Bleach no me pertenece. Propiedad de Kubo Tite, historia original escrita por mí.

Sumary: Porque, nada en este mundo pasa sin una razón. Cada mirada, cada roce, cada encuentro… es el resultado, de la rueda del destino.


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Una clase de paraíso

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Por Ireth I. Nainieum

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Tema

" I "

Momentos

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"A veces, alguien llega a tu vida y sabes de inmediato que nació para estar allí...

Por eso, estoy tan feliz en esta Navidad"

- Anny-

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Ingresó a su apartamento, mirando ya al astro sol filtrándose fuertemente por la ventana de la sala, esa fría mañana. Arrojó sus llaves en la mesa, mientras de dejaba caer perezosamente en su mueble favorito. Se quito sus zapatos y activo su sillón relax, al tiempo que se aflojaba la corbata y procedía a rascar de forma cansada sus orbes. En unos cuantos minutos, se quedo completamente dormido. Había tenido una noche muy ajetreada, un aparatoso accidente le obligo a doblar turno ante la falta de personal. Hizo pequeñas siestas en el área de descanso, más estas, no compensaban en lo absoluto las horas propias del sueño.

Ichigo sintió que cerró sus ojos por algunos escasos segundos, cuando el celular que tenía guardado en el bolsillo le obligó a dejar el mundo de Morfeo. Cabe aclarar, que no se despertó de muy buen humor. Con fastidio cogió el aparato, gruñendo blasfemias ante la molestia ocasionada. Y esta aumento aún más, cuando el identificador de llamadas le mostró el individuo que le marcaba con tanta insistencia. Espero con el aparato en la mano, hasta que los repiques finalizaron. Suspiro profundamente, y antes siquiera de volverse a recostarse en su sillón; el teléfono del apartamento sonó con insistencia una y otra vez.

Ichigo llevó sus manos a su cara, respirando profundamente. Le fue inútil el volver a dormir, parecía que Morfeo también había decido a obrar en su contra. Su sueño, había sido ahuyentado. No obstante, el cansancio por el trabajo no desapareció en lo absoluto. Enfadado no tuvo mas remedio que levantarse y caminar hacia el teléfono. Sabía bien que esa insistencia continuaría, hasta que tomase la llamada. Al primer repique del nuevo intentó, levanto el auricular.

―¿Cuánto tiempo crees que tengo esperando, Ichigo? ―replicó con dureza tras la línea un hombre―. ¿Qué estás haciendo?.

―No se cuanto tienes llamándome ―Ichigo claramente mentía, más no se lo diría tan descaradamente― pero, estaba tomándome una siesta ―respondió cansado.

―¿Durmiendo? ―repitió incrédulo―. Más bien ya deberías de estar aquí en Karakura, tus hermanas están sumamente preocupadas. No has respondido el teléfono hasta hoy.

―Lo siento ―rasco sus ojos― tuve que doblar turno en el hospital, y me siento muy cansado como para conducir a Karakura ―bostezó―. Este año no iré a casa, Papá.

―¡Ichigo! ―le alzo levemente la voz―. ¿Te has olvidado que hoy es Noche Buena y mañana Navidad?.

Silencio.

―Por supuesto que no ―confesó al cabo de varios segundos―. Ya te dije que estoy muy cansado.

―Toma un tren ―insistió―, o un autobús… ―sugirió después.

―¡Papá! ―replicó con poca paciencia―. ¡Solo imagínate como esta la estación de trenes, o la central de autobuses! ―consulto su reloj de mano―. Son casi las cuatro de la tarde, ni saliendo ahora llegaré a tiempo.

Afonía.

―¿Pasarás solo la navidad? ―indago preocupado su padre.

Ichigo hizo una mueca de fastidió ante la pregunta, y también por su pronta respuesta.

―¡Claro que no! ―intentó convencerlo de aquello―. Quede de verme con…

―Busca una linda chica para que no pases frío ―le susurro como un auténtico pervertido.

