Disclaimer: como ya todos saben, los personajes le pertenecen a la gran Stephenie Meyer, pero la historia es mía, así que disfrútenla.

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Vale, no voy tan mal después de todo. Después de la publicación de "Mine" (un nuevo placer culpable) y por la presión de cierto grupo que no quiero mencionar (¬¬) aquí estoy de vuelta, con un nuevo capítulo de Remi –extrañaba tanto esta historia (u_U)-, espero les guste. No está tan lacrimógeno como los anteriores, pero es una parte importante para lo que se viene. Y antes de que me olvide, este capítulo va dedicado para dos pequeños angelitos que han venido a iluminar este mundo. ¡Para Clarissa y Mia Regina! Porque la esperanza es lo último que se pierde y nuestra fe, la que nos sostiene.

N.A: Gracias a mi bella beta APAP por haber corregido el capítulo *-*

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Forget you

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Porque llegó el momento de que alce las alas rotas y vuelva a volar…

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El agua de la pileta reflejaba la sonrisa de la luna, altiva y socarrona. Los azulejos ya desgastados por los años mantenían aún el brío de paisajes lejanos. Edward estiró las piernas dejándose caer sobre la banca. Había pasado ya tanto tiempo, pero sus recuerdos aún seguían intactos.

Una nube cruzó sin prisas sobre la luna desdibujando su imagen por una fracción de segundo. La noche había caído sobre la plaza, trayendo consigo las voces de una ciudad desolada. No muy lejos de ahí, un perro callejero se abrió paso en medio de los matorrales fijando su vista sobre el hombre que descansaba sobre la banca. Despacio, como si aún no lo hubiese reconocido, el chucho se fue acercando, repitiendo un ritual que se había vuelto costumbre entre ambos. Edward lo miró, la luz de la noche se reflejó sobre su pelaje de color del whisky.

Tan dócil, tan solitario.

Metiendo las manos en la bolsa de papel que había traído consigo, sacó una servilleta en la que había envuelto el pedazo de filete y panes que no llegó a comer. Colocándola a sus pies, vio como el animal se acercó a él, lamiendo su mano en el proceso antes de volcarse sobre el alimento.

Tan fiel.

-Eso es amiguito.- dijo rascándole tras las orejas, mientras lo observaba comer con avidez.

Tras vaciar el contenido de un cartón de leche sobre un pocillo, volvió a recostarse sobre la banca. Distraído con los recuerdos. Mirando hacia el edificio que se divisaba tras los muros de ese parque. Recordando. Tanto tiempo y aún seguía doliendo como si fuera ayer.

-Sabes que es perfecto Edward, la vista es maravillosa. –dijo Bella asomándose a través de la azotea. Los rayos del sol dieron reflejos dorados sobre su cabellera suelta mientras un par de hoyuelos marcaron su sonrisa.

Era tan difícil negarle algo viéndola tan feliz, pero debía intentarlo. Era tan peligroso que viviera sola. - Bella, esto está tan lejos del centro...

Un puchero adorable se formó en el rostro de la castaña, haciéndolo olvidar la sarta de escusas que había estado practicando para ese día. No, no valía la pena hacerla disgustar…

Edward sonrió melancólico mirando hacia la nada. Recuerdos. No hace mucho tiempo, ambos habían estado sentados en esa misma banca. Disfrutando de un día soleado, que traía consigo los primeros brotes de la primavera. Los niños jugaban en la pequeña plaza. Las madres conversaban despreocupadas, manteniendo siempre un ojo sobre sus hijos. Bella sonreía risueña, desojando un pequeño geranio mientras hablaba de todo y de nada. La extrañaba, demasiado…

Whisky hocicó su mano, sacándolo de sus pensamientos. Era absurdo, pero Edward creyó vislumbrar una sombra de tristeza en los ojos del chucho. Espantando los recuerdos acarició al perro, intentando tranquilizarlo mientras pensaba en lo que estaba a punto de hacer…

Tanto tiempo queriéndolo, y aún era tan difícil…

-Vamos pequeño, llegó la hora.- levantándose, miró por última vez aquella banca que había sido testigo mudo de tantos momentos. Y muy en el fondo, esperaba no tener que volver a verla nunca más…

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Nada había cambiado.

