Disclaimer: Naruto es copyright de Masashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener. Historia inspirada en la cinta Mientras Dormías.

El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece a Lirit Choiseul quien muy amablemente me permitió la adaptación de sus ficc muchas gracias nena:)


Mentiras Piadosas

Esperanza (I).

La esperanza prospera aun bajo las condiciones más inadecuadas.


-¡Sasuke no!

La seductora risa del varón lleno el ambiente. Aquel día esa singular pareja decidió volver a un lugar especial para ambos, donde el recuerdo de su vida juntos aun flotaba en el aire.

El jardín de Mikoto.

Sakura siguió corriendo alrededor del verde pasto, dando vueltas en círculos, huyendo del hombre que le perseguía cariñoso; tropezó varias veces –algunas con ramaje, otras con sus propios pies- pero logro estabilizarse antes de causarse verdadero daño. Ese era un momento mágico, que compartía con el amor de su vida y no quería desperdiciar ningún instante de él.

Sasuke podía alcanzar a Sakura en el momento que lo deseara. Bastaba con aumentar la velocidad, correr esta vez enserio y tomarla entre sus brazos impidiéndole el escape; tan cerca, tan fácil. Pero, ¿Dónde quedaría lo divertido?

Dejo que corriera un poco más, haciéndole creer que la ventaja la llevaba ella. Sakura volteaba de vez en cuando, asegurándose que la distancia entre ellos era considerable, sonrió cuando le vio lo suficientemente lejos como para detenerse un instante, recobrando el aliento. Aprovechándose de esto el varón aumento el ritmo, acercándose peligrosamente a la ojijade que ahora yacía encorvada, respirando rápidamente; estiro los brazos y le pillo desprevenida envolviendo sus brazos en la cintura, Sakura grito de la sorpresa y Sasuke la levanto en vilo del suelo, girando con ella en brazos.

Había ganado.

Se aferro a su cuello con ambas manos mientras el continuaba dando vueltas, sus risas se mezclaban, creando una sinfonía armoniosa que Sasuke grabo en su memoria –tal vez mas tarde le serviría para escribir una canción y perpetuarla- Amaba la risa de esa mujer tanto como a ella.

Y ella le amaba.

Se detuvo la risa, los giros y sus corazones al contemplar los ojos del otro, sus almas, sus mayores miedos, alegrías e ilusiones. Verse reflejado en ese espejo de hechizantes colores cortaba su aliento.

Sasuke le coloco suavemente sobre la hierba que cubría ese verde prado. Sin alejarse de ella, recostó su cuerpo, permaneciendo a su costado. Sakura suspiro feliz y dejo su cabeza reposar sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón.

-Eso fue trampa. –Dijo luego de un rato. Sasuke rió y golpeo su hombro –Estaba distraída, fue jugar sucio.

-Todo vale en la guerra y el amor. –Burlón respondió el hombre, acariciando sus cabellos.

Sakura le miro con rabia y saco su lengua, aumentando las risas. Él beso sus cabellos y la acerco más a su cuerpo. Los dedos de la chica dibujaron círculos sobre su camisa y su aliento dio de golpe contra el pecho, acariciándolo y traspasando hasta llegarle al alma. Sasuke apretó mas los brazos a su alrededor.

Se sentía tan bien. Tan en paz. Sakura no pudo evitar preguntarse cómo era que jugaba el destino. ¿Qué había hecho ella de bueno para que Sasuke Uchiha –de la manera que fuese- apareciera en su vida? Seguramente eso que se le recompensaba hoy con el amor de ese maravilloso hombre tuvo que ser trascendental y de gran impacto; la vida no da personas maravillosas sin pedir nada a cambio.

-¿Sasuke? –Llamo.

-Hmm- contesto, con los ojos cerrados, semiinconsciente

-Te quiero.

-Yo te adoro, hermosa.

Sonrió. Ella sabía que le amaba. Aunque no fuera algo con mucho sentido si lo veía desde un punto de vista imparcial. Muchas veces, cuando terminaba el día y sus pensamientos –irremediablemente- se dirigían al hombre tumbado a su lado, se pregunto cómo era posible que alguien como él –hermoso, talentoso y encantador- se enamorara de una chica tan simple y común como ella.

