Disclaimer: Nada de lo que puedan reconocer es mío, todos es de la Gran JK (Amén). Esto está hecho sin fines de lucro, sólo diversión propia y de ustedes.

Summary: Scorpius tuvo cinco oportunidades para besarla, dar el primer paso. Pero no lo hizo. Y aún lo recuerda, porque fue un idiota y ambos atravesaron una odisea. Pero cuando lo dice en voz alta, Rose ríe y le da un beso por cada ocasión que él perdió.

Está dedicado a Potter-WeasleyGirl por tener una idea tan genial y animarme a escribir después de meses de retiro. Se trataban de viñetas… pero no me pude resistir y el capítulo salió algo más largo de lo planeado (groseramente largo y que no tiene nada que ver con lo planeado), veré si se reduce la cantidad en el siguiente. Entonces será un pequeño fic de 5 capítulos, dedicado a aquellas cinco oportunidades en que Scorpius no besó a Rose

Disfruten la lectura!


Rose es demasiado dominante. Le encanta mandar, es perfeccionista y quisquillosa. Sabelotodo, lee aquellos libros vulgarmente gruesos y, contradictoriamente, adora subirse en una escoba.

Es extraña, le parece.

Cuando se enfada, comienza a maldecir a diestra y siniestra y, la única forma de que se calle, es dejándola desahogarse —pero cuidado si te pilla cuando no le prestas atención, pues golpea muy fuerte—.

Es alta, de un castaño rojizo y tiene millones de pecas. Es obstinada, orgullosa y, si se lo permites, presuntuosa.

Pero, cuando Rose sonríe, Scorpius olvida cualquier defecto y recuerda por qué la quiere, por qué se enamoró de ella. Recuerda las tardes de risa y las noches viendo las estrellas.

Recuerda que esos defectos la hacen encantadora y, finalmente, no puede evitar besarla.


Era curiosa la forma en la que el destino jugaba con las personas. Al azar, sin distinciones. Algo parecido al amor o a la guerra. Así era el porvenir, la vida en general. Un día te sonreía y, al siguiente, te miraba de forma burlona, negándose a darte la espalda para que no le tocaras el culo.

Ese era uno de esos días.

Y es que, ¿Cómo había terminado encerrado en un armario con una (furiosa) Weasley?

La misma Weasley que ahora lo consideraba un depravado sexual. Y lo peor era que no podía culparla. Él mismo se sentiría igual de indignado si se encontrara en su situación.

En su mente, las escenas de lo ocurrido hace tan sólo unas horas, transcurrían en cámara lenta. Difusas, borrosas. En un segundo caminaba tranquilamente por un pasillo y, al siguiente, tenía a Rose Weasley gritando frente a él y consiguiendo que su dolor de cabeza no mejorara.

Era todo muy extraño y surrealista.

Albus una vez le dijo, en una de las pocas veces en que hablaban de su familia, que hacer enfadar a Rose era como firmar una condena, pues ella se convertía en una banshee que busca venganza o, en el peor de los casos, en un Colacuerno Húngaro hembra que protege a sus crías.

En éste caso, Rose no protegía ninguna cría, sino su orgullo.

Y, al parecer, Scorpius no sólo lo hirió, sino que lo pisoteó y abolló y se lo dio de vuelta.

Así que Rose estaba muy enfadada.

Scorpius sonrió de forma burlona. La verdad era que todo ese asunto terminaba siendo divertido

— ¡Y, además, te burlas! Eres el colmo. Primero me dejas plantada y tuve que comenzar la ronda yo sola, luego me secuestras y me encierras aquí, ¿y ahora te ríes? —.Scorpius ensanchó su sonrisa—. Eres un imbécil de mierda. Deberías irte al…

Pero nunca se enteró a donde debería irse —aunque tenía una idea bastante aproximada—, pues escuchó un ruido de pasos, un extraño goteo espeso y la inconfundible voz del Viejo Filch — en serio, ¿Cuántos años tendría ya?—, probablemente quejándose con su horroroso gato. Entonces, decidió que era buena idea apresar a Rose contra la pared del reducido armario, y cubrirle la boca.

