Tengo un vago recuerdo de lo que paso en ese tiempo, cuando éramos más jóvenes, todo era tan distinto ahora, lo único que no ha cambiado son mis sentimientos, que siguen intactos, envueltos en una capa de acero bajo mi corazón, nadie los ha tocado, nadie ha logrado hacerlo, siguen igual que cuando los encerré aquella última vez que la vi, alejándose de mi, probablemente para siempre, fue cuando decidí guardarlos bajo llave en lo más recóndito de mi órgano esencial, el corazón, jure que nunca nadie iba a ocupar aquel espacio, que nunca nadie iba a llenar aquel vacío que comenzaba a acumularse dentro de mi conforme la veía alejarse dentro del vagón de primera clase del anden 17.

Se fue, nunca supe a donde, pero se llevo consigo mi alma, mi aliento, mi vida, mi amor, no tuvo ninguna consideración, y yo nunca me atreví a detenerla, nunca me atreví a mirar a alguien más desde su partida, todo estaba perdido, después de años de intentar e intentar, todo fue inútil, la perdí, la perdí así como nunca la tuve, siempre estuvo fuera de mi alcance, sin embargo, yo sabía que era toda mía.

Aun recuerdo el día en que la vi por primera vez, yo me encontraba sentado en la banca dentro de mi salón de clases, no había nada nuevo ese año, me había tocado con la misma gente, los mismos rostros de cada año, nunca tuve muchos amigos, y los que tenía, preferían no hablar mucho conmigo en público, pues siempre fui excéntrico, extraño, nunca encaje con los demás chicos. Pero ese día, ese día cambio mi vida para siempre, ese maldito día en que vi su rostro por primera vez, fue mi condena.

Ella entro a paso lento en el salón de clases, tímida, cohibida, obviamente no conocía a nadie, sus mejillas se encendieron, yo la mire, encandilado por el brillo de su rostro, me quede pasmado, petrificado al verla caminar frente a mis ojos, su cabello se agitaba con el andar de sus piernas, era cenizo y largo, muy largo, y sobretodo, brillante, jamás lo olvidare. La maestra le indico su lugar, en donde de ahora en adelante tomaría todas las clases, estaba muy lejos de mi, del otro extremo del salón, a unas cuantas filas más allá, pero aun podía visualizar su rostro entre la multitud de alumnos que nos separaban, la seguí con la mirada, discretamente, tratando de no llamar mucho la atención, tratando de ocultar el inmenso interés que despertó en mi aquella chica de nuevo ingreso a la que veía por primera vez en toda mi vida. "Mi ángel"-pensé yo-la voz de la maestra se escuchaba lejana, a pesar de que la tenía al frente, pero me era imposible apartar la vista, era casi insoportable el hecho de hacerlo, a mi alrededor todos parecieron desaparecer, era muy tarde, me había enamorado de ella, me había sumido en un trance del cual sería difícil salir. Un montón de voces comenzaron a interrumpir mis pensamientos, "Deja de mirarla"-dijo una de ellas-"Nunca te hará caso"-grito otra-"Ella es un sueño…"-susurro una tercera voz, y por alguna razón, esas últimas palabras me hirieron profundamente.

Alguien me golpeo en la cabeza con la palma de la mano y volví del trance en el que me encontraba, mire a mí alrededor y mire a Lita Kino.

Lita Kino me había golpeado en la cabeza para que prestara más atención, la maestra había pronunciado mi nombre varias veces y comenzaba a exasperarse, levante la mano tímidamente y dije "aquí me encuentro", la maestra rodó sus ojos y continuo pasando lista, escuche las risas de Lita y Mina quien se burlaban de mi por el incidente, y entonces fue cuando ella me miro por primera vez, nunca olvidare su mirada.

Ella me miraba con esos enormes ojos azules que adornaban su cara, parecía divertida con la situación, una sonrisa se dibujo en su rostro y mis mejillas se coloraron rojo intenso, y siendo un ser tan pálido me fue inevitable hacer notar que me avergonzaba la situación en la que me encontraba, por lo que su sonrisa se hizo aun más ancha, y en ese momento sentí que yo era el ser con mas suerte en toda la historia, que era la persona mas afortunada por haber recibido aquella hermosa y angelical sonrisa, sentía que me merecía el universo entero por una sola sonrisa, solo me basto esa sonrisa para quedar prendado de ella para siempre, la cual se disipo rápidamente cuando se giro para levantar su mano.

"Serena Tsukino"-había dicho la maestra Sakurada, "Serena", "Serena", "Serena…"-pensé, "Ningún otro nombre le hubiera quedado mejor".

-¿Te encuentras bien?-me pregunto Amy Mizuno, quien se encontraba sentada frente a mí y quien se había percatado de mi repentino comportamiento.

