Somos Pandora Killer y Pandora Lover, dispuestas a haceros reír a carcajadas con la parte de Alice de "Un día cualquiera". Una vez más, el ingenio de Killer y la forma de expresarse de Lover han dado fruto un fic lleno de humor. Comentarios jocosos, situaciones divertidas y obsesiones muy obsesivas.

"Un día cualquiera [Alice]" está escrito en consecuencia a la historia "Un día cualquiera [Emmett]" en la cuenta de Pandora Lover, les recomendamos que se lean ambas historias, ya que aunque no influye en el orden en el que lo lean, ambas historias transcurren el mismo día. (Vamos, que son paralelas xD)

Sin más dilaciones, Killer y Lover les desean una gran lectura y muchas risas :)


UN DÍA CUALQUIERA [ALICE]

by Pandora Killer & Pandora Lover

Nunca las ha necesitado, pero no por ello deja de leerlas. Le gusta que sus visiones estén relacionadas con aquello que más ama, y para ello, las revistas de moda son imprescindibles.

Sus ojos vuelven a quedarse suspendidos en el vacío, su mente traza imágenes de pasarelas de moda, probablemente París o Londres, con los últimos modelitos de ropa de mujer y niña. Siempre pensando en Renesmee.

- ¡Dios mío! – exclama sorprendida.

Esme corre a su lado, dejando de lado sus quehaceres, que últimamente se reducen a limpiar las paredes con las que su nieta ha desarrollado su vena artística. Sí, las pinturas y Renesmee no son una buena combinación, o tal vez sí, tal vez una nueva Picasso ha nacido en la familia Cullen.

- ¿Qué ocurre, Alice?

- ¿Cómo no he podido verlo antes? – pregunta abatida, dejándose caer en la silla de la cocina - ¡Hombreras!

- ¿Qué pasa con las hombreras, cariño? – inquiere Esme preocupada.

- Si es que ya lo dije yo, "Ed, no tires las hombreras, se van a volver a poner de moda" – dice ignorando a su madre -. ¡Pero no! Aquí Don Perfecto hizo lo que le dio la gana, como siempre. No le gustan las hombreras, tira las hombreras; le gusta una humana, se queda con la humana. ¡Qué injusto es este mundo!

Esme rueda los ojos y se aleja para continuar frotando las paredes. Alice sigue ensimismada con su reciente descubrimiento, ajena a que Emmett acaba de bajar a "desayunar".

- Emmett, ¡por Dios! – exclama Alice en cuanto levanta los ojos de su preciada revista y se encuentra con la horrenda visión de su hermano el calzoncillos, ¡calzoncillos del año pasado! - ¿¡Quieres hacer el favor de dejar esa maldita costumbre de bajar a desayunar en calzoncillos!?

El aludido dirige su mirada a sus partes nobles y comprueba que, una vez más, ha olvidado ponerse un pantalón y la camiseta. Sonríe divertido mientras Alice se tapa los ojos, horrorizada por esos paños menores tan pasados de moda.

- Da gracias a Dios que me haya acordado de ponerme los calzoncillos, Al – bromea Emmett con su habitual sonrisa.

Alice opta por gruñir y alejarse de allí, antes de arrancarle esos antiestéticos calzoncillos y destapar aquel trasto del que Rosalie y él presumen tanto. Entra en su dormitorio y comienza su primer conflicto de la mañana: el kilométrico armario. Ocho horas con la misma ropa resulta inconcebible.

Mientras busca algo que se asemeje a unas hombreras, sus agudos oídos de vampiro le advierten de la presencia de Edward, Bella y Nessie al otro lado de la puerta, dirigiéndose posiblemente a la cocina. El latido del corazón de su sobrina retumba en su delicado sistema auditivo haciéndole recordar la sangre que recorre las venas de Renesmee. De pronto sus ojos se vuelven oscuros, prácticamente negros, poseídos por el recuerdo de la sangre.

- Mmm, sangre… - se relame los labios.

Edward gruñe al otro lado de la puerta y, de haber tenido sangre en su sistema circulatorio, Alice no hubiera tardado en ruborizarse.

