Disclaimer: Todo de Jotaká, nada mío, sea por Dios.


—Lo Que Nadie Ve—

(Pero Siente El Corazón)

Para Monse.

Ya se podrían ir contando mil historias más adelante, sobre qué era lo que en realidad pasaba, ya se podrían ir preocupando por los miedos en unas horas, ya podría irse esperando el sol para salir, porque ahora la luna regía. No. No era nada del otro mundo, ellos tenían derecho, lo sabían —todos lo sabían— pero a veces se hacían como que aquí no pasa nada y no son nada.

Es que con Harry teniendo el complejo de superhéroe, queriendo salvar al mundo, y sobreprotegiéndola, no quedaba mucho tiempo como para andar por allí, corriendo y brincando, divirtiéndose de lo lindo de la vida, a parte de que ya no eran novios. Qué cruel sonaban esas palabras, pero qué querían, así era la pura realidad, la verdadera vida, que no era para nada condescendiente con ellos en ese momento.

Todo mundo creía que no eran nada, que todo había terminado, y en cierta forma era cierto, porque no eran novios, aunque para Ginny, él si seguía siéndolo. Era mejor que todos creyeran que ya no eran nada, Harry quería protegerla, no quería exponerla. ¡Que lindo, una ternura de amor! Pero él no veía cuánto sufría ella. Los dos sufrían a su forma.

Ginny se hacía la fuerte, tenía que hacerlo, porque ella era fuerte y no quería preocuparlo más de lo que estaba, lo apoyaba y estaba a su lado, aunque no como le gustarís. Y él, la seguía queriendo, con la mirada seguía cada uno de sus pasos, no la descuidaba para nada, y eso ella lo sabía. Eran concientes de que afuera una guerra se estaba iniciando, ellos tendrían que luchar, no había opción. Seguirían juntos… sin estarlo.

Mama y Papá Weasley, Ron y Charlie, Bill y Percy, Fred y George, todos eran su familia y sabían que Harry ya no era novio de Ginny, y que Ginny —aunque sufría, pero lo disimulaba— no le reprochaba nada, ella entendía sus razones, aunque no las aceptaba.

Para su cumpleaños, la pelirroja tenía el mejor regalo para darle. No era algo material, nada que pudiese tocar, porque eso eran caro y a veces —con el pasar de los años— se desvanecía, y ella era un poco más sublime de lo que parecía, regalaba razones para sonreír, pero sólo a personas especiales, como él, que era una de las más especiales, si no era la que más especial era, para ella.

No le dijo, ¡para qué!, si no hacía falta decir palabras. Lo tomó desprevenido como otras tantas veces y lo besó. Así, de lleno, como si la vida se les fuera en eso, y se estuvieran diciendo adiós para no verse en mucho, demasiado, tiempo. Era cierto, porque no sabían si se volverían a ver, sólo confiaban en que el destino y Merlín fueran buenos con ellos y los dejara seguir juntos después de todo el terror que se avecinaba.

Después vendrían las explicaciones, las palabras y los sonrojos, que a pesar de todo, los seguían teniendo. Ya no habría más oportunidades para verse o hablarse, o para tan siquiera mirarse.

Pero esa misma noche, en el treinta y uno, cuando ya todos estaban dormidos, según parecía, el cri cri de los grillos se escuchaba fuera, en las charcas de agua que había dejado la lluvia de los días anteriores, cuando la luna salía y se ponía en lo más alto y el viento mecía a un compás de música luminosa las ramas del viejo sauce, Ginny se escabullía a la cocina de su casa por dos tazas de chocolate, después subía las escaleras de a poquito a poco, con cuidado y sin hacer ruido, para no despertar a nadie, y por fin llegaba al lugar que deseaba visitar, sonreía. Con silencio y sigilo, como una niña traviesa.

Allí permanecía con él, hasta la madrugada, cuando ya veía que el sol vendría saliendo ella se iba, pero mientras tanto, con Harry a su lado y sin hacer nada, nada, de ruido, se acurrucaba en su cama, lo tomaba de la mano, se recargaba en su pecho y tomaban chocolate caliente en las noches de verano, aunque hiciese calor. Después Harry le contaría las pecas de la cara y de las manos, mientras ella le trataba de contar los latidos del corazón. Cuando él veía que ella tenía sueño, le rozaba su sien con los labios y la dejaba dormir aunque sea unas horas, mientras él se deleitaba contemplándola, en silencio, sin hacer nada más que admirar como arrugaba la nariz cuando una mota de polvo se colaba por allí. Le contaba las pequitas, aunque siempre perdiera la cuenta, tratando de que el sol no saliera porque entonces todo se desvanecía, ella volvía a su cuarto, y él se quedaba allí, solo con su soledad.

Todo mundo seguía pensando que ellos no eran nada, que lo habían dejado de ser en el funeral de Dumbledore, pero es que unas palabras de adiós no eran suficientes como para separarlos, eso era apariencia, en el fondo seguía juntos, y ese era su secreto. Nadie veía lo que por las noches pasaba, nadie intuía la inocencia de sus abrazos y sus tazas de chocolate a medio vaciar, nadie veía eso, ni siquiera la conciencia de Hermione, y eso sólo ellos lo sabían, sólo ellos y su corazón.


N/A Corazón, esto va para ti, aunque no te conozco mucho, pero siento que ya te quiero, y en esta fecha tan especial algo tenía que darte, espero que te haya gustado el fic porque, aunque, chiquito pero con mucho cariño. Que cumplas muchos años más, y no dejes que te echen huevos con harina si te quieren bañar, lo digo por experiencia xD

Amores, Ya saben, una chica feliz es una chica con reviews, y más porque son gratis y alegran el alma, y este es mi primer fic del año y de la década. Está un poco zafada [no sé porqué rayos siempre digo eso y nunca quedo convencida con lo que hago], pero se deja leer.

PD: La conciencia se me revuelca por dentro porque por allí debo otro fic de hace como tres meses, verdad Yani, cofcof.

Madame Delacour 04/01/10

REEDITADO: 08/01/11 Sigo pensando que esta cosa no se deja leer por tantas incoherencias, pero well, la voy a dejar.