Efectos secundarios de Uroboros

A Resident Evil fanfic

Disclaimer: todos los copyrights van a Capcom.


El primer cohete no funcionó y Chris se preguntaba cómo podía ser que Wesker no saltara por los aires al explotar. Y otra gran duda, ¿cómo se supone que uno puede coger un cohete sin que estalle?

Bueno, estamos hablando de Albert Wesker, ya nada me sorprende viniendo de él. –respondió su mente por él.

Con un gesto rápido de la mano indicó a Sheva que lo distrajera mientras Chris iba hacia las escaleras rezando para que hubiera más munición de lanzacohetes. Por suerte, había.

– ¡Yo iré a por el lanzacohetes, Chris! –le dijo Sheva por el intercomunicador que llevaban cada uno en la oreja.

Chris se fue hacia las escaleras sin vacilar, bajándolas a saltos. Vio por el rabillo del ojo la ubicación de Wesker y se dirigió hacia el lado contrario, evitando toparse con él. Sheva lo vio y fue al encuentro con Chris con el lanzacohetes en sus manos. Inmediatamente al encontrarse Sheva se puso de rodillas y Chris colocó la cabeza del explosivo en el lanzacohetes. Asintiendo mutuamente, Sheva se preparó para disparar mientras Chris avanzaba en dirección a su enemigo. Ignoró el ruido del cohete al pasar por su lado en la misma dirección, el olor a pólvora y el humo abofeteando su olfato haciéndole arrugar la nariz. En un golpe de suerte, Wesker estaba de espaldas gracias a que con las luces previamente apagadas no veía absolutamente nada, dándoles a los dos agentes la ventaja de las sombras, y se giró justo para aguantar de nuevo el cohete en sus manos soltando algún que otro gruñido de irritación. Chris no vaciló más. Apretó el gatillo una sola vez y tras cubrirse del estallido, fue al encuentro de Wesker. Éste se quedó aturdido por unos segundos, cayendo al suelo de rodillas. Chris lo agarró por detrás y miró a Sheva.

– ¡Hazlo ahora, inyéctale la dosis!

Y así lo hizo. Clavándosela en todo el pecho, Sheva dejó que el líquido fluyera y lo absorbiera el cuerpo para debilitarlo. Se separó de inmediato con Chris al lado, viendo cómo el hombre se tambaleaba hacia atrás llevándose la mano al pecho y a la inyección. Sus rodillas cedieron y cayó al suelo mientras se la sacaba de un tirón, llevándose consigo un hilillo de sangre oscura.

– ¿Ha funcionado? –preguntó Sheva mientras observaba el hombre abatido.

–Eso creo. –respondió Chris rezando a todos los Dioses para que esto funcionara.

Wesker se levantó con dificultad, la vista emborronándose por momentos. Notó cómo la inyección hizo efecto cuando una terrible migraña se apoderó de él seguida por cambios de color inesperados e intensos en su campo de visión. Se llevó las manos a la cabeza, notando como ésta estaba a punto de estallar. Gritó varias veces. Tenía fuego en sus venas en vez de sangre. El dolor era insoportable. Se desplomó de rodillas al suelo, apretando las manos contra su cabeza como si así consiguiera mantenerla en su sitio.

Y dicho dolor, tal y como vino, se fue. Wesker permaneció totalmente inmóvil en su sitio, cogiendo aire a grandes bocanadas. Hizo el ademán de levantarse pero volvió el intenso dolor, provocando que gritara otra vez. Se giró quedando de espaldas a Sheva y Chris.

Ambos agentes le oyeron maldecir varias veces entre gritos, cosa que Chris sorprendió a Chris, hasta que se quedó quieto de nuevo. Los dos compañeros despegaron sus miradas atentas hacia Wesker y se miraron a los ojos intercambiando expresiones de incertidumbre. Chris se encogió de hombros lentamente, como diciendo "esto no es del todo lo que me esperaba". Al segundo de volver a centrar su atención en Wesker, éste no estaba donde ambos agentes lo habían visto por última vez. O al menos sí las ropas que se amontonaban allí formando un gran bulto. Se les heló la sangre, teniendo en cuenta todo su entorno como si Wesker se ocultara en cualquier rincón oscuro. Chris notó como una gota de sudor le resbalaba por el cuello hasta perderse en el cuello de la camiseta. Sus sentidos se agudizaron, totalmente alerta. Sheva intentaba calmarse dentro de la medida de lo posible, respirando hondo por la nariz mientras miraba con toda la concentración posible sus alrededores. Ambos compañeros no debían dejarse llevar por el pánico, eso sólo les llevaría a su muerte.