Pero no era buena idea. En absoluto. Y de eso se dio cuenta cuando, en medio del jaleo y después de varias mordidas en su mano, recibió un rodillazo en su pobre e inocente ingle. Aunque lo mejor vino cuando él no se apartó, tragándose todo el dolor, dejando que sus ojos produjeran lágrimas. Rose se percató de que, quizás, Scorpius no tenía malas intenciones, sólo intentaba evitar una detención para ambos.

Pero sólo quizás. Así que, aunque ya lo sabía, parecía que recién se hubiera dado cuenta de que Scorpius, de hecho, no tenía camisa. Sus zapatos tampoco estaban, pero eso no es importante cuando estás en un armario oscuro, con un chico guapo y que ha dejado de ser chico hace un tiempo; pues, en efecto, Scorpius es un hombre. Y ella es una mujer. Una con hormonas, si se lo preguntan. Una mujer que tenía una mano descansando plácidamente sobre el pecho desnudo de un hombre guapo. La misma que lo miraba embelesada, mientras él miraba estaba atento a cualquier movimiento externo, y que sentía su corazón desbocado, casi como el de ella, pero por razones diferentes.

El de él latía al ritmo que le dictaba la adrenalina, los nervios de ser descubiertos. El de ella, bueno, porque él era un hombre.

Y es que ella no es de piedra, maldita sea.

Así que se sonrojó infantilmente y dejó de agitarse. Permaneció quieta, pero no bajó la vista. No tenía ganas de luchar más contra sus instintos. Aunque sí lanzó una gran carcajada internamente, pues la mueca de dolor en el rostro de él, aún no desaparecía.

Al menos, el también estaba sufriendo.

— Dígame, Sr. Thompson, ¿Hay alguien allí?

Ambos contuvieron la respiración. A Rose incluso le pareció que el corazón de Scorpius vacilaba.

Se podían imaginar la escena. El Viejo Filch y su asqueroso gato, vagando por los corredores en busca de algo que Rose ignoraba, pero a juzgar por la mueca de Scorpius, junto al bote de aerosol que aún tenía en la mano, él sí que lo sabía. Y no quería que los descubrieran. Seguramente, el gato tenía la mirada clavada en la puerta del armario y el conserje se relamía por una posible expulsión.

A él le sabría a mierda que ambos fueran prefectos. Ya sería la quinta vez, desde que ella tenía la insignia, que él la llevaría al despacho de la Directora por vagar en los corredores luego del toque de queda, como siempre. Sólo que, ésta vez, Filch sí tendría su excusa, pues su situación se podría malinterpretar desde cualquier ángulo.

Escucharon que los pasos se reanudaban y la voz del conserje comenzaba a quejarse, de nuevo. ¿En serio el gato no los había delatado?

Pero se mantuvieron callados un rato más, presas del alivio y de la placidez de quien se sabe a salvo de una situación embarazosa. Aunque el sosiego duró poco, pues les esperaba una incómoda situación dentro del reducido espacio.

Efectivamente, ambos seguían pegados en el dichoso armario oscuro. Y a Scorpius, la mano que Rose tenía sobre su pecho, se le hacía cálida y pequeña. Femenina. Y si había querido ignorarlo, la estrecha cintura que su brazo apretaba y el rostro ruborizado que dejaba ver la escasa luz de lo que parecía una varita, le gritaban que sí, que Rose era una mujer. Y qué mujer.

— Malfoy —. Suspiró con tono resignado mientras se soltaba de su brazo y se pegaba al fondo del armario. Al parecer, quería estar lo más lejos posible de él. Scorpius se felicitó internamente. — ¿Qué mierda fue lo que hiciste y en qué carajo estabas pensando cuando nos encerraste aquí? Joder…— Aunque estaba avergonzada, el vocabulario que ella usó le dio a entender que seguía enfadada.

