Hinata abrió los ojos con cautela, los primeros rayos de luz anunciaban la soledad en su cama y al parecer, también en el cuarto.

Se incorporó con lentitud, cubriéndose el cuerpo con las mantas, y se ruborizó al recordar la causa del leve dolor que sentía en sus piernas, pero un ardor mayor llegó de golpe al pensar como había terminado la noche anterior.

Naruto había penetrado su alma y su corazón bajo la mascara del sexo ardiente. Entre magia, sueños y palabras no dichas ella entregó sus primeros suspiros.

Miró el hueco vacío de la cama a su lado y revivió lo ocurrido.

La noche anterior había sido una tonta al apartarse de Naruto sin contarle lo que sentía; se dijo con optimismo que aquel día todo sería distinto. ¿Pero dónde estaba él?

Apartó las mantas y luego volvió a cubrirse con ellas porque había recordado que no tenia ropa limpia suya en ese cuarto. Tendría que ponerse la del día anterior para ir a su antiguo dormitorio. Entonces vio varias prendas suyas desparramadas sobre uno de los sillones. Era su ropa.

Alguien, y sólo podía tratarse de Naruto, se había adelantado a sus deseos. Una leve sonrisa frunció sus labios.

Media hora después, al salir del baño duchada y vestida, decidió que Naruto tenía razón. Sus camisetas de dormir no eran lo más apropiado para una mujer casada y, además, resultaban innecesarias cuando él estaba a su lado para mantenerla caliente. Aún recordaba la suavidad de la piel tostada de Naruto y ese olor a coco.

Cualquier prenda se convertía en innecesaria si servía para interponerse entre ella y el calor sensual de la piel de su marido, no podía olvidar la rítmica succión de sus labios contra los de ella, la transformación del rostro de Naruto marcado por la pasión.

Trató de apartar de su mente aquellas imágenes eróticas, pero al mirarse al espejo, vio que el rubor de sus mejillas y el brillo de sus ojos traicionaban lo que pensaba.

Abrió la puerta del dormitorio y corrió hacia las escaleras. Nunca había imaginado que amar a alguien la excitaría de aquel modo, pero Naruto era una persona muy especial. Respiró hondo, con el cuerpo inundado de placer y amor.

Al llegar al pie de las escaleras, vio a la señora Matsumoto que salía de la biblioteca.

—¿Dónde está Naruto? —preguntó anhelante, con una sonrisa en los labios.

La mujer pareció algo perpleja por su pregunta.

—Ha salido, señorita Hinata. Dejo ordenes de que la dejara dormir y que le dijera que no volvería hasta tarde.

Creo que tenía una cena en Londres con un cliente importante.

La sonrisa abandonó el rostro de Hinata; su alegría anterior se convirtió en sorpresa.

¿Por qué no la había despertado Naruto para decirle algo? ¿Cómo podía haberse ido sin hablar con ella? Tenían que hablar sobre lo que había sucedido en la noche. El día le pareció de repente muy vacío.

—¿Quiere el desayuno? —preguntó la señora Matsumoto.

Hinata negó con la cabeza y tragó el nudo que tenía en la garganta.

Diez minutos más tarde estaba sola en la biblioteca mirando desconsoladamente por la ventana cuando se abrió la puerta. Por un momento, creyó que sería Naruto y se volvió con una sonrisa de bienvenida en los labios. Pero no fue él quien entró en la estancia, sino Kano.

—¿Te dejó sola? —preguntó éste—. Bueno, no digas que no te lo advertí. Si mis palabras hasta parecieran proféticas. Naruto ya se aburrió de ti ¿cierto?

Hinata deseaba decirle que se marchara, pero las palabras se atascaron en su garganta. En lugar de ello, apartó la cabeza y trató de ignorarlo con la esperanza de silenciarlo así, pero el hombre soltó una risita burlona.

