Tentaciones

1.1 Autora: Natalia @-- Rosa Roja

Una idea original de: Usagi83

Basado en los personajes de Naoko Takeuchi

Kira Levine es propiedad de la autora, se prohibe su utilización sin previo permiso.

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Aviso: Esta historia contiene situaciones adultas, no es apto para menores de 14 años o 17 como dice la restricción que le puse. Aquellos que no estén de acuerdo o les desagraden las relaciones mujer-mujer favor de evitarse leer esta historia. Si por el contrario son de mente muy abierta o muy morbosos ¬¬ pues adelante Y no olviden mandarme sus reviews ^.^\/

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Episodio 1: El fuego en el viento.

El sudor resbalaba por su espalda mientras que las manos de ella acariciaban una y otra vez sus caderas en movimiento. Mordiéndose el labio inferior impedía que su voz se escuchara más allá de las paredes de su habitación. Su cabello color aguamarina caía sobre su frente cubriendo de vez en cuando su rostro. Sus muslos aprisionaban las caderas de su amante impidiéndole dejar de moverse. Haruka, recostada, observaba a Michiru al tiempo que sus manos se apoderaban de la cintura de su bella violinista. Sus cuerpos transpiraban cada vez mas mientras sus respiraciones se agitaban al compás de sus caderas chocando. La luna siguió alumbrando sus cuerpos cubiertos de plata y sudor por un par de horas más, después sólo podían escucharse suaves gemidos que escapaban a través de la ventana. En la habitación, todo quedaba ya en silencio. Recostadas, una al lado de la otra respiraban agitadamente. Michiru tomó la mano de Haruka y se quedó dormida, Haruka la admiró por un momento, mientras sentía la brisa nocturna secando el sudor de sus cuerpos produciéndole un delicioso frío sobre su piel.

A la mañana siguiente, Haruka despertó al lado de Michiru advirtiendo que lucía más hermosa que otras mañanas. Sonrió dulcemente y después se levantó de la cama, tomó un baño y preparó el desayuno. Michiru, envuelta en una bata, llegó a la cocina conducida por el delicioso aroma del pan tostado y la mantequilla derritiéndose sobre su superficie.

- Esperaba poder llevarte el desayuno a la cama. - sonrió Haruka al darse vuelta y descubrir una bandeja en sus manos.

- Sólo vine a asegurarme que no quemaras ese pan. - se burló Michiru y después se dio media vuelta. - Dejaré que termines lo que empezaste. Te espero.

- Michiru… - murmuró Haruka antes de verla desaparecer.

Esa chica era tan especial para ella, sabía que nunca nadie podría quitarla del lugar que tenía en su corazón. La amaba intensamente. Terminó de preparar el desayuno y lo llevó a Michiru. Ella se encontraba recostada en la cama hojeando un libro distraídamente. Haruka colocó la bandeja sobre las piernas de Michiru y luego se sentó junto a ella en la cama. Michiru observó con fascinación su desayuno, no era la gran cosa pero sin duda Haruka se había esmerado en los pequeños detalles. Una hermosa rosa blanca adornaba una esquina de la bandeja dándole un toque de elegancia. Mientras que debajo de ella estaba la correspondencia. A un lado un vaso lleno de jugo de naranja y un par de rebanadas de pan francés. Dio un trago al jugo y luego abrió una a una las cartas que le habían llegado. La mayoría eran de admiradores. Una llamó su atención más que las demás.

- ¿Qué es esto? - se preguntó.

- ¿Alguna carta de otro admirador? - dijo Haruka en un tono un tanto sarcástico.

- Calma Haruka… Mira, es una invitación. - dijo Michiru mostrándole la carta.

- ¿Una invitación? ¿De qué?

- Mmm… Una exposición de arte. Van a inaugurar una nueva galería. ¿Quieres ir?

- Por supuesto. Sé que a ti te encantan todas esas exposiciones. Además es una buena oportunidad de ver que tan cerca están de tu talento tus rivales de pintura. Ja, ja, ja.

