Compromiso

Una nueva semana comenzaba con el día lunes, y aunque para la mayoría de los neoyorquinos el primer día era tedioso, los estudiantes de CAEMSA parecían sobrellevarlo tocando y practicando en los laboratorios de piano y guitarra.

-Muy bien, éste es el único lugar silencioso donde podemos hablar-afirmó Ruby entrando a la biblioteca-. Podemos hablar alto, la bibliotecaria no está, recuerden que se va temprano.

-Bueno, al menos tenemos el lugar para nosotras solas-dijo Carola mirando a su alrededor.

-No sé por qué tienen tanta insistencia por hablar, chicas-Candy dejó su bolso en una de las mesas y se sentó.

-¿Cómo por qué? Esta mañana antes de entrar a clases nos dices que saliste con Terry el fin de semana, ¿y esperas a que nos conformemos sólo con eso?

-Lo que Ruby quiere decir-intervino Carola mediando el asunto-, es que nos gustaría que nos contaras más sobre la cita que tuvieron.

-Bueno…no fue la gran cosa…sólo fuimos a un concierto de Sum 41.

-¿Sum 41?-repitieron las dos a coro.

-Aja. Terry consiguió dos entradas para el concierto y fuimos hasta Nueva Jersey.

-¿Quieres decir que él se encargó de todo? ¿De comprar las entradas y eso?

-Sí, y por más que le insistí en pagar mi parte se negó a aceptarlo. Según él, conseguir las entradas no le costó nada.

-Talvez dijo la verdad. Seguramente para su familia no debe ser una cantidad gran de dinero un par de entradas para un concierto-opinó Carola.

-Es lo que pensé. Igual sólo fuimos al concierto y ya-trató de restarle importancia.

-¿No fueron a algún otro lugar de regreso? ¿No se quedaron a pasar la noche en Nueva Jersey?-preguntó Ruby con tono insinuante.

-No, por supuesto que no-negó Candy al instante-. Regresamos a la ciudad apenas terminó el concierto y luego Terry me llevó a casa.

-¿No intentó propasarse contigo? ¿No te insinuó nada, Candy?

-¡Ruby!-la rubia se sonrojó ante sus preguntas.

-No te preocupes, Ruby sólo está bromeando-habló Carola antes de girarse a Ruby-. Ambas sabemos que Terry no busca a Candy con esas intenciones, ¿verdad Ruby?-preguntó enfatizando una advertencia.

-¿En verdad, Carola? Miren, no estoy juzgándolo ni nada, sólo me preocupa que si como amigos se tomaba atribuciones que no debía con Candy, ahora que son novios…

-Te equivocas, Ruby. Terry ha sido muy amable conmigo. Casi podría decir que se ha comportado como un caballero del siglo XIX.

-¿Casi?-insistió Ruby.

-Sí, casi-recalcó queriendo convencer a su amiga-. Sólo le falta vestirse como uno y venir por mí sobre un corcel blanco.

-Talvez me cueste un poco conseguir que entre aquí un caballo, pero es una buena idea para la próxima vez que venga a buscarte.

-¡Terry!-dijeron las tres a coro, sorprendidas por no ser ya las únicas en la biblioteca.

Y es que habían estado tan concentradas discutiendo y comentando sobre la cita de Candy que ninguna fue capaz de notar cuando había llegado el castaño. "Oh, Dios, ¿cuánto habrá escuchado?" pensó la rubia fugazmente.

-Carola, Ruby, Candy, también es un gusto verlas-las saludó con cortesía mientras se aproximaba a ellas-. No interrumpo una conversación privada, ¿o sí?

Tanto Ruby como Carola movieron negativamente sus cabezas como única respuesta. El castaño se acercó hasta quedar junto a la rubia.

-Quería saber si ya estas lista para ir a casa, Candy.

-Sí-respondió casi automáticamente. Era una gran oportunidad aceptar su ofrecimiento para escapar del interrogatorio de sus amigas-. ¿Me llevarás?

-Por supuesto-asintió encogiéndose de hombros.

-Bien. Nos vemos mañana chicas-tomó su bolso y se despidió de Carola y Ruby.

Terry hizo un gesto con su mano en señal de despedida y así los dos comenzaron su salida hacia el estacionamiento de la academia. Candy, al notar que él caminaba más a prisa de lo normal, intentó averiguar si tenía un motivo para hacerlo.

-¿Quieres deshacerte de mí tan pronto?-preguntó a modo de broma.

-¿Cómo dices?-él se detuvo para verla a los ojos.

-Nada de saludos de novios, quieres llevarme a casa aunque aún son las 5:30, y pareces tener más prisa de lo normal.

-Creo recordar que esta mañana me dijiste que querías estar en casa temprano para intentar decirle a tu hermano que tienes novio y que quieres que lo conozca.

-Tienes razón. Supongo que me olvidé de eso…

-En cuanto al saludo de novios-se acercó más a ella la sujetó contra sí y le dio un beso tan rápido que la dejó deseando más-, supuse que si te besaba delante de tus amigas te sentirías avergonzada.

-¿De donde has sacado esa idea?

-De la vez en la que Oscar besó a Ruby frente a todos nosotros y tú te sonrojaste tanto como si te hubiera besado a ti.

-Bueno…talvez fue así entonces...pero es normal que los novios se saluden con un beso…y si comenzamos a hacerlo, seguro me acostumbraré pronto…

-De acuerdo, Candy-sonrió ante la actitud de ella. La rubia se veía nerviosa y se estrujaba las manos-, igual no tienes que rogarme mucho para complacerte.

-¡¿Quién dice que te estoy rogando que me beses?!

La rubia, inconscientemente, había subido el nivel de su voz lo suficiente como para qué todos los que estaban alrededor de ellos en el estacionamiento, pudieran escuchar sus palabras. Terry se llevó la mano al rostro intentando inútilmente ocultar una sonrisa.

-¿Ya ves lo que me haces hacer?-susurró ella para ser sólo escuchada por él sintiendo que el rubor teñía su rostro.

-Mejor vámonos ya, antes de que les des la información suficiente como para que hablen de nosotros por toda una semana.