Aunque tras unos segundos más de silencio, a Chris se le ocurrió una absurda idea sobre qué podría haber ocurrido. Miró las ropas y soltó una risa corta y seca, al borde de histérica.

–Crees que ha huido… ¿en pelotas? – dijo Chris con un hilo de voz, incrédulo. No, si ahora resulta que el rubiales éste es un exhibicionista…

–No me hacía falta esa imagen mental, gracias. –contestó Sheva arrugando la nariz. –¿Averigüémoslo, no?

La muchacha tomó la iniciativa y se acercó lentamente hacia las ropas con Chris pegado a su espalda. No bajaron las armas, preparados para cualquier contratiempo, y sin dejar de apuntar fueron a investigar. El bulto se movió cuando estuvieron a escasos pasos, provocando que los dos agentes de la B.S.A.A se tensaran y agarraran con más fuerza las pistolas. Chris se aventuró a acercar una mano al abrigo, la otra sujetando la pistola, pero el bulto se movió de nuevo con más insistencia que antes y una pequeña mano salió del mar de ropas que tenía encima. Chris y Sheva se quedaron helados al instante. La mano agarró la tela y con violencia la apartó a un lado.

Ante sus ojos apareció un niño rubio con el pelo hacia atrás y algunos mechones descolocados, blanco de piel y unos ojos carmesíes de forma felina en la cara que los miraba intensamente, centrándose en Chris. Las ropas que llevaba le iban tallas y tallas grandes, dejando al descubierto su piel desnuda. Las gafas de sol eran demasiado grandes y le caían de la cara. En el rostro del niño había una mezcla de confusión e inocencia. Su mirada se posó en las armas que sujetaban firmemente los dos adultos. Los ojos del niño se humedecieron y su respiración se agitó, provocando que en un intento de apartarse de ellos se sacara las gafas de un manotazo.

– ¿Qué cojones ha pasado aquí…? –dejó escapar Chris más blanco que un papel. No podía ser. Era una locura. El crío no podía ser Wesker.

Pero esos ojos eran inconfundiblemente suyos…

–No tengo ni la menor idea… –respondió Sheva en un susurro.

El niño seguía intentando zafarse forzosamente de las ropas que le impedían escapar. Chris finalmente reaccionó y bajó el arma, Sheva imitándolo segundos después, aunque no la enfundó como hizo su compañero. Su mano se acercó lentamente al niño para intentar calmarlo y reconfortarlo. Hasta él mismo se perturbaba ante la idea de reconfortar a Wesker… en niño.

Wesker se echó hacia atrás, asustado. Chris retiró la mano unos centímetros para volver a acercarla con aún más lentitud que antes. El niño era como un animal salvaje acorralado, asustado e impredecible. Necesitaba ser cauteloso y mostrarle que no era ningún peligro.

–No… no quiero hacerte daño. –susurró Chris. El niño se detuvo y lo miró con los ojos llenos de pánico, las mejillas coloradas por el esfuerzo en vano que había hecho de intentar huir y sus manos alzadas entre ellos intentando poner distancia y protegerse. Chris leyó el lenguaje corporal del muchacho y con la más dulce de todas las voces le dijo – Solo quiero ayudarte. No te voy a hacer daño. ¿Confías en mí? –Chris intentó sonreírle cálidamente. El niño le siguió mirando pero esta vez algo más calmado. Chris dirigió la mirada fugazmente a Sheva.

–Contacto a Jill para que nos saque de aquí, ¿te parece bien? – dijo la muchacha. Chris asintió. Sheva asintió también y se puso de espaldas hablando inmediatamente con Jill.

Chris se puso de rodillas con ambas manos extendidas. El niño las miró y con cautela acercó su pequeña mano a ellas.

Sheva seguía hablando con Jill haciendo gestos con las manos hasta que al final colgó yendo hacia Chris y Wesker, quedándose algo sorprendida. Chris estaba sentado de piernas cruzadas con el niño entre sus brazos tapado por el abrigo. Chris miró a Sheva con la misma expresión de asombro y se encogió de hombros.


