Sé que no soy nueva en esto de "los merodeadores leen los libros..." pero siempre me ha apetecido hacerlo, y creo que del último libro ahora no hay ninguno en curso.

Ojala os guste!! :)


Hogwarts estaba prácticamente vacío aquellas navidades.

Lily Evans se despertó la mañana del 25 de diciembre sin ganas de levantarse de la cama. Aquellas eran las primeras navidades desde la muerte de sus padres, y también las primeras navidades que pasaría en el colegio. Resultaba raro. Estaba en su séptimo año y Hogwarts era su hogar, pero aún así no se hacía a la idea de pasar allí las vacaciones. Echaba de menos el estofado de su madre, el pequeño árbol de Navidad que su padre adornaba con exageración y hasta las malas caras de su hermana Petunia.

Suspiro al pensar en ella.

¿Qué estaría haciendo Tuney? Seguramente se encontrase en casa de su novio, aquel gordinflón asqueroso con el que llevaba saliendo más de dos años.

Bostezó y dio media vuelta en la cama. Aún era temprano, por lo que podría dormir un par de horas más antes de la comida navideña en el Gran Comedor.

«En el Portal de Belén han entrado los ratones y al bueno de San José le han rumiado los calzones»

La pelirroja gimió. ¿Estaban locos? ¡Por Merlín! Eran las nueve de la mañana, no era hora de cantar villancicos a pleno pulmón.

«Ande, ande, ande la marimorena; ande, ande, ande que es la Nochebuena…»

¡Maldito Potter y maldito Black! Saltó de la cama y bajó de dos en dos las escaleras hacia la Sala Común.

—¿Os importaría controlar el volumen? —rugió.

—¡Lily, feliz Navidad! —gritó James, dedicándole una de sus estúpidas sonrisas.

—Caray, Evans ¡qué sexy estás! —Sirios le guiñó un ojo y le pegó a James un codazo amistoso en las costillas— No deberías vestir estas galas delante de Cornamenta, le arruinarás la sorpresa de la noche de bodas.

James le pegó un capón y Sirius soltó una risotada parecida al ladrido de un perro. Incluso Remus, quien intentaba leer un libro junto a la chimenea, se rió por lo bajo.

¡Menuda panda de idiotas! Lily cruzó los brazos por delante de su pijama de ositos marrones y entrecerró los ojos.

—Me vuelvo a la cama, así que ¡dejad de gritar!

—¡No! ¡Es Navidad, Evans! —sonrió Sirius— ¡Quédate con nosotros!

—Sí, estamos abriendo los regalos.

¿Regalos? Ella no esperaba ningún regalo ese año, a no ser que a Petunia se le ocurriese enviar algún cachivache inservible para dejar aún más constancia de su odio acérrimo.

Miró hacia el árbol que adornaba la Sala Común y lo encontró atiborrado de paquetes. Solamente Potter, Black, Remus y ella se habían quedado en la Torre de Gryffindor a pasar las vacaciones y allí había regalos como para el colegio entero. Aunque aquello no la sorprendía. Los merodeadores lo hacían siempre todo a lo grande.

—¿Te gusta mi bufanda nueva? —le preguntó Remus.

—¡Se la he regalado yo! —exclamó James. Merlín… parecía un niño de cinco años con tanto entusiasmo.

—Te favorece el color, Remus —le sonrió Lily.

—Y yo le he regalado unos calzoncillos, también los lleva puestos. ¡Enséñaselos, Lunático!

—¡Sirius! —gritaron Remus y James al mismo tiempo.

El aludido se echó a reír y agarró a la pelirroja del brazo. Lily quiso protestar y soltarse, pero decidió que, ya que estaban en Navidad, aparcaría su mal humor e intentaría ser amable con los muchachos, por mucho que estos llegasen a desesperarla.

—Vamos, Evans, abre tus regalos.

—¿Qué regalos?

—Pues los de navidad, pelirroja, ¿cuáles van a ser?

—Yo no… —dejó a medias el "yo no tengo regalos" y abrió la boca con sorpresa al ver entre el montón unos cuantos con una tarjeta que rezaba su nombre.

Miró a los tres chicos intentando encontrar al culpable, pero todos tenían la misma expresión de fingida indiferencia en sus rostros. Remus pareció sonreír durante un instante, pero quizás fuese producto de su imaginación.

Tragó el nudo que se le había formado en la garganta y le rogó a Merlín que no se le saltasen las lágrimas. Qué tonta… aquellos alborotadores habían conseguido emocionarla.

—No teníais porqué…

—¡Oh, vamos! Somos chicos generosos, ¿verdad, Cornamenta?

—Claro que sí, Canuto. Nos encanta regalar cosas y nos encanta la Navidad.

—Y por nada del mundo íbamos a dejar a nuestra Premio Anual sin regalos.

Lily sonrió agradecida. Vaya par de dos… que forma tan curiosa tenían de completar las frases del otro. Si no fuesen tan diferentes físicamente, James y Sirius podrían pasar por hermanos gemelos.

Se agachó junto al montón y recogió el primer paquete.

—Oh, ese es mío —le dijo Remus desde el sillón.

—Es chocolate —Sirius se relamió los labios—, Lunático nos regala chocolate todas las navidades.

—¿De dónde vienen esos apodos tan raros?

Lily tuvo la sensación de que Sirius se quedaba más pálido de lo que normalmente estaba.

—¿Qué apodos? —preguntó James en lugar de su amigo.

—A Remus lo acabáis de llamar Lunático y a ti antes te llamaron Cuernos.

—Cornamenta —le corrigió Remus.

—Eso, Cornamenta. ¿Por qué esos nombres?

—Es una historia muuuuuy larga, pelirroja —contestó Sirius, que parecía haber recuperado el habla— ¿Por qué no sigues abriendo regalos?

—¡Ey, aquí hay uno que no tiene etiqueta! —gritó James— Parece un libro…

—Será de Remus, entonces —apuntilló Sirius.

El aludido negó con la cabeza.

—Yo ya he abierto los vuestros y los de mis padres, no tengo ninguno más.

—¿Evans?

Lily también negó.

—Yo no tengo a nadie fuera que me envíe regalos.

—¿Y tu hermana? —preguntó Remus.

Lily sonrió con cierta tristeza y volvió a repetir sus palabras.

—No hay nadie fuera que me quiera enviar regalos.

Los tres merodeadores clavaron sus ojos en ella y se vio obligada a mirar hacia otra parte. El tema de Tuney era algo delicado de tratar. Siempre se habían llevado bien, por lo que ese odio que despertaba en su hermana podía con ella.

—Quizás sea de tu madre, Canuto —dijo James, seguramente intentando romper la tensión.

—¡Oh, me quiere tanto mi madre! Quizás cuando lo abra me salta al cuello e intenta estrangularme.

—Sirius… —comenzó Remus, pero fue callado por las carcajadas de Lily. No se lo podía creer. Estaba riéndose de algo que el impresentable de Black había dicho—¿Qué pasa, Lily?

