2ª PARTE

Hace aproximadamente un mes que convivimos con ellos.

Tal y como dijo Ian, Jared había planeado por su cuenta llevarnos con ellos para que compartiésemos su refugio. Una cabaña rustica pero encantadora. Una de esas que en un principio haría las delicias de los turistas, hasta que finalmente descubriesen la falta de comodidades, pues la letrina estaba algo apartada y no había electricidad ni agua corriente, tan sólo una bomba manual en el fregadero que suministraba el liquido elemento desde el cercano río.

Para nosotras, después de tanto tiempo de huir sin rumbo, de dormir donde y cuando podíamos soportando la lluvia, el frío y el calor sin un techo... aquella tosca construcción empotrada en un rincón de arenisca roja, peligrosamente cerca del nivel de inundación del río, era sencillamente perfecta.

A nuestra llegada, Jared nos explicó que podríamos permanecer largas temporadas sin peligro alguno. Afortunadamente para nosotros, su padre era un hombre estrafalario al que no sólo le gustaba alejarse de todo de vez en cuando, sino que además le encantaba vivir un poco a la aventura y hacer las cosas a su aire..., en definitiva, dejarse llevar por el espíritu pionero que debió impulsar a los primeros colonos del "salvaje Oeste"; así que nunca se molestó en averiguar a quien pertenecía la tierra ni lo que permitían los papeles y todas esas monsergas. Por lo tanto, no sólo estaba construida en un lugar insólito lejos de cualquier vereda o camino, si no que además, oficialmente no existía.

Mientras regresaba sin prisa de mi lugar favorito, una pequeña alameda situada a doscientos metros de la casa en la que me gustaba perderme de vez en cuando escuchando el suave murmullo del viento entre las hojas porque me permitía en cierta forma regresar por unos efímeros instantes a mi lejana tierra natal, y cuyo verde a pesar de la luz mortecina de la tarde aún resaltaba de tan vivido contra el rojo de las rocas del estrecho cañón, meditaba sobre nuestra situación.

Como si aquella noche el destino nos hubiese emparejado con algún propósito y no por simple aleatoriedad, resultó que Kokoro y Jared congeniaron tanto que la relación que surgió entre ellos pronto dejó de ser de amistad.

Tan espontánea y alocada como siempre, Ko aprovechaba cualquier excusa para lanzársele al cuello y comérselo a besos, estuviesen a solas o no... y claro, él no se quedaba atrás. Así pues, cuando las cosas se subían de tono, cosa cada vez más frecuente, –ya ni siquiera a Jared le incomodaba nuestra presencia a la hora de dejarse llevar por los instintos primarios y dar rienda suelta a sus pasiones– Ian y yo nos veíamos obligados a pedirles compostura o abandonar discretamente el lugar...

... Sin embargo, era evidente que había entre ellos mucho más que una atracción física. Ellos se querían de veras. En cambio Ian y yo..., después de aquel primer beso, nada de nada. Sencillamente comenzaba a dudar de que, por su parte por supuesto, alguna vez hubiese habido algo más que la euforia del momento al encontrar a otro ser humano.

Me consolaba pensar que, por lo menos, no se fijaba en mí por ser la única mujer disponible. Eso era algo por lo que desde luego no estaba dispuesta a pasar. Si alguna vez se le pasaba por la cabeza la idea de repoblar la tierra o algo así..., ¡que se buscase a otra! Además, para eso ya estaban Jared y Kokoro, ¿no?. –Me obligué a relajar el rostro borrando la mueca que presentaba– Evocar sus constantes muestras de..., "amor" no era ni mucho menos la palabra correcta para definirlo, "adoración" encajaba mejor, me dolía demasiado ¿Por qué? ¿Por qué no podía olvidarme de ese dolor y alegrarme por ellos sin más? La respuesta no tenía nada que ver con los celos o la envidia, sino con la culpa. El único motivo por el que no compartían también las noches era...YO. Yo era la tercera en discordia..., la que sobraba.

