¡Buenas!

Lo sé, muy, muy tarde llego con esta conti, pero como prometí que hoy sí o sí estaría, aquí está.

Espero que les guste, trataré de actualizar más pronto ya que se me pase el bloqueo mental.

Y ¡Muchas gracias por todos sus post! Me animan muchísimo a continuar ^^

Capitulo 10: Hazme olvidar

Eso era todo lo que había frente a sus ojos, un cuarto cerrado. Sabía que él la había lastimado, trató de convencerse de que lo mejor era seguir con su venganza, pero por más que lo había deseado por años, eso no lo hizo sentir mejor, al contrario, se sentía la peor persona del mundo, se sentía como un maldito miserable que había destruido la única oportunidad que tenía de estar junto a ella.

Pero ya era tarde, ya sólo le quedaba un camino para terminar para siempre con ese sufrimiento de amar a la hija de ese asesino, porque amarla era el peor error de su vida, por eso no le quedaba más que olvidar.

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Hinata no podía parar de llorar. No sabía como había obtenido las fuerzas para hablarle así a Naruto, pero lo había hecho y ahora no podía simplemente retractarse por más que lo deseara con todas sus fuerzas, porque era una tonta que seguía amando a alguien que sólo le hacía daño.

Se secó las lágrimas rápidamente, pues había jurado no llorar más por él, pero ellas sólo insistían en salir, persistían en esparcirse por su rostro sin poder ser contenidas por esos ojos aperlados que no demostraban otra cosa que no fuera dolor y tristeza.

-¿Mami? – Escuchó la voz de su pequeña hija. Hinata se percató entonces de que estaba en la habitación de la niña y ésta la miraba con preocupación - ¿Por qué mami está llorando? Hime-chan quiere saber.

-No es nada Hime-chan – Respondió Hinata volviéndose a secar las lágrimas, para sonreír dulcemente a su pequeña - ¿Cómo te sientes amor?

-Hime-chan se quiere ir a casa y abrazar a mami – Dijo la niña haciendo un puchero. Hinata sonrió y se acercó a su hija, abrazándola muy fuerte.

-Mami ya está aquí, no tienes por que ir a abrazarme a otra parte – Le susurró muy despacio, pues aún se sentía mal por lo ocurrido con Naruto, aún le dolía demasiado lo que él le había hecho. Ahora sí estaba segura de que el amor de Naruto nunca había sido para ella, que desde el mismo instante en que fueron separados jamás volverían a estar juntos por más que lo deseara con todas sus fuerzas, porque aunque ella había hecho todo por tratar de explicarle, incluso se había vuelto a entregar a él con la intención de que se diera cuenta por medio de sus caricias y sus besos que ella lo seguía amando, aún así Naruto había roto su corazón en pequeños pedacitos.

Era increíble que aún lo siguiera amando con cada uno de ellos.

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-Oh por Dios… ¿Qué debo hacer ahora? – Pensaba Matsuri sorprendida, pues aún Gaara no la soltaba y ella tampoco tenía ánimos de detener aquel beso. Sentir esos labios sobre los suyos era una sensación tan increíble, mucho mejor de lo que apenas había logrado sentir la noche anterior. Y para Gaara era igual de mágico, puesto que nunca había sentido esa necesidad de no separarse de una mujer, de sólo besarla hasta desfallecer.

Yo no quería quererte

Y no lo pude evitar

Se dieron cuenta de que les faltaba el aire y ahí se tuvieron que separar, pero sus vistas no se apartaron por varios segundos.

Todo eso que estaba sintiendo le era completamente desconocido, él sólo besaba a las mujeres y se acostaba con ellas sin sentir nada, pero ahora sólo la había besado y sentía que no podía quitársela de la cabeza. Se suponía que ya no le pasaban estas cosas, él mismo se había prometido que nadie le haría sentir nada otra vez, para no volver a salir herido.

Creí poder defenderme

Pero a mi corazón

No lo puedes atar

-¿Qué es esta sensación? ¿Por qué la besé? – Pensaba Gaara confundido, pues ni siquiera sabía que iba a hacer ahora, que iba a decirle para excusarse por lo que había hecho, sólo podía mirarla a los ojos, sintiendo que se perdía en aquella oscuridad. De pronto su corazón se había agitado de forma violenta y le sorprendía aquella calidez en su pecho.

-G-Gaara yo… - Matsuri trató de decir algo, aunque no sabía ni que. Sólo quería aclarar esta extraña situación, pues estaba aún muy sorprendida y su rostro se comenzaba a sentir caliente por lo roja que se estaba poniendo.

El pelirrojo por fin la soltó y se alejó de ella, dándole la espalda. Se llevó una mano a la cabeza, tratando de pensar una vez más en que decir, pero era imposible, su cerebro no estaba procesando nada, no podía pensar en nada que no fuera en volver a besarla, pues realmente le había gustado esa dulce sensación que ella le produjo.

Simplemente se dio la vuelta y volvió a besarla, pero esta vez había sido de forma lenta y pausada, sólo que aquel beso no logró concretarse como el anterior.

Y yo no sé mi amor qué hago buscándote

Si te gano pierdo libertad

Y yo no sé mi amor qué hago besándote

Si yo no me quiero enamorar

Justo mientras se besaban alguien golpeó la puerta de la oficina y entró sin esperar respuesta. Ambos se separaron rápidamente y él le volvió a dar la espalda a ella. La chica vio a Shikamaru, quien venía con un par de carpetas a revisarlas junto a Gaara, pero se sorprendió un poco al notar el tenso ambiente.

-¿Pasa algo malo? – Preguntó intrigado, pero Matsuri sólo negó con la cabeza.

-N-no, yo ya me iba – Dijo antes de salir corriendo de la oficina. Shikamaru frunció el ceño al notar que su amiga se cubría la boca, intuyendo de inmediato que seguro Gaara se había intentado aprovechar de ella y la había besado. Miró a Gaara para pedirle una explicación, pero éste sólo carraspeó un poco y puso su expresión seria.

-¿Y que pasó Shikamaru? – Preguntó como si nada. Shikamaru suspiró, era inútil decirle algo, mejor lo iba a dejar pasar por esta vez.

-Íbamos a revisar los presupuestos para presentarlos al nuevo, es decir a Naruto Uzumaki – Respondió el Nara. Gaara sólo asintió y trató de olvidar aquel extrañísimo incidente.

Mientras, afuera de la oficina, Matsuri se había sentado en su escritorio y se encontraba muy sonrojada y agitada. No podía creer lo que había sentido cuando él la había besado, porque además de hacerlo increíblemente, su corazón se había acelerado tanto que por un momento creyó que le iba a explotar.

-Tengo que calmarme, esto no me puede pasar a mí, Shikamaru me lo advirtió, él sólo… sólo quiere acostarse conmigo y después me dejará… - Se dijo a sí misma, pero no sabía por que las últimas palabras le hacían sentir un poco mal, como un vacío en su corazón, una opresión, que dolía ligeramente.

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Y ahí estaban ellos dos, viéndose fijamente a los ojos como si no hubiera un mañana, como si de pronto hubiesen olvidado todo el odio que se tenían.