—¿Te estás riendo de mí? —Sirius intentó sonar ofendido.

—Parece que tu madre te quiere tanto como a mí mi hermana.

—¡Oy, somos los repudiados de la familia! —Black sonrió y le pasó a Lily un brazo por los hombros— Debemos unirnos en nuestro dolor.

Ella volvió a reír y le devolvió el semi-abrazo. Vaya… y ahora bromeaba junto con Black. El día se hacía más increíble por momentos.

—Bueno, bueno —James se entrometió entre los dos y se hizo un hueco en el medio. Sorprendentemente, eso a Lily no le molestó—, un poco más de aire nunca viene mal.

—Dame el regalo, Potter —le dijo—, quizás sí que sea de Tuney. Quizás me haya mandado una caja de estiércol de caballo.

Sirius arrugó la nariz.

—¿Estiércol de caballo?

—Ella se parece a un caballo —contestó la pelirroja con un encogimiento de hombros.

Rasgó el papel rojo con algo de impaciencia y los cuatro miraron el regalo. No era estiércol, era un libro. James había estado en lo cierto. Era un libro con tapas negras y sin dibujos. Lily lo abrió y leyó en voz alta las primeras palabras.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte —alzó los ojos y miró a los muchachos. Todos parecían confusos— ¿Hay algún Harry en tu familia, James?

—No que yo sepa…

—¿Qué clase de libro es este?

—Quizás debamos leer —sugirió Remus—. Puede que los padres de James se lo hayan enviado.

—¿Y por qué demonios mis padres me enviarían un libro cuando saben que no me gustan?

—Bueno —intervino Lily—, es obvio que el regalo era para ti.

—Ah, sí, ¿y eso por qué?

—Bueno, Cornamenta, ¿cuántos Potter hay en esta habitación? Si el libro fuese Harry Black y los gorrinos en escabeche sería…

—¿Los gorrinos en escabeche? —le interrumpió James.

—Me pareció que tendría gancho. Si alguna vez escribo un libro, lo llamaré así.

—Yo lo compraría, sin duda.

—No esperaba menos de…

—¡Oh, por favor! —gritó Lily, aquellos dos payasos empezaban a gastar su paciencia— ¿Podemos dejarnos de tonterías y leer el dichoso libro?

—¡Yo no quiero leer! —se quejaron al mismo tiempo los dos muchachos.

Lily le lanzó a Remus una mirada suplicante.

—A ver, seguramente esto tenga algo que ver contigo, James. Debemos leer.

—¡Ey! —sonrió Sirius— ¡Igual es de un pariente perdido que nos ha dejado en herencia un legado de artículos de broma que pondrían en evidencia…!

Lily le interrumpió una vez más.

—¡Sentaos los dos! Voy a empezar a leer.

—¡Es mi pariente! ¡Yo debería leer!

Suspiró y le entregó el libro a James.

—Como quieras.

—¡No, no! Bromeaba… no quiero leer. Me gustará escuchar tu dulce voz.

—Sí, Flower Power, queremos escuchar tu dulce voz.

Les miró con la misma expresión con la que miraría a un niño de 10 años impertinente y se sentó en el sillón más cercano a la chimenea. Cuando todos estuvieron acomodados, Lily comenzó a leer.

"El ascenso del señor tenebroso"

—¿Voldemort? —preguntó James.

—No hay otro señor tenebroso que sepamos.

—Si nos dejáis leer —dijo Lily— quizás sepamos de qué va esto.

En un estrecho sendero bañado por la Luna,

—¡Uhh, qué miedo!

—¡Sirius! —le reprendió Remus.

dos hombres aparecieron de la nada a escasos metros de distancia. Permanecieron inmóviles durante un instante, apuntándose mutuamente al pecho con sus respectivas varitas mágicas, hasta reconocerse. Entonces las guardaron bajo las capas y echaron a andar a buen paso en la misma dirección.

¿Buenas noticias? —preguntó el de mayor estatura.

Las mejores —replicó Severus…

Lily hizo una breve pausa a causa de la impresión.

Snape.

—¿Qué cojones…?

—¡Black, el lenguaje!

—¿Qué demonios hace Snape en el libro del pariente de Cornamenta?

—Pero hay algo que no cuadra… —apuntó Remus—. Hablan de hombres, ¿cómo es que Snape es un hombre?

—Pues verás, querido Lunático, hombre se nos llama cuando tenemos colgando de entre las…

—¡Black! —se escandalizó Lily.

—Muy agudo, Canuto, pero me refiero a un hombre adulto. Si hablasen del Snape que conocemos dirían el adolescente, o el muchacho, o el joven… ¿pero el hombre?

—¿En qué año han publicado el libro, Lily? —preguntó James.

La pelirroja pasó un par de páginas hacia atrás y buscó la fecha de edición. De no haber estado sentada, se hubiera caído al suelo solo de la impresión.

—¡Merlín bendito!

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—¡Es del 2007!

—¡Ala, venga! —exclamó Sirius— ¡Te estás quedando con nosotros!

—Que no, que lo pone aquí.

Volteó el libro y se lo enseñó. ¿Qué significaba aquello? ¿Un libro del futuro? ¿Serían acontecimientos reales los narrados en él? No estaba segura de querer saberlo.

—Creo que deberíamos leer —dijo James, quien estaba más serio que nunca en su vida.

—¿Estás bien? —le preguntó Lily.

—Ese… ese Harry Potter puede que sea hijo mío.

—¡Venga, Cornamenta! ¡No me digas que te crees esta patraña del futuro!

—¿Qué otra explicación le das, Sirius?

—Puede que sea una broma…

—Solo saldremos de dudas si leemos —concilió Remus.

Sirius asintió a regañadientes y Lily prosiguió con la lectura.

El lado izquierdo del sendero estaba bordeado por unas zarzas silvestres no muy crecidas, y el derecho, por un seto alto y muy cuidado. Al caminar, los dos hombres hacían ondear las largas capas alrededor de los tobillos.

Temía llegar tarde —dijo Yaxley, cuyas burdas facciones dejaban de verse a intervalos cuando las ramas de los arboles tapaban la luz de la luna—. Resulto un poco más complicado de lo que esperaba, pero confío en que el estará satisfecho. Pareces convencido de que te recibirá bien, no?

Snape asintió, pero no dio explicaciones.

Torcieron a la derecha y tomaron un ancho camino que partía del sendero. El alto seto describía también una curva y se prolongaba al otro lado de la impresionante verja de hierro forjado que cerraba el paso. Ninguno de los dos individuos se detuvo; sin mediar palabra, ambos alzaron el brazo izquierdo, como si saludaran, y atravesaron la verja igual que si las oscuras barras metálicas fueran de humo.

—Han enseñado la marca.

—Gracias por la aclaración, Sirius, no nos habíamos dado cuenta —ironizó James.

