El Sonido del Silencio

CAPITULO XL: Seguir adelante

Vida: conjunto de pequeños dramas que todos juntos no constituyen más que una comedia.

Sacha Guitry (1885-1957) Director, actor y guionista ruso.


Era el último día de clase antes de las vacaciones de Navidad y ya casi había terminado.

—¡Feliz Navidad! —gritó contento Hanamichi a sus compañeros de equipo que tan pronto había terminado el entrenamiento habían volado a los vestuarios acoger sus bolsa y ahora salían para marcharse a casa y empezar las vacaciones.

—Mi madre me ha pedido que tantee el terreno para ver si te gustaría que os invitáramos a tu madre y a ti a cenar por nochebuena —comentó Kaede cuando quedaron solos en la pista, mientras hacía un lanzamiento perfecto de esos que Hanamichi tanto envidiaba.

—¿Tantear el terreno? —preguntó Hanamichi recogiendo el balón debajo el aro y devolviéndoselo a Kaede para que tirara otra vez.

—Bueno… No sabíamos si Navidad es una fecha demasiado especial, si hay algún ritual o algo especial que hagáis cada año y mi madre no querría…

—Me gustaría mucho pasar la navidad contigo. Pero es un día especial, para pasar en familia y además es una cena y…

Kaede le lanzo el balón de regreso para hacerle callar y luego se acercó a él.

—Tu dieta no es ningún problema y lo sabes. Además cocinaremos sin sal…

—No es justo que… —dijo Hanamichi.

—Deja de ser tan cabezón, iba a decir que cocinaremos sin sal tanto si vienes a cenar como si no— dijo Kaede quitándole la pelota de las manos.

La cara de Hanamichi hizo sonreír a Kaede.

—Mi padre ha tenido mucho estrés últimamente y el medico le ha prohibido la sal —dijo y lanzó de nuevo al aro—. Por la hipertensión, ya sabes.

—Oh. Lo siento. ¿Y todos tenéis que comer sin sal?

—Mi madre quiere ser…

La explicación quedó cortada por el grito de Yohei.

—¡Hanamichi! —gritaron desde la puerta del gimnasio en ese momento los chicos entrando.

—Ups —dijo el pelirrojo. Se le había ido de la cabeza que habían quedado con ellos para cenar en Danny's—. ¡Cinco minutos! —les gritó a sus amigos y luego arrastró a Kaede con él—. Vamos a cambiarnos zorro, que llegamos tarde.

Ya dentro del vestuario Kaede le dijo:

—Sabes que han venido antes, que no vamos tarde, ¿cierto?

—Bueno, da igual, no les hagamos esperar —dijo sacándose la camiseta sudada del entrenamiento y dejándola despreocupadamente en uno de los bancos.

—¿Por qué te molesta tanto que estén interesados en esas chicas? —dijo Kaede sentándose en un banco sin empezar a desnudarse y sin atreverse a mirar el torso desnudo de Hanamichi.

—¿Qué? No sé de qué hablas. Cámbiate que vamos tarde —dijo Hanamcihi contrariado sentándose para desatarse las deportivas.

—No vamos tarde Hanamichi. Los chicos solo han venido antes para poder hablar un rato con las animadoras y lo sabes. Lo que no entiendo es porqué te molesta tanto. Ellas han dejado de ser tan pesadas desde que los chicos les van detrás y ellos parecen contentos con las atenciones de las chicas.

—No me molesta —dijo levantándose y sacándose los pantalones cortos—. Solo no quiero hacerles esperar.

—Como quieras. Pero entonces deja de desnudarte —le dijo en tono seco Kaede.

—¿Pero por qué…?

—Hanamichi, no soy de piedra —murmuró enfadado Kaede, rojo de vergüenza.

—¡Ups! —murmuró Hanamichi sonrojándose a su vez y tapándose con la toalla—. Voy… yo… mejor me… lo siento… me ducho en cinco minutos —dijo al fin tomando el bote de champú y dirigiéndose a la ducha.

Unos minutos más tarde ambos chicos salieron cambiados y duchados del vestuario.

—Kaede —dijo Hanamichi mientra andaban todos juntos hacia el burguer donde Makoto y Hideaki les esperaban para cenar todos juntos—. Pensaba que se lo podrías preguntar tú mismo a mi madre mañana, si vienes a comer.

