¡Hola! Este es el momento en el que deseo saltar con un abrazo a todos y cada uno de los que están leyendo esto, pero jamás se los diré. Más notas, excusas y disculpas por la tardanza en actualizar *coff, seis años de tardanza* al final del capítulo. ¡Feliz año para todos!

Acto XIII: Después del torneo de Cell

Bulma apenas podía seguir el increíble relato de su hijo. De alguna forma, que el muchacho le contara que había sido asesinado por un temible monstruo verde y vuelto a la vida poco después por un dragón mágico, resultaba lo menos difícil de entender. Además de eso, le habló de más androides, un monstruo creado a partir de las células de los mejores peleadores, un torneo por la salvación de la Tierra y una extraña habitación donde un año pasaba en un día. Pero lo más difícil de creer, y no por ello menos fascinante de escuchar, eran las pequeñas historias que su hijo le contaba de Vegeta.

-... y cuando morí ¡papá se puso realmente furioso y se volvió más fuerte! Eso fue lo que me dijeron -contaba emocionado el muchacho.- Y también esa vez que estuve enfermo: había una silla vacía junto a mi cama. N-no lo vi, pero creo que él estuvo ahí, cuidándome mientras dormía. Eso… eso es lo que pienso… -bajó la vista a su soda, con una sonrisa tímida y a la vez enternecida.

Bulma le dio un largo sorbo a su café. Así que Vegeta sí podía tener esos sentimientos después de todo y ella no sólo se los había imaginado. Levantó la vista al techo de la maltratada Corporación Cápsula y pensó que en algún lugar, en otro tiempo, existía una versión más afortunada de ella misma que gracias a su intervención estaría llevando una vida feliz y tranquila con sus amigos, su pequeño hijo y su esposo a su lado.

Pero la vida de Bulma del tiempo presente no era tan idílica como su contraparte del futuro hubiera pensado, en ese momento. La muerte de Goku había sido un golpe duro para todos, pero para nadie tanto como para Vegeta. El saiyajin había dejado de entrenar, había perdido todo su deseo y no hacía más que pasar el día entero, todos los días, en su habitación. No podía evitar sentirse preocupada.

- ¿Vegeta?... -llamó tentativamente a la puerta de su habitación una noche luego de no haberlo visto en todo el día otra vez. Se asomó. La habitación estaba en penumbras y su esposo era un bulto que recortaba su sombra sobre la cama.

Bulma exhaló un pequeño suspiro entristecida y entró; no había dicho nada para ahuyentarla de allí, así que estaba bien. Caminó despacio hacia él y se sentó en la cama. Vegeta estaba despierto, con la espalda vuelta hacia ella, pero no dio señales de acreditar su presencia.

- Vegeta, no viniste a cenar con nosotros… - comenzó tentativamente la mujer. El saiyajin no dio señales. - ¿Tienes hambre? -probó. Aún nada de nada. - No has salido de tu habitación en todo el día… -insistió. Como toda respuesta, Vegeta se acurrucó más sobre su costado para dar por terminada la conversación.

Bulma suspiró hondamente; la devastaba verlo así. Sabía exactamente cuál era su problema: todo ese tiempo había estado entrenando obsesivamente para volver a pelear y matar a Goku, y ahora que le habían arrebatado la oportunidad para siempre, había perdido su motivación y no había nada que consiguiera animarlo.

- La muerte de Goku fue muy dura para todos y sé cómo te sientes - Bulma puso una mano en su brazo y Vegeta pensó silenciosamente que dudaba que entendiera cómo realmente se sentía - pero tienes a tu hijo, y me tienes a mí

Bulma esperaba despertar alguna reacción con sus palabras, pero el saiyajin siguió dándole la espalda indiferentemente.

- Mira esto como una oportunidad: -le sonrió tratando de animarlo - todo este tiempo no has hecho más que entrenar como un loco para pelear con Goku; ahora tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que realmente quieras. Dime, ¿no hay nada que siempre hayas querido hacer, antes de que toda esa locura de matar a Goku se te metiera en la cabeza?

- Mmmm…-volteó apenas para contestarle por encima de su hombro- ¿Hacerme inmortal, y convertirme en Emperador del Universo, eliminando a las razas inferiores y trayendo el terror a la Galaxia?

