Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenece, sólo juego bastante con ellos U__Ú Está un poco inspirada en un gran libro llamado Sin Máscara de Alfredo Gómez Cerdá. Lo recomiendo muchísimo.

Sumario real completo: Edward asiste a una de las escuelas privadas más demandadas, donde los hijos de las personas más influyentes y ricas del país asisten. Él al mismo tiempo cumple el mayor sueño de sus padres: convertirse en un afamado músico. Él lleva una monótona y tranquila vida, hasta que Bella, una extravagante chica nueva en su colegio, cambiará completamente su vida y su forma de ver las cosas, haciéndole ver que su vida está basada en máscaras: hipocresía y apariencias. Sólo que eso no quiere decir que las cosas vayan a facilitarse. AU. TH. OOC.

Sin Máscara

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Capítulo 1:

Bella

Las gotas de lluvia golpeaban los cristales con fuerza, para después romperse en pequeñas gotillas e ir resbalando por el cristal. Edward miraba con algo de interés el movimiento que tenían las gotas al hacer contacto con el cristal. Era algo… fascinante.

E incluso mucho más interesante que la clase de la asignatura que estaba teniendo en estos momentos: Lengua Española. No es que odiara la asignatura, más bien, odiaba a la profesora que la impartía. Lo interesante que le habría parecido la asignatura si no le hubiese tocado aquella profesora…

Los compañeros a su alrededor hacían casi lo mismo, cuchicheaban entre ellos, escribían notillas, hacían trabajos o tareas de otras materias, jugaban con videojuegos portátiles o celulares, dibujaban, otros simplemente fingían poner atención cuando en realidad no escuchaban ni entendían ninguna sola palabra que estaba diciendo dicha profesora.

Es que… esa profesora, la profesora Amara, simplemente hacía la clase un aburrimiento de muerte. No es que fuera mala profesora, era buena, pero probablemente no sabía dar muy bien las clases, de una manera en la que los alumnos no se aburrieran tanto. Y además, su voz, causaba una extraña somnolencia.

Edward no era de esos, pero tampoco ponía atención, dirigía y perdía su vista lejos de aquel asfixiante y formal aula, afuera a las áreas verdes. Era lo bueno de esta escuela, tenía áreas verdes y grandes ventanales en las aulas para que así cuando te sintieras sumamente agotado, aburrido o cansado atinaras a mirar la naturaleza y el verde te despertara con su frescura natural.

El muchacho pensó que este sería un día como cualquier otro, que miraría por la ventana concentrándose en otra cosa más allá de la clase y escucharía a lo lejos las palabras de la profesora. Los demás compañeros harían lo mismo y la mujer impartiendo la clase haría como que no reparaba en lo que se llevaba a cabo en aquella aula. Ignorancia voluntaria. Después de quién sabe cuánto tiempo de espera sonaría el timbre finalizando la tediosa hora y escucharía esos acostumbrados suspiros. Pero este día no.

Al menos no todo fue igual.

Mientras miraba distraídamente la ventana, pensando en las notas que tenía que memorizar, Edward escuchó cómo llamaban a la puerta del aula, como la profesora interrumpía su interminable discurso y como algunos de los compañeros suspiraban y comenzaban a hablar entre ellos, aprovechando la distracción. Edward desvió su mirada de la ventana y miró a Amara salir del aula.

Ella cerró la puerta detrás de ella, estuvo allí unos cuantos minutos, supuso que debía de estar hablando con algún empleado o colega sobre asuntos de la escuela o algo por el estilo. Al principio le había extrañado eso porque nunca solían interrumpir la clase así y mucho menos con esta profesora, pero después pensó que no podría haber nada de interesante en ello.

Minutos después la profesora volvió a entrar al aula, pero esta vez lo hizo con alguien más. Alguien que captó toda la atención de Edward. Y no sólo de él, sino de muchos de sus compañeros de clases, por no decir todos. Es que ella era… demasiado llamativa. Una forma de vestir que desde luego nunca podría pasar desapercibida. Incluso Edward se preguntó si sería de esas chicas que seguían modas extravagantes y alocadas simplemente para llamar la atención de los demás, pero entonces se reprendió a sí mismo, nunca se debía juzgar por las apariencias.

Observó a la chica con bastante interés y admiración, admiración porque le había parecido una chica muy hermosa. A pesar de las caras que habían puesto Jessica y Lauren, a pesar de la cara que tenía la profesora de Lengua, a pesar de la cara asombrada y desconcertada de muchos de sus compañeros. Ella simplemente era hermosa.

Lo primero que podía mencionar en ella era su gran palidez. Era casi tan, no igual, de pálida que él mismo. Un cabello con un corte de pelo sumamente desigual, la nuca la tenía rapada y el cabello delantero estaba más largo que el de atrás, tenía leves rastros de violeta sobre el color marrón original. Algunos de sus cabellos se la paraban hacia cualquier dirección posible.

Tenía unos lindos, grandes y brillantes ojos, que de por sí llamaban bastante la atención por su extraño color, de un chocolate intenso. Pero todavía más resaltantes con el delineador negro que se había puesto. Sus mejillas estaban sonrojadas, sus labios estaban al natural, sin ningún tipo de maquillaje. Sólo un poco de brillo.

Iba vestida completamente de negro, llevaba unos pantalones negros de cuero, bien ajustados a las largas y delgadas piernas, con un cinturón de estoperoles, una sencilla camiseta negra que se amoldaba perfectamente a su delgado, pero bien proporcionado, cuerpo. Llevaba muchísimos dijes, cadenas y collares en el cuello y unos pendientes de pluma negra en las orejas, las cuales tenían bastantes perforaciones. En las muñecas tenía muchísimas pulseras, especialmente en la derecha, que le llegaban hasta el antebrazo.