Neji no podía dejar de pensar una y otra vez en esa tonta idea que le había dado su amigo ¿De verdad sería una buena venganza para hacerle pagar por todas sus humillaciones?

-Neji… suéltame – Pidió Tenten con un tono de voz muy bajo, ya que de alguna forma sentía que no podía hablar al estar tan cerca de él. Maldecía a ese estúpido ascensor que se quedó atascado justamente cuando ellos estaban en él ¿Por qué no lo hacía con otras personas pero sí con ellos? Quería salir de ahí, sentía que se estaba sofocando.

Átame,

Y no me sueltes todavía.

Átame,

Que con tus sueños siento conexión

-Sí, disculpa – Dijo el castaño soltándola de inmediato. Ambos se dieron la espalda y comenzaron a mirar en todas direcciones, esperando a que el ascensor volviera a funcionar, pero sentían que cada segundo era más largo que el anterior y al parecer se iban a quedar ahí para siempre.

-Maldita sea ¿Por qué me pasan estas cosas a mí? – Se quejó la chica dándole una patada al suelo. Neji se volteó y la miró con una sonrisa, por alguna razón se había estado sintiendo incómodo pero al oírla reclamar así fue como si ese tenso momento hubiera pasado.

-¿De que te quejas? Al menos sólo somos dos atrapados y no estamos con más gente.

-Sí, pero lo peor es haberme quedado atrapada aquí contigo ¿No crees que eso es peor que estar con una horda enfurecida? – Reclamó la castaña. Neji volvió a reír.

-Yo creo que tú enfadada das más miedo que una horda enfurecida y además con antorchas en las manos – Dijo comenzando a reír muy alto y sin poder detenerse. De pronto su comentario le había causado una risa imparable y eso sólo hacía que Tenten se enfadara más.

Quiso darle un puñetazo al idiota de Neji, pero en ese momento el tacón de su zapato se rompió y cayó sobre el castaño otra vez, pero esta vez ambos cayeron al piso, ella sobre él.

Átame,

Soy parte de tu anatomía

Tan solo sálvame amor

Que hoy no respondo por mí

-Auch, idiota hiciste que me golpeara en la cabeza – Se quejó el Hyûga sobándose la cabeza en donde se había golpeado. La chica sólo le miró con burla mientras traba de acomodar sus manos para poder pararse.

-Eso te pasa por joderme, y el único idiota eres tú, aunque creo que ahora quedarás peor – Dijo Tenten. Finalmente logró apoyarse y cuando se dispuso a ponerse de pie, sintió como la mano del castaño se apoyaba sobre su cintura.

Átame,

Mi corazón que se acelera.

Átame,

Quedó en tu boca mi respiración

-No te vayas… - Le susurró Neji en la comisura de los labios. De pronto no deseaba que ella se alejara, el tenerla tan cerca le estaba enloqueciendo aunque no quisiera admitirlo.

-¿Qué crees que haces idiota? – Cuestionó Tenten, quien sentía que de pronto su corazón se agitaba violentamente dentro de su pecho, al tener tan cerca el aliento de Neji.

Su rostro se sonrojó mientras se agitaba su respiración, cerrando lentamente sus ojos.

Átame,

Sin límite, sin fronteras,

Que ya no puedo vivir.

Estoy tan loco por ti

-No entiendo esto ¿Qué demonios hace ella conmigo? – Pensaba Neji confundido. Pudo notar como ella se recargaba un poco más sobre él, mientras que él tomaba con más fuerza su cintura, mientras que con su otra mano acariciaba su mejilla.

-¿Por qué…? A pesar de que él no hace más que burlarse de mí ¿Por qué demonios no puedo dejar de sentir esto cada vez que lo veo? – Pensó Tenten, sintiendo como la mano de Neji acariciaba su mejilla y la otra la sostenía fuertemente. Sus labios se acercaron un poco más en medio de aquella oscuridad y ese silencio.

Átame a tu corazón

Cómo el poeta se ata a su locura

Cómo las nubes se atan en el cielo,

Ata mis manos a tu cintura

Y en ese momento la distancia fue nula, había desaparecido por completo. Sus labios se habían unido y se comenzaban a mover lentamente. Ninguno de los dos podía creer lo que estaba sucediendo, porque jamás pensaron que todo ese odio que decían tenerse se les hubiera olvidado con un simple beso.

Por eso átame como tú quieras,

Con tu deseo, tus tentaciones.

Cómo los sueños se atan a la noche

Cómo las noches a las pasiones.

Por eso átame…

Y ninguno imaginó que desde ese momento estarían atados.

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Sasuke se encontraba revisando más papeles sobre su escritorio, ya estaba harto de ello, pero ni siquiera les ponía atención. No podía dejar de pensar en donde habría pasado la noche Hinata, no quería pensar en que ella había estado con otro, no lo soportaría.

Suspiró y dejó los papeles sobre el escritorio. Se levantó y salió de su oficina para ir hacia el baño y mojarse el rostro un poco frente al espejo.

-Tengo que calmarme, tengo que dejar esta maldita obsesión por ella… - Trató de convencerse de aquello, pero era realmente difícil no pensar en eso, no sentirse dolido cada vez que pensaba en que había estado seis años casado con una mujer que no sentía nada más que lástima por él, eso era todo. Hinata sólo estaba a su lado por compromiso, por su hija, por nada más.

A veces trataba de que estando con Karin o con alguna otra mujer se le olvidara lo que sentía por su esposa, pero era imposible, de verdad la quería, de verdad la amaba.

¿Qué debía hacer para que ella se diera cuenta de que a su lado podría ser feliz? Que él podría hacerle olvidar a ese hombre que nunca había salido de su corazón, sólo si ella se lo permitía, pero no, ella seguía aferrada a ese recuerdo, atada a ese sentimiento que jamás iba a poder vivir plenamente, porque ese amor que ella sentía jamás se iba a realizar, en cambio él estaba a su lado, él le ofrecía todo a manos llenas pero ella no quería tomarlo.

¿Estaba bien acaso mantenerla a su lado aún sabiendo que ella no lo amaba? Sabía que no ¿Pero que más podía hacer?

-Maldita sea… - Susurró empuñando sus manos. Se sentía molesto otra vez - ¿Por qué no me quieres Hinata…? – Susurró.

Desde la puerta cierta pelirroja le observaba con tristeza, ya que ella sentía lo mismo que él, por más que trataba de que él la quisiera él sólo tenía ojos para su esposa y ella sólo era su entretención.

¿Por qué los humanos siempre se atan a imposibles?

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-¿Pero por que le dijiste que sí cuando era yo quien quería contestar?

Hanabi cerró la puerta de su casillero haciendo que su amiga Moegi diera un salto algo asustada. La ojiperla la miró con el ceño fruncido, pues no sabía por que pero se sentía de mal humor.

-A ti te gusta el idiota de Konohamaru ¿No es verdad? Entonces no te quejes, él te ha invitado a salir – Dijo la joven mientras tomaba sus libros entre sus manos. Su amiga le miró y bajó la mirada sonrojada, mientras jugaba con sus dedos.

-Bueno, s-si… - Respondió avergonzada – Pero igual ¿No crees que ha sido extraño? Antes ni siquiera se sabia mi nombre ¿Y ahora me invita a salir? ¿No te parece extraño si apenas hasta ayer estaba perdidamente enamorado de ti?

