Todos los personajes son de Stephenie Meyer

Regalito para: Ana Cullen Pattinson, una niña súper cute y que es amor 3

Feliz Navidad, linda. Espero te guste tu regalo.


Tentación

Sabes que no puedes. No debes acercarte a ella. No de esa forma. Pero no puedes evitarlo. Hay algo en ella que te atrae de una manera que no es correcta; que es prohibida. Pero vas a ella como las moscas van a la miel.

Edward te mira de una forma molesta. Lo entiendes, pues sabes que ella es suya. Si estuvieras en su lugar, hubieras reaccionado de la misma manera (tal vez, hasta peor). Te avergüenzas al pensarlo (¡es la prometida de tu hermano, por Dios!).

Pero su calidez… te envuelve por completo. Un solo roce de su cuerpo, logra calentarte en muchas maneras. No desaprovechas la mínima oportunidad para estar cerca de ella.

Te sientes agradecido por no haber cometido una estupidez cuando cumplió 18 años (ahora ya no estarías con ella). Agradeces también que Edward por fin haya accedido a convertirla en una de los tuyos (aunque, por otra parte, te entristece un poco); no más calor, no más olor a sangre. No más tentación. Esperas fervientemente que, con esto, tu deseo hacia ella desaparezca. Aunque, honestamente, dudas que eso pase.

Entonces, escuchas el estruendoso sonido de su monstruosa camioneta. Sabes que está cerca y el pánico te invade. ¿Qué debes hacer? ¿Quedarte y soportar este deseo, o huir y mostrarte nuevamente como el más vulnerable?

Pero, en ese momento, sientes un par de delgados, tibios y delicados brazos rodearte con todo el afecto posible. Su calor la delata y sabes que es ella. No haces nada por apartarte de su lado. Sabes que es inevitable.

–¡Oh, Jazz! No tienes idea de lo bien que me hace tenerte a mi lado –murmura en tu oído– ¡Los nervios me están matando!

Y lo sientes; todas y cada una de sus preocupaciones emanan por cada poro de su delicado cuerpo. Entiendes la razón de que se sienta así: la boda será la próxima semana.

–Ya sabes… cuando lo necesites, aquí estaré.

Escuchas a Edward gruñir con fuerza, desde el piso de arriba. Ha leído tus intenciones hacia su prometida (nada decorosas, por cierto) y te sientes mal por ello.

Pero, no puedes evitarlo, ella es tu tentación andante…


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