—No quieres oír la verdad, ¿eh? ¿No puedes afrontarla? Bueno, mi querida Hinata, me temo que de vez en cuando todos tenemos que afrontar cosas desagradables. A mí, por ejemplo, me resultó muy desagradable descubrir que no iba a heredar esta propiedad.

—Ya conoces las condiciones del testamento del abuelo —dijo ella nerviosa.

—Desde luego que sí —asintió él—. Y yo no era el único que las conocía, ¿verdad? ¿No sospechaste nada cuando Naruto te propuso matrimonio?

—Kano, no quiero seguir hablando de esto—protestó ella, enfadada—. Naruto y nuestro matrimonio son un tema privado. No tienen nada que ver contigo.

—Sí que lo tienen —la contradijo él con amargura—. Admite los hechos, se casó contigo por Prado de la Reina, pero no la tendrá segura hasta que no te deje embarazada, ¿verdad? Hasta que esté seguro de que su hijo la heredará. ¿Qué te pasa, Hinata? —prosiguió con tono burlón—. No pensarás que la razón de que esté tan dispuesto a acostarse contigo es porque te desea, ¿eh? A ver si maduras. Si te hubiera deseado tanto, te habría tenido hace años —dijo con crueldad—. ¿Por qué iba a desearte un hombre como él? Puede tener todas las mujeres que quiera.

Y con este pequeño discurso de palabras lanzadas como dardos ardientes directo a su corazón, Hinata sintió que se libraba de un hechizo y que la lucidez por fin estaba surcando su piel y su memoria, tal vez Kano tenía razón.

—No quiero herir tus sentimientos —mintió, adoptando un tono suave para cambiar bruscamente de tema—. Sabes que solo quiero ayudarte, hazme caso lo mejor es dejarlo ahora. Naruto no te ama y si alguna vez te deseó ya se le pasó el capricho. ¿Sabes donde y con quien esta ahora?

Hinata no se atrevió a volverse hacia él. Si lo hacía, Kano podría ver en sus ojos el dolor que sentía, en ese momento la versión de Kano era la más factible de ser cierta, es decir, todo eso era algo que ella ya sabia pero en algún punto del camino ella creyó que Naruto podría llegar a amarla. Él se había casado con ella por Prado de la Reina. Por supuesto que sí. Ella lo había sabido desde el comienzo. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida como para pensar otra cosa?

Pero antes de que pudiera seguir analizando lo que le dijo Kano, se escucho la voz de Mitsuko llamándolo, por lo que él desapareció tras la puerta de la biblioteca.

La joven suspiró aliviada al oír la tímida voz de Mitsuko en el umbral.

Oyó el tono irritado de Kano en el pasillo, detrás de su esposa. Recordó que la noche anterior había compadecido a Mitsuko por estar casada con un hombre que no la amaba y se había preguntado cómo podía seguir a su lado. Y ahora había llegado el momento de sentir compasión por si misma. Al despertar había comprobado que el amor además de darte la mayor de las libertades, también te aprisiona, sonaba tan ilógico, pero ella le encontraba sentido. Amaba a Naruto y no era correspondida, todo lo que podía hacer ahora era fingir que todo estaba bien y tragarse lo que sentía. Estaba atrapada en su propia casa, presa de la tristeza, la soledad y el desamor, pero tendría que fingir una sonrisa y hacer como que nada hubiera pasado. Había sido una tonta al creer que Naruto podía amarla.

El hecho de que sus sentimientos por él hubieran cambiado de modo tan dramático no implicaba que los de él hubieran sufrido una metamorfosis semejante. Lo conocía hace tanto tiempo que pensar en la posibilidad de que el la amara ya le causaba gracia.

Pero le había hecho el amor, la había tocado, acariciado y mostrado lo que era el éxtasis, la había invitado a navegar en un mar de placer y fue hermoso ver el fuego en sus ojos.

Soltó una carcajada irónica y trato de retener un pequeño sollozo que no pudo evitar salir de sus labios.

Lo había hecho porque ella se lo suplicó. Después de todo, era un hombre.

