N/A: Tuve que volver a subirlo porque cambié algunas cosas. Para aquellos que quieran seguir leyendo la historia prometo que pronto la continuaré.

Disclaimer: Nada mío, sólo la mayor parte de la historia.

~Enormes gracias a: EdwardKaname, romii, littlevampire91, viszed, soles, Vampirita-Sexy-Cullen, eedwaardteeam(L), Ericastelo, alexa gonzalez, aniz, Alejandra de Cullen, Cherrie SA, libélula, M.L.F. Elektragedia, MagAlice, laura, 21withlove21, blaki.

La historia no podría ser sin ustedes, de verdad gracias.

Capítulo 8: Stupidness

(De Prácticas a Escondites ¿Secretos?)

.

.

—Vaya, juegas demasiado bien, no puedo creerlo —comentó Jasper frunciendo el ceño.

—¡Eh! Me estás ofendiendo —repliqué molesta dándole un golpe en el hombro.

—Vale, lo siento. Pero ya te lo dije… no es normal ver este tipo de cosas —se excusó él sobándose el hombro. A decir verdad le había pegado algo fuerte, es que simplemente no entendía qué tenía de impactante que jugara tan bien el fútbol. Sí, era tan modesta.

Era evidente que estaba con Jasper. Hacía tres días que nos conocíamos y ya nos llevábamos genialosamente bien, él me agradaba demasiado. Jamás me había llevado así de bien con un chico, la mayoría de ellos por lo general siempre se juntaban entre ellos y dejaban a las chicas de lado. Había unos cuantos que convivían con las chicas, pero nunca había puesto gran atención en ello por el simple hecho de que para mí sólo existía el fútbol y mis amigas.

Pero con él era diferente, pues a los dos nos interesaba y amábamos el fútbol. ¿Qué más se podía pedir?

Aunque aún no lograba comprender como alguien tan agradable y accesible como él podía juntarse con una panda de chicos tan inmaduros y burlones. No lograba entenderlo, pero era algo que prefería no estarle preguntando todo el tiempo porque temía que se fuese a molestar conmigo. Era la primera persona que me parecía interesante en este lugar (sin contar a Alice y Rose, ellas eran otro asunto) y no sería nada grato que me retirase la palabra o algo así. Porque estaba segura de que lo haría, si yo estuviese en su lugar y alguien empezara a hablar "mal" de ellos, por decirlo así, me molestaría algo. Pero yo no podía evitarlo… era algo sorprendente.

Charlie me había dado un ultimátum… si volvía a romper otra ventana me castigaría sin salir y sin el fútbol. Obviamente eso significaba perdición para mí. Así que cuando me dio ese aviso opté mejor por alejarme de allí y jugar en un lugar donde estuviese un poco solo. Curiosamente volví a encontrarme con Jasper mientras jugaba de nuevo y entonces… comenzamos a jugar.

O algo así. Supuse que él quería ver qué tan buena era y yo gustosa acepté pues también quería ver qué tan bueno era y desde luego probar lo buena que era también. Comenzamos a lanzarnos la pelota en plan salvaje, según él era el Entrenamiento de Portero, pero no entendía a qué iba el nombre ni tampoco es que le hubiera preguntado. El era demasiado rápido con la pelota, incluso más que yo y seguramente si no fuese tan buena seguramente se me iría la pelota todo el tiempo.

—Pues deberías de acostumbrarte ya —repliqué sonriente. —Va, que ya me he cansado…

—¡Bah, ¿y dices que eres la mejor? Qué poco aguante —se burló él y levanté una ceja. Ja, Ja. Pues resulta que no todos éramos así de rápidos y resistentes, qué más quisiera yo.

—¿Por qué le pones Entrenamiento de Portero? —pregunté repente con curiosidad. Se encogió de hombros mientras sacudía la cabeza.

—No sé. Edward le puso ese nombre —respondió finalmente. Edward. Bleh. Tan sólo pensar en él me daba escalofríos. Por cierto… hablando de Edward.

—¿No se supone que deberías de estar con tu gran amigo? —le dije y él me miró levantando las cejas.

