He corregido y cambiado algunos detalles que no me gustaban de la primera versión de este fic. Ahora me siento mucho más satisfecha con el resultado. Espero que les guste y por cierto, me recomendaron una canción para este fic, 9 Crimes de Damien Rice, si gustan escucharla.

Ahora sí, fic!


Disclaimer: Naruto, su universo y todos sus personajes fueron creados y son propiedad de Masashi Kishimoto.

Muerte

Diecinueve de enero

Cuando amaneció el diecinueve de enero, Gaara se encontraba de pie frente a la ventana de su despacho; de nuevo había pasado toda la noche despierto y desde hacía un rato que sostenía una taza de café. Estaba recargado un poco en el marco y observaba los restos de la estruendosa fiesta que se había alzado desde dos noches atrás y que, para su fastidio, amenazaba con continuar esa noche con el motivo de su cumpleaños número veinte.

La Villa de la Arena estaba eufórica; el Daimyō, el Señor Feudal más importante e influyente del País del Viento había muerto trágicamente dos días atrás después de agonizar durante varios días por una enfermedad supuestamente inexplicable y con él, habían muerto todos los problemas de la Aldea, pues el Daimyō se había dedicado a reducirles el presupuesto y el armamento cada año un poco más, llevándolos casi a la ruina.

La Aldea de la Arena nunca recibió realmente el apoyo de ese Daimyō, ni porque en teoría, era él quien debía mantener a la Aldea Ninja de su país, lo que había orillado al anterior Kazekage a tomar decisiones precipitadas y peligrosas, como encerrar a Shukaku dentro de Gaara y años después, formar una alianza con Orochimaru.

Pero ahora su muerte era un alivio, una bendición, pues el hijo mayor delDaimyō, Shisoku-sama, se convertía en el nuevo Feudal.

Todos sabían que Shisoku-sama tenía un gran número de problemas con su padre, por estar siempre a favor de la Villa de la Arena; había sido gracias a su apoyo que Suna no se desintegró después de que Konoha los obligara a firmar su rendición al vencerlos en su alianza con Orochimaru, y entre él y Gaara lograron mantenerla a flote los últimos años.

Ese era el motivo de la gran fiesta; todos en Suna adoraban, casi literalmente, a Shisoku-sama, el ahora, nuevo Feudal. Su repentino ascenso al poder era como quitarle de pronto todos los problemas a Suna. Sólo Gaara no parecía estar feliz, pero todos le restaron importancia; era bien sabido lo poco expresivo que era el Kazekage.

Gaara respiró hondo y le dio sorbos a su café demasiado amargo mientras miraba detenidamente el amanecer. Aunque él no fuera de aquellos que hacían caso a los presentimientos, sabía que después de tanta dicha, iban a caer en la ruina de nuevo. Él no estaba feliz porque bien sabia que tanta suerte salida de pronto y casi de la nada no era un buen augurio y se lo confirmó a si mismo cuando minutos después vio un águila mensajera acercarse a la torre; un águila joven, grande y veloz que seguro traía malas noticias.

Matsuri no fue a la fiesta ninguna de las dos noches; se había quedado encerrada en su casa, dando vueltas en la cama y gruñendo porque la música a todo volumen de las calles aumentaba su dolor de cabeza.

Era muy temprano, Suna estaba en silencio y ella tenía toda la intención de dormir un poco, de tranquilizar su mente y replantearse si debía ir a ver a Gaara, o más bien, si ella quería ver a Gaara... o si él querría verla... pero los rayos del sol golpeando su cara la hacían enfadar y no la dejaban concentrarse. Se incorporó sentándose en el colchón y se llevó las manos a sus labios morados, que le dolían tanto que ni siquiera podía comer.

Se levantó para mirarse en el espejo y gruñó fastidiada ante su imagen; estaba tan pálida como un muerto, sus ojeras eran aún más notorias que el día anterior y la magulladura de su labio probablemente le dejaría una cicatriz que le recordaría el resto de su vida su última misión. En sus propias palabras, una patética imagen. Lo bueno era que las marcas de golpes eran comunes en los shinobi y nadie solía preguntar.

Desvió los ojos a la mesita y miró largamente los chocolates que Gaara le había regalado, frunció el ceño, los tomó cabreada y quiso arrojarlos a la basura, pero no pudo hacerlo –Si, claro, Matsuri... –se rió de si misma– como si fueras capaz de tirar algo que Gaara te dio –y volvió a dejarlos en la mesa.