Y ahora se rebatía entre dos posibilidades ¿era demasiado ingenua o demasiado estúpida? Ella se había dado cuenta que amaba a Naruto y había esperado que automáticamente o por arte de magia el también se enamorara de ella. Menos mal que Kano le había hecho comprender la verdad antes de que le dijera a Naruto que lo amaba. Después de todo Kano le había advertido y aunque estaba segura que él disfrutaba de su sufrimiento, no podía negar que era él el que esgrimió la verdad durante todo ese tiempo.

Tragó saliva. Al menos su orgullo seguiría intacto, aunque su corazón ya no.

Si Naruto mencionaba algo de lo ocurrido, tendría que fingir que había obrado así por miedo a que Kano descubriera la verdad. Lo mejor era tragarse cada gota de ese amor que su piel destilaba, no le daría a Naruto la oportunidad de que supiera que tenía el control sobre ella.

— Hinata. A la joven le dio un vuelco el corazón al oír la voz de Naruto. Había regresado muy pronto. En el mes que llevaban casados, había vuelto tarde casi todos los días. Hinata había planeado salir antes de que llegara y estar ausente durante la cena, como había hecho todas las noches de la última semana. Por donde lo viera era el comportamiento mas inmaduro que pudiera tener, pero no estaba dispuesta a encontrarse con Naruto, tenía tanto miedo de que el se diera cuenta de lo que sentía, pensaba que si él la miraba a los ojos le desnudaría el alma.

Había sido una suerte que Sai le preguntara si podía cambiarle el turno a otra de las trabajadoras voluntarias. No sólo había aceptado, sino que había elegido trabajar también varias noches extra. Sai frunció el ceño cuando se lo dijo.

—¿Estás segura? Acabas de casarte, ¿Naruto no echara de menos tu compañía? —preguntó.

—También está muy ocupado —dijo ella con sinceridad. ¿Muy ocupado trabajando o muy ocupado evitándola? Era mejor así, ella también estaba llevando a cabo la misma táctica.

Sonrió con amargura. Tenía la sensación de que habían pasado siglos desde el día en que tanto le preocupaba compartir la cama con Naruto. Ahora quería sentirlo cerca, su aliento rozando su piel, quería inmolarse en sus brazos sin tiempo ni destiempo, pernoctar en sus huesos, en su carne y en sus besos. Pero no podia dejarse llevar por sus deseos.

Con Kano y Mitsuko todavía en la casa, no tenían otra opción que seguir compartiendo la cama, pero Naruto siempre se aseguraba de quedarse abajo hasta que ella se había dormido o hasta que la creía dormida y Hinata, por orgullo, fingía estarlo. Tumbada allí con los ojos cerrados mientras él se movía por la estancia, se esforzaba desesperadamente por mantener a raya sus sentimientos, las emociones que tanto dolor le causaban. Procuraba sonreír como si nada estuviese mal, hablar como si todo estuviese perfecto, pretendía que todo era un sueño y hacía de cuenta que el que Naruto no la amara no le hacía daño.

Ni siquiera cuando estaba segura de que Naruto se había dormido, se permitía el lujo de llorar. No se atrevía.

Una vez o dos en la semana que siguió a aquella noche, lo sorprendió observándola y, en varias ocasiones, tuvo la impresión de que iba a decir algo sobre lo ocurrido, pero su miedo la obligaba siempre a eludir el tema. En esos momentos la sinceridad y la honestidad, valores que formaban parte de su código ético, estaban recluidos en alguna parte ella y no las dejaría aflorar.

El peor momento había sido la noche siguiente a aquella en que hicieron el amor.

Hinata se acostó temprano. Cuando entró él, fingió estar dormida, pero evidentemente, no lo engañó, ya que él se acercó y musitó con suavidad.

—Sé que estás despierta, Hinata. Necesitamos hablar.

—No —exclamó ella, asustada, adivinando lo que quería decirle.