La cabaña contaba con un solo dormitorio, con su respectiva cama de matrimonio encajonada a duras penas entre sus rústicas paredes de piedra, en el que fuimos instaladas inmediatamente; y un sofá cama. Y ahí erradicaba todo el problema ¿Si me expulsaban del dormitorio..., dónde me recolocarían?

Limpié las inútiles lágrimas, que comenzaban a empañar mis ojos, justo cuando alcanzaba los peldaños que conducían al porche. No estaba en condiciones de explicar mi estado de ánimo, así que en vez de subirlos me dejé caer en el primero y observé como las sombras iban avanzando a pasos agigantados por el estrecho cañón, tragándoselo todo en su negrura conforme el sol se retiraba por el horizonte lanzando sus últimos destellos... Como si le costase admitir que estaba vencido, estos parecían más intensos conforme la negrura aumentaba; produciendo un hermoso espectáculo.

Suspiré. Incapaz de detener mi mente y empaparme de la paz reinante.

Había una solución bastante obvia a todo aquel drama... pero me faltaba el valor necesario para llevarla a cabo: Dentro de dos días nos iríamos de misión de reabastecimiento. Habíamos rapiñado bastante de camino hasta aquí, pero al ser cuatro ya comenzaba a escasear de todo; haciéndola necesaria. Durante la planificación, los chicos insistieron en que nos quedásemos a esperarlos aquí, nosotras por nuestra parte dejamos bien claro que no lo haríamos. Si ellos caían..., caeríamos todos juntos. Bien..., ¿y si fuese un viaje solamente de ida para mí? Eso lo arreglaría todo, ¿no?. Kokoro y Jared tendrían el cuarto para ellos, y yo no sufriría más viendo cada día esos ojos, azul profundo, mirándome como a cualquier otra persona soñando con que fuese de otra manera... Pero... No podía hacerlo... Simplemente era imposible.

No volver a verle..., preguntarme cada día..., a cada minuto..., que fue de él... me volvería loca. Además, los expondría a un doble peligro: Sabía que, aunque les dejase una nota indicando que mi decisión era voluntaria, Koko se empeñaría en buscarme para llevarme de vuelta –a rastras si fuese preciso– con el consiguiente riesgo. Y por otra parte, si me capturaban... yo misma acabaría con ellos.

Como quiera que fuese, tenía la certeza de que mi acción los obligaría desalojar el único refugio seguro que existía, en el mejor de los casos como simple medida precautoria. Un lugar al que Jared e Ian habían llamado "hogar" desde hace muchos años..., un lugar al que yo misma quería pertenecer... –Se me encogió el estómago y el corazón me dio un vuelco– No, no podía privarlos de él. No podía pagar su hospitalidad con aquel acto traicionero.

Suspiré de nuevo. Un infructuoso intento de desalojar a la congoja de mi pecho.

- ¡Menudo suspiro! –Comentó mi amiga a mis espaldas haciéndome dar un respingo. Estaba tan ensimismada que no la había escuchado salir al porche.– ¿Qué te pasa?

- Nada. –Mentí sin mirarla cuando se sentó a mi lado.

- ¿Es por qué ese idiota aún no se atreve a decirte nada?

Sonreí sin que la alegría llegase a mis ojos. Ella me conocía tan bien que leía en mí como si fuese un libro abierto. Oh, claro que podría haberlo negado recordándole la misión... Podría haber alegado que estaba preocupada o incluso asustada por su causa... pero no se lo tragaría. Sabía que no podría engañarla... y menos después de hacer gala de una actitud tan decidida durante la acalorada discusión con los chicos... Así que ni lo intenté.

- El hecho de que no sienta nada por mí no lo convierte en un idiota, Ko –susurré, molesta por el calificativo.