—¿No habíamos quedado por la noche? —dijo confundido Kaede.

—Sí, bueno, los chicos vienen a comer, sus padres también trabajan, como mamá, y pensamos que era mejor comer juntos que cada uno solo en casa.

—Yo he de llevar a Ami a casa mis abuelos, pero puedo venir después de comer…

Al llegar a la hamburguesería se encontraron con los dos gimnastas ya en un rincón ayudando al camarero a juntar mesas.

Comieron charlando y riendo.

Makoto y Hiedaki no acostumbraban a unirse al grupo, Kaede y Hanamichi repartían su tiempo entre los amigos de uno, los del otro y ellos mismos para estar solos. Pero Hanamichi y sus amigos cada año celebraban las navidades con regalos del amigo invisible y Hanamichi pensó que era buena idea invitar a Makoto y Hideaki a unirse a ellos.

Tras los postres llegó la hora de los regalos.

—Bueno como este año tenemos tres miembros nuevos y no conocen las normas de nuestras tradiciones os haré un pequeño resumen —dijo Yohei mientras a su derecha Nozomi repartía unos papelitos y unos bolígrafos—. Todos pondremos en nuestro trozo de papel algo que queremos que a quien le toque tenga que hacer o decir antes de poder abrir su regalo. Luego pondremos todos los papelitos en… gracias —dijo sonriéndole a Hideaki que le alargó su gorro de lana.

—Como el gorro es tuyo empiezas tú Hideaki —dijo Yohei alargándole el gorro tras agitarlo bien con todos los papelitos dentro de él.

El pequeño metió ka mano y con la lengua fuera sacó un papelito:

—¿Cantar una canción? —dijo algo asustado.

—Esa es nueva —dijo Yohei, y a Makoto se le escapó una sonrisa por debajo la nariz.

Hideaki se armó de valor y cantó un villancico que sonaba en ese momento por la radio. Dándolo por bueno Nozomi le entregó su regalo con un "espero que te guste". Era un rompecabezas de madrea que montado formaba una pirámide.

—Okiguchi, te toca —dijo Yohei alargándole el gorro a Makoto.

—¡¿Besar a Hanamichi? —dijo con los ojos como platos mirando a toda la mesa—. Paso.

—Venga hombre no seas así, es solo un juego —dijo Chuichiro.

—Sí, aquí todos hemos pasado por eso, cada año sale esa prueba y ya todos hemos pasado por ella y no es para tanto.

Kaede miró a Hanamichi con una ceja alzada. Y el pelirrojo se encogió de hombros:

—A mi no me mires, no soy yo quien pone el maldito papel ahí cada año.

—Joder, pero —dijo Makoto mirando a todos y luego a Hanamichi.

—No hay beso, no hay regalo, esas son las normas— dijo Yohei ofreciéndole el gorro a Kaede que estaba a su lado y por tanto era el siguiente en coger.

—Bésale —susurró Hideaki antes de que Kaede cogiera su papel.

Todos miraron al más joven pero nadie dijo nada. Y Makoto suspiró y se levantó para ir hasta donde estaba Hanamichi.

—Hasta que no den por bueno el beso nos harán repetirlo hasta la saciedad, así que…

Pero Hanamichi no pudo terminar porque Makoto puso sus labios encima de los suyos y le besó con maestría por unos segundos y luego se apartó.

—¡Wow! —dijo riendo Hanamichi al separarse, por lo que se ganó un cachetazo de Kaede— ¡Qué! —Se quejó el pelirrojo—. Ha sido un buen beso.

—Ya hablaremos tu y yo —musitó Kaede entrecerrando los ojos mientras se giraba para ver a Makoto abrir su regalo que era lo que parecía un bañador de chica.

El pobre se sonrojó un poco ante las caras de todos.

—Es un maillot de entrenamiento —dijo Hideaki contento — ¿Te gusta? Como el rojo se rompió…

—Gracias Hideaki, es un detalle por tu parte —le cortó Makoto.

Entonces Yohei le acercó el gorro a Kaede de nuevo y este cogió su papelito.

Kaede miró al papel intensamente sin decir nada unos momentos, luego miró a todos los que estaban en la mesa, uno a uno.

—¿Qué te ha tocado? —dijo Hanamichi.

Pero Kaede no contestó.