Terry le abrió la puerta de su auto y ella subió sin protestar. En pocos minutos ya dejaban atrás la academia.

-¿Sabes? Yo que tú no me mostraría tan nervioso contándole nuestras citas a tus amigas-comentó Terry sin dejar de mirar al frente del camino-. Eso es lo que justamente las hace querer saber más, porque creen que escondes algo.

Candy se sorprendió por su comentario, pero la confusión le duró poco. Obviamente había escuchado lo suficiente en la biblioteca como para saber que les había contado a sus amigas sobre su última cita.

-Tú no conoces a Ruby y Carola. Mi intención era comentarles que habíamos ido a un concierto juntos, pero fueron tan persistentes que tuve que darles más detalles.

-¿Cómo el detalle de si pasamos o no la noche juntos en Nueva Jersey?-la voz de Terry sonaba suspicaz.

-Lo siento-desvió la vista a su ventana, avergonzada-. No pretendía darles detalles tan íntimos sobre nosotros.

-No es un reproche, Candy, es una observación-aclaró la dirección de su comentario con la intención de hacerle ver que no estaba molesto con ella-. Indudablemente a mí también me lanzan preguntas como esa mis amigos, pero a diferencia de ti yo no respondo como si ocultara o temiera algo.

-¿Tus amigos te preguntaron si te acostaste conmigo?-apenas formuló la pregunta se arrepintió. Había sido demasiado cruda. El sonrojo se adueño de nuevo de su cara.

-De hecho, fueron más específicos. "¿Cuántas veces lo hicieron esa noche?" Creo que esa fue una de sus preguntas-confesó él con la esperanza de que, si se mostraba relajado, ella se abriría también.

No le hacía falta, ni quería, recordar la razón por la cual Candy se mostraba tan nerviosa cuando la conversación entre ellos giraba hacia temas relacionados con el sexo. Era consciente de que debía ir despacio con ella, darle tiempo para acostumbrarse y sentirse cómoda tratando ese tema en particular con él. Un buen incentivo para ella sería mostrarse despreocupado y natural, como si estuvieran hablando de deportes.

-¡Dios mío!-se llevó la mano a la boca para ocultar su expresión de asombro. ¿Creería todo CAEMSA que en su primera semana de noviazgo ya se estaba acostando con él?

-Por suerte tengo más experiencia que tú lidiando con compañeros curiosos por saber cada detalle de tu intimidad en pareja-intentó tranquilizarla.

-Entonces tengo suerte de tenerte como novio-volvió a sonreír la rubia-. Tendrás que enseñarme un par de trucos para aplicarlos con mis amigas.

Terry correspondió a su sonrisa y buscó su mano con la suya para plantarle un beso, todo sin desviar la mirada del camino. Para cuando Candy fue capaz de calmar su emoción interna, se extrañó por el paisaje frente a ellos.

-Terry, éste no es el camino a mi casa.

-Lo sé. No vamos a tu casa-le aclaró con una sonrisa pícara.

-Entonces, ¿a dónde me llevas?-Candy se giró hacia él intentando leer su expresión- ¿No planearás llevarme a…?

-Te llevo a un lugar sin decirte a dónde, ¿y ya estás pensando lo peor de mí?-Terry fingió sentirse ofendido pero la sonrisa pícara en sus labios lo delató.

-No…es sólo que…me gustaría saber a dónde iremos…

-Vamos a mi casa, Candy-admitió él después de unos segundos-. Hay algo que quiero mostrarte.

-Y supongo que sólo puedes mostrármelo allá.

-Así es. Ya no falta mucho, así que contén tus ansias de sabotear mi sorpresa.

Candy sonrió ante su reproche y se acomodó en el asiento. Ante sus ojos empezaron a aparecer muchas mansiones. Obviamente estaban en una de las mejores zonas de la ciudad.

-Aquí es-Terry detuvo el auto frente al pórtico de su casa. Luego se bajó y le abrió la puerta-. Bienvenida a mí casa, Candy.

La rubia aceptó su mano para salir del auto y se permitió detenerse allí, frente a la gran construcción. De la única vez que había estado en la casa de Terry tenía pocos recuerdos, insuficientes para dar por reconocida la enorme mansión que se erigía ante ellos. "Sin duda la familia Granderson debe ser muy adinerada", reconoció mentalmente mientras intentaba asimilar la realidad.

Mientras ella seguía fascinada ahí, Terry le pidió a uno de los sirvientes que se llevara el auto antes de posar su brazo derecho sobre la cintura de ella.

-La sorpresa está adentro. ¿Te animas a seguirme?

Ella asintió y se limitó a dejarse conducir por él. Dudó un par de segundos antes de seguirlo por las escaleras cuesta arriba. Se detuvo junto a Terry mientras él abría una de las puertas frente a ellos.

-Es…tu habitación…

-La recuerdas.

No había permanecido más de 10 minutos en su cuarto la última vez que estuvo allí, pero sí fue capaz de reconocer los muchos accesorios lujosos con los que él contaba.

-No recuerdo haber pasado por ese corredor la última vez…

-No lo hiciste. Cambié de habitación-le hizo un gesto para que entrase y ella lo hizo, ubicándose en el medio de la espaciosa alcoba.

-¿Cambiaste de habitación?

-Y también de cama-señaló el lecho antes de dejar sus bolsos sobre el escritorio próximo.

-¿Por qué hiciste eso?-se atrevió a preguntarle mientras él se sentaba sobre la espaciosa cama.

-Me traía malos recuerdos.

-Ah…-hasta para ella era fácil adivinar a qué se refería.

-Ven, siéntate-palmeó el colchón-. Necesito que te sientes para mostrarte la sorpresa. No quiero que te caigas de espaldas-añadió con una sonrisa para inspirarle confianza.

-Estoy segura de que tú me atraparías antes de que tocara el suelo-sonrió tímidamente mientras se sentaba junto a él.

-Probablemente. Cierra los ojos-la duda cruzó rápidamente los ojos verdes-. Tienes que cerrar los ojos para darte la sorpresa, y no se vale hacer trampa.