- Bueno..., eso sería discutible –dijo pasando su brazo derecho sobre mis hombros, y haciéndome rodar los ojos. Kokoro y su falta de objetividad.– Si a eso le añades que tu afirmación no es correcta... –refutó con rapidez antes de que pudiese abrir la boca para objetar sobre su anterior comentario– osea, que sí lo siente..., –afirmó con vehemencia remarcando el si– llegamos a la inevitable conclusión de que, eso es precisamente lo que lo hace ser un completo idiota.

Me quedé mirándola sin saber que responder. Seguramente un vampiro tendría más color que yo, pues la sangre se me había fugado junto con el alma y el corazón.

- No me mires así. Jared opina igual. Él le conoce bastante mejor, y dice que lo vuestro es sólo cuestión de tiempo –Bufó.– Tiempo, como si nos sobrase. ¿Por qué no das tú el siguiente paso, cariño? A lo mejor es lo que está esperando.

Enarqué una ceja. Un gesto a medio camino entre la incredulidad y el sarcasmo.

- Bueno... él te beso ya, ¿no?. Quizá crea que ahora te toca a ti.

Negué enérgicamente con la cabeza. Ella se encogió de hombros, aunque visiblemente contrariada, y poniéndose ágilmente de pie replicó:

- Como quieras. Si tú no haces nada lo haré yo.

- No todas somos como tú, Koko –le espeté exasperada mientras la retenía por la muñeca. –Al menos yo no.

- Ah, ¿y eso que significa? ¿Qué eres mejor que yo? Qué soy una..., ¿qué?... ¿Una descarriada?... ¿¡Es así como me ves! –Su voz fue subiendo octavas a medida que el despecho afloraba– ¿¡Y todo por que no tuve miedo de demostrarle a Jared cuanto le amo! –Escupió más que preguntó.

Perfecto. Ahora, y por si fuese poco, encima había ofendido a mi amiga. ¿Qué más podía hacer para estropear aún más mi situación? –Piensa, Elen, piensa... que seguro que con tu suerte encuentras algo...– Seguro que acabaría averiguándolo pronto.

- Mira, nena... –Continuó cada vez más enfadada, ganándose toda mi atención.– Por si no te has enterado: Primero. ¡Estamos en el siglo veintiuno, las mujeres ya no tenemos que esperar sentaditas a que ellos se dignen a dar el primer paso! Y segundo. ¡Nos están masacrando! Cualquier instante puede ser el último, ¿recuerdas? –su enfado se quebró junto a su voz, y se dejó caer de nuevo en el escalón, a mi lado.

- Me malinterpretaste, Koko –me apresuré a explicar aprovechando que aquella verdad, escalofriante e inamovible, había cortado su airado discurso. El rápido subir y bajar de su pecho me decía que la tregua no duraría mucho.– Me refería a lo mucho que me gustaría ser como tú. Desearía tanto no ser una... estrecha –susurré mortificada.

- No creo que seas una estrecha, cariño –dijo abrazándome con ánimo consolador, repentinamente calmada– No fue eso lo que vi aquella primera noche –añadió balanceándonos picaramente.– Simplemente te cuesta arrancar, eso es todo.

Mi cara quedó roja y miré al suelo fijamente al recordarlo. Me sentía tan malditamente avergonzada...

...No sólo había correspondido a su beso de un modo salvaje, sino que además había acabado colgada de él como un mono araña... Mis piernas enlazadas fuertemente alrededor de su cintura y mis brazos tras su nuca... Y lo peor es que, no fui consciente de todo eso hasta que Ian me soltó al escuchar el carraspeo divertido de Jared y la risita nerviosa de Kokoro.

Tal vez ese fuese el problema... Quizá ahora me creía una chica facilona y le asqueaba...

- Oh, por el amor de Dios –Gimió mi acompañante volviéndose a levantar de un salto.

Me alarmé al instante. El fugaz vistazo de su rostro al girarse confirmó mis sospechas. Al parecer, la última parte de "mi monologo interior" no había sido tal cosa precisamente.

- ¡Ni se te ocurra hablar con Ian de esto! –Grité anteponiendo la furia al terror.