El seto de tejo amortiguaba el sonido de los pasos. De pronto, se oyó un susurro a la derecha; Yaxley volvió a sacar la varita mágica y apunto hacia allí por encima de la cabeza de su acompañante, pero el origen del ruido no era más que un pavo real completamente blanco que se paseaba ufano por encima del seto.

Lucius siempre ha sido un engreído. !Bah, pavos reales!

—¡Argh! Odio Malfoy —dijo James.

—¿Quién no odia a Malfoy? Es un puto mortífago engreído.

—Estás de acuerdo con ese Yaxley, Canuto —se rió Remus.

—¡Uhh!

Yaxley se guardo la varita bajo la capa y soltó un resoplido de desdén.

Una magnifica mansión surgió de la oscuridad al final del camino; había luz en las ventanas de cristales emplomados de la planta baja. En algun punto del oscuro jardín que se extendía mas alla del seto borboteaba una fuente.

Snape y Yaxley, cuyos pasos hacían crujir la grava, se acercaron presurosos a la puerta de entrada, que se abrió hacia dentro, aunque no se vio que nadie la abriera.

El amplio vestíbulo, débilmente iluminado, estaba decorado con suntuosidad y una esplendida alfombra cubría la mayor parte del suelo de piedra. La mirada de los pálidos personajes de los retratos que colgaban de las paredes siguió a los dos hombres, que andaban a grandes zancadas. Por fin, se detuvieron ante una maciza puerta de madera, titubearon un instante y, acto seguido, Snape hizo girar la manija de bronce.

El salón se hallaba repleto de gente sentada alrededor de una larga y ornamentada mesa.

Todos guardaban silencio.

Los muebles de la estancia estaban arrinconados de cualquier manera contra las paredes, y la única fuente de luz era el gran fuego que ardía en la chimenea, bajo una elegante repisa de mármol coronada con un espejo de marco dorado. Snape y Yaxley vacilaron un momento en el umbral. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra, alzaron la vista para observar el elemento más extraño de la escena: una figura humana, al parecer inconsciente, colgaba cabeza abajo sobre la mesa y giraba despacio, como si pendiera de una cuerda invisible…

—¡Dios mío! —gritó Lily, interrumpiendo la lectura— ¿Por qué hacen eso?

—Porque son mortífagos —le respondió James—. No les importa nada.

—Es… es enfermizo.

—¿Quieres que lea yo?

—No… no. Gracias, Potter.

reflejándose en el espejo y en la desnuda y pulida superficie de la mesa. Ninguna de las personas sentadas bajo esa singular figura le prestaba atención, excepto un joven pálido, situado casi debajo de ella, que parecía incapaz de dejar de mirarla cada poco.

Yaxley, Snape —dijo una voz potente y clara desde la cabecera de la mesa—, casi llegáis tarde.

Quien había hablado se sentaba justo enfrente de la chimenea, de modo que al principio los recién llegados solo apreciaron su silueta. Sin embargo, al acercarse un poco mas distinguieron su rostro en la penumbra, un rostro liso y sin una pizca de vello, serpentino, con dos rendijas a modo de orificios nasales y ojos rojos y refulgentes de pupilas verticales; su palidez era tan acusada que parecía emitir un resplandor nacarado.

—¿Así es Voldemort? —susurró Lily.

—Asusta, ¿qué no? —dijo Remus.

—A mi me repugna.

—Ya somos dos, Canuto.

Lily contuvo un escalofrío.

—Espero no cruzarme nunca con él…

—¡Yo no dejaría que pasase algo así! —exclamó James.

Lily sonrió débilmente, omitiendo que nada podría hacer para defenderla en caso de que eso ocurriese en un futuro, y reanudó la lectura.

Aquí, Severus —dijo Voldemort señalando el asiento que tenia a su derecha

—Parece que Snape será muy cercano en el círculo de Voldemort —comentó Remus.

Lily se estremeció, pero intentó ocultarlo y siguió con la lectura.

. Yaxley al lado de Dolohov.

Los aludidos ocuparon los asientos asignados. La mayoría de los presentes siguió con la mirada a Snape, y Voldemort se dirigio a él en primer lugar.

¿Y bien?

Mi señor, la Orden del Fenix planea sacar a Harry Potter de su actual refugio el próximo sábado al anochecer.

—¡Maldito Quejicus! ¿Qué hace hablando sobre el posible pariente de Cornamenta?

—¡Sí! ¿Qué se ha creído ese grasiento para nombrar a mí hijo?

—No sabemos si es tu hijo —replicó Sirius.

—¿Cuánto te apuestas?

—Dos galeones.

—Hecho.

—¿Os importaría dejar que Lily siga leyendo? —preguntó Remus, advirtiéndoles con la mirada.

El interés de los reunidos se incremento notoriamente: unos se pusieron en tensión, otros se rebulleron inquietos en el asiento, y todos miraron alternativamente a Snape y Voldemort.

Conque el sábado... al anochecer —repitió Voldemort.

Sus ojos rojos se clavaron en los de Snape, negros, con tal vehemencia que algunos de los presentes desviaron la vista, tal vez temiendo que también a ellos los abrasara su ferocidad. No obstante, Snape le sostuvo la mirada sin perder la calma y, pasados unos instantes, la boca sin labios de Voldemort esbozó algo parecido a una sonrisa.

—¿Por qué Voldemort está tan interesando en tu pariente?

—Porque los Potter somos geniales, simplemente.

—¡Oh, por favor! —bufó Lily.

Bien. Muy bien. Y esa informacion procede...

De esa fuente de la que ya hemos hablado —respondió Snape.

Mi señor... —Yaxley, sentado al otro extremo de la mesa, se inclino un poco para mirar a Voldemort y Snape.

Todas las caras se volvieron hacia el—. Mi senor, yo he oído otra cosa —dijo, y calló, pero en vista de que Voldemort no respondía, añadió—: A Dawlish, el auror, se le escapo que Potter no será trasladado hasta el día treinta, es decir, la noche antes de que el chico cumpla diecisiete años.

—¿Tan solo tiene diecisiete años? —gritó Lily tras leer esa información.

—¿Por qué tanto interés en un joven de diecisiete? —preguntó Remus a nadie en particular— Y perdona por lo genial que pueda ser tu familia, James, pero no tiene lógica.

El aludido frunció el ceño y carraspeó. Aquello no le gustaba nada. Tenía un mal presentimiento.

—Sigue leyendo, por favor.

Snape sonrió y comento: —Mi fuente ya me advirtió que planeaban dar una pista falsa; debe de ser esa. No cabe duda de que a Dawlish le han hecho un encantamiento confundus. No sería la primera vez; todos sabemos que es muy vulnerable.

Os aseguro, mi senor, que Dawlish parecia muy convencido—insistio Yaxley.

—Si le han hecho un encantamiento confundus, es lógico —comentó Sirius

Si le han hecho un encantamiento confundus, es lógico que así sea —razono Snape

—¡Oh, no! ¡Hablo como Quejicus!

