Los personajes son de SM. La historia es mía.

Summary: Isabella Swan es una princesa bastante fuera de lo normal... generalmente son los hombres los que tienen muchas amantes, por eso ella no se quiso quedar atrás.

Capítulo 1

- Sí…. Dale… más fuerte – definitivamente era el mejor de mis amantes.

Cerré los ojos y disfruté del enorme placer que estaba sintiendo en este momento, por esto es que vive una mujer, para sentir semejante placer.

- ¿Le gusta así, Princesita?

Sí, era una princesa pero este no era el momento para recordarlo - ¡Mierda, Carlisle!… ¿Cuántas veces te he dicho que no me digas princesita mientras me follas?

- Lo siento, señorita – me embistió tan fuerte que juro que lo sentí en mis amígdalas –, se me olvida – su voz sonó apretada de lo rápido que me estaba penetrando.

- ¡Mmm! – se sentía tan rico que se me olvido lo que iba a decirle, solo con Carlisle llegaba a perder hasta el hilo de mis pensamientos.

- ¿Te gusta así, Bella? – levantó una de mis piernas y la puso sobre su hombro alcanzando un muy buen ángulo.

- ¡Sí! – grité tan fuerte que apuesto que los guardias que cuidaban mis aposentos me oyeron…, pero no me importó, nada me importaba cuando tenía a un hombre entre mis piernas – por eso… me encanta tu pene, Carlisle… es el más… experimentado.

Por más que quería hablar de corrido no podía, con Carlisle podía llegar a tener hasta dos orgasmos en un mismo coito… solo con él.

- ¿Más que a los de esos guardias que te coges cuándo tienes ganas? – no bajó el ritmo de sus embestidas.

- Mil veces mejor – cerré los ojos y disfruté de la sensación.

- ¡Oh, sí! – sentí que ya le quedaba poco así que apreté mis paredes internas para darle mayor placer, se lo merecía – Sí, Bella… eres el mejor coño real que me he follado.

- Soy el único… – me levantó y quedé a su altura – coño real que te has follado – le mordí con mucha fuerza su labio inferior – y espero que siga siendo así.

Bajé mi mano hasta sus testículos y los masajeé ayudándolo a llegar al orgasmo, no faltó mucho para que ambos alcanzáramos la cumbre gritando nuestros nombres.

- Supongo que se te pasó el dolor de cabeza – lentamente comenzó a abrochar su camisa.

Sin quererlo me quedé mirando por unos segundos su tan bien formado pecho, solo después de detallar su vientre fui capaz de responder - Supones bien – acomodé mi corsé y me di vuelta para que mi médico lo cerrara.

- Bella – me dio vuelta quedando a su altura –, sabes que esto es peligroso… si tu padre se llegara a enterar no dudaría en mandarme a la horca.

- Tranquilo – le rodeé el cuello con mis manos –, nadie se va a enterar – le pase la lengua por sus ya hinchados labios.

- Me sorprende tu confianza – rió.

- Mejor así – me encogí de hombros.

No tardó en estar listo y abandonar mis aposentos, en cuanto me hube refrescado y acomodado me dispuse a reunirme con mi padre, si no fuera porque fingí un dolor de cabeza ya hubiera comenzado con el discurso del matrimonio, por lo menos ahora tengo el coño contento así que espero aguantar su discurso de mejor forma.

Llegué al salón y ahí estaba mi padre leyendo un libro. Se veía tan concentrado que me sentí un poco mal porque si se llegaba a saber mis actividades extracurriculares, su nombre quedaría por el suelo y hasta perdería el respeto del pueblo y eso era algo que mi padre no merecía, era un buen rey.

- Buenas tardes, padre – agaché la cabeza e hice una pequeña venia.

Sentí sus pasos acercarse por lo que alcé la vista para verlo casi de pie frente a mí - ¡Hija mía! – dejó el libro a un lado y alargo el brazo para tomarme las manos - ¿Cómo te encuentras? – frunció el ceño y escaneó por unos segundos mis rostros, supongo que buscando algún indicio de malestar.