―¡Feliz Navidad. Karin, Yuzu! ―grito Ichigo antes de azotar el auricular, por la estúpida propuesta de su padre―. ¡Dios debe odiarme! ―dijo esto al final.

Consulto una vez más la hora.

Rasco su cabeza antes de encaminarse hacia el baño, para una muy necesaria ducha. Había llegado a su apartamento alrededor de las diez de la mañana. Escasas tres horas de sueño disfruto, realmente su cama lo llamaba a que se tumbase sobre ella; para complacerla. Pero, también su estómago le rugía hambriento. Ya en las calles, tuvo dificultad para llegar a la plaza comercial; había un caos terrible por donde mirase, compras de última hora. Subió al tercer piso, donde se encontraban la comida rápida y fue hacia uno de estos. El sitió estaba casi vació, no le sorprendió la mayoría ya se alistaba para la celebración que acontecería en solo un par de horas más. Se compró una rebanada de pizza, que acompaño con papas y refresco.

Le había mentido a su padre. No había nadie con quien celebrase la Navidad. No habían verdaderos amigos en Tokio, mucho menos una novia y, ni que decir de una amante con quien disfrutar como le había aconsejado su padre. Simple y sencillamente, se quedaría solo en su apartamento.

Mientras ingería su comida, planeo su actividad nocturna. Rentaría algunas películas que vería hasta que el sueño lo venciese. Luego de elegir lo que vería en la televisión, se detuvo en un mini súper camino a casa. Ahí compro algunos refrescos, más de un litro de helado y comida para meter al microondas. De entre la basta, nótese el sarcasmo; tomo un par de macarrones con queso.

El tiempo pasó asombrosamente rápido. Pasaban de las nueve de la noche, y las calles estaban desiertas.

Llego a su apartamento, y fue directo a la cocina; nuevamente tenía hambre. Se sirvió un muy generoso vaso de refresco y espero al microondas, mientras esto sucedía guardó en la nevera su helado, así como también el resto de los macarrones. Cuando su cena de Navidad estuvo lista, camino con ella hacia su recamará. Como un verdadero holgazán, comería en su cama mirando la televisión y se quedaría dormido.

Ya en su habitación, estando acostado comiendo y mirando el televisor el teléfono de su casa volvió a sonar. Extrañado, de que se tratase de su familia se levanto y camino hacia el aparato. En una primera instancia no percibió la luz parpadeante de los mensajes acumulados. Una radiante y amena sonrisa se enmarco en su rostro. Uno a uno dejo pasar la bandeja de recados.

Escucho desde un muy pasado de copas Keigo, que reclamaba su presencia en su casa y con su familia. Hasta un respetuoso Mizuiro que le llamaba contento desde las Vegas, donde acompañaba a una de sus tantas conquistas. Tatsuki también le llamo deseándole una bonita fecha; celebrando en una fiesta privada, el ser la primera campeona de las "Peleas Vale Tudo" japonesa. Uryū y Orihime, le llamaron también; así como el hijo de ambos, que aún no sabía más que decir "agua" ante la desgracia de los padres primerizos. Sado le llamo desde México, y le hizo escuchar algo que llamaban villancicos. Su padre y hermanas, también se tomaron la molestia de felicitarlo una vez más. Así, como varios colegas del hospital y antiguos conocidos de la Universidad. Movió divertido su cabeza, tendría que hacer muchas llamadas para agradecer el detalle que se tomaron cada uno de ellos.

Tocaron a su puerta. Atónito a más no poder, rasco su oreja izquierda. Faltaba poco para la media noche, ¿quién en el mundo podría buscarlo tan tarde y en una fecha tan importante?. Temió por un instante que se tratase de un maleante, ante lo cual se llamo estúpido internamente. ¿Cuando se ha visto a un ladrón el tocar antes de robar?. Miro a través de la rejilla, y sin saberlo, una sonrisa más se enmarco en su rostro.

Se trataba de una mujer menuda y pequeaña, que volvió a insistir con más obstinación; ahora tocando fuertemente la puerta de madera. Le abrió y la dejo pasar.