Sin embargo, recordó que aún tenía un potente dolor en sus partes delicadas, las cuales tomó con sus manos, sobre la ropa, y soltó un pequeño grito —masculino— de dolor, mientras se deslizaba sobre la madera hasta terminar recostado en el suelo, en una posición nada propia de un Malfoy.

— ¿Y tu en qué estabas pensando cuando me golpeaste? — Exclamó, de forma ahogada y ronca. La cara de Rose adquirió un tono que nadie pudo ver, pero que dejó en claro que no pensaba que él quería hacerla callar para salvarse del conserje, precisamente.

— Eso no viene al caso… —. Dijo, con un susurro avergonzado— pero lo siento.

Eso último lo dijo casi sacándose las palabras de manera forzosa, pero bastó para que él se enderezara un poco y la mirara.

— Yo también lo siento.

Y ambos sonrieron, en un acto que los sorprendió a ambos. Una sonrisa pequeña, pero allí estaba. Su relación no tenía nada que ver con la enemistad, sólo con la indiferencia mutua, probablemente ocasionada por la reticencia de Rose a desobedecer a su padre, aunque la orden fuera estúpida. Pero ambos tenían algo en común, pues Albus era el mejor amigo de ambos y, forzosamente, debían soportarse de vez en cuando.

Pero la sonrisa de Scorpius era muy brillante y la de Rose aumentaba las pecas de su cara, haciéndola ver un poco más adorable. Pero esos pensamientos sólo lograron incomodarlos y desviaron las miradas. Y Rose se refugió en lo que mejor sabía hacer en situaciones como esa: dirigir la atención a otra cosa y, en éste caso, la mejor forma era acusándolo.

— La cosa es, Malfoy, que no entiendo cómo olvidaste que los armarios están encantados para evitar situaciones íntimas en los estudiantes, ¡Todo el mundo lo sabe! —Scorpius compuso una mueca y abrió la boca, pero Rose continuó— Además, eres un irresponsable por hacer lo que sea que estuvieras haciendo, y te mereces esto, pero ¿Por qué me arrastraste hasta aquí? En estos momentos, estaría patrullando tranquilamente el quinto piso—. Terminó, enfurruñada.

— Yo no hice nada. Me aturdieron y desperté sin camisa, sin zapatos y con esto pegado a mi mano—. Intentó despegarse el aerosol de la mano derecha, pero se quedó en eso, en un intento —. Y esa es una norma estúpida, la de los armarios —. Aclaró, al ver la cara de Rose.

— Pues te informo que mi madre propuso esa regla, luego de ver el constante desacato a las normas del colegio, y…

— Pues te informo que mi padre fue quien la inspiró —. Sonrío de nuevo, con altanería. Rose parecía a punto de estallar, pero continuó—. Y es estúpida porque aún quedan las torres y salones en desuso, el espacio que queda detrás de las armaduras, los pasadizos... Además, no comprendo el escándalo que arman con los armarios. Son más íntimos, si, pero…

— Eres un imbécil. No se porque me sorprende que sepas todo eso, pero parece que si va a funcionar lo del armario, porque si no encontramos una forma de salir, estaremos sometidos a los rumores cuando algún profesor nos encuentre por la mañana —. Scorpius iba a replicar, pero se contuvo—. Las contraseñas de salida, que se recitan por fuera, por cierto, sólo las conocen los profesores y los premios anuales, y déjame señalar que no somos ninguno de los dos. El objetivo del hechizo, es humillar públicamente a los implicados para que no vuelvan a las andadas. Te sorprendería la cantidad de gente que siguen atrapando en los armarios. Y, por lo visto, tu padre no era muy diferente a ti.

Scorpius lanzó una carcajada breve y Rose lo miró con reprobación.

— Relájate, Weasley. Será mejor que nos llevemos bien si compartiremos la humillación pública—. Rose crispó el rostro, pero se mantuvo callada—. ¿No te molesta estar siempre tan estirada? Te he visto con tus amigos y eres diferente. Estar con cara de que hubieras chupado un limón agrio o te hubieran metido un…

— No sigas por ese camino si quieres que nos llevemos bien—. Scorpius sonrió ampliamente, y Rose bufó—. Parece que te gusta observarme, ¿Tan guapa soy? Como yo sea o deje de ser no es tu problema, hay una imagen que cuidar—. Ésta vez, fue el turno de Scorpius para bufar.

