Efectos secundarios de Uroboros

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Capítulo 2

Chris y Wesker dejaron apartados los juegos de cartas a un lado justo cuando el cansancio se apoderaba de ellos con más vehemencia. El niño se acomodó en el asiento en frente de Chris con la manta y el cojín que les dio a ambos la azafata, imitando a Chris hasta que se cansó de la postura del adulto y se acurrucó recostándose en su costado izquierdo, de cara a Chris. Éste ya había caído en un profundo sueño, un brazo encima de su pecho y el otro colgando fuera del asiento. Wesker le observó hasta que sus parpados le pesaron y no pudo evitar cerrarlos.

El pequeño se despertó de un sobresalto tiempo después apoyándose en sus codos. El avión permanecía en absoluto silencio sin contar el ruido de los motores y el murmullo de las azafatas. Miró a sus alrededores desorientado hasta encontrar el cuerpo de Chris delante de su campo de visión. Inmediatamente se relajó dejando escapar una buena bocanada de aire por la boca. Pero algo le puso en alerta de nuevo. Se sintió de repente terriblemente observado y no tardó en adivinar quién era el causante de ello: la mujer del traje azul púrpura.

Jill.

Ésta estaba totalmente incorporada en su asiento, el codo apoyado en el reposabrazos y la mano aguantando el mentón. No despegaba su gélida mirada de Wesker y su postura tensa irradiaba hostilidad hacia el pequeño. Wesker no podía parar de preguntarse qué podría haber hecho para que esa mujer le profesara tal odio. Quería recordar, ¡quería recordarlo todo, maldita sea! Frustrado y nervioso, Wesker apartó la vista de Jill y sin pensárselo mucho se apresuró a ir al lado de Chris que aún dormía plácidamente. Oyó movimientos en la parte trasera del avión, sin duda de Jill, y con el corazón galopándole en el pecho se subió a la falda de Chris aferrándose a su camiseta sucia y rota. Los pasos de Jill pasaron de ser cautelosos a rápidos y en pocas zancadas estaba donde se encontraba Wesker. Chris farfulló algo ininteligible y siguió durmiendo sin interrupciones. Los murmullos de las azafatas cesaron de inmediato y la tensión en el ambiente podía palparse sin mucha dificultad. Jill aferró su mano en el apoyacabezas del asiento, apretando el puño hasta oír el tejido crujir bajo la fuerte presión. Estaba preparada para abalanzarse sobre Wesker. Su postura tensa hablaba por ella.

–Apártate de él. –le habló Jill con la voz extrañamente calmada. A Wesker le recorrió un escalofrío sabiendo que esa falsa calma no era en absoluto nada buena. Le aguantó la mirada mientras se aferraba más a Chris. Jill alzó levemente la cabeza, desafiante. –Puede que hayas conseguido engañar a Chris, incluso a Sheva, pero no a mí. –Wesker entrecerró levemente los ojos, confuso. ¿Engañar? ¡Él no había engañado a nadie! El pequeño negaba casi imperceptiblemente con la cabeza. El ambiente permanecía sumido en un tenso silencio.

Aunque Jill intentaba seguir con su fachada de calma y entereza, poco a poco sentía cómo iba desmoronándose toda su fuerza y coraje. Cada segundo que pasaba aguantando la mirada de Wesker era un segundo de recuerdos y pesadillas, de ojos que despertaban los más temibles temores, de dolor y sufrimiento, ira y terror…

–No hagas que me repita. Apártate de él ahora mismo. –habló Jill con todo el veneno posible en la voz.

–No.

Jill cogió aire con fuerza por la nariz. Wesker había abierto la caja de los truenos.

Sin pensarlo mucho la mujer se abalanzó sobre el niño, enseñando los dientes con un sonido gutural totalmente enfurecida. Le agarró del brazo y tiró de él con violencia haciendo que Wesker no tuviera oportunidad alguna de mantener el equilibrio nada más poner un pie en el suelo. Intentó ponerse en pie mientras trastabillaba en su intento de zafarse del agarre de Jill. Las azafatas dejaron escapar chillidos agudos, tapándose las bocas y dudando de si ir en socorro del pequeño o arriesgarse a la furia de la mujer. Wesker consiguió liberarse con una violenta sacudida de su brazo, la manga de la camiseta sufriendo las consecuencias con un sonoro desgarre.

– ¿Pero se puede saber qué te pasa conmigo? –vociferó el pequeño con la mano agarrada al pecho que subía y bajaba frenéticamente. – ¿Qué he hecho?

– ¿Que "qué has hecho"? Oooh, lo sabes muy bien, Wesker, –respondió Jill con una sonrisa estremecedora. –Sabes muy bien todo lo que has hecho. Ya te he dicho que a mí no me engañas como a Chris o Sheva. –Wesker la miraba totalmente desconcertado.

–No sé de qué me estás hablando.

Jill no se reprimió más y se abalanzó de nuevo hacia Wesker con el puño listo para impactar en la cara del pequeño. Las azafatas volvieron a gritar. En un abrir y cerrar de ojos Wesker esquivó el puño de Jill con un fluido movimiento lateral. Jill se tambaleó al no colisionar con nada y se dio rápidamente media vuelta hasta tener a Wesker en su campo de visión. Una sonrisa salvaje adornó los labios de Jill en verle acorralado entre asientos. Lo atacó de nuevo dejando escapar un rugido lleno de ira. Ahora sí que no podía escaparse de ningún modo.

Pero lo hizo.