Parado frente al umbral sentía que el tiempo no había pasado por ese lugar. Las rosas bajo la terraza seguían tan hermosas como la última vez que las vio. El suave perfume de éstas, impregnaba la noche despejada trayendo consigo el recuerdo de su fragancia. Curioso, Whisky olfateaba entre los pequeños arbustos del cuidado jardín, empezando a marcar su territorio, mientras Edward se debatía entre entrar o dar marcha atrás, como venía haciendo desde hace algún tiempo.

Apretando los puños a ambos lados del cuerpo, miró en busca de fuerzas para estirar la mano y abrir la puerta que lo separaba de un lugar que había venido ignorando. Cuatro centímetros de consistente cedro lo separaban del lugar que alguna vez consideró como suyo. Cuatro centímetros de materia inerte y una llave, lo resguardaban de un lugar lleno recuerdos. Tan sólo hazlo, pensó apretando los dientes con fuerza mientras metía la llave en el pomo y abría la puerta.

Bien dicen que el olvido es un sótano lleno de recuerdos, prestos para ser desempolvados cuando menos se los necesita. Amargos. Difíciles de tragar. Pero ahí estaba parado, removiendo el polvo en busca de vida. Las luces mortecinas del pasillo a esas horas de la noche le daban un aspecto lúgubre y olvidado a un lugar tan lleno de vida años atrás. Edward miró hacia la puerta al final del pasillo. El número 2 aún se podía vislumbrar en un letrero desgastado por el óxido, mientras que las siglas T. G. habían sido reemplazadas por un sencillo papel que titulaba: "En venta". Suspirando, pensó que esa noche no tendría más testigos que Whisky y la oscuridad. Poco a poco los habitantes de ese lugar habían ido abandonando el edificio en busca de la ruidosa vitalidad de la ciudad. Inclusive la anciana Theodora Green parecía haberse dado por vencida.

Mientras seguía su camino hacia el cuarto piso, se preguntó qué había llevado ese lugar al abandono. Era como si la vitalidad de ese sitio se hubiera esfumado de las paredes como lo hizo la presencia de Bella. Edward se detuvo de golpe al llegar a su destino. A diferencia de los pisos anteriores, el descalzo de ese lugar estaba muy bien cuidado. El letrero con el nombre de Bella Swan seguía colgado de su sitio a la espera de su dueña.

No, ella ya no iba a regresar.

Cerrando los ojos intento dejar de sentirse vacio mientras se movía a tientas hacia la puerta. Lo mejor era terminar con todo eso de una vez por todas. Un mal presentimiento lo invadió cuando la puerta cedió sin la necesidad de una llave. Afuera la vida continuaba, pero ese lugar parecía detenido en el tiempo. Su corazón comenzó a bombear sangre con más fuerza y una agónica necesidad de ser sostenido lo consumió mientras se abría camino por un pasillo lleno de memoria. Nada había cambiado, pensó con nostalgia. Todo seguía en su lugar, como si la vida no hubiese abandonado ese sitio. Las lágrimas lucharon por nublarle la visión pero se negó a dejarlas caer. Ya no. Si algo le agradecía al dolor y a la soledad era que su corazón ya no podía romperse en más pedazos, ya lo había perdido todo.

-Vamos pequeño.-dijo, sintiendo después de mucho tiempo que la sensación de entumecimiento estaba comenzando a remitir.

Edward sonrió al ver a Whisky moverse con desconfianza tras sus piernas mientras encendía las luces de la sala. Cuadros de todos los tamaños cubrían las paredes, llenos de paisajes y figuras abstractas, y el nombre de Bella figuraba en cada uno.

-Sigo sin entender nada de esto Bella.

Bella rodó los ojos y trató de explicárselo por enésima vez.