—Venga, dímelo —insistió Hanamichi.

Kaede siguió en silencio, mirando al papel con el cejo fruncido.

—Joder Kaede solo ha sido un beso, no tienes porqué dejar de hablar. Mierda ni siquiera ha sido… Maldito zorro estúpido, si llego a saber que… —pero tuvo que callar cuando Kaede le besó de forma apasionada hasta quitarle el aliento.

Cuando se separó sonreía de oreja a oreja.

—¿Otro beso a Hanamichi? —dijo Yohei confundido.

Kaede hizo que no con la cabeza, se levantó y les miró a todos. Y luego levantó un dedo. Luego hizo el gesto de estar filmando algo con una camera antigua.

—¡Las películas! —dijo Makoto y Hideaki sonrió por debajo la nariz.

Kaede hizo el gesto de Ok y volvió a enseñar un dedo.

—Una palabra —dijo Yohei, y Kaede asintió.

Entonces hizo ondear su mano frente a él.

—¿Olas? —dijo Yuiji.

Kaede hizo el gesto de más o menos. Y luego intentó dibujar un barco en el aire con las manos y repitió el gesto de las olas. Nadie parecía entender qué quería decir.

—¡Un barco! —dijo Hanamichi, que justo entonces empezaba a poder hablar de nuevo.

Kaede le hizo que sí con la cabeza. Luego con una mano hizo el gesto de las olas hasta chocar con otra mano y la primera bajó en picado.

Nadie dijo nada y repitió el gesto.

—Un barco que… ¡oh! Un barco que choca! —dijo Yohei.

—¡No, un barco que se hunde! —dijo Chuichiro

Kaede le señaló con el dedo haciendo el gesto de Ok. E instándole a decir el titulo de la película.

—¡La tormenta perfecta! —dijo Nozomi.

Kaede negó con la cabeza rodando los ojos.

—¡No! ¡Poseidón! —dijo Hanamichi.

Kaede le miró con incredulidad y se oyó la risa de Makoto y Hideaki. Kaede les instó a hablar con las manos pero Hideaki dijo que él había escrito el papelito que no podía decir nada.

—Y yo le conozco demasiado, en cuanto supe que era el juego de las películas supe cual era. Sería trampa si lo dijera yo.

—Eso Kitsune, esfuérzate un poco, a ver si acertamos —dijo Hanamichi con los ojos brillantes, señal de que se estaba divirtiendo.

Kaede estuvo a punto de hablar, pero suspiró. Luego se subió a la silla y mortificado abrió los brazos como un cristo.

Yohei estalló en carcajadas, al reconocer la película. Pero los demás tardaron un segundo más en adivinarlo.

Kaede levantó los brazos aliviado y bajó de la silla, pero entonces Hanamichi dijo:

—¡No lo digáis! Quiero adivinarla yo también.

Kaede le miró con los ojos como platos.

—Dame otra pista —dijo Hanamichi concentrado.

Kaede miró a Yohei.

—No se ríe de ti, de verdad que no la sabe —dijo Yohei secándose los ojos e intentando parar de reír.

—Claro que no la sé, si no me das más pistas —se quejó el pelirrojo.

Kaede le miró enfadado. Entonces levantó siete dedos.

—¿No era una sola palabra? —preguntó Hanamichi confundido.

—De siete letras —dijo Makoto que también luchaba para contener la risa.

—¡Oh!, Gracias. Vale siete letras. Primera.

Kaede señaló a Nozomi.

—¿Nozomi? —dijo Hanamichi.

Kaede hizo el jesto de anterior con las manos.

—¿Antes de Nozomi?

Kaede hizo que sí. Y Yohei se echó a reír de nuevo con Hideaki.

—¿Takamiya?

Kaede hizo que sí y señaló a Nozomi y luego levantó un dedo.

—¿Primera letra, Takamiya? ¡Oh! ¡T! Primera letra T.

Kaede levantó los brazos.

—Vale segunda letra…

Kaede señaló a Hideaki y luego levantó dos dedos.

—¿Hideaki, la segunda, letra es H?

Kaede negó con la cabeza. Volvió a señalar a Hideaki y levantar dos dedeos.

—¿La I?

Kaede hizo que sí con la cabeza y se puso la mano en la cabeza.

—¿Des del principio?

Kaede hizo que sí con la cabeza.