Con toda la elegancia de una gacela, Wesker saltó por encima de los asientos a su izquierda con casi ningún esfuerzo. Aterrizó delante de ellos con un suave sonido y no dejó que Jill lo acorralara de nuevo, ni que la perdiera de vista, situándose en el pasillo central totalmente despejado. Jill era una masa de frustración e ira. Algunos mechones se soltaron de la coleta firmemente agarrada al pelo y jadeaba con las mejillas coloradas. Tan solo tenía un objetivo en mente y fuera como fuese, lo lograría. Cargó de nuevo contra él. No supo cómo pasó, pero lo que sí supo es que Wesker le bloqueó con una gran rapidez el puño, haciéndole una luxación sujetando el brazo por detrás, y en un abrir y cerrar de ojos se vio impulsada hacia adelante cayendo de bruces al suelo con un gruñido. Se giró inmediatamente hacia Wesker y lo vio a unos escasos metros de ella, alejándose lentamente de espaldas mientras se miraba asombrado las manos. Al niño le brillaban intensamente los ojos con ese color sangre engullendo cualquier otro color que estuviera presente. No debía tenerle miedo, no debía acobardarse ahora… pero era imposible. Retornó el mismo miedo que sintió años atrás cuando Wesker la tenía cautiva después de sacrificarse para proteger a Chris, cayendo hacia al abismo desde aquel ventanal. El mismo miedo de cuando se enfrentó a él antes de precipitarse por el precipicio. El mismo miedo cuando se despertó en aquella fría y oscura sala llena de monitores que le controlaban sus constantes vitales. Ese aparato rojizo, las múltiples inyecciones… Todo, absolutamente todo le atemorizaba con tan solo recordarlo una vez más, esos ojos carmesíes siempre presentes con un deje de satisfacción al ver proceder con sus planes y cómo ella seguía resistiendo a pesar de todo.

Siempre fuiste una buena luchadora después de todo. Sería realmente una pena que desistieras tan pronto. Haces que me sienta realmente orgulloso de ti, Jill.

Jill apretó dientes y puños fuertemente ante los recuerdos y con un sonido de lo más aterrador proveniente de su garganta, lleno de desolación, cargó una última vez contra el niño. Sabía que se estaba dejando llevar por los instintos, por el odio y la rabia acumulada por tantos años, momentos y traumas, empezando por Raccoon City y acabando por Kijuju en África. Pero eso no le importaba en absoluto. Si podía matar al causante de todo ese dolor, que así fuera. Cuando ya lo tuvo a escasos pasos el niño se vio movido hacia los asientos con fuerza y Jill vio como el cuerpo de Chris aparecía en su lugar. Chocaron el uno contra el otro.

Chris no pudo evitar despertarse sobresaltado oyendo gritos tanto por detrás como por delante suyo. Se levantó con un sobresalto y miró a sus alrededores asustado de que hubiera ocurrido alguna gran desgracia relacionada con Wesker. No iba del todo mal encaminado. Tenía a Wesker justo delante de su campo de visión, Jill a punto de abalanzarse encima de él y las azafatas presas del pánico, totalmente inmóviles. Le vieron despierto y con la mirada pidieron ayuda a gritos.

Chris agarró con fuerza a Jill, inmovilizándola como pudo hasta tenerla cara a cara. Una de las azafatas, Betty, se armó de valor y corrió al lado del niño, apartándolo de los dos adultos zarandeándose el uno al otro.

–Chris… –susurró Wesker aliviado, dejándose llevar por la joven azafata. Fue solo mirar al adulto y sentir su cuerpo desprenderse de toda la tensión del peligroso juego del gato y el ratón que hace unos instantes practicaban él y Jill.

Desgraciadamente para Wesker, Jill se deshizo de Chris con un doloroso codazo en la boca del estómago y lo apartó de su camino. Chris se retorció en el suelo intentando retornar el aire en sus pulmones. Vio a Jill correr hacia Wesker y las pobres azafatas asustadas.

– ¡JILL, NO! –dicha mujer placó el niño rodeándole el cuello con sus manos. La azafata gritó e instintivamente se apartó mientras Jill estrangulaba a Wesker con un virulento fervor. El pequeño se llevó las manos al cuello, intentando deshacerse del cruel agarre de Jill. Lo cogió desprevenido, con la guardia totalmente baja. Cometió un grave error y no cesaba de culparse por ello.

Todo pareció pasar a cámara lenta, como si Chris fuera un mero espectador de una película o serie de la televisión. Salió de su ensimismamiento al instante en que Wesker le envió una mirada presa del pánico. Chris se levantó y corrió hacia Jill y Wesker con la mano extendida, viendo como el rostro de Wesker se volvía de pálidos matices, pequeños sonidos ahogados saliendo de su garganta oprimida con vicio. Wesker clavó sus uñas en las manos de Jill hasta hacerle sangre. Consiguió que Jill dejara de apretar su tráquea unas milésimas de segundo con lo que ganó algo de oxígeno en sus ardientes pulmones. Con virus o sin él, Wesker seguía necesitando aire para vivir. Chris llegó a su auxilio y arrancó a Jill, la azafata de antes volvió al lado del pequeño. Jill no paraba de intentar zafarse de las manos que la agarraban. Chris la sacudió varias veces hasta que logró ponerla frente a él y que le mirara a los ojos. Ambos cogían aire a grandes bocanadas por la boca. Se miraron unos momentos más.

– ¿Se puede saber qué estás haciendo, Jill?