―Temía que no estuvieses ―se explico calentando sus brazos desnudos con sus manos, la mujer no cargaba con un suéter―. Creí que ya estarías con tu familia en Karakura ―lo miro de soslayo al caminar hacia la cocina―. Por cierto, ¿no tendrías que estar allá ahora? ―se detuvo a la mitad del camino.

―Tuve mucho trabajo y no pude ir a casa ―oculto su bostezó tras su mano―. ¿Qué haces tú aquí, Rukia?.

Rukia había sido reasignada dentro de la Corte de los Espíritus Puros. Por lo que después de la guerra contra Aizen, pocas veces la había visto. De hecho, podría contar esos encuentros con una sola de sus manos, y le sobraban varios dedos de esta.

―¡Oh, ahora te molesta que te venga a visitar ―fingió dolor― que malo eres, Kurosaki kun! ―hablo con esa voz que le crispaba la paciencia.

―¡Cállate! ―espetó y se marcho molesto.

Antes de volver hacia su habitación, recordó que Rukia a diferencia de él no le expreso la razón de su presencia. No es que le molestase, simplemente de entre todos sus amigos era la que menos se esperaba ver en esa fecha. Regreso a la cocina, y se la encontró preparándose una leche caliente.

―¡Estás loca! ―se le acerco―. ¿Tienes idea del frío que hace afuera? ―finalmente había reparado en el detalle de su vestimenta.

Rukia le dio una mirada de pocos amigos y lo ignoro, mientras se bebía su leche.

―Tu padre me dijo que estarías solo en Navidad ―Ichigo la miro y sus pupilas se dilataron ante la sorpresa recibida. Ella, esbozo una sonrisa divertida por haberlo pillado; aunque ciertamente, ella mentía―. En realidad, me tome la molestia de ir primero en tu casa ―paso a su lado― y me comentó que habías decidido quedarte en Tokio. También ―le hablaba desde la sala― que no creía que te hubieses quedado de ver con alguien para pasar esta fecha.

Ichigo le dio alcance.

―¿Y, él te pidió que vinieras? ―eso le parecía muy extraño.

―Para nada ―respondió verazmente―. Pero me dije, ¿por qué no vas y le deseas una Feliz Navidad a tu amigo? ―le sonrió―. ¿Te gusto la sorpresa?.

Ichigo renegó divertido con su cabeza. De entre las mujeres que conocía, Rukia solía ser la más espontánea al momento de actuar; por ello disfrutaba tanto de su compañía.

―¿Mi papá sabía que vendrías? ―se recargo en el respaldo del sofá.

Rukia chisto de incredulidad.

―¿Viajando en medios convencionales no podría estar aquí a tiempo? ―volvió a intentar calentar sus brazos.

Percibió que usaba un vestido veraniego blanco sin mangas. Y ni que decir del par de sandalias que compaginaban el conjunto, tan solo se preguntaba ¿cómo es que no se moría de frío?.

―Ven vamos, te daré algo para que entres en calor ―caminaron juntos hacia la recamara principal, Rukia se detuvo antes de entrar―. ¿Qué te pasa? ―dijo al notarla vacilante.

―¿Qué planeas hacerme, Ichigo? ―inquirió seria―. ¿Cómo pretendes hacerme entrar en calor? ―arrugo su frente con desconfianza.

Las mejillas de Ichigo tomaron un color más rojo que el de un jitomate, y estalló en una vaga explicación.

―¡Te daré ropa abrigadora! ―le grito―. ¿En que rayos piensa esa mente sucia que tienes? ―entro molesto―. ¡Mira lo que me saco por estar preocupado por ti, enana! ―comenzó a revolver la ropa de su armario.

Rukia volvió a reír. Era tan sencillo sacarlo de sus casillas, bastaba una ligera insinuación con índole sexual para hacer aflorar toda la caballerosidad del hombre. Sabía de sobra que de entre todos sus conocidos varones, él era el único que jamás se propasaría con ella. A menos que esta se lo permitiese, tembló de miedo de imaginarse el llevar su amistad a otro punto por el momento.

