Disclaimer – Cualquier parecido con nombres de personajes de Stephenie Meyer es sólo coincidencia, no sé que le da a la gente por andar plagiando… nah! Edward, Bella y el resto de los personajes en este fic pertenecen a Stephenie Meyer… yo sólo se los pedí prestado un rato para contar una pequeña historia.


Esta historia esta basada en hechos reales… ok, sólo está inspirada en una loca noche de despedida de solteras como cualquier otra.



¿Qué hice la noche anterior?

El despertar

Abrir los ojos no era lo primero que hacía cuando despertaba. Lo primero era escuchar la monotonía del tráfico, luego algunos ruidos reconocibles de su casa, después girar sobre sí misma para estirarse un poco y recién entonces se atrevía a abrir los ojos. Aquel día no fue la excepción, inició su rutina como siempre, oyó un auto pasando por al calle, el sonido de su viejo refrigerador, pero al estirarse notó la incomodidad de la cintura hacia abajo… pestañeó algunas veces y el sol del medio día le dio de lleno en la cara.

—¡Mierda! — se quejó girando sobre su cuerpo tendido sobre la cama para protegerse de la luz.

Había olvidado por un minuto la monumental borrachera de la noche anterior. Tenía que reparar la persiana de su cuarto antes de volver a salir de parranda, no era agradable un despertar así y mucho menos con resaca.

Después de que se recuperó lo suficiente, sacó la cabeza de debajo de un cojín, le dolía como un demonio. Se armó de ánimos y se levantó, fue directamente a la ducha. Aún estaba en modo automático, tan sólo cuando sintió el chorro frío en su cabeza despertó del todo.

Gimió involuntariamente no únicamente por el punzante dolor de cabeza que tenía, sino también por el gélido contacto del agua con su cuerpo.

Salió de la ducha, se envolvió en toallas y observó su reflejo en el espejo: Rostro hinchado, ojos irritados, ojeras dignas de un vampiro… todo en orden, ¿qué más podía pedir después de semejante trasnoche? No logró recordar a qué hora había llegado a su casa, pero si podía contar con que despertaría puntualmente a las 10:00 am. Estaba demasiado acostumbrada a no dormir más allá de esa hora. Entonces obtuvo el primer flashback.

¡Baila, Bella, baila! —gritaban sus amigas.

Caminó con decisión hacia el centro de la pista, donde la esperaba un tubo metálico alargado que iba desde el techo hasta el suelo. Aferró el caño firmemente con ambas manos, se contorneó al ritmo de la música, giró sobre sí misma, se sostuvo con una mano mientras se dejaba caer lentamente de espaldas. No bajó mucho porque un insistente dolor de espaldas la había estado incomodando hace varios días, así que no se atrevía a forzarla. Hizo un par de movimientos que intentaban ser atrevidos y sensuales, pero que estaba segura que más bien le habían salido chistosos.

Rió mientras lo recordaba. La noche anterior había estado en la despedida de solteras de su amiga Ángela, después de cuatro años de noviazgo con Ben, finalmente se iban a casar en un par de semanas. Había sido una de las despedidas de solteras más improvisadas de la historia.

Alice, su hermana, le había avisado recién el día jueves en la mañana que tenía libre el viernes en la noche, era el momento perfecto para hacer la despedida.

Pasó el resto de ese día organizando, haciendo llamadas para contactar a las asistentes. Para la medianoche ya tenía confirmada a diez amigas mutuas, un pastel de forma sugerente e incluso un vedetto.

Llama tú —le había dicho a su hermana mientras le entregaba el celular—, yo conseguí el número así que al menos has eso.

Alice había mirado el celular con indecisión, pero luego llamó. No se fijó en los detalles de la contratación, pero al parecer todo había sido muy formal y rutinario.

Me preguntaron cual queremos —señaló su hermana luego de cortar—, debemos llamar para confirmar luego de que elijamos.

¿Cuales tienen? —preguntó emocionada Jessica dando saltitos. En cuanto le había avisado de la celebración había corrido a su casa a ayudarles.

Están en la página web —respondió Alice indicándole a Bella que iniciara la búsqueda.

Media hora después seguían debatiendo sobre las cualidades de los disfraces. Entretanto la difícil misión de escoger el hombre indicado para el espectáculo, había llegado Rosalie para ayudar en los preparativos.

Me gusta ESE —había declarado apenas habían pasado por la foto de un stripper con grandes músculos, de cabello oscuro y rizado que miraba con un sonrisa traviesa —, mira esos músculos y ese rostro… es adorable. Yo lo quiero.