-¿Qué tratas de insinuar? – Cuestionó Hanabi soltando un suspiro. Puso ambas manos sobre los hombros de Moegi y la miró severamente – Escucha, aprovecha este momento y no seas idiota ¿Me oyes?

-S-si – Asintió la chica de cabello anaranjado volviendo a sonrojarse.

Hanabi le sonrió y se alejó de ella de forma triunfal, pero mientras más pasos daba más extraña se sentía. Hoy Konohamaru se había comportado de una forma muy extraña, primero le había ignorado y luego había invitado a salir a su amiga ¿Qué estaba pasando?

En otras circunstancias no le habría importado, pero por más que trataba no dejaba de pensar en que algo le faltaba, pues se había acostumbrado a toda la atención que le ponía ese molesto chico y ahora que no lo tenía encima era muy extraño.

Por su parte, Konohamaru reía junto a su amigo Udon, mientras veía a Hanabi alejándose.

-Yo no sé Udon, Hanabi-chan hasta se puso contenta cuando invité a Moegi a una cita – Dijo Konohamaru mientras suspiraba resignado, más su amigo sólo le miró sonriendo.

-No te preocupes, pronto se dará cuenta de lo que perdió.

-De verdad… ¿Cómo demonios sabe tanto de mujeres? – Pensó el pelinegro mientras arqueaba una ceja viendo a su amigo.

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Después de salir de la oficina de Gaara Shikamaru se dirigía hacia la oficina de Naruto para entregar los nuevos presupuestos, pero antes de llegar notó que algunos técnicos estaban tratando de arreglar el ascensor que al perecer se había descompuesto.

-Problemático… - Pensó con fastidio. Siguió caminando, llegando hasta la oficina que era su objetivo, pero antes de golpear la puerta escuchó unas voces, y no era que a él le gusta oír tras las puertas, sólo que justo en ese momento había sido una casualidad.

-No lo sé Naruto – Dijo Sai mientras se levantaba de su silla – Sólo conseguí que se reabriera el caso de tu padre y el de mi hermano, pero aún no tenemos nada, hay que buscar más pistas o no sacamos nada con todo esto.

-Ya sé ¿Pero que quieres que haga? He estado muy ocupado – Dijo el rubio, quien se notaba que estaba algo mal, como entristecido. Sai sabía perfectamente a que se debía y como entendía que necesitaba a Naruto al cien por ciento, tuvo que decir algo que a él no le agradaba para hacerlo reaccionar.

-No viniste a pasártela detrás de Hinata Hyûga todo el tiempo – Soltó de forma algo severa, ganando una mirada de sorpresa de parte del rubio, mientras Shikamaru tras la puerta se quedaba con la boca abierta ¿Qué tendría que ver Uzumaki con Hinata?

-Cállate Sai, tú no entiendes nada – Reclamó Naruto desviando la mirada, pero Sai tenía razón, no podía pasarse todo el tiempo llorando por Hinata, se suponía que había venido por algo más grande – De todos modos ¿Qué encontraste sobre lo de hace quince años?

-No mucho, al parecer es información clasificada – Respondió el pelinegro algo más calmado – Naruto, creo que eso vas a tener que buscarlo tú – Se metió las manos a los bolsillos – Bueno, yo iré a continuar con mi trabajo, nos vemos.

Al oír eso Shikamaru se alejó de la puerta rápidamente e hizo como que estaba hablando por teléfono. Sai le miró algo extrañado pues se veía muy nervioso, pero no le dio demasiada importancia a eso y siguió de largo. Shikamaru suspiró.

-¿Qué rayos se traen estos dos sujetos? Todo eso fue muy extraño… - Pensó muy confundido, pero trató de ignorar aquello, después de todo no creía que fuese algo malo. Se volvió a dirigir a la oficina y esta vez golpeó enseguida – No, no puedo dejar de pensar que ellos ocultan algo muy turbio – Volvió a pensar, pues no se quedó tranquilo con todo eso.

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Tenten miró a Neji de reojo mientras salían del ascensor. Por fin había sido reparado, había sido un desperfecto técnico y habían estado cerca de una hora ahí solos los dos.

Ninguno sabía que decir al respecto de lo que había pasado, pues ese beso les había gustado a ambos, pero aceptar algo como eso sería pisotear su orgullo.

-Sobre lo que pasó… - Neji fue el primero en hablar del tema, pero Tenten no lo miró en ningún momento, no se atrevía a hacerlo – Eso no fue más que un simple error.

-Si, lo sé – Apoyó la castaña fingiendo una sonrisa, pero seguía sin mirarlo – Tú y yo nos seguimos odiando y eso sólo fue… producto del estrés de estar ahí encerrados…

-Sí, eso mismo, sólo olvidémoslo y ya está – Dijo Neji antes de caminar hacia su oficina. Tenten lo vio alejarse y soltó un enorme suspiro.

-Sí como no, olvidarlo… idiota… - Susurró sintiéndose como una tonta. Nunca pensó que besar a Neji se sintiera tan bien.

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Hinata se dirigió a la oficina en completo silencio. Sólo quería sentarse ahí y quedarse sola, sin que nadie la molestara, y quería tratar de no llorar, pero al cruzar la puerta y cerrarla tras su espalda simplemente no pudo evitar derramar más lágrimas por todo el dolor que sentía, sólo que no se esperaba que alguien la recibiría.

-¿En donde pasaste la noche Hinata? – Preguntó con su mirada azabache clavada en los ojos claros de ella. Estaba molesto, furioso y pensando lo peor, que ella había estado con otro hombre –no se equivocaba-, que ella lo había engañado descaradamente después de jurarle que no podía estar con nadie por culpa de ese recuerdo tormentoso de su único amor. Mentiras.

-S-Sasuke… - Susurró Hinata sorprendida. Sasuke pudo ver sus lágrimas y le sorprendió, pero aún así no se quedaría callado, Hinata tenía que darle una muy buena explicación.

-Vamos Hinata, habla de una vez ¿Crees que soy un maldito idiota del que puedes reírte cuantas veces te plazca? Pues fíjate que no – Decía el Uchiha con clara molestia, tan enfadado que su tono de voz asustó un poco a Hinata, pero ella se sentía tan mal, tan estúpida, que no encontró nada mejor en ese momento que abrazarlo, dejándolo aún más sorprendido que antes cuando sólo la había visto llorar - ¿Qué sucede Hinata? ¿Qué te pasa…?

-Sasuke… por favor… - Susurró la ojiperla mientras escondía su rostro en el pecho del azabache sin poder contener sus lágrimas. Sus manos apretaban fuertemente la camisa azul de Sasuke, arrugándola y mojándola con su llanto – Por favor… hazme olvidar…

Sasuke no sabía que estaba pasando, no entendía por que su esposa se encontraba en ese estado, pero correspondió a su abrazo sin cuestionarse más, pues se veía que Hinata necesitaba un consuelo y no que la estuvieran interrogando.

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Naruto se dirigió a la bodega de los archivos de la empresa luego de que Shikamaru le pasara los presupuestos y lo dejara a solas en su oficina. Al llegar a la puerta miró para todos lados, verificando que nadie lo estuviera siguiendo y cuando vio que era segur, entró sigilosamente, sólo que no se dio cuenta que el Nara le estaba siguiendo y era mucho mejor para esconderse que él.