Ya podía imaginar sus palabras llenas de espinas, cual cactus asesino. Iba a decirle que había adivinado lo mucho que lo amaba pero que no la correspondía. Le recordaría las condiciones de su matrimonio y le explicaría que entre ellos no había habido más que un simple encuentro sexual, que lo superara, el no quería nada con ella y que en cuanto viera la posibilidad de zafarse de ese matrimonio lo haría.

—No, no quiero hablar —dijo con fiereza—. No hay nada que decir. No quería escuchar eso, le sangraba el corazón de solo pensarlo y en un acto reflejo solo atino a taparse con la colcha de la cama, como si eso la salvara de lo que fuera que vendría.

Se puso tensa al notar que él seguía parado al borde de la cama, pero Naruto no insistió.

—De acuerdo, Hinata; si eso es lo que quieres…

La joven no respondió. ¿Qué podía decir? Se volvió y se acurrucó en la cama. Lo que de verdad quería era que le dijera que la amaba, entonces nada mas importaría.

Pero volviendo al presente ella escucho de nuevo su vos—Hinata —repitió Naruto con voz extrañamente aguda.

La joven comprendió que era demasiado tarde para escapar; él estaba ya en el vestíbulo.

—¿Qué ocurre? —preguntó—. Estaba a punto de salir. Esta noche trabajo en el albergue. Si no me voy ya, llegaré tarde.

—No —repuso él con suavidad—. Esta noche no vas a ninguna parte. Esta noche tú y yo tenemos que hablar.

Hinata se alarmó.

—Pero no puedo dejar a solo Sai. Me está esperando y sabes que tenemos problemas en el albergue.

El propietario les había anunciado recientemente que tenía intención de vender el edificio en cuanto terminara el contrato de alquiler. Sai trataba de encontrar el modo de recaudar fondos suficientes para construir un edificio nuevo, pero hasta el momento no había tenido mucha suerte. Incluso le había pedido que le sugiriera a Naruto que los ayudara.

—No, no puedo hacerlo —repuso Hinata, incómoda.

Y tampoco podía poner ella el dinero, ya que su capital estaba colocado en varios fideicomisos.

—Hablaremos mañana —sugirió esperanzada.

—¿De verdad? —Preguntó Naruto con sorna—. ¿Estás segura de que mañana no habrás encontrado algo más importante? No, Hinata, huir no es el modo de resolver nada y tú lo sabes. Cuando nos casamos, hicimos un trato y el trato era que, a los ojos de los demás, nuestro matrimonio parecería perfectamente normal. Y no es normal, Hinata. En las dos últimas semanas hemos pasado tan poco tiempo juntos…

—Eres tú el que siempre llega tarde a casa —lo interrumpió ella.

—¿En serio? ¿Y cómo sabes a qué hora llego a casa si casi no te veo aquí?

Lo sabía porque Kano se tomaba la molestia de informarle de ello sin perder nunca ocasión de comentar que Naruto no había llegado a casa hasta las ocho o las nueve y, cuando ella regresaba después de las once, lo encontraba invariablemente encerrado en la biblioteca.

—Hicimos un trato —repitió él—. Pero tú no haces nada por cumplir con tu parte. Prefieres pasar tu tiempo en el albergue.

—Me parecía lo mejor.

—¿Lo mejor? ¿Por qué no piensas mejor las cosas? —Preguntó él con fiereza—. La gente está empezando a murmurar —le advirtió—. Se preguntan qué clase de matrimonio somos para vernos tan poco. Si hasta Kano se ha mostrado condescendiente conmigo y la gente empieza a murmurar sobre la cantidad de horas que pasas con Sai. Kano también cree que él puede intentar convencerte para que le ayudes a financiar el albergue.

—¿Era eso de lo que querías hablarme? —preguntó ella, casi con alivio.

—Una de las cosas —asintió él.

¿Una de las cosas? Hinata se preguntó con tristeza cuáles serían las otras. El día anterior Kano le había comentado que parecía muy desgraciada antes de fingir que sentía lástima de ella por el abandono en que la tenía su marido.