―Ya, no te enojes ―intento apaciguarlo.

―¡Ten! ―le arrojó un conjunto deportivo al rostro―. ¡Para que no vayas por ahí, diciendo que soy un desgraciado!.

―Gracias ―le susurro, poco después, tomo el pantalón e iba a ponérselo; pero, una vez más Ichigo le grito.

―¿Qué haces? ―chillo avergonzado.

―Ponerme la ropa ―dijo ella sin más―. ¿Qué te pasa a ti?.

―¡No en el pasillo, ve al baño! ―rugió al borde de la paciencia.

―No entiendo ―hablo sin comprenderlo―. ¿Qué tiene de malo que lo haga aquí?.

―¡Que te estoy viendo! ―vocifero tapándose los ojos.

―Pues entonces, ¡largo! ―le espetó la mujer.

―¿Me corres de mi propia recámara? ―le comentó impresionado del poco tacto de ella, retirando las manos de su rostro―. ¿Bromeas?.

―¿Dónde me ves la cara de payaso? ―siseo.

Silencio.

Ichigo paso a su lado, gruñendo hacia la sala. Y una vez más se dejo caer sobre su queridísimo sofá relax.

Rukia ingreso finalmente a esa habitación que miraba por primera vez. A diferencia de la que conocía en Karakura, esta era mucho más amplia. Tenía un impresionante sistema de sonido y un televisor de pantalla plana, el armario era cuando menos tres veces más grande que el que recordaba. Se paseo y miro todo de manera muy entretenida. Al final, se quito su vestido y lo coloco por sobre la cama, entonces percibió todo lo que estaba esparcido por sobre esta. Se puso la ropa prestada. Pero, aún tenía frió en sus pies; de hecho, estos estaban helados. Se mordió su pulgar izquierdo, y se pregunto si él se molestaría de que buscase entre su cajón de ropa interior un par de calcetines. Decidiendo que era mejor pedir perdón que permiso, rebusco entre los cajones. Tuvo suerte, que el primero que abrió encontró lo que buscaba.

Ella también había mentido. Jamás fue a Karakura, ni mucho menos le pregunto al padre de Ichigo sobre el paradero de este. Simple y sencillamente, decidió ir como todos los años a ese apartamento. No sabia que la motivaba a continuar con esa peregrinación anual, sentía la imperiosa necesidad de ir. Aunque nadie estuviese ahí para recibirla. Por eso, ella misma se impresiono de verlo en su casa. Y tuvo que idear una buena mentira. Agradecía en demasía, lo fácil que era mentirle en su cara a veces.

Se sentó en la cama, y se recostó en esta. Estiro su mano y tomo la bandeja a medio comer de los macarrones, comenzó a ingerirlos. Aunque, estos ya estuviesen fríos. De hecho, su sabor le agrado a su paladar. Uno a uno los fue degustando, antes de acabárselos camino con la charola en busca de Ichigo. Lo encontró recostado y somnoliento en su sofá.

―¿Me los puedo acabar?.

Con pereza, Ichigo abrió los ojos y la miro. Tanto a ella, como a su cena; que prácticamente ella había devorado ya en su totalidad.

―Para que me pides permiso, si ya te los has acabado ―exhalo profundamente―. ¡Cómetelos! ―descanso sus ojos una vez más.

―¿Estas molesto? ―se sentó en la mesa de la sala, frente al sillón donde descansaba Ichigo.

―Tengo sueño.

―¿Quieres que me vaya? ―Rukia se cruzo de piernas y continúo comiendo.

―¿Y, a dónde irás? ―indago él, al momento mirarla―. Quédate ―susurro suavemente.

Silencio.

―¿Por qué? ―inquirió ella.

Afonía.

―¿Por qué estas aquí, Rukia?.

Mutismo.

―Yo…

Expresaron al unísono. Sonrieron por la sincronización de sus palabras y luego nadie dijo nada más. Se quedaron mirándose en la oscuridad de la sala.