-¿Qué estará haciendo en este lugar? – Se preguntó Shikamaru intrigado, pues era muy extraño que llevando sólo unos días en la empresa se fuese a meter en los archivos, aquella vieja oficina que nadie usaba y que estaba al final del pasillo del último piso.

Naruto observó todo el lugar, estaba lleno de estantes viejos y libros aún más. Todo estaba oscuro y se respiraba un ambiente bastante pesado, como si sólo hubiese polvo en el aire. El rubio tosió un poco ya que no estaba acostumbrado a eso y luego de unos segundos volvió a mirar los estantes.

-No imaginé que nadie viniera a limpiar este lugar – Se dijo frunciendo el ceño, pero no perdió demasiado tiempo en eso pues enseguida se dirigió a los estantes a buscar la información que necesitaba.

Desde la puerta, Shikamaru le observaba con curiosidad ¿Qué estaría buscando?

-A ver… - Naruto se detuvo frente a un gran libro en donde decía que habían registros de todos los que habían trabajado ahí, lo tomó y más polvo salió directo hacia su rostro, pero después de toser un poco más abrió el libro y comenzó a ojear las páginas.

Era cierto, había un montón de fotos de los trabajadores, tanto empresarios importantes como gente que no lo había sido tanto. Pero se detuvo en una fotografía en particular, la imagen de él, de ese asesino.

Sintió deseos de arrancarlo de aquel libro y destruir aquella imagen, y destruir también al verdadero.

-Maldito… - Susurró con rabia, pero al bajar un poco más su mirada y ver el nombre de esa persona, grande fue su sorpresa al notar que no se trataba de Hiashi Hyûga, sino de otra persona. Sus ojos se abrieron mientras sus labios leían el nombre lentamente – Hizashi… Hyûga…

Por un momento una pesada sensación se vino sobre sus hombros; Hiashi Hyûga y Hizashi Hyûga eran exactamente iguales, eran como dos gotas de agua, parecían ser la misma persona a simple vista. Recordó aquella noche y que su padre en ningún momento le llamó "Hiashi" a su asesino, sino que siempre usó la palabra "Hyûga-san" ¿Qué quería decir todo esto? ¿Qué tal vez Hiashi Hyûga no era el asesino de su padre?

-N-no… no puede ser… - Dijo dejando caer el libro al suelo sin importarle el sonido estruendoso que hizo. En este momento sólo podía sentirse de una forma y eso era tremendamente confundido.

¿Y en donde se encontraba Hizashi Hyûga ahora?

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-Hizashi… - Susurró aquel hombre acercándose a esa tumba en silencio. Se agachó frente a ella y dejó sobre la lápida una rosa blanca.

Ahí estaba Hiashi mirando la tumba de su hermano gemelo, yendo a visitarlo como siempre hacía desde el día de su muerte. Había sido una muerte trágica, pero él era el único que conocía la verdad detrás de ella, era el único que sabía que su muerte no fue un accidente como le había dicho a su hijo para no hacerlo sufrir más de lo que ya había sufrido.

-Hermano, cometimos muchas locuras hace quince años ¿No es verdad? – Dijo mientras por primera vez su semblante serio y frío cambiaba por una leve sonrisa – Me pregunto si ahora que estás del otro lado te sentirás mejor…

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La tarde pasó rápidamente, llegando la noche acompañada del brillo de la luna y las estrellas.

Sakura acababa de salir del hospital habiendo terminado su turno. Estaba dispuesta a irse a su casa y descansar, pero cuando caminaba hacia la parada de taxis notó que su teléfono celular comenzaba a sonar.

-¿Bueno? – Preguntó sonriente, ya que hoy se sentía un poco más animada que en los últimos días.

-Sakura soy Ino, sólo te quería decir que no llegues muy temprano a la casa hoy porque invité a alguien ¡Te quiero, bye! – Y tan rápido como habló, Ino colgó, dejando a la pelirrosa sorprendida, con la boca abierta y con la sensación de que había sido prácticamente echada de su casa antes de siquiera haber podido llegar.

-¿Pero que le pasa a Ino? – Se preguntó desconcertada aún, pero fue entonces que reparó en las palabras dichas por su amiga - ¿Dijo que invitó a alguien? – Abrió los ojos con sorpresa - ¿Acaso estará engañando al pobre de Kiba?

La pelirrosa frunció el ceño ante su idea, más que nada porque si Ino estaba con algún otro hombre no iba a poder regresar a la casa por un largo rato, no quería siquiera imaginar lo que estaban haciendo, pero tampoco tenía idea de lo que iba a hacer ahora para no irse a su casa.

Soltó un suspiro de resignación y comenzó a dar unos pasos mientras guardaba su celular en su bolso y se llevaba las manos a los bolsillos de su abrigo café.

-Creo que me iré a caminar por ahí – Se dijo resignada, pero el sonido de la bocina de un auto le llamó la atención, haciendo que levantara la vista para encontrarse frente a ella el auto de cierto rubio que últimamente le alegraba bastante el día con sólo verlo.

-Hey ¿Dónde vas Sakura? – Preguntó Naruto con una alegre sonrisa. La pelirrosa le miró un poco desconcertada por un momento pues no se esperaba verlo, pero de cierto modo le agradó que viniera justo ahora.

-No lo sé, a cualquier parte que no sea mi casa – Respondió sonriendo levemente. Naruto sonrió aún más, pues en este momento ella era la única persona que lo podría ayudar a quitarse ese mal sabor de boca que tenía por haber descubierto ese pequeño detalle que entraba a complicarle todo el panorama. Sakura siempre sabía como subirle el ánimo aunque apenas la conociera, siempre que la veía se sentía mejor.

-Entonces… ¿Te gustaría tener una cita conmigo?

-¿Una cita? – Repitió la ojijade sorprendida y parpadeando. Naruto le abrió la puerta de su auto y le hizo un gesto con su rostro, como invitándola a pasar.

-Sólo será como amigos ¿Qué no recuerdas que en la mañana te invité a salir y me dijiste que sí? – Comentó el rubio. La chica sólo volvió a sonreír.

-No estoy presentable para una cita ahora, acabo de salir de mi trabajo y no puedo ir a mi casa a cambiarme ¿Estás seguro de que aún así quieres salir conmigo?

Naruto sólo asintió con la cabeza y Sakura decidió subir a su auto, ya que él la invitaba tan amablemente no podía rechazarlo y así aprovecharía de no ir a casa aún y de no interrumpir a Ino en lo que sea que estuviera haciendo.

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-No lo puedo creer, es delicioso – Dijo Ino mientras saboreaba un postre de crema sentada a la mesa de su casa. Sai –que estaba frente a ella- le sonrió de su típica forma y se sintió un poco orgulloso por lo que acababa de decir la chica – No esperaba que hicieras estas cosas Sai.

-Bueno, ya ves que la gente muchas veces puede sorprenderte – Comentó el pelinegro observando como Ino comía del delicioso postre que él había preparado, pues cuando llegó al departamento de ella la chica le había dicho que no tenía nada preparado aún, así que él decidió ayudarle un poco y terminó cocinando casi todo.