Señaló a Nozomi y levantó un dedo.

—T

Señaló a Hideaki y levantó dos dedos.

—I

Señaló a Nozomi de nuevo y levantó un dedo.

—¿T, otra vez?

Kaede hizo que sí. Se señaló a si mismo y levantó dos dedos.

—¿A?

Kaede hizo que si le señaló a él y levantó tres dedos.

—¿N?

Kaede hizo que sí. Señaló de nuevo a Hideaki y levantó dos dedos.

—¿Otra I?

Kaede se desesperó.

Empezó a señalar a Nozomi, Hideaki, Nozomi, él mismo, Hanamichi, Hideaki y Chuichiro. Y levantó los brazos.

—No tan rápido Kitsune.

—¡Titanic! Hanamichi, ¡la puta película es Titanic! —acabó gritándole.

—¡Kitsune! ¡Pero no te enfades, casi la tenía!

—¿Qué no me enfade? ¡Que no me enfade, dice! Me cago en tus tonterías. ¿Me tienes haciendo el mono y encima no te enfades?

—Bueno es que no la conozco, ni siquiera sé de que va.

—¡De un jodido barco que se hunde! —le gritó Kaede.

—¡Pero no me grites!

Kaede que no se había sentado aún se giró y echó a andar hacia la calle.

—¡Te he dicho que no la sabía! —le gritó Hanamichi desde la mesa atrayendo la atención de todo el mundo—. Estúpido zorro — dijo Hanamichi al verle salir por la puerta.

Sin mirar a sus amigos se levantó y salió tras él. Pero cuando salió a la calle no le vio.

—¡Kaede! —gritó.

Entonces oyó un sonido metálico que venía del callejón de al lado de la hamburguesería. Hanamichi corrió hasta allí.

Kaede estaba andando en círculos en el callejón, a la entrada del cual había un cubo de basura metálico tumbado en el suelo.

—¿Sabes lo ridículo que me he sentido allí dentro? —le dijo Kaede parándose frente a él.

—Lo siento, no me he dado cuenta.

—No me gusta hacer el idiota.

—No hacías el idiota, jugábamos a un juego.

—Que me ha hecho parecer un idiota, allí subido en la silla…

—¿Y yo qué quieres que haga si no sabía qué película era? ¿Necesitas que me humille yo ahora para sentirte bien?

—Pues mira es una idea —le contestó Kaede aún enfadado.

—Está bien. ¿Te acuerdas del sábado cuando te dejamos en la puerta? ¿No te he contado lo que pasó luego?

—No será para tanto.

—La charla.

—¿Qué charla? —preguntó confundido.

—LA charla. Me dio LA charla.

—¿La charla? —repitió todavía sin entender a qué se refería.

—La Charla sobre el sexo seguro Kitsune. Ese momento embarazoso en la relación padre hijo en que tu padre te dice eso de sin condón no hay sexo. ¡Mi madre! —estalló indignado al ver como a Kaede le cambiaba la cara de golpe—. Me habló de querer experimentar y de querer… ¡Mi madre! Las palabras madre y sexo no deberían ir nunca juntas. ¡Nunca! No te rías —le riñó—. Quiso que le hablara de ti.

—Entonces seguro que no fue tan malo —dijo aguantándose la risa Kaede.

—No pensarás lo mismo cuando a media cena de Navidad mi madre decida sacar el tema de si tenemos planeado tener sexo pronto entre el primer plato y el postre.

—Exageras.

—No sabes como me gustaría que por una vez tuvieras razón.

—Dios mío. ¿Hablas en serio? —preguntó asustado—. No, no me lo trago. Tu madre fue de lo más discreta cuando fui a comer a tu casa.

—Bueno ya veremos qué opinas dentro de un mes. ¿De momento qué quieres hacer? Porque aquí hace frío. ¿Quieres volver a entrar? No has abierto tu regalo.

—Tú lo que quieres es poder abrir el tuyo —le recriminó Kaede aún un poco molesto.

Hanamichi sonrió y le atrajo hacia él cogiéndole por las caderas.

—Lo que quiero es esto —dijo besándole apasionadamente.

Llevaban un par de minutos besándose cuando oyeron un ruido metálico. Ambos se apartaron y se giraron hacia donde venía el ruido.