-No hay nada que entender, todo depende de la perspectiva desde que lo mires.

Edward inclinó la cabeza en un ángulo diferente y sonrió.-Así parece una puerta, sobre otra puerta y sobre otra puerta…

Entrecerrando los ojos, Bella apartó el cuadro para girarse a verlo con los brazos en jarras.- ¡Si, es un puerta!-exclamó molesta.

-¿En serio?

-No.-le dijo ella sonriendo, mientras empezaba con otro nuevo boceto.

Acarició los cuadros mientras dejaba volar los recuerdos rumbo a su despacho. Había tanto de ella en cada uno de ellos, pensó sonriendo. Bella nunca se debió haber ido, y le jodía tanto ser él quién se había quedado. Dando una última mirada atrás, abrió la puerta del lugar en el que había pasado horas enteras junto a ella, recordando la vez en que le sugirió mudar su cama a su oficina pues entre sus horas de lectura y el tiempo que le dedicaba a sus pinturas, pocas veces pegaba cabeza en una superficie plana.

Los rayos de la luna se abrían paso a través de las cortinas entre abiertas dándole un aspecto siniestro a ese lugar lleno de sueños del pasado. Las estanterías seguían llenas a rebozar de sus libros favoritos. Libros que él se había encargado de conseguir en su gran mayoría. Edward recorrió con la mirada ese lugar cubierto por las sombras, tratando de apartar la sensación de estar siendo observado. Tentado de salir afuera, donde la luz artificial de la sala mantenía a raya sus emociones, tomó a Whisky entre sus brazos y se movió por el cuarto hasta dejarse caer tras el escritorio de cedro en el que la había visto sentarse a trabajar infinidad de veces.

-¿Hiciste lo que te dije?-la voz de Edward la hizo saltar sobre su silla. Había estado tan ensimismada en el final de su nueva obra que no lo había visto venir.

-¿Matar al personaje y dar por acabado todo?

Edward asintió sentándose frente a ella mientras tomaba los apuntes de su último capítulo.

-No.-dijo Bella pegándole en las manos para que dejara de mover sus notas.

Él apartó las manos haciéndose el ofendido. -¿Sabes cuál es tu problema?

Ella negó, ignorándolo otra vez. -No tengo problemas.-musitó Bella empezando a sentirse realmente ofuscada.

-Necesitas sexo.

Bella se ahogó de la impresión. No era posible que lo hubiese notado. Llevaba mucho tiempo sin salir con nadie, y eso implicaba el tener sexo. Desde que había descubierto que estaba enamorada de Mr. Increíble, el sexo ocasional pasó de ser interesante a ser simplemente innecesario. Pero si Edward, el ser más despistado del planeta se había llegado a dar cuenta, era porque definitivamente estaba entrando en un periodo crítico. Dios, necesitaba sacárselo de la cabeza y tenía que ser ahora.

-Vamos Bella, no lo decía en serio.-dijo Edward temblando en su silla antes que rompiera a reír descontroladamente.

-¡Eres un cretino! -Una sonrisa torcida iluminó su rostro, consiguiendo que a Bella se le disparara el pulso. Estúpidas hormonas, pensó, sintiéndose sonrojar.-Fuera de aquí.-gruñó enfurruñada, levantándose para echarlo fuera de su sacrosanta oficina.

Edward fue más rápido y en un par de pasos ya estaba tras la puerta observándola divertido desde el umbral.- ¿Te he dicho lo hermosa que estas hoy?

-¿Y yo te he dicho alguna vez lo que te haría si me dieras unos minutos con ese cuello tuyo y una soga resistente?

Una sonrisa sensual se extendió por la cara del cobrizo haciéndola temblar. Demonios. No debió decir eso.- ¿soga?-preguntó guiñándole un ojo.-nunca lo mencionaste pero estoy dispuesto a escuchar sugerencias.

-Lárgate Cullen.

-¿Helado? ¿En el Parisino?