-Sí, me sorprendo contigo cada vez más – Dijo Ino con una sonrisa alegre, haciendo que por un momento el chico experimentara una extraña sensación que le hizo desviar la mirada – Las personas como tú son muy hábiles ¿No es verdad?

-Supongo… - Respondió Sai algo desconcertado, pues no había entendido del todo que había querido decir Ino con "las personas como tú" pero no pensó que se refiriera a algo malo, así que no negó su afirmación – Bueno Ino-chan ¿Y para que querías que viniera exactamente?

-Es que necesitaba la opinión de alguien que supiera de estas cosas – Dijo Ino mientras se ponía de pie sonriendo y se acercaba hacia la puerta de su habitación – Ven conmigo y te muestro.

-Seguro – Respondió el pelinegro poniéndose de pie también, a pesar de que eso de ir a la habitación de la chica era un poco "raro" pues no pensó que ella quisiera ir directo al grano.

Ino encendió la luz y dejó ver un hermoso y femenino cuarto lleno de colores alegres y muy relucientes. Sai miró toda la habitación, notando el montón de ropa que había sobre la cama, toda esparcida como si hubiese sido tirada.

-Sai ¿Me ayudas a escoger cual de estos vestidos me queda mejor? – Preguntó con una sonrisa, mientras que Sai sólo arqueaba una ceja ¿Qué era todo esto?

-Ino-chan… ¿Por qué… por que me pides ayuda para algo como esto? – Interrogó algo incómodo y sorprendido a la vez, mientras que la rubia sólo seguía sonriendo sin percatarse de nada.

-Pues porque ustedes los gays saben mucho de moda.

Los ojos del pelinegro se abrieron casi como platos mientras que su boca caía hasta el suelo al oír semejante comentario de parte de Ino ¿Cómo demonios se le había metido en la cabeza que él era uno de esos?

-¿Q-que rayos es lo que acaba de decir? ¿Qué yo soy gay? – Se preguntó mentalmente, aún sin salir del asombro. Ino sólo seguía sonriendo, de una forma en que casi rayaba en lo inocente.

-¿Y? ¿Vas a ayudarme? – Preguntó la chica. Sai se puso algo serio y se paró de forma recta, si ella pensaba que él era gay, tal vez no era tan malo, al menos por un rato le iba a seguir el juego, pero eso no iba a ser por mucho tiempo.

-Claro Ino-chan, con gusto – Le respondió volviendo a sonreír de esa forma tan típica que tenía, aunque por dentro quería estallar en risas por la cosa tan extraña y graciosa que acababa de pasarle.

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Gaara salió de su oficina ya cuando era bastante tarde, pero como el otro día, su nueva secretaria aún no se había ido, ahí estaba guardando unos papeles y apagando la computadora. Sonrió levemente al verla suspirar cuando terminó todo y decidió acercarse a ella con su siempre seductor paso.

-¿Te vas ya? – Le habló al oído, provocando que la castaña diera un salto asustada pues no lo esperaba. Matsuri se volteó y lo observó, bajando la mirada al recordar que esta mañana él la había besado, y no sólo una, sino que dos veces. Sus mejillas se colorearon levemente y asintió con la cabeza.

-S-sí señor, digo… Gaara, ya me voy porque… tengo sueño y mañana debo llegar temprano – Respondió sintiendo como dentro de su pecho su corazón daba agitados latidos.

Gaara la siguió mirando atentamente, tratando de adivinar por que demonios no podía dejar de pensar en besarla otra vez y llegar mucho más lejos que eso.

-¿No prefieres que te lleve? Como dices que debes llegar temprano… - Dijo el pelirrojo desviando la mirada hacia el techo y luego a varios puntos de la oficina.

-N-no es necesario – Y otra vez estaba con eso, Matsuri lo había rechazado una vez más y eso lo hacía molestarse ¿Qué debía hacer para que esta chica se le entregara de una vez? ¿Por qué era tan difícil de convencer?

-Insisto – Dijo frunciendo el ceño, mirándola fijamente una vez más, tratando de que ella también lo mirara, pero al ver que no sucedía decidió tomarla del mentón y así obligarla - ¿O estás enojada porque te besé?

-No es eso… - Respondió la castaña, quien estaba completamente sonrojada por tener que verlo a los ojos, sintiendo como de pronto él se le volvía a acercar de esa forma, pero ella se alejó haciendo que la soltara – Es sólo que yo no necesito que me estén llevando – Dijo con voz firme, recordando cuales eran los objetivos de Gaara con ella; sólo sexo de una noche.

-Ya veo… entonces no estás enojada porque te besé, si es así ¿Por qué no me ves directamente? ¿Acaso no te gustó mi beso?– Insistió Gaara esbozando una sonrisa de arrogancia, pues ese comportamiento tan esquivo en la chica sólo podía significar que él la ponía nerviosa.

-No tengo por que responder a esa pregunta – Dijo Matsuri de forma cortante, pues no podía negar que tratarlo fríamente y ver como él reaccionaba era bastante divertido. Volteó y lo miró directo a los ojos, haciendo que por un momento él se perdiera en sus ojos negros. Se acercó con una sonrisa y habló – Hay muchos hombres que besan mejor que tú.

Gaara la quedó mirando bastante sorprendido, pues ninguna mujer le había dicho algo así alguna vez, absolutamente todas decían lo bien que la pasaban con él y ahora venía ella a decirle que otros besaban mejor que él ¿Pero quien se estaría creyendo?

-Pues hay mujeres que besan mucho mejor que tú también, y que no dudarían en irse conmigo a la cama – Dijo enfadado, pero Matsuri sólo siguió sonriendo, volviendo a desconcertarlo.

-No soy una cualquiera – Fue todo lo que dijo antes de dejarlo solo en ese lugar, aún sin poder moverse o decir nada. No podía creerlo, ella lo había despreciado otra vez, pero ahora había sido peor, se había atrevido a decirle que existía alguien mejor que él, pero esto no se quedaría así.

Si Matsuri quería la guerra, guerra iba a tener.

-Al final serás mía… - Susurró sonriendo de forma victoriosa, como desde ya sintiéndose un ganador.

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-Estoy molesta, estoy molesta – Se decía Matsuri mientras caminaba hacia la parada de los taxis, pues no podía creer lo que acababa de pasar. Después de haberla besado de esa fantástica forma ahora se había comportado como el sujeto más arrogante e insoportable del mundo y eso era lo que más detestaba en los hombres, que se creyesen sólo por tener una cara bonita y un cuerpo envidiable - ¡Maldita sea estoy molesta! – Gritó esta vez, mientras la gente que pasaba sólo la observaba sorprendida.

La castaña alzó su mano para detener un taxi, mientras pensaba en que demonios hacer para dejar de sentirse como una estúpida.

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Kiba se encontraba algo aturdido mientras veía a Hanabi y a un montón de chicas cantando en el karaoke como unas locas. Él sólo estaba sentado en un rincón bebiendo una soda y sinceramente estaba muy arrepentido de haber aceptado venir con la Hyûga menor.

-Rayos… cuando podría estar con mi novia o algo así… - Se dijo con cierto fastidio, oyendo los desafinados cantos de las chicas.