— ¿Sai te ha pedido dinero, Hinata? —preguntó Naruto con severidad.

— Tenemos varios problemas —repuso ella—. El albergue necesita…

—El albergue, el albergue… —la interrumpió él, airado—. Toda tu vida no gira en torno al condenado edificio ese y todo lo que él conlleva— le gritó con frustración—hay mas cosas en tu vida, mas personas que requieren que les dediques algo de atención.

— Tienes razón, pero ahora tengo varios asuntos que atender, hablaremos mas tarde— dicho esto emprendió el camino hacia su auto lo más rápido que pudo.

Estaba huyendo cobardemente, pero no quería escuchar lo que Naruto tuviera que decirle. Tenía demasiado miedo de oír de sus labios que ya estaba harto y que se marchaba.

Y sin embargo, ¿no sería eso lo mejor? ¿Cuánto tiempo podía seguir viviendo cerca de él, sabiendo lo mucho que lo amaba, sabiendo que Kano observaba todos sus movimientos, temerosa de traicionar sus sentimientos y teniendo que soportar el dolor de oírle decir que no quería su amor? No quería que Naruto la despreciara, con tantas especulaciones de cómo y cuando la rechazaría su corazón se desangraba y no ayudaban en nada los comentarios de Kano.

Estando en el albergue no pudo concentrarse en nada, enamorarse y no ser correspondida traía demasiados problemas. El día había pasado muy rápido y no se dio cuenta en que momento llego a casa. Lo que si pudo notar es que el auto de Naruto no estaba estacionado afuera. Eso la hizo sentir aliviada.

Hacía horas que le dolía la cabeza, así que entró a la cocina a tomarse una aspirina y Kano la sorprendió allí, estaba empezando a pensar, que él parecia un fantasma que la rondaba, aparecía siempre de improvisto.

—¿No te encuentras bien? —preguntó.

—Me duele la cabeza —repuso ella con aire ausente, otra secion de comentarios hirientes se aproximaba, pero tenia pensado no prestarle atención y dejarlo pasar.

—Naruto se fue hace bastante —le informó Kano.

—Me di cuenta de eso — repuso Hinata, esperando a que la pastilla hiciera efecto.

—Una mujer lo llamo por teléfono—dijo Kano esperando a ver la reacción de Hinata, pero ella no mostró mucho interés en la información dada, así que decidió echar mas leña al fuego—Me pidió que te dijera que pasará la noche fuera.

Con lo último que dijo Kano había dado en el blanco, porque capto toda la atención de Hinata y pudo notar como su ánimo decaía.

—Duele darse cuenta de la verdad, ¿no es cierto Hinata? —Murmuró con fingida compasión—. Pero es hora de que veas que tarde o temprano él te dejara. Solo esta dejando pasar el tiempo para asegurarse la casa, pero ya se está aburriendo de ti. ¿Será que ya estás embarazada, Hinata? Te noto muy pálida últimamente… Por que si lo estas Naruto cumplió su objetivo y ya no tiene porque permanecer a tu lado.

Hinata dio un respingo, esas palabras habían dolido más que todas las anteriores que habían sido pronunciadas por esa lengua venenosa.

—Eso no es asunto tuyo —dijo con fiereza.

— Por su puesto que lo es. Espero que no estés embarazada, porque si es así… bueno, sólo diré que en una casa como ésta hay muchos peligros para una mujer en ese estado. ¿Qué es lo que haría Naruto si perdieras a su hijo? Todo ese tiempo desperdiciado. No creo que quiera tener que volver a pasar por la penosa necesidad de volver a estar contigo, se fue con otra mujer, eso me da la razón ¿no crees?. Abre los ojos Hinata sólo quiere la casa, no te quiere a ti. Nunca te ha querido y nunca lo hará.