Eran los chicos colocando bien el cubo de basura de la entrada del callejón.

—Lo ves, están bien —le dijo Makoto a Hideaki, que les miraba con los ojos llorosos.

—Kaede, siento haber puesto eso en la…

—Tranquilo Hideaki, la culpa es de este zoquete que tengo por novio.

—¡Oye! —le dijo dándole un pequeño empujón en el hombro Hanamichi.

—Kaede tiene algo de razón. ¿Donde se ha visto un gay que no conoce la peli Titanic? —dijo Yohei sacando hierro al asunto.

—¿Va de gays? —preguntó Hanamichi desconcertado y todos rieron entrando en el restaurante.

Ya de vuelta a la mesa Kaede abrió su regalo, una camiseta con un mono de color rojo dibujado en el pecho, de parte de Yuiji.

Hanamichi procedió a sacar su papelito del gorro. Cada año le tocaba contar lo más bochornoso que le hubiera pasado este año y este no fue una excepción. Todos sabían que Yohei hacía trampas para que ese reto le tocara a Hanamichi pero era parte de la tradición. Así que resignado contó, para diversión de todos los comensales, la noche que su madre le había dado la charla. Makoto le regaló una corbata roja y azul como recompensa.

Yohei tuvo que contar chistes hasta que logró que todos rieran, y como recompensa obtuvo un delantal con el símbolo de peligro biológico estampado, de parte de Yuiji.

A Chuichiro le tocó pagarle la cena a Hanamichi y a cambio recibió un vale para ir a jugar al paintball.

—Dijimos que iríamos este invierno, ahora ya no tienes excusa Chuichiro, voy a machacarte, que lo sepas.

—¡Ha! Más quisieras, Hanamichi —rió el del bigote, y le dio las gracias.

Nozomi tras acertar qué era su regalo, recibió de Yohei el último CD de su grupo favorito.

Y finalmente Yuiji tuvo que armarse de valor y pedirle a un grupo de chicas de la barra si alguna estaría dispuesta a darle un beso para poder recibir su regalo de Navidad, un libro de historia que, a pesar de las malas caras de todos, al rubio le encantó.

Makoto y Hideaki se excusaron y se marcharon poco después, al día siguiente tenían entrenamiento y no podían permitirse el lujo de irse a dormir muy tarde.

—¿Esos dos? —preguntó Chuichiro.

—¿Importa? —preguntó Yohei.

Y siguieron charlando un rato, y luego todos se marcharon contentos a sus casas.

La mañana siguiente Hanamichi la pasó con sus amigos, jugando a videojuegos en su casa. Hacía siglos que no quedaba con ellos para jugar y cuando después de comer sonó el timbre, por un momento, lamentó la interrupción. Pero luego abrió la puerta, y vio a Kaede con su camiseta nueva, y una ancha sonrisa se instaló en su rostro.

—He traído algo —dijo Mostrando una caja de DVD.

Para disgusto de la mayoría Kaede había decidido que Hanamichi tenía que ver Titanic, así que se acomodaron en el salón como pudieron y se dispusieron a verla.

Chucichiro y Nozomi se durmieron a mitad. Pero los demás la vieron con cierto interés.

La madre de Hanamichi llegó cuando la película ya terminaba.

—Hola mamá…— murmuró Hanamichi disimulando las lagrimas que luchaban por salirse de sus ojos.

—¿Por qué no salís? hace una tarde muy bonita— dijo la madre del pelirrojo contemplando la escena divertida.

En el sofá los cuatro amigos de siempre de Hanamichi, estrujados de mala manera, y en la butaca Kaede sentado con las pierna abiertas y su hijo sentado en el suelo entre ellas, con la cabeza apoyada en uno se los muslos del moreno, se dejaba acariciar el pelo como un gato.

—Mamá tiene razón— murmuró Hanamichi levantado la cabeza de su tan cómodo apoyo para mirar a sus amigos en el sofá. —Vayamos al parque a movernos un poco. Hemos comido mucho y este genio ha de mantenerse en forma para vencer al zorro dormilón. ¡Aaauch! — exclamó cuando los dedos enredados en su pelo le tiraron de él.

—Sigue soñando— murmuró Kaede volviendo a masajearle el pelo como si nada hubiera sucedido.

—¡Nah! Creo que yo me iré casa…— murmuró Chuichiro desperezándose.

