Título: Candy, Candy Secretary

Género: Romance/Humor

Parejas: Sasusaku. Naruhina. Shikatema. & Otras.

Advertencia: AU, OC & OCC.

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, nada más me límito a escribir las incoherencias que salen de mi cabeza. Ellos son de exclusiva propiedad de Masashi Kishimoto.


Candy, Candy Secretary

Capítulo I

"Café por favor"


La lluvia terminaba de caer lentamente.

Eran eso de las seis de la tarde. Y aun no era la hora para escapar del trabajo, y ya sentía con fuerza la idea de salir corriendo y dejar abandonado el papel de jefa.

Reparé en mi nueva oficina, en mis nuevas cosas. Y vislumbré por milésima vez en esa misma hora cada objeto centrado perfectamente en su lugar; escritorio de caoba tallado a mano, el cual sostenía mis papeles, los cuales debía de atender en no mucho tiempo más, junto con mis adornos, mis cuadros colgados en mi pared,…Nunca me había gustado el blanco para las paredes, me parecía excéntricamente sobrio. Le quitaba demasiado la vida que debería de tener el lugar en el cual se deben de pasar las horas más largas de la jornada.

¿Pero qué más esperaba? No había escogido yo los colores ni nada de eso. ¿Cuándo alguien hubiera pensado que terminaría yo en esta situación? Hubiese sido mucho más fácil…si tan sólo fuera adivina…

Ser jefa de una compañía nunca fue nada fácil, y a decir verdad, es algo demasiado agotador. Ya que, tener que llegar cada mañana a las ocho, y tener que irse a las tantas de la noche luego de conferencias, entrevistas y una larga cola de papeles que revisar. Uff… Jamás pensé que asumir la Presidencia de la empresa de papá por unos cuantos meses sería tan difícil. Pero era la única que podía asumir el cargo.

Mi familia es dueña de una empresa dueña de unas cuantas clínicas aquí en Tokio. Y por lo general, nosotros somos los encargados de distribuir medicamentos e implementos, exportados del extranjero…Sí, sí todo eso. Pero, yo jamás tuve intención de llevar sobre mis hombros la empresa de papá, y el lo comprendió, ya que estoy bastante bien estudiando en la universidad, ya que con bastantes elogios ya y estoy en mi cuarto año de medicina. Mi glorioso cuarto año.

Pero, un infarto imposibilitó a mi padre por unos meses de poder hacerse cargo de la empresa, y quien mejor que la universitaria lista e inteligente que está de vacaciones para la labor… ¡No es que me queje! Pero me gustaría poder ser como una joven común y corriente que ahora mismo disfruta con sus amigas la pronta navidad y todas esas fechas festivas…

—¡Haruno-san! —Oí me llamaron con un suave golpe en la puerta de mi oficina.

—Pase.

—Buenas tardes, le traigo malas noticias.

Mikada Yuuriko-san. Mejor conocida como Mika-san, una mujer emprendedora que trabajaba con mi padre desde que yo tenía memoria. Siempre la había visto en el mismo puesto por más de veinte años. Se podría decir que es lo más cercano del trabajo que tengo de papá. Ya que Mika-san siempre estuvo allí, reordenando los enredos de la empresa, ayudando y colaborando dentro y fuera de su trabajo.

Mika-san es asombrosa.

Pero NO cuando trae malas noticias…

—Aikawa Suzumi-san presentó su renuncia hace no mucho rato.

—¿Qué?

—Si, la verdad es que comentó que debido a un cambio de trabajo de su esposo terminaría su labor esta semana.

Lo sabía, no llevaba ni una semana en el empleo de jefa y ya se presentaban los problemas. Y, por lo que alcanzo a deducir, el abandono de Aikawa Suzumi-san es un gran problema. Si logré escuchar su nombre en la mesa desde la boca de papá significa que es lo suficientemente importante como para que yo llegue a enterarme de su existencia en casa.

—Era de la secretaría de aquí, la mujer que despachaba sus papeles…su secretaria—Me aclaró Mika-san al ver mi desconcierto…

¿¡Qué!? ¡¡Aikawa-san era la secretaría de oficina!!

—¿Qué haremos entonces? —Interrogué, supuestamente la encargada de resolver mis problemas era Mika-san…no yo.

