Disclaimer:

Los detalles, trama y personajes originales de Hellsing son propiedad de Kōta Hirano, Shōnen Gahōsha y Young King OURs (manga), Umanosuke Iida, Yasunori Urata, Gonzo y Fuji Television (anime), Tomokazu Tokoro, Hiroyuki Tanaka, Satelight, Madhouse, Graphinica y Kelmadick (OVA).

Advertencias:

Basado en la obra del manga, con influencias de las OVA, no del anime.

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física, psicológica, o contenido de índole sexual en determinado momento, además de uso de lenguaje vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.

Notas introductorias:

Este fic lo escribo como final alternativo. Simples manías de autor más que inconformidad real (que de hecho he de aclarar que no tengo nada contra la versión de Kōta Hirano).

Dedicatorias:

Para Aiko Kimura; este fic habría muerto en el 2008 con solo 7 capítulos de no ser por el review más lindo que me hayan escrito.


Cuestión de lealtad

Muchas veces, la lealtad a ciertas personas, nos lleva a la traición del corazón.


En medio del caos

Cuando uno tiene diversas preocupaciones, estas giran sin orden ni soluciones en un mental desfile psicodélico de cromos casi tangibles, en series de sensaciones casi reales que recrean escenas específicas que uno preferiría olvidar o, en el mejor de los casos, y más concretamente el suyo, quizás con suerte recibir un tiro y terminar con todo de una vez. Pero ella no era ninguna cobarde; sobrevivieron a los hermanos Valentine, repelieron a la primera teniente Zorin Blitz y lograron la transformación de Victoria.

Aunque perdieron a Walter, al capitán Pip Bernadotte, a todas las tropas… a Londres…

Raras veces se le encontraba a la líder de Hellsing en circunstancias ajenas a la constante revisión de documentos o al inherente deber de consumir cigarros como si con ello fue a cambiar un poco la situación que atenazaba su posición de dirigente, reflejándose esta como dolor lumbar.

Aunque por esa ocasión se sentía totalmente abatida mientras contabilizaba los daños, su expresión seguía tan inmutable como siempre, rendida en su gran cama que pocas veces usaba con la decencia de un ciudadano promedio, mantenía la mirada perdida, totalmente ausente de lo que acontecía tan solo con las palabras de su anterior reunión emergente, con los pocos caballeros sobrevivientes al primer enfrentamiento contra los neonazis, aún retumbándole en la cabeza en un infernal eco que luchaba por detener con tanto éxito como su colisión con el "Letzte Bataillon", aclarando por supuesto que este tenía la ciudad bajo control.

Cuestión de lealtad.

Así lo habían definido elocuentemente y no había modo de contradecirlo si se trataba de una decisión tomada por la reina misma.

Ese día había sido uno de esos en lo que se sabe perfectamente que si uno se levanta de la cama todo va a salir mal, pero su deber pudo más que el presentimiento de la venidera desgracia que hacía que su corazón latiera apresuradamente como cuando tenía doce años, ese maldito presentimiento, aquella maldita suerte suya. Justo en esos momentos era cuando odiaba con todo su ser haber nacido mujer.

Los tiempos eran difíciles, la organización estaba desacreditada por su poco éxito frente a la amenaza que representaba Millennium, que seguía al pie de sus cañones sembrando el pánico y la muerte. Tenía el mínimo de miembros activos trabajando jornadas dobles, las cantidades de vampiros y ghouls era ya increíble, la noche se avecinaba de nuevo y con ella una nueva responsabilidad que aceptar por el bien de la organización, por órdenes superiores, por cuestión de lealtad…

Apretó los dientes haciéndolos sonar y cerró los puños que apresaban las sábanas limpias. Se levantó con sumo esfuerzo de su sitio, se quitó los anteojos y los dejó sin mucho tacto sobre su mesa de noche entre un sin fin de papeles que no había revisado para luego frotarse las sienes en gesto de cansancio ¡Y pensar que solo empezaba la noche!