- ¡Oh Haruka!

- ¿Cuándo es? - preguntó Haruka disimulando una sonrisa.

- Parece que… esta noche.

Michiru permaneció leyendo la invitación mientras terminaba de desayunar.

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- ¿Estás lista? - preguntó Haruka acomodándose un ramito en la solapa del traje.

- Claro. Sólo déjame tomar mi bolso.

Michiru vestía un hermoso traje negro de una sola pieza de tirantes con una diminuta chaqueta sobre él. Haruka, por su lado, llevaba un traje negro de satín y un bien acomodado moño sobre su cuello.

Haruka tenía todo planeado. Una visita a la galería, después ir a cenar en un restaurante en lo alto de un edificio admirando la ciudad y entonces quizá…

- Haruka vámonos. - dijo Michiru tomándola del brazo.

- Vamos.

Salieron del edificio y caminaron hasta el auto de Haruka. Al llegar, Haruka abrió la puerta y le tendió una mano a Michiru para entrar al auto.

- Vaya, tu siempre tan amable. - sonrió Michiru.

- Ja, ja. Es un placer. - le devolvió la sonrisa.

Se pusieron en marcha hacia la galería, Michiru llevaba entre sus manos la invitación y la miraba atentamente.

- ¿Qué ocurre Michiru?

- No, es nada. ¿Por qué lo preguntas?

- Bueno, nunca te había visto tan ansiosa de asistir a una exposición de arte, sobre todo si tu no participas en ella.

- Bueno…

- ¡Ah ya sé! - la interrumpió Haruka - seguramente estará lleno de muchos jóvenes apuestos a los cuales deseas conquistar. ¿Te propones aumentar tu número de admiradores? - terminó con una pícara mirada.

- ¡Qué tonterías dices Haruka! - recargó su cabeza sobre el hombro de Haruka - Escuché que participará una joven muy talentosa en esta exposición y deseo ver su trabajo.

- ¿Para ver si puede competir contigo? - Haruka seguía en un plan muy travieso.

- No. Leí que es una joven de Rusia que expondrá sus trabajos internacionalmente por primera vez aquí en Japón. Así que debe ser importante.

- Genial. Confiemos en que nos la pasaremos bien.

Michiru apoyó su mano sobre la mano de Haruka que estaba en la palanca de cambios apretándola ligeramente llenando a Haruka de esa sensación de calidez.

- Te aseguro que sí.

Haruka se sonrojó ligeramente al mirar a Michiru, pero la mirada gris de aquélla cambia su rubor por una mirada tierna.

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El viento nocturno jugueteaba con sus rizos negros, tan negros como la noche misma. Un par de entristecidos ojos grises contemplaban las estrellas mientras se perdían entre las tibias lágrimas que emanaban. Una mano blanca como la nieve del ártico se posó sobre su mejilla para limpiar aquellas lágrimas.

La puerta detrás de ella se abrió dejando que la luz se apoderara de las sombras. Un chico esbelto entró con un cuaderno bajo el brazo.

- Señorita Levine, Todo está listo para cuando usted lo disponga.

Aspiró el aroma de la noche oriental y después se dio media vuelta hacia el chico que la miraba estupefacto, tanto por su belleza como por el impacto que le causaba hablar de frente con una afamada pintora.

- ¿Señorita Levine?

- Sí. - su voz era delgada como el viento y dulce como las flores - Gracias. En unos momentos más bajaré.

El joven hizo una reverencia y salió por la puerta a través de la cual había entrado.

- Entre más rápido mejor… - susurró la chica.