—Hum…No es muy difícil, le sugiero comenzar con las entrevistas para una nueva secretaria, Haruno-san.

—Deje los modismos Mika-san—Suspiré—. Mejor ayúdeme a hacer esta…entrevista y solucionar el problema. Papá no puede enterarse de nada hasta que esté todo solucionado.

—Claro, Sakura-chan—Rió Mika-san dejando mi café con leche sobre el escritorio—. Ya, tranquila, te queda cada día menos.

—No sabes como quiero que papá se mejore y vuelva él a su trabajo—Reclamé lanzándome al tazón con mi café. Justo lo que necesitaba.

—Lo has hecho bien.

—A mi segundo día y ya tengo problemas…

—Nada es perfecto. Bueno, comenzaré a hacerme cargo, tú sólo harás la entrevista y escogerás a tu nueva secretaria.

—¡Muchas, muchas gracias Mika-san! —Le agradecí de corazón.

—No hay de que—Se rió esta saliendo de mi oficina.

Me eché en la gran silla de papá…digo, mí gran silla y me dejé caer con pereza sobre escritorio… ¡Cómo encontraría una secretaria a fin de año y a vísperas de navidad!

Qué difícil…

Me la pasé el resto de la tarde leyendo informes de contabilidad y despachándoles de regreso a sus informantes, necesitaba saber que significaba cada cosa para poder aprobarla…después de todo, mi profesión iba a ser doctora, no empresaria.

En fin…

Al momento de arrancar de mi oficina luego de interminables horas de trabajo no pagado, sentí como los veinte kilos extra que llevaba sobre mis hombros se volatilizaban a las afueras de la compañía.

Me subí al auto y manejé rápidamente de regreso a casa. Sin que me importara la peligrosidad debido al mal clima de hace poco.

Los semáforos se me hicieron eternos y la música apacible de la radio de mi auto terminó por encolerizarme más. Por lo que la estación de música clásica—la cual siempre debía llevar cada vez que iba papá conmigo en el auto—, fue cambiada por mi estación de música favorita.

Ah…sentí como melodías como Chizuru y Hyena calmaban mi atormentado ser.

Entre tanto, mí teléfono celular vibró estruendosamente en el asiento del copiloto, el cual no sentí hasta que la canción en el reproductor terminó.

Genial, era Ino quien me llamaba por décima vez en la tarde.

—Cerda, estoy manejando—Me quejé.

—¡Hola! ¡Si gracias, yo también estoy bien, amiga! —Contestó sarcásticamente la rubia estrafalaria desde la otra línea—¿De regreso a casa?

—Ino—Suspiré—. Sé que la estás pasando espectacular en California, Hollywood o en donde diablos estés…No es necesario que me lo recrimines.

—Qué carácter mujer. Búscate un hombre, lo necesitas.

—Claro, me lo dice la mujer más codiciada—Y no era sarcasmo.

—Yo estoy feliz y soltera.

—Amén hermana.

—Sakura…—Rectificó—Sé que con ese extravagante color rosa palo que llevas en el pelo llamas la atención pero, ¡Mujer! ¡Necesitas lanzarte!

—¿Sabes Ino? Estoy a punto de chocar y teñir este estrafalario cabello rosa y la hermosa blusa blanca que llevo puesta con sangre ¿La recuerdas? Esa que me compré contigo hace no muy poco tiempo…

—¡Ah sí! Se te ve hermosa.

—¿Quieres hablar en otra ocasión cariño?

—Nos hablamos más tarde.

—Adiós—El móvil voló literalmente de mi mano, logrando caer en no se qué parte del auto.

No me importaba, estaba cansada y lo único que quería era echarme sin prejuicios a mi amada y adorada cama…

Pero cierto lujoso Mercedes Ben estacionado dentro del garaje de mi casa me hizo reconsiderar las cosas.

Oh no…

Esto no me huele nada bien.

—Sakura-san—Me susurró Meirin, la criada china al llegar—. Su padre llegó con un par de personas importantes aquí hace no mucho tiempo. Me dijo que la hiciera pasar tan pronto llegara.

—Oh no…

—Le deseo suerte—Me consoló apenas recogió mis cosas.

Sabía que "dos personas importantes" debían de encontrarse con papá.