Jill colgó e inmediatamente oyó el helicóptero de Josh. Fue hacia la parte más elevada de donde se encontraba y esperó a que la viera, agitando los brazos en el aire. Josh dejó caer la escalera como respuesta después de poner el piloto automático. Jill empezó a subir y cuando llegó al final se tiró hacia dentro ayudada por el piloto.

– ¿Todo bien? –dijo con su acento africano. Jill asintió dejando escapar un suspiro.

–Justo ahora ha contactado Sheva conmigo. Dice que necesitan que les vayamos a buscar de inmediato. Están en el buque y por desgracia se está hundiendo. Hay que darse prisa. Me ha dado las coordenadas de su ubicación. –Josh asintió y le indicó a Jill que viniera con él haciendo de copiloto.

–Vamos allá, no hay tiempo que perder.


Chris y Sheva esperaron con algo de impaciencia a que viniera su vía de escape de aquel infierno mientras discutían sobre qué podría haber pasado con Wesker.

–Puede que al juntarse el suero de la inyección hiciera una reacción y que lo hiciera pequeño de nuevo… –propuso Sheva mirando al cielo.

– ¿Te refieres a una mutación? –respondió Chris.

–Si fuera una mutación podría haberse transformado en un monstruo, ¿verdad? Pero puede ser una posibilidad. –contestó Sheva.

–Cierto… Pasemos a otro tema. ¿Piensas que recuerda algo?

–Buena pregunta… Podríamos pregúntaselo directamente, ¿no? –los dos miraron al niño el cual tenía la mirada perdida totalmente ajeno a su alrededor.

Chris suspiró.

–Esto… –carraspeó para atraer la atención del niño. –Oye, chaval, ¿recuerdas algo de hace dos horas? –el niño miró a Chris a los ojos y negó con la cabeza.

–Es… Es como si tuviera una niebla espesa y blanca en la cabeza… –habló por primera vez con una calmada e inocente voz, volviéndose apagada hacia al final. Volvió a mirar a perderse en su mundo.

– Hmm… ¿Y recientemente? –el niño volvió a negar con la cabeza. Chris y Sheva se miraron. –Vaya…

Se quedaron en un silencio incómodo, mirando a todas partes y al cielo esperando ver un helicóptero hacia ellos. El niño seguía acurrucado al pecho de Chris sin decir ni una palabra. Finalmente Sheva divisó algo en el cielo acompañado de un ruido creciente de hélices. Con un movimiento rápido se puso de rodillas para luego levantarse. Alzó los brazos y los movió intentando captar la atención del aparato y sus tripulantes. El sonido de la estática de una radio sonó por los dos intercomunicadores de Chris y Sheva, dando paso a la voz de Jill.

–Chris, Sheva, ¿me recibís? –se oyó de nuevo la estática. ¿Había tan poca cobertura? Sheva inmediatamente puso la mano a la oreja apretando un botón para hablar.

– ¿Jill? Te recibimos. –más estática.

–Os veo. Estabas haciendo señas con los brazos, ¿verdad Sheva?

–Sí. –Sheva echó un ojo a Chris y al niño asegurándose de que no hubiera pasado nada mientras ella estaba ocupada con Jill. Luego miró al cielo viendo cómo se aproximaba el helicóptero hacia ellos. De mientras Jill abría la puerta lanzando la escalera para que subieran. Chris se levantó junto al niño con éste aferrado a la pierna del adulto.

Cuando finalmente la escalera estaba al alcance Sheva la cogió para asegurarse de que no se escapaba. Miró a Chris y éste le indicó que subiera ella primero. La mujer africana asintió y empezó a subir decididamente; quería irse cuanto antes de aquel lugar. Esperando a que hubiera una distancia prudencial entre Sheva y ellos, Chris centró su mirada en el niño que lo miraba.

–Tenemos que subir allá arriba. Cógete muy fuerte a mis espaldas, ¿de acuerdo? –el niño asintió. Chris se puso de rodillas al suelo esperando a que el niño se subiera encima de él. Después de unos momentos sintió las manos del niño rodearle el cuello con cierta inseguridad, su cuerpo amoldarse a su espalda con todos los cachivaches de la misión encima y sus piernas rodearle la cintura. Con la gabardina y el niño detrás parecía que Chris llevara una capa negra. – ¿Preparado? Es muy importante que te agarres bien fuerte. –el niño asintió y se aferró con más seguridad al adulto.

