Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.

Cuenta atrás

Habían pillado a Yumi bajando las escaleras a la carrera. Le habían pedido que se quedase en la casa, y, a pesar de parecer tener prisa, accedió a escucharles mientras hablaban. Se había sentado en la butaca viendo el perfil de sus dos amigos, que desde sendos sillones se miraban de frente.

—¿Por dónde quieres empezar?

Jérémie se encogió de hombros, no sabía muy bien qué quería saber, tampoco había esperado que William accediera a hablar con él de aquello.

—¿Qué pasó cuando X.A.N.A. destruyó Lyoko?

Los dos chicos se giraron a mirar a Yumi, ninguno de los dos esperaba que ella decidiese preguntar también, aunque estando allí tampoco esperaban que se quedase callada como si no existiera.

—Pues… —William se frotó la nuca—, a eso no puedo contestar, no lo recuerdo. Creo que me quedé flotando en algún sitio… el primer recuerdo tras la desaparición de Lyoko que tengo es la torre submarina.

—Me has dicho que X.A.N.A. te hablaba de nosotros.

—Hablaba, aunque no siempre me hablaba a mí.

—No estoy seguro de haberte entendido.

—Quiero decir que parloteaba, iba diciendo cosas y no siempre me las decía a mí.

¿Parloteaba? ¿Un virus informático podía parlotear? Jérémie frunció el ceño.

—Cuando me atrapó, por ejemplo, me habló directamente. Me dijo que os daba igual lo que me pasase, que por eso no habíais hecho nada para rescatarme. Le creí, claro, es difícil no creerle. Tiene algo… humano, te hace creer en sus palabras. Aunque no como lo que ha estado haciendo con vosotros.

—¿Quieres decir que lo que hace ahora es diferente?

—Sí. Es como si quisiera evolucionar, pero no lo lograse.

»Aunque, no puedo opinar demasiado, conmigo no ha jugado como con vosotros.

—A parte de la llamada —murmuró Yumi.

—Sí, a parte de la llamada.

William suspiró y se frotó las sienes. Jérémie miró atento como Yumi le cogía una mano con fuerza y, William, en vez de relajarse pareció tensarse aún más.

—A veces, sobre todo tras nuestras luchas, me repetía que, si yo estaba allí, en su bando, era porque vosotros no hacíais nada por evitarlo. —William le devolvió el apretón de mano a Yumi—. Y con el tiempo empezó a parecerme tan real que dejé de oír vuestras voces. Sobre todo la tuya, Yumi. A X.A.N.A. le asustabas especialmente, porque cuando aparecías su control sobre mí se debilitaba.

—¿Por qué la querías?

Los ojos de William se clavaron en los de Jérémie. Había hecho la pregunta casi sin pensar, sin pensar en que podía ser demasiado incómoda de responder o de escuchar su respuesta. Iba a disculparse, pero él suspiró antes de contestar:

—Sí, porque la quiero. No soy ningún genio, pero imagino que los sentimientos influyen. —Jérémie notó la incomodidad de Yumi con el tema y la respuesta en presente, pero ya era tarde para dar marcha atrás—. Al principio le costaba hacerme atacar a Yumi, me negaba a hacerle daño, y X.A.N.A. parecía exasperarse mientras me lo ordenaba. Hasta que deje de oír tu voz, tras la lucha del sector del hielo, cuando casi lograste romper su control sobre mí.

—¿Entonces no fingías?

—No —replicó suspirando—. Pero después de eso todo cambió.

Yumi asintió en silencio. Recordaba como a partir de aquel momento los ataques de William habían sido cada vez más violentos, sobre todo contra ella. Daba igual cuanto le hablase él parecía no escucharla. Tal vez si aquel día en el sector del hielo hubiese insistido más podría haberle recuperado.

Jérémie optó por cambiar de tema, si seguían con ello no sabía quién acabaría más afectado: si William por hablar abiertamente de ello, Yumi por sentir que no había hecho lo suficiente, o él mismo por no haberle recuperado a tiempo.

—¿Qué sabes de los padres de Aelita?