Necesitaba una segunda ducha así que se dirigió al cuarto de baño. Había un vestidor antes de llegar, ahí se despojó de su traje dejando caer las prendas sin importarle mucho su destino, no preparó la bañera, solo abrió la llave y dejo que el agua fría la cubriera toda.

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Las sombras de la tarde ya caían sobre la mansión Hellsing, y mientras Londres se preparaba para intentar descansar aún con los dirigibles surcando el cielo, en la institución comenzaba una nueva jornada, una bastante dura considerando todas las actividades y el reducido personal. La joven rubia, anteriormente policía, ya estaba de pie; se había vestido sin mayor dificultad, ni siquiera parecía prestar atención a sus movimientos, después de todo, llevaba haciendo exactamente lo mismo desde hacía tiempo. Tomando su Harkonnen se dispuso a salir, tenía una noche de cacería.

Salió de su habitación dirigiéndose a la oficina de Sir Integra, hacía unos días que ya no veía a su amo y era la propia líder quien le daba las instrucciones a seguir. Llamó a la puerta pero no hubo respuesta, hizo un segundo intento, nada… afinó su oído para saber si todo estaba bien, no pensaba entrar de golpe pensando con paranoia que había un intruso tomando prisionera a su jefa… no otra vez. La última le había salido cara.

Un tercer toque, esta vez poco más fuerte y al fin escucho una indicación para entrar, dudó un momento, era la voz de Sir Integra, pero el tono resultó un tanto… extraño.

Cruzo el umbral aún desconfiada, se quedó quieta, por demás aturdida. Tras el escritorio esperaba encontrar a su infatigable jefa hundida en montones de papeles fijando la mirada en la pantalla de su computador, fumando, para variar un poco en la escena. Pero, a cambio, encontró a una perfectamente arreglada Integra con un vestido, uno largo hasta los tobillos; azul añil de manga larga con plisados blancos en los puños, cuello alto con la pañoleta blanca y la cruz de Hellsing haciendo de camafeo, dos filas de botones forrados en tela bajaban del cuello a la cintura donde se encontraban con un cinturón negro de hebilla dorada. La parte superior del vestido, muy a diferencia de la costumbre de la líder, se entallaba perfectamente a su silueta haciendo énfasis que efectivamente era una mujer. El cabello rubio, siempre suelto, ahora se encontraba recogido en un elegante moño solo dejando los mechones frontales para enmarcar su rostro y no lucir radicalmente transformada. Justo se estaba colocando el alfiler del sombrero cuando, molesta por la mirada fija de la chica policía, rompió el silencio:

—Esta noche te harás cargo de los incidentes de Surrey, Hampshire, Dorset, Devon y Cornwall, si terminas pronto necesitarán refuerzos en Cambridgeshire, puedes retirarte, no hay informes de elementos por los que debas preocuparte, en su mayoría solo son civiles infectados.

Esa fue una orden, así lo asimiló por las palabras imperativas usadas, pero el tono en la voz seguía sin convencerla, había algo que agobiaba a la ama de su maestro pero preguntar era perder el tiempo, una mujer como ella jamás contaría sus problemas y menos para buscar consuelo en un vampiro subordinado. Salió de la oficina mostrando sus respetos, tras cerrar la puerta a sus espaldas se marchó corriendo, no había tiempo que perder, si ella necesitaba algo simplemente lo pediría, así funcionaban las cosas con Integra.

Antes que otra cosa, debía recoger las municiones de la noche en la armería a donde llegó corriendo entrando de un salto, al hacerlo se dirigió alegre como siempre al encargado:

— ¡Buenos días Walt…! Perdón, Jerime. — se ruborizó un poco, hacía ya casi una semana que el ángel de la muerte no estaba más en las filas de Hellsing para unirse a Millennium y, en su lugar, habían puesto a aquél moreno de edad madura que, por más que le confundiera con su predecesor, parecía ser inmune a los comentarios que a otros ya habrían irritado.