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Al llegar Haruka y Michiru no pudieron evitar una exclamación de sorpresa al observar la magnificencia del lugar. La arquitectura del lugar combinaba lo más maravilloso del arte gótico y romanesco. Altas columnas enmarcaban la entrada cuya puerta debía medir 3 metros de altura. Un ancho friso sobre las columnas sosteniendo una hermosa cúpula gótica. Se acercaron a la entrada y se dieron cuenta que a los lados había dos figuras esculpidas en la pared, eran dos ángeles, uno con un arpa y otro sosteniendo un pincel. La sorpresa y maravilla de Haruka y Michiru no terminó con la espectacular fachada del edificio, sino que continuó a medida que se adentraban en las entrañas de aquella belleza. La puerta era de caoba y sobre su superficie tenían talladas hermosos adornos del estilo gótico. Una alfombra roja cubría el suelo por donde andaban los visitantes. Todo estaba lleno de detalles. Desde los techos adornados con elegantes y enormes candelabros hasta las paredes recubiertas de blanco con continuos espejos y piezas de cerámica al igual que de estatuas. Más que una galería cualquiera aquello parecía la sala de una mansión. Se respiraba un ambiente muy tranquilo.

Haruka y Michiru comenzaron a observar las pinturas, todas eran maravillosas, iban del cubismo al expresionismo, del arte renacentista al arte abstracto, de los retratos a los paisajes. Era demasiado hermoso. En su andar se detuvieron frente a una pintura en especial, en la cual permanecieron admirándola por espacio de 20 minutos sin decir palabra alguna. El corazón de Haruka comenzó a latir muy aprisa, un carrusel de sentimientos comenzó a correr en su interior a toda velocidad. ¿Qué estaba ocurriendo? Fijó sus ojos en aquella beldad del arte. Observó centímetro por centímetro aquél hermoso paisaje. Se trataba de una estrella de mar sobre la playa, el mar no le alcanzaba con sus furiosas olas. Haruka estaba segura que era un oleaje furioso pues en el horizonte se alcanzaban a ver altas crestas. En el horizonte terrestre sólo se podía ver una interminable playa. Todo aquello pintado sobre un atardecer que salpicaba de tonos rojos todo el cuadro, haciendo que la arena tomara un color sanguinolento al igual que el mar. Era increíble la paz que le producía ver esa estrella tan lejos de la helada ola que trataba de darle alcance, y al mismo tiempo el miedo de verle tan sola y tan rodeada de arena color de sangre. Haruka cerró los ojos, seguía sintiendo aquella paz, aquella tranquilidad invadida de miedo. De pronto comenzó a escuchar el mar, el viento y el silencio de la estrella de mar esperando ser alcanzada por el incansable oleaje.

- Es hermosa. - escuchó susurrar a Michiru - me inspira tantos sentimientos y sin embargo no es confuso. Quien sea que haya pintado este cuadro debe ser sumamente sensible. ¿No lo crees así Haruka?

- Sí. - permaneció con los ojos cerrados y lentamente los abrió para ver a su acompañante. - Es una pintura muy hermosa.

- ¿Lo creen así? - preguntó una voz femenina detrás de ellas.

Haruka y Michiru se dieron media vuelta al mismo tiempo para descubrir a la autora de la pregunta. Era una chica alta, blanca como la luna llena y de cabello negro rizado que las miraba con gran curiosidad. Se percataron que llevaba puesto un hermoso vestido carmesí, liso y brillante. Sin saber la razón Haruka sintió que su pecho se oprimía y su corazón latía a toda prisa.

- Sí, es una obra muy hermosa. Esa combinación de colores… la tranquilidad del paisaje y al mismo tiempo ese cierto aire salvaje… es precioso… - comentó Michiru.

- Los matices…. Y la técnica que fue usada…. Le añaden una gran profundidad a todo el cuadro… es casi como si fuese una ventana a ese sitio. - dijo Haruka sin quitarle la vista de encima a la chica.

- Veo que saben de arte. - sonrió la chica dirigiéndole una cautivadora mirada a Haruka.

- He tenido una buena maestra. - sonrió mirando a Michiru.

- Me da mucho gusto que les haya gustado. Me llamo Kira Levine. Yo pinté ese cuadro. - sonrió y muy tímidamente dijo esa última frase.

Las miradas asombradas de Haruka y Michiru no se hicieron esperar e inmediatamente Michiru le extendió la mano.

- Soy Michiru Kaioh. Es un placer. Es usted una gran pintora.