—Nada, en serio —respondió sorprendido por el brusco cambio de tema—. Sólo lo que me contasteis.

—¿No hablaba de ellos?

—No que recuerde.

Jérémie frunció el ceño y se cruzó de brazos. Era extraño, habría esperado que X.A.N.A mencionase a su creador, aunque sólo fuese de pasada, ya que había usado a Aelita para atraer a Waldo Schaeffer y eliminarle.

—¿Decepcionado?

—Sí, esperaba sacar algo de información.

—Sobre Aelita sí que hablaba, aunque no… —Se quedó en silencio un instante con la mirada clavada en la mesa de café—. Mierda, odio que pase eso.

Yumi y Jérémie intercambiaron miradas sin entender a qué se refería. William soltó una risita que sonó cansada.

—El síndrome del cristal empañado.

—¿Puedes explicarme qué se supone que significa eso? —preguntó Jérémie recordando que Aelita había usado las mismas palabras exactas.

—Es un coñazo que pasa de vez en cuando. Como le dije a Aelita, creo que es un efecto secundario de haber estado tanto tiempo atrapado en Lyoko. No recuerdas algo y de repente vuelve como si estuviera escondido detrás de un cristal empañado esperando, al acecho.

—¿Recordáis cosas de golpe? —William asintió a modo de respuesta—. Aelita nunca me ha dicho nada.

—No debe ser fácil para ella. La entiendo.

¿Cómo podía no haberse dado cuenta? Vivía con ella, no se habían separado desde que la sacaron de Lyoko. Y ella ¿por qué no se lo había contado? ¿es que no confiaba en él? Dolía. Saber que le había dejado al margen de eso hacía demasiado daño.

—Es muy desconcertante, y no es algo de lo que apetezca hablar porque te hace dudar de ti mismo.

—¿Por eso no me lo habías contado?

—Lo siento Yumi, no es que no confíe en ti —musitó—, es que no me es fácil hablar de esto.

Ella se puso en pie y le abrazó con fuerza para, después, sentarse junto a él en el butacón y agarrarle la mano con firmeza.

—Lo sé —susurró Yumi.

—¿Qué es lo que acabas de recordar?

—Quería eliminar a Waldo Schaeffer porque le daba miedo —contestó a Jérémie—, el motivo lo desconozco, pero le provocaba auténtico terror.

—¿Eres consciente de que hablas de X.A.N.A. como si fuese una persona? Dices que parloteaba, que tenía algo humano, que su creador le daba miedo…

William se encogió de hombros frente al tono alterado de Jérémie.

—Puede que no sea sólo un virus, tal vez es una inteligencia artificial. Yo que sé, Jérémie.

—Sí que es cierto que parece aprender algo tras cada ataque, que va evolucionando, pero, aunque fuese una IA sofisticadísima no puede tener emociones.

—Supongo que no. Sólo me limito a contestar tus preguntas, así que si tienes alguna queja…

—Vale ya —interrumpió Yumi—. Eso no importa. Sea lo que sea X.A.N.A., tenga o no sentimientos; lo que importa es descubrir si algo de todo esto nos puede ser útil.

Los dos chicos farfullaron algo similar a un «lo siento». Yumi exhaló un hondo suspiro.

—Vamos, chicos, dejad de comportaros como dos mocosos. Jérémie entiendo que te resulte raro, pero poniéndote a la defensiva no vas a conseguir nada. Y tú, William, alterándote sólo vas a lograr que él se ponga más a la defensiva.

—Vale —musitó Jérémie—, tienes razón. Sigamos y dejemos esto aparcado. —William asintió aceptando hacer una tregua—. Volvamos a Aelita.

—Solía hablar sobre ella, de lo frustrante que era que siempre entorpeciese sus planes. Por eso quería apoderarse de ella del mismo modo que hizo conmigo. Pero no podía hacerlo.

—¿Por qué no?

—Eso no lo sé.

—Entonces ¿Por qué crees que no podía?

—Repetía a menudo que la scyphozoa no le servía.

—De acuerdo, ¿tenía algún plan?

—No que yo recuerde.