Adiós noche espectacular de sueño, hola pesadillas marca "visitas no deseadas". ¿Acaso no podía ser la peor semana de mi vida? ¡Ya era martes y ya estaba llena de atrocidades! Ciertamente cada día era peor que el anterior.

Quizás con qué terminaría encontrándome el miércoles.

Crucé el pasillo a puntillas, evitando hacer el menor ruido posible, pero eso no me liberó de ser vista cuando por error terminé cruzándome con los invitados.

Cabello negro y ojos azules como el mar. Sonrisa muerta y facciones duras…Sabía perfectamente quien podía ser. No necesitaba presentaciones de ningún tipo.

—Buenas noches, Uchiha-san—Le saludé sin mucho agrado, forzando una sonrisa.

Evité encontrarme con aquellos ojos azules. Me desagradaban hasta el punto de hacerse incomodo.

—Sakura-chan, buenas noches—Saludó el hombre mayor sin demasiado encanto.

—¿Ya se va? —Quise saber entusiasmada.

Fuera, fuera, fuera…repetí una y otra vez en mi fuero interno.

—Sakura—Reiteró aprensivamente mi padre, como si leyera mis pensamientos.

—Mi hijo espera en el auto. Ya está todo acordado, Haruno-san—Reverberó el hombre con su barítono habitual. —Muchísimas gracias por todo. De verdad.

—No hay de qué, Uchiha-san—Sonrió papá al momento de despedirle en la entrada.

Conté mentalmente los segundos que faltaban para que ese hombre desapareciera del quicio de la puerta antes de lanzarme sobre papá a pedir explicaciones. La última vez que ese hombre había estado con su familia en mi casa no habían sido muy buenas noticias para mí.

Por lo que salté ante papá, dispuesta a asaltarle con preguntas, pero su mala cara me hizo retroceder de mi acto.

No eran buenas noticias.

—Espera atenta—Declaró mi padre al volver del recibidor—. No es nada de lo que tú crees. No son buenas noticias para nadie.

Bingo.

—¿Sucedió algo malo?

La pregunta del millón. Las visitas Uchiha no eran consideradas buenas, pero por lo general no dejaban consecuencias fatales para nadie a excepción de mi persona.

—Uchiha's The Royal Company cayó. Un desfalcó a un crédito y una demanda fraudulenta terminó con las acciones Uchiha. El imperio cayó, Sakura.

¿Qué? No, no, no…Esperen ¿Uchiha's THE ROYAL company acababa de desmoronarse? No sabía si era una buena o una mala noticia. Pero aun así el golpe fue tal que tuve que considerarlo como malo. Era imposible de creer. Y necesité de algunos segundos para poder digerir la información como era debida antes de decir algo entupido como "¿Qué?" o "¿Cómo?". Aun así, eso fue lo único que alcancé a pensar cuando llegué a calificar la información.

—¿Cómo? —Atiné a decir—¿Los multimillonarios ahora son unos muertos de hambre? ¿Los Uchiha tendrán que dejar su chalet?

—Sakura—Reclamó mi padre con tono inquieto—. No es momento para tu humor.

—Pero…pero…

¿Qué le estaba pasando al mundo?

—Lo sé…es horrible.

—Eso significa que jamás volverán a hacer esos asquerosos planes de bo…

—¡Sakura! —Me reprendió papá—¡No es eso lo más importante ahora! Los Uchiha han sido amigos nuestros desde bastante tiempo como para que no tengamos razón para no prestar ayuda…

—Ah no…¡¡Ni de broma aceptaré que lleguen a vivir aquí!!

¡Definitivamente no! ¡No tendré a esos idiotas arribistas y arrogantes compartiendo el mismo techo que yo! ¡Primero tendría que mudarme de casa!

—¡Sakura!

Anudé mis brazos por sobre mi pecho, no es como que me desagradara la idea de la gran amistad Uchiha-Haruno pero… ¡No por eso tenían que agradarme a MI!

—Los Uchiha harían lo mismo por nosotros, no vuelvas a esa actitud tan malcriada que tienes.

—Lo siento…—Tuve que decir.

—Los Uchiha tienen donde vivir por el momento. Pero están vendiendo todo lo que pueden.

—Ay Dios…—Suspiré—Jamás creí que un día así llegaría.