– ¿Qué estoy haciendo? ¡Un favor a la humanidad, estoy haciendo! –respondió Jill alzando la voz. Se calmó respirando hondo hasta conseguir que Chris la dejara ir. Éste se interpuso de nuevo entre Wesker y ella por precaución. Se volvieron a mirar intensamente con Chris. Jill cerró los ojos y se dejó caer en el asiento que tenía a su lado.

–Jill… ¿En que estabas pensando? –preguntó Chris soltando un suspiro cansado, fregándose las sienes con la mano derecha. La mujer no abrió la boca, su silencio como respuesta. Chris dejó que su mano se colocara en su hombro en un gesto amable, de simpatía. –Esto puede ser una nueva oportunidad, Jill. Para todos. Piensa… piensa la de puertas que se nos pueden abrir ahora. No podemos desperdiciar esta oportunidad.

–No, Chris, no para él. –respondió ella señalando a Wesker con un gesto de la mano. – Las agotó todas en 1998.

Chris no supo qué decir a continuación. Con una última mirada a Jill, Chris se dirigió hacia el niño que estaba sentado en donde hace escasos minutos dormía Chris. La azafata estaba a su lado tocándole suavemente los hombros, apaciguando al niño mientras esperaba a que viniera el adulto. La muchacha le cedió el sitio a Chris y éste se arrodilló ante Wesker, hablándole con una tierna voz.

– ¿Estás bien? –le preguntó mirando las marcas en el cuello. Wesker asintió sin mirarlo.

Chris se sentó a su lado y dejó que el chiquillo bajara de su asiento para colocarse encima de su regazo mirando hacia el lado contrario de Jill. Chris supuso que cuanta más distancia, mejor, y cogiéndolo fuertemente entre sus brazos, se sentó al lado de la ventana. Betty, la azafata de antes, se dirigió a ellos con un vaso de agua para apaciguar la irritada garganta de Wesker. Chris le agradeció a Betty y ésta les dejo solos de nuevo. Su compañera seguía sin querer salir de donde estaba medio escondida.

El resto del viaje transcurrió en silencio.


Un leve zarandeo despertó a Chris. Betty lo despertó para indicarle que se tenía que abrochar el cinturón de seguridad porque iban a descender en breve. Chris asintió y suavemente zarandeó también a Wesker que se había quedado dormido también. Dejó que el niño se sentara donde estaba Chris y él se colocó en el asiento de al lado. Se abrocharon los cinturones en absoluto silencio. Suspiró cansado, dejándose enterrar en el cómodo asiento del avión. Miró hacia la derecha observando a Wesker mirar por la ventana con un aire ausente.

Chris volvió a pensar en todo lo ocurrido: la inyección, las ropas en el suelo, el niño asustado y Chris con la cabeza más confusa que nunca. Tendrían que esperar el veredicto de Rebecca y su equipo en cuanto llegaran a los laboratorios del Cuartel General de la B.S.A.A… Chris no podía parar de preguntarse cómo Wesker se había desencaminado tanto en la vida para acabar haciendo las atrocidades que hacía. En los S.T.A.R.S. fue un buen capitán. Era un buen hombre, sin tener en cuenta lo estricto o frío que era… aunque luego todo resultó ser una desgarradora y dolorosa mentira.

Despegó la mirada de golpe y dejó que la cabeza se apoyara en el cómodo apoyacabezas del asiento, hundiéndose un poco. Cerró los ojos intentando no recordar más.

Una vez pisaron tierra firme Chris agradeció que el sol que le acariciaba su piel no quemara tanto como el de África. Wesker buscó la mano de Chris inmediatamente mientras descendían a pista. Chris recordó el estado de semi-desnudez de Wekser y la falta de calzado y lo cogió en brazos sin darle muchas vueltas. Anduvieron hacia el coche privado, totalmente negro con cristales tintados, que les esperaba a pie de pista. Jill iba en cabeza sin siquiera mirar atrás. Wesker se retorció en los brazos de Chris para mirar adelante suyo. Observaba con atención la estructura de ese enorme edificio. Era muy largo, con grandes cristales y un gran mirador en la azotea acristalada llena de plantas que iba de punta a punta del edificio. Habían muchos aviones aparte del suyo en pista, otros despegando en una zona muy alejada de ellos. Cuando llegaron delante del coche dos hombres vestidos totalmente de negro y con gafas de sol salieron del coche, saludándolos brevemente. Chris y Jill respondieron al saludo mientras Wesker los miraba con atención, queriendo coger las gafas de sol de uno de ellos y ponérselas. El sol le estaba siendo realmente molesto.

Entraron dentro del coche con Wesker en el medio de los asientos traseros. Una de sus manos aferraba fuertemente a Chris, no del todo cómodo de tener a la mujer que había intentado matarlo justamente pegada a su lado. Jill tampoco estaba muy de acuerdo en compartir ese pequeño espacio junto a Wesker. Chris y Jill se ataron los cinturones mientras que Wesker se giraba para ver dónde estaba el suyo. Lo localizó encima de su cabeza, la pieza metálica colgada en el techo. Hizo un movimiento inútil para alcanzarla con los dedos moviéndose en el aire. Soltó un bufido enfadado y con su cabezonería intentó cogerlo de nuevo. Eso levantó risas mal disimuladas de Chris que lo miraba divertido apoyando su cabeza en la mano. Wesker se giró para mirarle molesto y se cruzó de brazos mirando al frente con enfadado, intentando ignorar las risas de Chris. Jill se unió al adulto mirando al niño desafiantemente; tenía una oportunidad de ridiculizarlo y no iba a desaprovecharlo.