- Bien – toque mi frente para disimular –, el doctor Carlisle supo quitarme el dolor – me reí por dentro de la forma en que me había quitado el dolor, pese a todo no podía arrepentirme de lo que había hecho.

- Carlisle – suspiró –, mi buen amigo… es un excelente médico.

- Por algo es el médico del palacio – me senté junto a él –. Padre – me miró prestándome toda su atención -, ¿de qué quería hablarme?

- Ahhh eso – suspiró pesadamente –. Hija – se acomodó para quedar frente a mí – mañana en la noche llega tu prometido – mi calvario, mejor dicho, no quería casarme pero tenía que hacerlo, esa era una obligación de la que no podría escapar –, el príncipe Edward llega para casarse contigo… ¿Lo sabes, no?

Puse mi mejor mueca de alegría para que mi padre no notara mi disconformidad con semejante situación - Lo sé, padre – de todas formas bajé la vista por si mis sentimientos afloraban de todas formas.

- Tranquila, hija… - me abrazó y no le respondí porque de la rabia probablemente lo hubiera roto. Tenía demasiado ira acumulada – Sé que no te agrada la idea de casarte con alguien que no conoces… pero… me han dicho que el príncipe Edward es del gusto de las jovencitas de Volterra… es muy pretendido– quiso sonar sincero y algo divertido.

Si es así, que se quede allá y me deje a mí disfrutar de la vida – quise gritarlo pero me contuve. Lo más probable es que sea un viejo que ya no da ni siquiera un orgasmo decente a una mujer, por lo menos estoy segura que algunos de mis amantes me complacerá cuando haga falta.

- Otra cosa, hija – se sonrojó tan violentamente que supe por dónde venía – se que tú eres una jovencita que apenas sabe de la vida – me reí por dentro… si él supiera… - pero hay cosas que una esposa debe hacer en la noche de bodas y… – ¿Hay algo peor que tu padre trate de hablarte de sexo? ¿Y más encima cuando ya te has cogido a todos los hombres decentes en este maldito palacio?

- Padre – quise cortar el tema –, no es necesario… ya llegará el momento de que me hables de eso, yo sé que una buena esposa debe de obedecer en todo a su esposo… creo que con eso basta por ahora, no creo necesitar saber nada más.

Rogué desde lo más hondo de mi ser porque mi padre no quisiera seguir con el tema - Mi niña – me volvió a abrazar, esta vez le respondí el abrazo porque sabía que esto no era muy fácil para él tampoco. Estaba perdiendo a su nenita –, eres tan inocente que me sorprendo… muchas chicas a tu edad andan de preguntonas por la vida y tú ni siquiera tienes dudas– ¡Já!… si supiera, no, mejor que nunca lo supiera.

- Padre – me sonrojé, pero eso ya era algo que sabía usar a mi favor - ¿Me darías permiso para pasear mañana con Demetri y James en la tarde?... antes de la llegada del príncipe, por supuesto… - Me apresuré a aclarar – es que quiero recogerle unas flores.

¡Flores!... seguro, lo que quería era tener dentro de mí una polla decente antes de que tuviera que aguantarme la arrugada de ese viejo. Bajé la vista nuevamente y esperé por una respuesta por parte de mi padre sabiendo que él nunca me negaba nada, por un momento el saber la confianza que este magnífico hombre depositaba en mí estaba siendo quebrantada por mis deslices me hizo sentir de lo peor, pero esta vida que llevaba era lo que me mantenía viva y aunque fuera considerada una meretriz por muchas mentes conservadoras, para mi padre, el rey, seguía siendo lo primordial.

- Por supuesto, hija mía.

Le di una sonrisa cálida en agradecimiento y le pedí perdón mentalmente antes de retirar a descansar. Mañana aprovecharía mi día al máximo y tendría una muy buena tarde junto a James y Demetri antes de que mi vida se acabara por la llegada del maldito y senil de mi prometido.


Hola!

Chicas, con la ayuda de Erica Castelo, estoy editando esta historia, así que muchassss gracias Erica.

Ahora, espero que les guste esta edición :)

Besos, Joha!