Chris puso su pie derecho en el primer escalón y empezó a subir, primero poco a poco, para luego ir incrementando el ritmo. Por lo visto, fuerza no le faltaba al niño. Cuando estaban más o menos por la mitad del trayecto el viento empezó a zarandearlos. Chris miró hacia arriba para ver a Jill y Sheva mirándolo mientras le tendían la mano, indicándole que siguiera. Miró hacia atrás vigilando al chico y reanudó la subida. Una vez llegó al helicóptero, cogiendo aire por los pulmones ante el esfuerzo, se tiró hacia adelante ayudado por las chicas. Fue entonces cuando Jill se percató de que algo estaba fuera de lugar.

– ¿Y este niño? ¿Dónde está Wesker? –preguntó señalándolo con la mano.

Sheva y Chris intercambiaron unas breves miradas nerviosas para luego cruzarlas con Jill y mirar al niño que en esos momentos se estaba bajando de la espalda del adulto para quedarse detrás de éste algo tímido. Jill se quedó en silencio unos momentos hasta que empezó a atar cabos.

Esos ojos sólo podían pertenecer a un hombre en todo el planeta.

Jill empezó a negar con la cabeza frenéticamente mientras se le escapaba una risa nerviosa.

–Estarás de guasa…

–Por desgracia no, Jill. Y sí, el niño es Wesker. – dijo Chris con la expresión en su rostro completamente seria. Jill se llevó las manos a la cabeza.

– ¡¿Se puede saber en qué narices estabas pensando Christopher Redfield?! ¡Es Wesker! –vociferó.

– ¡Déjame que te explique el por qué, Jill!

– ¿El por qué está ese hijo de perra aquí con nosotros? Nos podría matar Chris, ¡matar! No dejes que la apariencia te engañe, es un monstruo. Es un jodido monstruo.

– ¡Jill, escúchame, por favor! Sí, es Wesker, pero después de inyectarle la dosis que nos dijiste… ¡pasó esto! No recuerda nada y dudo mucho que esté fingiendo.

–Y por lo visto no se despega de ti. – añadió Sheva mirando atentamente al niño que obviamente estaba al lado de Chris aferrado a su pierna como una lapa a la roca.

– ¿Ironías de la vida…? –contestó el aludido encogiéndose de hombros.

–Por favor, centrémonos. ¿Qué hacemos con el niño? – dijo Jill pasándose una mano por la sien y cierto tono de desprecio al pronunciar las últimas palabras. Todos permanecieron en silencio haciendo funcionar su cerebro a toda máquina. Josh los observaba esperando coordenadas para irse de allí cuanto antes posible.

–Propongo llevarlo a la B.S.A.A. Así podríamos saber qué ha pasado… y averiguar más cosas sobre esto. – propuso Chris con incertidumbre. Jill fue a refutarle la idea pero Sheva la frenó en seco.

–Estoy de acuerdo. –dijo alzando la mano. Jill dejó escapar un bufido frustrado y murmuró entre dientes un Haced lo que queráis….

Cada uno se sentó en uno de los asientos que había en las paredes sólidas del helicóptero. Sheva fue al lado de Josh a hacerle compañía un rato y de paso dejar a los dos compañeros solos un rato. Jill no dejaba de mirar al niño con dureza, desconfiando todo el rato. El niño la miraba aunque no tan amenazadoramente, hasta que al final apartó la mirada y se acurrucó más en el pecho de Chris. El pequeño estaba ausente y pensativo, intentando recordar quién era de verdad, qué hacía allí, qué había pasado para que estuviera allí con esas personas, por qué esa mujer con el traje azul púrpura y el pelo rubio recogido en una coleta lo miraba con tanta rabia… Se sentía muy perdido y sin saber por qué sentía un gran apego al hombre a quien llamaban Chris, como una sensación de protección cuando estaba a su lado. Sumido en sus pensamientos, cerró los ojos hasta quedar totalmente dormido, el zumbido de las hélices sirviendo como nana.