Dudo un instante, antes de volver a hablar. –Hey, Sasuke…

-Dime.

Mordió su labio, nerviosa e indecisa. ¿Y si eso que quería preguntar estaba mal? Tenía que correr el riesgo; esa era una de las cosas que no importaba cuanto especules, jamás sabrás lo que en realidad significa hasta recibir la respuesta de los labios del involucrado.

Con una resolución, pronuncio. -¿Cómo… como supiste que estabas enamorado de mi? ¿Por qué… me amas?

-¿Por qué no?

-Se serio, por favor.

Sonrió torcidamente. –Serios, claro. –Carraspeo. –Contestemos en orden cada una de tus preguntas, ¿Te parece?

Asintió.

-¿Cómo supe que estaba enamorado de ti? –Repitió. –Si me preguntas sobre la primera ocasión, puede estar segura que no tengo la menor idea de cómo fue; los recuerdos de Nondret aun siguen… nublados; todavía no logro recuperar ninguna memoria relacionada contigo, por más que lo intento. –Apretó los dedos –Es tan frustrante.

Sakura ni siquiera tiene que mencionar lo culpable que se sintió.

-Pero- continuo, sin percatarse de la mirada tortuosa de la mujer –Si a lo que te refieres es como lo supe en la segunda ocasión, eso si lo tengo muy claro. –Parpadeo repetidamente, con la vista clavada en el cielo. –A veces creo que siempre lo supe, desde que te vi en el hospital, tuve la certeza de eras mujer ideal para mi. Pero, realmente, mi revelación se dio poco a poco; logre hacia ti un cariño indescriptible, que aumentaba con cada sonrisa, risa o mirada que me dabas, y cuando hablaba contigo… ¡Era maravilloso todo lo que sentía con tan solo tenerte a mi lado!

"Soy afortunado, ¿no? De haber encontrado a una chica como tu. Eres especial, única. Hermosa e inteligente. Testaruda y encantadora. Tienes una especie de encanto, un imán, que atraes a las personas. Una mujer ideal para cualquier hombre, sin duda, que me fue otorgada a mí. Cada momento a tu lado era una nueva e inolvidable aventura, un recuerdo al que aferrarme y, puedo asegurártelo, jamás se irán.

"Y te quería. Cada día más y más. Al punto de volverse tu ausencia algo insoportable. No se como, ni cuando, solo se que un día venias hacia mi, caminando tan particular como solo tu sabes hacerlo. Y fue entonces cuando, sin esperarlo, un particular pensamiento llego a mi cabeza.

Sasuke giro para tenerla de frente, acaricio su mejilla y viéndola a los ojos, pronuncio las palabras que terminarían su relato. –Estoy enamorado de ella.

Embelesada por las palabras, alcanzo sus labios y los presiono suavemente con los suyos.

-Gracias- Dijo él, sonriendo. –Si no me equivoco, tu otra pregunta ya fue contestada dentro de la explicación a la primera.

Sakura rió. Se incorporo, quedando sentada sobre la hierba, Sasuke permaneció recostado, cerró los ojos y los cubrió con un brazo; el otro, yacía sobre las piernas de la chica, acariciando suavemente, calmante. Su mano cubrió el brazo del hombre, siguiendo el patrón de sus venas.

-Um… -Comenzó ella, indecisa. –No vas a… tu sabes… ¿preguntarme porque te amo?

-¿Debería?

-No, claro que no. Es solo… la mayoría de las veces, cuando se hace esa pregunta, la otra persona quiere obtener también la respuesta.

-Bueno, no se porque lo haces y no busco entenderlo.-Explico. –Sin embargo, tengo la certeza de lo mucho que me quieres y eso es suficiente para mí. –Se sentó también, y la atrajo a su cuerpo. –estás conmigo, a mi lado y me amas. ¿Qué más podría pedir?

-Te amo. –Afirmo sus palabras, dándoles más valor. – Y nunca dejare de hacerlo.