- Lo mismo opino. Soy Haruka Tenoh.

Una corriente de electricidad recorrió de pies a cabeza a Haruka al momento de tomar la mano de Kira. Sus mejillas se ruborizaron y su corazón comenzó a latir tan rápido que temió que Michiru lo notara. Su mirada verde no soportó el peso de la mirada gris de Kira y se vio obligada a desviarla ligeramente. Un empleado de la galería se acercó a Kira y le susurró algo al oído. Muy a su pesar, Kira soltó la mano de Haruka y les sonrió.

- Disculpen ustedes. Se requiere mi presencia en el podio, aún debo ajustar un par de detalles antes de presentar públicamente mi colección. Con su permiso.

- No se preocupe. Adelante. - respondió Michiru.

- ¡Oh no! Por favor. No me hablen de 'usted', tenemos casi la misma edad.

- Está bien Kira. Esperamos verte después. - dijo Haruka, realmente guardando la esperanza de volverla a ver.

- Créanme que así será. - Kira le disparó una pícara mirada.

Kira comenzó a alejarse con sensual caminar provocando que los pliegues del vestido jugaran con la silueta de la joven rusa hipnotizando a Haruka con gran desagrado de Michiru.

- Siempre haces lo mismo. - dijo a regañadientes Michiru mientras se cruzaba de brazos.

- Oh vamos Michiru. Sabes que eres la única en mi vida.

1.1.1 Michiru se contentó con aquella respuesta, deslizó un brazo por la cintura de Haruka abrazándola. En ese momento una voz sonó a través de los altavoces colocados alrededor de la galería. Aquella voz era suave, y sensual Haruka la reconoció de inmediato, se trataba de Kira que llamó la atención de todos hacia un punto de aquél enorme salón. Haruka y Michiru se acercaron al podio para verla mejor. Poco a poco todos los invitados quedaron reunidos alrededor del lugar donde se encontraban Kira y un grupo de señores mayores. La gente comenzó a aplaudir y después todo quedó en silencio para poder escuchar a la joven expositora.

- Muchas gracias a todos ustedes por haber asistido a la inauguración de esta galería. – dijo un señor de cabello cano y vientre prominente. – Queremos agradecer también a la joven expositora rusa que nos ha hecho el favor de honrarnos con sus trabajos esta noche. Denle un fuerte aplauso a la Srita. Kira Levine.

Kira se paró al centro de la tarima y miró a todos aquellos que le aplaudían pero su mirada sólo estaba en busca de otra, una verde, una mirada verde y libre como el viento. Al encontrarla le sonrió y después se dirigió al micrófono esperando que los aplausos se apagaran. Cuando al fin lo hicieron respiró profundamente y dijo:

- Es todo un honor estar aquí. Gracias por darme la oportunidad de presentar mi trabajo en Japón.

Los aplausos siguieron al igual que las luces provocadas por las numerosas cámaras de televisión y de fotógrafos de diversos periódicos. Comenzaron a hacerle preguntas sobre ella, sus pinturas y su país. Los invitados comenzaron a entrar a las salas que acababan de ser abiertas tras la presentación de Kira. Haruka y Michiru se movieron en dirección a unas de las salas.

- Haruka, ¿me permites? Debo ir al tocador.

- ¿Te acompaño? – dijo Haruka en tono un poco pícaro.

- No es necesario, además – dijo Michiru observando la vestimenta de Haruka – no puedes acompañarme con ese traje puesto. – después de guiñarle el ojo se retiró.

- Michiru... – se detuvo, sonrió y bajó la cabeza.

Se detuvo frente al cuadro que había visto antes y después dirigió su mirada hacia otro cuadro. Este otro presentaba una ballena blanca emergiendo de las profundidades del océano, su aleta dorsal se alcanzaba a contemplar escurriendo agua mientras que todo su cuerpo sacudía el agua de la superficie bañando los trozos de hielo que flotaban a su alrededor. Hasta entonces no le había gustado ningunos otros cuadros aparte de los de Michiru pero algo le ocurría con esa chica Kira. Algo la hacía sentir diferente, extrañamente diferente. Al meditarlo su respiración se agitó y comenzó a sentirse sofocada.