Te aseguro, Yaxley, que la Oficina de Aurores no volverá a participar en la protección de Harry Potter. La Orden cree que nos hemos infiltrado en el ministerio.

En eso la Orden no se equivoca, ¿no?

—Eso es malo…

—Gracias por la puntilla, no nos habíamos dado cuenta de lo malo que es que el ministerio esté controlado —replicó Lily— Y ahora, por favor, ¿me dejas leer?

intervino un individuo rechoncho sentado a escasa distancia de Yaxley; soltó una risita espasmódica y algunos lo imitaron.

Pero Voldemort no rio; dejaba vagar la mirada por el cuerpo que giraba lentamente suspendido encima de la mesa, al parecer absorto en sus pensamientos.

Mi señor —continuo Yaxley—, Dawlish cree que utilizaran un destacamento completo de aurores para trasladar al chico...

El Senor Tenebroso levanto una mano grande y blanca; el hombre enmudeció al instante y lo miro con resentimiento, mientras escuchaba como le dirigía de nuevo la palabra a Snape:

¿Donde piensan esconder al chico?

En casa de un miembro de la Orden —contesto Snape—. Según nuestra fuente, le han dado a ese lugar toda la protección que la Orden y el ministerio pueden proporcionar. Creo que una vez que lo lleven allí habrá pocas probabilidades de atraparlo, mi señor; a menos, por supuesto, que el ministerio haya caído antes del próximo sabado, lo cual nos permitiría descubrir y deshacer suficientes sortilegios para burlar las protecciones que resten.

—Vuelvo a preguntar lo mismo, ¿por qué tanto interés en Harry?

¿Qué opinas, Yaxley? —pregunto Voldemort mientras el fuego de la chimenea se reflejaba de una manera extraña en sus encarnados ojos—. ¿Habrá caído el ministerio antes del próximo sábado?

Una vez mas, todas las cabezas se volvieron hacia Yaxley, que se enderezo y replico:

Mi señor, tengo buenas noticias a ese respecto. Con grandes dificultades y tras ímprobos esfuerzos, he conseguido hacerle una maldicion imperius a Pius Thicknesse.

—¿Quién es Thicknesse? ¿Conocéis a alguien con ese nombre?

—No, pero esto me suena muy mal, muy pero que muy mal.

—¡Sirius, me pones nervioso!

—Lo siento, Cornamenta.

Los que se hallaban cerca de Yaxley se mostraron impresionados, y su vecino, Dolohov —un hombre de cara alargada y deforme—, le dio una palmada en la espalda.

Algo es algo —concedio Voldemort—. Pero no podemos basar todos nuestros planes en una sola persona; Scrimgeour debe estar rodeado por los nuestros antes de que yo entre en acción. Si fracasara en mi intento de acabar con la vida del ministro, me retrasaria mucho.

Si, mi senor, teneis razon. Pero Thicknesse, como jefe del Departamento de Seguridad Magica, mantiene contactos regulares no solo con el ministro, sino también con los jefes de todos los departamentos del ministerio. Ahora que tenemos controlado a un funcionario de tan alta jerarquia, creo que será fácil someter a los demás, y entonces trabajaran todos juntos para acabar con Scrimgeour.

Siempre que no descubran a nuestro amigo Thicknesse antes de que el haya convertido a los restantes —puntualizo Voldemort—. En todo caso, sigue siendo poco probable que me haya hecho con el ministerio antes del próximo sábado. Si no es posible capturar al chico una vez que haya llegado a su destino, tendremos que hacerlo durante su traslado.

En eso jugamos con ventaja, mi señor —afirmo Yaxley, que parecía decidido a obtener cierta aprobación por parte de Voldemort

—¡Qué enfermo!

, puesto que tenemos algunos hombres infiltrados en el Departamento de Transportes Magicos. Si Potter se aparece o utiliza la Red Flu, lo sabremos de inmediato.

No hara ninguna de esas cosas —tercio Snape—. La Orden evita cualquier forma de transporte controlada o regulada por el ministerio; desconfían de todo lo que tenga que ver con la institución.

—Y con razón… —murmuró Lily— dadas las circunstancias, cuanto más lejos esté el ministerio de la vida de ese pobre muchacho, mucho mejor.

Mucho mejor —repuso Voldemort—. Porque tendrá que salir a campo abierto, y así será más fácil atraparlo. —Miro otra vez el cuerpo que giraba con lentitud y continuo—: Me ocupare personalmente del chico. Ya se han cometido demasiados errores en lo que se refiere a Harry Potter, y algunos han sido míos. El hecho de que Potter siga con vida se debe más a mis fallos que a sus aciertos.

—¿Qué quiere decir con eso? —susurró Lily, aterrorizada— ¿Cuántas veces se ha enfrentado ese niño a Voldemort?

Alzó los ojos del libro y los clavó en James. Nunca lo había visto tan preocupado y esa faceta la enterneció. Podía ser su hijo, después de todo, era lógico que el muchacho se preocupase tanto. Ahora, ¿por qué ella parecía tener la misma sensación de terror? No lo sabía, pero había algo en su interior que la empujaba a proteger a ese jovenzuelo del futuro.

Quizás se estuviese volviendo loca.

Todos lo miraron con aprensión; a juzgar por la expresión de sus rostros, temían que se los pudiera culpar de que Harry Potter siguiera existiendo. Sin embargo, Voldemort parecía hablar consigo mismo, sin recriminar nada a nadie, mientras continuaba contemplando el cuerpo inconsciente que colgaba sobre la mesa.

He sido poco cuidadoso, y por eso la suerte y el azar han frustrado mis excelentes planes. Pero ahora ya sé que he de hacer; ahora entiendo cosas que antes no entendía. Debo ser yo quien mate a Harry Potter, y lo hare.

—¡Oh, Merlín! ¡Está loco, completamente loco!

—Lily, tranquila.

—¡Pero es un niño! ¡No puede matar a un niño!

James se levantó y se sentó a su lado y, con un movimiento torpe, le acarició la mejilla.

—Es mi hijo y..

—Eso no es seguro —corrigió Sirius.

James hizo caso omiso de él.

—… y no dejaré que nada le pase.

—Lo siento, perdona… —se disculpó la pelirroja. Sintió las mejillas arder. Era una exagerada— Me altero demasiado, eso es todo.

Carraspeó y continuó con la lectura.

En cuanto hubo pronunciado estas palabras y como en respuesta a ellas, se oyó un gemido desgarrador, un terrible y prolongadísimo alarido de angustia y dolor. Asustados, muchos de los presentes miraron el suelo, porque el sonido parecía provenir de debajo de sus pies.

Colagusano.

—¡No! —gritó Sirius.

—¡Peter! —exclamó Remus al mismo tiempo.

—¡Ese bastardo lo tiene como prisionero!

dijo Voldemort sin mudar el tono serio y sereno y sin apartar la vista del cuerpo que giraba—, ¿no te he pedido que mantengas callado a nuestro prisionero?

Si, m... mi senor –

—¿Mi… mi señor? —tartamudeó Remus.