—Sí yo también, he de terminar la redacción de historia y…— murmuró Yuuji.

—¡Pero chicos!— dijo Hanamichi.

—Está bien Hanamichi, no pasa nada— dijo Yohei. —Id vosotros dos, nosotros…

—Hanamichi creo que ya ha quedado claro que lo que nos gusta de ir a veros jugar no es veros jugar precisamente— dijo Nozomi.

—Pero…— empezó a decir Hanamichi, pero la voz tranquila de Kaede le cortó.

—¿Y quien ha dicho que tengan que quedarse a mirarnos jugar?

—Oye Rukawa no te pases tío, que hasta ahora la cosa estaba yendo muy bien— dijo Yuuji.

—¡Kaede!— le dijo Hanamichi apartándose de él para poder girar la cabeza y mirarle reprobadoramente.

—Quiero decir, que por qué no juegan con nosotros— dijo Kaede sin perder la calma. —No tienen porqué venir a mirar, pueden jugar también.

—¿Quieres decir que nos dejarías jugar contigo?— dijo Nozomi sorprendido, y como casi siempre el único a verbalizar sin tapujos lo que todos pensaban.

Kaede se encogió de hombros y luego se estiró perezosamente.

—¿Por qué no? Patanes más grandes han demostrado tener ciertas habilidades en la cancha, ¿no?— murmuró con aire despreocupado.

—¡Oye!— Exclamó Hanamichi dándole un empujón en la pierna.

Los cuatro amigos del pelirrojo estaban todavía demasiado sorprendidos por la inesperada oferta de Kaede como para reírse de Hanamichi.

—Lo decía por Nobunaga Kiyota idiota, pero si te sientes aludido no es culpa mía.

—¡Como te atreves!— exclamó el pelirrojo. —¡Como te atreves a compararme con ése mono salvaje y engreído del Kaynan!— ofendido tratando de tirar de sus piernas para hacerlo caer al suelo y torturarlo hasta que retirara lo dicho —Además no soy ningún idiota.

—¿No?— dijo Kaede intentando no caer al suelo o estaba perdido.

Sentía las manos fuertes de Hanamichi en sus piernas, en sus caderas, tirando de él. Pero no debía ceder. Se agarró a la butaca tan fuerte como pudo e intentó poner el pié en el pecho del pelirrojo para apartarse de él, peo solo logro liar sus piernas para terminar en una comprometedora postura con la cabeza de Hanamichi entre sus piernas. Se miraron a los ojos fijamente, ambos respiraban agitadamente por el esfuerzo y Kaede pensaba que su corazón estallaría de nervios, casi podía sentir las respiraciones calientes de Hanamichi en su delicada anatomía. Si no apartaba la mirada de esa imagen pronto tendría un problema…

Y entonces algo les llevó a ambos a la realidad de nuevo.

—Creo que por mucho que digan estos dos disfrutan jugando solos— murmuró Nozomi.

Hanamichi y Kaede miraron y se encontraron a los cuatro amigos mirándoles fijamente. Y de repente, como si el moreno quemara su piel, Hanamichi le soltó de golpe.

Todo sonrojado empezó a levantarse.

—Bueno, vamos al parque entonceeee…— pero se había olvidado de levantarse despacio.

Y de nuevo, como ya era costumbre, sintió unos brazos fuertes sujetándole por la cintura evitando que se desestabilizara y cayera al suelo.

—¡Hanamichi!— sintió que exclamaban sus cuatro amigos al unísono.

Él solo se aferró con fuerza a ésos brazos que le rodeaban, y sintiendo como Kaede se acercaba más a él se recostó en él. Le gustaba esa sensación de cercanía y calidez con Kaede.

—¿Estas bien?— murmuró la suave voz del moreno en su oreja.

—Sí, solo me levante demasiado deprisa— murmuró sin abrir los ojos Hanamichi y sin soltarse de Kaede. Aunque sabía que el mareo había pasado ya, quería alargar ese momento un poco más.

Oyó a sus amigos empezar a levantarse, apagar el televisor y hablar sobre la perspectiva de ir al parque a jugar a baloncesto con Hanamichi por primera vez.

—Debes ir con más cuidado— dijo en tono reprobatorio Kaede cuando los otros parecían haber dejado de prestarles atención, pero sin soltarle, también queriendo alargar ese momento.