- Ehh… no. Eso no -respondió ella con una sonrisa nerviosa y tic en la ceja; no sabía qué tan en serio o no, lo decía. -¿Alguna otra cosa?

- Entonces no, no quiero nada -volvió a aplastar la cabeza pesadamente sobre su almohada.

- Vegeta, no hagas esto… -le pidió la chica con voz suplicante. - No me gusta verte así…

- Eso es bastante fácil: la luz está apagada - respondió fríamente.

- Me refiero a que no puedes pasar todo el día echado en la cama…

- Pues enciende la luz y mira cómo puedo - la desafió acurrucándose más y ajustando las sábanas alrededor de sus hombros con tanta fuerza que hizo que la mujer sentada sobre ellas se cayera de la cama.

Bulma se puso de pie de un salto y tiró de sus sábanas con todas sus fuerzas hasta arrancárselas por completo.

- ¡Pues no lo voy a permitir!

Encendió las luces. Vegeta estaba sentado en la cama shockeado por el arrebato y algo del viejo fuego casi apagado volvía a brillar en su mirada molesta y ofendida.

- ¡Mírate nada más! ¿Dónde está tu orgullo? No haces más que estar tumbado como un costal de patatas todo el día. ¿No hay nada que quieras hacer? Pues yo te diré lo que harás: te conseguirás un trabajo.

El príncipe no tuvo tiempo ni reacción suficiente para responder a eso antes que la chica prosiguiera.

- Mañana te levantarás temprano, te bañarás, te vestirás, y saldrás a buscar un empleo -sentenció. - No consentiré que sigas viviendo como un vago.

Vegeta protestó de alguna forma, pero Bulma ya no lo escuchaba. Había marchado hasta la puerta con la nariz en alto y desde allí lo apuntó con un dedo y lo amenazó un a vez más antes de salir:

- Y más te vale estar listo cuando venga por ti; no quiero tener que arrancarte las sábanas otra vez.


Sacar a Vegeta de la cama probó ser más difícil que alistar al pequeño Trunks en sus peores días. Sin embargo su falta de entusiasmo también venía acompañada de una inusual docilidad. Cuando estuvo listo y se reunió con Bulma no mostraba resistencia ni muchos deseos de discutir por el asunto. Esa actitud le sentaba un tanto extraña.

Los botones en el centro de la prolija camisa blanca que Bulma había elegido para él se veían un poco forzados en su pecho, y la tela en torno a sus musculosos brazos y hombros se notaba un poco ajustada. No había nada que hacer con su cabello, así que ni siquiera lo mencionó. Por lo demás, Bulma creía que se veía muy bien para su primera entrevista de trabajo.

- ¡Oh, qué elegante te ves hoy Vegeta! - lo saludó la Sra. Brief cuando se la cruzaron en un corredor mientras salían.

- ¿Verdad que sí? -sonrió feliz su hija. -Hoy Vegeta irá a un par de entrevistas de trabajo que preparé para él.

- No quiero hacerlo - aclaró secamente pero con firmeza el saiyajin.

- Tú no quieres hacer nada últimamente, así que deja que tu linda esposa decida por ti - se impuso Bulma. -Necesitas ocupar tu tiempo con algo.

- ¿Mh, un trabajo? ¿Por qué no van a buscar las Esferas del Dragón? Eso suena más divertido -propuso en cambio la Sra. Brief.

- No podemos hacer eso, mamá. Revivimos a Trunks hace muy poco, todavía deben ser sólo piedras.

- Oh, es verdad - recordó Panty llevándose una mano a la mejilla. -Sólo me preguntaba qué podría desear un hombre que lo tiene todo como Vegeta.

El saiyajin se encogió de hombros.

-¿Inmortalidad?

-¿Inmortalidad? ¿Por qué no mejor juventud eterna? Al menos eso fue lo que yo pedí…

- ¿Qué? -se sorprendió su hija.

-¿Cómo crees que encontraste esas Esferas del Dragón en el sótano de casa? -rió la madre. -Fue mucho antes de conocer a tu padre -rememoró. -En ese entonces no tenía nada como el radar que tú tienes, Bulma; me llevó mucho tiempo encontrarlas a todas: ¿qué edad crees que tengo? ¡Ohohohoho!

