Disclaimer: Crepúsculo es de Stephenie Meyer. Sólo esto es nuestro, y si lo tocas, alguien sufrirá. Pronto.

Summary: Y la besa, despacito, con cuidado; sosteniendo su nuca con su gran mano, dejando que ella recorra su cuerpo, dibujando y desdibujando sus cicatrices con sus pequeñas manos. –Viñeta, Alice/Jasper. Para .

AnaAnna say: Regalo navideño para Elianna, ¡te queremos mucho, Eli!


Someone Special

«And she's here to write her name
on my skin with kisses in the rain.
Hold my head and ease my pain.»

La primera vez que Alice se percató de todas las cicatrices que Jasper tenía en su cuerpo fue después de abandonar Philadelphia, cuando la luz de un establecimiento chocó con su piel de granito y se vieron relucientes y nítidas.

– ¿Qué son, Jaz? –preguntó; inocente, ansiosa por saberlo.

Quiso mentirle y decir 'nada', pero no pudo. ¿Cómo le mentiría a ella? ¿A Alice? Simplemente pensarlo le producía un desagradable asco. Por eso le habló con la verdad.

-Son mordedoras de vampiros. Las obtuve en diferentes peleas con neófitos.

Alice paró en seco y Jasper sintió miedo. Cerró los ojos, creyendo que la perdería.

No sabía que esperar, la verdad. Le estaba confesando la cruda a verdad a la pequeña con aspecto de bailarina, que parecía tan inocente.

¿Quién querría estar con un vampiro que tenía un historial tan sangriento y aterrador? Nadie. Y ella no merecía eso. Pero a la vez, el simple hecho de pensar en no volver a verla, le produjo un vértigo espantoso.

De pronto sintió unos pequeños brazos a su alrededor, cálidos, y la desagradable sensación desapareció.

-Te juro que jamás volverás a pasar por eso, Jasper. Nunca.

Lo dijo de tal manera que Jasper lo creyó sin cuestionamientos. Su mano sujetó la de su pequeña compañera y sonrió.

–Lo sé –dijo quedito–, lo sé.

Era tan sencillo, tan fácil. La confianza era algo que ya estaba entre ellos desde antes de conocerse. Por eso paseaban juntos, de la mano, después de haberse visto por primera vez en aquella cafetería deprimente.

El tiempo solo sirvió para conocer esos detalles pequeños (pero tan importantes) que los hacían hablar toda la noche, y reír todo el día.

Porque si a Alice alguien le hubiera dicho que alguien como Jasper (con todas las cosas que ha vivido y ese turbulento pasado que trata de ocultar) amaba quedarse simplemente viendo fijamente a las estrellas cuando la noche era despejada, bueno, ella probablemente se hubiera reído.

Pero no lo hace. Simplemente sonríe, llena de ese no-se-que, que solo él le produce, parecido a un hormigueo por todo su vientre y estómago. Y besa a Jasper, lentamente, suavemente, deleitándose de ese momento tan especial, tan único.

No se conocen desde hace mucho tiempo, eso lo saben, pero hay algo en ese beso que dice lo contrario. Sus labios acarician con suavidad los del otro y sus lenguas se rozan casi tímidamente.

Se separan y sonríen. La felicidad que sienten parece escaparse por cada poro de su piel de alabastro; sus ojos brillan intensamente y quien los observa podría jurar que su hermosura es sólo producto de su imaginación.

Ella es tan pequeña, diminuta, delicada, casi infantil. Y él tan grande, fuerte, casi peligroso. Nadie pensaría que fueron hechos el uno para el otro.

Por eso, Jasper es tan cuidadoso. Se detiene, lentamente, cuando esta cerca de ella, y calcula cada uno de sus movimientos, para que no sean rudos, para que sean tiernos. A veces ella se desespera, porque no se va a romper, es de piedra; le recuerda. Otras le sonríe, y juega a que ella es una princesita, y él su caballero.

Porque de cierta manera, lo son.

Y la besa, despacito, con cuidado; sosteniendo su nuca con su gran mano, dejando que ella recorra su cuerpo, dibujando y desdibujando sus cicatrices con sus pequeñas manos.