Crees en las casualidades?

Disclaimer: Los personajes no son mios son de S. Meyer.

Es mi primer fic, espero lo disfruten.

Capítulo I

Yo y mi bocota!

Claro! Era de esperarse, cuando alguien trata de ser amable los demás se aprovechan; y eso fue lo que me pasó justo ese día. Debí decírmelo a mi misma únicamente cuando decidí que debía hacer una visita rápida al banco. Pero claro, tenia que pronunciar las palabras en voz alta:

-Necesitas algo? Voy al banco."

Inmediatamente y como por arte de magia, 4 o 5 manos se extendieron hacia mi con una variedad inimaginable de papeles y libretas bancarias y un sin número de peticiones, retiros, transferencias, pagos, todas pronunciadas casi al mismo tiempo. Fue muy tarde para retractarme, ahora debía perder el triple de tiempo con estas transacciones ajenas. Bueno, el cielo me recompensará algún día por esta buena acción, ja!

Y en eso estaba, repasando mentalmente cada uno de los movimientos que debería realizar en la ventanilla mientras caminaba por la acera a toda velocidad, intentando no caer por culpa de mis tacones. De haber sospechado que me tocaría hacer esta diligencia, hubiera salido de casa vistiendo mis zapatillas favoritas, cómodas aunque no muy elegantes.

Un poco mas y estaré en la agencia, que alivio. No me simpatizaba la idea de tomar mas tiempo en esto teniendo tanto que hacer en la oficina.

Apreté mi bolso un poco más bajo mi brazo mientras daba la ultima corrida entusiasmada por la cercanía a mi destino. Casi quedé petrificada cuando me percaté de la enorme cola que estaba formada dentro. Dios! Esto me tomará toda la tarde.

Resignada me coloqué al final de la cola. Estaba ansiosa, no dejaba de puntear con mi zapato. Sentía un poco de calor, después de todo, mi oficina no estaba tan cerca y la prisa por acabar con esto me había hecho andar un poco mas aprisa de lo normal; quise quitarme la chaqueta un momento pero desistí de mi idea, luego seria mas complicado tener mi brazo ocupado mientras intentaba entregar todos los documentos al cajero. Bien.

La cola avanzaba lentamente. El silencio dentro se interrumpía solo por el tic-tac del enorme reloj metálico que colgaba de la pared. No podía mantener mi vista fija en nada, mientras los minutos corrían y la cola parecía eterna.

No me había percatado que detrás de mí, habían ahora mas personas, pude observar al último con una mirada rápida, un chico delgado que recién había entrado. Volví mi vista al frente esperando que hubiera una persona menos.

Por fin, ya iba a tocar mi turno, faltaban 3 personas mas y saldría de este suplicio. Momento indicado para preparar los documentos, pensé. Deslicé el asa de mi bolso para extraer todo lo que iba a necesitar, pero claro, junto con todos los papeles salieron directamente hacia el piso, parte del desorden que siempre mantenía dentro; facturas, recibos de pago, notas... no ayudaba tampoco el hecho de que justo ese día (si, vaya casualidad!) me hubieran entregado mis nuevas tarjetas de presentación y, como no, hubiera optado por guardarlas en mi bolso en lugar de dejarlas sobre mi escritorio; a veces me preguntaba si me iría mejor si hiciera todo lo contrario a lo que pensaba, tal vez así la mala suerte no me acosara tan implacablemente. En fin, todas estas cosas cayeron desparramadas a mis pies. Di un suspiro de frustración.

Torpe! Torpe! Torpe!

Era demasiado pedir, moverme sin crear un caos.

Me dispuse a recoger el desastre que tenia en el piso cuando una mano masculina y pálida bajó al mismo tiempo que la mía para coger algunas de las cosas. Alcé la vista y me encontré con la imagen mas maravillosa que pudiera siquiera imaginar.