- Adiós mamá, se nos está haciendo tarde -por alguna razón se puso nerviosa su hija, y caminó con prisa hacia la salida. Su esposo la siguió.

- Adiós, buena suerte con su cita -los saludó con una mano.

- ¡Que es una entrevista de trabajo! -respondió Bulma desde lejos.

- ¿Sabes?, creí que dentro de todo, tu madre era la más normal de tu familia -le susurró después de un rato Vegeta, mientras iba detrás de sus apresurados pasos.

- Sí, yo también… -confesó la chica.


Bulma insistió en acompañar a Vegeta a sus entrevistas, aunque él asegurara que no era necesario. De todas formas, como con todo aquella mañana, acabó aceptándolo por el simple hecho de no sentirse con ganas de discutir.

Ambos aguardaban su turno con otros postulantes. Bulma había conseguido la entrevista con uno de sus contactos a pesar del poco tiempo de aviso, así que le encomendó mucho a Vegeta no desperdiciar la oportunidad. Éste sólo estaba sentado de brazos cruzados, con la mirada perdida en la pared frente a él, aburrido.

- ¿Sabes?, no estoy muy acostumbrada a verte así, pero creo que esa ropa te sienta muy bien Vegeta -le sonrió Bulma.

El saiyajin la escuchó, pero no hizo ningún comentario en absoluto.

-Traigo un nuevo corte de cabello hoy, ¿no vas a decirme nada? -insistió en entablar conversación. Vegeta la miró de soslayo un momento y notó que tenía razón.

- Sí: es más corto que ayer -respondió fríamente volviendo la vista a la pared vacía que tenía enfrente.

La chica infló los mofletes molesta pero no llegó a decir nada porque acababan de llamar el nombre de su esposo para su primera entrevista.

Vegeta inspiró hondo y se levantó pesadamente pero fue sin rechistar. Bulma le deseó buena suerte y no se sorprendió de que no le respondiera. Al cabo de menos de dos minutos se oyó una explosión al final del pasillo, seguido por una bocanada de humo y polvo. Varias personas salieron corriendo entre el polvillo y los escombros, y detrás de ellos Vegeta, con paso calmo y su habitual cara de pocos amigos.

- ¡¿Qué fue lo que pasó, Vegeta?! - preguntó alarmada su esposa.

- Ese hombre estaba haciendo demasiadas preguntas -respondió irritado.

- ¡De eso se trata: es una entrevista!

La segunda entrevista no fue mejor. Ni la tercera. Ni…

- ¡Está loco! ¡Está loco! - salió corriendo a tropezones uno de sus entrevistadores.

- ¿Qué?: ni siquiera saqué las manos de los bolsillos -se defendió bruscamente el príncipe al enfrentar la mirada acusadora de su esposa.

- ¡Vegeta, compórtate! -lo regaño Bulma luego de un día de entrevistas desastrosas. - ¿Estás haciendo esto mal a propósito, no es verdad?

- ¡No es cierto, y la verdad es que no me interesa! ¡Ya estoy cansado de toda esta farsa y me estoy cansando de ti, mujer!

Tuvieron que dejar su discusión a medias cuando volvieron a llamar su nombre. Bulma insistió en acompañarlo esta vez para mantener a raya a su esposo.

Los recibió un hombre con anteojos que se estaba quedando un poco calvo a pesar de no ser tan viejo.

- ¡Oh, Señorita Bulma! - le tendió la mano el hombre al reconocerla.

- Es 'Señora', ahora - le sonrió a su vez ella estrechando su mano.

- Ya veo, ya veo - asintió él mirando a Vegeta.

- Muchas gracias por concedernos esta entrevista - prosiguió Bulma mientras tomaban asiento frente al escritorio de su entrevistador.

- Ni lo mencione; lo que sea por la hija de mi buen amigo Brief.

El hombre tomó una carpetilla de su escritorio y se dirigió a Vegeta para comenzar su entrevista.

- Muy bien, es el Sr. Vegeta, reside en la Capital del Oeste y actualmente está desempleado -leyó.- ¿Es eso correcto?

Vegeta no lo afirmó ni tampoco lo negó. Sólo se quedó de brazos cruzados mirando fijamente a su entrevistador. El viejo prosiguió.

