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Pequeños Círculos •


Mai Notes: Ugh, después de años de ausencia (fue UNO ¬¬), regreso como la hija pródiga. Esta maravillosa historia xD la escribí antes de que mi PC muriera, y si no creyera que promete, no la publicaría. Como siempre, quedo bajo su juicio, queridos lectores. Un review no mata, así que espero comentarios! Me supongo que habrá de todo tipo, les juro que esto se viene bizarro, sucio y poderosamente gracioso. ¡Tiéntense! xD

Advertencias: Parejas rancias, mal lenguaje, mucho sexo en capis venideros, mundo paralelo y por consiguiente, algún OOC que no daña a nadie.

Disclaimer: Bleach no es mío. Los personajes se lo pierden (H)


Session I

El Problema

Abrió la puerta del bar no tímidamente, sino con energía. Ella no era una mujer tímida, nunca lo había sido y no iba a aparentar serlo ahora, que estaba muy cabreada con el entorno, con el imbécil de su ex-novio… y con ella misma. Tenía que reconocerlo.

Se sentó en una de las mesas más alejadas, pues quería estar sola. Llamó al camarero y le pidió una cerveza grande. El hombre preguntó, poco acostumbrado a que una dama pidiera tanto trago, si esperaba a alguien más. Pero Kuchiki Rukia, aparte de ser no tímida, es no dama, así que le dijo al estúpido camarero que se entrometiera en sus propios asuntos y le mandó a buscar una maldita cerveza extra grande con viento fresco.

Cuando estuvo sola, enterró las manos en su cabello, en un gesto abatido. No podía creer que había pasado de nuevo. ¿Qué le veían los hombres, que todos le llovían con la misma proposición?

Su relación con Renji era fantástica. No tenía nada que reprocharle, era un hombre entretenido, loco, poco decente, enérgico… tal como le gustan a ella. Los dos años de feliz noviazgo habían sido pura chispa, siempre con panoramas, siempre haciendo locuras…

Recordó con una sonrisa en los labios aquella vez que la llevó a lo más alto del pequeño faro de la playa. Le había gustado mucho esa visita, y él pareció archivarlo en sus anales para una futura idea que se le estaba ocurriendo.

Llegó la cerveza y, tras un larguísimo trago, recordó con amargura que ese mismísimo pequeño faro había sido el origen de su desgracia. El miedo volvió a florecer y tuvo que dejar a Renji.

¡Pero si él tan sólo no hubiera cometido la estupidez de…!

…Rukia recurrió de nuevo a la cerveza y, de otro larguísimo trago, la vació hasta un poco más de la mitad.

Tenía que reconocerlo abiertamente, aunque sea a sí misma: Tenía un grave problema. ¡Pero no era su culpa, no sabía su origen, no sabía qué cara poner simplemente cuando alguien le proponía matrimonio! … y lo único que se le ocurría era huir.

Abarai Renji era el novio decimocuarto que Rukia había tenido en sus veinticinco años de vida. Claro, no todos le habían propuesto matrimonio, pero los había tenido que desechar después de unos cuantos meses de desencanto. Y aquellos desechados enteraban apenas unos tres o cuatro, así que descontando, había tenido unas diez proposiciones de casorio en toda su existencia. Todo un récord… pero para ella era intolerable.

No se imaginaba a sí misma rodeada de hijos, quedándose en casa para atenderlos, esperar a su marido para igualmente atenderlo, y ella con el único remedio de ver pasar los días todos iguales, sin poder trabajar, sin poder realizarse, pasarlo bien, hacer unas cuantas tonteras… en resumen, ser una esclava de la decencia y del hogar. ¡No, eso no era para ella!

Así que cuando Renji la llevó al mismo faro para pedirle que se casara con él, todo su mundo se vino abajo.

Llegó a una conclusión más o menos aceptable por ahí por el quinto trago largo de su cerveza.

Le tenía FOBIA al matrimonio.

Y necesitaba hacer algo. No podía pasarse eternamente huyendo de los hombres para que no se lo pidan, era insano y estúpido.

Su teléfono móvil sonó con un chirrido que le pareció espantoso, porque con sólo escucharlo, ya sabía que Renji le estaba llamando.

"Esa tonta idea de ponerle un tono especial…"

Tenía dos opciones: hacerse la tonta y seguir huyendo, o contestar y decirle al pobre en su propia cara que lo de ellos no podía continuar.