— No te observo por placer, Albus siempre habla de ti. Y, por si te interesa, si te encuentro muy guapa.

Puede que no haya sido sincero o sólo lo haya dicho para molestarla, pero el rubor de Rose no opinaba lo mismo. Scorpius sonrió. Era divertido fastidiarla, pero lo perturbaba el hecho de que no había mentido, en absoluto.

Ella se sentía extremadamente indefensa delante de él, aunque no debería, porque él era un idiota, así que no dejaba de recriminarse mentalmente. En cambio, él se sentía increíblemente ligero con ella, como si pudiera flotar. Además, casi nunca sonreía y, en ese instante, parecía candidato a la mejor sonrisa de la revista Corazón de Bruja.

— Eh… —. Dijo, cuando se repuso de la sorpresa. "Inteligente respuesta, Rose". Carraspeó un poco y continuó—. Bueno, supongo que puedo ayudarte a despegarte eso de la mano si me cuentas que ocurrió.

— No creo que puedas, este hechizo no se parece a nada que yo conozca—. Replicó, resignado.

— Esto es una lata de aerosol arcoíris y, si estoy en lo correcto, y los culpables pueden rezar porque no lo esté, creo que sabré despegarlo—. Era increíble la rápida forma en que Rose se reponía del bochorno y volvía a su tono de mandona.

— Bien, te contaré... Todo empezó cuando acudía a nuestro encuentro para iniciar la ronda, regresaba de una reunión con el Profesor Longbotton…

Scorpius bufó.

Había ido a hablar con el Profesor de Herbología por una nota inadecuada y casi tuvo que huir para evitar que el profesor le expresara la pasión que sentía por las plantas.

Había sacado un Supera las Expectativas en un informe donde tenía que explicar dónde, cómo y cuando era el momento ideal para conseguir un Snargaluff, aquella asquerosa planta carnívora, la misma que casi se queda con un dedo Malfoy de recuerdo, verde y que palpita de forma repugnante. Al parecer, le había faltado especificar el trato que dicha planta debía recibir al ser recolectada.

Bufó de nuevo.

Y ahora debía ir a compartir ronda con Rose Weasley, la prima de Albus. Si ella se sentía inspirada, probablemente le restregaría su flamante Extraordinario.

Rose rodó los ojos mientras Scorpius se interrumpía para mirarla con rencor.

Parecía que el día había estado planeado para que todo saliera mal. Se había levantado tarde, había perdido el desayuno, no pudo realizar el hechizo Anti-Intrusos correctamente en Encantamientos, pues la alarma se activaba con personas normales como si fueran asesinos en serie, sacó Supera las Expectativas en Herbología y, ahora, le tocaba hacer ronda con Rose Weasley.

No le caía mal o algo parecido. Sólo le parecía que era un poco presumida, irritante y tenía una capacidad innata para ignorarlo.

Y Scorpius Malfoy jamás era ignorado.

Además, era bastante raro que, de todos los prefectos, se le asignara dar la ronda con ella. Le podía tocar con cualquiera. Se elegía al azar. Y el azar decidió que sería gracioso como el final del frustrante día de Scorpius.

— No se de qué te quejas. La última vez, fue a mediados de quinto año—. Le dijo, un poco molesta porque él viera como algo terrible el hecho de hacer ronda con ella.

— Exacto, hace décadas. Es raro. ¿Me dejarás continuar?

— Adelante.

Pero no podría evitar la ronda, por lo que siguió su camino desde el quinto piso, en donde se encontraba el despacho del Profesor Longbotton, hasta el vestíbulo. Los pasillos eran cada vez más tediosos de recorrer y las escaleras, más largas. Su irritación aumentó cuando tuvo que dar un rodeo en el cuarto piso, pues la escalera se había desplazado y tardaría otra media hora en regresar.