Con estas últimas palabras Hinata no pudo retener las lágrimas y corrió hacia su cuarto, en varias cosas de las que dijo, Kano tenia la razón, ¿pero ahora la estaba amenazando? Nunca pensó que ese tipo llegara tan lejos.

Kano estaba amenazando la vida de un niño inexistente, pero si de verdad estuviera embarazada ¿Qué es lo que haría? ¿Cómo debería haber reaccionado hace unos momentos?

No podía seguir viviendo así, amando a Naruto, deseándolo, sabiendo que no la quería y temerosa de Kano y sus amenazas.

En un bar de la ciudad Naruto meditaba sobre todo lo que provocó el echo de que por una noche se dejara llevar por las pasiones, era mejor pensarlo así antes de hablar de amor, esa palabra dolía ahora mas que nunca. De todos modos había bebido demasiado y los pensamientos empezaban a nublársele, no tenia intención de regresar por esa noche a Prado de la Reina, no había podido llamar a ese lugar su hogar, no cuando Hinata lo evitaba todo lo que podía y desaparecía de la casa poniendo como excusa la ayuda que brindaba en el albergue, por no mencionar a Sai, claro está. Y los comentarios que Kano hacia al respecto no ayudaban en nada.

Durante toda esa noche había estado evitando el coqueteo continuo de mujeres que iban y venían, pero el no estaba para esas trivialidades en ese momento. Tal vez si Hinata se lo pidiera… Aun recordaba el cuerpo vibrante de Hinata, las lenguas espúreas, los flujos intercambiables, ese universo paralelo, y no menos importante, sus besos, había sentido que ella le besaba el alma. Ella era una amante increíble y lujuriosa. De nuevo estaba pensando en eso y reprendió mentalmente por ello, no quería seguir recordando lo que ocurrió en esa cama de la perdición.

Le había dolido bastante que ella lo utilizara, aun así había intentado hablar del tema con ella, pero se negaba ante cada acercamiento en lo que se refería a lo sucedido aquella noche, hasta el momento no sabio como catalogarla, ¿podría ser esa bendita o maldita noche? Ella era una bruja y lo había hechizado. Estaba seguro que no podría volver a acostarse con otra mujer después de haber echo el amor con Hinata. Por de echo estaba segura de no haber sentido antes lo que sintió con ella.

Y eso era tan frustrante, por que a ella parecía darle lo mismo, cada vez pasaba más tiempo con Sai, bueno en el albergue, pero era lo mismo ¿no?

La vida había conspirado en su contra desde que era muy pequeño, ¿entonces que más daba sumar otra desilusión a su vida? Tal ves él y ella eran dos personas complicas y sobre todo inverosímiles.

Iba a pedir otra copa, cuando sintió una mano posarse en su hombro derecho y en cuanto se dio vuelta, pudo divisar a un sonriente Kakashi.

—Buenas Noches Naruto — Dijo Kakashi, pero en cuanto vio el estado en el que estaba Naruto borró su sonrisa y en su rostro se reflejo la incertidumbre.

—Buenas — apenas pronuncio Naruto, no estaba de humor para hablar con él.

Siempre que se encontraba con Kakashi este ultimo se esforzaba por recordarle viejos tiempos, en lo que su familia era feliz, cuando Kakashi venía a su casa y compartía la mesa con ellos. Veía tan lejanos eso días.

—No parece que hayas tenido un buen día — dijo Kakashi, cuando Naruto apenas y le devolvió el saludo.

— Eso no es algo de lo quiera hablar contigo — pronunció Naruto con algo de enojo.

—Sabes que puedes confiar en mi ¿cierto? ¿Tiene algo que ver Hinata con el hecho de que estés emborrachando en un bar? — preguntó Kakashi con la preocupación reflejada en la voz.

— ¿Y desde cuando crees que Hinata influye tanto en mi vida? — interrogó Naruto tratando de restarle importancia al asunto.

— Desde que me di cuenta que estás enamorado de ella — dijo Kakashi con vos calma, como si fuera una verdad de dominio público.