–Enano. –susurró provocando que el niño se molestara aún más.

–Bruja. –respondió él. A Jill eso no le sentó muy bien y le cambió la cara. Ahora ella estaba molesta.

Iba a contestarle pero una mirada de Chris a ambos la silenció.

–No más discusiones, por favor. –habló seriamente Chris poniendo punto y final a ese pequeño enfrentamiento.

El viaje en coche se hizo más corto de lo esperado con mucho silencio de nuevo y Chris volviendo a quedarse dormido otra vez. Wesker no hizo más que pensar en sus cosas y mirar el paisaje que le ofrecían las ventanas laterales y los cristales de delante y detrás.

Una vez llegaron a su destino bajaron todos del coche con el sol del mediodía acechando entre las nubes. Jill los detuvo justo cuando dispusieron a andar en dirección el Cuartel General.

–No podemos permitir que Wesker sepa dónde están ubicadas exactamente las instalaciones. –todos hicieron una mueca dándose cuenta del problema. –Y por error nuestro ya sabe un camino… Deberíamos dejarle inconsciente.

–Mierda… Tienes razón, ha sido un grave fallo por parte de todos. –dijo Chris pensando una manera de no hacerle más daño de lo necesario al pequeño.

–Lo mejor sería dejarlo inconsciente cuanto antes.

Jill creó un silencio el cual podía cortarse con un cuchillo. Wesker empezaba a agitarse en los brazos de Chris. No le gustaba esto.

–A la mierda, hagámoslo. –Chris asintió a Jill y ésta se dispuso a darle un contundente golpe para que el crío perdiera el conocimiento. Chris lo agarró y mientras el niño se asustaba e intentaba liberarse de Chris, Jill le atisbó un golpe que lo acalló en un momento. Chris lo cogió en brazos y los cuatro adultos se dirigieron sin más dilación hacia la base.


Despertó, pero no abrió los ojos aún. Había un silencio a su alrededor absoluto. No. Mentira. Habían unos pitidos leves a su alrededor. Distantes. Con esfuerzo abrió los párpados lentamente y de inmediato volvió a cerrarlos ante la luz de la habitación. Quiso esforzarse de nuevo en saber dónde estaba y abrió los ojos. Parpadeó varias veces seguidas. La luz le molestaba, las paredes blancas la reflejaban y lo cegaban. Notaba la garganta seca y lentamente abrió la boca y se humedeció los labios con la escasa saliva de su boca. No sirvió de mucho, al cabo de poco los volvía a tener secos. Entonces fue cuando le llegó el olor a desinfectante a la nariz. Olor a nuevo. A sitio aislado.

Esto no le estaba gustando en absoluto.

Paseó la mirada por toda la habitación. No habían ventanas, solo una puerta delante suyo y otra a su izquierda, la última parecía estar totalmente sellada. Las paredes eran blancas y el suelo también. Resplandecía. Podía ver el reflejo de todos los objetos en su superficie. Miró a sus pies y se fijó en la cama. No era del todo incómoda, pero podría ser mucho mejor. Todo blanco, por supuesto. Un dolor en su sien le hizo desistir su exploración visual por el momento. Se llevó lentamente una mano al sitio donde le dolía y palpó con suavidad. Siseó y dejó de tocárselo. Entonces se percató de los chimes que le salían de la mano.

Esto le estaba gustando aún menos.

¿Dónde estaba Chris? ¿Y Jill? ¿Qué querían hacerle?

Asustado, notó como la adrenalina le recorría las venas y se despertó del todo. Sus sentidos estaban alerta ante cualquier movimiento o ruido. Pateó las sábanas queriendo ponerse en pie y buscar una salida a aquella jaula de porcelana.

El sonido de la puerta al abrirse automáticamente lo frenó en seco. Miró en dirección al ruido con el corazón a punto de salírsele de la boca. Por ella entró una joven con el pelo castaño rojizo liso, corto. Su inocente rostro engañaba a los demás haciéndola parecer muchísimo más joven de lo que era en verdad. Llevaba en su mano un portapapeles lleno de folios y un bolígrafo en el bolsillo del pecho de la bata de laboratorio.

La chica miró hacia la cama sacando la vista de los papeles. Paró en seco y rápidamente fue hacia la mesa más cercana para dejar allí el portapapeles. Sin esperar un segundo más, y sin apartar la vista del chiquillo, rebuscó en uno de los bolsillos de la bata un busca y lo toqueteó a ciegas. Volvió a dejarlo en el bolsillo y sin siquiera respirar aguantó la mirada a Wesker. Después de unos tensos minutos se presentaron dos personas más con la misma indumentaria que la chica. Wesker se puso nervioso. Había algo muy dentro de su subconsciente que le decía que las batas blancas no eran una cosa buena. La chica se dirigió cautelosamente hacia él y después de mirar los monitores fugazmente, le habló.

–Hola, pequeñín. –Wesker no contestó y siguió mirándole sin fiarse de ella. – ¿Cómo te encuentras? Te llevaste un buen golpe. –siguió hablando la muchacha señalando vagamente con la mano en dirección a su cabeza.

Wesker seguía sin decir palabra. La chica no sabía cómo hacer que estuviera el muchacho más cómodo. Finalmente la curiosidad mezclada con la necesidad de tener control sobre su situación pudo con la lengua de Wesker.

–Quién eres. –su voz sonaba ronca pero no obstante dejaba de ser gélida. –Dónde estoy. Qué queréis de mí.