Sus ojos dorados me atraparon, puedo jurar que me quedé con la boca abierta, incapaz de reaccionar. Cuando por fin me di cuenta que el sujeto en cuestión podría pensar que estaba enfrente de una loca, reaccioné parpadeando un par de veces. Me pasé la mano por la frente, estaba comenzando a sudar. No puedo creer que a estas alturas, me ponga nerviosa como una colegiala al ver a un hombre atractivo.

Bueno, la verdad decir atractivo es quedarse corta, muy corta. Este hombre era un sueño... que digo un sueño, una fantasía! Se podia decir que era una deidad. La suerte debía estar jugandome una broma, como puede existir semejante belleza y estar justo frente a mi? justo en el momento en que, como era mi costumbre, estaba siendo víctima de mis torpezas.

El sonrío tímidamente y comenzó a recoger los papeles del piso. Mientras yo me le quedaba viendo como una boba.

Suficiente, Bella!

Reacciona!

Cuando al fin me di cuenta de la situación, bajé la vista para observar mis pertenencias en el suelo, y sentí inmediatamente como mis mejillas comenzaban a acalorarse, solo rogaba que por esta vez, solo por esta vez! Mi cara no estuviera roja por la vergüenza.

El volvió a darme una mirada rápida, sonrió levemente y me extendió lo que había recogido. Esas manos masculinas eran increíbles. Después de eso me atreví a ver un poco mas allá, pese a que llevaba un abrigo, se notaba que este hombre tenia un cuerpo de los dioses, y como no, si seguramente era producto de mi imaginación, y mi imaginación podría llegar muy lejos, no por nada, trabajaba yo en una agencia de publicidad, en la cual tenia mucho éxito.

Atiné a tomar las cosas que el me ofrecía y exclamé un tímido "gracias" al tiempo en que ambos nos incorporábamos.

-"No hay de qué".

Bendito! Si hasta su voz era imposiblemente seductora!

Estimé poco conveniente voltear a verle después del incidente, me sentía tan cohibida. Nerviosamente miraba a un lado y a otro, nunca hacia atrás, pero podía sentir se presencia. Inconscientemente… bueno, no tan inconsciente en realidad, comencé a jugar con mi cabello, al menos esa era una forma válida de coqueteo, además, siempre consideré mi cabello como la mejor de mis pocas cualidades físicas.

Me di cuenta que yo no era la única que había reparado en ese extraño, hasta podría apostar que las chicas que estaban atendiendo en las cajas estaban rogando al cielo por que fueran ellas las afortunadas que tuvieran que atender a este cliente.

Mi turno llegó por fin. Avancé hasta el cajero y entregué todo lo necesario, indicándole que debía hacer con cada uno de los documentos.

Como quien no quiere la cosa, me volteé disimuladamente para saber si mi extraño seguía en la cola; no, el ahora avanzaba hacia la chica que estaba libre; la vi ponerse nerviosa y sonreírle descaradamente. El le devolvió la sonrisa amablemente.

Esta tipa es una coqueta!!! Como se atreve?

Alto allí! Si yo fuera ella también haría lo mismo, aprovecharía la oportunidad, no todos los días se tiene enfrente a un hombre de esta naturaleza.

El chico frente a mi seguía tecleando y escribiendo; no estaba poniéndole atención en absoluto, estaba mas pendiente de lo que mi ángel estaba haciendo. Volteé a verlo para darme cuenta que justamente el miraba en mi dirección, pero la chica le ofrecía en ese momento una hoja que requería su firma. Me estaba viendo a MI? Y ahora como podría saberlo? Que chica mas inoportuna!!

De pronto me asaltó un pensamiento revelador, y era el hecho de que una vez que concluyera su transacción no volvería a verlo. Increíblemente esa verdad me dolió; pero y qué? Aun si fuera uno de mis clientes, seguramente, el tendría a un millón de mujeres a sus pies, o quizás el era un hombre felizmente casado o comprometido, quien sabe. Así que me conformé con admirarlo ahora mientras podía.