Me dedique a asentir con la cabeza, Amy se volteo y decidí dejar que los minutos transcurrieran lentamente, mire las manecillas del reloj avanzar minuto a minuto.

Deje transcurrir el día, constantemente invadido por la imagen de Serena Tsukino en el pensamiento.

Y ahora se que la amé desde ese momento en que la mire, y ella me sonrió, ahora se que ese día comenzó mi tormento, mi deseo inalcanzable de tenerla para mi, mi corazón se abrió lentamente, dejándola entrar, silenciosamente, me di cuenta demasiado tarde de que Serena había entrado, y que mi corazón no deseaba dejarla salir bajo ninguna circunstancia.

Mi corazón no la dejo ir ni siquiera cuando la vio partir en aquel tren, se negó, Serena Tsukino, a esas alturas, se había adueñado por completo de él.

En la escuela los días transcurrieron y Serena rápidamente hizo nuevos amigos, desafortunadamente se hizo amiga de las chicas más populares de la escuela, como lo eran Mina, Rei y Lita, y aunque Amy se juntaba con ellas no era nada escandalosa ni superficial, Amy era ordenada, inteligente y responsable, y a pesar de ello era muy buena amiga de las chicas. Serena se convirtió entonces en la chica más linda del salón, todos estaban admirados con ella, pues era la chica nueva de la escuela, yo, por supuesto, nunca me atreví a hablarle, ni a presentarme, siempre que mi mirada se encontraba con la de ella, prefería mirar hacía otro lado rápido, Serena Tsukino me intimidaba.

Algunas semanas después, Serena ya había alcanzado el trono, ahora era la chica más popular, rodeada de amigos, o personas que pretendían serlo, los chicos no se quedaban atrás, no era de esperarse que los mas guapos del colegio se acercaran a ella, así fue como todo empezó, Seiya Kou puso sus ojos en Serena y supe entonces que entre ellos se escribiría una historia. Seiya era mi amigo, aunque prefería no hablarme mucho en público, pues era popular y tenía muchos amigos que podían hablar mal de él, a mi nunca me molesto, yo respetaba su forma de pensar, aunque no estuviera de acuerdo. Pero al menos tenía a Hotaru Tomoe, mi mejor amiga en todo el mundo, a quien yo conocía desde el jardín de niños, ella era igual de excéntrica que yo, igual de retraída y tímida, nuestros recesos se basaban en ocultarnos tras los robles más viejos de la escuela, era nuestro rincón secreto, nunca nadie se paraba por allí. Hotaru y yo platicábamos todo el tiempo sobre cosas con y sin sentido, nunca se terminaban nuestros temas de conversación, pero ese receso fue diferente a los demás, Hotaru decidió tocar un tema del que yo estaba huyendo.

-No intentes negarlo, se que Serena Tsukino te agrada y no te atreves ni a mirarla.

Hotaru tenía razón, tenía toda la razón, lo único que hice fue asentir y esbozar una mueca, esa idea no me agradaba, de primera instancia no me agradaba que Serena Tsukino fuera de mi gusto, y muchas veces desee nunca haberle mirado por tanto tiempo aquella primera vez. Pero como ya dije, era demasiado tarde. Hotaru y yo nos dirigimos hacía la cafetería minutos antes de que el receso de terminara, yo la esperaba a un costado mientras ella pedía algunos dulces, me encontraba distraído, mirando el cielo, las nubes estaban de un color grisáceo, pronto llovería. Una mano toco mi brazo izquierdo, mire la mano y vi cinco uñas pintadas de rosado y un anillo con una luna de plata en el dedo anular, mi pulso se acelero al darme cuenta de que la mano de Serena se encontraba situado en mi antebrazo.

-¿Me dejarías pasar, Diamante?-me dijo aquella angelical voz. Era la primera vez que Serena se dirigía a mí, yo me gire para mirarla, sus ojos azules estaban clavados en mí, no pude reaccionar rápido, pero me hice a un lado, ella me soltó y continuó su camino. No lo podía creer, me había hablado, me había hablado a mi y solo a mi, pero lo que más me sorprendió en ese momento fue que me di cuenta de que ella sabía mi nombre, todo aquello me resultaba increíble. Hotaru volvió a mi lado y me miro extrañada, sonrió divertida por ver la escena.

-Ella sabe mi nombre.-le dije aun incrédulo.

-Claro que lo sabe, lo escucha todos los días cuando la maestra Sakurada lo dice al pasar la lista.

Hotaru me dio la espalda y camino en dirección a nuestro salón, yo me quede unos segundos mas tratando de asimilar la situación. ¡Serena Tsukino sabía mi nombre!