–Eh, chiquillo, despierta. – el niño notó un suave zarandeo en su hombro.

Poco a poco abrió los ojos, el sol del ocaso dándole de lleno, molestándole la vista. Emitió un pequeño gruñido de desaprobación, molesto. Luego dirigió su mirada aun borrosa hacia el adulto que lo había despertado y resultaba ser Chris. Se le formó una pequeña sonrisa dormida y se dejó caer en su pecho cerrando los ojos de nuevo. Quería dormir un rato más.

–Sintiéndolo mucho, no hay tiempo ahora mismo. Tenemos que bajarnos, hemos llegado. –le dijo poniéndole una mano en la cabeza.

–Pero tengo sueño. –contestó con la voz dormida. Chris dejó escapar un suspiro, viendo que esto no llevaría a ninguna parte, y lo cogió en brazos. Wesker rodeó el cuello de Chris con sus pequeños brazos, la cintura con las piernas y se dejó guiar a donde fuera que fuese.

Sheva lo esperaba en la pista del helipuerto, junto con Jill, Josh y más agentes armados de la B.S.A.A. que en ese momento no sabía quiénes eran. Una vez los alcanzó, los miembros de la organización le hicieron el saludo y Chris lo hizo como pudo, maniobrando para sujetar al crío adormilado.

–Agente Redfield, –le dijo tendiéndole la mano un hombre alto de piel oscura, cabello muy corto, y de mediana edad con pinta de ser el responsable de la base. –Comandante Jackson. Si es tan amable de seguirme. –lucía su traje totalmente impoluto y parecía no verse afectado por el calor del lugar. Chris fue en cabeza seguido por Jill, Sheva, Josh y los demás soldados.

Pasaron por pasillos y más pasillos, algunos tocándole el sol, otros no. Hacía mucho calor y el cuerpo que tenía pegado al suyo le daba aún más sensación de sofoco. Después de la caminata de los pasillos, entraron en un edificio más grande, de dos plantas, y donde gracias a Dios hacía algo más de fresco. Subieron las escaleras que estaban en el centro mismo del hall y torcieron hacia la derecha. Entraron por la puerta a mano izquierda al final del pasillo. Daba a una sala amplia con una mesa ovalada, sillas y al parecer más fresca que los pasillos. Gracias a Dios que existes, aire acondicionado, pensó Chris.

–Tomen asiento, por favor. –les dijo el comandante con una rica voz profunda. Cuando se sentaron y acomodaron lo mejor que podían, les dirigió una mirada penetrante a cada uno de los presentes, sin tan si quiera pestañear. Por lo que dedujo Chris, iba a ser una reunión muy larga y con muchas explicaciones que dar.


Después de unas horas de una larga y tediosa reunión, salieron de esa sala para soportar otra vez el agobiante calor de África. Sheva rompió el silencio.

–Me acaba de venir a la cabeza una cosa ahora mismo. –miró al niño y luego al comandante. – ¿No deberíamos darle algo de ropa al niño…? No puede ir todo el día con un abrigo que le va como treinta tallas grande. Le va a dar un sofoco con este calor, y dejarle desnudo… –hizo una mueca en desaprobación. –No sé, digo yo.

Todos se quedaron quietos mirando a Sheva, perplejos.

– ¿Qué? –se defendió la mujer africana con cruzándose de brazos.

–Pues no sería mala idea... –le apoyó Chris con una sonrisa. Jill simplemente cruzó los brazos como Sheva y miró hacia otro lado, ignorando la conversación. Seguía sin fiarse de nada.

–Tiene usted razón, señorita Alomar. Acompañadme, por favor. –les dijo el comandante amablemente.

Los condujo otra vez por innumerables pasillos, donde el calor azotaba y te dejaba la garganta seca. Llegaron a otra sala llena de estanterías, taquillas y bancos. Era algo parecido a un vestidor. El comandante fue hacia una de las estanterías repletas de camisetas bien dobladas y cogió una cualquiera. Era de un color gris y de manga corta. Sheva cogió a Jill por el brazo y salió sonriendo de esa sala diciendo ¡intimidad!. El comandante las siguió diciendo que quería hablarles del avión de la B.S.A.A. que les llevaría de vuelta a Estados Unidos de un tirón. Chris se quedó con el niño en brazos, la camiseta en su hombro y una cara llena de perplejidad. ¿Nadie iba a ayudarlo?