—Yo tampoco. Mikoto-san está destrozada. Su hijo menor aun esta por terminar su último año de universidad. Será un fuerte golpe para él.

—Ay ni me lo digas—No era capaz de imaginarme al menor-y engreído-de los Uchiha trabajando. Era como ver a una vaca dando lana.

—Pero bueno, Uchiha-san sabe que cuenta con todo nuestro apoyo. Estaba muy afligido—Suspiró—. Pero bueno ¿Cómo te ha ido en tu segundo día de trabajo, Sakura?

Qué cambio más radical de conversación…Aun así decidí tomarlo. Papá no podía estresarse y estos temas le afectaban. Por lo que me encaminé junto con él al salón principal, fingiendo una platica amena y alegre de hija a padre, o de padre a hija…como sea.

—Hum…no me quejo lo suficiente como para dejarlo—Contesté con sinceridad—. Sólo espero te recuperes pronto.

—Gracias hija—Sonrió papá, dejando que las comisuras de sus labios se arrugaran—. De verdad, jamás creí que aceptarías ayudarme con todo esto.

—¿Y dejar que tú fueras a trabajar con un infarto dejando huella? Es mejor que descanses, se debe al estrés más que nada.

—Será mejor que tú hagas lo mismo.

—Buenas noches, papá.

—Buenas noches, hija.

Besé en la frente a papá y subí las escaleras que dividían el hall principal con la segunda planta de la casa.

Me desvié directo a mi cuarto, lancé mis sandalias de tacón color crema para terminar en picada en mi reconfortante cama.

Suspiré, al fin estaba medianamente tranquila.

¿Los Uchiha en quiebra? Aun ese pensamiento flotaba en mi cabeza.

¿Cómo es posible que la empresa más prestigiosa de todo Japón caiga así de fácil? Según yo, se necesita más de cuatro naciones para hundir semejante calaña de gente y dinero… ¿Qué habrá ocurrido en verdad?

¿Qué harán ellos para subsistir? ¿¡Barrerán calles!? ¿¡Cómo perdieron TODO su dinero de un día para otro!? ¡Es eso posible! ¡¿Cómo no tienen ahorro?!

—¡¡Ah!! —Grité, encolerizada.

¿Importaba?

Los Uchiha ya no eran nada mío. No era mi problema lo que hicieran con su sucio dinero. Hace mucho tiempo ya, que nadie de esa familia me interesaba…

Era mejor no meterse en ello. Ya vería yo a los Uchiha trabajando de chóferes de bus o de barrenderos.

—Ja, ja, ja…Uchiha barriendo calles—Me burlé.

Ja, ja, ja…

Suena cruel, pero jamás me agradaron.

En fin, todo cae por su propio peso. Y recordar el pasado sólo me trae mareos, así que preferí alistarme y dormir para así terminar lo que podría ser un buen día…

Luego de enfundarme mi pijama rosa abracé la almohada cuando ya me encontré completamente cubierta por las sábanas…Uchiha barriendo calles…Me muero de risa.


A la mañana siguiente, misteriosamente un reluciente sol alumbró mi cuarto a penas y mi odiado despertador de ranita sonó para darme el inicio a un muy, muy agotador día.

Despegar los ojos cada mañana comenzaba a ser una tarea lo suficientemente forzosa como para querer dejarse llevar por la tentación de seguir durmiendo, pero tenía obligaciones qué cumplir.

Me di una refrescante ducha y salí con el cabello enrollado, unos pantalones de tela blancos y una hermosa blusa celeste. Según Ino usar colores claros resaltaba mejor mis ojos, pero ciertamente prefería usar colores como el azul o el negro. Por eso, cada vez que podía, me compraba secretamente trajes de noche oscuros. Pero bueno…

Me anudé los cordones de mis zapatos de tacón y salí disparada sin siquiera probar el desayuno que Meirin me podría tener.

Miércoles…puaj.

El trancito cada mañana era horrible. No faltaba el animal que se cruzaba contra el tráfico o el despistado que se pasaba el semáforo en rojo…Suerte que contaba con mi súper bocina de largo alcance, podía hacerla chillar y ser escuchada a bastante distancia.

Era perfecta para mí.