—¿Se ha unido a los mortífagos? —espetó Sirius. Se levantó y pateó una de las sillas de la sala. Había huido de su casa porque esas ideas de la pureza de sangre le asqueaban. Que uno de sus mejores amigos se uniese a la causa era algo que no podría soportar.

—Vamos, Canuto —lo llamó James—, es Peter. Él no es un mortífago. Tiene que haber otra explicación.

—¡No creo que ningún prisionero se dirija a Voldemort como "mi señor"!

—No, pero…

—¿Cómo sabéis que es Peter? —les interrumpió Lily— Podría ser cualquier otro…

—Peter es Colagusano. —le explicó Remus.

—Pero puede haber alguien más que use ese apodo. No tenéis el monopolio sobre ellos, ¿sabéis?

Y sin esperar a que le replicasen, continuó leyendo. No creía que hubiese muchos más Colagusanos sueltos por el mundo, pero no quería que los chicos descubriesen esa faceta de su amigo. A ella le había pasado con Snape y la desilusión de descubrir sus oscuras elecciones no era algo que desease para nadie.

respondió resollando un individuo bajito situado hacia la mitad de la mesa; estaba tan hundido en su silla que, a primera vista, esta parecia desocupada.

—¿Nos vas a decir ahora que ese no es Peter? —rugió Sirius.

—N… no —tartamudeó ella—, pero así todo puede haber una explicación a su presencia.

—Es un puto mortífago, no hay más explicación —Sirius se sentó y soltó una carcajada amarga—. Y parecía el más inocente de todos nosotros…

Se levanto del asiento y salió a toda prisa de la sala, dejando tras de sí un extraño resplandor plateado.

—¿Qué ha sido eso?

—Ni idea, Lunático.

Como iba diciendo —prosiguió el Senor Tenebroso, y escudriñó los tensos semblantes de sus seguidores—, ahora lo entiendo todo mucho mejor. Ahora se, por ejemplo, que para matar a Potter necesitare que alguno de vosotros me preste su varita magica.

—¿Qué tiene de malo su varita?

—No lo sabemos, Sirius —se exasperó Remus—, si nos dejas continuar lo averiguaremos.

Las caras de los reunidos reflejaron sorpresa; era como si acabara de anunciar que deseaba que alguno de ellos le prestara un brazo.

—Oh, sí, yo también me sentiría así —se rió por lo bajo el animago perro.

¿No hay ningun voluntario? Veamos... Lucius, no se para que necesitas ya una varita mágica.

Lucius Malfoy levanto la cabeza. Tenía los ojos hundidos y con ojeras, y el resplandor de la chimenea daba un tono amarillento y aspecto cereo a su cutis. Cuando hablo, lo hizo con voz ronca:

¡Mi señor!

La varita, Lucius. Quiero tu varita.

Yo...

Malfoy miro de soslayo a su esposa. Ella, casi tan pálida como él y con una larga melena rubia que le llegaba hasta la cintura…

—¡Oh, no! —se lamentó Sirius.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó su mejor amigo.

—Es Narcisa, al final se casa con ese bastardo.

miraba al frente, pero por debajo de la mesa sus delgados dedos ciñeron ligeramente la muñeca de su esposo. A esa señal, Malfoy metió una mano bajo la túnica, saco su varita magica y se la entrego a Voldemort, que la sostuvo ante sus rojos ojos para examinarla con detenimiento.

Dime, Lucius, ¿de qué es?

De olmo, mi señor —susurro Malfoy.

¿Y el nucleo central?

De dragón, mi senor. De fibras de corazón de dragon.

¡Fantastico! —exclamo Voldemort. Saco su varita y comparó la longitud de ambas.

Lucius Malfoy hizo un fugaz movimiento involuntario con el que dio la impresión de que esperaba recibir la varita de su amo a cambio de la suya. A Voldemort no le paso por alto; abrió los ojos con malévola desmesura y cuestiono:

¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita, precisamente?—Algunos rieron por lo bajo—. Te he regalado la libertad, Lucius. ¿Acaso no tienes suficiente con eso? Si... es cierto, me he fijado en que ultimamente ni tu ni tu familia pareceis felices....Tal vez os desagrada mi presencia en vuestra casa, Lucius?

—¿A quién le gustaría tener a ese engendro en su casa?

—A cualquier mortífafo, Flor de Lis.

—¡No me llames Flor de Lis!

¡No, mi senor! ¡En absoluto!

Mientes, Lucius...

La voz de Voldemort siguió emitiendo un suave silbido incluso después de que su cruel boca hubiera acabado de mover los labios. Pero el sonido fue intensificándose poco a poco, y uno o dos magos apenas lograron reprimir un escalofrio al notar que una criatura corpulenta se deslizaba por el suelo, bajo la mesa. Una enorme serpiente aparecio y trepo con lentitud por la silla de Voldemort; continuo subiendo (parecía interminable) y se le acomodo sobre los hombros. El cuello del reptil era tan grueso como el muslo de un hombre, y los ojos, cuyas pupilas semejaban dos rendijas verticales, miraban con fijeza, sin parpadear.

—Tan agraciada como su amo… —canturreó Sirius, haciendo que los presentes volteasen los ojos

El Señor Tenebroso la acaricio distraídamente con sus largos y delgados dedos, mientras observaba con persistencia a Lucius Malfoy.

¿Por que sera que los Malfoy se muestran tan descontentos con su suerte? ¿Acaso durante años no presumieron, precisamente, de desear mi regreso y mi ascenso al poder?

Por supuesto, mi senor —afirmo Lucius y, con mano temblorosa, se enjugo el sudor del labio superior—. Lo deseábamos... y lo deseamos.

La esposa de Malfoy, sentada a la izquierda de su marido, asintió con una extraña y rigida cabezada, pero evitando mirar a Voldemort o a la serpiente. Su hijo Draco,

—Oh, pobre chico… siguieron con la tradición de los nombres estúpidos.

—¿Qué tradición? —se interesó Lily.

—Poner nombres de estrellas o constelaciones.

—¡Qué interesante! Mi hermana y yo tenemos nombres de flores.

—¿De veras? —se rió Sirius— No me había dado cuenta, Flor de Lis.

—¡Oh, cállate!

que se hallaba a la derecha de su padre observando el cuerpo inerte que pendia sobre ellos, echó un vistazo fugaz a Voldemort y volvio a desviar la mirada, temeroso de establecer contacto visual con él.

—No me extraña… se estremeció Lily.

Mi señor —dijo con voz emocionada una mujer morena situada hacia la mitad de la mesa—, es un honor alojaros aquí, en la casa de nuestra familia. Nada podría complacernos más.

—¡Oh, demonios!

—¿Qué, qué? —preguntó ansiosa Lily, quien con cada interrupción de ese estilo se alteraba, pensando que algo malo ocurría.

—Es Bellatrix, mi prima.

La pelirroja arrugó la nariz.