Después de contemplar su suerte en silencio, suspiró pesadamente y fue hacia un banco de madera puesto al lado de las taquillas de los soldados. Sentó allí al niño que no despegaba los ojos de él.

–Bien chaval, hay que ponerte esto. –cogió la camiseta buscando la etiqueta para no ponérsela del revés. Cuando la encontró, arremangó el cuerpo de la camiseta y miró al niño. Éste se sacó la gabardina quedando desnudo ante el hombre, extendiendo los brazos hacia arriba esperando a que le colocaran la camiseta.

Chris tragó saliva. Se quedó abrumado ante tal ser. Parecía un pequeño dios del Olimpo que había caído a la tierra de los humanos y que se hubiera convertido en niño. Cuando lo vio en el barco ya supo que era blanco de piel, pero era realmente una palidez hermosa. Tenía un aspecto delicado, dulce, suave… Como la porcelana más fina y delicada, que había que tratarse con el más sumo cuidado. Chris se quedó embobado cuando miró fijamente esos ojos dorados con un toque carmesí del niño. Parecía que contuvieran un mar de fuego feroz en ellos. Chris finalmente volvió a la realidad sacudiendo ligeramente la cabeza mientras le pasaba el cuello de la camisa por la cabeza con facilidad. El niño metió los brazos por las mangas y se levantó acabando de poner bien la camiseta. Chris lo miró de arriba abajo. La camiseta le iba, como era de esperar, grande y le quedaba como un vestidito, parte de las rodillas al descubierto. El niño miró a Chris y alzó las manitas para que lo cogiera en brazos otra vez. Le gustaba oír los latidos del corazón del adulto, como se aceleraban y como volvían a su estado normal. Chris lo accedió a ello, cogió el abrigo y se dirigió hacia la puerta, abriéndola como pudo. Sheva y Jill los esperaban fuera. Le indicaron a Chris con la mano que las siguiera, conduciéndolo hasta el avión privado de la B.S.A.A.

Una vez llegaron Jill y Sheva se dieron un abrazo amistoso, despidiéndose. Chris le envió una mirada confusa a la mujer africana.

– ¿No vienes?

–No, tengo que quedarme a acabar los informes y bueno, éste es mi sitio. Ya iré a visitaros en cuanto el papeleo me lo permita, ¿vale? –contestó Sheva sonriéndole cálidamente. Chris correspondió a la sonrisa y asintió.

–Un placer haber trabajado contigo, Sheva. Nos mantendremos en contacto. – Chris le tendió la mano aun con la sonrisa en la cara.

–Igualmente, Chris. ¡Cuídate mucho, compañero!

–Tú también, Sheva. ¡Adiós! –respondió Chris mientras se despedía con la mano y se encaminaba hacia el avión con Jill detrás.

Una vez dentro Chris fue hacia los asientos del medio y Jill hacia atrás, con la excusa de que iba a darse un buen merecido descanso. Cuando se sentaron el piloto y copiloto entraron dándoles la bienvenida y diciéndoles que despegaban en breves. Entraron en la cabina delantera y al poco rato oyeron los motores encenderse y los pilotos hablar por los altavoces, pidiéndoles que se abrocharan los cinturones. Chris se lo ató y luego ayudó al pequeño, que alzó los brazos dejando que el adulto se encargara de ello. La voz del capitán les indicó que ya estaban preparados para despegar. Chris sonrió. Le encantaba sentir esa sensación de cuando el avión se eleva hacia el aire. Le recordaba a sus años siendo piloto de caza en las Fuerzas Aéreas y el subidón de adrenalina que comportaba el manejar esos pájaros de hierro a tales velocidades.

Cuando llegaron a estabilizarse después del despegue, el piloto les indicó tanto por voz como por las lucecitas que ya podían desabrocharse los cinturones y utilizar las instalaciones del avión como gustasen. Chris se deshizo rápidamente el cinturón y fue a hacer lo mismo con el niño pero resulta que éste ya se lo había sacado. Chris lo miró perplejo, obteniendo una sonrisa del niño a cambio. El adulto desvió la vista rápidamente, algo incómodo. Aún no se acostumbraba a que ese niño fuera el temido Albert Wesker. Suspiró concentrándose en el paisaje. Debería hacer como Jill y descansar un buen rato. El niño se revolvía en su asiento, intentando encontrar una postura cómoda o simplemente algo que hacer en vista de que Chris no quería hacerle mucho caso.