Konohamaru se sentó a su lado y le ofreció una soda cola con una sonrisa, pero Kiba negó con la cabeza a los pocos segundos.

-Se ve que estás muy aburrido – Dijo el chico de cabello negro sonriendo ampliamente - ¿Eres el novio de Hanabi-chan?

-No, sólo somos amigos desde hace años, soy Kiba- Respondió Kiba, quien se acomodó un poco en la silla, llevando sus brazos detrás de la nuca y bebiendo un poco de su soda - ¿Y tú eres?

-Me llamo Konohamaru, puedes referirte a mí como su eterno enamorado – Dijo el chico soltando un suspiro de resignación. Kiba le miró sonrió al darse cuenta de que era cierto que ese chico estaba al parecer, perdidamente enamorado de Hanabi.

-Ya veo, así que ella no te hace caso – Dijo el castaño viendo de reojo a la chica, la cual sólo seguía cantando en compañía de tres amigas más. Konohamaru volvió a suspirar y se encogió de hombros.

-Más que no hacerme caso me odia – Soltó algo deprimido. Kiba no dijo nada más, pues en ese momento sintió muchas ganas de ir al baño así que se puso de pie, dejando un poco desconcertado a Konohamaru - ¿Te sucede algo?

-No, no, ya regreso – Y dicho esto el Inuzuka se alejó sin siquiera avisar primero que se dirigía al baño.

Cuando la canción acabó Hanabi se alejó del grupo que seguía cantando animadamente la canción siguiente, yéndose a sentar en donde estaba antes Kiba. Miró a Konohamaru y frunció el ceño enojada.

-¿Dónde está Kiba? – Interrogó como si Konohamaru le hubiese hecho algo para que se fuera. Él iba a responder como siempre lo hacía cada vez que ella le hablaba, con una cara de idiota hipnotizado y con bonitas y halagadoras palabras, pero en ese momento recordó su plan y entonces simplemente ladeó el rostro en otra dirección.

-No sé, dijo que ya volvía – Respondió bastante cortante y sorprendiendo un poco a la chica ¿Qué era lo que le había pasado que cambió de un día para el otro?

-¿Y no dijo a donde? – Insistió para hacer que él le dirigiera la palabra al menos unos segundos, además de que se moría por saber a donde se había ido Kiba, pues no iba a poder conquistarlo si él se desaparecía.

-No – Fue todo lo que dijo Konohamaru, que al cabo de unos segundos se puso de pie y se alejó de la castaña, yéndose a cantar junto con Moegi. Hanabi lo miró arqueando una ceja y bebió un poco del refresco que estaba sobre la mesa.

-¿Pero que le pasa a ese idiota? ¿Quién se ha creído que es para ignorarme así? – Se preguntó molesta y chocando el vaso contra la mesa, pues esto no se iba a quedar así, a ella nadie la trataba como si fuera un cero a la izquierda y menos el idiota de Sarutobi.

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Se encontraba en su habitación viéndose al espejo. Hinata no podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero esta noche finalmente se había decidido, iba a aceptar que estaba casada con Sasuke e iba a hacer que su matrimonio funcionara, sin importarle nada más hoy iba a ser su esposa de verdad.

-Tengo que estar tranquila… - Se dijo tratando de sonreír mientras se ponía un hermoso par de aretes largos de los que colgaban dos figuras en forma de media luna. Traía puesto un vestido negro y el cabello lo llevaba amarrado en una coleta alta, pues en pocos minutos saldría a cenar con su esposo, para que así ambos pudieran fingir que todo volvería a estar bien.

Hinata estaba decidida a hacer esto, creía que de esta manera podría por fin quitarse de la mente y del corazón a Naruto, sólo si se enamoraba de Sasuke y olvidaba la existencia del rubio y lo que había significado en su vida; de ahora en adelante no sería más que un compañero de trabajo, nada más que eso.

-¿Estás lista Hinata? – Preguntó Sasuke apareciendo desde la puerta, luciendo un perfecto traje negro con una camisa blanca debajo, elegante y pulcro como siempre. Hinata sonrió dulcemente, tratando de no preocuparlo.

Al final Sasuke no le había preguntado donde pasó la noche, simplemente se había resignado a dejar las cosas así, ya que Hinata por primera vez se mostraba dispuesta a que las cosas fueran de verdad, a que todo funcionara como él siempre lo había querido, no tenía nada que perder ahora y mucho que ganar.

-Sí, ya podemos irnos Sasuke – Respondió la ojiperla con su suave tono de voz. Sasuke sonrió levemente y tomó su mano, acercándose a ella y volviendo a abrazarla como hace rato, cuando ella había llorado en sus brazos. Quería, de verdad deseaba que esto funcionara, sin importar que debía funcionar.

-Vamos entonces – Dijo el azabache jalándola para salir de la habitación. Hinata se dejó llevar en silencio y con la mirada baja.

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Kiba salió del baño más aliviado, en verdad tenía deseos de ir y descargarse, además no soportaba demasiado las cancioncitas de las amigas de Hanabi que se paseaban descaradamente por todos los tonos habidos y por haber sin trata de hacer una melodía amena.

-Bueno, hora de regresar – Se dijo soltando un suspiro, pero no pudo concretar sus planes al chocar con una persona. Se dio cuenta de que era una chica por el tono de su voz al dar un pequeño grito y al mirar notó que la había tirado al suelo. Se agachó extendiéndole su mano para ayudarla – Lo siento ¿Estás bien?

-S-sí – Respondió la joven de cabellera naranja. Levantó la mirada y se sonrojó fuertemente al darse cuenta de quien estaba frente a ella – Kiba-kun…

-¿Uh? Sasame… - Susurró Kiba también algo sorprendido, pero enseguida sonrió con cierta alegría – Vaya, no pensé que te encontraría en este lugar, pero que coincidencia.

La chica asintió algo avergonzada y sostuvo su mano. Kiba la ayudó a levantarse y una vez que ambos estuvieron de pie volvió a sonreír.

-¿Qué haces en un lugar como este y vestida tan elegante? – Señaló el castaño al vestido que llevaba la joven, la cual se miró y volvió a sonrojarse, pues en cierta forma no se atrevía a confesar lo que estaba haciendo en ese lugar.

-Eh… bueno yo… - La peli naranja no alcanzó a terminar cuando apareció un sujeto detrás de ella. Tenía el cabello anaranjado también y algo alborotado, además su presencia era muy imponente, casi al punto de infundir temor. Él le tomó de la mano y la jaló.

-Oye Sasame ¿Ya nos vamos no? – Preguntó él frunciendo levemente el ceño al verla hablando con Kiba. Kiba miró un tanto sorprendido el hecho y se fijó en como ella asentía tímidamente con la cabeza.

-Enseguida Juugo – Contestó Sasame. Miró a Kiba una vez más y se despidió con un gesto de mano y una sonrisa, mientras que el castaño se quedaba con una sensación un tanto amarga ¿Acaso ese sujeto era el novio de Sasame?

Se metió las manos a los bolsillos mientras fruncía el ceño con cierta molestia, pues le pareció que la forma en que él la trató no era adecuada, más bien parecía un tipo demasiado controlador y obsesivo ¿Seguro que estaba bien dejarla con él? Y más importante ¿Por qué le importaba tanto? No es que él tuviera algo que ver en eso, ella no era nada más que una vieja conocida, nada más.