Así que se vio obligado a continuar en la vía que incluía el despacho de Filch. Y. aunque eso no lo tomó en cuenta, debió haberle prestado más atención al detalle. Era viernes por la noche, a dos semanas de haber empezado el curso. Un día perfecto para darle la bienvenida al Viejo Filch y a su gato.

Pero claro que él no sabía eso. Ni siquiera lo había sospechado.

— Es estúpido que no lo hayas visto venir. Ya me extrañaba que nadie hubiese hecho nada. Yo, por ejemplo, estaba con la guardia alta y tú debiste…

— Ya cállate y déjame seguir—. Cortó, enfurruñado. Rose frunció el ceño.

Por eso, cuando cruzó en la esquina, no se fijó en lo que había escrito en la pared, ni en el balde que flotaba sobre la puerta del despacho del conserje. Si lo hubiese hecho, probablemente habría ido a buscar a un profesor o, simplemente, ir por Rose, pues la ronda debían hacerla juntos. Pero no lo notó.

Porque, cuando su pie izquierdo se asomó en la esquina, dos chicos se pusieron en guardia. Y, cuando se pudo reconocer la túnica de Slytherin, los mismos chicos decidieron actuar de forma madura y conforme a las circunstancias.

Sonrieron de forma malévola y lo aturdieron, con un acto que les daba tan sólo unos minutos para inculparlo y huir.

La idea era desnudarlo, pero ninguno fue lo suficientemente valiente como para aguantar el tener que ver algo mas allá de sus pantalones, algo por lo que muchas chicas matarían. Supusieron que, con la túnica, la camisa y los zapatos, era suficiente castigo y, quizás, muriera de hipotermia. Además del detalle de la lata de aerosol adherida a su mano.

En cuanto Filch saliera, lo encontraría allí, solo, y creería que él había armado aquella sencilla, pero irritante broma. Tal vez, incluso, le dieran un castigo del que no se zafaría por ser prefecto.

Pero no se quedaron a comprobarlo, pues un maullido los sacó de sus fantasías. Se retiraron entre risas, corriendo y jadeando. Pero felices.

Claro que nada de esto lo supo Scorpius, pues cuando despertó, se encontró a sí mismo en el suelo, sin túnica, camisa o zapatos, congelándose, con un objeto que le impedía mover su mano derecha y con el asqueroso gato de Filch acostado serenamente cerca de su costado, ronroneando.

— Que asco…— Murmuró Rose. Scorpius le lanzó una mirada gélida, pero no comentó nada.

Además del encantador detalle de la inscripción que rezaba la pared frente a la puerta del despacho del conserje, en unas brillantes letras de colores cambiantes:

"Bienvenido seas al nuevo año, metete a tu gato por el…

Año que viene y uno que se va, hueles a mierda, ¡Oh! Qué pesar…

Todos te odian Filch. Y las consecuencias deberás aceptar.

Atentamente, El Chico Que No Carece De Higiene Personal."

Sonrió a pesar de su desgracia. Se corrió un poco y se liberó del gato de forma sutil, conteniéndose de darle una patada. Se levantó, descubriendo que todo su cuerpo estaba adolorido, y miró a su alrededor, intentando conseguir un culpable, aunque sabía que no sería posible. Revolvió entre sus bolsillos, pero no encontró su varita. Contuvo una arcada mientras el gato se restregaba contra sus piernas. Maldijo internamente cuando escuchó movimientos detrás de la puerta del despacho.

Entonces, su corazón se desbocó. Comprendió la situación como si de un flechazo se tratara y su aturdimiento desapareció de golpe; se sintió realmente imbécil. Alguien había tratado de culparlo y el seguía allí, parado, mirando con terror cómo la puerta se abría.

Así que, apenas escucho el sonido de alguna sustancia viscosa derramándose sobre un furioso Filch, comenzó a correr. No lo castigarían por algo así, menos si él era inocente y, aunque no era la salida más valiente o astuta, fue la más adecuada y justa.