—¿Eso quiere decir que me vaya?

—¡Eh, no! Sólo preguntaba, ya sabes, ¿siempre estás con él? —dije rápidamente entronando los ojos.

—Sí, pero… Hoy no tenía ganas de estar allí —replicó entonces y yo sonreí. Aunque estaba algo extraño, y me hacía pensar que quizá habrían discutido.

—¿No será porque te peleaste con él? —repliqué burlona intentando hacerle al gracioso.—Vamos, se nota al instante.

—Bien.

—¿Y por qué…? —comencé a decir, pero entonces él me lanzó una mirada que interprete inmediatamente.—Bueno, creo que no vale la pena ni tampoco es para exagerar tanto.

—Ya lo sabes, Edward odia a las chicas —dijo mientras se sentaba en el césped. Rodé los ojos y me senté junto a él.

—Creo que nunca te he preguntado la razón —comenté.-—¿Acaso Edward intentó armar con una y lo rechazó? —bromeé imaginándome lo bueno que pudo haber sido verlo. Él rodó los ojos y suspiró.

—No, él jamás ha pensado en esas cosas. Supongo que ha sido Emmett —replicó Jasper.—Él alguna vez tuvo cosas con un par de chicas, pero se hartó de sus actitudes y asustó a Edward con las cosas que él odiaba de ellas. No es que hubiera estado alguna vez interesado en eso, pero sólo lo terminó de convencer de que las chicas no tenían nada de bueno.

—Eso es estúpido —fue lo único que pude decir y él sólo atinó a encogerse de hombros. ¿Qué clase de sentido tenía eso? O al menos yo no se lo encontraba por ningún lado. Ahora más que nunca Edward me parecía más estúpido.

—Además, como ya presenciaste, a Edward no le gustan las chicas jugando fútbol, le desagrada completamente la idea –dijo Jasper y volví a rodar los ojos por enésima vez.

—Vaya, es una lástima —comenté suspirando.-—¿Pues entonces aquí seré la única chica que juega al fútbol? —añadí de repente pensando en ello.-—¿Es que no hay ni una sola?

—No, ya lo sabes, es… demasiado raro que a una chica le guste el fútbol.

—Pues yo tenía mi propio equipo en Arizona —dije orgullosa. —Amábamos el fútbol igual que ustedes y nos la pasábamos jugando y en entrenos. Éramos grandiosas.

—¿Por qué te gusta tanto el fútbol?

—No lo sé. Sólo sé que lo amo —chillé, quizá con exageración.—¡No hay nada para mí más que el fútbol! Y sabes, me gustaría ser la primera mujer en la selección!

Ser la primera mujer en la selección… ese era mi mayor sueño. Y el de mi mejor amiga también. ¿Qué otra cosa podía ser mejor que eso?

—Vaya… eso… sería genial —sonrió él.

—Es también el sueño de mi mejor amiga, supongo que haremos todo lo posible por cumplirlo —dije suspirando pesadamente.-—¿En donde están tus amigos ahora? —pregunté repentinamente, cambiando de tema.

—Supongo que han de estar en el campo.

—¿Y todo el tiempo están en el campo? —pregunté con curiosidad, repentinamente pensando en eso. No sabía por qué me interesaba saber tantas cosas acerca de este grupo de chicos. Quizá era porque se me hacían de lo más interesantes y además porque quería ser una de ellos. Me interesaba saber cualquier cosa acerca de ellos y lamentablemente hasta ahora no sabía demasiadas, pero tampoco sería como para estarle preguntando al chico.

—No. Tenemos un… escondite.

—¿Escondite? —pregunté con emoción y sorpresa. La verdad es que sonaba interesante… —Enséñamelo.

—Bella, por algo se llama escondite —dijo Jasper rodando los ojos y negando con la cabeza. Yo también hice lo mismo.

—¡Sí, ya lo sé! ¡Pero, vamos, suena interesante! —traté de convencerle, mostrando mi inocente curiosidad y emoción.