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Naruto y Sakura se encontraban charlando animadamente en la mesa de un lujoso restaurante. Después de discutirlo un momento, la pelirrosa había accedido a entrar a ese lugar con la ropa que traía puesta, pues le avergonzaba no vestir elegantemente como las demás personas, sin embargo Naruto le había dicho que así se veía perfecta.

-Y bien Sakura-chan ¿Me vas a responder lo que te pregunté esta mañana?

-¿Q-que cosa? – Preguntó la pelirrosa algo dudosa, pues recordaba vagamente lo que le había preguntado el rubio y rogaba por que no fuera lo que creía que era, pues la verdad no estaba dispuesta a responder a eso.

-Lo sabes bien… lo de Sasuke – Fue la respuesta de Naruto, notando como todo el cuerpo de la pelirrosa se tensaba ante la sola mención de ese nombre. Naruto podía ser muy lento en algunas cosas, pero para otras no era necesario pensarlo tanto, exactamente como en esta situación; estaba claro que Sakura estaba enamorada de Sasuke.

-Naruto… yo… - La ojijade bajó la mirada apenada, no sabía que iba a responder y de verdad no quería hacerlo – Yo… sobre Sasuke…

Sin embargo antes de que pudiera decir algo más, justo cuando levantó sus ojos para ver al rubio pudo ver algo que la sorprendió de principio. Ella y Naruto estaban sentado en una mesa que daba hacia la entrada, pero el rubio le estaba dando la espalda y ella estaba de frente, por eso pudo ver cuando Sasuke y Hinata entraban tomados de la mano. Sintió una pequeña punzada en su pecho ¿Por qué tenían que venir a restregarle su hermoso y perfecto matrimonio en la cara?

-Sasuke… - Musitó levemente dolida. Naruto no entendió del todo que había sucedido hasta que también se dio la vuelta, sintiéndose igual o incluso peor que la pelirrosa.

Ahí estaba Hinata, su siempre adorada Hinata junto a su esposo, tomando su mano. Otra vez se sentía tan estúpidamente infeliz por todo lo que había pasado, porque ella no era más que una cínica que después de hacer el amor con él se iba corriendo detrás de Sasuke, porque en este momento él era sólo un idiota arrepentido y adolorido.

-Hinata otra vez… otra vez haces lo mismo ¿Por qué siempre consigues decepcionarme de esta forma? – Pensó con tristeza. Insistía tanto en hacerse el ofendido que ni siquiera pensaba en lo que Hinata podía estar sintiendo, en que todo esto no había sido más que causado por él y por su necedad de verla como su enemiga cuando todo lo que ella pedía era que la escuchara, que la comprendiera y que le diera la oportunidad de arreglarlo todo. Pero no, él simplemente seguía cegado por su deseo de venganza, aunque ahora ni él mismo sabía para quien de los dos gemelos Hyûga era.

-Naruto – Sakura quiso llamarle, pero por alguna razón pudo notar esa mezcla de dolor y rabia en la mirada del rubio ¿Qué era lo que había sucedido entre él y Hinata para actuar de esa manera?

Por su parte, Sasuke y Hinata de disponían a pasar esta noche como verdaderos esposos, pero al darse cuenta de quienes estaban unas mesas más adelante, instantáneamente los planes de ambos se arruinaron.

El corazón de Hinata se hizo pedacitos una vez más al ver a Naruto con Sakura, aunque sólo estuviesen sentados en la misma mesa y no abrazados como la otra vez, mientras que Sasuke –y por extraño que fuese- se había sentido molesto al ver a su mejor amiga con Naruto ¿Qué demonios era lo que sucedía con él?

-Hinata, vamos a saludarlos – Dijo de pronto el azabache, tomando de forma impulsiva y algo demandante la mano de la ojiperla, para guiarla hacia ese lugar sin que ella tuviera opción de replicar.

Cuando la chica se dio cuenta ya estaba justo al lado de la mesa de Naruto y Sakura, los cuales sólo les miraban con la misma sorpresa pues no esperaban que ellos se les fuesen a acercar.

-Sasuke, Hinata – Saludó Naruto poniendo una sonrisa un tanto sardónica en su rostro, cosa que obviamente desarmó a Hinata pues le dolía tener que verlo de esta manera.

-H-hola – Saludó Hinata más tímida de lo normal, pero no era eso en realidad, sino que sentía extraño ver a Naruto ahora después de todo lo que había pasado anoche y esta mañana. Naruto bajó la mirada al cabo de uno segundos, mientras que Sasuke posaba vagamente sus ojos sobre Sakura.

-Buenas noches Sakura – La saludó, pero la pelirrosa sólo le hizo un gesto con su mano. Sasuke se sintió levemente herido, ella era su mejor amiga pero le estaba tratando de forma tan indiferente que hasta parecía que lo odiaba. Aún así no iba a demostrarlo, ni el hecho de que ver a Sakura con Naruto seguía molestándole - ¿Podemos sentarnos? – Preguntó como si nada.

Naruto miró nuevamente a Hinata y luego a Sakura, para finalmente asentir con la cabeza y volver a sonreír.

-Claro Sasuke.

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Matsuri se encontraba bebiendo una taza de té sentada en la mesa de su cocina, mientras que observaba como su amiga Sari se servía un poco de té también.

-¿Y entonces Matsu? ¿Me lo vas a mostrar? – Preguntó muy sonriente la castaña de cabello largo, mientras la de ojos negros le veía con la mirada entrecerrada.

-¿Para que quieres conocer a ese idiota? No es más que uno de esos típicos miserables que sólo piensan en tener sexo con las mujeres y después abandonarlas – Respondió la castaña de forma algo ácida, como si se sintiera realmente enferma al hablar de ese tema, o al menos así lo había sentido Sari cuando la oyó.

-Bueno, eso se supone que lo sabías desde un principio – Dijo Sari sentándose frente a ella con expresión relajada. Matsuri la miró y frunció el ceño - ¿Por qué te molestas? Sólo he dicho la verdad ¿No es así?

-Aún así… - Matsuri bajó la mirada, dejando la taza de té sobre la mesa. Recordó la mirada que le había dado Gaara, una llena de arrogancia y grandeza, pero en cierto punto se veía solitario, abandonado ¿Triste tal vez? ¿Solitario? No sabía como identificar aquel sentimiento que él le producía, pero sentía que él había vivido algo muy fuerte y que por eso se comportaba de esa forma, quizás para no volver a salir herido ¿Le habrían roto el corazón? – De todos modos, no es algo que me importe – Se dijo mentalmente.

-Matsuri… - Le insistió Sari con cierta molestia, pues odiaba cuando su amiga se metía en sus pensamientos y la ignoraba – Ya Matsu, muéstramelo ¿Sí?

-Está bien – Accedió Matsuri al fin, frotándose la sien del lado derecho mientras que con su mano izquierda sacaba su celular de su bolsillo; este tenía una cámara de alta resolución y le enseñó una fotografía que ella misma había tomado de Gaara.

