[N/A: Beware! Doctor's Diary ff! con spoilers/AU para el 2x04 :S no sé si la estás viendo a ritmo de Cosmo BUT – Y OJO XD que aquí presumo que vas a seguir viéndola LOL – si no, aquí tienes ff para cuando te pongas al día. :D? im such a loser xD. Título de la canción principal de la OST de "Enchanted" by Carrie Underwood]

Ever Ever After

I could have been someone
Well so could anyone
You took my dreams from me
When I first found you
I kept them with me babe
I put them with my own
Can't make it all alone
I've built my dreams around you

(Fairytale of New York – The Pogues)

Marc.

Érase una vez una princesa alemana llamada Gretchen. De las de cabellos de hilo de oro trenzado y boca de fresa. Bueno, no se trataba de una princesa exactamente. Pero le gustaba cantar Cindy Lauper a pleno pulmón y los calentadores para las actuaciones musicales (públicas o privadas) habían sido rosas, a juego con el cobertor y las cortinas de su habitación. Eso tenía que contar para algo en el ranking del principado. Hija de un médico importante (jefe de planta, de servicio, de la guardia…etcétera) y una enfermera de las de antes. Bien posicionados a la par que modestos. Y ella había sido la primogénita mimada, criada entre algodones, Nutella y plata.

La cuestión es que siempre se había imaginado siendo capaz de conquistar a Marc Meier, de quitarle de los ojazos azules la venda de superficialidad y frivolidad para que reconociera en ella su alma gemela. Tenía fe en que el Bello pudiera amar a la Bestia tras comprobar cómo sus, ¡oh, múltiples encantos! eclipsaban las carencias de su físico o de su carácter. Así, había pasado una infancia y adolescencia soñando despierta, dibujando corazones distraídamente en las esquinas de sus cuadernos de biología, escribiendo sus nombres entrelazados (probando cómo sonaba eso de Margarethe Hasse-Meier) en las noches cafeinizadas, mientras se iba abriendo camino (lenta pero segura, por sus propios méritos) en su profesión vocacional.

Con su compromiso con…bueno, daba igual, no merecía ni que recordara su nombre; la cuestión es que gracias a aquella relación había relegado deliberadamente todas aquellas fantasías al baúl de los recuerdos. O eso había creído. Unas pocas horas en presencia de Marc Meier y había vuelto a ser la misma niñita enamorada hasta el tuétano con "Time after time" a todas horas en la cabeza.

Pero en el fondo sabía que amándole sólo conseguía hacerse daño. Que le permitía hacerle daño, como tantas veces en el pasado la había humillado en el patio del colegio. Siempre le haría sentirse atrapada dentro de la calabaza de insuficiencia que era ella misma. Las doce campanadas repicaban en su conciencia a todas horas en aquel hospital.