-Fuera.-dijo Bella empezando a cerrar la puerta pero Edward fue más rápido y puso un pie para que no consiguiera cerrarla del todo.

-Tienes razón, mejor no. Te puedes resfriar.-murmuró razonando consigo mismo de manera adorable.-Mejor un Café, en el Monttie's Coffee de la esquina a las 6.

Bella sonrió a pesar de si misma.-Tengo trabajo Cullen…

-Entonces paso por ti a las 8 y no puedes llevar el trabajo contigo.

-Que no…

-Vamos Bella, necesitas relajarte.

Bella lo miró ceñuda, él no solía ser tan insistente siempre.- ¿Me estoy perdiendo de algo?-dijo presintiendo lo peor.

Edward se sonrojó.

-Quiero presentarte a alguien…

Edward suspiró apretando a Whisky entre sus brazos. El chucho no se alejó, parecía presentir el mal estado de su amo. Alargando la mano encendió la contestadora que reposaba al lado de un cuadro en la que una sonriente Bella sonreía hacia la cámara. La luz del aparato parpadeó antes de que la voz de la castaña rompiera el silencio de la habitación.

"Hola, soy Bella y en estos momentos no me encuentro en casa. Bueno, eso es obvio. Empecemos de nuevo. Si eres del trabajo di lo que tengas que decir o cuelga. Si eres Emmet, maldita sea Em, tú solo cuelga. Si eres el estúpido de Edward Cullen, ¿qué diablos haces llamando a casa? Y si eres un vendedor de seguros o mi abogado, me mudé a la China y no estoy segura de volver. Ahora sí, deja tu bendito mensaje antes de que se acabe la cinta…"

Cerrando los ojos, dejó que su voz lo llenara en busca de una calidez que había perdido junto a su corazón.-Bella…-susurró escuchando la grabación una y otra vez, mientras el tiempo pasaba indiferente a su alrededor.

Las luces del cuarto se encendieron de golpe, desubicándolo por un momento. Afuera, la noche estaba dando paso a la mortecina luz del amanecer mientras dentro, el clima caldeado de la habitación lo había adormecido hasta dejarlo caer dormido en un sueño intranquilo. Edward no supo en qué momento de la noche se había dejado vencer por el sueño pero cuando Whisky saltó sobre su regazo tenso por la interrupción, tuvo que retenerlo al verlo ladrar furioso hacia la persona parada en el umbral. Ansioso por la interrupción, Edward sostuvo a Whisky con más fuerza de la necesaria para que no se fuera contra el intruso.

-Edward…

La suave voz de la mujer frente a él denotaba una fragilidad que no había esperado escuchar en ella. El brío y la alegría habían huido de sus ojos para ser reemplazados por una gran nada. Alice lo recorrió con una mirada carente de emociones, hasta que reparó en el perro que se retorcía entre sus brazos. Arqueando las cejas, observó la tensa postura que su hermano mostraba, mirándola como si fuera una aparición o un juego de su distorsionada cabeza.

-Edward.-musitó. Debatiéndose en la mejor manera de acercarse a él sin asustarlo.

Edward no hablo, con los ojos abiertos de par en par negó la imagen de la mujer frente a él. Alice era la última persona que espera ver en ese lugar. La última persona que esperaba encontrar después de todo lo que se dijeron. Él no la culpaba. La quería demasiado y lamentaba día a día el haber perdido su cariño junto a la presencia de Bella.-Ya estaba por irme.-musitó. Con la voz apretada por las emociones. Tomó a un tenso Whisky entre sus brazos y caminó hacia la puerta, avanzando con prisa cuando pasó por un lado de Alice.

-Detente Edward.-gruñó la pequeña mujer tomándolo por el brazo para girarlo.

