Disclaimer: Ninguno de los personajes usados aquí me pertenecen, son de SM, y parte de la trama de esta historia es de Joachim Massannek. Son usados sin ningún ánimo de lucro.

~Nueva historia XD Denle oportunidad, por favor, Se pondrá linda ^^. Todos son humanos y son niños, así que aquí no esperen cosas calientillas jajaja

Loveness

&

Capítulo 1: Preparedness

(Mudanza, ¿de nuevo?)

.

.

No es que estuviera muy sorprendida, era algo que… supe que pasaría desde el primer día en que llegué a Phoenix. Mudanza. Una palabra que odiaba pero que empezaba a formar parte de mi vocabulario cotidiano.

Odiaba mudarme. Odiaba ser la nueva. No me gustaba eso de tener que hacer nuevos "amigos". No me gustaba eso de tener que volver a adaptarme, no era mi estilo. A veces deseaba con todo mi ser que mi madre no se hubiera casado con Phil, pues así no nos mudaríamos todo el tiempo. Pero entonces de nuevo, mi madre tenía derecho a ser feliz. Pero por el otro lado no era justo que no pensara en mí a la hora de mudarnos.

Eso es demasiado egoísta, ¿no?

Pues eso mismo le había dicho, especialmente a mi loca madre… y al segundo terminé con una gran marca en la mejilla. Pero sabía que era cierto. Y también sabía que ella sabía que tenía la razón. Sólo que era muy testaruda, no querría admitirlo jamás.

Por supuesto que no odiaba a mi madre, ni tampoco a Phil. Es más, ni siquiera me molestaban las constantes mudanzas de Phil. Entendía perfectamente lo del beisbol, era como yo con el fútbol. Además mis problemas no eran los suyos. No debían importarle siquiera. Pero a Renée sí. Ella debería de entenderme. Pero cada vez que me quejaba atinaba a decir que todas estas estúpidas mudanzas me ayudarían a mejorar mis habilidades para socializar y adaptarme.

Lo dudaba.

Aquí estaba, empacando todas mis pertenencias para mudarnos de nuevo. Nos iríamos pasado mañana pero mi madre me había obligado a empacar desde hoy. Y eso era doloroso para mí porque me quedaría poco tiempo para despedirme de Phoenix. Despedirme de mi equipo de fútbol. Despedirme de las pocas amigas, pero geniales, que había hecho. Jugar el último partido.

Sí, me gustaba el fútbol, no más bien, idolatraba el fútbol. Fue, es y será lo mejor del mundo.

Aunque mi mamá lo detestara lo amaba. No podía existir otra cosa para mí, lo era todo para mí. En realidad lo único que importaba y que realmente valía la pena.

Y como dije antes, mi madre lo detestaba y le sacaba de quicio que anduviera siempre con un maldito balón y con mi ropa deportiva. Decía que no era una adolescente normal. Pero por los mocos del dragón, yo no era una adolescente, ¡era una niña! De doce años recién cumplidos. A Phil… ni siquiera le molestaba.

Pero en fin, ya hablaré de eso quizás más adelante.

El asunto es que esta vez nos íbamos a ir a vivir a Nueva York. Por lo que había leído por allí, en una de esas aburridas revistas de mi madre Renée, era un lugar muy lindo. ¿Por qué lindo? Ni yo misma lo sabía, no me interesaba en realidad. Pero era lindo y punto.

Pero a mí me importaba una caca de vaca si era lindo. Yo quería quedarme en Phoenix. No quería ir a Nueva York. No era de esas que se dejaban llevar por los nombres, pero no parecía ser un lugar muy divertido o interesante. Pero aun que fuera el lugar más interesante del mundo… me importaba una pizca, pues yo quería quedarme en este lugar, con mis amigas. Con mi equipo de fútbol.

¿Quién quita y allí no había nadie con quién jugar? ¿Qué sería de mi existencia? ¿qué sería de mi diversión? ¿de mis sueños?