- Lo siento, Eddy. Creo que paso demasiado tiempo con mi Jazzy – dice en alto, aunque sabe que Edward leerá sus pensamientos de todas formas -. Hablando de sangre, tengo una camiseta roja que me viene de perlas…

La presencia de Jasper se siente en toda la casa, más intensa en cuanto entra en el dormitorio.

- Hola, Jazz – saluda Alice mientras se coloca papel higiénico en los hombros -. ¿Dónde guardaste las protecciones de futbol americano de cuando estuvimos en el instituto de San Diego?

Jasper frunce el ceño tratando de buscar alguna lógica a lo que su mujer acaba de preguntar, alegre de que las grandes obsesiones de Alice la distraigan de otros asuntos, como el de su paradero esa noche.

- ¿Por qué lo preguntas, cariño?

- Hombreras – se limita a decir ella.

- Están en el ático, junto con tus modelitos de los años veinte.

- No seas bobo, Jazz, sabes que nunca guardo esos harapos pasados de moda, sobre todo si me los he puesto ya.

- No soy bobo, Al. Estuve anoche en el ático y vi una caja en la que ponía 1920.

- ¡Ah! – exclama – Son las revistas de moda de la época. ¡Y no te atrevas a insinuar que las tire, Jazz, las conseguí por contrabando y no sabes el dineral que pague por ellas! ¡Noventa centavos, Jasper, noventa! Tuve que engatusar a una anciana para que me prestara el dinero, la muy pobrecita creía que lo necesitaba para dar de comer a mis cinco hijos y ocho hermanos…

Jasper sonríe y rueda los ojos, aliviado de que Alice haya pasado por alto el pequeño detalle de su estancia en el ático la pasada noche. Ambos se visten y se dirigen al Porche 911 turbo, resignados a pasar otro amargo día de instituto.

Llegan a sus respectivas clases y comienza la rutina de los últimos cincuenta años. Alice se acomoda feliz sus protectores de rugby que simulan las hombreras y comienza a hacerse la manicura francesa, ignorando completamente al profesor.

Pero las visiones no son fáciles de sobrellevar, menos cuando están relacionadas con la temática sobre la que se habla en clase.

- Señorita Cullen – llama el señor Banner -. ¿Cuáles son las tres leyes que…?

- Las leyes de Keppler, señor – responde Alice sin apartar la vista de su perfecta manicura francesa, a penas advirtiendo que ha contestado antes de que el profesor formulara la pregunta.

- Veo que es usted muy listilla, señorita Cullen – dice el profesor tratando de disimular la sorpresa que siempre le produce Alice con sus respuestas previas a las cuestiones -. ¿Sabría decirme en qué se basa…?

- Los dos pilares de esta teoría son – responde Alice confiada -: Las partículas intercambian energía en múltiplos enteros de una cantidad mínima posible, denominado quantum (cuanto) de energía y la posición de las partículas viene definida por una función que describe la probabilidad de que dicha partícula se halle en tal posición en ese instante.

El señor Banner abre mucho los ojos, entre asombrado y frustrado.

- Eso no es lo que le iba a preguntar, señorita… – miente el profesor.

- No qué va – murmura Alice antes de que Jasper le pegue un codazo.

- Además, no sé de dónde ha sacado la respuesta pero es incorrecta.

- Será imbécil – vuelve a murmurar, lo suficientemente bajo como para que sólo Jasper la oiga -. Hace veinte años perdí una apuesta con Emmett y me matriculé en Física Cuántica en el MIT…

- ¿Algo que deba saber, señorita Cullen?

Alice clava sus doradas orbes en los ojos indignados del profesor y se esfuerza por poner la cara más inocente que guarda en su repertorio de pucheros antes de contestar:

- Física Cuántica, señor.

- ¡Se acabó, Cullen! ¡Al despacho del director!

- Vas a batir el record de Emmett – bromea Jasper en un susurro.

Alice se incorpora con esa gracilidad y elegancia que la caracteriza y abandona el aula, no sin antes dirigir una mirada de suficiencia al profesor. El cual no se imagina que Alice no visitará el despacho del director, sino que se dirigirá a la nueva tienda de Luis Vuitton a comprar el nuevo bolso que ha visto en sus visiones.

Y unas hombreras, ya de paso.


Si hemos logrado sacar alguna que otra carcajada, creemos que nos merecemos, como mínimo, un review :)