—No me gusta… Estaba en los últimos años cuando nosotros empezamos y nunca perdía ocasión de atemorizarme. Era realmente espantosa.

James se envalentó y le pasó un brazo por los hombros. El contacto hizo que se sintiese en las nubes, pero no dio muestras de sus emociones por temor de agobiarla.

Se sentaba al lado de su hermana, pero su aspecto físico —cabello oscuro y ojos de parpados gruesos— era tan diferente del de aquella como su porte y su conducta: Narcisa adoptaba una actitud tensa e impasible, en tanto que Bellatrix se inclinaba hacia Voldemort, pues las palabras no le bastaban para expresar sus ansias de proximidad.

—¡Ugh, qué asco!

—≪Nada podria complacernos más —repitio Voldemort ladeando un poco la cabeza mientras la miraba—. Eso significa mucho viniendo de ti, Bellatrix.

La mujer se ruborizo y los ojos se le anegaron en lágrimas de gratitud.

—Buff —volvió a resoplar Sirius— ¿Soy yo el único al que esto le resulta denigrante?

Mi señor sabe que digo la pura verdad.

—≪Nada podria complacernos mas... .Ni siquiera lo compararías con el feliz acontecimiento que, según tengo entendido, se ha producido esta semana en el seno de tu familia?

—¿Qué acontecimiento? Su familia es mi familia, así que eso me incumbe.

—¡Igual te has casado, Canuto!

Sirius miró a su amigo con horror.

—¡No digas eso, que trae mal fario!

Remus y Lily soltaron una risita.

Bellatrix lo miro con los labios entreabiertos y evidente desconcierto.

No sé a qué os referís, mi señor.

Me refiero a tu sobrina, Bellatrix. Y también vuestra, Lucius y Narcisa. Acaba de casarse con…

Lily se detuvo y contuvo una carcajada.

—¡Oh, por Merlín!

—¿Qué, qué pasa? —ahora el ansioso era Sirius— ¿Con quién acaba de casarse?

—¡¿Yo tenía razón?! —exclamó, eufórico, James.

—No…

Lily miró de soslayo a Remus y no pudo contener una sonrisa radiante. James, impaciente, le quitó el libro de las manos a la pelirroja y abrió los ojos como platos al terminar de leer la frase. Miró después a Lily y ambos intercambiaron sonrisas.

—¿QUÉ PASA? —gritó Sirius.

—¿Cuántas sobrinas tienen Bellatrix y Narcissa?

—Una de momento, ¿por qué?

—¿Nimphadora? ¿La niña de tu prima Andrómeda?

—¡No me digas que me he casado con Dora! ¡Merlín, somos primos!

—No hemos dicho que seas tú...

—¡Y además tiene cinco años!

—No tendrá cinco años para siempre… —canturreó Lily.

—Oh, genial, estupendo… —refunfuñó Sirius— ¿Quién es el depravado que se ha casado con mi niña?

Lily miró a James, se sonrieron de nuevo, y continuó la lectura.

Acaba de casarse con Remus Lupin,

—¿QUÉ?

—¿CÓMO?

Remus adquirió el tono encarnado de las paredes de la Sala Común y Sirius empalideció hasta parecer algo enfermo. James y Lily estallaron en risas ante la imagen de los dos amigos.

—¿TE HAS CASADO CON MI SOBRINA?

—¡No…!

—¡ESO NO ES LO QUE DICE EL LIBRO!

—¡Pero todavía no lo he hecho!

—¿En qué estabas pensando, Remus? ¡Tiene cinco años!

—Yo…yo… no lo sé.

—Oh, por el amor de Dios, Black —les interrumpió Lily, enjuagándose las lágrimas causadas por la risa—, la niña tiene cinco años ahora, tendrá más de veinte cuando se case con Remus.

—Ah… bueno, sí, es cierto —Sirius lo meditó un poco y, cuando se convenció de que su adorada prima dejaría de ser niña en algún momento dado, curvó los labios en una de sus más amplias sonrisas— ¡Ahora somos familia, Lunático!

—No… no me voy a casar con tu prima —susurró Remus, aún demasiado avergonzado como para alzar la voz.

—¡Claro que lo harás! El libro lo dice. Y, además, ¿quién mejor que tú para ella?

—¡Ey! —protestó James— ¿Qué pasa conmigo?

—¿No se supone que tú te quieres casar conmigo? —le espetó Lily, cruzando los brazos por delante del pecho.

—Sí… bueno, claro —tartamudeó James, demasiado impresionado por culpa de las palabras de la pelirroja— Por supuesto que quiero casarme contigo, ¡pero Sirius es mi amigo! Debería haber pensado en mí en primer lugar para su sobrina.

—¡De eso nada, Cornamenta! Tú estás demasiado enchochado con la pelirroja —volvió a sonreír— Remus es perfecto.

—No, yo no debería casarme. No soy bueno para nadie.

—¿Qué estás diciendo, Remus? —preguntó Lily— Eres una persona maravillosa.

—¡Escucha a Evans, Lunático!

—Pero, ya sabéis… no soy seguro. ¿Recordáis "mi pequeño problema peludo"?

—¿De qué hablas? —volvió a preguntar Lily.

—De tonterías —la cortó Sirius—. Sigue leyendo.

Acaba de casarse con Remus Lupin, el hombre lobo.

Lili dejó de leer de nuevo. Alzó los ojos verdes y miró directamente a su compañero. Aparte de la vergüenza que le quedaba por la noticia anterior, ahora también parecía temeroso.

—¿Así que es cierto? Eres un hombre lobo —afirmó más que preguntó.

—¿Lo sabías? —Remus abrió los ojos como platos.

—Bueno, lo intuía. Después de años haciendo las rondas de prefectos juntos, ¿creías que no me daría cuenta de cuáles eran las noches que faltabas? Y no sólo eso… vuestros comentarios, tu aspecto después de la luna llena, tu…

—¿Desde hace cuanto que lo intuyes? —la interrumpió.

—Desde el curso pasado.

—¿Y por qué nunca me preguntaste?

Lily se encogió de hombros.

—No quería incomodarte…

—¿No querías incomodarme? —repitió perplejo— ¿Es que no me tenías miedo o algo así?

—¡No! ¿Por qué iba a tener miedo de ti?

—¿Porque soy un hombre lobo, por ejemplo?

—Los hombres lobo solo sois peligrosos las noches de Luna Llena y, sinceramente, no voy a ser tan estúpida como para corretear contigo cuando eso ocurre.

Sirius y James, quienes habían estado observando la conversación entre la pelirroja y el licántropo como si de un partido de tenis se tratase, abrieron los ojos horrorizados. La miraron inmóviles durante un rato y rompieron en una carcajada forzada, tan poco natural que Lily supo al instante que algo se traían entre manos.

—¿A qué vienen las risas?

—A nada —se apresuró a decir James.

—A que nadie es tan estúpido como para corretear con Remus en las Lunas Llenas —contestó Sirius al mismo tiempo—. Peligroso… muy peligroso.