Por supuesto que a mis padres no les importaba eso. Si no jugaba fútbol mejor para ellos. Contentos y felices mientras que yo… triste, amargada y aburrida. Oh, y furiosa, claro.

—¡Bella! —fui sacada de mis pensamientos por el grito de Renée. Suspiré.

—¿¡Qué!? —contesté de malas maneras. Seguía enfadada con ella.

—Vamos, es hora de cenar —dijo haciendo caso omiso a mis modos. Supongo que ya se había acostumbrado a mis… "Momentos" y optaba simplemente por ignorarme. Qué fácil era para ella, porque yo no podía ignorar esto.

Aventé a una de las cajas una de mis playeras y bajé por las escaleras hacia la cocina. Encontré a Renée sirviendo quién sabe qué cosa. Esta vez no me ofrecí a colocar las cosas de la mesa (aunque creo que ni las íbamos a utiizar), no lo había hecho desde el lunes. El día que me habían dicho que nos mudábamos.

Sólo fui a sentarme a la solitaria mesa, triste y simple. Renée ya había guardado todo. Ahora lo único que quedaba de la cocina era esa maldita mesa, dos sillas, las encimeras que venían incluidas en la casa, la lámpara obviamente y el lavavajillas. Todo lo demás se había ido.

Me fijé en lo que sirvió Renée. Sandiwches. Genial. Cómo ya no teníamos estufa…

Mi mamá me puso mi plato enfrente, comencé a comerlo sin decir nada. Ella se sentó en la silla que estaba frente a mí y comenzó a comerlo también. Estuvimos unos minutos sin decir nada, y es que yo no planeaba decir nada, pero finalmente Renée rompió el silencio.

—Ha llamado Charlie —comentó como si nada.

Charlie. Mi papá. Él vivía en Forks, Washington, lugar a donde solía vacacionar cuando tenía menos de nueve años. Ya ni siquiera recordaba ese lugar ni a ninguno de sus habitantes. Él y mi mamá se habían separado cuando tenía cinco años, obviamente yo no lo recordaba, pero Renée me lo había dicho.

Había dejado de ir a vacacionar allí desde que mi mamá se encontró con Phil. Y desde esa entonces nos hemos estado mudando constantemente. Hace mucho que no veo a Charlie a causa de eso, sólo hablábamos por teléfono de vez en cuando pero ya no lo veía.

Me encogí de hombros por su comentario.

—Hemos estado hablando sobre la mudanza.

—Bien —dije, aunque sonó más como una pregunta. Me encogí de hombros, sin tener idea de lo que tenía que decir o la razón por la que Renée hablaba de eso.

—Le comenté que nos mudaremos de nuevo —volvió a repetir — y también le dije que empiezas a hartarte de eso…

—No empiezo —interrumpí —. Estoy harta.

—¿Me dejas terminar? —me preguntó Renée. Resoplé y rodé los ojos. Mamá al ver que no decía nada más continuó: —Así que me propuso que te fueras a vivir con él.

Vale, eso me sorprendió mucho. ¿Vivir con mi papá? ¿En Forks? Sería completamente lo mismo que mudarme con mi mamá y Renée a Nueva York, ¿no? No le veía gran diferencia. Ni tampoco lograba comprender la razón por la que mi mamá lo mencionaba.

—Pero… ¿sería lo mismo, no?

—No. Te quedarías con él una buena temporada. Por lo menos hasta que Phil encuentre un lugar estable —dijo mamá—Además te haría muy bien estar con tu padre. Hace mucho que no lo ves.

-—Pero Forks no parece ser muy divertido… —protesté. Quería quedarme aquí, llevábamos mucho tiempo y ya me había acostumbrado a esta vida. ¿No podían simplemente dejarme aquí?

Bueno, eso era un poco estúpido si tomábamos en cuenta que sólo tenía los escasos doce años.

—Lo será, hay muchos chicos allí.

—¿En verano? ¿no salen de vacaciones? —pregunté curiosa, olvidando completamente el enojo y rabia que había sentido hace menos de dos minutos.