- Hace demasiado calor aquí... – al tiempo que se deshacía de un par de botones de su camisa.

Buscando aire puro encontró un balcón, un detalle mas de aquél coloso de la arquitectura. Aspiró el aroma de la noche y se percato que el balcón estaba adornado con un hermoso rosal. Se acercó a las rosas y las admiró de la misma manera que había admirado las pinturas de la galería momentos atrás. Notó que las estrellas brillaban de una manera especial, era como si estuvieran esperando que algo sucediera, como si quisieran acercarse a la Tierra de puntillas y escuchar lo que aquella noche iba a dar comienzo.

- La noche está muy hermosa... – se acercó al rosal al tiempo que decía esto.

- Lo está, además hay luna llena. – dijo una voz a sus espaldas.

- ¿¡Quién anda ahí?! – gritó dándose media vuelta con brusquedad.

Su instinto de guerrera la mantenía siempre alerta, sin embargo en esa vuelta tan brusca su mano rozó con las espinas de los rosales provocando una herida. Haruka sostuvo su mano mientras la sangre se acumulaba formando ríos entre sus dedos.

- ¡AH! ¡Demonios! – gruñó.

- Haruka soy yo, calma. – se trataba de Kira que había estado entre las sombras - ¿estás bien? No fue mi intención...

- Estoy bien...

No pudo terminar la frase pues Kira había tomado su mano, había sacado un pulcro pañuelo blanco que guardaba en su pecho y con él, había envuelto la mano de Haruka. El blanco pañuelo poco a poco se fue tiñendo de rojo mientras Haruka no podía reaccionar y se mantenía fría. Su interior se estaba volviendo un huracán de emociones pero no podía permitir que Kira viera eso.

- No tenías por qué hacerlo. Tu pañuelo ahora está arruinado. – Haruka sonaba fría, cruel.

Siempre recurría a aquella farsa para protegerse de lo que podía hacerle daño. Aquella mujer le provocaba intensas emociones que nunca había sentido, que nunca creyó experimentar con nadie mas que con Michiru y aún así, ni Michiru le había hecho sentir así antes. ¿Qué era lo que le estaba provocando? ¿Pasión acaso.....?

Kira sintió un hierro atravesándola, momentos atrás Haruka había sido muy amable y ahora se comportaba como si tuviera enfrente a un enemigo.

- No importa... – murmuró Kira con visible tristeza en su rostro y mirada.

Haruka sintió como si hielo le atravesara el pecho, sabía que su frialdad era su única defensa, la misma frialdad que la había caracterizado como una guerrera fuerte, decidida, dominante, capaz de afrontar cualquier situación... pero ¿cómo afrontar el deseo que sentía por esa mujer? ¿Cómo si no era Michiru..? Sin embargo su temor e inseguridad no terminaban ahí. Permanecieron unos segundo callados hasta que Haruka pudo externar unas palabras.

- Lo... lo siento Kira. – su voz se apagó en ese momento y Haruka sólo pudo bajar la cabeza.

Kira levantó la mirada y observó el perfil de Haruka. Era demasiado atractivo, su personalidad... su temperamento... la fuerza que poseía. Kira tomó la mano de Haruka nuevamente y esta vez la sujetó con fuerza llevándola a su mejilla. La chispa de todas las estrellas se veía en sus ojos y su corazón era una locomotora a toda velocidad. Al sentir el contacto de Kira, Haruka volteó rápidamente a verla sonrojándose al ver que posaba su mano sobre su blanca mejilla.

- Haruka... ¿cómo decirlo? Eres una persona muy atractiva... en cada aspecto en que una persona puede serlo.