-De acuerdo-se rindió ella cubriendo sus ojos como si fuera una niña. Escuchó el crujir de la cama mientras él se movía y levantaba algo pesado.

-Ya puedes abrirlos.

Un jadeo de sorpresa escapó de sus labios apenas abrió los ojos. Terry sostenía frente a ella un instrumento precioso.

-Terry…es una acrylic style…-alcanzó a pronunciar reconociendo la guitarra.

-En la actualidad, para las princesas están un poco pasadas de moda las zapatillas de cristal pero, ¿qué tal una guitarra de cristal?

-¡Es preciosa!-fue capaz de guiar sus manos y deslizarlas a través del instrumento- Pero, tengo entendido que los hombres no suelen usarlas porque son más femeninas… ¿por qué la compraste, Terry?

-¿No me oíste, Candy? La compré para ti.

-¿Para mí?-repitió incrédula.

-Así es. Porque toda princesa guitarrista debe tener una-le reafirmó entregándosela-. Y tú reúnes todos los requisitos para el título.

-Terry…no debiste tomarte tantas molestias por mí…-le sonrió conmovida.

-Eres una princesa, Candy, y como tal pienso tratarte. Había pensado en comprarte unas zapatillas de cristal, pero como te dije, las vi un poco pasadas de moda para el siglo XXI y decidí que esto era el mejor equivalente.

Candy rió con alegría ante sus palabras y Terry sintió que su corazón se calentaba. Había logrado hacerla feliz y eso le hacía dar un paso más en el largo camino que debía recorrer hasta tener su plena confianza.

-No tengo palabras para agradecerte, Terry. Nunca nadie había hecho algo tan bonito por mí-confesó la rubia acariciando la guitarra.

-Me alegra ser el primero entonces. Supongo que eso me hace merecedor de un beso tuyo.

-¿Un beso?

-Aja. ¿No crees que merezco uno como muestra de tu gratitud?-lo había dicho con gesto malicioso, pero también en tono de broma.

-Mm, déjame pensarlo…-Candy se llevó del dedo índice al mentón en gesto de interrogación. Luego hizo un gesto para darle a entender que había tomado una decisión a la vez que dejaba la guitarra a un lado de la cama-. Supongo que puedo darte un beso…mientras no pretendas que con el, deshaga el hechizo que hay en ti y te conviertas en un príncipe.

-Yo pensé que a las princesas les gustaban los príncipes apuestos y galantes como pareja-comentó mordazmente sin dejar de sonreír.

-Son…interesantes, sí-admitió ella mientras se acercaba a él-. Pero debo confesar que ninguno de ellos…-la voz de Candy de repente se le hacía atrayente mientras sus rostros se acercaban más y más. Cerró los ojos esperando el beso pero ella sólo unió sus labios un momento- puede compararse contigo, Terry-terminó su confesión sin separarse de él y aún sonriendo.

-Convénceme de ello-fueron sus últimas palabras antes de lanzarse sobre sus labios.

Sintiendo su proximidad, la rubia se sujetó a él enlazando ambos manos alrededor de su cuello mientras que él sujetaba su cintura y la engullía con sus brazos. Sin saber quien fue el primero en inclinarse, terminaron tendidos sobre la cama, y aunque Candy pudo sentir el peso de su cuerpo sobre el de ella, no se sentía con fuerzas como para protestar. El sabor de los labios de Terry era tan dulce y cálido que se perdió en el mar de sensaciones que estaban asaltando a su cuerpo.

Terry en cambio simplemente se dejó llevar. Una voz excitada e impaciente gritaba en su mente que si llegaba a detenerse moriría de frustración sexual. Sus labios ansiosos consiguieron profundizar aún más el beso mientras que sus manos, por primera vez en su vida, temblaban al sentir la tibieza del cuerpo de Candy bajo el suyo. "Es tan deliciosa, tan adictiva que simplemente no lo puedo evitar" alcanzó a justificarse frente a su conciencia por ya imaginarse a ambos desnudos y poseyéndose mutuamente. Cuando su deseo logró sobrepasar a su razón alcanzó a dirigir sus manos hacia la camisa de la rubia. Ya estaba sobre el primer botón de la blusa, un hábil movimiento de sus dedos y…

-Oye, hermanito, pudiste decirme que volverías temprano…

La voz, la presencia de Gilberto fue como un balde de agua helada que cayó sobre ellos. Ni dos segundos pasaron para que ambos se separaran y se pusieran en pie.

-…Wow…lo siento…no sabía que estabas…ocupado…-ahí estaba frente a ellos, en el umbral de la puerta, con una expresión de sorpresa genuina.

-…Gil…-tenía la voz entrecortada. ¡Maldición! ¿Cómo se le había olvidado cerrar la puerta de su habitación?

-Está bien, no se preocupen-levantó las manos en señal de detención-. Regresaré por donde vine y, simplemente no he visto nada.

-No, no, espera, Gil-Terry se apresuró a detenerlo-. No ha sido tu culpa. He sido yo quien ha actuado completamente fuera de lugar.

Era cierto. ¿En qué demonios pensaba cuando se le ocurrió lanzarse sobre Candy, allí en su cama, su habitación, ¡su casa!? "En sus labios rojos, su lengua sumisa, su piel suave y cálida…" respondió la voz frustrada en su mente. Respiró hondamente para acallar en él todo lo que no estuviese de acuerdo con su conciencia.

-Candy-le tendió su mano izquierda para invitarla a acercarse. Con timidez y las mejillas tan rojas como una manzana ella tendió la suya y se acercó-. Sé que es una extraña situación, y una forma poco ortodoxa de hacerlo, pero quiero que conozcas a mi hermano mayor, Gilberto.

-Representa un inmenso placer el poder conocerte al fin, Candy-Gil, valiéndose de toda su galantería y su mejor sonrisa le tendió su mano.

-También es un placer conocerte, Gilberto-la rubia sintió su sinceridad y aceptó su mano.

-Por favor, llámame Gil. Eres la novia de Terry, las formalidades entre nosotros están de sobra.