–Hmm… –la chica se quedó pensativa por unos instantes y habló como si lo hiciera solo para sí misma. –Así que no me reconoces…

– ¿Debería?

La chica sonrió con algo de tristeza detrás de sus ojos.

–Soy Rebecca Chambers, y estoy aquí para ayudarte. –Wesker ojeó rápidamente a los dos hombres que seguían parados al lado de la puerta.

–Eso lo juzgaré yo más adelante.

Rebecca se sorprendió ligeramente por la áspera contestación. Mirando a sus alrededores algo inquieta, volvió dos pasos atrás y cogió el portapapeles. A continuación se volvió a acercar y señaló una silla que Wesker no había visto a su lado izquierdo de la cama.

– ¿Te importa que me siente a tu lado?

–Tampoco tengo mucha elección, ¿verdad? –replicó Wesker con una sonrisa que apenas llegaba sus ojos y no se quedaba corta de fría.

Rebecca lo ignoró. Tenía trabajo que hacer.

– ¿Cómo te llamas? –le preguntó mientras sacaba el bolígrafo del bolsillo y lo abría, preparada para escribir. Wesker tardó en responder.

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–No lo sé. Solo sé que la mujer rubia me llama Wesker ¿Es ese mi nombre? –preguntó con sinceridad. No recordaba nada y quería saber. Necesitaba saber. La chica apuntó más cosas en una de las hojas de papel.

–Bueno, tu nombre de pila es Albert. Te llamas Albert Wesker. Esa mujer de la que hablas debe de ser Jill. Jill Valentine. ¿Te viene a la mente algo? –Wesker negó con la cabeza. – ¿Chris Redfield?

Ante la mención del nombre de Chris Wesker se enderezó y mostró más interés por la conversación.

– ¿Dónde está?

– ¿A él sí le recuerdas?

–No. No sé quién es. Solo sé que si está conmigo, estoy a salvo.

Rebecca lo miró con algo de incredulidad en su mirada. Si Chris oyera esto… Todo aquel que había conocido al "Wesker adulto" sabía lo ridícula que sonaba esa frase. Siguió tomando notas.

–Chris está en una reunión. Ya se nos ha informado de todo lo sucedido. Estoy aquí para hacerte unas pruebas para ver cómo estás de salud. También estamos mis compañeros y yo aquí para arrojar algo de luz a lo sucedido contigo. De momento empecemos por sacar unas muestras de saliva. –Rebecca indicó a uno de sus compañeros que se acercara con los utensilios requeridos. Sacó un palo fino redondo y pequeño de color blanco. Se lo mostró a Wesker para que viera lo que era y le indicó al niño que abriera la boca. En escasos segundos ya tenía las muestras.

Entre recogidas y más recogidas de muestras, Rebecca continuó interrogando a Wesker cautelosamente. Después de apuntar observaciones y más datos, Rebecca le mostró una jeringuilla de tamaño considerable a ojos de Wesker. El niño abrió los ojos como dos platos, mirando la larga y fina aguja que brillaba amenazante con la luz blanca de los fluorescentes.

–Sé que no es algo divertido, pero tengo que sacarte un poco de sangre. –le explicó Rebecca con su juvenil voz, acercándose poco a poco. El niño se apartaba a medida que avanzaba la joven, guardando distancias. Wesker negaba con la cabeza frenéticamente, buscando desesperadamente por toda la sala para ver una posible vía de escape. La puerta era el único sitio, los dos hombres de antes le bloquearían con facilidad la salida. Sentía como la ansiedad se apoderaba de él y cada vez se acercaba más al borde de la cama. Rebecca pidió ayuda a sus dos ayudantes y Wesker se sintió como un animal acorralado.

En su defensa, estaba asustado y actuó por puros instintos de supervivencia. Bloqueó la mano que iba a sujetarle su muñeca y apartó con fuerza a uno de los hombres con todo lo que pudo, mandándolo hacia atrás por los aires. Rebecca se asustó y se echó atrás de un salto. El hombre que estaba en el suelo se incorporó lentamente, incrédulo ante lo que le acababa de suceder. Miró al niño, luego a su compañero, que compartía la misma expresión que él, y ambos cargaron hacia Wesker. Intentaron agarrarlo por brazos y piernas, pero era imposible. Lanzó a ambos volando por los aires con una fuerte patada en el estómago de cada uno. Cayeron pesadamente al suelo con algún que otro gruñido adolorido. Aunque fuera un niño de apariencia normal su fuerza era sobrehumana y ellos eran tan solo simples mortales. Wesker miró a la puerta y sin pensarlo mucho saltó de la cama. Sintió un ligero tirón en su mano derecha y vio que aún tenía el catéter con los tubos en su mano. No lo dudó, se lo arrancó todo. Hizo caso omiso del dolor punzante en su mano y de la sangre que brotaba de la herida de la aguja. Tenía que salir de allí como fuera.

Tenía que encontrar a Chris.

Corrió hacia la puerta y palpó frenéticamente cada surco de su superficie en busca de algo que la abriera. Frustrado por no encontrar nada, empezó a aporrearla sin piedad. No se percató si quiera de los dos hombres que tenía detrás suyo, ofuscado en salir de allí. Le redujeron luxándole los brazos y agarrando las piernas. Histérico, empezó a gritar con todas sus fuerzas.