—No. Los chicos me matarán si se enteran que una chica ha entrado —exclamó. La verdad es que su comentario me ofendió un poco, por lo que no pude evitar cruzarme de brazos y fruncir el ceño.—Vamos, lo siento, pero Edward me matará. Se supone que nadie que no sea del equipo no debe de entrar y mucho menos chicas, no se permite.

—Hey, no creo que se enteren, están jugando —no pude evitar exclamar, olvidando por completo que según me había ofendido.—Y dudo que les vayas a decir, ¿verdad? —añadí sarcásticamente.

—No creo que sea buena idea. Además no hay casi nada interesante —negó él y por un instante pensé que no podría convencerlo. Pero yo jamás me rendía, quería ver ese tal escondite, a ver si era tan interesante como el nombre lo prometía. Todo era por ese idiota de Edward.

—¿Por favor? ¿sólo unos momentos? —supliqué.—No tengo nada mejor que hacer, sólo quiero distraerme por un rato.

Diez minutos más tarde, estábamos frente a lo que suponía que era su escondite. Estaba más o menos cerca de la casa de Edward y del campo en donde jugaban. ¿Qué podría decir de él? Simplemente que era maravilloso, como su campo. Se trataba de una gran casa de árbol en medio del bosque algo deforme, que parecía haber sido construida… ¿por ellos? Sería demasiado.

—Joder… ¿éste es su escondite?

—Hum…creo que sí —replicó Jasper rascándose la nuca y mirándome de reojo. Quizá estaba pensando que el escondite me parecía horrible, pero obviamente no era así. Era genialoso.

—Creo que es… fantabuloso. ¿Es en serio? ¿cómo llegaron a hacer algo así?

—Oh, sí. Pero no fuimos muy capaces y no quedó muy bien —respondió Jasper mientras nos acercábamos más.—Casi se está derrumbando, ¿ves? Mejor nos ayudaron…

Bueno… en parte tenía razón. ¿Cómo podrían hacer todo esto tan solo unos niños de doce u once años? Podrían ser capaces, pero desde luego que no sería un trabajo muy perfecto. Supuse que ¿sus padres les habían ayudado?

—No podemos subirnos bastante, ¿te imaginas si esos gigantes de Port Angeles se suben aquí? —se echó a reír mientras observaba el extraño refugio. Pero cuando mencionó a los "gigantes de Port Angeles" dejé de observar la chueca y desastrosa casa de árbol para mirar a Jasper, quien seguía riéndose.

—¿Quiénes son ellos?

—Oh, son los tipos más malos que puedas encontrarte —contestó seriamente esta vez.—Son demasiados crueles… y son enormes, por eso se aprovechan de eso. ¡Parecen tipo de treinta años!

—Oh, Dios, no exageres —negué casi riéndome.—No creo que pueda haber chicos así… ¿Cuántos años tienen, pues?

—Bueno, quizá exagere, pero son enormes —admitió él encogiéndose de hombros.—Edward dice que tal vez tienen como veinte años, ¿qué importa? Son unos idiotas de todas maneras, pero a pesar de su idiotez son demasiado peligrosos.

—A ver, creo que me estás exagerando un poco —repliqué y él comenzó a andar hacia la casa.

—Cree lo que quieras. Han contado muchas historias sobre ellos, entre ellas una sobre su líder, un tal James —explicó Jasper con un tono repulsivo.—Él es un tío maldito. Escuché que una vez le arrancó las orejas a un perro que le estaba molestando y desde entonces las tiene pegadas a una chaqueta que siempre lleva… ¡eso es de miedo!

—Oh, Dios mío —repliqué pegándome en la frente.-—¿Crees que me voy a creer esas tonterías¡ Vamos, muéstrame tu… casa —añadí para cambiar de ese tonto tema. Jasper se encogió de hombros y rodó los ojos, mientras subíamos las viejas escaleras. En cuanto pisé el suelo de lo que parecía ser un balcón o algo así, inmediatamente rechinó terriblemente y sentí como si se fuera a caer. Podía ver desde aquí todo el bosque, estábamos a una altura considerable. Ah y en la puerta estaba un hermoso letrero que tachaba a una niña palo, o sea que no se permitían niñas, qué lindo.