Sus mejillas estaban húmedas por las lágrimas que había empezado a derramar, mientras sus ojos brillaban con una furia que Edward no había visto momentos atrás. Preparándose para su desprecio, cerró los puños a ambos lados de su cuerpo listo para recibir sus golpes, pero no estuvo listo para lo que ella dijo.- No te vuelvas a ir por favor. No lo hagas Edward. Perdóname hermanito.-sollozó Alice abrasándose con fuerza a su cuerpo desesperada por sentir su calor.-Lo siento tanto Edward. Lo siento tanto…

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Edward estaba sentado en el suelo, con una llorosa Alice entre sus brazos. Había estado meciéndola con cariño, intentando calmar una desesperación que él conocía muy bien. Suspirando. La apretó con más fuerza intentando retener el calor en sus cuerpos. Una calidez que había dejado de sentir, lo barrió haciéndolo encogerse en su sitio.

-Te estoy mojando toda la camisa.-murmuró Alice hipando. A la vez que se limpiaba la nariz de manera escandalosa, antes de mirarlo curiosa.

Una sonrisa tiró de los labios de Edward, al verla con el maquillaje corrido y la ropa hecha un desastre. Su Alice había cambiado mucho.

-No importa pequeña.

Alice sonrió a pesar de si misma. Había pasado por un mal momento después de la muerte de Bella, pero perder a Edward sería algo que no podría soportar y lo había comprendido de la peor manera.

-Lamento haber sido tan…

-Shush…-Edward la calló dándole un beso en la frente antes de ayudarla a levantarse.- no dijiste nada que no fuera verdad.

Alice torció los labios disgustada, mirándolo con las manos en jarras una vez más. Edward sonrió, había cosas que no cambiaban nunca. Alice y su bipolaridad era una de ellas.

-Nunca aceptas unas disculpas, ¿verdad Cullen?

-Si las acepto, es sólo que no tengo nada que perdonarte Alice.

Ella lo ignoró y se giró a ver al perrito que la miraba receloso desde el mueble. Sonriéndole tendió las manos hacia el animal, haciendo ruiditos infantiles para que se dejara acariciar. Edward se rió con ganas cuando vio a Whisky enseñarle los dientes en advertencia, para luego correr a los brazos de su amo al ver que Alice no se rendía en sus esfuerzos por acercarse al animal.

Alice bufó.

-Perro tonto…-murmuró fastidiada.

Edward se agachó para coger a Whisky del suelo y le devolvió una sonrisa radiante.-No es tonto Alice, sólo sabe lo que le conviene.

Alice blanqueó los ojos, girándose en busca de su bolso.

-Es tonto como su dueño.-musitó buscando entre sus cosas.

Edward negó, debería sentirse ofendido pero estaba realmente divertido por la situación.- ¿Cómo supiste que…?

-Tengo el departamento vigilado.-contestó ella leyéndole la mente. Edward la miró con el ceño fruncido tras su confesión pero ella ni se inmutó - Sabía que tarde o temprano tendrías que regresar a este lugar y afrontar la situación…

-Te equivocas, no regresé por eso…

-¿Entonces por qué lo hiciste?

Edward apartó la mirada, tenso por su escrutinio. No pensaba contestar pero podía jurar que Alice sabía lo que estaba pensando.

-Toma.

La voz de Alice salió como una orden, obligándolo a mirarla. Desconcertado, frunció el ceño mientras miraba el sobre que ella le tendía disgustada. No tenía remitente, pero su nombre resaltaba en una esquina con una letra que él conocía muy bien. Haciendo un amago por retirarse Alice se colocó entre la puerta y él mirándolo furiosa.

-Es para ti.-dijo obligándolo a que la tomara.

Con las manos sudorosas sostuvo una carta que no había esperado venir. Miró a Alice con los ojos entrecerrados antes de farfullar.-Si es una broma, esto no es agradable Alice.

Ella lo miró con recelo antes de decirle.-Te la dejó antes de tomar el avión. Tuve que tomarla por miedo a que se perdiera sin haber pasado antes por tus manos. Ahora. Léela.-volvió a instarlo.

Con las manos temblorosas Edward se dejó caer en el suelo mientras tiraba del delicado papel que podría acabar con él.