- No he dicho que vaya a "hablar"con él... si no recuerdo mal, la palabra que utilicé antes fue: hacer... De todos modos, si eso te tranquiliza, –me guiñó un ojo, dedicándome a continuación una sonrisa angelical. Demasiado angelical.– te juro que no le diré ni media palabra. –Y se largó dejándome confusa y con una inquietante incógnita: ¿Qué se proponía?

La noche comenzaba a refrescar, acusando de paso la humedad del río cercano. Así que entré en la cabaña pisándole los talones, dispuesta a acostarnos y dejarlo correr hasta el día siguiente, justo a tiempo de verla susurrar al oído de Jared mientras lo arrastraba de la mano en dirección a nuestro dormitorio.

- Por cierto Ian..., apartir de esta noche tienes nuevo compañero de cama. –Anunció por encima del hombro como si tal cosa antes de entrar.– Te lo advierto, Ele –añadió presintiendo mi mudo estupor.– Ni se te ocurra tocar esta puerta. Vamos a estar muy ocupados en breve.

Jared clavó sus ojos marrones en mí, y después los paseo por la estancia hasta dar con los de su amigo, esbozando entonces una enigmática sonrisa, antes de cerrar tras de sí.

- Que directa. –Resopló Ian a mi costado.

- Sí. Esa es Koko. Para ella es absurdo esperar y andar con medias tintas en cuanto sabe lo qué quiere y cómo obtenerlo... Y si no funciona..., pues a otra cosa mariposa. Dice que, por mal que salga todo, siempre es mejor que quedarse con las dudas.

Sentí sus ojos fijos en mí, pero preferí ignorarle contemplando con redobladas energías la puerta cerrada. ¿Por qué le había soltado todo eso? ¿Tan difícil me era permanecer con la boquita cerrada?

- Mmmm... Tiene una personalidad aplastante. Eso no se le puede negar –murmuró.– A decir verdad... Si yo fuese Jared, creo que me intimidaría un poco.

Sonreí sin poder evitarlo, pues no podría estar más de acuerdo. Kokoro tenía tanta seguridad en sí misma que asustaría a cualquiera. Claro que, por lo que había podido apreciar en el transcurso de nuestras peripecias junto a ellos, Jared también. Sin duda era el mejor tomando decisiones criticas en cuestión de segundos. Era capaz de analizar a velocidad de la luz los pros y los contras de cualquier circunstancia, parecíendo saber siempre que hacer y estar dispuesto a hacerlo.

- Por eso doy gracias al cielo a que la que me gustes seas tú...

Me envaré.

- No te apures. Iremos despacio. Te daré todo el tiempo que necesites hasta que lo tengas tan claro como yo. Que durmamos juntos no tiene porqué acelerar mis planes.

Al fin me atreví a mirarlo. Mientras charlábamos se había aproximado tanto que solamente alcancé a perderme en sus ojos. Eran tan cálidos y acogedores..., más que eso, en ese preciso instante había tanto fuego escondido tras la aparente escarcha de su azul, que debería haberlo sabido. Debería haberme preparado, anticipándome a su jugada, en vez de dejarme pillar totalmente desprevenida; otra vez. La única explicación posible era que estaba demasiado aturdida para verlo venir.

Se inclinó, y tomando mi cara entre sus manos ardientes, depositó un beso en mis labios. Uno que, aunque efímero, incendió mis venas y nubló mi razón.

- ¿Izquierda o derecha? –Ofreció alejándose a grandes zancadas hacía el sofá cama, ya dispuesto para pasar la noche.

No esperó mi respuesta. Simplemente se tendió de costado, cuan largo era, en el lado derecho. Después retiró las mantas del izquierdo, abriendo la cama para mí.

- Nuestra Excalibur –murmuró palmeando el colchón y mirándome por primera vez.

- ¿Qué? –Pregunté. Encaminándome hacía allí con pasos cortos y vacilantes.