―Gracias ―hablo él― por estar aquí conmigo en Navidad.

―Noche Buena ―ella lo corrigió― aún no es Navidad, Ichigo.

―Gracias, Rukia. ¿Quieres más macarrones?.

―¿Esta es tu cena? ―miro aburrida esa futura ingesta―. ¿Y el pavo, el bacalao, los romeritos y todo lo demás?.

―Te la prometo el próximo año ―se levanto― si es que vienes, como todos los demás.

―¿Qu… qué quieres decir? ―balbuceó apenada.

―El portero me dice que todos los años desde que vivo aquí, viene una chica a mi apartamento ―se cruzó ufano de brazos.

―Puede ser cualquiera de tus amigas ―externo mordaz.

―Ninguna cuadra con tu descripción ―le sonrió de forma entretenida―. No necesito que me digas el porque has venido, ya te lo he dicho. Yo agradezco que estés aquí hoy también.

―Pudiste haber ido con tu familia si realmente lo hubieses deseado ―se mordió su labio inferior.

―No estaba seguro ―rasco su cabeza de forma incómoda― si realmente vendrías este año también ―aclaro su garganta―. Pero quise correr el riesgo y espérate.

―Gracias ―hablo ella― por estar aquí también hoy conmigo.

Silencio.

Ichigo se le acerco y beso su frente, era lo más lejos que llegaría con ella esa noche.

―¿Lista para disfrutar de la cena de Noche Buena, casi Navidad conmigo? ―la tomo de la mano y camino con ella hacia la cocina.

―¿Cuál es el menú, señor chef? ―repitió dichosa, por las palabras y el gesto de Ichigo para con ella.

―Veamos… ―abrió la puerta del frigorífico― más macarrones con queso, refresco de sabor y mucho helado.

―Me parece perfecta la cena ―se sirvió ella gaseosa―. Espero que no te haya tomado mucho de tiempo el preparar el manjar que vamos a degustar.

―Menos del que te imaginas y más del que debido ―coloco los macarrones en el microondas―. ¿Sabes cual es el verdadero espíritu navideño?.

―Ser amable con el resto ―expreso no muy convencida.

―Compartir, con las personas especiales para uno ―hablo él.

―¿Vas a compartir esta fecha con alguien como yo?

―Eres, una persona importante en mi vida, Rukia.

―Gracias, Ichigo ―susurro apenada, con las mejillas sonrojadas―. Gracias ―reitero― tú también eres especial para mí.

El microondas, anuncio que la cena ya estaba lista. Le paso su bandeja a Rukia y él tomo la suya.

―¿Qué te parece mirar películas hasta que nos quedemos dormidos? ―sugirió él.

―Excelente sugerencia.

Pasando por la sala, Rukia quedo maravillada ante lo que caía por las calles de la ciudad. Como una niña pequeña, corrió prácticamente hacia la ventana.

―Hatsuyuki… (1) ―hablo ella.

Ichigo le dio alcance y contemplo por varios minutos el espectáculo. Usualmente, nunca nevaba esos días. Puesto, que tenía pocos días que el invierno llegaba oficialmente. La blanca nieve comenzó a cubrirlo todo. Ahora sí, esa era su Navidad perfecta. Cerró sus ojos y aguardo, cuando considero que el tiempo ya era suficiente iba a llamarle, para proseguir con el plan. Pero, miro hacia sus pies.

―¿Oye, esos calcetines son míos? ―ella guardo silencio y no dijo nada― ¡Rukia!.

―Tenía frió ―se excuso― y tú no me diste nada para los pies ―le reclamo.

―¿Pero?...

―¡Cállate, Ichigo!. ¡Feliz Navidad!.

Lo abrazo para acabar con la injuria, oficialmente ya era media noche y Navidad.


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¡Felices fiestas!

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Notas de la autora:

+ Aunque, ya pasaron algunos días desde la Navidad. He aquí mi contribución, fic para un concurso en ichirukisp.


Glosario:

+ (1) Hatsuyuki, primera nevada.


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Nos vemos

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