–Menuda playa más larga. –comentó Chris en voz alta sin darse cuenta. Eso despertó el interés de su acompañante.

– ¿De veras? –dijo Wesker saltando de su asiento para sentarse encima de Chris a mirar. Éste se resignó a tener el niño otra vez encima suyo y, por lo visto, a entretenerle. Adiós bendito descanso…

Pasados unos minutos largos de preguntas por parte del pequeño y respuestas de Chris, éste carraspeó ligeramente para atraer la atención del niño.

–Tengo que ir un momento al baño.

Wesker se miró en dirección a los servicios que había indicado la azafata mientras se preparaban para despegar y se movió parsimoniosamente hacia su asiento, dejando que el adulto se levantara y se fuera cómodamente por el pasillo del avión hacia los baños. Chris envió una mirada fugaz a Jill comprobando que ésta estaba dormida. Finalmente llegó al baño y se encerró colocando la espalda contra la puerta, dejando escapar un suspiro. Se miró al pequeño espejo que había al arriba del grifo de la pica del diminuto lavabo y por primera vez desde que empezó la misión se miró con atención.

Realmente necesitaba un buen descanso. Sus ojeras eran lo delataban.


Pasaron minutos hasta que Chris regresó del baño. Volvió a mirar a Jill que seguía durmiendo plácidamente, la boca ligeramente entreabierta. No podía imaginarse lo mucho que había sufrido Jill, el abuso mental constante de todo aquel tiempo a la merced de las garras de Wesker. Su cuerpo ya hablaba mucho de por sí: palidez extrema, el pelo que se le volvió rubio a causa de todo lo que Wesker hizo con ella… Le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Necesitaría todo el apoyo posible. La dejó descansar y volvió a su sitio lentamente donde Wesker se mantenía ocupado con papel y lápiz. Chris supuso que abrió la mesita del asiento y le pidió a alguien los materiales. Antes de que Chris llegara a la fila donde estaban sentados, Wesker giró la cabeza de golpe mirando al adulto, formándosele una pequeña sonrisa. Cuando Chris llegó al lado del niño, echó una ojeada rápida al papel, viendo varios dibujos esbozados. Lo miró de nuevo con más atención y cogió la hoja de papel, quedándose boquiabierto.

–¿Te gusta? – le preguntó el niño moviendo las piernas arriba y abajo en su asiento.

Chris seguía completamente asombrado. ¿Quién le iba a decir que Wesker tenía tales dotes artísticos? Jamás lo hubiera pensado. Ni él ni nadie.

–Es… Es impresionante… Se te da muy bien. –murmuró Chris. Centró su atención en cada uno de los dibujos, fijándose en la calidad del trazo, el dominio de la luz y las sombras… – ¿Quién es la mujer? Es muy guapa.

–Mi madre.

La respuesta del pequeño paralizó a Chris que quedó en completo silencio, alternando su mirada del niño al papel. En el dibujo se veía el rostro de una mujer joven con edad suficiente para tener un hijo, una larga y lisa melena perfectamente peinada, facciones finas y delicadas, una belleza complementada con elegancia. Estaba sonriendo cálidamente y mirando al espectador.

Si de verdad su madre era así ahora entiendo de donde viene su belleza… –pensó Chris mirando al niño que en esos momentos tenía una mirada sombría y distante. Algo pasó que le dejó marcado desde pequeño.

Una fuerte sensación de curiosidad le invadió a Chris queriendo saber más sobre su pasado, sobre sus razones, entender el pensamiento del hombre que tanto daño había causado en su vida, el porqué de su actitud, personalidad… Quería conocerlo más a fondo, más allá de lo que decían un puñado de papeles e informes de Umbrella y resolver el rompecabezas que era ese hombre. Sacudió la cabeza ante tales pensamientos. Estás loco, Christopher Redfield.