-De acuerdo, Gil-logró sonreír agradecida por la intención de hacerla sentir mejor.

-Ahora que te veo de cerca entiendo porqué Terry no nos había presentado. Eres tan linda que seguro le dio miedo de que intentara conquistarte-comentó con malicia haciéndola reír por lo bajo.

-Candy y yo estábamos planeando presentarnos a nuestras familias, sólo que no habíamos decidido el momento-explicó el castaño con toda intención de contrariar a su hermano.

-Terry dice la verdad. Justamente el pasado fin de semana habíamos quedado en presentarnos a la primera oportunidad que tuviéramos.

-Pues me alegra ser el primero de la familia Granderson en conocerte, es un privilegio-por primera vez, los coqueteos de Gil le molestaban seriamente a Terry.

-Al contrario, el privilegio es mío por poder conocerte al fin. Es sólo que…lamento que haya sido en estas circunstancias…-la rubia desvió la mirada totalmente sonrojada.

-Para nada, Candy, no ha podido ser más ventajosa la situación. ¿Sabías que Terry cambió de habitación?-la vio asentir y continuó- Pues cuando lo hizo yo le aposté a que la primera chica en entrar en su nuevo cuarto sería rubia, y todo indica que no me he equivocado. Pero ahora que lo he visto con mis propios ojos Terry ya no podrá contradecirme y no se negará a aceptar que perdió su apuesta conmigo. ¿Verdad, hermanito?

Aunque el castaño le devolvió una mirada de desacuerdo, no podía estar más agradecido con él como en ese momento. Las intenciones de Gil al comentarle sobre una inexistente apuesta entre ellos dos habían logrado desviar a Candy de la realidad: el haber sido encontrados uno sobre el otro en su cama.

-Mejor para de molestarme por una vez y déjame asumir la derrota con dignidad, Gil.

-Nunca hagas apuestas con Terry, no soporta perder-le confió a la rubia.

-Lo tendré en cuenta-aseguró ella con una sonrisa que daba prueba de que el incidente anterior estaba olvidado.

-En fin, supongo que mi hermano no te ha mostrado aún el resto de la casa, ¿verdad?

-Planeaba hacerlo, Gil.

-Bien, pero ahora démosle a Candy el lujo de presumir que los dos hermanos Granderson le mostraran su elegante guarida-sugirió intencionalmente.

Fue así como, de una manera sutil, Gil se unió a ellos en el recorrido por la mansión Granderson. Los tres terminaron en el bar de su padre, riendo por las ocurrencias de Gilberto.

-Es curioso que aunque son hermanos, sean tan diferentes-comentó Candy terminando el coctel que Gil había preparado para ella.

-La verdad ya me he planteado la posibilidad de que Terry puede ser adoptado. Después de todo son diferencias extremas las que nos separan-la rubia rió por sus palabras-. Sólo pensémoslo: yo soy elegante, y él no, yo soy caballeroso y él no, yo soy apuesto y encantador y él…bueno, creo que bien podría ser como la oveja negra de la familia.

-No quieras hacerte el gracioso, Gil, que no soy precisamente yo del que más se quejan nuestros padres.

-Sí, pero papá sólo se queja de mí cuando descuido mis estudios.

-Lo que ocurre cada vez que cambias de novia, o sea cada dos semanas-Terry no pudo evitar querer avergonzarlo. Era la primera vez que podía acusarlo de mujeriego.

-¿De verdad cambias de novia tan seguido?-la rubia en vez de escandalizarse parecía divertida.

-Es que aún no he encontrado a una chica que realmente valga la pena. Pero aunque encontrara a la indicada no podría evitar descuidar mis estudios. Huyo de ellos cada vez que puedo.

-¿Qué estudias, Gil?-quiso saber ella.

-Administración de finanzas. Es el negocio familiar. Mi padre espera que algún día tanto Terry como yo ocupemos un lugar en su empresa.

-Pero creí que…

-Ya te había comentado que la empresa de mi padre tiene negocios con otras empresas. Algunas de esas son compañías musicales-le explicó Terry-. Si realmente debo ocupar un lugar en la empresa familiar me dedicaré a trabajar sólo con esa categoría.

-Pero tú no estás estudiando administración de finanzas…

-No, pero con todo lo que he ido aprendiendo desde la adolescencia ya puedo incluso competir con Gil.

-Es por nuestro padre-añadió su hermano-. Él siempre nos inculcó que debíamos aprender todo lo posible de su mundo. Así, sin proponérnoslo, hemos aprendido el negocio familiar.

-Seguro que es un hombre muy abnegado con sus negocios.

-Deberías conocerlo-Gilberto se abstrajo por un momento antes de dirigirse a su hermano-. ¿Por qué no llevas a Candy al country club este fin de semana? Es el único lugar donde, con toda seguridad, podría conocer a mamá y a papá.

-¿Country club? ¿Te refieres al country club neoyorquino?-al verlos asentir a ambos la ansiedad de la rubia creció- No, mejor no.

-Aunque no me gusta del todo la idea, debo admitir que Gil tiene razón, Candy. Me gustaría que conocieras a mis padres. Y de hecho, me atreveré a pedirte que invites a tu hermano también.

-¿A Alberto? No, Terry, a él tampoco le gustan esos lugares. Ninguno de los dos encajaría ahí.

-Tonterías, Candy. Admito que no me gusta el sitio porque sólo se reúnen para cotillear, pero es el lugar más adecuado para conocer a tu hermano y que mis padres te conozcan a ti también.

-Pero…

-Mira, si te preocupan las personas, fácilmente podemos retirarnos los 4 luego de presentarnos-le sugirió Gil-. Conozco un excelente lugar donde podemos divertirnos.

-Lo del lugar que conoces no me parece, hermano-le advirtió Terry riendo-. Pero él tiene razón, Candy, podríamos retirarnos después. No tendríamos que quedarnos allí toda la noche.

-Además, si vas, todas las otras chicas de sociedad que aún tienen esperanzas con Terry, sabrán que ya tiene novia y que no pueden competir contigo-agregó Gil con picardía.