—Kaede tiene razón— murmuró la voz de Yohei al lado de ambos muchachos haciéndoles dar un respingo pues ninguno de los dos se lo esperaba. —Alguien acabará por pensar que te mareas solo cuando él está cerca.

Hanamichi sintió como, incomodo, Kaede intentaba soltarle de ese abrazo en el que hasta ahora había estado envuelto, pero no le dejó, apretó el agarre que tenía sobre sus brazos y los devolvió donde estaban alrededor de su cintura con las manos en su vientre.

Nadie dijo nada por unos instantes. Luego Yohei asintió con la cabeza y Hanamichi sonrió de vuelta. Luego, casi a regañadientes, Hanamichi soltó los brazos de Kaede y éste se alejó un poco de él liberándole de su abrazo.

—¿Bueno, venís al parque o no?— dijo Hanamichi mirando a sus amigos.

—Bueno— murmuró Nozomi.

—Está bien— dijo Chuichiro.

—Por qué no, al fin y al cabo siempre es entretenido ver a Rukawa ganarte— añadió Yuuji.

La discusión que ése comentario desencadenó se prolongó todo el camino hasta al parque.

—Okutsu Yuiji te vas a tragar todas y cada una de las palabras que has…— dijo Hanmaichi ya en la cancha.

—No lo creo. Yo voy con Rukawa, vamos a ganar— dijo el rubio poniéndose al lado del moreno.

—Eres un traidor, que lo sepas— le contestó Hanamichi sacándose el jersey para estar más cómodo.

—Yo también quiero ir con Rukawa— dijo Nozomi.

—Toma, y yo, no te fastidia. Aquí nadie quiere perder— replicó Chuichiro.

—Hanamichi, ellos que vayan contigo. Yo me sacrificaré e iré con Rukawa. Así aprenderán a no querer abandonar a un amigo, hay cosas más importantes de apostar siempre por el caballo ganador —le dijo Yohei dándole unos golpecitos en el hombro a Hanamichi.

—Gracias Yohei, tú sí eres un amigo… ¡eh espera! ¿Como que el caballo ganador? ¿Es que a caso…?

—¿Hemos venido a jugar o a discutir?— dijo Rukawa levantando una ceja. —Sacáis vosotros— le dijo a Hanamichi lanzándole el balón.

—Claro que sacamos nosotros, es mi balón.

—Calla y empieza a jugar— dijo Kaede plantándose delante suyo en posición de defensa.

Hanamichi le miró intensamente, acercó su cara a él un instante y murmuró:

—Si gano te haré eso que has pensado antes en casa —luego se mordió el labio y sonrió al ver como Kaede se sonrojaba ligeramente.

Y antes de que el moreno pudiera reaccionar Hanamichi dio un paso atrás, y alzando las manos con el balón flexionó las rodillas y saltó. Fue un tiro limpio que entró netamente por la red.

—Dos cero— murmuró con soberbia sonriéndole a Kaede.

Los amigos de Hanamichi le aplaudieron y vitorearon, incluso Yohei y Yuuiji que iban con Rukawa.

—Soy el gran genio Sakuragi. Ahora a jugar— dijo riendo contento.

Kaede no dijo nada, pero habría sonreído si no hubiera sido que en su interior varias emociones muy distintas rivalizaban por salir a flote y le confundían: la alegría por estar jugando con Hanamichi, el nerviosismo que su sola mirada le producía todavía ahora, el preguntarse si Hanamichi realmente cumpliría lo que acababa de decir, pero también la competitividad, las ganas de no perder, de ganar, siempre.

Siguieron jugando. Kaede marcó los seis puntos siguientes sin que Hanamichi pudiera detenerle. Luego Hanamichi marcó dos puntos más, y Kaede marcó los cuatro siguientes. Hanamichi marcó los cuatro siguientes y entonces Yohei dijo:

—Hanamichi… esto… sabes… es que a nosotros…

—¿Qué ocurre Yohei?

—Que hemos venido a jugar no a mirar— dijo Nozomi.

—¡Oh! Claro. Sí. Está bien. Intentaremos…

—No, nada de intentar. A partir de ahora es obligatorio que todos los miembros del equipo toquen el balón antes de encestar o los puntos son para el equipo contrario. Como cuando hacéis partidos sin botar en los entrenamientos— dijo Chuichiro.