Sari la miró por unos segundos atentamente, hasta que de pronto estalló en un grito que casi dejó sorda a su amiga, la cual la miró sorprendida.

-¿Q-que te pasa Sari? – Cuestionó Matsuri con los ojos muy abiertos y tratando de que el pitido que había en su oído producto del grito de Sari desapareciera.

-¡Es guapísimo Matsuri! ¡Como te envidio! – Gritó Sari muy emocionada y con corazoncitos en sus ojos. Matsuri sólo suspiró pesadamente y tomó su taza de té; ahí iba Sari con sus locuras de nuevo.

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Se encontraba sola otra vez, cada vez que estaba sin él no era más que soledad lo que la rodeaba. Se sentía patéticamente abandonada y tonta ¿Por qué siempre debía depender de él?

-Que estúpida soy – Se dijo nuevamente Karin, como queriendo reafirmar que aún seguía siendo ella, la tonta enamorada de un tipo que sólo la usaba. A veces pensaba en dejarlo, de verdad quería hacerlo, pero sentía que sin él no era nada.

Tomó su teléfono celular y escribió un mensaje de texto, no importaba si él no respondía, al menos se sentía bien enviándoselo.

-Demonios… - Masculló molesta consigo misma, ya que una vez más se estaba dejando llevar por sus sentimientos sin si quiera importarle su propia dignidad, una vez más estaba permitiendo que Sasuke Uchiha jugara con sus sentimientos.

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-Estúpido, lo odio, lo detesto, no lo soporto – Se decía Tenten mientras se secaba el cabello con un secador eléctrico y se miraba al espejo del baño de su casa. Vivía sola pues hace tiempo sus padres habían muerto y no tenía ni hermanos ni más familiares.

En este momento se encontraba lanzando improperios al aire a causa del beso de Neji en el ascensor, porque aunque no lo quería admitir no lo podía olvidar, no hacía más que pensar en eso todo el tiempo.

-Imbécil – Masculló una vez más apagando el aparato y observando su cabello suelto, aún un poco húmedo. De pronto recordó como Neji le llamaba chonguitos como si fuese una niña pequeña ¿Pero quien se creía ese idiota?

Se observó un poco más con el cabello suelto, ciertamente no se veía mal ¿Qué pasaba si de pronto decía quitarse esos chonguitos por un rato?

-Ese idiota ya va a ver – Dijo con una leve sonrisa mientras tomaba una peineta para comenzar a cepillar su cabello.

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-Maldición, otra vez estoy pensando en eso – Se dijo Neji tratando de dormir, pero no lo conseguía al no poder borrar de sus labios la sensación de los labios de cierta castaña de graciosos chonguitos.

Se sentía como un idiota, nunca fue su intención besarla, pero vaya que lo había disfrutado, le había gustado mucho y eso era aún peor, esa tonta no podía gustarle, se suponía que la odiaba.

-Por supuesto que la odio, y a parte no besa tan bien – Se dijo frunciendo el ceño, pues no estaba para nada convencido de sus palabras.

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Gaara se encontraba en un bar bastante reconocido mientras dos chicas sentadas una a cada lado de él acariciaban su pecho mientras el pelirrojo sólo sonreía.

-Gaara-kun ¿Qué te pasa hoy? Te ves tenso – Dijo una de las chicas. Gaara dejó de sonreír para recordar la razón de por que estaba así; su nueva secretaria lo tenía estresado.

Ella era tan endemoniadamente difícil de atrapar que se estaba impacientando, nunca se había tardado tanto en conquistar a una mujer y hacer con ella lo que quisiera, pero maldita la hora en que a Matsuri se le había ocurrido hacerse la difícil con él, porque no iba a descansar hasta tenerla entre sus brazos, hasta hacerla completamente suya y una vez ahí, la abandonaría y le rompería el corazón igual que a todas.

-Ese es el precio por hacerme enfadar querida, te enamorarás de mí y luego sufrirás – Pensó sonriendo maliciosamente, para después tomar a la chica de su derecha y besarla en los labios sin más, aunque ella no se sorprendió en lo más mínimo.

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En aquella mesa de ese restaurante todo era muy tenso, ninguno decía nada ya que no sabían como empezar, sólo estaban comiendo en silencio, hasta que de pronto Sasuke se decidió a hablar.

-Así que… ¿Ustedes están saliendo? – Preguntó mirando a Naruto y a Sakura. Hinata levantó la mirada e inmediatamente la clavó en el rubio, el cual no la observó en ningún momento.

Sakura quiso responder pero se sorprendió cuando Naruto la tomó de la mano y sonriendo respondió a Sasuke.

-Así es, Sakura-chan y yo somos novios – Soltó sin más, nuevamente destruyendo el mundo de Hinata con crueldad.

Continuara…

Avance:

Hime-chan al fin sale del hospital y quiere ver a Naruto. Karin decide darle un ultimátum a Sasuke, quien está confundido por la supuesta relación entre Naruto y Sakura. Las cosas para Sai se tornan un tanto extrañas en el momento en que piensa decirle a Ino que no es gay, por lo que al final se tiene que quedar callado. Gaara se ha decidido a enseñarle a Matsuri quien manda y Kankuro conocerá a alguien muy especial gracias a la secretaria de su hermano. Hinata mientras tanto, experimentará el miedo por todo lo que está viviendo.

Próximo capítulo: Miedo.

Pequeño Omake:

Aparece Gaara y se acerca a mí mientras yo estoy escribiendo el siguiente capítulo. Lee un párrafo donde dice que Matsuri lo rechazó y me mira enfadado.

-¿Hasta cuando me haces esto? Los lectores comenzarán a dudar de mi hombría si no conquisto a Matsuri pronto – Se queja con el ceño fruncido, pero yo sólo lo ignoro y me limo las uñas.

-Gaara, lo siento pero las cosas no pueden ser tan fáciles – Le respondo.

-¿Cuanto te pagó Shikamaru?

-Si puedes darme más escribiré lo que quieras – Le respondo sonriendo luego de señalarle un cartelito que tiene escrita la cantidad de dinero con la que me sobornó Shikamaru.

Gaara sonríe y saca un fajo de billetes, poniéndolo sobre mis manos.

-Ahora quiero que en el siguiente capítulo Matsuri me diga que está locamente enamorada de mí – Me dice casi como una orden. Yo asiento sonriente mientras cuento el dinero.

-Claro, será como tú quieras – Le aseguro. Lo veo sonreír y luego alejarse, mientras yo abrazo mi fajo de billetes y sonrió maliciosamente – Jejeje, crédulo.

Fin Omake.

.…

Canciones utilizadas: Si yo no me quiero enamorar – Kalimba y Átame – David Bolzoni.

Espero que les haya gustado el capítulo.

¿Lograra Sasuke que Hinata se olvide de su viejo amor?

¿Logrará Hinata dejar de amar a Naruto y ser feliz con Sasuke?

¿Quién logrará su objetivo primero, Gaara o Matsuri?

¿Quién fue el verdadero asesino Hiashi o Hizashi?

¿Por qué Neji y Tenten se odian tanto?

Y por último ¿A quien conocerá Kankuro?

Bueno, todo esto y más sabrán en el próximo capítulo. Nos estamos leyendo muy pronto.

¡Bye!