Vi como la chica le entregaba sus documentos y le volvía a ofrecer una sonrisa. El le sonrío y volvió a verme antes de retirarse de la caja, no sin antes inclinar su cabeza como deferencia hacia mi. Wow! Eso era mas de lo que yo podía esperar! Mi corazón palpitó a mil. Que hice yo? Nada!! Patético! Su gesto me tomó tan desprevenida que no atiné ni siquiera a sonreírle.

Soy una tonta!

Me consoló el hecho de pensar que seguramente el estaba mas que acostumbrado a que todas las feminas reaccionaran de esa manera ante el. Digo, el tiene que ser completamente consciente de su físico, de su actitud, de todo él, de que estaba mas cerca de ser un dios griego que un ser humano.

Volteé para verlo por última vez, el salía del banco y comenzaba a caminar hacia la derecha. Una vez que se perdió de vista pude darme cuenta que otras mujeres dentro estaban en la misma tarea que yo, incluso unas chicas se quedaron cuchicheando y riendo tontamente. Este hombre es un peligro, pensé.

Terminé la diligencia por fin y me dirigí a mi oficina, ya había perdido demasiado tiempo con esto, así que me dispuse a seguir con mi trabajo, luego de repartir a cada quien los papeles que me habían entregado.

No era consciente de que tenia dibujada una sonrisa boba, hasta que Ángela me hizo darme cuenta de ello.

-Y tu porque andas tan sonriente?- me preguntó entrando a mi oficina.

-No se a que te refieres.- le dije tratando de sonar indiferente.

Ella me miró con esa mirada suspicaz.

-A mi no me engañas, Bella. Se te olvida que te conozco mejor que tu misma.- y tenía razón.

-Y que hay de malo con que sonría? Ando de buen humor.- no quería admitir que en mi aburrida vida un encuentro fugaz con el hombre mas hermoso del mundo alegrara mi día de esa manera.

-Si claro. Parece que te hubieras encontrado el billete premiado de la lotería.

-Ay! Mejor que eso!- exclamé sin pensar. Inmediatamente me arrepentí.

Sus ojos brillaron de la curiosidad.

-En serio? Que encontraste?

-Bue… ehh.. na..da en rea… li… dad.. es un decir…

Bella, deja de tartamudear, ella va a descubrirte!

Se acercó a mi, apoyándose sobre mi escritorio y cambiando su expresión por una menos amable.

-Tu te crees que soy tonta? Me vas a contar que te pasó a las buenas o voy a tener que obligarte! Así que habla de una vez!

A veces era un fastidio trabajar en la misma empresa con tu mejor amiga, a quien era literalmente imposible ocultarle algo.

Me rendí inmediatamente.

-Es que… bueno… no es nada en realidad… solo que vi al hombre mas guapo… que digo guapo, mas hermoso que te puedas imaginar.

-Y? le diste tu número? Te dio él su número?

-No! Bueno, no es lo que crees…

-Y entonces? Bella, me lo vas a contar todo o tendré que torturarte para sacarte palabra por palabra?- Ella estaba mas que ansiosa.

-No hay nada que contar. Simplemente me lo he encontrado en el banco, eso es todo.

-Y por eso andas así de sonriente?- me preguntó incrédula.

-Ves? Por eso no quería contar nada, es ridículo, ni siquiera cruzamos palabra, no se hubiera fijado en mi si yo no hubiera tirado todos los papeles al piso.

-Y no hiciste nada? No le hablaste?

-No…

-Ay, Bella, hubieras…

Alguien interrumpió nuestra plática tocando a la puerta. Agradecí eso. No quería escuchar a Ángela reprocharme no haber hecho nada para acercarme a el; pero que podría haber hecho? "Hola, me llamo Bella Swan, creo que eres el hombre mas guapo que he visto en toda mi vida, claro que eso ya has de saberlo, ten, este es mi número, llámame para salir uno de estos días?" De ninguna manera.

***

Que les parece?

Criticas buenas y malas son bien recibidas.