Sus mejillas se cubrieron de rubor. Su pecho se oprimió dificultándole el respirar mientras Kira continuaba acariciando con su mejilla la mano herida de Haruka. Su cuerpo se llenó con la sensación, la necesidad de abrazarla, de tocar sus labios de cereza… de probarlos. Necesitaba saber qué era besar unos labios distintos a los de Michiru. De pronto la recordó. ¡Michiru! ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué le pasaba? ¿Cómo podía ser que esa mujer la hiciera olvidarse de todo, olvidarse incluso de su amada?

- No sé a qué te refieres … - dijo mientras retiraba suavemente su mano de entre las de Kira.

- ¡Haruka! Aquí estás. Te he estado buscando.

Haruka se dio media vuelta al escuchar esa voz tan familiar. Se trataba de Michiru que la miraba con presunto enojo. ¿Llevaría mucho ahí? ¿Habría visto lo que acababa de ocurrir?

- Te dije que no tardaría mucho. - dijo Michiru a la vez que se acercaba y notaba el pañuelo teñido de sangre - ¿Qué te pasó?

- ¿Uh? - Haruka miró su mano y se percató que se refería a su herida - ¡Ah esto! Un pequeño accidente con las rosas.

- Pero todo está bajo control. - murmuró Kira con una amplia sonrisa en los labios.

- Bien Michiru, será mejor que nos vayamos o cancelarán la reservación. - dijo Haruka comenzando a emprender la huída.

- Lo había olvidado. Vamos.

Kira creyó comprender lo que ocurría, algo en su interior le decía que aquél rubio y apuesto joven le huía. Su sonrisa se tornó mas amplia al comprender el efecto que había causado en aquel chico. Estaba decidida a verlo al menos una vez más. Tenía que hacer algo.

- Si no hay más que decir… Espero verlos pronto. - extendió la mano para despedirse de Haruka y Michiru pero sólo Michiru le devolvió el gesto. - Aunque… sería todo un honor que me acompañaran en la cena que la galería celebrará esta noche. ¿Les gustaría ir?

Haruka frunció el ceño. No le agradaba la idea de tener que verla de nuevo y al mismo tiempo estaba ansiosa por verla de nuevo. No comprendía lo que ocurría en su interior pero sí sabía que deseaba seguirla viendo.

- Te agradecemos la invitación. Claro que asistiremos. ¿No es así Haruka? - aceptó Michiru.

- Sí… si tú quieres ir.

- Bien, los veré después entonces. - Kira se despidió y se alejó con ese conocido compás al andar.

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Haruka conducía a gran velocidad mientras trataba de dejar ir todo el enojo que le provocaba tener que estar expuesta nuevamente a los encantos de esa mujer. Michiru hablaba sobre la exposición pero Haruka no prestaba atención. En su interior se llevaba a cabo una terrible pelea entre lo que sentía por Michiru y lo que había sentido por Kira. Lo que Michiru le hacía sentir al rozar su mano y lo que Kira había provocado en ella con el mismo ademán afectuoso. Michiru colocó su mano sobre la mano de Haruka que sujetaba la palanca de cambios mientras miraba por la ventana a su costado. Haruka comprendió que Michiru no la ponía nerviosa ni cortaba su respiración. ¿Qué ocurría?

- Estás molesto por la invitación de Kira ¿verdad?

- Era una cena que quería compartir sólo contigo y con nadie más. - dijo Haruka con un tono severo y sin quitar la mirada del camino.

- Creí que te gustaría ir. Después de todo simpatizaste mucho con ella, no pensé que te molestaría aceptar su invitación. Lo siento… - Michiru soltó la mano de Haruka y clavó su mirada en el exterior.

Haruka sintió que se ahogaba y el salvavidas que la mantenía a flote era el roce de la mano de Michiru. Volteó su mirada hacia ella. Se veía hermosa. El viento de la noche jugueteaba con su cabello una y otra vez, formando el oleaje en su cabeza.

- Discúlpame Michiru. Está bien. Es sólo que las presiones de la próxima carrera me tienen así. Lo siento.

Michiru le dirigió una dulce sonrisa y después continuó mirando por la ventana. Su mano nuevamente tomó la de Haruka y, ésta volvió a sentirse segura.