Se sentía frustrada. Quería partir en pedazos el espejo.

Ojalá estuviera en posición de poder llegar y gritarle a Gaara un ¡¿qué demonios te pasa?. Recargó su frente en el espejo y miró detenidamente sus propios ojos cansados; ojalá y se hubiera enamorado de alguien normal, de alguien a quien pudiera darle una bofetada.

Y lo peor de todo, era que ella deseaba con todo su corazón estar enfadada con él, pero no podía, seguía amándolo igual, quizá más. Con la única con la que había logrado enfadarse era consigo misma.

¿Por qué a pesar de todo lo único que quería era volver a besar sus labios?

Tal vez sólo iría en la tarde a verlo y volvería a tratar de hablar con él, quizá no lo felicitaría por su cumpleaños porque no era algo que a él le gustara demasiado, o quizá se quedaría encerrada en su casa para siempre.

Antes de que pudiera volver a su lecho, golpearon con fuerza tres veces la puerta. Matsuri soltó un par de maldiciones antes de abrir y encontrarse con un chūnin de su equipo.

–Alístate, Matsuri –dijo él muy rápido–, saldremos a una misión a Sanpuku en veinte minutos.

Matsuri chasqueó los dientes –Kazekage-sama me retiró de servicio –alegó ella después de un segundo, tratando de librarse de la misión.

–No hay instrucciones especiales para ti –continuó encogiéndose de hombros– debes presentarte en la entrada de la Villa en quince minutos.

Quelaputamadre... –gruñó muy bajo para sí misma frunciendo el ceño, enojada porque no quería salir de su encierro.

–Y date prisa –se dio la vuelta para marcharse–, Temari-san está muy enojada.

El chūnin desapareció y Matsuri cerró de un portazo. Lanzó un suspiro largo, ahora se sentía aún más agotada de sólo pensar en que su líder estaba muy enojada, seguramente por tener que salir a una misión justo el día del cumpleaños de su hermano.

Estuvo lista en instantes con el uniforme chūnin puesto y salió en dirección a la entrada de la Villa, llegando al mismo tiempo que otros shinobis. Temari y Kankurō estaban esperando con caras de muy pocos amigos y cuando los equipos de los que eran líderes estuvieron completos hablaron.

–Iremos a Sanpuku –comenzó Temari.

–Shisoku-sama fue asesinado –siguió Kankurō–, iremos a averiguar lo que pasó.

Se quedaron todos sin palabras; ni siquiera habían empezado a levantar el desastre que había quedado luego de la fiesta en honor a él.

Matsuri se llevó las manos al pecho, la muerte del nuevo Daimyō no le podía traer nada bueno a Suna; con razón Temari-san estaba tan enojada.

–Lo encontraron muerto hoy antes del amanecer –continuó Temari– y parece ser que estaba desaparecido desde el día de la muerte del Daimyō, así que no sabemos con certeza cuando murió.

–Lo que significa, que será el hijo menor, Suekko-sama, el que ocupe el cargo de Daimyō –Kankurō se cruzó de brazos–, y como todos sabemos, ese sujeto desprecia a nuestra Villa tanto o más que su padre.

En ese instante, Gaara llegó de un salto frente a ellos, enfundado en su traje de pelea, con su mirada gélida y su porte imponente. Por inercia todos enderezaron más su postura mientras se daban cuenta de lo grave que era la situación para que ameritara que el Kazekage los acompañara.

Con la respiración cortada, Matsuri lo miró con ansias, deseando que él siquiera la mirara, pero no lo hizo.

–Gaara-sensei... –masculló Matsuri levantando un poco la mano luego de dudar un momento. Él le dirigió la mirada sin decir nada y se clavó en ella con tal fuerza que la hizo retroceder– no, nada –y bajó la cabeza apenada.

Gaara no le tomó importancia, miró a todos los demás superficialmente y dio media vuelta –¿Qué esperan? –dijo lanzando una mirada de reojo a sus hermanos y luego dando un salto para salir de la Aldea.

Al momento, todos los demás shinobis le siguieron el paso y se dirigieron rumbo a Sanpuku, si corrían a una buena velocidad, estarían allí en un par de horas.