Epilogo.


Bella POV.


Los días eran felices, no perfectos, pero si felices. Edward era más de lo que había esperado que fuese, jamás creí conocer esa faceta en aquel hombre.

Cuatro años desde la primera vez que le vi y no lo había olvidado, con esa actitud tan insufrible que había tenido para conmigo, actitud que había hecho que mi estomago se revolviese pues parecía una bomba tóxica, pero ahora, todo era distinto y agradecía haber madurado lo suficiente como para lograr entenderle y aceptar nuestra historia.

Nuestro pequeño Edward Benjamin tenía ya tres años y era el retrato de su padre, ambos jugaban como si tuviesen la misma edad, era adorable verle así, tan despreocupado y tierno.

Aquella mañana mis Edward's había salido temprano al supermercado. Extrañamente mi esposo no quiso que lo hiciese Cirille, tampoco quiso que le acompañase en la labor, por lo que me quedé en casa ordenando algunas cosas.

Hoy sería el último día en aquel lugar, Edward y yo habíamos decidido comprar una nueva casa, más grande y más cómoda para que nuestro pequeño creciese tranquilo y alejado de los paparazzis que intentaban obtener fotos del pequeño heredero.

Observé una vez más el escritorio que tenía frente a mí, estaba todo envuelto en cajas y dispuesto para que llegase el camión de mudanzas entonces vi allí la vieja carta de Jacob.

Edward había decidido no entregármela hasta después del parto, una decisión muy acertada y que pude comprender sin más.

La curiosidad me embargó y decidí volver a leerla, después de tantos años era el único recuerdo que tenía de él. Desdoblé la carta y me senté sobre la mesa, ya que era lo único que quedaba en la habitación.

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Querida Isabella:

El daño que he hecho no tiene nombre ni mucho menos tamaño, sé que mi forma de actuar llevó a aquel desenlace trágico del que soy conciente, una vez más reconozco que he sido el único culpable.

Sé que no debería hacerlo, pero aún así guardo en mi interior una pizca de esperanza para pedir tu perdón, no sólo por esto si no por todo. Actué cegado por un amor obsesivo que me hacía quererte siempre para mí y a pesar de comprender la situación en que nos encontrábamos, siempre tuve la esperanza de que aquello cambiase, que pudieses elegir y que el resultado de aquella decisión fuese yo. Nunca perdí las esperanzas de formar algo más contigo, pero he de confesarme egoísta, porque jamás pensé si era aquello lo que querías, siempre te vi tan decidida por lo que sentías que lo tomé por sentado, creí que me amabas y eso era todo para mí, jamás pensé que Cullen fuese un factor entre los dos.

La vida que tenía planeada era perfecta, pero fui un necio al creer que ocurriría tal cual lo planeado, a veces el amor nos ciega y creo que ese fue mi gran error.

Ahora sólo deseo lo mejor para ti y tu bebé, para tu familia en general, fuiste tú la que decidió finalmente y aprendí a aceptarlo. Créeme que te amé más que nada en este mundo y que aún te sigo amando, pero que he aprendido la lección y respeto cada una de tus decisiones, sólo espero que con Cullen seas feliz, se ve un buen tipo después de todo.

Una vez más he sabido hacerme un lado y seguir con mi vida, sólo espero que tú logres tus objetivos con la tuya.

No olvides lo mucho que amé y que te quise, tampoco olvides los buenos recuerdos que vivimos, siempre en mí tendrás un amigo en quien confiar, por más difícil que te resulte creerlo.

Jacob.

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Suspiré algo agotada por las emociones que los recuerdos aún me producían.

Creo sinceramente que alguna vez estuve enamorada de Jacob, no sé de qué manera, pero creo haberlo estado, aunque, claramente, no se compara a mis sentimientos para con Edward.

Tenía buenos recuerdos de lo que era mi vida hasta ahora, me agradaba verme como una mujer realizada y dispuesta a ser feliz con un hombre como Edward.

—¡Amor! —escuché desde el primer piso a Edward.

—¡Estoy arriba! —respondí contenta de que ya hubiesen llegado.

Dejé la carta en donde estaba y bajé las escaleras con ansias de ver a mi pequeño Edwardcito.

—¡Mamá! —rió el pequeño que venía en brazos de su padre.

Cirille recibió las bolsas que traía mi esposo y se marchó a la cocina sin decir nada.

Tomé en brazos al pequeño Edward que tenía un mechón de su ondulado cabello molestándole en sus ojos.

—¿Cómo te has portado con tu papi? —sonreí.

Edward me besó tiernamente y besó la frente de nuestro hijo.

—Se ha portado de maravilla, creo que deberemos llevarlo a comprar más seguido, vieras tu como le sonreía a la cajera —rió.

—¿Sería Edwardcito quien le sonreía a la cajera o tu? —le reclamé.