Porque sí, no había terminado aún con él. Pero pensaba hacerlo.

Y en honor a esos dos años de locura y amor desenfrenado, lo haría ahora.

—Renji… —contestó, en un tono nervioso pero decidido.

Hola preciosa. ¿Por qué demoraste tanto en contestar?

—Eh, bueno… estoy en la calle, no escuchaba el teléfono. —se excusó. Cualquier tontera era mejor que explicarle que estaba medio ebria porque necesitaba valor para cortarle.

Ah… oye, necesito verte. Tenemos una conversación pendiente, ¿recuerdas?

—Eh… sí… —mierda, mierda, mierda.

¿Tienes tiempo ahora?

—¡Claro! ¿Te parece bien que pase por tu departamento ahora?

Tanto mejor. Estoy ansioso por escuchar tu respuesta.

Un nudo en el estomago de Rukia le impidió seguir hablando.

—Nos vemos —dijo, y cortó la llamada.

"Vamos, Rukia, ¡valor! No puede ser tan difícil terminarle. ¡Lo has hecho trece veces antes!"

Se dio unas palmaditas de ánimo en el rostro y, dejando la cuenta pagada junto al vaso de cerveza a medio terminar, salió de aquel lugar con la firme decisión.

Le iba a doler, seguro. Pero el dolor siempre se acaba al cabo de dos semanas mientras ella seguía siendo libre.

.·oOo·..·oOo·..·oOo·..·oOo·.

Hundió su dedo en el timbre con cierta inseguridad. Se reprochó, pues entonces venir todo el camino auto convenciéndose no había servido para nada.

Al poco tiempo se oyó un silbido característico, y ella respondió con uno parecido. Era para reconocerse mutuamente. Rukia se preguntó por qué Renji usaba esa señal ahora…

Y cuando la puerta se abrió, la respuesta fue más que evidente.

—Pasa —dijo escuetamente el pelirrojo, con una toalla en el cabello y otra amarrada en la cintura. —Estaba duchándome, ¿podrás esperarme en el living mientras termino?

—C-claro, ¿Por qué no voy a poder? —balbuceó ella, ingresando al inmueble con los ojos pegados a las gotitas de agua que escurrían por todos los sectores visibles del cuerpo de Renji.

"Esto va a ser en verdad difícil" se dijo algo hipnotizada, mientras se mordía el labio en señal de impotencia.

—A menos que quieras seguirme y meterte a la ducha conmigo… —comentó en tono de broma el chico, viendo cómo lo miraba su poco inocente novia.

No es un tema fácil de eludir, pero el recuerdo de esas entretenidas tardes de sexo que pasaba con Renji le estaban haciendo el triple de complicada la decisión.

"Ah… ¿Por qué tenías que cometer una estupidez como ésa?"

—No seas bruto. Termina de ducharte, te espero aquí. —se instaló en el sillón como apernada, y se cruzó de brazos mientras esperaba.

—Bueno, vale. Tú te lo pierdes.

—Tan modesto como siempre…

El chico desapareció escaleras arriba, y un tiempo excesivamente pesado empezó a transcurrir. Rukia empezó a ensayar las mejores maneras de decir lo que pretendía, pero en cada intento fallido se arrancaba dos o tres pelos de la cabeza. ¡Con los otros no había sido tan complicado, joder de los joderes! Pero es que Renji había sido mucho más especial…

Le daba sincera pena. Pero NO iba a casarse, ¡eso sí que no!

¿Y si Renji tenía listo el anillo, y todo eso?

¡Qué pánico!

Maldita sea, Rukia no era un ser cobarde. ¡Tenía que hacerlo y ya!

Pero tampoco era un ser cruel, como para continuar una relación sin amor.

O tal vez sí, tal vez era un monstruo.

Se arrancó los últimos tres pelos de la cabeza, y con decisión agarró una revista que había tirada en la mesita de centro, buscó un bolígrafo en su cartera y garrapateó las líneas más malditas de su vida.

