Nessie POV

Me escabullía hacia la biblioteca del abuelo dando pasos ligeros y silenciosos para no que me atraparán. Quería leer aquel libro antiguo que Carlisle había señalado como mágico; me asaltó la curiosidad desde ese día y no podía pensar en otra cosa que echarle un simple ojeadita, pero mi padre me había advertido tajantemente que no debía leerlo, aunque no me dijo el porqué pero suponía que era porque estaba paranoico al saber que Alice había dejado de tener visiones hacia 2 días, así que todo le parecía sospechoso. Lo iba a pasar por alto, esa advertencia no era tan importante, solo era un libro ¿me iba a herir un libro al leerlo? Obviamente NO. Además andaba de caza con mamá y los abuelos así que debía aprovechar su ausencia.

Lo saqué del estante y lo desempolvé un poco; en la portada marrón se alcanzaban a distinguir palabras en italiano o latín, no lo sabía con exactitud. Me senté en el elegante escritorio del distinguido Doctor Cullen y acomodé el libro para poder leerlo.

Al abrirlo me encontré con miles de palabras desconocidas, símbolos, pentagramas e imágenes un tanto perturbadoras y oscuras. Me llamó la atención de sobremanera una imagen a blanco y negro, dibujada al parecer a mano, de una hermosa mujer de cabello largo y alas estilizadas y delgadas; sostenía una bolsita pequeña entre sus manos y flotaba por encima de una mar de personas.

- Shaylee – musité al leer la palabra que estaba bajo la imagen; aparentemente era el nombre de la mujer o hada que allí se veía. Seguí leyendo mentalmente todas las palabras que se allí se encontraban, pero no entendía ni un cuarto del escrito pues reconocí que estaba en Latín antiguo y ese tipo de escritura solo era entendible para mi abuelo. Me frustré un poco porque quería saber más de la hada y decidí preguntarle luego a Carlisle que decía en la pagina. Iba a cerrar el libro, cuando una pequeña letra en la esquina inferior de la página me hizo retractarme. Sentí el impulso de tratar al menos de pronunciar lo que se alcanzaba a distinguir en la muy amarillenta página y al parecer lo hice bien, me sonreí y cerré el libro de golpe para devolverlo a su lugar pero al darme vuelta, vi algo brillante en el suelo y en mis manos como si de escarcha de colores se tratara.

Escuché en el primer piso como mis padres llegaban de su corta excursión al bosque y me afané por poner el libro en su lugar pero una luz brillante me cegó, caí y me estampe la cara contra el muy gordo libro; me froté la frente y oí los pasos de mi familia correr al estudio, esto se iba a poner feo. Me levanté y de nuevo vi la luz pero no tan brillante, sino más moderada. Se lograba a distinguir la figura de… de… ¿un hada?

Me pasmé y grité, al tiempo que entraban mis tíos, padres y abuelos, quienes tuvieron una reacción algo similar a la mía pero esta vez nadie gritó.

Era Shaylee, el hada de libro; tenía su misma figura, facciones, alas y la pequeña bolsita entre las manos. Di dos pasos atrás y me llevé las manos a la boca.

- Renesmeé. ¿Tú me has invocado? – se dirigió a mí mientras parecía flotar a través de la estancia hacia mi posición. Todos estábamos verdaderamente atónitos y confusos. ¿Cómo podía ser?

- yo…si... yo… lo he... ¿hecho? – tartamudeé como si nunca hubiera hablado en mi vida.

- si, Renesmeé. Tú me invocaste. – sonrió tan deslumbrantemente que tuve que cerrar un poco mis sensibles ojos. – ¿te preguntarás porque estoy aquí no es así?

- esperen, ¡esperen! – Gritó Emmett llamando nuestra atención incluyendo la de Shaylee - ¿tú eres el hada de los deseos? – se adelantó a la pequeña multitud que formaba mi familia

- si, Emmett, lo soy – le replicó

-¡sabe mi nombre! –gritó mi tío emocionado mientras los otros murmuraban sobre la confirmación del hada. ¿El hada de los deseos?, pensé alarmada y mucho más confusa que antes.

- ¿la magia interrumpe los dones vampíricos? – Dijo mi padre repentinamente – No puedo leer la mente de nadie ahora mismo.

- yo no siento emociones – comentó Jasper molesto

- yo no veo el futuro – añadió Alice saltando como un conejito en apuros

- Alto. Calma – dijo el abuelo – el hada de los deseos, magia y un libro casualmente tirado en el piso – murmuró – bien, esto es definitivamente lo más loco que he visto en mi vida y eso que cazaba brujas y monstruos en mi tiempo humano – se frotó las sienes, pensativo.

