Disclaimer: Los personajes no son míos, son de S. Meyer.

Gracias de nuevo por seguir la historia.

Epílogo

-Ya ves? Las historias de amor no tienen porque ser tormentosas o llenas de aventuras. A veces las cosas pasan con la tranquilidad que te permite asimilar todo lo maravilloso que ha sucedido y que va a pasar en tu vida. – mi voz se quedaba suspendida en el aire rodeada de la soledad.

Escuché la puerta de la entrada abrirse, el chin chin de unas llaves y seguidamente la puerta cerrándose.

-Amor?

Sonreí. Mi corazón palpitaba enérgicamente de alegría solo al escuchar su voz.

Lo sentí acercarse hasta donde yo estaba.

Agachó su cabeza por detrás del respaldo de mi asiento y me besó tiernamente en la frente.

-Que haces aquí afuera?

-Estaba descansando, pero no me di cuenta de lo tarde que era.

El deslizó sus manos por mi cintura y las dejó reposar encima de mi vientre abultado.

-Y como les ha ido el día de hoy?

-Muy bien. Le estaba contando a tu hija como nos conocimos. Le conté como me acosaste desde el primer día.- le sonreí pícaramente.

El rodeó la silla y se arrodilló frente a mi para darme un beso en los labios y darle muchos besos a mi vientre.

-Y también le contaste como me coqueteaste descaradamente en el banco?

Abrí mi boca con sorpresa.

-Yo no te coqueteaba!!!

-Mmhh, claro que si, estabas moviendo tu cabello así… -decía mientras paseaba su mano teatralmente por su cabello, moviendo la cabeza para un lado y otro.

No pude evitar reirme.

-Así fue como me atrapaste- me dijo sonriendo.

-Así es- le dije al fin, rodeando su cuello con mis brazos- y ahora no te voy a dejar escapar.

-Cuento con ello.- me dijo dándome un beso.

-Tienes hambre? Amor lo siento, no he preparado nada todavía, no creí que fuera tan tarde.

Comencé a levantarme de mi asiento para dirigirme a la cocina. El me tomó de la mano y me atrajo hasta el.

-Quieres que salgamos? La noche esta muy cálida y supongo que estas algo cansada de estar encerrada en casa.

-Esta bien, ahora mismo tengo un millón de antojos.

-Voy por tu abrigo.

Cuando estuvimos listos salimos tomados de la mano. El me miraba con ojos de adoración, yo con ojos de admiración. Nos amábamos profundamente. Me sentí completamente dichosa mientras caminaba tranquilamente junto al hombre que llenó mi vida de amor incondicional, que iluminó mis días entregándome su alma. Y yo hacía cada día lo imposible por hacerlo tan feliz como él me hacia feliz a mí, por merecerme todo el amor, la pasión y la entrega de mi esposo.

Fin del fin.

Muchas gracias por llegar hasta aquí conmigo. He disfrutado mucho escribiéndola. Pero disfrutaría mas con algunos reviews.