- Bien, hábleme de su último empleo. ¿A qué se dedicaba antes?

- Era mercenario -respondió.

- ¡Era militar! -Bulma interrumpió con una risa nerviosa tratando de tapar sus palabras. -¿Eso es lo que eras, no, Vegeta: alguna clase de soldado?

Vegeta la miró con suprema irritación. Él tenía un rango altísimo, por nacimiento y por mérito; pertenecía a la súper élite, ¿cómo se atrevía a llamarlo "alguna clase de soldado"?

-Oh, así que estuvo en el ejército. Es fácil saberlo viendo su físico -continuó el entrevistador. -¿Cuál diría que era su especialidad en su antiguo trabajo?

- Era darle una muerte lenta y dolorosa a los que hacían demasiadas preguntas -respondió con un tono ácido y ligeramente divertido mirándolo fijamente a los ojos. Vegeta delató un pequeño espasmo en la ceja al recibir un fuerte codazo de Bulma en las costillas.

- ¿Y qué ha hecho desde entonces, desde que dejó su antiguo empleo? -prosiguió la entrevista a pesar de que su entrevistador comenzaba a verse algo nervioso.

- Ser un vago. Estar echado como un costal de patatas todo el día -Vegeta repitió las palabras de Bulma.

- Lo que quiere decir es que estaba esperando una gran oportunidad como esta. Muchas gracias de nuevo por conceder esta entrevista -intervino de nuevo la mujer intentando salvar un poco la imagen que su esposo estaba dando, con su simpatía.

- Sí… ¿Qué puede decirme de sus estudios, Sr. Vegeta? ¿Ha asistido a alguna universidad?

- ¿Universidad? ¿Qué es una universidad?

El entrevistador hizo algunas anotaciones en su carpetilla y Bulma dejó caer una ceja, derrotada.

- Viajé mucho por el universo, si es eso a lo que se refiere -prosiguió Vegeta aún sin entender muy bien.

- ¿Posee alguna otra habilidad? ¿Tal vez con las computadoras o con los idiomas? ¿Habla alguna lengua extranjera, Sr. Vegeta?

- Sí: ciento cuarenta y ocho.

- ¡¿CIENTO CUARENTA Y OCHO?! - su respuesta sorprendió por igual a su interlocutor y a Bulma.

- De acuerdo -se corrigió molesto. -Puede que haya perdido práctica con algunos, por falta de uso. Son sólo ciento veintisiete…

- De todas formas son demasiados idiomas -comentó boquiabierto su entrevistador, incapaz de contener su descreimiento.

- Es que mi esposo ha viajado mucho -intervino otra vez Bulma con su sonrisa nerviosa, mientras se colgaba coquetamente del brazo de su esposo.

Al viejo le costaba creerles, así que dejó el asunto a un lado y busco un poco entre sus papeles. Finalmente deslizó frente a Vegeta una hoja de papel y un lápiz.

- ¿Señor Vegeta, podría resolver este laberinto?

Vegeta lo miró fríamente por un momento, pero al sentir un pequeño empujoncito en la espalda, suspiró, tomó el lápiz, y trazó rápidamente el laberinto.

- Tendrá noventa segundos para resolverlo -dijo el entrevistador preparando un cronómetro y se interrumpió sorprendido al ver que Vegeta ya lo había resuelto. - ¡Eso fue rápido! Intente con este.

Le pasó una nueva hoja con un laberinto más grande, intrincado y apretado que el anterior. Vegeta bufó fastidiado, pero bajó la vista al laberinto por un segundo o dos y trazó la salida de principio a fin en un sólo movimiento fluído.

- ¡Asombroso! -exclamó el viejo.

- ¿Se le ofrece algo más? ¿El crucigrama del periódico de esta mañana? -ironizó Vegeta, haciendo desistir al viejo de sacar un tercer laberinto.

-N-no, no… Queda bastante claro que puede hacerlo a la perfección. -El viejo revolvió en otra carpetilla entre sus papeles y le presentó una lámina esta vez. -¿Qué ve aquí?

- Una mancha -espetó Vegeta sin más.

- Me refiero a qué cree que se parece esta mancha.