- ¿Por qué tan escépticos mis queridos Cullen? ¿Acaso no conciben la existencia de otros seres místicos aparte de ustedes? – nos dijo el hada de voz angelical.

-No lo creo- murmuró mi madre algo asustada.

-Gracias- musitó la Hada viéndome con alegría – Por liberarme.

-¿Yo?- pregunté aturdida por su gran hermosura y luminosidad.

-Estuve atrapada tantos años en ese libro- lo miró con tristeza – Bueno, no hay que ponernos triste dime ¿Cuál será tú deseo, Nessie?-

-Ahora sí no entiendo ni "J"- bramó tía Rosalie algo frustrada

-Como agradecimiento les concederé 3 deseos-

-Por Jesús, Maria, José y todos los santos incluyendo a Barny- Gritó mi tío Emmett con una cara de alegría, que nunca antes le había visto- Qué Edward deje de ser tan gruñón.

-¿Qué?- interrumpió mi papá

-Sus deseos son ordenes- Las alas de Shaylee se movieron desprendiendo el mismo brillo que antes, pero mucho más intenso, papá comenzó a brillar, así como si se estuviera exponiendo al sol. Nadie se movió. Papá tenía cara de serenidad, como si estuviera viendo las partículas de polvo en el aire, el brillo desapareció en su totalidad de su cuerpo.

-¿Lo puedo probar?-preguntó mi tío con una amplia sonrisa, parecía que sus mejillas reventarían en cualquier momento. El hada asintió con la cabeza.

-Edward, tengo que admitir que rompí la pata de tu piano, lo siento… bueno en realidad no-

-No pasa nada hermanito- rió mi padre posando una de sus manos en el hombro de mi tío, los ojos casi se me salen de las orbitas.-Estoy seguro que lo hiciste sin querer.

-Genial- exclamó tía Alice aún saltando – Ahora me toca a mí, bueno deseo que…-

…-Un momento familia, creo que deberíamos tomar la decisión juntos- inquirió el abuelo, haciéndome un ademán para que me acerque a ellos. Me paré rápidamente y corrí a su encuentro. Me moví hacia ellos y me escondieron detrás del enorme Emmett- un momento Shaylee, no tardaremos.

- tomen el tiempo que quieran – dijo cortésmente al voltearse para darnos en cierto modo nuestro espacio para deliberar.

- bien… deseo – murmuró la abuela

- un avión – exclamó mi tío Emmett y todos le dirigimos una mirada asesina – no, no un avión no. – dijo resignado

- ¿Qué cosa podríamos pedir si casi que lo tenemos todo? – Intervino mi madre – tenemos una hermosa familia, dinero, autos, casas, en fin… miles de cosas materiales y obviamente la felicidad. – todos nos quedamos reflexionando un buen rato sin encontrar respuesta hasta que mi tía Rosalie habló.

- Ser humanos – pronunció con la voz esperanzada – podríamos volver a ser humanos y vivir como antes, poder dormir, comer, estar cerca de las personas sin preocuparnos por el asunto de la sangre y podríamos…tener hijos – sonrió como nunca lo había visto, esa sonrisa era hipnótica y de verdadera emoción. Al mirar a mi familia, todos se veían iguales y supe desde ahí que el segundo deseo seria ser completamente humanos…

- ¿Entonces está acordado? – dijo Esme al entender el significado de todas las bellísimas sonrisas de sus hijos y esposo incluyendo la mía.

- si – se oyó al unísono las voces de los presentes y a ellas se les unió la mía.

- ¡Edward seremos humanos! - le susurro mi mamá emocionada.

Mi padre no lo podía creer solo asintió frenéticamente.

- Deseamos Shaylee...- anuncio mi tía Rosalie, interrumpiendo los murmullos - ser humanos, otra vez.

-Sus deseos son órdenes - dijo sonriendo y sus alas se movieron simultáneamente segregando el mismo fulgor del deseo anterior.

Pero pronto todo se sintió... Extraño... y nuestra piel brillaba con intenso esplendor, incluso la mía, la cual por mi condición semi humana -semi vampira no brillaba a la luz del sol como la de los demás. Pero esta vez sí que brillaba.

-Genial - exclame con una sonrisa.

Todos me la devolvieron y de pronto una ola de sueño nos invadió... ¿Sueño?.. Toda mi vista quedo negra y sentí mi cuerpo caer suavemente al suelo, al compás de los otros cuerpos que estaban en la biblioteca, entonces me sumergí en la inconsciencia.