Jérémie suspiró, aquella información le interesaba y no podía obtener respuesta.

—Will —susurró Yumi— ¿sabes qué puede querer X.A.N.A.?

—Eliminarnos, supongo. No lo sé, Yumi.

—¿Seguro?

Frunció el ceño, si la pregunta se la hubiese hecho Jérémie habría saltado al instante, ofendido. Pero la pregunta venía de Yumi y eso le daba una dimensión diferente. Sus manos seguían unidas con fuerza.

—Volver a casa —contestó sorprendido por su propia respuesta—. A casa —repitió.

—¿A Xanadu?

Jérémie se echó hacia adelante esperando la respuesta a la pregunta que acababa de formular Yumi.

—No, no sabe cuál es su casa, pero quiere volver.

—¿Cómo va a volver si no sabe cuál es su casa?

—Escapando del superordenador.

—¿Y tú?

La pregunta flotó en el aire durante unos segundos, Jérémie esperó atento, las palabras y el tono de voz de Yumi parecían tenerlo hipnotizado.

—No voy a ayudarle.

—¿Porque no quieres o porque no puedes?

—No quiero hacerlo.

—Dime, Will, ¿Qué va a hacer ahora?

—Atraernos a la replika.

—¿Para qué?

—Desestabilizar el equipo.

William parpadeó y la miró fijamente. Odiaba que hiciera eso, que rebuscase en lo más profundo de su ser y le arrancase las respuestas con mimo.

—¿Te refieres a la replika cuyo superordenador se encuentra en la Cochinchina?

Se limitó a asentir. Creía no saberlo hasta que ella le había hecho la pregunta y arrancado una respuesta que ni él mismo conocía.

—Las demás replikas no son estables.

—No entiendo qué quieres decir.

—Creo que los superordenadores que las mantienen son defectuosos. Aunque ahora lo que de verdad le importa es Xanadu.

»Pero no sabe cómo ir hasta allí.

—Eso es fantástico para nosotros —admitió Jérémie, que no supiese llegar les hacía tener ventaja sobre su archienemigo.

—Supongo que sí.

—William ¿en Lyoko le oyes?

—No, aunque en la torre submarina me pareció oírle susurrar algo.

Dio un suave apretón a la mano de Yumi que le contestó al gesto al instante, si ella no estuviese allí no podría haber hablado de nada de eso. Se sentía algo mejor tras aquella charla, aunque su fantasma seguía pesando demasiado. Observó que Yumi continuaba estando inquieta como su tuviese que hacer algo de vital importancia, así que decidió que, ya que le estaba apoyando le debía el poder huir hacia donde tuviese que hacerlo.

—Creo que Yumi necesita un café.

La aludida le miró desconcertada, desvió la mirada hacia Jérémie que parecía esperar la confirmación de que así era. Finalmente, Yumi asintió, Jérémie se puso en pie y se marchó a la cocina.

—¿Qué te pasa?

—¿Por qué crees que me pasa algo?

—Bueno, estás nerviosa, miras el reloj cada minuto, y cuando Jérémie te ha dicho que te necesitábamos en esta conversación has puesto tu adorable cara de "no me jodas, ¿tiene que ser ahora?"

Yumi soltó una risita.

—No es nada, puede esperar.

—¿Ulrich? —Las mejillas de Yumi se encendieron—. Oh, vaya. ¿Cuándo pensabas confesar?

—No hay nada que confesar, sólo ha sido…

—¿Lo quieres solo o con leche? —preguntó Jérémie con la taza en una mano y el tetrabrik de leche en la otra.

—Pues…

—¿No decías que tenías que irte? —le preguntó William a Yumi.

—Ah, sí… una llamada urgente. Lo siento, Jérémie, tengo que marcharme.

—Vale, sí. No importa…

Yumi se puso en pie de un salto, les hizo una reverencia y salió a la carrera.

—¿Una urgencia familiar? —preguntó Jérémie.

—Algo así —replicó William sonriendo.

—Entonces, supongo que tendremos que aplazar la conversación.

William asintió, sin ella no podía seguir hablando. Además, aunque se alegraba por Yumi, saber que había habido algún avance entre Ulrich y ella les había dolido demasiado.