-Bueno…-la rubia se lo pensó antes de dar una respuesta definitiva- no estoy segura de que acceda a acompañarme, pero se lo pediré a Alberto.

-Perfecto. Entonces, este fin de semana será el primero al que asistiré puntual al country club-comentó Gil casualmente-. No quiero perderme detalle alguno de la formalización de su compromiso.

Candy no pudo evitar reírse ante la broma. Terry en cambio se limitó a poner los ojos en blanco, prueba de que estaba acostumbrado y hasta hastiado de el sarcasmo de su hermano mayor.

-Sellemos la promesa de reunirnos el fin de semana con un brindis-propuso Gil levantando su propio vaso de coctel-. Por mi hermanito y su dulce novia-ambos riendo lo imitaron y levantaron sus vasos-, que se complementan perfectamente en todos los sentidos.

Candy se rió pensando que aquello era un simple comentario; pero Terry, que si captó el doble sentido, le dirigió una mirada de reproche a Gil, aunque la sonrisa en su rostro lo delató. Sin duda alguna, él también estaba de acuerdo con su hermano mayor.


Como todo sábado en la noche, Nueva York se veía bastante llena de luz y de vida. Para intentar tranquilizarse, Candy miró la hora en el reproductor del auto. Las 7:30 PM.

-¿Algún problema, Candy?

-No, Al-se apresuró en contestarle a su hermano.

-¿Por qué será que cuando me contestas así, siento que si pasa algo?

La rubia suspiró. En ese momento se arrepentía de haberle pedido a Alberto que la acompañase a la cita pautada con Terry, incluso de haber aceptado ir.

-Empiezo a dudar-habló con lentitud-, de haber aceptado ir.

-¿Por qué? ¿Por el lugar al que vamos, o porque vas a presentarme a tu novio?

La pregunta de Al le recordó la charla que habían tenido el día anterior, cuando por fin se había armado de valor para contarle a su hermano.

_FLASH BACK_

-¿Podemos hablar un momento, Al?

-Seguro, Candy. ¿De qué se trata?

-Bueno… ¿recuerdas que habíamos dejado pendiente una conversación acerca de mi nuevo…pretendiente?

-Sí.

Alberto se tomó su tiempo para terminar su bebida, mientras que Silvina y Gerard se ocuparon de retirar los platos de la mesa. Los tres sabían lo difícil que podía resultarle a la rubia hablar de su vida romántica, y si había tomado la iniciativa no la interrumpirían.

-Pues resulta que…me di cuenta de que no te he contado quién es.

-¿Tu nuevo pretendiente?-preguntó inocentemente.

-En realidad…es mi novio-admitió ella nerviosa.

-Vaya. Pues dime. ¿Quién es el joven afortunado?

-Terry Granderson.

-Lo sabía-dijo con una sonrisa.

-¿Y por qué me lo preguntaste entonces?

-Me refiero a que sabía que, tarde o temprano, te conquistaría.

-Eso significa que… ¿no estás molesto?

-¿Molesto porque mi hermana decidió arriesgarse a vivir un romance con un buen sujeto? No lo creo.

-¿Te parece un buen sujeto a pesar de lo mal que se portó al principio conmigo?

-Claro que sí, lo que hizo en ese entonces fue mostrarte una fachada. Y creo que eso lo sabes bien, de lo contrario no habrías aceptado ser su novia, ¿verdad?

-En eso tienes razón-se removió inquieta en su silla-. Entonces, ¿te parece bien?

-Si te refieres a que tengas novio, sí-Al se levantó de la mesa-. Mi única objeción es que me gustaría conocerlo. Pero supongo que pronto me lo presentarás, ¿no?

-De hecho, justamente de eso quería hablarte-la rubia lo imitó levantándose-. Terry me sugirió que nos reunamos, para conocerte y que también conozca a su familia.

-¿Su familia?

-Bueno más bien a sus padres, porque ya conocí a su hermano-la expresión de sorpresa de Al la impulsó a explicarse-. Fue por casualidad, pero él dice que para ser justos debe conocerte.

-Y tiene razón. Me sorprende que quiera formalizar las cosas contigo tan pronto.

-De hecho, la idea de que conociera a sus padres se la sugirió su hermano mayor.

-Ya veo. ¿Y ya fijaron un día?

-Sí. Quiere que nos reunamos este sábado por la noche.

-Suena bien. Pero ¿por qué siento que no te agrada la idea?

-Es por el lugar. Será en el Country club neoyorquino.

-Creo que ya puedo entenderte. ¿Por casualidad le dijiste la relación que tiene ese lugar con nosotros?

-Intenté hacerlo al principio, pero me limité a decirle que no encajaríamos. Aunque él y su hermano terminaron convenciéndome y…acepté ir pero no prometí que te convencería a ti.

-Creíste que me negaría a acompañarte de saber a dónde iríamos.

-A mí me costó un poco aceptar ir, Al. Y de no ser porque seguramente Terry ya les contó a sus padres, le diría que no pienso ir.

-Tonterías, Candy. Deberías verlo como una buena oportunidad. Es la ocasión perfecta para que volvamos.

-Entonces, ¿me acompañarás?

-Por supuesto. Si vamos a volver, lo haremos juntos.

_FIN DEL FLASH BACK_

Así había acabo aquella conversación. Pero a pesar de saber que tenía el apoyo de su hermano, Candy aún no estaba tranquila. No sabía que podía esperar de aquel encuentro.

-¿Necesitas otro minuto para pensártelo o ya tienes respuesta?-la voz de Alberto a su lado, la regresó a la realidad.

-Creo que es un poco de ambos. ¿Qué tal si Terry no te agrada?

-Me agradará. Si lo has escogido tú, debe ser un buen sujeto.

-¿Y qué tal si se molesta cuando sepa la verdad de nosotros?

-Simplemente dile que no sabías cómo decírselo, y que no esperabas que nos recordaran.

-¿Y si no somos bien recibidos después de todo?

-Pues estamos por averiguarlo-Alberto bajo la velocidad. Habían llegado a su destino-. Hemos llegado.