Me bajé fuera de la compañía a eso de las ocho justas y entré nuevamente con cierta desconfianza, aun sentía que la gente no se habituaba lo suficiente conmigo como lo era con papá.

Podía descifrar los ojos de las recepcionistas, siempre me miraban con un rostro tóxico y mordaz.

—Buenos días, Sakura-san—Me saludó con molestia una de las recepcionistas, una pelirroja con gafas que me apaleaba con la mirada.

—Buenos días—Saludé, intentando ser amable.

—La buscan en su oficina—Anunció la misma pelirroja—. Parece ser una visita importante.

Pude ver como su semblante cambiaba radicalmente al momento de mencionar lo último ¿Quién sería? Por la cara de colegiaba enamorada de la pelirroja podía decir que alguien lo suficientemente guapo, joven y con dinero para llamar así su atención.

—Muchas gracias…err…

—Karin, Sakura-san, soy Karin—Se presentó sin mucho gusto, decepcionada por la desconocida.

—Bueno, gracias Karin.

Avancé hasta el ascensor que se encontraba frente a la entrada, y presioné el botón de subida. Luego de unos minutos, el timbré sonó y entré al elevador presionando el botón del quinto piso. En donde se encontraba la oficina principal, desgraciadamente, mi oficina…

—Avanza…avanza…—Murmuré estrujando mis dedos, nerviosa. Siempre había odiado los lugares encerrados. Me producían una claustrofobia horrenda, que con el tiempo ha ido aminorando pero no hasta el punto de poder borrarla por completo.

Es una sensación horrible…Y cuando por fin las puertas de mi fobia se vieron abiertas, me desplacé tan apresuradamente que sin querer llegué a chocar con alguien que esperaba para tomar el ascensor.

—¡Lo siento! —Me disculpé sofocada.

El aludido emitió un extraño monosílabo, el cual me resultó familiar…

Oh no…

—Disculpa aceptada. Sa-ku-ra.

Pensé que los años de separación me harían olvidar lo horrible de su presencia pero no fue así. Y me sentí mareada justo cuando equivocadamente, reposé mi mirada en su rostro…Seguía siendo el mismo rostro de niñito arrogante, sólo que con unos cuantos años más encima, con un cierto retoque más de "madurez" y con un aire mucho más masculino.

Deseé masoquistamente volver a perderme en esa mirada azulada, tan profunda como un océano nocturno, deseé poder acercarme otra vez a ese cuerpo esculpido y a ese rostro de ensueño.

Me sentí una niña de doce años nuevamente.

¿Cuántos años han pasado? No lo sé, perdí la cuenta, pero quizás, después de tanto tiempo, aun no logró forjar por completo el muro que había deseado crear. Ese muro que me hacía inmune a su persona, a sus ojos y a su voz.

Me sentí tonta, muy tonta. Tanto así que me obligué a mi misma volver a la realidad. No podía dejarme vencer por una cara bonita y por un cuerpo espectacular. Ya que si comparábamos su mal carácter y su personalidad asquerosa y arrogante, lo que tenía frente a mí era un verdadero ogro. No era nada de lindo. No era el ángel que creí tener de niña, sino, que más que eso, era un verdadero demonio.

No tenía porque seguir siendo igual con el mismo demonio que arruinó mi vida durante tantos años.

No volvería a caer.

Ya no era la dulce chica que besaba el piso por donde caminaba, el tiempo me había hecho cambiar y madurar.

Ya no soy la misma.

—Tantos años y tu prefieres, nuevamente, esconderte tras tus pensamientos.

Recordé la voz de niño que antes había escuchado maravillada alguna vez. No había ni rastros de aquel tonó precoz e inmaduro.

Él también había cambiado, él también había crecido.

—Pues para mí han pasado rápidos, no se ha notado mucho tu ausencia—Mentí.

—¿Acaso deje ausencia en ti?

—Oh…por favor—Me quejé harta. No iba a seguir su juego.

Me adelanté dispuesta a ignorarlo olímpicamente, pero justo milagrosamente, cierta vergonzosa imagen de cierto Uchiha barriendo cierta calle a las afueras de cierta oficina invadió mi mente.

No pude evitar no reír.

Es cierto, era un pobre muerto de hambre ahora, por lo que podría pisotearlo hasta el cansancio.