—Sí, necesito una pausa.

Jérémie no se opuso, él también necesitaba una pausa.

Anthea, encerrada en su habitación, revisaba la integridad de su copia de Carthago. Había forzado su acceso al superordenador francés poniendo al límite a su pequeño monstruo. Sabía que no era tan frágil, pero aún y así le preocupaba dañarlo, porque si perdía su copia ya podía despedirse del sistema de vigilancia y de puentear el superordenador de su marido.

El programa de diagnóstico finalizó su labor con un suave bip, bip que anunciaba que todo estaba en orden. Suspiró aliviada.

Forzó, una vez más, su acceso para escanear Lyoko, el mar digital y Xanadu. No necesitaba verificar la integridad del sistema, estando Waldo dentro, el mantenimiento estaba garantizado. Lo que ella buscaba era el rastro de él, aunque estaba segura de que era una pérdida de tiempo casi total, porque si él no quería ser encontrado no podría dar con él. Aún y así esperaba dar con un leve rastro que perseguir hasta algún lugar.

Empezó con el mar digital, el punto intermedio entre ambos universos virtuales, el puente y a la vez barrera que los mantenía separados. Pero su búsqueda no obtuvo ningún resultado. Con un suspiro lo volvió a intentar con el sistema de torres de Lyoko y sus pulsaciones, aquellas pulsaciones eran más eficientes que cualquier escáner, pero ni así consiguió resultado alguno.

Anthea frunció el ceño, habría apostado que se escondía en Lyoko, pero, evidentemente, se había equivocado. Eso le dejaba un único lugar: Xanadu.

Rastrear Xanadu sería mucho más complicado, mas no iba a rendirse. El programa no respondió esta vez, había algo en segundo plano bloqueándolo, por un instante pensó en Waldo y permitió al programa actuar. Entonces la pantalla le mostró una cuenta atrás: 359:59:59.

Anthea palideció ante la visión de aquel contador.

—Ah, no. Ni se te ocurra hacerme esto —casi chilló—. Ahora que me has hecho recordar que estás vivo, no puedes hacerlo.

Tecleó, no podía luchar contra la cuenta atrás, eso lo sabía perfectamente. Abrió la pantalla de mensajería.

REMITENTE: Μνημοσύνη
DESTINATARIO: Ζεύς
ASUNTO: Alerta

Sal de ahí, ya. Acaba de saltar la cuenta atrás de los 15 días, si no abandonas Lyoko, el superordenador purgará tus datos, vas a morir. Por favor, no seas estúpido y sal de ahí.
Contesta.
Μνημοσύνη

Envío el mensaje y aguardó el tintineo de respuesta, pero 10 minutos después seguía sin tener una. Volvió a abrir el programa para escribir de nuevo.

REMITENTE: Μνημοσύνη
DESTINATARIO: Ζεύς
ASUNTO: Idiota

Waldo Franz Schaeffer, haz el favor de contestarme, sé que has leído el mensaje. Si no sales por voluntad propia tendré que sacarte yo.
Anthea.

Firmar con su nombre era igual de estúpido que usar el nombre completo de su marido, pero quería fastidiarle a ver si así le contestaba. Su ridícula estrategia fracasó estrepitosamente. Anthea soltó un bufido y se puso en pie.

Bajó al comedor donde sabía que Jethro mataba el tiempo jugando a Go con el monje del templo de al lado y se plantó frente a él. Él la miró con una muda pregunta en sus ojos, la vio alterada como hacía años que no la veía e inquieta. Esperó a que hablase

—Haz las maletas —le ordenó—. Nos vamos de viaje.

Si no quería salir de Lyoko por iniciativa lo iba a sacar ella. Aunque le costase la vida.

—¿Puedo saber al menos a dónde nos vamos? —inquirió él poniéndose en pie y dedicando una reverencia de disculpa a su oponente.

—Francia.