Chris le puso una mano en la cabeza desmoronándole un poco sus mechones rubios. Jamás en la vida hubiera pensado que podría hacer esto al pelo de Wesker. El niño miró al adulto y trajo sus rodillas al pecho, dejando más espacio para pasar al adulto. Al ver que Chris no pasaba, lo miró alzando una ceja en forma de pregunta como hacía tantas veces de adulto. Especialmente en S.T.A.R.S.

– ¿Quieres jugar a algo? –el niño asintió. – ¿Sabes algún juego de cartas? –esta vez negó con la cabeza y siguió con la mirada fija en Chris. –Hmm… ahora vengo. –dicho esto el adulto fue hacia las azafatas y habló con ellas durante unos momentos. El niño seguía mirándole completamente sumido en sus pensamientos. Realmente no se había parado a pensar en algo importante. ¿Estaría bien donde lo llevaban? ¿A salvo…? Confiaba en que Chris no le hiciera ningún daño ni que permitiese que se lo llevaran a algún sitio malo. Su tez se ensombreció otra vez. Se sentía muy, muy perdido…

–Por lo visto estamos de suerte. –la alegre voz de Chris lo sacó de sus lóbregos pensamientos.

Chris le hizo un gesto con la mano para que se acercara hacia él. En niño saltó de su asiento y fue corriendo hacia el adulto. Chris le indicó que se sentara en los asientos colocados delante de una mesita que tenían al lado mientras él hacía lo mismo, colocando una baraja de cartas encima de la madera lisa y pulida. La azafata se dirigió hacia ellos con bebidas y algo de comida.

–Veamos, ¿qué te parece el póker?


Jill se despertó de su sueño profundo en un sobresalto cuando el avión pasó por un breve tramo de ligeras turbulencias. Por un momento se desorientó hasta que vio a Chris en la otra punta del avión y…

–…Y ese maldito bastardo. –pensó con repulsión mirando a Wesker. Oía a Chris emocionarse con lo que fuera que estuvieran jugando y el niño reír.

Con cautela se dirigió hacia la parte frontal del avión mientras no despegaba los ojos de Wesker. Éste la vio acercarse y su risa cesó de inmediato. Ambos mantuvieron la mirada hasta que Chris intervino.

– ¡Jill! ¿Qué tal te encuentras? ¿Más descansada? –le preguntó mientras se metía unos cuantos cacahuetes en la boca. Jill asintió, sonriéndole forzosamente.

–Algo. –puso su mano en el hombro de Chris y le dio un breve apretón, agradeciéndole la preocupación. Chris le sonrió y le ofreció algo de comida que tenían por la mesa. –No, gracias. Ahora mismo no me apetece mucho. Más tarde pediré algo de comer.

–Como quieras, pero comer algo te iría bien.

–Tenemos muchas horas por delante, tengo tiempo de eso. Me vuelvo a mi sitio. Cualquier cosa… ya sabes. –Chris captó el cambio de tono en las últimas palabras, sabiendo que se refería al niño que tenían delante suyo.

–Lo sé. –puso su mano encima de la de Jill y la apretó.

Con una mirada atrás, Jill volvió a su asiento reclinado. Una de las azafatas fue hacia ella con una manta y un cojín.

–Señorita, le traigo esto por si lo necesita. No dude en llamarnos si quiere algo más. –era una muchacha joven, con acento británico y el pelo pelirrojo recogido en un moño elegante.

–De acuerdo, gracias.

Tomó lo que le dio la chica y se acomodó todo lo posible. En pocos minutos volvió a caer dormida con la risa de Chris llegándole a los oídos.

Su risa era adorable.


Notas de la autora:

¡Hola!

Primero de todo quiero agradecer a todos los que habéis seguido dándole reviews y follows a mi fic. Siento muchísimo haber desaparecido tanto tiempo sin decir nada. Lo siento, de veras.

La verdad es que me perdí en otros fandoms, estudios… y me olvidé por completo de ello. Hasta hoy. El sentimiento de culpabilidad empezaba a engullirme por completo.

Decidí revisar, reescribir y terminar ese fanfic sí o sí. Lo de revisar y reescribir era necesario, creedme. Nunca he tenido unos "cringe attacks" tan grandes xD (esos OOCs de Wesker… o Chris. Aiiii. Conservaré esos archivos bajo candado…)

¡Comentad en los reviews a ver que os han parecido los cambios!

Muchísimas gracias por leer. ¡Nos vemos!

D.