Lo analizaron un momento, vestía como leñador y era muy atractivo, pero era demasiado grande para el gusto de Bella, parecía una mole de puro músculo. Estaba segura que alguien tan colosal intimidaría a Ángela.

Prometo que para tu cumpleaños te lo daré de regalo con listón incluido, pero ahora hay que buscar a alguien del gusto de Ángela —había dicho Bella, pasando a la siguiente página de vedettos.

Se había sentido malvada y poderosa al estar seleccionado hombres por catalogo. Pero alguien tenía que hacer ese sacrificio por Ángela, pensó irónicamente.

Terminó de vestirse, sintiéndose como si la hubiesen apaleado. Definitivamente los años le estaban pasando la cuenta. A los 24 no tenía la misma resistencia al alcohol que a los 17, la pelvis le dolía como nunca y jamás en su vida había tenido una jaqueca tan grande. Se preparó un café bien cargado, se lo bebió junto con unos analgésicos mientras ojeaba una revista vieja. No quería leer, sólo distraerse mirando las imágenes. Estaba repleta de publicidad de ropa interior masculina, se fijó en los esculpidos torsos y sonrió al recordar haber estado "evaluando" vedettos la tarde anterior.

Mira este—había dicho Alice— es alto, tiene buena contextura y lindo rostro.

Sí, míralo ¡Qué sexy! Dios, yo quiero uno así — chilló Jessica que había hecho comentarios similares por todos los hombres que habían visto en la página web.

Bella lo miró con ojo crítico un momento. Era muy atractivo y tenía una linda sonrisa, además de los otros atributos obvios que estaban buscando. No era tan imponente como para intimidar a Ángela con su musculatura, y lo más importante, no tenía cara de gay como el 80% de los que ya habían visto.

Me parece bien, además recuerdo que Ángela mencionó alguna vez que le gustaban los marineros.

No está mal —sentenció Rosalie y con eso terminó la búsqueda.

Alice ya había marcado el número y hablado con el encargado.

¿A qué hora lo queremos? —preguntó colocando su mano en el auricular del teléfono.

Las cuatro se miraron con indecisión.

A las 3 —dijo Jessica con una sonrisa picara —, a esa hora ya vamos a estar más sueltecitas.

Todas rieron y Alice traspasó la información entre risas ahogadas.

¡Pregunta si se puede tocar! —chilló Rose aún con ataque de risa.

¡Y si queda desnudo! — Jessica era una de las más emocionadas.

Y si se puede raptar… toda la noche…— susurró provocativamente Rosalie.

Preguntan si se puede tocar, si queda… desnudo y cuanto dura el show—repitió Alice evitando reír.

Asintió un par de veces, habló otro poco y finalmente colgó.

Degeneradas —las recriminó riendo—. El show dura media hora, se puede tocar todo lo que se quiera, pero no queda desnudo.

¡Buuu! —se quejaron todas al unísono y luego siguieron riendo.

Su celular comenzó a emitir una estridente sonajera interrumpiendo sus pensamientos, corrió a contestarlo. No supo qué fue peor, si el agudo chillido del aparato o correr sintiendo retumbar su cabeza. Aunque se esforzó, no alcanzó a contestarlo, miró el número, no era ninguno que conociera.

Se embutió el celular en el bolsillo trasero de los jeans. Sólo quería terminar su café, que se le desapareciera la maldita jaqueca o mejor aún, arrancarse la cabeza. Le era difícil caminar, le dolían todas las extremidades, sobre todo los muslos. No recordaba haber bailado tanto… ¿O sí? Quizás era la falta de práctica, llevaba casi un año que no tenía una noche así, quizás mucho más. Pero había valido la pena por ver la cara de estupefacción de Ángela cuando descubrió lo que planeaban.

Alice había arreglado una improvisada reunión de chicas en un bar cercano al lugar donde harían la despedida de soltera. Después de un par de tragos, las tres —Ángela, Alice y Bella— , tomaron un taxi que las llevó al local que tenían preparado, durante el trayecto vendaron los ojos de la novia que aún no entendía de qué se trataba el juego. Cuando llegaron las esperaban todas las invitadas ataviadas en sexies babydolls, las más atrevidas llevaban conjuntos de lencería e incluso boas de plumas. La expresión de Ángela no tenía precio, su rostro era un poema y cuando Jess le instaló un sombrero con un pene gigante la sorpresa termino de ser completa.