Sacudí la cabeza mientras entrábamos y no pude evitar sorprenderme por lo grandiosa y amplia que era por dentro. Decorada al estilo de un chico, con cosas futboleras y autos y ese tipo de cosas que les encanta a los chicos, simplemente genialosa. Lo malo es que podía sentir como el suelo desgastado de madera crujía siniestramente bajo mis pies, ¿y si nos caíamos con todo y árbol? Sandeces.

Estaba segura de que esos chicos se la pasaban metidos aquí por bastante tiempo, a decir por todas las cosas que había en este lugar.

—Es buena —fue lo único que pude decir. Mis amigas y yo nunca habíamos tenido una casa o escondite, principalmente porque todo el tiempo estábamos en el campo y no tenía caso tenerla de adorno o algo así. Además de que de por si nuestros padres no estaban muy de acuerdo con esa terrible obsesión causante de dolores de cabeza y vidrios rotos, llamada fútbol, y mucho menos estarían de acuerdo en construir un "escondite" (sin el gran sentido de la palabra) para que así termináramos por ser vagamundas y nunca estar en casa como la santa madre de los macarrones mandaba.

—Claro que lo es —se echó a reír.—Lástima que no vaya a durar tanto.

Sí, es una pena.

—¿Por qué no se construyen otra? Creo que sería lo más lógico, ¿no? —dije entornando los ojos.

—No lo sé —dijo él.—No lo hemos pensado.

—¿No se supone que deberías de amar tu escondite o algo así?

—Tengo uno mucho mejor, ¿sabes?

Me giré para mirarlo sin entender. ¿Otro escondite? ¿mucho mejor? ¿a qué se refería?

—Pero… ese es un secreto entre Edward y yo —dijo, rápidamente dándose cuenta de que había hablado de más.—Es secreto.

—Pues ahora no lo es tanto —me mofé.—Entonces, ¿no me lo mostrarás?

—Ya te enseñado este, pero aun así… olvida lo que te dije —replicó mirando a su alrededor.—Me matará si se entera que lo mencioné.

Estuve un rato más observando lo que había, cosas bastante interesantes. A mí me parecía un escondite muy bueno, aunque no fuera un escondite en realidad, la mejor casa de árbol en la que había estado. Y lo era porque era la primera vez que estaba en una. Ja.

Creo que ya has visto suficiente —dijo Jasper de repente. Pero justo en ese momento me había encontrado un glorioso balón de fútbol encima de un estante. Era tan… grandioso. Era enorme, brillante y de un negro intenso. No era como cualquier otro balón y sabía que ese balón era especial. Debía de ser especial.

—Caca de hipopótamo… ¿de quién esa pelota?

—Oh, no. No la vayas a tocar —dijo Jasper con aprensión, acercándose rápidamente.—Es sagrada para el equipo, especialmente para Edward. No me gustaría ver que él…

—¿Pero qué coño? —exclamó una irritada voz de repente. La reconocí de repente y me horroricé. Bueno, en realidad no tanto, pero sí me asusté por Jasper. No le había hecho gran caso y ahora tenía el glorioso balón en mis manos, era increíble, pero no sentía como el resto de los balones. Jasper y yo miramos a un Edward furioso parado en la entrada de la puerta, literalmente sacando chispas.

—¡No puedo creerlo! ¿Cómo has podido meterla aquí? —gruñó a Jasper en cuanto llegó a nosotros. Tuve el impulso de rodar los ojos mientras el casi me mataba con la mirada. Demonios, qué mala suerte teníamos. La verdad no esperaba que este tío se llegara a pasar por aquí mientras estuviésemos aquí mirando, pero para nuestra mala suerte sí. Me preguntaba por qué habría decidido venir aquí y dejar su adorado fútbol de lado.

—Yo… Ehm… —tartamudeaba Jasper mientras nos miraba a Edward y a mí aprensivamente. Sus mejillas estaban enrojecidas y tragaba audiblemente. Era más que obvio que estaba aterrorizado de que Edward nos hubiese encontrado aquí, como temió y me advirtió desde un principio. Un temor que no lograba comprender del todo.