Los gritos rebotaban por todos los rincones de la habitación. Resonaban por los pasillos, recorriendo múltiples salas hasta perderse por las paredes. El busca de Chris interrumpió con un chirrido estridente la reunión en la que estaba en ese preciso instante. Provenía de Rebecca. Chris tuvo un muy mal presentimiento. Alarmado, se puso de pie y haciendo caso omiso de Jill y de las demás personas reunidas en su presencia, abrió la puerta y echó a correr en dirección hacia los laboratorios. Rebecca podía estar en un grave peligro… Chris se percató justo cuando giraba hacia un pasillo, los gritos llegándole a los oídos, que no llevaba la pistola. Ni cuchillo. Nada con que defenderse salvo sus manos o palabras. Maldiciendo mentalmente llegó a la puerta de donde provenían los gritos. Varios soldados llegaban a su vez por el otro lado del pasillo, armados y equipados ante cualquier amenaza. Chris los frenó, suplicándoles que le dejaran entrar a él primero y no tener que hacer uso de las armas. Los soldados se miraron entre sí y le dejaron hacer, pero igualmente se colocaron alrededor de la puerta con las armas en alto. Sabiendo que más no podía hacer, Chris introdujo el código en el panel al lado del marco de la puerta y se preparó para lo peor. Se le retorció el estómago al ver cómo toda la habitación estaba patas arriba con los dos hombres en el suelo retorciéndose de dolor, manchas de sangre aquí y allá y Rebecca al lado de la cama, sentada en el suelo, con una expresión de terror en su rostro juvenil. No veía a Wesker por ningún lado hasta que divisó movimiento en la esquina más alejada de todos. Estaba pegado a la pared cogiendo aire a grandes bocanadas completamente alterado, sudando, sus manos abiertas y sangrientas aferradas a las paredes como garras. Sus ojos brillaban, encendidos, como si contuvieran un mar de lava en ellos. Wesker no despegó su mirada histérica de Chris. Rebecca se movió lentamente para levantarse y Wesker volvió a ponerse a la defensiva.

– ¡NI SE TE OCURRA MOVERTE DE DONDE ESTÁS! –vociferó Wesker. Rebecca se acobardó y volvió a su sitio en el suelo con las manos temblorosas.

Chris tenía que arreglar esto como fuera. Lentamente dio un paso adelante y Wesker instintivamente se enganchó más a la pared. Chris detuvo sus pasos y miró a su alrededor de nuevo para acabar posando su vista al niño.

–No queremos hacerte daño, Wesker. –las palabras le supieron amargas en su boca.

– ¡MENTIRA! –contestó Wesker acusando a Chris con la mirada. Se sintió traicionado.

–No quiero hacerte daño. Voy a acercarme a ti poco a poco, ¿vale? –dio un paso cauteloso alzando los brazos con las manos abiertas. –Mira, no llevo nada. No voy a hacerte daño. –repitió de nuevo con la voz más suave y calmada que pudo dirigirle al niño.

Wesker dejó que Chris se acercara poco a poco, mirándolo fijamente a los ojos aun con ese sentimiento de traición presente. Tragó saliva varias veces con las manos temblando. Tenía miedo, las agujas nunca significaban algo bueno. Algo muy dentro de él le decía eso. Las agujas son malas, las agujas duelen. Chris se paró justo delante de Wesker y lentamente se arrodilló poniéndose a la altura del niño. Chris le sonrió y bajó los brazos hasta dejarlos abiertos a sus lados, invitándole a un abrazo. Wesker dudó unos instantes hasta que se tiró a los brazos de Chris. El adulto, por su parte, le correspondió al abrazo y le acarició la espalda suavemente para tranquilizarlo. Chris no podía evitar quedarse completamente estupefacto al ver al gran Albert Wesker en este estado, mostrando facetas que uno nunca podría haberse imaginado. Se quedaron así, en silencio, escuchando las respiraciones del uno con un efecto parecido a una nana para Wesker.

–No te voy a hacer daño. –susurró Chris en su oreja. Wesker apretó más su abrazo y asintió.

–Nunca hubiera pensado que tuvieras tan buena mano con los niños, Chris –murmuró Rebecca aun en su mismo sitio sin atreverse a mover un dedo. Chris la miró y dejó que una sonrisa le adornara a los labios.

–Tuve mucha experiencia con Claire. –contestó. Rebecca sonrió tímidamente también pero rápidamente se esfumó ante la mirada fulminante de Wesker. Miró al suelo de nuevo.

–Wesker –le llamó la atención Chris. El niño apartó la vista de Rebecca rápidamente y centró toda su atención en él. –Has de dejar que Rebecca te saque un poco de sangre. No queremos hacerte daño, nadie de aquí, ¿de acuerdo? Es por tu bien, por tu salud. Ayúdanos. –Wesker miró al suelo aferrándose más a Chris.

–No quiero. –susurró casi inaudiblemente. Chris no pudo ver lo irónica que era la situación. El "Wesker Adulto" jugaba con ellas sin importarle quién sería la víctima y el "Wesker Niño" le repulsaba la idea de estar al lado de ellas…

Una idea muy descabellada se le cruzó fugazmente por la mente. ¿Podía ser…? ¿Podía ser que sus sentimientos, todo su ser, fueran totalmente contrarios a lo que estaban acostumbrados a ver? Como si le hubiesen dado un giro de ciento ochenta grados. ¿Es posible que Wesker hubiese sido una vez así…?

Era una idea totalmente loca, descerebrada y sin sentido. Pero era una idea.