Se detuvieron en un semáforo muy cerca del salón Charme.

- Kira - dijo Haruka para sí - ¿qué es esto que me haces sentir?

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En la entrada del salón donde se llevaría acabo la cena se encontraba Kira esperando a que Haruka llegara.

- Quizá seas tú, Haruka Tenoh, la persona que he estado esperando… quizá…

Dirigió su mirada a las letras doradas del salón en las cuales se leía Charme. De pronto sintió que un cálido sentimiento se escurría por sus mejillas poniendo más y más brillantes las letras del salón.

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Llegaron al estacionamiento y Haruka acomodó el automóvil. Su mente se perdió en sus pensamientos después de haber apagado el automóvil. De sólo pensar en volverla a ver su pecho se oprimía y su corazón palpitaba a toda velocidad.

- ¿Haruka?

Cerró los ojos. Creyó estar escuchándola llamar su nombre, creyó sentir sobre sus manos las de ella. Tal y como momentos atrás lo había hecho al curar su herida. Abrió los ojos y miró el pañuelo que envolvía su mano.

- ¿Nos vamos?

Haruka se sorprendió al escuchar aquella voz junto a ella. Miró hacia su ventanilla y se percató que Michiru la observaba a través de ella. ¿Qué había pasado? Pero si estaba… Miró a su lado izquierdo y no encontró a nadie.

- ¡Haruka!

- Ya voy, Michiru, ya voy. - tomó su saco y se bajó del auto.

Haruka ofreció su brazo a Michiru y anduvieron hacia la entrada del salón. Kira los esperaba ahí. Haruka pudo notar el brillo en sus ojos al mirarla, brillo que se apagó al ver a Michiru tomada de su brazo.

- Haruka, gracias por venir. Vamos adentro.

Sin esperar una palabra de la pareja Kira tomó el brazo libre de Haruka y así entraron al salón donde los presentes aplaudieron fuertemente a la joven pintora.

Durante la cena Haruka y Michiru charlaron animadamente y bailaron varias piezas. Sin embargo las miradas de Kira y Haruka se cruzaron en mas de una ocasión produciendo en ambos una descomunal sensación de dependencia mutua. Kira no lo soportó más y se acercó a conversar con ellos.

- Bailan muy bien.

- Una no tiene que saber bailar si Haruka te está guiando. - comentó Michiru.

- Ya lo creo. Se ve que es un buen bailarín.

- Haruka, ¿por qué no sacas a bailar a Kira? Yo estoy muy cansada como para bailar una pieza más y Kira no ha bailado en toda la velada. - propuso Michiru.

El corazón de Haruka se volvió un bólido que se estrellaba constantemente contra sus costillas y oprimía horriblemente su pecho. No podía creer que Michiru estuviera diciendo eso, si hubiera sabido lo que Haruka estaba sintiendo por Kira no habría pensado siquiera eso de que bailaran.

- Eh… yo… - no había nada que pudiera hacer, si acaso sólo proponerle bailar con la esperanza de que se negara - ¿Quieres bailar Kira?

Los ojos de Kira se iluminaron. Poco le importó que Michiru le observara, que todos la vieran. Deseaba estar entre los brazos de Haruka, deseaba simplemente respirar su aroma.

- Me encantaría.

Haruka le extendió la mano y prácticamente la jaló a la pista lejos de la mirada de Michiru. No deseaba que su linda amante se percatara de lo nerviosa que estaba. Haruka colocó con miedo una mano sobre la cintura de Kira al tiempo que ella pasaba su brazo alrededor del cuello de Haruka. La música comenzó a sonar cada vez más lenta, más calmada, mas romántica…

- Haruka…

- Kira por favor… No me mires de esa manera.

- Lo siento… es que no puedo evitarlo… De verdad eres alguien muy atractivo. Si debo serte sincera me gustas mucho. No sé… no sé qué es esto que me haces sentir.