Lily le miró con ojos entornados y le bastaron dos segundos para atar cabos.

—¡Por las barbas de Merlín! ¡Vosotros os escapáis con él!

—¡No!

—¿Con quién? ¿Escaparnos a dónde?

—¡No os hagáis los idiotas ahora! —les amenazó, señalándolos con el dedo índice— ¿No sabéis lo peligroso que puede ser eso? ¡Podríais resultar heridos!

—¿Te preocupas por nosotros, Evans? —le preguntó Sirius, guiñando un ojo en un gesto coqueto.

—¡No bromees con esto!

El joven animago sacudió una mano, restándole importancia a las preocupaciones de la pelirroja.

—No te preocupes, no es peligroso para nosotros.

Ella frunció el ceño confusa.

—¿Qué?

—Lo siento, pero no puedo decirte más.

Lily bufó con molestia y giró su cuerpo hacia James. Él le daría las respuestas que necesitaba.

—Oh… Lily, lo siento, pero no puedo hablar de ello, lo prometí.

—Y a mí me has prometido amor eterno al menos un centenar de veces —volvió a entornar los ojos— ¡Desembucha!

—¡No le digas nada, Cornamenta! —se adelantó Sirius antes de que él flaquease— Se pondrá hecha una fiera… —Lily reaccionó ante ese comentario y se giró hacia el animago con la furia brillando en sus ojos. Sirius se encogió en su asiento y le lanzó a James una mirada de reproche —¿Ves lo que te digo?

—Haremos una cosa —solucionó James—, nos lo apostaremos. Si gano yo, le cuento todo a Lily, pero si pierdo, se lo tendrás que contar tú.

—¡Sé serio, James! —gruñó Sirius. Remus se rió por lo bajo y él le miró mal. Claro, para el licántropo todo era muy divertido ahora que su verdad se sabía. Sirius no quería ni imaginarse los gritos de la pelirroja cuando descubriese que estaba rodeada de animagos ilegales.

—Está bien, está bien —suspiró su amigo— Si yo gano, se lo contamos. Si tú ganas, mantendremos la boca cerrada.

—Eso si yo no os lo saco a la fuerza —murmuró la joven.

Sirius ignoró por completo su comentario.

—¿Y con qué quieres apostar?

—¿Sigues pensando que Harry no es mi hijo?

Sirius frunció el ceño. El chiquillo tenía que estar emparentado con James, no había más Potter en el mundo mágico, y la verdad es que todo apuntaba a que era su hijo, pero él era demasiado cabezota como para dar su brazo a torcer a estas alturas, de modo que asintió a la pregunta de su amigo.

—Pues si resulta que te equivocas, cosa que tengo por seguro, y Harry sí que es mi hijo, le contaré todo a Lily.

—No.

—No crees que yo sea el padre.

—Pero reconozco que tú tienes más posibilidades de acertar en esto.

James meditó durante un rato. Se pellizcó la barbilla y se revolvió el pelo con la otra mano. Cuando llego a una conclusión que pareció satisfacerle, sonrió con entusiasmo.

—Harry es hijo de Lily también.

—¿Qué? —espetó la pelirroja.

—¿Te has vuelto loco, verdad?

Incluso Remus le miró como si realmente pensase que había perdido la cabeza. James volteó los ojos, era estupendo ver la confianza que tenían sus amigos en él.

—¿Sabes que es una apuesta suicida? —preguntó Sirius con cierto recochineo— Vas a perderla.

—Uff, eso duele, amigo —recalcó con acritud—. Creí que estabas de mi parte en el asunto de Lily.

—Bueno, yo te apoyo, ya lo sabes, pero de ahí a que te cases con Evans…

—¿Os importaría dejar de hablar de mí como si yo no estuviese presente? —protestó la joven, pero nadie la hizo caso.

—Sé que Harry es mi hijo, es algo que siento dentro, y también sé que yo no tendré hijos jamás con nadie que no sea ella, así que ya ves, las posibilidades de que sea el hijo de ambos son muy elevadas.

—Estás loco, Cornamenta.

—Completamente… —murmuró Lily, mirando hacia James con una expresión indescifrable.

—¿Podemos seguir leyendo? —les interrumpió Remus— Estaban hablando de MI BODA y me apetece saber más al respecto.

Sirius le sonrió.

—¿Así que ya has asumido que te casas con una cría de cinco años?

—¡Cállate!

Lily rió y retomó la lectura.

Debéis de estar muy orgullosos.

Hubo un estallido de risas burlonas. Los seguidores de Voldemort intercambiaron miradas de júbilo y algunos incluso golpearon la mesa con el puno. La enorme serpiente, molesta por tanto alboroto, abrió las fauces y silbo, furiosa; pero los mortifagos no la oyeron, porque se regocijaban con la humillacion de Bellatrix y los Malfoy. El rostro de Bellatrix, que hasta ese momento habia mostrado un leve rubor de felicidad, se cubrió de feas manchas rojas.

!No es nuestra sobrina, mi señor! —grito para hacerse oír por encima de las risas—. Nosotras, Narcisa y yo, no hemos vuelto a mirar a nuestra hermana desde que se caso con el sangre sucia. Esa mocosa no tiene nada que ver con nosotras, ni tampoco la bestia con que se ha casado.

—¡Y gracias a Merlín por eso! —gritó Sirius— ¡Dora y Remus valen por 100 de vosotras!

¿Que dices tú, Draco? —pregunto Voldemort, y aunque no subió la voz, se le oyó con claridad a pesar de las burlas y los abucheos—. ¿Te ocuparas de los cachorritos?

La hilaridad iba en aumento. Aterrado, Draco Malfoy miro a su padre, que tenia la mirada clavada en el regazo, y luego busco la de su madre.

—Oh, pobre chico —se interrumpió Lily.

Sirius la miró escéptico.

—¿Pobre chico? —escupió— ¡Seguramente él también tenga la marca tatuada en el brazo, Evans! ¿Por qué, si no, le iban a dejar formar parte en una reunión de mortífagos presidida por el propio Voldemort?

—Pero no ha tenido elección. Sus padres son mortífagos, ha vivido toda su vida escuchando hablar sobre la pureza de sangre y…

—¡También yo! Ya has visto a mis primas… no creo que necesites imaginar demasiado para saber cómo era mi madre. Yo hice mis elecciones, tomé el camino correcto, y ese chicho, Draco, habiendo vivido en un ambiente similar al mío, hizo las suyas, el camino fácil.

—Ya, Sirius, pero es que no todos tienen la valentía Gryffindor que tienes tú.

Se quedaron los tres muchachos asombrados y clavaron sus ojos en la pelirroja. ¿Acababa de decir algo a favor de Sirius? ¿Del mismo Sirius del que llevaba renegando más de seis años?

—¿Me has llamado por mi nombre? —preguntó atónito.

—Supongo…

—¿Y me has dedicado un cumplido?

—Creo que sí… —reconoció, sonriendo.