—Buenas noches en realidad, señorita Seras.— respondió el hombre con una sonrisa no muy marcada, en seguida aquél se dirigió a una gaveta que se encontraba justo detrás suyo, la abrió con cuidado y comenzó a examinar el interior, naturalmente buscando el encargo de la chica.

Victoria bajó la mirada, aún no asimilaba que el hombre que siempre profesó su devoción a la institución, amable y confiable, haya incluso tratado de matarla. Recordaba tristemente esa noche en que se enfrentaron su maestro y el anterior mayordomo, un combate que apenas miró tratando de no dejar sin protección a la líder de Hellsing una vez que el paladín Alexander Anderson hubo caído momentos antes. Integra quería ir al dirigible matriz, pensaba obedecerla pero una alambrada de Walter les impidió el paso. Victoria podía cruzarla sin mayor problema, pero no podía decir lo mismo de la otra mujer y anteponiendo la seguridad de su señora optó por sacarla de ahí antes de que terminara perdiéndola como a al capitán Bernadotte.

Su mente comenzó a divagar en los recuerdos un poco anteriores a esa noche de retirada hasta sus primeros días en aquella lúgubre mansión, tratando de ajustarse a su nueva condición, cuando él y su amo trataban de convencerla de beber sangre, o cuando menos, lograr que se metiera en el ataúd. Salió de sus contemplaciones apenas aquél nuevo compañero se dio vuelta con la mochila de municiones lista, ella la tomó y se la acomodó a la espalda.

—Espero su reporte, cualquier cosa que nos pueda decir será de vital importancia.

La chica policía se quedó estática unos momentos, finalmente sonrió y levantó su pulgar derecho seguido de un guiño amistoso.

—No se preocupe Jerime, estaré de vuelta antes del amanecer y le entregaré a detalle lo ocurrido.

Apenas terminó esta frase comenzó de nuevo su carrera, esta vez directo a la salida. Desde que completó su transformación ya no iba con los grupos de soldados ni en compañía de su maestro…

Su maestro… ¿En dónde se habría metido él?

Casi al momento alcanzó la gran puerta, pudo ver el auto de Integra esperando por ella, era obvio que salía pero por cómo la había visto arreglada no se trataba de solo una reunión más con los otros caballeros, de cualquier forma, no era asunto suyo, tenía un viaje largo y una misión por cumplir, apenas estuvo completamente afuera sacó sus alas y las batió para tomar impulso.

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Cerca de una hora después de que Victoria dejara la mansión, Integra lo hacía también, flanqueada por dos agentes y frente al auto esperaba Jerime con la puerta abierta.

—Muy buenas noches, Sir Integra. — saludo el moreno, la aludida hizo un movimiento con la cabeza como respuesta y entró sin más ceremonias. Ya estaba camino al punto de reunión y por primera vez en muchos años estaba nerviosa, alcanzó a ver por el espejo retrovisor el rostro del nuevo mayordomo. Rondaba los cuarenta años de edad, aún así su complexión resultaba intimidadora, la tez obscura se perdía en la noche, seguro tenía ascendencia de alguna colonia inglesa en África. ¡Vaya cosa! En pleno siglo veinte a nada del veintiuno y aún había ese tipo de servidumbre, no tenía ni barba ni bigote además de una cabeza perfectamente rasurada, lo que en si era una moda extraña viviendo en un país tan frío, a propósito de eso, había olvidado su abrigo pero ya estaban justos de tiempo, no podía regresar.

Las luces del palacio pudo distinguirlas a distancia, seguramente ya estaban todos esperando por ella. Su nerviosismo aumentó pero tenía que mantener la compostura frente a sus hombres, ni una mueca debía salir, ni una sola mirada delatora, nada. El auto tomo la glorieta de entrada y se detuvo frente a las escaleras del acceso principal, primero bajó uno de sus escoltas, confirmó el sitio como seguro y procedió a permitir la salida de su señora.

Integra hizo amago de todo su valor saliendo tan digna como le fue posible, con su característico porte autoritario; el rostro en alto con orgullo y a la vez inexpresivo. Para entrar al palacio ella tomo su sitio al medio de los agentes manteniendo a Jerime al frente. Cruzaron el vestíbulo de entrada, el pasillo que los conduciría a la sala donde los aguardaban, el mayordomo se adelantó un poco más, ella pudo escuchar claramente:

—Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, con ustedes.