Haruka se sonrojó al grado de tornarse su piel roja. Sus manos se mantenían pegadas a la cintura y mano de Kira. Sus miradas se encontraron a la vez que sus cuerpos se pegaban más. La gente alrededor de ellas desapareció. Haruka y Kira se encontraban en completa soledad bailando en un pequeño mundo alumbrado por una única luz. Haruka pudo sentir el aliento de Kira sobre su barbilla, mientras la chica se paraba de puntillas buscando recargarse en su hombro o quizá buscando un beso.

- Kira… - murmuró Haruka sintiendo que sus labios ardían en deseo por hacer los labios de Kira suyos.

Kira cerró los ojos y Haruka tomó su barbilla con sus dedos, sonrió y se comenzó a acercar a ella. Levantó la mirada y vio a Michiru de espaldas conversando con la esposa del dueño de la galería. ¿Qué hacía ella allá si estaba a punto de besarla? Bajó su mirada y se dio cuenta que el cabello y el aroma no correspondían al de Michiru. Se asustó de pensar que estaba a punto de besar a Kira, se asustó más aún de pensar que por poco la besaba con Michiru a pocos metros de ellas. Separó a Kira de sí y decidió que todo aquello debía terminar. No podía permitirse engañar a Michiru o engañarse a sí misma estando con otra chica a la cual no amaba.

- Kira, lo siento. Yo… Michiru…

- Shh… - Kira silenció los labios de Haruka con un dedo - Yo sé que está ella…

- ¡Señorita Levine! Veo que está en buena compañía. - dice un anciano señor que se les había acercado. - Disculpe usted joven pero necesitamos a la Srita. Levine.

- Por supuesto. No hay problema. - sonrió Haruka.

- En un momento estoy con usted. - susurra Kira al oído del señor. - Haruka… quiero volver a verte.

El corazón de Haruka latía muy aprisa. También deseaba volver a verla, lo deseaba con toda su alma. Sin embargo temía perder a Michiru por un poco de pasión que había desatado aquella joven rusa. No sabía qué hacer. Su corazón decía una cosa y su mente una distinta, sin embargo ambos coincidían en volverla a ver.

- Yo también.

¿Qué había sido eso? ¿Lo había dicho o sólo lo había pensado? No tenía importancia. Haruka sólo sabía que necesitaba verla de nuevo, en otro sitio.

Kira sonrió y después se alejó a buscar al señor que hacía unos momentos le había llamado. Haruka la observó con chispas emanando de sus ojos, realmente deseaba tenerla entre sus brazos otra vez. Tosió ligeramente y después buscó a Michiru con la mirada.

La cena culminó con un discurso y un brindis por Kira. Haruka y Michiru se precipitaron a la salida. Michiru se extrañó del comportamiento de Haruka de sobremanera.

- ¿Qué te pasa Haruka? Parece que te robaste algo.

- ¡Qué tonterías dices Michiru! - rió Haruka.

- Entonces ¿por qué la prisa?

- Quiero llegar pronto a casa. - continuó murmurando a su oído - Aquí hay mucha gente que nos mira…

Michiru sonrió al comprender la picardía que Haruka planeaba. Accedió entonces a darse prisa. Sin embargo Kira las alcanzó y le hizo señas a Haruka, Michiru no pudo verla pues estaba de espaldas.

- Adelántate, ahora voy Michiru.

Haruka se apresuró a su encuentro con Kira para no levantar sospechas por parte de Michiru.

- Debemos vernos de nuevo.

- A solas. - sugirió Haruka.

- Sí, a solas. ¿Podríamos vernos en el parque cerca de la galería a las 6?

- Claro.

Haruka huyó del salón sintiéndose como un adolescente que se acaba de ganar el pañuelo de la niña de sus sueños. Subió al auto con una gran sonrisa pintada en los labios. Michiru notó esa sonrisa que se disipó a los segundos de haber subido al auto. Haruka condujo en silencio hasta el departamento. No podía esperar a que el día llegara, no podía esperar a que se dieran las seis de la tarde.

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Continuara…