Y en ese instante Naruto quedó perplejo, ¿tan obvios eran sus sentimientos hacia Hinata? No era como si tratara a Hinata de una manera especial, todo lo contrario, la trataba diferente que a las demás mujeres y tal vez allí había estado su error, Kakashi lo conocía desde que era un niño, desde antes de lo que ocurrió con su madre. Quizás seria bueno hablar de todo lo sucedido con alguien de confianza, después de todo había estado guardándose lo que sentía por días y si no hablaba ahora, era seguro que iba a explotar.

—Puedes contar conmigo Naruto, soy tu amigo, así como lo fui de tu padre — le dijo Kakashi, al tiempo que pedía un trago al barman. Conocía a Naruto hace tiempo y sabía lo que había tenido que pasar, fue muy traumático para un niño que su madre lo abandonara y que esa misma noche muriera, luego estuvo la recuperación de su padre, de la que solo él fue artífice y Kakashi fue testigo.

Naruto amó a su padre pero le guardaba profundo rencor al recuerdo de su madre. Ese rencor fue lo que lo llevó a Naruto a estar siempre a la defensiva para no sufrir. Pero el sufrimiento es parte de esta vida y no se puede evitar, porque todo ser humano tiene sentimientos y su propio mundo de significados lo afecta.

El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.

Nunca quiso llevar una relación de pareja estable, prefería disfrutar todo lo que pudiera del sexo opuesto y no dejar entrar a ninguna mujer a su vida.

Negarse a comprometerse no representaba solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.

—¿Sabes? Siempre pensé que nunca me enamoraría, que no habría una sola mujer que lograra hacerme un hombre fiel… Hasta que la conocí — dijo Naruto con aire soñador — De un momento a otro ella se convirtió en todo para mi, ella es tantas cosas y todas impresionantes, me di cuenta que es ella la mujer de mi vida —Estaba a un paso de la inconciencia y hablando cursilerías, pero por fin había logrado ser sincero.

Kakashi lo escuchó atento y estaba seguro que lo que había dicho no era por efecto del alcohol, él estaba seguro de eso, además si no lo estuviera no hubiera prácticamente orillado a Hinata a que le propusiera matrimonio a Naruto.

No conocía a Hinata tanto como a Naruto, pero podía deducir que ella también sentía algo por el muchacho. Pero en el caso de Naruto, ella significaba una cura para el dolor de su alma.

Él estaba enamorado de ella pero al paso que iba Hinata jamás se daría por enterada de sus sentimientos, no cuando el método que utilizaba para llamar su atención era utilizando el sarcasmo y las burlas. Fue entonces que decidió poner manos a la obra.

Solo que los resultados no fueron los esperados, porque Naruto estaba borracho en un bar cuando debería estar con su esposa.

Cuando Kakashi emergió de sus pensamientos Naruto había cambiado su cara de tonto enamorado por una de total furia.

—Pero a ella no le importa lo que siento, es una maldita embustera, ella no me quiere y… — gritó Naruto.

—Entonces por fin se lo dijiste— dijo Kakashi.

—No, pero…— Naruto iba a replicar. Pero Kakashi no lo dejó.

—¿Cómo esperas que se de cuenta? No sé que fue lo que paso entre ustedes, pero conociéndolos a ambos, creo que pudo haber sido un malentendido. Ustedes siempre han discutido por todo, ¿por que no aclarar sus sentimientos de una vez? — dijo Kakashi tratando de llevar un rayo de luz al perturbado corazón de Naruto. Aunque no conocía los detalles de lo que sucedió, sabia que Naruto siempre iba a estar alerta a cualquier error de Hinata y que lo convertiría en algo peor de lo era.

— Con el paso de los años he aprendido que cuando amas de verdad, la desdicha se llena de milagros, el miedo se convierte en osadía. El amor es una proeza de los sentimientos, un ejercicio contra el infortunio —. En cuanto terminó de decir esto, notó que Naruto estaba dormido con los brazos apoyados en la barra. Decidió llevárselo a su casa, él no estaba en condiciones de ir a Prado de la Reina, si Hinata veía el estado en el que se encontraba de seguro las cosas empeorarían.