–Si te tranquiliza, yo tampoco soy muy amigo de ellas. –le dijo Chris haciendo que Wesker sonriera levemente. Chris se deshizo del abrazo de Wesker y lo miró directamente a los ojos, cogiéndolo suavemente por los hombros. – ¿Lo harías por mí? No me separaré de tu lado, lo prometo. –Wesker suspiró. Si Chris estaba presente no le harían nada. Posando la mirada al suelo asintió derrotado.

Chris le ayudó a sentarse en la cama de nuevo y le dijo que esperara un momento. Ayudó a los dos hombres que se incorporaron lentamente con la ayuda de Chris. Rebecca se levantó y fue hacia Wesker con pies de plomo. El niño fijó su mirada penetrante en ella. Chris volvió a su lado en un santiamén y con un asentimiento breve de Chris, Wesker extendió el brazo y cerró los ojos mientras Rebecca le indicaba que cerrara el puño a la par que le colocaba una goma elástica para ayudar a concentrar la sangre.

–Notarás un pinchacito de nada y apenas te dolerá. Lo siento mucho, ¿vale? –Rebecca ofreció una sonrisa como tregua. Wesker asintió aceptándola.

Pasó un buen rato hasta que todo volvió a su transcurso original. La habitación estaba en calma y todo en su sitio de nuevo, salvo las manchas de sangre en la pared. Rebecca se marchó junto sus otros dos compañeros. Tan solo quedaron Chris y Wesker en la habitación. El niño estaba sentado en el borde de la cama con las piernas balanceándose y Chris en la silla que previamente había ocupado Rebecca. Wesker evitaba mirarlo. Chris estaba completamente absorto.

– ¿Volverán? –el susurro de Wesker resonó por toda la estancia.

–Sí.

Wesker se estremeció.

Minutos o quizás horas después, no tenían un reloj para comprobarlo y el de Chris se rompió en Kijuju, un hombre diferente a los de antes entró en la habitación. Llevaba lo que parecía ser un camisón hospitalario perfectamente doblado y limpio. Lo dejó en la punta de la cama más alejada del niño y tal y como vino, se fue. Wesker lo ojeó. Chris se levantó y lo desdobló para inspeccionar qué era realmente.

–Es un camisón nuevo. Quítate el que llevas y ponte éste. –le explicó Chris entregándole dicha prenda. Wesker se encogió de hombros y saltó de la cama. Sin miramientos se desabrochó el lazo que unía ambas partes en su nuca y dejó que cayera al suelo. Miró expectante a Chris. Éste no pudo evitar mirar las marcas de manos del cuello. Las señaló. – ¿Te duele? –Wesker las palpó.

–No.

–Bueno, puedo decirles que te lo miren. Si quieres.

Wesker cogió de las manos el camisón y se lo puso en absoluto silencio. Se ató sin dificultad el lazo detrás y volvió a subirse a la cama. Chris recogió el camisón sucio y lo dejó en el mismo lugar que hace escasos momentos ocupó el limpio.

–Como quieras. No me duele, Chris.

Inmediatamente entró el mismo hombre de antes irrumpiendo lo que fuera que quisiera decir Chris. Recogió el camisón y se dirigió a ambos.

–La cena será servida en breves.

Y se fue.

Cuando entraron con la cena de Wesker a Chris le sonaron las tripas nada más llegarle el olor a comida a la nariz. Casi no había comido nada y su cuerpo protestaba a su dueño. Se disculpó con el niño, teniendo que marcharse él también, prometiendo volver al ver pánico apoderarse del rostro de Wesker ante la idea de quedarse solo. Otra vez. Chris estaba muy tentado de no volver a la reunión que había interrumpido pero el deber era el deber. Anduvo hasta llegar a la cantina donde quedaban algunos sándwiches en las máquinas expendedoras y cogió el más apetecible. Después de arrearle dos bofetadas a la máquina hasta desencallar el paquete, lo abrió y devoró los sándwiches de camino al despacho del Director General. Llamó a la puerta dos veces y esperó que le permitieran la entrada. Jill ya no estaba ahí.

–Agente Redfield.

–Señor.

–Tome asiento, por favor.

Chris se sentó en la silla de la derecha y la acercó ligeramente hacia adelante. Miro con seriedad al hombre que tenía delante.

–Señor, quiero disculparme por haberme ido tan repentinamente de la reunión sin apenas dar explicaciones.

–No se preocupe, Redfield. La señorita Chambers ha venido expresamente a informarme de lo ocurrido. Sobre la reunión de antes, la retomaremos junto a la Agente Valentine mañana por la mañana a las 9:00 aquí en mi despacho. –Chris asintió. –Ahora vaya a su casa y descanse, Agente Redfield. Lo tiene bien merecido.

–Gracias, señor.

Chris se retiró e inmediatamente se dirigió a la habitación aislada de Wesker. Introdujo el código y la puerta se abrió silenciosamente. Wesker estaba estirado en la cama encima de las sábanas. Su rostro estaba completamente vacío de emoción, su semblante serio. Miraba al techo con sus manos entrelazadas encima de su pecho. Chris dio un paso adelante y Wesker no hizo esfuerzo alguno para moverse. ¿Pensaba que era otro más del personal médico?

La habitación desprendía solitud y melancolía mirases por donde mirases.

– ¿Wesker? –lo llamó Chris. El aludido giró la cabeza de golpe y su rostro se llenó de alegría.

– ¡Chris! –se incorporó de inmediato sentándose en el borde de la cama.

Chris quiso preguntarle qué le habían hecho, pero no osaba por miedo a romper la felicidad de Wesker en esos momentos.