"No tengo valor para decirte esto de frente. Me marcho porque tampoco quiero ver tu cara cuando leas este mensaje, ni quiero sentir cómo te quiebras por dentro. Créeme que estoy hecha mierda, pero lo único seguro en este momento es que no puedo —tachó la palabra "puedo", y volvió a escribirla con mayúsculas. —PUEDO casarme contigo. Y evidentemente, es mejor que nuestra relación quede hasta aquí. Sonará tremendamente duro, pero es la verdad…

Te quiere, pero no lo suficiente

Rukia."

Salió del departamento así, sin más. Y corrió en dirección al de su hermano. El corazón le latía a mil por hora mientras se juzgaba un ser indigno por causar tanto dolor…

Pero eso iba a terminarse hoy. Lo había decidido.

Iba a pedirle recomendación a un especialista AHORA, para asegurarse de que Renji fuera el último ser que sufriera por su culpa.

.·oOo·..·oOo·..·oOo·..·oOo·.

—Así que le terminaste…

—Sí.

—¿Y cómo lo tomó?

—No lo sé. Se lo expresé en una nota.

—¿Cómo, no se lo dijiste a la cara?

—No. No tuve el valor.

Tras unos segundos de profunda angustia para Rukia, su acompañante se echó a reír a carcajadas.

—¡Maldita sea, Byakuya! ¡¿Me puedes explicar por qué te estás riendo como un soberano imbécil?! —explotó ella. O sea, se sinceraba con él porque era la única persona que podía escucharla…

Pero no por ello el más atinado.

—Ah, Rukia… perdona. Pero es que me imagino la cara de pánfilo que se le tiene que haber quedado al pobre cuando leyó tu nota, y…

—¿Y?

—¡¡¡Y me da risa, es todo!!!

La muchacha se chocó la palma de la mano en la cara. Ya no tenía ganas de seguir discutiendo el punto, quería olvidarlo ahora que por fin lo había hecho. No del mejor modo, claro, pero era una mujer soltera y sin compromisos al fin de nuevo.

Se imaginó la cara de Renji, con la revista en las manos…

Pero la risa de su hermano no la dejaba concentrarse.

—Déjalo ya, Byakuya. Me voy a dormir.

Odió lo antipático de su reacción. Maldito hermano, no aprendió nada de todo lo que tuvo que vivir. Y al mirarlo, confirmó su teoría de que todos los hombres eran unos imbéciles.

—¡Ah, Rukia! ¡Espera! —la llamó el susodicho, buscando un papelito en sus bolsillos.

—Qué quieres…

—¿No me habías pedido que te busque un especialista para tratarte?

—Sí.

—A todo esto, ¿Qué quieres tratarte?

—La fobia al matrimonio.

Un minuto de silencio…

Y la risa de Byakuya de nuevo.

—Hey, si no quieres ayudarme déjalo, ya. Pero para de hacer el papel de idiota.

—No, no. No es eso —se excusó él, al fin encontrando lo que buscaba. —En mi opinión, lo tuyo es una exagerada sensatez, no una fobia. El matrimonio es una mierda, Rukia… —una sombra de dolor cruzó sus ojos durante dos segundos. Nada más. —Pero si quieres hacer algo, conseguí el número del mejor terapeuta de Tokio. Toma.

Y le extendió el dichoso papelito, que estaba enérgicamente doblado.

Rukia lo desdobló, y apreció el nombre y el número de móvil de una persona, escrito con una bonita letra imprenta. A mano, por supuesto.

"Dr. Kurosaki Ichigo, Psicólogo.

Cel.: 8-98374982"

—Bueno, gracias. Mañana lo intentaré —dijo ella.

Se despidió de su hermano y se fue a dormir.

Mañana tenía que ir a ver a ese tal doctor Kurosaki.

C o n t i n u a r á . . .


Ya, me tiré con todo de nuevo xD. Ahora les toca a ustedes hacerme mágicamente feliz con sus amorosos rewies, contándome qué tal esta chorrada.

Por cierto, y ya esto lo voy a poner aquí y en mi profile, porque podría hacer una poll pero me da flojera: Han pasado años (nah, sólo UNO xD) desde que "7 Days of Love" fue declarado terminado con promesa de lemon. Yo estoy dispuesta a hacerlo, ya que quedó pendiente, a pesar de tooooooodo el tiempo que pasó. La pregunta es: Ustedes ¿están interesados en leerlo? ¿O ya ni se acuerdan de qué va, y pasó la vieja?

Respuestas! Y reviews! :)

Maichula.