Vegeta, que comenzaba a sentirse realmente frustrado e impaciente con todas esas ridículas preguntas, estuvo a punto de sacar su genio en ese momento pero sintió la advertencia de Bulma en forma de un pellizco y se contuvo.

- Se parece a una mancha de tinta - dijo haciendo su mejor esfuerzo por conservar la calma.

Su entrevistador no pareció muy convencido y pasó a la siguiente lámina.- ¿Qué ve aquí?

- Una mancha de sang...leche derramada -se corrigió en respuesta a un nuevo pellizco de Bulma, más fuerte que el anterior.

Una mancha de café, una mancha de vino, una mancha de sopa; así iba respondiendo a cada lámina que le mostraban para no decir que lo único que veía era que le estaban haciendo perder el tiempo.

- Esa se parece al cadáver del ex de mi esposa, el primer día que nos vimos -dijo con toda genuinidad, y aunque Bulma trató de reír para hacerlo parecer una broma, era obvio que el señor entrevistador estaba realmente asustado de Vegeta. Con una mano temblorosa le enseñó la siguiente lámina y le preguntó qué veía.

-Lo que veo -dijo Vegeta levantándose lentamente de su silla en actitud amenazante y marcando cada palabra con su ira contenida - es una empresa de incompetentes, que contrata a más incompetentes, que lo único que saben hacer es derramar tinta sobre sus papeles.

- Cr-creo que eso ya es suficiente para la entrevista, ¿cierto? -intervino Bulma, tomando a su esposo del codo, para que volviera a sentarse a su lado.

- S-sí… -concedió el entrevistador, recogiendo todas sus láminas para ocultar su nerviosismo.

- ¿Y bien? ¿Consiguió el empleo? -lo instó Bulma después de unos momentos.

El viejo miró nervioso a Vegeta por un momento antes de contestar, mientras recogía todos sus papeles.

- Señora... su esposo es muy inteligente, pero no creo que sea lo que estamos buscando.

- ¿Por qué no? Dijo que era muy inteligente, ¿o no? -soltó algo agresiva.

- Bueno, sí… de acuerdo a la prueba escrita que le tomamos antes de entrar aquí, es un genio en matemáticas. También pudo resolver los laberintos con una rapidez sorprendente; se nota que es una persona lógica y muy capaz. Pero… dejó el noventa por ciento de las preguntas de su examen escrito sin contestar -el viejo enseñó la hoja casi en blanco salvo por algunos ejercicios aquí y allá. -De hecho, sabemos que esta prueba es suya porque fue el único que no escribió su nombre en la hoja de examinación.

- ¿Qué? ¿Vegeta, por qué hiciste eso?

Vegeta sólo chasqueó la lengua y miró en otra dirección.

- Señora… -intervino el entrevistador con mucho tacto - me temo que su esposo no sabe leer ni escribir. Es analfabeto.

- ¿Es cierto eso, Vegeta? ¿No sabes leer ni escribir? -le preguntó sorprendida su esposa.

- Es una pérdida de tiempo. Sólo estoy de paso en este planeta -desestimó el príncipe.

- ¿Lo ve? Parece que hasta tiene dotes para la poesía -la animó el entrevistador pero Bulma ya no lo estaba escuchando.

- ¡No lo sabía! ¡Ay! ¿Es por eso que nunca me has escrito cartas de amor?

Vegeta se volvió extrañado hacia su esposa y la encontró con la mirada iluminada de ilusión.

- Sí… es por eso -mintió Vegeta para que ya no lo molestara y la chica se sonrojó de emoción.

- Lo siento mucho Sra. Bulma, -se disculpó el viejo entrevistador- pero comprenderá que es un requisito fundamental para…

- Sí, sí, eso ya no importa… -lo espantó con una mano sin hacerle caso y sin quitarle los ojos encantados a su esposo. -Vámonos Vegeta. No perdamos más el tiempo aquí y salgamos. Debes tener hambre. Volvamos a casa o busquemos un buen restaurante.

Para cuando salieron, ya estaba cayendo la tarde. El cielo se había vuelto anaranjadizo y sus sombras eran largas en la acera.

- No tenía idea, Vegeta -parloteaba entusiasmada la chica caminando detrás de su esposo. -Yo puedo enseñarte; no te será difícil, después de todo eres un genio. Aunque eso no me extraña. Aprenderás muy rápido y te irá mejor en tu próxima entrevista.