— Si, claro. Huiste tan valientemente como Albus cuando le enseñan un peine—. Rose sonrió, burlona. A Scorpius le pareció que se veía muy bonita cuando sonreía.

— Podríamos decir lo mismo de ti, Weasley—. Aunque era mucho más bonita cuando se enfadaba.

Scorpius continuó con su acto de escapista por un par de pasillos más. Fue hasta que sus articulaciones se quejaron y su respiración le exigía un descanso, que redujo el paso y divisó a Rose, con mueca frustrada. Ella lo miró y le recordó de forma sutil que había sido abandonada, pero él o no la escuchó o prescindió de ella, porque siguió corriendo. Ella pensó que se iban a estrellar, pero a último momento, el se ladeó y le tomó la mano, arrastrándola. Cuando distinguió una puerta lejana, aumentó el paso, mientras escuchaba a la chica gritando detrás de él. Creyendo que era la entrada a alguna aula vacía…

—… La abrí y bueno, aquí estamos—. Terminó su relato con un suspiro.

Rose se mantuvo callada, pensando que, quizás, él intentaba engañarla. Lo escrutó con la mirada durante unos segundos. Su semblante serio, la chispa de sus ojos, su aristocrática nariz, sus labios delgados… se negó a mirar más abajo, pero se obligó mentalmente a confiar en él. Albus lo hacía y ella no encontraba nada malo en el relato. Además, si hubiera querido hacerle algo, ya lo habría hecho. Y ni siquiera tenía varita.

— He sacado una conclusión sobre tu historia—. Scorpius la miró, intrigado. Rose sonrió—. El gato de Filch no nos ha delatado porque has sido el único ser humano, aparte de Filch, que le ha permitido acercarse—. Scorpius frunció el ceño—. Eso demuestra que las cosas no son lo que parecen hasta que les brindas un poco de paciencia y amor—. Finalizó, con voz cantarina.

— Las preferencias sexuales del gato de Filch no son algo que me incumba—. Respondió, algo picado.

Rose lo observó en silencio, pensando en si debería seguirle el juego o ignorarlo, para invocar la paz.

— Bien, dame tu mano—. Resolvió Rose, con cansancio.

— Si quieres que nos acerquemos, sólo dilo, Weasley—. Dijo Scorpius. La seducción implícita en la voz de Scorpius, consiguió que ella formara una gran y brillante sonrisa en su rostro. La miró, confundido, pero eso sólo logró pronunciar su sonrisa.

— ¡Felicitaciones! — Saltó, con voz chillona; parecía estar anunciando a un ganador en esos programas sensacionalistas de la radio mágica. Scorpius retrocedió la pulgada que se había acercado para alargar el brazo y miró a Rose de forma inescrutable, probablemente tratando de descubrir qué había ocurrido con ella y si era contagioso—. Eres un idiota—. Finalizó, de forma sombría.

Scorpius soltó una carcajada, sorprendido por la ocurrencia de la chica.

— No sabía que eras humorista—. Comentó, lo más jocosamente que podía un Malfoy.

— ¿Sabes qué otra cosa no sabías? —. Scorpius la miró, expectante, mientras le tendía la mano. Rose la tomó y la acercó a su cara. Scorpius podía sentir su respiración rosándolo—. Que, por las noches, soy bailarina exótica en Cabeza de Puerco y le hurto dinero al pub.

Scorpius volvió a reír y se acercó a ella.

— Pues yo lucho contra el crimen y debería enviarte a Azcaban—. Rose se unió a las risas de Scorpius. No sabía en qué momento, pero la tensión se había disipado.

— Creo que sé cuál fue el conjuro que usaron…

— Y sabes el contra-hechizo, ¿cierto?—. Su pregunta dejó en claro que estaba seguro de que ella lo sabía.