Los primeros minutos fueron sólo abrazos, felicitaciones y bromas para la novia. Luego la instalaron en un diván, con su propia boa de plumas y un trago adornado con una pajita en forma fálica. Cuando al fin salió de su estupefacción comenzaron los juegos.

Rose se puso de pie, vestía un sexy conjunto negro y rojo, llevaba un antifaz que era más plumas que la propia careta en sí. Avanzó al centro del lugar, el resto de las invitadas se habían acomodado en divanes y sillas alrededor de una pista que hasta tenía un tubo de baile. Sacó de su escote un tubo de papel, lo desenrolló y comenzó a leer solemnemente.

Con mucho pesar… o más bien envidia —un par de risas interrumpieron su relato, las silenció con un "shhh" y continuó—, el ministerio de solteras de esta comunidad, informa que muy pronto una de nuestras integrantes dejará de pertenecer a nuestra institución para cumplir la condena de "trabajos forzados", llamado vulgarmente "matrimonio"—nuevas risas interrumpieron la lectura, levantó una mano indicando que aún no había terminado y continuó rápidamente entre las risas ahogadas—. Con ese motivo es que este club ofrece hoy un "homenaje" a nuestra querida amiga Ángela que ha decidido caer en el "matricidio".

Las carcajadas estallaron, Jessica se acercó Ángela y le plantó un sonoro beso en una mejilla.

Esta será una noche que jamás olvidaras, querida— le dijo sonriendo—ninguna de nosotras lo hará.

Sonrió ante lo irónico de la situación. Ya había pasado una hora desde que había despertado y todavía no lograba acordarse de considerables cosas que habían sucedido la noche anterior. Los flashbacks iban y venían, recordaba cortas escenas de bailes y juegos, pero eran sólo escenas, como las de un tráiler de una película de cine arte. Inconexas y algunas hasta incoherentes.

No había podido seguir durmiendo después que despertara y no se atrevía a llamar a ninguna de sus amigas, seguramente seguían durmiendo y no quería molestarlas antes del medio día.

Pensó que podría hacer en su casa, observó el lugar, dándose cuenta que todo estaba en orden, a excepción de su cuarto.

Se dio ánimos y se dirigió a su dormitorio. Decidió no pensarlo mucho y comenzó a recoger ropa y zapatos antes de arrepentirse. Había tenido prisa por salir la tarde anterior, pero no recordaba haber dejado ese tiradero. Siempre era muy ordenada. De pronto algo captó su vista, era algo pequeño y plateado como un envoltorio. Se acercó, se puso apenas en cuclillas, —se sentía una anciana con dolor de caderas— y movió una de sus pantaletas que lo estaba cubriendo parcialmente. Era el envoltorio de un condón.

¿Cómo era posible qué hubiese un envoltorio de un condón en su dormitorio, si la última vez que usó uno había sido en un motel con Jake, dos semanas antes de terminar con él, tres meses atrás? No había estado con nadie después de eso y estaba segura que ESO no había estado en su cuarto el día anterior.

Su celular comenzó a vibrar y lo sacó de su bolsillo antes de que comenzara con la chillona melodía. Miró el número: desconocido. Apretó el botón de contestar.

—¿Diga? —preguntó sin ponerse de pie aún.

—Hola preciosa —respondió una aterciopelada voz al otro lado—, espero no haberte despertado. Anoche me dijiste que a las diez estarías en pie. Te llamé antes, pero no contestaste así que esperé una hora más. Después de anoche supongo que estabas exhausta…

Los sonidos se disolvieron alrededor de Bella, no logró escuchar nada más. No salía de su estupefacción. Recordó el insistente dolor de caderas con el que había despertado, el envoltorio de un condón frente a ella y la voz masculina en el teléfono.

—¿Estás ahí, Bella?, ¿Bella?

Había dejado caer el celular, miró el aparato con ojos como platos mientras el desconocido seguía repitiendo su nombre al otro lado de la línea.

Y Bella tan sólo podía pensar en una cosa.

¿Qué mierda hice anoche?



Me animé a hacer esta historia después de ir a una despedida de solteras. Varias de las cosas relatadas en el fic pasaron en la vida real… otras lamentablemente tan sólo son producto de mi perturbada imaginación. Agradecimientos a Nekiiito que leyó el borrador, me alentó a continuar y me betea la historia. Gracias también a todas las escritoras compulsivas de twitter, sus tweets hablando sobre los avances de sus historias lograron que terminara este capítulo... y a ustedes por leer, y les pregunto… ¿Recuerdan lo que hicieron la noche anterior?