-Buenas noches, Sr.-lo saludó un caballero bien vestido cuando se detuvieron-. ¿Me permite su identificación?

-Con gusto-Al le tendió ambos credenciales.

-Perfecto-después de checarlos se los devolvió-. El vale puede estacionar su auto si lo desea.

-De acuerdo-se bajó del auto mientras el mozo abría la puerta de Candy y la ayudaba a bajarse también-. Gracias-le ofreció a su hermana el brazo para guiarla.

-Un placer, Sr.

-¿Nerviosa?-le susurró mientras entraban.

-Sólo un poco.

Alberto la guió sin titubear por los pasillos. Ante sus ojos todo seguía igual. Una bonita arquitectura llena de elegancia suntuosa. Como ambos esperaban, la verdadera concurrencia estaba en el amplio jardín. El ambiente era animado por la suave melodía de una banda en el fondo. Muchas personas volvieron la vista cuando comenzaron a descender las escaleras.

-Dichosos los ojos que te ven-comentó con galantería una voz detrás de ellos.

-Gilberto-la rubia no tuvo problemas en reconocerlo. Se aproximó hacia él mientras que el muchacho se adelantó en darle un beso en la mejilla.

-Hola, Candy. Me da gusto verte-retrocedió un poco para detallarla-. Estás muy hermosa.

No pudo evitar sonrojarse. Hacía bastante tiempo desde la última vez que vistió ropa de coctel. Para esa noche había escogido un vestido rojo con una falda que caía con toda libertad y terminaba unos centímetros debajo de sus rodillas; lo combinó con un par de sandalias doradas y para completar su arreglo recogió su cabello en un moño elegante. Las únicas joyas que había optado llevar eran los aretes de oro de su madre.

-Gracias, Gil. Tú también te ves muy apuesto.

Era cierto. El traje que usaba lo hacía verse como todo un conquistador. "Tan diferente de Al, que se ve más profesional". Candy estaba acostumbrada a ver a su hermano usando trajes y corbata, pero esa noche la parecía diferente, elegante.

-Aún no los he presentado-recordó mientras se volvía hacia su hermano.

-Llego a tiempo entonces.

Candy reconoció la voz detrás de ella con facilidad, pero al volverse sintió que se paralizaba. Terry se veía más apuesto que nunca, pero no sólo era por el elegante traje negro, la camisa blanca que resaltaba el color moreno de su piel, su cabello ligeramente despeinado por la brisa, o la expresión pícara en su rostro; era como si una fuerza invisible la empujara a lanzarse a sus brazos. Un escalofrío la recorrió de la cabeza a los pies al recordar como la había abrazado el pasado lunes, como sus cuerpos se habían amoldado con tanta facilidad…

-Iba a avisarte que había llegado-se excusó Gil delante del castaño. Obviamente él la había visualizado primero y Terry había tardado unos instantes más en hacerlo.

-No lo dudo-acalló a su hermano y se acercó a darle un rápido beso en los labios a ella-. Hola, Candy.

-Hola, Terry-apenas y pudo devolverle el saludo, tanto por el sonrojo como por la emoción que sentía al verlo. Pero un carraspeo detrás de ella la hizo reaccionar-. Terry, quiero presentarse a mi hermano mayor, Alberto.

-Me alegra poder conocerte-le tendió su mano y el rubio la aceptó.

-El gusto es mío-terminaron de estrechar sus manos pero aún seguían mirándose. Alberto simplemente le sonrió-. Tenía tiempo deseando conocerte. Te felicito por haber podido conquistar a mí hermana, toda una hazaña.

-Al-Candy le llamó la atención mientras que Terry rió por lo bajo.

-No fue fácil, pero tiene sentido luchar si el logro es tan valioso, ¿verdad?

-Totalmente de acuerdo contigo, hermanito. Y ahora, ¿puedes presentarme?-Gil se situó a su lado con su típica porte bromista.

-Por supuesto, Gil-Terry le dirigió una mirada de advertencia a su hermano antes de volverse hacia el rubio-. Él es mi hermano mayor, Gilberto.

-Puedes llamarme Gil-le dijo mientras estrechaban sus manos.

-En ese caso llámame Al. Así es como me llaman las personas de confianza-le contestó el rubio con una sonrisa.

-De acuerdo. Al fin y al cabo, si vamos a ser chaperones esta noche debe haber confianza entre nosotros.

Antes de que Terry pudiera reclamarle a su hermano, Alberto reía y Candy se sonrojaba. "Nunca vas a cambiar, Gil" pensó fugazmente poniendo los ojos en blanco.

-Y hablando de confianza, deberíamos unirnos al ambiente-Gilberto miró a su alrededor y bajó el tono de su voz-. Nunca han sido de mi agrado porque casi todos igual de pomposos, pero a veces pueden ser divertidos.

-No lo dudo-dijo Alberto antes de reanudar el paso junto a Gil.

-Nada mal, ¿verdad?-Terry le sonrió a la rubia cuando le tendió su brazo para caminar juntos.

-Después de verlo, no sé por qué me preocupaba que se conocieran-admitió Candy sonriente.

Los 4 jóvenes comenzaron a moverse entre las conversaciones sin ningún problema. Pero antes de que Candy pudiera relajarse por completo Gil ser separó un poco de ellos para saludar a una pareja. No tardó en deducir que eran sus padres.

El señor vestía un traje bastante formal, y a pesar de ser mayor se veían en él varios rasgos atractivos que habían heredado sus hijos. La Sra. Granderson era la típica mujer de sociedad, con un vestido elegante y propio para su edad, exhibiendo una seguridad con su postura.

-Hasta que al fin aparecen-la mujer fue la primera en hablar, dirigiéndose a sus dos hijos-. Su padre y yo los hemos estado buscando desde hace bastante rato.

-Perdónanos, mamá. Pero Terry y yo esperábamos a quienes nos harían compañía esta noche-comentó Gil para que ambos se percataran de que no estaban solos.

-Mamá, papá-Terry dio un paso adelante- les dije que esta noche quería presentarles a alguien especial. Y como ya ha llegado, se las presento-tomó la mano de la rubia para aproximarla a su lado-. Ella es Candy Whiton, mi novia.