¿Quedarte en casa aburrido todas las vacaciones? Es decir, si fuera mi situación aprovecharía para jugar al fútbol todo el día, pero si fuera el caso de que no me gustara el fútbol… no me gustaría quedarme encerrada en casa aburriéndome. Preferiría salir de vacaciones.

—Sí, supongo que sí, pero dudo que todos —contestó mamá. Me encogí de hombros y seguí comiendo mi emparedado.—Así que, ¿qué dices?

No estaba segura. Por un lado me atraía demasiado eso de no mudarme por un buen rato, aunque no estaba segura de cuánto tiempo se refería mamá con eso, y también me agradaba la idea de ver a mi papá. Desde hace mucho que tenía ganas de verlo. Pero por el otro lado, ¿qué podría hacer allí? Sería algo así como una mudanza más y además… Forks no prometía gran cosa. Aunque si comparábamos Forks con Nueva York… no había mucha diferencia.

También me extrañaba que mi mamá quisiese dejarme con Charlie. No recordaba demasiado de mis tiempos con él, pero ella me había dicho que Charlie era un poco irresponsable. No es que fuese un mal padre, pero le gustaba eso de lidiar con "preadolescentes" como había dicho mi mamá.

—No lo sé… —repliqué.—Supongo que sí… tengo ganas de ver a C… papá —Corregí. Solía llamar a mis padres por sus nombres, pero a ellos no les gustaba y no entendía por qué. Es decir, ¿qué no debes de llamar a las personas siempre con su nombre? Pero en fin, así eran de raros los adultos. —¿Cuándo me iría?

—Mañana mismo, te iré a dejar y me regresaré para tomar el avión —contestó Renée.

—¿No puedo irme sola? —Mamá se rió y la miré desconcertada. ¿Qué tenía de gracioso? No me gustaba eso de que mi mamá me acompañase hasta Forks y luego se tomara la molestia de regresar

—No, claro que no. Eres muy pequeña, querida, todavía eres una niña —contestó riendo todavía. Me encogí de hombros. Pero entonces recordé algo.

—¡Hey, pero tu has dicho que soy una adolescente! —dije acusadoramente, haciendo comillas imaginarias con las manos. Ella no dijo nada al principio, sólo me le quedé mirando con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido, esperando por su respuesta.

—Sí, pero esto es diferente.

—Bah, sólo dices cuando te conviene —repliqué haciendo una mueca y rodando los ojos.

—Vamos, sigue comiendo —suspiró Renée.

Terminamos de cenar, ya no estaba tan enojada con mamá. Aunque no me entusiasmaba mucho eso de irme a Forks, quería ver a Charlie y además dejaría de mudarme, por un tiempo, claro.

Fui a dormirme entonces, la verdad es que estaba muy cansada a causa de estar empacando y escogiendo mis cosas. Además no había mucho que hacer ahora que tenía todo guardado. Mañana sería un día triste, pero genial.

A la mañana siguiente me desperté y me di cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, Phoenix estaba nublado. Vaya, vaya. Era como si se estuviera despidiendo de mí. Suspiré mientras me ponía mis pantalones, mi camiseta y mi chaqueta. Bajé a la cocina y agarré una manzana.

—¡Vuelvo en un rato!

No esperé respuesta, siempre solía decirle de esa manera cuando decidía salir. Me dirigí a nuestro espacio. El espacio en donde jugábamos fútbol. Sabía que ellas ya estaban allí.

—Bella —me saludó Kate con una sonrisa. Ella… podría decirse que era con la que mejor me llevaba de todas. Pude notar la tristeza en sus ojos.

Le devolví la sonrisa mientras entraba al terreno. Oh, el terreno. Cuánto le echaría de menos. Las demás chicas ya estaban all. Mary, Charlotte, Makenna, Zafrina, Gianna y Maggie. Todas las del equipo. Las extrañaría, las extrañaría tanto a pesar de tener poco tiempo aquí.