Ah, cierto, finalmente unos converse desgastados y rotos violetas. Resaltaban mucho en su vestuario negro.

No llevaba mochila, sólo llevaba un cuaderno y un bolígrafo. Ella debía de ser de nuevo ingreso. Cosa que no entendía Edward, pues en este instituto no solían dejar entrar así como así alumnos a casi mitad de curso escolar. Ella echó un vista rápido alrededor del aula y se quedó allí parada, ignorando inconsciente de que tenía casi todas, o todas, las miradas de los compañeros encima. Abrió la boca para decir algo, pero antes de que pudiera hacerlo la profesora habló primero:

—Chicos, ella es Isabella…

—Bella —interrumpió en una intensa y suave voz.

—¿Perdón? —dijo Amara, sorprendida por la interrupción de la chica.

—Me gustaría Bella.

—Bien, Bella, se nos unirá por el resto del ciclo escolar, espero que la hagan sentir cómoda —dijo la profesora. Bella sólo se quedó parada allí, como esperando algo. —Ahm, puedes sentarte allí —dijo señalando hacia donde estaba Edward.

Edward era el único que no tenía compañero de escritorio, él había decidido sentarse solo. Le gustaba más que estar con los compañeros que aparentaban ser sus amigos, molestos por cierto. Bella asintió y caminó hacia el pupitre de Edward, con la vista fija en ningún punto en particular.

Edward, que había bajado la mirada hacia la mesa, sintió como su nueva compañera se sentaba al lado de él. No tuvo el valor de mirarla ni decirle nada. Ella tampoco dijo nada.

La clase volvió a transcurrir como si nada hubiese pasado, aunque algunos de los compañeros echaban miradas furtivas hacia donde estaba la mesa de Edward. Por lo que pudo ver Edward de reojo, Bella no ponía siquiera atención alguna a la clase. Parecía demasiado aburrida.

—¡Esto es una mierda! —dijo entre dientes mientras golpeaba la mesa.

—Lo es —afirmó Edward antes de que pudiera pensarlo. En cuanto lo dijo se arrepintió, sintió que la muchacha le miraba y cómo el calor subía sus mejillas. Dirigió una tímida mirada hacia donde Bella estaba, quien lo mirada con una ceja alzada.

—¿En serio? —inquirió la chica. Edward no pudo más que asentir tímidamente.

¡Qué idiota eres! Debes de parecer patético, pensó Edward.

—Entonces… ¿por qué estás aquí? —preguntó ella ladeando la cabeza.

—Eh… yo… no sé —tartamudeó Edward encogiéndose un poco de hombros.

—¡Bah! Si fuera por mí me largaría muy lejos de aquí —se quejó ella haciendo una mueca. Edward iba a preguntarle su razón, pero antes de que pudiese hacerlo ella pareció entenderlo, porque continuó: —No puedo hacerlo. Ya no. Mi madre me ha advertido que si volvían a expulsarme me mandaría a un internado en España.

Edward no dijo nada más. En realidad no sabía qué más decir.

—¿Por qué no te gusta esta mierda? —preguntó minutos después, sin siquiera molestarse en bajar la voz. Algunos de los que estaban cerca la miraron impactados. Edward la miró sorprendido, pensando qué decirle.

—Yo… en realidad no me gusta la profesora… —procuró decirlo en la voz más baja, intentando ignorar las miradas.—Ella la hace aburrida.

—Hum… —fue todo lo que dijo.

Esa fue toda la conversación que tuvieron en toda la clase. Edward no pudo decir nada más, incluso esta vez se dedico a mirar fijamente a la profesora, dar su discurso interminable mientras pensaba en la extraña y curiosa chica que estaba su lado. Bella.

El timbre sonó, todos comenzaron a levantarse, Bella fue la primera en levantarse y salir del aula, Edward la siguió con la mirada para después guardar sus cosas y levantarse también, salir del aula ignorando a Jessica, quien estaba a punto de hablarle. Su pesada y fastidiosa amiga.

N/A:

Sé que el capítulo es muy extraño, casi no se explica nada y además lo corto precipitadamente, pero lo que pasa es que antes de clavarme demasiado en la historia quiero saber si gustará o no, sino para concentrarme en mis otras historias entonces. Si gusta entonces repartiré mi tiempo en esta y en las otras. Últimamente ando con bastante inspiración así que…

Oh, por cierto, lo olvidaba. Sé que en las escuelas privadas se lleva uniforme y eso, pero aquí hagan como que no, ¿sale? Es que no me gustan esas mierdas (por tanto llevarlas) así que aquí tengo la oportunidad de desaparecerlas. Hay que aprovechar amigos XD En los siguientes capítulos ya se sabrá más de Bella, de Edward, de sus amigos y de la escuela misma.

Les recomiendo que lean el libro que mencioné allá arriba, es demasiado bueno. Me encanta. Al igual que el escritor: Alfredo Gomez Cerdá. También les recomiendo que lean otro de sus libros, Palabra de Nadie y éste, Sin Máscara. Son libros de los que puedes aprender bastante. Además son interesantes, románticos, te meten mucho en los sentimientos e historia y no son nada clichés. ¿Qué más puede hacer a un libro bueno?

Gracias!!

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Cariños,

~Leonannika.-