- Ya déjalo -le espetó el saiyajin. Se detuvo y ella se detuvo también, algunos pasos detrás. - Yo no quiero un trabajo y tú no necesitas ese dinero. Ya déjalo así -volvió a sonar desanimado. -Volvamos a casa -reemprendió la marcha.

Bulma se sintió insegura sobre si su esposo volvía a sentirse desmotivado o no. Sin embargo notó algo distinto en él: tal vez jamás notó que nunca había visto a Vegeta leer o escribir algo en su mismo idioma, pero sí notó que esta era la primera vez que se refería a la Corporación Cápsula como "casa". Su casa, el hogar que compartían juntos. Más serena y en silencio, caminó hasta ponerse a su par. Tentativamente deslizó su mano dentro de la de su esposo y en respuesta pudo sentir cómo éste, a su vez, le correspondía con un suave apretoncito.


Ahora sí: ¡Feliz año nuevo!, ¿Cómo están? Yo, muy feliz de tener por fin este capítulo, extrañaba este fic. Creo que de alguna manera, subconcientemente, no quería que terminara, por eso lo postergué tanto tiempo. ¿Qué dicen, pueden perdonarme por este laaaargo hiatus?

Bien, ahora no quiero parecer sedienta de reviews, pero… lo estoy. Me encantaría saber de todos los que han llegado hasta acá: cuántos encontraron este fic por primera vez, cuántos leyeron este fic hace años y están aún aquí, ¿se casaron? ¿tienen hijos? ¿terminaron la universidad? ¿se jubilaron? ¿están dispuestos a dejar a un lado sus ganas de matarme por no actualizar, para decirme una vez más qué piensan del capítulo? No olviden que su opinión me interesa :3.

Dudas, comentarios, ideas sobre lo que creen que pasará en el próximo y último capítulo… bien, no les mentiré: no puedo prometerles cuándo lo tendré listo para subir. Sé que me costará, en parte porque como les dije el no querer que esto acabe me hace postergar el asunto y en parte porque nada me parece lo suficientemente bueno. Quiero darle el final que se merece, pero todos sabemos que la historia de estos dos no termina. No sé cuándo tenga listo el último capítulo, pero realmente, realmente, me gustaría que sea este año. O sólo la Mamá de Bulma quedará viva para leerlo.

Así que ya saben: dejen un review aunque sea para decir hola :) O manden un MP, también me gustan y nunca van a encontrarme sin ganas de hablar sobre Dragon Ball.

¡Los quiero! Y me refiero a un amor del tipo que pelearía con el Dios de la Destrucción si llegara a cachetearlos. ¡Tengan un muy feliz 2016!

Mini final extendido:

- Muy bien, Vegeta: - el príncipe abrió los ojos para encontrar la cara de Bulma justo frente a él, mientras descansaba tumbado en el jardín, donde creyó que la mujer no lo encontraría. La chica puso dos tarjetas idénticas frente a él. - Una de estas es un pase para todo lo que puedas comer en un restaurante de lujo, y otra es una cita para una nueva entrevista de trabajo. ¿Cuál es la del restaurante?

- Es esta -señaló Vegeta con un dedo, sin pensarlo demasiado.

- ¡Vegeta! ¡No estás leyendo, sólo estás adivinando, verdad! -chilló la chica para no admitir que había escogido la correcta.

- Qué molesta eres…

- Vegeta, necesitas aprender a leer en nuestro idioma. ¿Qué harás cuando Trunks sea mayor y quiera que su padre le ayude con sus deberes de la escuela. ¿No le dará vergüenza admitir que su padre no sabe leer? ¿No te dará a tí?

- Eso no me interesa.

- ¿Qué vas a hacer si no puedes enseñarle a leer: enseñarle a atarse los zapatos?

- ¡Ayy! -chilló Vegeta, apretando puños y dientes por tamaña insolencia - ¡Lo que voy a enseñarle es a no dejar que su madre lo moleste!

- ¡Qué grosero! -respondió la chica, tomándolo del cuello de la camisa.

- Eh… umm… Hola… -interrumpió su gresca una visita, con mochila al hombro...