A pesar de no conocerlas muy bien. Eran unas de las pocas chicas con las que había logrado trabar amistad y además jugar fútbol. Casi a ninguna chica le gustaba el fútbol, me había sido difícil encontrar personas a las que le gustara el fútbol

Ahora mi futuro era tan incierto...

—Entonces, ¿sí…? —comenzó Kate pero no pudo terminar la frase. Asentí lentamente sin decir nada.—Vaya, es una lástima —añadió con un susurro. Sabiendo que palabras de "Todo estará bien" o "No te preocupes, nos seguiremos viendo" no me servirán ni una pizca. No quería palabras de consuelo, no quería suposiciones, no quería promesas, no quería lastima. Quería hechos concretos.

—Juguemos y aprovechemos mi último día, pues —sugerí después de unos minutos de un incómodo y triste silencio. Aunque no estaba muy animada ni feliz, puse mi mejor sonrisa y traté de mejorar mi humor. Debía aprovechar al máximo mi último partido con las chicas, quizás en último juego de mi vida.

Nos dividimos como siempre. Kate era la que daba mejor los chuts. Yo era delantera centro aunque a veces era muy egoísta y no pasaba la pelota. Esta vez puse todo en mi empeño para que todas participásemos. Comimos frituras y sodas frescas y frías que tanto disfrutábamos después de los juegos.

Llegó entonces uno de ¿los peores momentos de mi mísera y corta vida? Bah, quién sabe. Pero llegó el momento en el que tenía que despedirme de las únicas y agradables amigas que había hecho en mi corta estancia en este asqueroso lugar soleado.

No lo escribiré aquí. No quiero recordarlo. Me es demasiado doloroso y triste. ¿Para qué escribir cosas tristes? Sólo pondré que me desearon que me fuera bien, que hiciera buenas amigas y prometieron que nos volveríamos a ver. Yo también lo prometí.

Después de eso regresé a mi ex casa, ya era la anochecida y Renée me esperaba afuera del casa en un taxi que había pedido. Bah, ni siquiera tendría tiempo de despedirme como el dragón que escupe estrellas fugaces manda. Subí al auto, saludé a mamá y el conductor arrancó. No eché un último vistazo a la casa. No serviría de nada echarla de menos.

El taxista nos dejó en el aeropuerto, según mamá había comprado los boletos al poco rato que yo me había ido. Bajamos mi equipaje y nos encaminamos hacia dónde íbamos a tomar el avión. No faltaba mucho para el despegue, gracias a Merlín.

Y mientras despegábamos, pensaba en lo aburrida que estaría mi vida llegando a Forks.

N/T:

Hallo, Guten Morgen o Nacht!! Seh caray, aquí ando con una nueva historia ¿no es genial? Bueno, para mí sí lo es jajaj… Es que la verdad ando bastante entusiasmada con este nuevo proyecto. Es una pequeña combinación con la trama de mi fandom favorito: Die Wilden Kerle. Nada conocido en el mundo, excepto en mi linda Alemania. En donde todo mundo lo conocemos.

En fin, esta historia tiene OOC. No me gusta eso del OOC, pero esta vez tendré que hacer la exepción, lo único que me consuela es que no destruyo ni hago miserables a los pobres personajes.

Y sí, cambié de Nick de nuevo. Por décima vez en este mes. XD. Era, no soy, Leon Jact. Pero necesitaba un cambio urgente, vale? Pero aun así síganme llamado Leon, de favor.

Por cierto, les suplico que se pasen a mi profile para votar en una poll que estoy haciendo. Merci. Merci. Merci. Es sobre dos traducciones, sí ya sé que dirán: Carajo, ¿es que esta tipeja no puede dejar de meterse con más y más traducciones? Eso mismo pienso yo, pero debo de hacerlo, después de seis meses llenos de peticiones… es hora de cumplirlas, no?

Pero me apuraré, casi termino de traducir The Devil's Toy y A Vision Stained with Red… así que tengo oportunidad…

Los dejo, (Review!)

Leon.-