—Yo le dije que me trajera, ¿vale? —tercié mirándole con desafío.-—¿Qué tiene de malo?

—Joder, ya te lo he dicho… ¡eres una niña! —ladró Edward como si fuera lo más obvio y simple del mundo, casi queriendo poner los ojos en blanco—¡Sabes que aquí no pueden entrar niñas, Jasper! Lo has jodido todo.

—¡Por la santa madre de macarrones! ¿te oyes? Estás actuando como… un completo imbécil —no pude evitar gritar y ellos dos me miraron sorprendidos.—No… ¡no quemaré tu estúpida casa de árbol! Sólo estaba mirando y tú… te comportas como una niña chillona —gruñí furiosa ante su escándalo. Aunque ciertamente estaba complacida de que se molestara tanto por mi presencia aquí.

Él me miró con los ojos chispeantes y la boca semiabierta antes de ponerse rojo de la furia.

—¡No puedes estar aquí! Cáptalo y esfúmate de una vez —dijo, esta vez más calmado que antes. Bueno al menos ya no se comportaba como una niña chillona ni se me había puesto a gritar como loco.

—¿Ah, no? ¿y por qué no? —cuestioné cruzándome de brazos. Sabía que me iba a decir lo de siempre… blablablabla, eres una niña. Pero jamás aceptaría eso, aunque él se empecinara en hacérmelo saber todo el tiempo.

—¡Chica! No permitimos chicas aquí, ¿es muy difícil de entender? —replicó, cruzándose también de brazos y mirándome todavía enfadado. Resoplé ante sus tonterías que jamás terminaría de comprender, mientras a la vez me preguntaba si de verdad quería estar en el mismo equipo que este maleducado.

—¡Eso es de bárbaros! —exclamé irritada mientras Edward señalaba hacia la deforme puerta de la casa de árbol. ¡Bah, no es que su casa fuera muy entretenida! Bueno, tal vez lo era un poco. Pero no tenía ganas de discutir ni meter en más problemas al pobre tío de Jasper, quien ya parecía estar contándolas.

—¡Bien, bien! —refunfuñé alzando los brazos dramáticamente, casi queriendo reírme por el drama de este tipo. No tenía caso seguir discutiendo y peleando como niñas chillonas con Edward, pero, por los mocos del dragón, no es que le fuera a destruir su casita de árbol con tan sólo estar aquí, ¿verdad?

Miré a Jasper, quien seguía congelado en su sitio. Sentí pena por ese tío, que por cierto, sabía defender muy bien (sarcasmo), seguramente se le iba a armar buena con su mejor amigo. Aunque si fuera mi caso, yo mandaría muy lejos al supuesto mejor amigo, nadie podría decirme qué hacer y qué no hacer.

—Dámelo, ¿qué demonios querías hacer con él? —dijo Edward quitándome la pelota de los brazos y mirándome todavía más furioso. Casi me venció el impulso de quitársela y patearla para mandarla muy lejos, pero no me pareció, principalmente porque la pelota era muy grandiosa como para perderla así. O quizá podría encontrarla después…

—Ehm… ¿jugar? —me eché a reír al ver le expresión de desagrado de Edward.—Cómo sea —añadí encogiéndome de hombros y echándole una última mirada a Jasper, antes de salir de la ruidosa casita y bajarme de nuevo al bosque. Eché una última mirada hacia la casa, Edward estaba afuera mirándome desde allí arriba, con algo de rabia.

—¡No vuelvas a más aquí! —me gritó Edward desde arriba, pero no me volví ni le contesté nada. No estaba segura si cumpliría esa promesa… no lo creía, pues me caracterizaba por muy curiosa y obstinada. Volvería.

N/A:

Óla! Pues… primeramente lamento haberme tardado tanto tiempo en actualizar, ya saben, me tomo mi tiempo para escribir y además todo el tiempo me salen historias que no puedo evitar comenzar a desarrollar. En fin, quizá el capítulo estuvo un poco flojo o algo así… la verdad es que no me convenció, pero espero que me puedan decir que les pareció, ¿vale?

Leon.