Que extraño e irónico era esto. Chris no quería romper la felicidad de Wesker cuando días antes estaba obcecado en hacerle lo más infeliz y miserable posible. Como él en todo este tiempo.

Y bueno, aparte de querer regalarle también un balazo entre ceja y ceja.

Wesker saltó de la cama y corrió hacia Chris. Le abrazó fuertemente y éste le correspondió. Al despegarse, Wesker le cogió la mano a Chris y le condujo hasta la silla que previamente había ocupado. El niño en vez de volver a la cama se subió a la falda de Chris y se acomodó a su gusto con la oreja junto los latidos del corazón del adulto. Chris le dejó hacer a su antojo.

Ambos permanecieron en silencio. Chris abrió la boca varias veces queriendo decir algo pero la volvía a cerrar sin saber el qué.

–Chris.

– ¿Hmm?

– ¿Por qué todos me conocéis y yo no? –Chris tragó saliva y no respondió. Wesker levantó la cabeza del pecho de Chris y le miró fijamente a los ojos. – ¿Quién soy, Chris?

–Eres Albert Wesker. –Wesker entornó los ojos molesto.

¿Quién soy, Chris?

–Más adelante te lo contaré si tengo el permiso de Rebecca y el equipo médico. Lo siento.

–No, no lo sientes. –murmuró enfadado. Quería respuestas y las quería ya. Estaba harto de miradas asustadas y cautelosas, llenas de miedo e incluso desprecio. Por parte de todos. Incluso Chris lo miraba con un aire de melancolía.

Wesker volvió a su posición aunque algo más alterado. Los latidos mínimamente más rápidos de Chris no le calmaban en absoluto. Le estaba ocultando información de vital importancia para él.

–Te prometo que te lo contaré, pero a su debido tiempo. –susurró Chris pasado un tiempo. Wesker no respondió.

Chris sintió pesadez en sus párpados y cometió el error de dejar que cayesen una vez. En la segunda ya no los pudo levantar de nuevo y con la calidez que desprendía el cuerpo de Wesker, Chris se quedó dormido en la silla al lado de la cama. Wesker le siguió poco rato después, acompasando su respiración con la de Chris. Su cuello y espalda le maldecirían en la mañana pero Chris estaba demasiado cansado y profundamente dormido para poner remedio a ello.


Pasadas unas horas la puerta se abrió y entró Jill seguida de Rebecca. Tanto Chris como Wesker no se despertaron ante el ruido de los zapatos de ambas mujeres. Rebecca sonrió dulcemente y sacó una tableta táctil para enviar un mensaje a los de la sala de control para que bajaran la intensidad de las luces. También les informó de que estuvieran atentos ante cualquier movimiento de ambos.

Con cautela dio pequeños pasos hacia atrás para no hacer ruido, Jill imitándola segundos después, y salió de la habitación. La puerta se cerró automáticamente sin hacer apenas ruido.

–Duermen como troncos.

–Chris no debería apegarse tanto a Wesker. Esa sucia rata podría…

–Jill. –la frenó Rebecca posando su mano suavemente en el antebrazo de Jill. –No podemos sacar conclusiones precipitadas. Tenemos que hacerle más preguntas y pruebas para ver si de verdad tiene amnesia o si miente.

–Me preocupa Chris, Rebecca. Me sorprendo a mí misma con lo que diré a continuación, pero espero por el bien de Chris, y de todos, que Wesker no esté mintiendo y realmente no recuerde nada.

–Esperemos.

–Por que Becca, si está mintiendo, no le perdonaré que le rompa el corazón a Chris otra vez. Si lo hace, me encargaré personalmente de arrancarle el corazón a Wesker con mis propias manos y hacerlo pedazos.

–Lo sé, Jill, y yo te ayudaría a hacerlo.

Jill le sonrió levemente, agradeciendo que alguien más estuviera de su parte. O al menos que la llegara a entender. Jill quería a Chris, como si fuera su hermano. Habían compartido tantas cosas juntos que sentía que era el único con quien podía sincerarse de verdad y contarle todo. Pero desgraciadamente si Wesker estaba de por medio, Chris se obcecaba y no escuchaba a nadie. Y eso era justamente lo que le estaba ocurriendo en aquellos precisos instantes.

Gracias a Dios que Rebecca también era una gran amiga y podía desahogarse en caso de que Chris no respondiera. Rebecca era muy buena chica y Jill cada día agradecía más y más su existencia.

Jill suspiró.

–Vamos a dormir, Becca. Necesitaremos estar lo más descansadas posible. –y dicho esto, Jill cogió a Rebecca por el brazo alejándose de la habitación.

Jill tenía una misión personal y necesitaba estar en sus más óptimas facultades.

Tenía que proteger a Chris de Wesker y de él mismo.


Notas de la autora:

¡Hola a todos!

Madre mía… ¡Cuánta corrección necesitaba éste capítulo! Me quedé algo encallada en algunas partes y he tardado la vida en acabarlo, pero mi inspiración ha vuelto y estamos listas para seguir escribiendo sin parar. Como ahora. Aww yisss.

Seguramente haré grandes cambios en el siguiente capítulo y hay muchas cosas que irán eliminadas. Como todo el OOC por ejemplo… Ejem ejem. En qué estaría pensando… xD

La verdad es que trato de ser muchísimo más lógica y madura con la historia, más que dejarme llevar por el querer escribir cosas que no son nada compatibles con los personajes o la historia en sí.

¡Espero que os hayan gustado los cambios! Comentad que os han parecido con un review :)

¡Muchísimas gracias por leer!

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

D.