—Oh… ¿Vienes a pedirme trabajo? —Me adelanté tragándome las risas y fingiendo un tono neutro.

—Eso quisieras. Mi padre me ha citado, no es que venga a verte porque quiera.

Lo había intentado pero había fallado, su indiferencia ya ni roces me hacía. Quizás, el muro que había estado construyendo se había petrificado y de algo me servía.

—Me alegra oírlo pero, oficina no es centro de reuniones—Le aclaré girándome sobre mis talones, para mirarle con arrogancia. Sabía que algo de su propia medicina le haría bien.

—No es como si me gustara venir citado a tu oficina, Sakura.

Pronunció mi nombre con cierto deje de ironía, pude sentirlo como si me hubieran lanzado un balde con agua fría.

—¿Y? ¿Dónde está tu padre?

—Aquí, Sakura-chan—Habló fuerte y claro el patriarca Uchiha, apareciendo elegantemente junto a mi padre por el elevador.

—¿Papá? ¡¡No era que tú…!!

—Discutamos en la oficina, Sakura. Hay muchas cosas que debemos decirles.

Oh no…esto me olía a problemas y graves, sabía desde ayer que la visita Uchiha no traería buenas consecuencias para mí.

Algo grande se veía…podía verlo con claridad.

Ciertamente el miércoles se venía algo desagradable

—No me gusta tanto misterio—Balbuceé mientras era arrastrada por mi padre a la oficina.

Era incomodo. No quería pensar en lo peor…Ya que la última vez que nuestros padres nos juntaban a una reunión…

—Las cosas están complicadas—Habló papá mitigando el silencio—. Tanto para los Uchiha como para nosotros.

Quería manifestar que me importaba un pepino que los Uchiha ahora estuvieran en quiebra, pero de seguro sería reprendida innecesariamente… ¿Por qué tenía que pasarme esto a mi? ¡Por qué papá tenía que ser amigo de un hombre tan…tan…! ¡Tan Uchiha! Repasé la mirada sobre el Uchiha menor. Se veía tan desconcertado como yo. Al parecer no tenía mucha más información de la que yo podría tener. Algo que no podía tranquilizarme demasiado.

Si ninguno de los dos sabía nada significaba que nos lo iban a decir ahora, y que nos hayan reunido en la empresa…

No significaba nada bueno.

Nos sentaron frente a la gran mesa de conferencia que tenía la segunda puerta de la oficina principal, la cual, a estas alturas no sabía si era mía—momentáneamente— o de papá…

El patriarca Uchiha se sentó junto a mi padre en la punta de la mesa, dejándonos a mi y al borde Uchiha menor sentarnos a los costados.

—Sasuke—Habló su padre—. Sabes bien en qué condiciones está la banca Uchiha.

Quería contestar "Muertos de hambre" pero papá volvió a leerme el pensamiento. Me lanzó una mirada preventiva lo cual me obligó a cerrar el pico.

—Sí. Lo sé—Habló con un deje estoico. Aparentemente le molestaba el hecho de estar en la ruina.

—Mikoto está vendiendo sus colecciones. Itachi—El nombramiento del primogénito Uchiha despertó un escalofrío por parte del hijo, lo cual no fue ignorado por nadie—, tu hermano—Reiteró—desde el extranjero dice poder ayudarnos por un tiempo. Pero no será para siempre. Sabes que también debes colaborar.

—¿Es necesario en sermón frente a los Haruno? —Inquirió, notablemente enfadado.

—Sí, muy necesario—Lanzó su padre entrecerrando los ojos y levantando el mentón con altanería, clásico gesto Uchiha—. Los Haruno tienen mucho que ver con tu aporte a nuestra familia.

Oh no…aquí vamos. Lo podía ver venir y estaba a punto de colapsar…Había pasado lo mismo hace diez años atrás. Nos habían reunido a los dos, cuando sólo teníamos doce escasos años de edad, nos habían sentado de la misma manera en que ahora estamos puestos y nos lo habían informado.

Podía escuchar la voz de nuestros padres decretando el inicio de la peor pesadilla que pude tener en mi adolescencia.

—Ustedes dos contraerán matrimonio cuando cumplan los veinte años—Había informado el padre Uchiha despertando nuestra sorpresa—. Están comprometidos, para el bien de la unión Uchiha-Haruno.