- Cuando era pequeño, mi padre solía contarme historias sobre el Rey Arturo y los caballeros de la tabla redonda. Sin embargo, esta, mi favorita, no me la contó hasta los quince o así.

Me arropó en cuanto quede horizontal sobre el colchón, haciendo caso omiso de mi rígida postura, con la vista clavada en el techo, continuando su relato con el mismo tono.

- Si conoces algo sobre esas historias... sabrás que Arturo quedó prendado de Ginebra, casi una niña, nada más verla... y que no descansó hasta sacarla del convento donde la tenían recluida sus padres, directamente para casarse con ella.

Asentí sin dejar de observar los nudos y dibujos de las betas del artesonado.

- Pues la amaba tanto que, leyendo el pánico en sus ojos en la noche de bodas, y no queriendo tenerla hasta que ella le correspondiese, tendió su espada sobre el centro del lecho nupcial diciendo: "Solamente tú, esposa mía, podrás retirarla o pasar sobre ella cuando y cuantas veces te plazca. Por mi parte, por mi honor de caballero, juró que jamás me moveré de mi lado". Y eso se repitió cada noche hasta que, finalmente, la propia Ginebra le impidió colocarla... Entregándosele completamente enamorada.

Guardé silencio, incapaz de disolver el nudo que la emoción había creado atascando mi garganta.

- Buenas noches, mi dulce Ginebra –suspiró dándose la vuelta.

- ¿Ian? –Conseguí articular.

- ¿Sí? –Inquirió, evidentemente aleta, aunque sin mover un solo músculo.

- Antes... cuándo has dicho que te gustaba... –dudé sobre si continuar o pedirle que lo olvidase.

- Si aquella noche hubiese perseguido a Kokoro en vez de a ti... –suspiró.– No niego que, tal vez, la hubiese besado en la euforia del momento. Pero desde luego tampoco me pasaría las noches en blanco pensando en ello..., ni mucho menos los días tratando de no repetirlo.

Jadeé ilusionada. Aferrándome al borde del colchón para mitigar la sensación de levitar, y llevándome al mismo tiempo la mano libre al galopante corazón, temerosa de que lo escuchase en el ominoso silencio que precedió a su declaración. Sin embargo, fue otra clase de ruidito lo que rompió tan mágico momento.

A pesar de las gruesas paredes y la sólida puerta de madera maciza que nos separaba, el sordo aunque fácilmente identificable golpeteo rítmico del cabecero de hierro forjado se encargó de ello.

- Ian...

- ¿Sí?

- Me gusta la idea de ir más despacio que ellos –adujé azorada. Esforzándome por pronunciar con naturalidad cada palabra– pero..., ¿te importaría pasar aquí abajo y abrazarme?

En principio, ambos teníamos muy claro que la idea era dormirme entre sus brazos... sin embargo, como dice una coplilla popular de mi patria chica: "El hombre es lumbre, la mujer estopa. Llega el diablo... y sopla que sopla"

FIN

.N/A: Por unos días estuve a punto de cambiarle el Raiting de M a T y dejarla en OS pero... encontré lo que llevaba escrito de la segunda parte y bueno... decidí volver a intentarlo.(¡Más de un año después!) Eso sí, creo que definitivamente renuncio a la escena lemmon entre kokoro y Jared...que le tenía prometida (lo que me bloqueó en su día) por dos razones... Primera. Hace mucho que no sé nada de ella y no me siento comoda escribiendo y publicando un lemmon sobre ella en esas condiciones... y segunda (la misma que me dejó bloqueada en su día)... A no ser que añadiese un Kokoro Pov (algo que veo como muy forzado) como metería eso en una historia contada en primera persona por mí (ELE) sin ser una voayer o como se escriba eso?.

Algunas chicas piensan que esta historia esta escrita y pensada en conjunto con Kokoro, pues solamente me resta aclararles que no. Es un regalo que hice para ella y para mí misma en un ataque de locura XDD