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Querido Edward

No tengo mucho tiempo y no lo digo literalmente. Digo, acabas de llamar diciendo que estas de camino tras otra maravillosa cita con Ángela y bueno, sé que eso no viene al caso pues ella me agrada; es linda, inteligente y… lo siento, otra vez me estoy yendo por la tangente. El punto es que, presiento que ésta será mi única oportunidad para decírtelo.

Me voy Edward y no, no sólo lo digo literalmente. Espera, corrección, tuve que irme.

Siéntate y respira. No intentes seguirme ni encontrar algún mensaje secreto en estas líneas porque no hallarás nada… Seré sincera. Ya no más mentiras, ya no más secretos…

Debes entender que no espero que me recuerdes, ni mucho menos que sufras por mi ausencia. La verdad es que tú no me necesitas Edward, tú puedes cuidar muy bien de ti sin mi ayuda. Yo sólo fui un capítulo en tu vida, mientras tú hiciste la mía por completo. Tú me moviste Edward, cambiaste el mundo como lo conocía y… me convertí en mujer al amarte.

¿Esperabas esa confesión?... Tal vez no. Lamento decepcionarte, otra vez.

Te amo Edward, esa es la verdad, pero esto no cambiará las cosas. ¿Por qué tú? ¿Desde cuándo? ¿Cómo me di cuenta? ¿Por qué nunca te lo dije?...

¿En realidad importan ahora esas preguntas?

Tú ahora debes estar felizmente casado y yo, a miles de kilómetros de distancia intentando encontrar un final para mi historia incompleta pues, el príncipe de mis cuentos de hadas se casó con otra y la joven doncella se quedó sin su "Y vivieron felices para siempre"…

No te culpo, todo lo contrario, siempre te estaré eternamente agradecida. Tú le diste color a mi vida Edward y espero haber podido retribuirte aunque sea el diez por ciento de lo que tú hiciste por mí.

Bueno, ahora sí, ya no me queda mucho tiempo así que… aquí se viene lo grande. No quiero irme sin saber que serás feliz…

¿Puedes prometerme algo?

Si alguna vez te sientes triste o inseguro, o sientes que estas perdiendo las esperanzas y quieres darte por vencido; empieza a mirarte a través de mis ojos, y ve que el maravilloso hombre del cual me enamoré es mucho más fuerte que cualquier circunstancia...

Vive Edward y se feliz, hazlo por mí.

Por favor.

Fui muy afortunada al conocerte y guardaré esos recuerdos por siempre. Quien sabe, puede que haya llegado la hora de darle un final feliz a mi historia de amor inclusa.

Yo también lo merezco, ¿no crees?...

P.D. Y te amaré hasta el final.

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Alice abrazó a un Edward descompuesto por la culpa. Las lágrimas bañaban su rostro, mientras la agonía sacudía su cuerpo. Apartando a un lado la carta, lo abrazó con fuerza en busca de borrar la desesperanza de su semblante.-No puedo Alice, no puedo hacerlo sin ella...

Ella lo meció entre sus brazos, empezando a llorar con él.- Calla hermanito, sólo déjate sostener...

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El asfixiante sol brillaba en lo alto mientras pasaban con cuidado el descuidado paraje. Limpiándose el sudor del rostro, se colocó un par de mechones sueltos tras las orejas antes de centrar su atención en el poblado que se divisaba cada vez más cerca. El carro traqueteó a través del páramo sacudiéndolos con fuerza antes de detenerse ante la masa de gente que había empezado a congregarse. Suspirando de alivio, esperó a que la estela de polvo se asentara para bajar.

Mattew la miró curioso.- ¿Está todo bien Ayana?

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¿Y cómo estuvo?

Estoy que me muero por saber si se lo venían venir, salvo las que han estado al tanto de todos los adelantos, jejeje.

Ahora sí, las dejo ^^. Y no se olviden, denle al sexy botoncito que dejó de ser verde para ponerse larguito y azulito. Lástima que tenga una sola bolita o_O.

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