A Edward le encantaban mis escenas de celos, siempre me seguía la corriente y aunque me resultaba molesto muchas veces que lo hiciese, terminábamos sonriendo ante nuestras locuras.

—No lo sé, ya sabes… mi encanto natural —sonrió de manera sensual y pasó su mano por su cobriza cabellera.

—¡Uy! Si, claro… Señor Sex Appeal —reí —. Me matas con tu actitud: "Soy sexy y me las puedo a todas" —reí.

—Sabes que es así, no te puedes negar a mis encantos —me susurró al oído mientras se quitaba la chaqueta.

—¡Edward! —chillé —. ¡Eres un… un…! —Edward arqueó una ceja y me recordó que nuestro pequeño estaba en mis manos —. ¡Un cabeza de alcornoque!

—¿Un cabeza de alcornoque? —rió a carcajadas.

Mi pequeño Benjamin, así le llamaba para no confundirlo con su padre, comenzó a reírse al vernos a todos tan alegres y se veía tan adorable de aquella manera que desmonté mi imagen de esposa celosa, para unirme a ellos en una maratón risueña.

A la mañana siguiente tenía al camión de mudanzas, junto a Alice y Rose en mi puerta.

—¡Bella! —chilló mi pequeña amiga.

—¿Qué hacen… ustedes acá? —dije sorprendida al verlas.

Se suponía que Alice y Rose estaban en USA, realmente no entendía nada ¿Qué hacían acá?

—¡Qué grosera! —reclamó Rose —. ¿A caso no puedo venir a ver a una de mis mejores amigas?

—¡Amé tu manera de recibirnos! Avisaré la próxima vez para que no me abras la puerta —rió con ironía Alice.

—¡Edward! —chilló Rose.

—Sé que me extrañaste Rose, pero no tenías que gritar de aquella manera —sonrió Edward como siempre tan petulante.

—¡Idiota! —le dio un pequeño golpe —. Me refería a Edwarcito —suspiró al ver a mi pequeño hijo en brazos de su padre.

Edward me miró intentando soportar la risa y comprendía perfectamente por qué.

"Edwardcito" no era la mejor forma de llamar a nuestro hijo, por lo menos a mí se me permitía hacerlo, pero no era cómodo recordar aquel nombre tan intimo para nosotros.

—Creo que debemos dejar claro que no deberían llamarle así —me susurró mientras Rose y Alice jugaban con nuestro hijo.

—Ya —le respondí —. ¿Quieres que les diga: "Chicas no le digan Edwardcito a mi hijo porque me hace recordar a mi juguete nocturno"? —susurré mientras soportaba mi risa.

—Sería una buena forma de aclararlo —dijo posando sus manos en mis caderas y presionándome contra él.

—¡Edward! —le critiqué.

—Dejemos a estas locas a cargo de Benjamin, tú hazte cargo de "Edwardcito" que esta extrañándote —susurró en mi oído.

Definitivamente mi esposo estaba loco, de todos los momentos que podíamos hacerlo… ¿Tenía que ser ahora?

Volvió a sonar el timbre, Cirille esta vez abrió la puerta.

—¡Esme! —chilló Alice al ver a la madre de Edward.

Fue un real alboroto escuchar a todos gritar lo felices que estaban por volver a verse y realmente se me volvía confuso oír a tanta gente en casa.

Jasper y Emmett habían llegado un poco retrasados por el trafico, Esme y Carlisle estaban listos para llevar a todos los invitados a su casa mientras instalaban todos nuestros muebles en la casa nueva, sin contar a los encargados de la mudanza que andaban de allá para acá quitando las cosas.

—Edward —sonrió Carlisle —. Nosotros nos llevaremos a Benjamin, será mejor que se queden con Bella para ver lo del arriendo, sus arrendatarios quedaron en venir a ver la casa en una hora más y sería conveniente que estuviesen aquí.

Comprendí de inmediato a que se refería con "conveniente", a veces mi suegro era demasiado directo con este tipo de cosas, pero agradezco que esta vez lograra disimularlo mejor, aunque Emmett me lanzó una mirada graciosa.

—Está bien, pero espérenos para la celebración —reclamó Edward.

—Cirille, vendrás con nosotros —dijo Esme cooperando con la maquiavélica obra.

¿Acaso no era suficiente el tiempo a solas que pasaba con mi esposo que ahora todos buscaban aún más tiempo para nosotros? Entonces comprendí todo cuando Carlisle se volteó antes de cerrar la puerta.

—¡Campeón, es hora de una niña! —le guiñó el ojo mientras le daba un golpe suave en el hombro.

Sonrió y se marchó como si nada.

—¿Qué fue eso? —dije una vez que estuvimos solos.

—Eso fue un: "queremos una nieta" —rió Edward.

Fruncí el ceño ante aquello, estaba bien que quisieran una nieta… pero… pero no era justo para Edward jr. no había disfrutado lo suficiente a mi hijo como para querer tener otro.