— Por supuesto. El conjuro lo inventó mi padre—. Rose había comenzado a ponerse roja, probablemente de la ira. Susurró algunas palabras sin sentido, de las cuales sólo escucho "voy a matarlos", "Torturar hasta…", "sufrir…". El chico sonrió—. "Eres un idiota y caíste en la trampa — él la miró, ofendido, pero ella no se detuvo—, ahora te libero porque das lástima"

Y él observó, entre fascinado y aturdido, cómo la lata —que, ahora que se fijaba, tenía escrito Sortilegios Weasley en letras multicolores— caía de su mano, dando un golpe seco en el suelo.

— Asumo que conoces al culpable—. Comentó, en tono casual. Rose entornó los ojos, pero no respondió—. Bonito hechizo.

— La solución la halló tío George. Papá terminó con una vieja bludger pegada a su mano. Tuvimos que ir a San Mungo… Hasta que tío George acudió a ayudar, luego de reírse de mi padre a gusto, claro—. "¿A quién diablos se le ocurre probar hechizos adherentes con una bludger?", fue la pregunta interna de Scorpius. Rose lo miró, con una sonrisa nostálgica y los ojos fijos en algún momento del pasado—. Antes de que lo preguntes, no tengo idea de que era lo que papá intentaba hacer. Tal ves, convertir la bola en alguna ingeniosa broma o algo— a Scorpius no se le escapó el sarcasmo de la frase—, solo sé que mamá estuvo regañándolo durante las dos semanas que estuvo en el hospital, por diversas contusiones y hematomas… Resultó que la bola no era tan vieja e inútil, después de todo—. Ambos rieron. Albus solía hablar sólo de sus padres, sus hermanos o sus primos. Casi nunca hablaba acerca de sus tíos o sus abuelos. Finalmente, Rose suspiró—. Como los extraño…

Se habían ido acercando y sus voces habían comenzado a bajar el nivel hace bastante rato. Ninguno le prestó demasiada atención a ese hecho hasta que ambos levantaron la vista y se encontraron con el otro a menos de 30 centímetros de distancia. Se miraron fijamente, pero ninguno hizo además de alejarse.

Scorpius había aprendido más de Rose en una noche, que en las tantas historias de Albus a través de los años. Rose era orgullosa, terca y explosiva. Era compasiva, prudente e inteligente. Rose mantenía una imagen por pura necesidad. Y allí aprendió el significado de la frase "No juzgues a un hombre lobo hasta después de la luna llena".

Mientras, Rose comenzaba a comprender por qué existía una amistad entre personas tan diferentes como Albus y Scorpius. Así que, mientras se acercaban más y más, comenzaron a ser conscientes de la precaria situación que se estaba gestando. Scorpius era asombrosamente guapo y, ya que estaban allí, ella podría hacerle caso a sus hormonas por primera vez y…

Y luego la expulsarían.

Pero Scorpius estaba tan cerca que…

Rose hizo el intento de alejarse del chico, pero no hubiera podido adivinar que los reflejos de Scorpius no eran tan malos en medio de la oscuridad, pues él le tomó el rostro con ambas manos, deteniéndola.

El olor de Malfoy, así, al natural, la caló hondo. Ni siquiera puso contener un suspiro embelesado. Era una mezcla extraña; una que no tenía ninguna gana de desifrar.

Pero, al parecer, Rose era muchísimo más firme de lo que creía, así que rompió la magia con un débil carraspeo. En esos momentos, se sentía cómo si hubiera asesinado a un Unicornio o torturado a un Micropuff.

— Eh… Sabes que se volverá muy incómodo cuando salgamos de aquí, ¿cierto?— Susurró, aún a unos milímetros de los labios de Scorpius.

Él abrió los ojos, confundido. Cuándo paseó su dedo índice por sus labios, estremeciéndose al compás de ella, fue cuando comprendió por qué Rose no había sido seleccionada a Gryffindor, cómo el resto de los Weasley. Puede que fuera valiente y fuera poseedora del recién descubierto temple, pero, en definitiva, le hacía falta osadía y espontaneidad. Y todo eso lo pensó mientras veía sus labios, preguntándose si ese color tan bonito era natural. Preguntándose si sus labios sabían a fresa, justo cómo el pensaba. Preguntándose si serían tan suaves al tacto de sus propios labios, así como se sentía en la punta de sus dedos.