-Mucho gusto, Sr. y Sra. Granderson-extendió su mano con una sonrisa, y para su sorpresa fue el hombre quien la recibió primero.

-El gusto es nuestro, Srita.-le respondió también sonriéndole-. Mi nombre es Eliot Granderson.

-Cristina Granderson-la mujer imitó a su marido, tendiéndole la mano.

-Y él, es su hermano, Alberto-Terry miró al rubio acercarse a sus padres.

-Un placer, Sr. y Sra. Granderson-Al estrechó sus manos por igual, pero la mujer retuvo su mano por más tiempo.

-¿Alberto Whiton?-el muchacho asintió- ¿Alberto y Candy Whiton? ¿Los hijos de de Bryan Whiton?

-Así es, Sra. Aunque mi padre murió hace bastante-le contestó Alberto.

-Lo sé, todos los que le conocimos lamentamos mucho su pérdida-le aseguró ella.

-En verdad me sorprendes a veces, Cristina-le dijo su marido alabando su buena memoria-. Conocí a su padre hace años, joven, y debo decir que tiene usted mucho en común con él.

-Terry, ¿por qué no nos habías dicho que eras el novio de Candy Whiton?-le reprochó su madre al castaño.

-Porque no había tenido oportunidad antes, mamá-le respondió él antes de dirigirse a su padre-. ¿En verdad conociste al padre de Candy?

-Por supuesto. En varias ocasiones recurrí a su bufet para pedirle asesoría legal. Era un brillante abogado, y no pongo en duda que su hijo sea igual-el Sr. Granderson se volvió hacia Alberto-. Su padre siempre se mostraba orgulloso de su familia. Aunque yo nunca conocí a sus hijos, hasta hoy, nunca puse en duda el talento que tendrían y el que su padre siempre alabó.

-Muchas gracias, Sr.-Al sonrió sintiendo la sinceridad en sus palabras.

-Es una grata sorpresa saber que Candy Whiton es tu novia, hijo-agregó la Sra. Granderson mirando contenta a la pareja-. Ahora entiendo por qué no querías socializar con otras jóvenes.

-Oigan, ya que hemos tocado un tema de conversación ameno, ¿por qué no nos sentamos en la misma mesa?-sugirió Gil rápidamente.

-Buena idea, Gilberto-lo apremió su padre-. Nos encantaría compartir la mesa con ustedes.

-Para nosotros será un placer, Sr.-aceptó Alberto en nombre de los dos.

-Y ya que nosotros vamos a socializar un poco, ¿por qué no invitas a bailar a Candy, hermano?

Aunque generalmente Terry se exasperaba por la forma en que su hermano Gil manejaba las cosas y las distorsionaba, por esa vez le agradeció la sugerencia.

-Tienes razón, Gil-se volvió hacia la rubia-. ¿Bailamos?

-Sí-Candy le tendió su mano y se dejó llevar a la pista de baile. Aunque habían otras parejas bailando a su alrededor la suave música del vals impidió que escucharan su conversación-. ¿Crees que estén bien sin nosotros?

-Seguro que sí-la atrajo hacia él para comenzar el baile-. Gil servirá de mediador si las cosas toman el rumbo equivocado. Siempre sabe cómo arreglar los momentos incómodos.

-En eso tienes razón-sonrió recordando cuando los había sorprendido en el cuarto de Terry.

-No sabía que tu padre fuera conocido aquí.

-Acostumbrábamos a venir muy poco-explicó la rubia sintiendo el ligero reproche por no habérselo dicho antes-. Antes te dije que mi padre era muy conocido como abogado, y que hizo mucho dinero, pero nunca se sintió atraído por los grupos elitistas.

-Y después de perderlo, tu hermano y tú prefirieron no venir más.

-No vimos razón para volver. Al se dedicó de llano a su carrera, y yo hice lo mismo-explicó con simplicidad-. Lamento no habértelo dicho antes. No supe cómo hacerlo.

-Te perdono-le sonrió con picardía-. Me parece irónico que mi padre conociera al tuyo.

-Quizás…si las cosas hubieran sido diferentes, nos habríamos conocido por ellos-dijo ella con una sonrisa triste.

-Puede ser. Pero como estamos hechos el uno para el otro, el destino se encargó de juntarnos de otra forma.

-¿Estás seguro de eso? Porque si no es así, puedes "socializar" con otras chicas-Candy dio un vistazo a su alrededor. Había un par de jóvenes que la miraban con verdadera envidia-. Creo que en este lugar podrías encontrar varias candidatas.

-Llevo años "socializando" con ese tipo de mujeres-le aclaró él divertido-. Pero ninguna me ha impresionado tanto como tú.

-¿Impresionado?

-Se me ocurren varias cosas que me has hecho. Entre las muchas, que me has enamorado-la escuchó reír por lo bajo.

-Si te sirve de consuelo, tú también me has enamorado a mí-admitió con picardía.

-¿Y si te pido que me lo demuestres?-le susurró deslizándose a su oreja, con toda intención de tentarla.

-¿A…ahora?

-Ahora, delante de todos-el nerviosismo en el rostro de ella lo movió a dejar de lado la picardía-. Dame un beso.

-¿Un beso…en los labios?

-Aja.

Con una sonrisa, vio como Candy suspiraba, cerraba los ojos y unía sus labios en un sencillo beso. De pronto se le antojó adentrarse en su boca y fue eso lo que lo impulsó a atraerla más hacia él y tomar el control del beso. Como siempre, el dulce sabor de su boca y el sumiso movimiento de su lengua aceleraron su pulso y su respiración. Aún con nerviosismo por besarse en un lugar tan público, Candy le dejó hacer, pero también se permitió ahogarse en las cálidas aguas del placer; por eso le sorprendió sentirse libre de su boca de pronto.

-¿Qué…?-justo cuando iba a protestar, sintió sus labios en la frente.