—¿Te molesta la idea? —susurró sensualmente en mi oído mientras me abrazaba apegándome aún más a él.

—Sólo un poco —respondí algo conciente.

—¿Te molesta practicar? —volvió a susurrar.

¿A quien le molestaba practicar ese tipo de cosas? ¡Que pregunta más tonta! En otra época diría que era típica de mi esposo, pero ahora el velo ciego del amor me hacía pensar que era la tontera más hermosa del mundo.

Me volteé para quedar abrazada a él y envolví mis manos en su cuello.

—¿A quien le molestaría practicar si es contigo? —sonreí.

—No sé por qué siempre me dicen lo mismo —sonrió.

¡Uy! Cuando se ponía insufrible no había quien le ganase.

Me acerqué aún más a él y posé mis labios sobre los suyos con impaciencia y a la vez ira, me dejé llevar por todas las sensaciones que existían en mi interior y pude ver como la desesperación recorría su cuerpo, entonces le mordí fuertemente el labio inferior. ¡Se lo merecía!

—¡Sigues haciéndome la guerra! —chilló.

—Esto es sólo el comienzo, Cullen —sonreí pícaramente pegándolo a la pared.

Los besos y las caricias fueron nuestra manera de comunicarnos, sus manos sobre mi cuerpo y mi piel eran lo único digno de mencionar, no hacían falta las palabras, todo lo contrario sobrarían ante la perfecta comunicación de nuestros cuerpos.

Edward con impaciencia me despojó de todas mis ropas, dejándome desnuda en el que era el living de nuestra casa, entonces hice lo mismo con sus pantalones que no tardaron en llegar al suelo.

El calor de mi cuerpo estaban llenando el ambiente y la desesperación por ser suya una vez más era imperante, realmente algo tenía mi esposo que hacía que volviese a desear más de él.

Con sus manos acarició cada centímetro de mi espalda baja llegando a trasero que masajeó una y otra vez mientras su boca jugueteaba con la mía, mis manos recorrían su espalda con la misma desesperación de Edward.

No nos hicimos esperar más, Edward me tomó en brazos y enlacé rápidamente mis piernas para ayudarle aún más mientras nuestros besos no cesaban, caminó hasta la cocina y me sentó en el único mesón que estaba allí.

Abrí mis piernas para recibirle y no tardó en entrar en mí. "Edwarcito" comenzaba a hacer su trabajo.

La presión que existía en nuestros cuerpos era incrementada por los inigualables movimientos de mi esposo, movimientos que producían un roce único y las sensaciones que emanaban mi ser eran indescriptibles. Jalé los cabellos de Edward una y otra vez, la desesperación se apoderaba de mí al sentir a Edward tan cerca del orgasmo, ambos gemíamos y jadeábamos ante la carecía de aire. Volvió a besarme con impaciencia y mis labios se dejaron llevar por los suyos en un beso compacto.

Los movimientos frenéticos de mi pecho iban al compás de los movimientos de Edward, cada embestida conseguía que mi interior se tensara envolviéndole aún con más presión, Edward podía sentirlo, ambos podíamos sentir aquella exquisita sensación que era una sola para ambos, en un último suspiro y un frenético jadeo, Edward y yo llegamos al éxtasis, una vez más juntos como siempre.

Ambos agotados por la exquisita sensación nos besamos tiernamente y me refugie en su pecho, me mantuve allí por varios minutos hasta que, aún agotados, decidimos vestirnos.

No tardaron en llegar los arrendatarios que admiraron por varios minutos la cocina, mientras que Edward y yo no podíamos evitar mirarnos al recordar lo que habíamos estado haciendo allí hacía tan poco tiempo.

Se confirmó el arriendo y pudimos marcharnos tranquilamente a la casa de los padres de Edward a festejar el cambio de casa junto a todos nuestros amigos.

Hoy en la noche, pienso decirle a Edward que estoy embarazada y que tengo dos meses… de esta manera se completa nuestra felicidad.


Hola chicas.

¿Cómo están mis niñas?

Perdonenme por este retraso gigante, la universidad no me ha dejado hacer nada.

He aquí el Epilogo :)

Espero que les haya gustado :)

GRACIAS, UNA VEZ MÁS, A TODAS LAS CHICAS QUE ME ACOMPAÑARON EN ESTA HISTORIA.

A todas las que dejaron REVIEW en cada capitulo dandome animos para seguir.

Realmente ¡Gracias!

Este Epilogo va dedicado a cada una de ellas :)

Besitos y las quiero MUCHO.

Paso el dato que tengo un nuevo ONE SHOT en otro FANDOM, pero no sean malosas y pasense por él

The prefects bathroom, un one shot Hermione/CEDRIC.

Pasense y dejenme REVIEW :D

Besos

Manne