Rose volvió a carraspear suavemente y retiró la mirada.

— Sí que sabes acabar con los momentos especiales, ¿verdad?— Susurró, tal vez un poco enojado. ¿Rose le había rechazado un beso? Eso había apuntado directamente a su orgullo. Sin embargo, aún no se movían.

Y es que las manos de Scorpius eran grandes, delgadas y varoniles. Cálidas. Incluso cuando ella pensó que, si lo tocaba, moriría por congelamiento externo.

Y es que el rostro de Rose era delgado, estilizado, bonito. Y Scorpius se sintió bien con sólo tocar su rostro. Se sintió pleno.

Pero todo lo bueno termina algún día y éste fue el caso de ambos.

— Lo siento, es que ahora no necesito un compromiso así y yo…

— No quieres porque soy un Malfoy. Te hace falta un poco de rebeldía—. Dijo, con un poco de brusquedad en su tono distante. Rose sintió el vacío que dejaron sus palabras y su ausencia, cuando él decidió alejarse. Él, por su lado, se prohibió agregar que ella no sería una chica de una noche. En parte por Albus y, en parte, por que Rose tenía suficiente autoestima como para evitarlo.

Pero él no hablaba desde el amor, era imposible enamorarse en una noche. Sólo desde él respeto que ella le inspiraba y desde su situación como un adolescente hormonal.

— Esa es una acusación absurda. Lo que ocurre es que… — Se calló, de repente. No sabía qué era lo que ocurría.

— Dejémoslo así, ¿sí? No empeores la situación—. Dijo el chico, sonriendo. Había sentido el gusanillo de la lástima y, además, verla tan avergonzada le hizo saber que, tal ves, ella de verdad no quería estar con nadie, de momento. Se sorprendió pensando que él estaría dispuesto a esperar— De todas formas, atrofiaste cualquier posibilidad de que algo sucio ocurriera aquí—. Bromeó, refiriéndose al golpe en la ingle. Scorpius rió cuando vio el incipiente sonrojo de Rose, que se esparcía por toda su cara.

— Gracias.

Y algo debía estar mal, porque Rose no lo retó. Pero Scorpius no quiso pensar más en el tema.

Se mantuvieron en silencio e intercambiaron alguna que otra palabra mientras se disponían a dormir. Rose, incluso, agrandó un poco su túnica y ambos la usaron para protegerse contra el frío, sobre todo Scorpius. Bastó otro hechizo para estar algo más cómodos, para dormir más a gusto, y ambos estuvieron listos para descansar, rogando porque, en la mañana, los encontrara algún estudiante misericordioso. Aunque la puerta del armario dejara una marca que sólo los portadores de la contraseña podían observar, tuvieron un poco de esperanza.

Mínima. Casi nula. Semi-Inexistente.

Pero estaba allí.

Necesitarían de un gran milagro por la mañana, claro.

Y que Merlín se apiadara de ellos también ayudaría bastante.


Cómo habrán podido deducir, el principio es como un pequeño salto al futuro. Es evidente que terminaran juntos, porque me apetece explorar otra cosa que no sea el drama.

Aunque no se si esto es exactamente humor… pero se vale el intento. Si fracasé, díganme que apesto xD

Intentaré que sean actulizaciones rápidas (sí, claro), aunque este capitulo se me resistió durante tres días, pero esto tiene que estar terminado antes del 31 de diciembre y, si me voy de viaje, antes del 24... así que tendré que sacarme la pereza de encima y obligar a mis musas y musos a trabajar todo lo que no trabajaron desde julio (5 meses! cómo logré estar tanto tiempo sin escribir ni una miserable viñeta?!).

Espero que les haya gustado. Sino, me encantaría saberlo de igual forma

Críticas, comentarios, halagos, tomates… Todo (menos virus), vía review

Besos!