-Tal vez más tarde pueda pedirle a tu hermano que me deje fugarme contigo por el resto de la noche-le explicó él con una sonrisa-. Pero por ahora, dediquémonos a disfrutar del momento.

-De acuerdo-aceptó gustosa.

Candy recostó su cabeza en el pecho de Terry, y mientras él la envolvía con sus brazos, se dijo a si misma que nunca había sido tan feliz.

Notas finales: Holis a todas, chicas del FF. Antes que nada, nop, no están viendo una visión ni están soñando, realmente soy yo…y aunque se me cae la cara de vergüenza, aquí estoy de vuelta para enfrentar todos los tomatazos y sentencias de muerte que seguro me esperan… ¡y no las culpo! Yo estando en su lugar me habría decapitado cinco veces por no haber vuelto en UN AÑO Y SIETE MESES. Es HORRIBLE, lo sé, y no tengo perdón del creador por haberlas dejado en ascuas durante todo este tiempo…incluso cuando prometí que volvería pronto 0.o pero antes de avanzar a la horca, me concedo un último deseo y es para explicarles el por qué de mi ausencia (al menos les debo eso, ¿verdad?). Veamos por dónde empiezo…

Todo comenzó el año pasado, cuando entré al 4to año de la carrera y con eso asignaturas que se imparten sólo de forma "práctica", en otras palabras, fuera de la facultad. Y aunque tenía la preparación básica para defenderme, tuve que esforzarme mucho para acoplarme al ritmo de trabajo y tratar con el mundo real…Por mucho tiempo estuve así, hasta que comenzó éste año que me sentí de la patada por haberlas abandonado y quise hacer una nueva gracia: terminar esta historia para presentarla en la guerra de florida.

Desafortunadamente no pude cumplir con mi objetivo porque con todo el estrés de entregarla a tiempo la inspiración sólo me llegaba por ratos…y finalmente cuando llegó me di por vencida :( Pero como dicen por ahí: de todo lo malo, algo bueno queda…porque les informo que con la intención de terminar pronto la historia logré avanzar de un tirón tres, TRES capítulos completos, que pienso subirles en el período de tiempo de 3 semanas (sip, leyeron bien, uno por cada semana), en un intento de persuadirlas para que no me maten todavía sino que lo hagan después que termine la historia jejeje.

Así que, ¿qué dicen, chicas? ¿Le darían a esta pobre y poco ortodoxa escritora una oportunidad más? Sé que lo que por mucho tiempo se ausenta, poca falta termina haciendo, pero les confieso que ustedes si me han hecho mucha falta a mí, especialmente por todo el apoyo y los ánimos que me impulsaban a querer escribir cada vez mejor. Por eso, y aunque todavía quieran enviarme a la hoguera o convertirme en ensalada humana, pienso continuar escribiendo hasta darle a esta historia, y a ustedes mismas, el final feliz que se merece :D

Ya habiéndoles dado las explicaciones pertinentes (me extendí mucho, fueron 4 párrafos), paso a hablarles del cap. Si estuvo bonito, ¿verdad? Les confieso que yo no me cansó de los detalles románticos de Terry, no es como un caballero, ¡es como un príncipe! Y aunque quiero mucho a Gilberto, su hermano, estuve a punto de torturarlo por haber interrumpido una escena tan INTERESANTE, jajaja. ¿A poco no pensaron que el arroz ya se había cocido? Pues no, señoritas, todavía le falta algún tiempo en la olla, jejeje :P Sin embargo, no podemos matar a Gilberto todavía porque gracias a él la pecas conoció a sus suegros y supo la conexión que tuvo su papá con ellos. Irónico, ¿verdad? Casi nos hace pensar que hay una mano invisible que controla sus destinos…jejeje.

Por si les da curiosidad saber más acerca del instrumento que Terry le obsequió a su pecosa, he aquí algo de información: La Acrylic Style es una guitarra que, aunque parece de cristal, tiene un cuerpo acrílico, que le da un aspecto transparente, y en algunas ocasiones tiene luces y otros detalles en su interior. Para que la admiren con sus propios ojos, les comparto unos enlaces donde podrán ver y escuchar como suena la hermosa guitarra:

img244 . imageshack . us/img244/1906/pa140008hl8 . jpg (sin espacios)

www . youtube watch?v=kP5slwyhI (sin espacios)

Finalmente llego a la parte que más disfruto siempre: los agradecimientos. Para todas las chicas que aún me siguen, pese al tiempo y a mi larga ausencia, GRACIAS, por sus comentarios, por su apoyo e incluso por el simple hecho de leerme. Normalmente acostumbro a responder review por review, pero para evitar tardarme más, y sólo por esta vez, me limitaré a enviarles un agradecimiento general: Gema Grandchester, Karina, Wendy, Conny, Bloody-Rose-Sayo-Yuuki, Missy Lkristn, Elhyzha, Lala, Eli de Grandchester, Zora, Klaudya, Julie, Gema, Sagitario, Tatiana, Candyangelnr, Inuky, Lorenni, Mona, Lizzymoon, Anelis Grandchester, Mazy vampiro, Diana Carolina Herrera y Aseret, ¡Mil gracias por todos sus opiniones e incluso críticas! Les prometo que las leeré una por una y tomaré nota por si debo corregir o añadir algo que sea de su gusto ;)

Avances del próximo cap: Nuevas oportunidades para disfrutar de un noviazgo… ¿o para ponerlo a prueba? Un cambio de ambiente. ¡Susana regresa a la escena!

Antes de irme, debo rendir cuenta por mí otro fic también, el crossover "Amor, Deseo y Sangre". Tampoco tengo excusa que me justifique porque hace muchísimo que les debo la actualización…lo único que puedo decir a mi favor es que no he logrado coincidir con mi amiga y compañera de escritura en este fic, Ruby-PknaPcosa, por lo que no puedo asegurarles cuándo exactamente volveré con un nuevo cap, pero sí puedo decirles que haré todo lo posible por ponerme en contacto con ella para resolver este contratiempo. Les estaré avisando por este medio a penas tenga noticias de ella.

Bueno, eso fue todo por hoy, chicas. Nos estamos leyendo en una semanita ^-^