Suspiró, no le gustaban esas anunciaciones porque todos inmediatamente ponían su mirada sobre el recién llegado, bajo otras circunstancias quizás hasta lo habría disfrutado, pero justo en esos momentos lo que menos quería era que todo la aristocracia inglesa se enterara de "eso" que la había doblegado.

Arribó al lugar con toda la naturalidad que le fue posible, se dirigió al fondo de la gran sala donde situada en el asiento real se encontraba la causante de su pena, pero a quien no podía ni culpar ni negar la petición, hizo una ligera reverencia recordando a último momento que llevaba puesto un vestido y por tanto, había otro odioso protocolo para esos casos: tomó un extremo del faldón a la altura de su cadera con la mano lo levantó solo un poco, la pierna derecha frente a la izquierda, las rodillas levemente flexionadas, la mano izquierda sobre el corazón, el rostro alzado, la mirada ni fija pero tampoco baja. Se sentía ridícula, la última vez que había hecho tanta caravana para un solo saludo solo por llevar vestido tenía diez años y estaba enterrado con su infancia en el sótano de la mansión.

La reina asintió levemente indicándole que tomara su lugar en la mesa, la otra obedeció, estaba por abrir su propia silla cuando Jerime se le adelanto. Aquello resultaba incómodo, no estaba acostumbrada ser tratada como dama de la corte y menos a que el grupo de viejos caballeros se le quedara viendo como carne fresca, maldijo para sus adentros, ahora recordaba porqué usaba el traje militar todo el tiempo.

Tras unos momentos de charlas sobre el avance del frente "Letzte Bataillon" y la postura del Vaticano a solo enviar más paladines si se declinaba la iglesia protestante del Reino Unido, llegó la hora de la cena, como dictaba la costumbre el anfitrión debía a conocer formalmente el motivo de la reunión y esta vez no sería la excepción, solo que para sorpresa de todos, no hubo vocero, fue Su Alteza misma quien se puso de pie y pidió atención, misma que le fue concedida al momento con un silencio abrumador y total:

—Mis queridos Caballeros Protestantes Reales, miembros de la mesa redonda, compañeros y súbditos míos, El Reino Unido de la Gran Bretaña está atravesando por una situación crítica, una como no se había visto desde hace más de cincuenta años. Muchos han dado sus vidas por terminar con esto, pero sus sacrificios no han dado frutos… no podemos permitir que la sangre derramada siga siendo en vano. Es sabido que la Orden de Caballeros Protestantes Reales, liderados por Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing ha sido leal a los propósitos de paz que tanto anhelamos. Sin embargo, sus fuerzas han sido terriblemente diezmadas, es necesaria una alianza, pero no una de política, no de esas se destruyen con facilidad, me refiero a una sagrada que será protegida y bendecida por Dios… caballeros estamos aquí para celebrar la ceremonia de compromiso matrimonial entre Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing y el Duque Allan Cooper Quatermain Wold Newton, ambos presentes…


Comentarios y aclaraciones:

Sí, el Duque es un OC, no lo dije al principio porque no quería que salieran huyendo (bueno, puede y en dos segundos terminen cerrando la ventana) pero tengo esa idea maquinándose en mi cabeza desde hace un buen rato… tan rato que:

Quizás recuerden que por noviembre del 2008 una chica se animó a publicar un fic medio raro, medio cliché y lleno de espíritu de fan. Un buen día, quizás en febrero del 2009 después de algunos comentarios que subieron de intensidad hasta que… en resumen esa chica (entiéndase yo) lo eliminó.

"Cuestión de lealtad" resurge de entre los muertos aludiendo la naturaleza de su fandom.

No fue buena idea borrarlo, es parte de mi gusto por Hellsing a final de cuentas, pero lo regreso y con las correcciones pertinentes.

¡Gracias por leer!