Continuará

Notas de la autora:
¡Buenas! Según mis cálculos quedan 7 capítulos más para el final, voy a intentar seguir intercalando un capítulo de Xanadu con uno de ADQST, para que cada 15 días haya un capítulo de uno de los dos fics, espero conseguirlo. Eso sí, si se me complica, ADQST tendrá prioridad sobre Xanadu.

Sobre el capítulo, hay un sinfín de diálogos, cosa que no es muy habitual en mis historias, así que me siento un poco rara con el resultado, pero creo que ha quedado bien. Se me ha hecho muy agotador de escribir, lo he tenido que releer un millar de veces para revisar si me había ido al OoC. Me preguntaron por qué William no le ha hablado de aquello ni siquiera a Yumi, y aquí él da su propia respuesta. Cuando ocurre algo negativo, que te marca tantísimo, es muy difícil hablar de ello incluso con alguien a quien quieres y en quien confías. Los traumas, por mucho que quieras sacarlos fuera, se empeñan en esconderse detrás de las costillas y aporrearte el alma impidiendo que los verbalices. Es complicado.
En fin, no es especialmente largo, la cantidad de diálogos me ha saturado un poco y no me he visto capaz de alargarlo más sin que se convirtiese en mero blablablá insulso y aburrido. Y al final llegó la cuenta atrás, la que da sentido al título del fic, sé que algunos os preguntabais a qué venía ¿antes de que sea tarde para qué? Pues para nuestro Waldo, ya tenéis respuesta al principal interrogante del fic.
Espero que os haya gustado a pesar del larguísimo blablablá. Un abrazo.

º º º

Irechany: ¡Hola! Ha costado, pero ya iba siendo hora que se decidiesen. Siento la poca regularidad, aunque si sirve de consuelo, ahora estoy actualizando más a menudo, y espero mantener el ritmo hasta que acabe el fic.
Tendremos que preguntarle a Ulrich cuántos libros "porno" conoce jajaja. Un abrazo.
C.L.22: ¡Hola! El tiempo dirá qué pasa con Sissi, en principio ella no tendría que haber pisado Lyoko, pero nunca se sabe, todavía quedan huecos por llenar y es posible que la haga volver.
Ahora voy a un ritmo bastante decente actualizando, así que espero poder seguir así.
Gracias por leerme, un abrazo.
Prietar: ¡Hola! Code: Lyoko es una serie que te llega al corazón, a mí me ocurre lo mismo, la vi hace tanto y sigo amándola como el primer día. Muchas gracias por leerme. Un abrazo.
Sonye-san: ¡Hola! ¡Sí! ¡Actualicé al fin! Van 3 seguidas, cruza los dedos para que no ocurra nada raro y pierda el ritmo.
Pobre Emilie, es la chica con gafas y pelo largo de la que se pone celosa Yumi en el capítulo "Rutina".
Sissi y Aelita intentan llevarse bien por Odd, así que hacen algo juntas para intentar acercar posiciones. Cada vez que me decís que ha empezado a gustaros la pareja de Odd y Sissi, me hacéis inmensamente feliz.
Sí, por fin el beso, ya iba siendo hora, ha costado, pero ha llegado. Espero que te haya gustado la conversación y el resto del capítulo. Un abrazo.
Anónimo: ¡Hola! Sí, por fin, pero estoy de vuelta y con intención de quedarme, de momento voy bien. Siento que hayas tenido que releer, aunque es normal después de tanto tiempo.
La respuesta a lo de los fragmentos tiene que esperar aún, así como si Xanadu tiene o no sectores; por ahora seguirá siendo un enigma. Los fragmentos no tienen nada que ver con William, así que no va a volver con X.A.N.A. por ellos.
Quería que, aunque conservasen los movimientos y técnicas de los originales, sus clones fuesen diferentes, al no tener el factor emocional pueden luchar con libertad contra quien sea a diferencia de los chicos.
Emilie es un personaje especial para mí, necesitaba meterla, aunque en principio iba a aparecer antes, su entrada fue posponiéndose hasta este punto de la trama. Aún y así, aunque vaya a ser un personaje puramente de apoyo, estará ahí hasta el final.
Ha sido una actualización rápida, así que misión cumplida, creo.
Un abrazo.