Entonces empezó la diversión. Porque aunque al principio los cuatro chicos del gundam intentaron seguir las normas, les era demasiado difícil no hacer pasos, botar el balón sin hacer dobles, o no cometer faltas en defensa y en ataque. El partido se convirtió en una mini batalla que terminó en un empate técnico por imposibilidad de saber del cierto el resultado real y con los seis chicos tirados por el suelo doloridos pero con una sonrisa en la cara.

—Ha sido el partido más sucio que he jugado jamás— murmuró Kaede.

—Pero seguro que también el más divertido— dijo Yuuiji mirándole.

Kaede no respondió pero le sonrió al rubio amigo de Hanamichi.

Los chicos no comentaron nada más del juego. Estuvieron un rato más allí hablando de tonterías, de los planes del gundam para el fin de semana siguiente, sobre las clases de lengua de los signos a las que Hanamichi ya no asistía, se metieron con Yohei otra vez, por su cita con Sayaka dentro de una semana y finalmente alguien dijo:

—Se ha hecho tarde. Deberíamos irnos.

Todos estuvieron de acuerdo. Se levantaron despacio masajeando sus doloridos músculos.

—¿Nos vemos mañana?— dijo Yohei.

—Claro— dijo Hanamichi. Venid a mi casa después de comer.

—Hasta mañana— dijeron los cuatro chicos del gundam andando en dirección contraria por la que habían llegado.

Recogiendo su jersey del suelo y tomando el balón bajo su brazo Hanamichi dijo sin mirar a Kaede.

—Vamos a mi casa primero, me ducho y luego nos vamos con mi madre hacia tu casa, ¿vale?

—Sí— le cortó Kaede sin querer pensar en la noche que les esperaba. No solo se quedarían a cenar sino que la madre de Hanamichi había aceptado quedarse a dormir en la habitación de invitados, por lo que Hanamichi dormiría en la suya.

En silencio se pusieron a andar hacia la casa de Hanamichi.

—¿Te lo has pasado bien? —dijo Hanamichi pasado un rato.

—Ha sido divertido. Pero tenemos que enseñarles a jugar como es debido— dijo Kaede sin mirarle.

Hanamichi le cogió del brazo para hacerle detener y forzar a que le mirara. Abrió la boca para hablar, pero las palabras murieron allí.

—¿Qué sucede?— preguntó Kaede sobrecogido por la intensidad de esa mirada que Hanamichi había clavado en él.

—Nada— murmuró Hanamichi echando a andar de nuevo.

—No me digas "nada"— le respondió Kaede.

—No uses mis palabras en mi contra —se quejó Hanamichi contrariado.

—Habla conmigo.

—No ocurre nada, de verdad. Nada malo al menos— dijo Hanamichi sonriendo.

—¿Seguro?

—Seguro— murmuró Hanamichi sin dejar de sonreír. Y entonces su sonrisa se tornó una mueca mezcla de picardía y deseo—. Solo pensaba en que han hecho tantas trampas que no se puede estar seguro de quien ha ganado.

Kaede se sonrojo, pero sonrió con complicidad.

—Vale— murmuró Kaede y haciendo un gesto con la cabeza le indicó que debían seguir andando.

—Vale— murmuró de vuelta Hanamichi tomando su mano y entrelazando sus dedos con los de Kaede.

—Parecemos dos niñas tontas andando cogidos de la mano— murmuró Kaede cuando llevaban un rato en silencio.

—Lo sé— murmuró Hanamichi con el semblante serio.

No se miraron, pero tampoco se soltaron, solo siguieron andando.

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The rest is silence.

W. Shakespeare, "Hamlet", Act 5 scene 2

FIN

Sant Vicenç de Castellet

Agost 2012


Este final no habría sido posible sin ti D.

Gracias por estar aquí para mí cuando te he necesitado.

Gracias por no dejar que me ahogara en mi desierto.

Gracias por creer en mí y por soñar por mí cuando yo no pude;

Por ofrecerte a saltar conmigo si hacía falta.

Pero sobretodo, mil gracias por aguantar mis silencios.

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¡Qué raro y maravilloso es ese fugaz instante en el que nos damos cuenta de que hemos descubierto un amigo!

William Rotsler (1926-1997) Escritor estadounidense.