—¡Vaya! Sí que te ablandan a ti las Navidades.

—Ey, ey, Evans… Lily —dijo entonces James, revolviéndose el pelo en un gesto nervioso.

—¿Sí, James?

—¿Quieres salir conmigo?

Sirius se carcajeo, Remus volteó los ojos y Lily le miró intentando averiguar si hablaba en serio o si, por una vez, bromeaba con el tema de las citas. Sonrió de medio lado sin poder evitarlo.

—No, Potter.

Él chasqueó la lengua —Tenía que intentarlo…

Ella negó con la cabeza de manera casi imperceptible y siguió contemplando de forma inexpresiva la pared que tenía enfrente.

!Basta! —exclamo Voldemort acariciando a la enojada serpiente—. !Basta, he dicho! —Las risas se apagaron al instante—. Muchos de los más antiguos arboles genealógicos enferman un poco con el tiempo

—¡Ellos son los enfermos! —se enervó James.

añadió mientras Bellatrix lo miraba implorante y ansiosa—. Vosotros tenéis que podar el vuestro para que siga sano, cortar esas partes que amenazan la salud de las demás, ¿entendido?

—¿Está insinuando acabar Remus y con su esposa? —preguntó Lily horrorizada.

Remus se atragantó ante la palabra esposa y comenzó a toser violentamente. James se rió y le golpeó en la espalda.

—¿Acaso te sorprende? —intervino Sirius en respuesta de Lily—. Después de los muggles y de los nacidos de muggles, los traidores a la sangre son los siguientes en su lista.

Sí, mi señor —susurro Bellatrix, y los ojos volvieron a anegarsele en lagrimas de gratitud— ¡En la primera ocasion!

La tendras —aseguro el Senor Tenebroso—. Y lo mismo haremos con las restantes familias: cortaremos el cáncer que nos infecta hasta que solo quedemos los de sangre verdadera...

Acto seguido, levanto la varita mágica de Lucius Malfoy y, apuntando a la figura que giraba lentamente sobre la mesa, le dio una leve sacudida. Entonces la figura cobro vida, emitio un quejido y forcejeo como si intentara librarse de unas invisibles ataduras.

¿Reconoces a nuestra invitada, Severus? —pregunto Voldemort.

Snape dirigió la vista hacia la cautiva colgada cabeza abajo. Los demás mortifagos lo imitaron, como si les hubieran dado permiso para expresar curiosidad. Cuando la mujer quedo de cara a la chimenea, grito con una voz cascada por el terror:

!Severus! !Ayudame!

—¡Oh, Dios mío! —gritó Lily— ¡Severus la conoce!

—Pero eso no significa que vaya a ayudarla —le recordó Sirius.

James le lanzó una mirada envenenada. Lo último que querría hacer era defender a Snape, pero no quería que Lily lo pasase peor por culpa de ese maldito grasiento.

—Voldemort lo mataría si hiciese siquiera el amago.

!Ah, si! —replico Snape mientras la prisionera seguía girando despacio.

¿Y tu, Draco, sabes quien es? —inquirió Voldemort, acariciandole el morro a la serpiente con la mano libre.

Draco negó enérgicamente con la cabeza. Ahora que la mujer habia despertado, el joven se sentía incapaz de seguir mirandola—. Claro, tu no asistías a sus clases. Para los que no lo sepais, os comunico que esta noche nos acompaña Charity Burbage

—¡La profesora Burbage! —gritó sorprendido Remus.

—¿La profesora de estudios muggles? —preguntó James.

—Es genial… una de las pocas maestras con sentido del humor —añadió Sirius.

Lily le miró curiosa.

—¿Cursas estudios muggles?

—Me pareció una buena forma de fastidiar a mi querida madre.

—Y además le encantan los muggles —dijo James, sonriendo divertido—, sobretodo las chicas muggles en bikini y las motocicletas.

, quien hasta hace poco ensenaba en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Se oyeron murmullos de comprensión. Una mujer encorvada y corpulenta, de dientes puntiagudos, solto una risa socarrona y comento:

Si, la profesora Burbage ensenaba a los hijos de los magos y las brujas todo sobre los muggles, y les explicaba que estos no son tan diferentes de nosotros...

—¡No lo son! —exclamó Lily con vehemencia.

Un mortifago escupió en el suelo. Charity Burbage volvió a quedar de cara a Snape.

Severus, por favor... por favor...

Silencio —ordeno Voldemort, y volvió a agitar la varita de Malfoy. Charity callo de golpe, como si la hubieran amordazado—. No satisfecha con corromper y contaminar las mentes de los hijos de los magos, la semana pasada la profesora Burbage escribió una apasionada defensa de los sangre sucia en El Profeta. Según ella, los magos debemos aceptar a esos ladrones de nuestro conocimiento y nuestra magia, y sostiene que la progresiva desaparición de los sangre limpia es una circunstancia deseable. Si por ella fuera, nos emparejaríamos todos con muggles o, ¿por qué no?, con hombres lobo.

Sirius gruñó ante esto y Remus le posó una mano tranquilizadora en el hombro. Le gustaba que sus amigos le defendiesen de forma tan noble, pero a veces temía que por su lealtad terminasen cometiendo algún tipo de estupidez.

Esa vez nadie rio: la rabia y el desprecio de la voz de Voldemort imponían silencio. Por tercera vez, Charity Burbage volvió a quedar de cara a Snape, mientras las lagrimas se le escurrían entre los cabellos. Snape la miro de nuevo, impertérrito,

A Lily se le quebró la voz y no pudo seguir leyendo. El mundo del futuro era demasiado horrible para ella.

James agarró el libro y continuó en su lugar.

mientras ella giraba.

¡Avada Kedavra!

—¡Ahh! —jadeó la pelirroja. Escondió la cara en el hombro de James, el que tenía más cercano, y sin preocuparse por nada, se aferró a él.

Un destello de luz verde ilumino hasta el último rincón de la sala y Charity se derrumbo con resonante estrepito sobre la mesa, que tembló y crujió. Algunos mortífagos se echaron hacia atrás en los asientos y Draco se cayó de la silla.

A cenar, Nagini —dijo Voldemort en voz baja.

La gran serpiente se meció un poco y, abandonando su posición sobre los hombros del Señor Tenebroso, se deslizo hasta la pulida superficie de madera.

—Con esto se acaba el capítulo.

—Es horrible… —susurró Lily— Si todos los capítulos son tan oscuros como este, no sé si me gustará seguir leyendo.

—¿Quieres que lo dejemos? —le preguntó James.

Le miró a los ojos y vio en ellos las ganas que tenía el joven de saber acerca del que podría ser su futuro hijo. Lily se sorprendió de descubrir las mismas ganas en ella misma. Suspiró y negó con la cabeza, debían seguir leyendo.

—Quizás mejore a partir de ahora.

—Me conformo con que en el siguiente capítulo no muera nadie —murmuró ella.

—Yo no apostaría por eso… —contestó James, sombrío— El título es "In Memorian".