Ya todo se ha terminado, se ha terminado para siempre. El pensar que hoy es lunes y mañana es martes no es muy alentador, para nada. Al recordar todo lo que pasé hoy más temprano, en una especie de ataque azoté todo lo que tenía en mi escritorio, todo fue azotado contra el piso sin pensar si podía romperse o no. No sabía lo que estaba haciendo por ese momento, pero al mismo tiempo era consciente de que destrocé la mitad de mi dormitorio, sabía que estaba rompiendo muchas cosas que no tenían arreglo, pero aún así continuaba sin saber exactamente por qué. Mi cama que estaba tan bien arregladita por mí antes de ir a la escuela, terminó como si acabase de levantarme o peor aún, todas las sábanas y cubrecamas en el piso. Gritaba, gritaba pero no palabras, sino gritos, mientras golpeaba mi mesita de luz hasta que mis puños quedaron morados, pero no sentía dolor en el momento. Lo único que quería era desaparecer del planeta.

Pero no todo está perdido, todavía tengo una única salida. Ya lo he pensado varias veces, pero esta vez sí que no tengo alternativa. No me queda otra que borrarme del mapa. Matará dos pájaros de un tiro: Haré bien al fin dos cosas al mismo tiempo, terminaré con mi sufrimiento y pondré felices a todos los demas... desapareciendo. No hay alternativas esta vez, no hay opciones para elegir. Sólo morir o morir.

Sin dejar de llorar, lo pensé por última vez, y la decisión ya fue tomada. Al fin me voy, y seré feliz, jamás podré regresar. Al fin me voy, me voy de viaje, me voy a un lugar mejor, donde no hay problemas, donde no me sentiré sola, donde seré aceptada, donde todo estará bien. Nadie llorará por mí, lo sé, pero no me importa, voy a un nuevo y mejor lugar ahora.

Finalmente me dirigí a la cocina, sin prender la luz para no llamar la atención de Charlotte y mis tíos durmiendo. Era medianoche. Abrí la llave de gas del horno, abrí la puerta, coloqué una almohada sobre ella y dejé que mis pulmones respiren ese gas hasta dejarme caer en un profundo y eterno sueño