Naruto se había levantado con una gran resaca pero con un café y unas aspirinas cortesía de Kakashi estuvo recuperado y llego a Prado de la Reina.

Le había confesado a Kakashi que estaba enamorado de Hinata pero aun no hallaba el momento de decírselo a ella. Hinata se veía muy distante, y Naruto estaba conciente que si le decía la verdad, las cosas en su vida volverían a dar un vuelco vertiginoso. Todas las veces en las que había intentado hablar con ella, eran para debatir el echo de que ella estuviera renuente a hablar con él, estaba empezando a pensar que Hinata se había dado cuenta que estaba enamorado de ella y que si lo evitaba era para no rechazarlo abiertamente. Era por eso que no había insistido en volver a hablar con ella. Pero ahora estaba considerando lo que le dijo Kakashi, necesitaba pensar mejor las cosas, por eso en cuanto terminara de desayunar iba a dar un paseo, tenia que estar seguro de dar ese paso.

Era sábado por la mañana y Naruto estaba en la casa desayunando con ella, eso era algo inusual pero Hinata tenía cosas importantes en que pensar y lo dejo pasar.

Ninguno había dicho nada sobre su negativa a hablar con él y él no le había dado tampoco ninguna explicación sobre la noche que había pasado fuera.

Naruto acababa de levantarse de la mesa cuando entró Kano en la estancia.

—Luego tengo que salir —informó Naruto a Hinata—. No sé cuánto tiempo estaré fuera, tengo que resolver asuntos importantes.

—¿Qué es lo que harás tú?

—Tengo que ir de compras, necesito renovar mi guardarropas —mintió ella, sin mirarlo, si él no hubiera estado tan pensativo se hubiera dado cuenta que el gastar dinero no era uno de los pasatiempos de Hinata.

—Ah, estos matrimonios modernos —sonrió Kano.

Pero no sonreía una hora más tarde, cuando alcanzó a Hinata en las escaleras después de que Naruto hubiera salido.

—Hinata, pequeña, deja de hacer como si no sucediera nada—le aconsejó—. Naruto no oculta lo poco que le importas y lo mucho que piensa en esa otra mujer.

—¿De que hablas? —musitó Hinata.

—No puedes ser tan ingenua—se burló el hombre. — Tu marido pasa toda la noche fuera; sólo puede haber una razón para eso, ¿no crees? Aunque conociendo el historial de Naruto puede que sean varias razones.

Hinata decidió de pronto que ya estaba harta. Sentía las lágrimas que llenaban sus ojos y amenazaban con resbalar por su rostro. Los comentarios de Kano, su crueldad, sus amenazas, el dolor de amar a Naruto y saber que no era correspondida le parecieron de repente excesivos. Se sentía acorralada y el pánico iba a dominarla por completo, se preguntó desde cuando se había vuelto tan cobarde, ¿será que el amor te vuelve vulnerable? Quizás era hora de enfrentar todo de una vez.


Hola a todos!!! Perdonen la tardanza es que tuve millones de cosas de hacer y entre ayer y hoy recién pude hacer el cap. De veras lo siento, es que digamos que me distancie de una de mis mejores amigas y eso es algo difícil de superar, pero creo que es lo mejor, no era sano estar a lado de alguien que solo me utiliza para su conveniencia.

Por si a alguien le importa al final no me sacaron la muela, me están haciendo un tratamiento de conducto, me falta una sesión y por fin termino de arreglar este problema de mi muela.

Prometo que no voy a demorar tanto, esta semana finiquito este fic. Todavía no tengo decidido la circunstancias del final pero prometo que va a estar bueno.

Gracias por acompañarme y por esperar tanto.

Los quiero!!!!!!!!!!!!!!!