Sasuke se había levantado de la mesa con el rostro hirviendo en rabia, mientras que yo aun no podía sopesar la información. ¿Me voy a casar? ¿Con Sasuke? Me había preguntado aquella vez, con el rostro incrustado en fantasías e ilusión.

Tenía doce años y me sentía como toda una mujer. Sabía con quien iba a tener arreglado mi futuro y no era mal partido, es decir ¿Quién podría quejarse? Sasuke era el chico más guapo que había visto en toda mi vida. Seré la envidia de todos, recuerdo haberme dicho aquella vez, mientras sentía mis mejillas arder.

Nuestro compromiso matrimonial no duró tanto como era esperado. Se rompió luego de bastantes líos y recuerdo como por primera vez vi a mi padre gritar de rabia.

Habían sido momentos duros y tristes.

No quería volver a repetirlos.

—Lo siento—Me había dicho, sin de verdad sentirlo. Estaba segura, él jamás me dijo la verdad respecto a nada, siempre me mintió, siempre me engañó.

Y allí había quedado yo, empapada en lágrimas y con un corazón roto en mil pedazos. Con el alma volatilizándose en la lluvia.

—Sakura—La voz de mi padre me regresó nuevamente al presente. Sin querer, otra vez, me había perdido en mis pensamientos. Sin querer mi rostro se había vuelto frágil otra vez.

—Lo siento—Me disculpé enterrando mis manos en mi frente, nuevamente sentía jaquecas.

—Bueno, y como iba diciendo…—Continuó—Sasuke. Debes ayudar a tu familia. No quiero que los Haruno nos ayuden sólo porque sí.

—¿Sakura hay algún empleo bacante? —Preguntó papá, despertándome nuevamente.

—¡Ah! Sí, el de mi secretaria—Balbuceé sin pensar—¿Por qué?

—Un momento… ¿Insinúan que terminaré sirviendo café en la empresa Haruno?

—No podría haberlo dicho mejor.

¡¡¡ ¿QUÉ?!!! ¿Había oído bien? No…imposible, tenía que estar soñando.

—No…espera…

—Sasuke, necesitas el empleo, Haruno-san accedió a pagarte los aranceles de la universidad si aceptas el empleo. Es algo justo.

Sasuke estaba en shock, aun más que yo. Lo podía leer en su mirada, perdida y a la vez furiosa, claramente para él era un golpe horrendo a su amado orgullo, algo que no perdonaría jamás.

—Entonces ¿Queda todo acordado?

—Perfectamente—Le respondió mi padre—. Sasuke comenzara desde hoy mismo a trabajar en la empresa. Pórtate bien con él, Sakura.

Y así, los amigos de toda la vida abandonaron el hall de reuniones dejándonos a ambos completamente perplejos con la decisión.

Por lo menos, no era algo tan terrible para mí.

—Café por favor—Le fastidié apenas fui capaz de levantarme—, secretaria.

—No bromees—Me pidió estampando su rostro contra la mesa—. No puedo trabajar de secretaria…

¡Ja, ja, ja! Esto era más gracioso aun, era mejor que verle barriendo calles.

—Sasuke, hay cosas que hacer—Le incité—. Espero mi café con leche bien cargado en mi oficina en quince minutos más.

¡No podía ser cierto!

—¡Ah! Lo olvidaba, dile a Mika-san que no se preocupe. Ya hemos encontrado una nueva secretaria.

¿Qué podía ser mejor?

Amo los miércoles.

Fin Capítulo I


¡Tachán! Aquí acaba el primer capítulo de Candy, Candy Secretary…Espero les haya gustado, tengo planeado hacer una historia distinta y novedosa, no espero escribir un clásico, aunque claro, la personalidad altiva de Sakura para con Sasuke es cliché pero tiene sus motivos.

Hace mucho tiempo que dejé de leer el manga, la verdad es que no me ha llamado mucho la atención pero estos dos personajes son mi adoración así que por honor a ellos sigo con historias de ambos.

Espero sea de su gusto, de verdad, hace mucho que no subo algo por algún lado y me gustaría saber si de algo ha servido no estudiar para los éxamenes xD

Gracias por leer.

Au Revoir!