saliendo de la cocina.

Y como no, me quedé estática al ver al chico que habían contratado mis padres.

Cuando regresasen, los mataba, literalmente.

Sabía que mi madre podría llegar a ser endemoniadamente retorcida a veces, incluso más que Alice, una de mis mejores amigas, pero…¡¿contratar al chico que me gusta?! ¡Eso no tenía nombre!

Edward Cullen era el chico más guapo del instituto, a mi parecer. Era de constitución atlética –no por nada era el capitán el equipo de baloncesto, el cabello lo tenía desordenado, dándole un toque informal, y unos preciosos ojos verdes que me hipnotizaban. Los mismos ojos que ahora me miraban divertidos.

- ¡Hola, Bella! –saludó, animadamente.

- ¿Tú eres el nuevo empleado? –intenté no balbucear, y gracias a Dios lo conseguí. Sin embargo, lo que no pude evitar fue mi sonrojo.

- Creo que sí –su sonrisa, ahora torcida, parecía no querer desaparecer de su rostro- no te desharás de mí ni siquiera en vacaciones.

- Solo hay una cosa que me consuela –suspiré, de forma teatral- que no eres Emmett en estos momentos.

Y tuve un premio por mi comentario: su risa musical, que tanto me gustaba.

Poniendo en situación, solo decir que me llevo fantásticamente bien con los Cullen, hasta tal punto, que la pequeña de la familia, Alice, es mi mejor amiga, y muchos viernes o sábados me tenía que quedar a dormir en su casa, porque era noche de chicas o de películas. Emmett era el hermano mayor, y siempre, y cuando digo siempre, es siempre, se metía conmigo, aunque de forma cariñosa. Su única meta, era que me ruborizase. Una vez lo hacía, me dejaba en paz, hasta que el color rojo desaparecía de mis mejillas. Cuando esto sucedía, entonces volvía con otra ronda de comentarios que volvían a hacerme sonrojar. Y por último, estaba el hermano mediano, Edward, quien me tenía robado el corazón desde que le conocí.

Pero claro, eso él no lo sabe.

- Bueno...-miró a su alrededor- ¿por donde empiezo?

Con un gesto de cabeza le indiqué que tomase asiento en una de las mesas. Nos sentamos frente a frente e intenté mirar a cualquier sitio menos a sus ojos.

- Empezamos a las nueve, hacemos una pausa para comer a las dos, y a las cuatro volvemos a abrir hasta las nueve. Durante la ausencia de mis padres, solo nos dedicaremos a vender refrescos, helados y cualquier otro tipo de tentempié, no haremos comidas ni cenas.

- Perfecto, así nos libraremos de Emmett, con la excusa de la escasez de comida.

Asentí, riendo. Él solo se me quedó mirando aún con aquella arrebatadora sonrisa surcando sus labios. ¡¿Es qué no iba a dejar de sonreír?! Incómoda, aparté la mirada.

Me levanté y me dirigí al otro lado de la barra, para explicarle como funcionaba la heladera y la caja registradora, al igual que le mostré donde podía encontrar los refrescos.

Y así, diez minutos más tarde, abrimos el local. Nos sentamos a esperar a los clientes en los taburetes de detrás de la barra, mientras charlábamos de cosas banales.

Realmente, con él se me pasaba el tiempo volando.

El primer cliente fue el señor Robins, que como todas las mañanas, era el primero en entrar y pedir un café con leche. Se lo tomaba tranquilamente, leyendo el periódico, y después de pagar, se iba al trabajo. Era su rutina de todas las mañanas, y así se lo comenté a Edward cuando el señor Robins se marchó.

Hasta las diez, no empezaron a venir más clientes. No me sorprendió en absoluto que empezasen a entrar chicas del instituto cada dos por tres. Miré a Edward de reojo, sofocando una risita. Él, por su parte, me miró frunciendo el ceño, notablemente desconcertado.

- ¿Qué ocurre?

- Hoy entra más gente de la de costumbre.

- Lo suponía –dijo con resignación.

Para mi alivio, él no hacía caso a los intentos de coqueteo. Iba, les tomaba nota, y tras cumplir su cometido, volvía detrás de la barra.

- ¿No te gusta ninguna de las chicas que hay ahí? –le pregunté, riendo.

- La que me gusta no está sentada ahí –me sonrió.

En ese momento, llegó un cliente pidiéndome un helado para llevar. Nunca había estado tan agradecida de la aparición de alguien, así, tuve la excusa perfecta para girarme para servir un helado de chocolate.

Bien sabía yo que la chica que le gustaba a Edward no estaba sentada ahí.

Tanya nunca se pasaría por mi cafetería, ni aunque le dieran un millón de dólares. Ella y yo nunca nos habíamos llevado bien. Según Alice, me tenía celos porque era demasiado cercana a la familia.

Tanya era una de las chicas más populares del instituto, y se llevaba realmente bien con Edward. Obviamente, sabía que ellos terminarían juntos. Veía como ella le miraba a él…y bueno, él no es ciego. ¿Qué chico no caería rendido a los pies de una chica tan guapa como Tanya? Sin duda, no tenía nada que hacer contra ella.

Suspiré, recordando las muchas veces que me había hecho un ovillo en mi cama al recordar los momentos que los veía tan juntos y pensaba que hacían tan buena pareja. No, no iba a volver a caer.

¡Tenía que pasar página! Edward me lo recordaba en cada uno de sus comentarios como el que terminaba de escuchar. El único problema era que, haber como intentaba olvidarle, teniéndole todos los días a mi lado.

Durante aquel primer día, estuve pensando en formas de evitar a Edward, a partir del último día de trabajo en la cafetería. Y entonces, se me ocurrió: ¡irme a pasar el verano con mis tíos a Florida! Pero tendría que esperar seis días para irme.

Seis días, y mi vida cambiaría.

Y no sabía hasta que punto.


Holaaa!

Si me he vuelto loca xD Pero es que el otro dia se me ocurrio esta idea, y no he podido evitar escribirla :)

No sera un fic largo, no durara mas de 3 capis, eso seguro ^^

Espero que os guste la historia ^^ Mañana intentare actualizar o bien del intercambio, o de la mia ^^

Si gusta subire el proximo capi el domingo :)

¡Un beso enorme!

Aliena Gervasi