Sumidos nuevamente en ese estupor confortable, se miraron a los ojos, regalándose, cómplices, el amor que se profesaban a través de una mirada. Sakura se inclino hacia delante y acarició su mejilla con suavidad; él cerró los ojos, disfrutando el tacto anhelado. Sus labios se encontraron, fundiéndolos en un solo ser perfecto. Sasuke llevo su mano hacia su nuca para atraerla más hacia él.

Se regalaron caricias, besos, abrazos, suspiros y palabras. Compartieron momentos anhelados por los amantes y crearon recuerdos invaluables que permanecerían con ellos toda la vida.

Sakura, indecisa, comenzó a jugar con un botón de su camisa, pensando y armándose de valor para su siguiente pregunta. Tal vez no era algo de vida o muerte, pero para ella, seria el rumbo de su relación lo que se decidiría ahí. Un futuro juntos o, quizás, el fin.

-Sasuke… -llamo en un quedo susurro, rogando no fuera escuchado.

-Dime.

-Um…

-¿Qué pasa?

-¿Qué es la Academia de Inglaterra?

Expreso en voz alta una parte de sus dudas; esas que se clavaron en su mente sin darle descanso desde esa mañana tiempo atrás cuando Azusa, críptica, le había comentado algo sobre su marcha. Y también estaba ese día, cuando en una de sus tantas visitas quedo sola en su habitación y acercándose a su escritorio, contemplo varios folletos con el nombre del colegio y detallada información. Quería escuchar de su propia boca que tan real era esa posibilidad- la posibilidad de su partida- y cuantas posibilidades de quedarse existían.

Sasuke no respondió. Se limito a mirarla, pese a que ella rehuía de sus ojos.

-Veras- Comenzó –La Academia es una prestigiosa escuela de música, no solo de Europa, sino del mundo entero. Se caracteriza por ser elitista, no cualquiera puede entrar y quienes lo logran solo es por invitación. –Torció los labios- Tu no eliges al colegio, este te elige a ti. –Giro su rostro hacia una fascinada Sakura antes de continuar. – El heredero del fundador y ahora director, solo lleva entre sus filas a los mejores. Es por esto que, se dice, si has sido aceptado y el propio Leo es quien te quiere, tu talento debe ser excepcional.

Sakura bajo la mirada. Se sentía orgullosa de él, claro que lo hacía. La persona que más amaba era considerada alguien con un talento excepcional –tal como lo había descrito- y sentía su pecho inflado en orgullo y amor hacia su persona. Y el director, en persona, era quien lo buscaba y lo quería en ese lugar.

Y eso, solo la hacía sentir aun mas culpable.

Porque a pesar de lo que acababa de contarle, de la descripción tan majestuosa que le regalo, ella no quería que se fuera. Ser aceptado en ese lugar, al parecer, era el sueño de todo aquel que aspirara a ser alguien en el ámbito de la música. Un honor que se le daba al hombre recostado a su lado. Y, aun sabiendo esto, los pros de la decisión, siendo consciente que era lo mejor que le podrían pasar a su carrera y alegrándose por él… egoístamente quería que permaneciera a su lado.

-¿Tu irías? –Pregunto su temor más grande. –Si llegasen a pedirte que fueras… ¿Lo harías?

Sasuke beso sus cabellos y aspiro su aroma. –Si me lo hubieses preguntado hace algún tiempo, te contestaría sin dudarlo, que si.-Explico. –Pero, ahora mismo, tengo cosas entre mis manos sin las que no podría vivir. –Para enfatizar su punto, le dio un apretón a su abrazo. – Me volvería loco si me alejara de ti.

-Eso….

-Sakura. –Tomo el rostro femenino entre sus manos, clavando su vista –Nunca, nada me haría dejarte. –Retiro los mechones de cabello que ocultaban sus facciones.-Así fuera una Academia de música o un viaje a la luna, me da igual. Tú eres todo lo que yo necesito para estar bien, para seguir viviendo.

Y la abrazo mientras ella se consumía en culpa.

/+/

Sakura.

-Siento haberte llamado, Jiraiya.

-¿Hace cuanto que esta así?

-Casi dos semanas. Primero pensé que era normal, estaba deprimida y creí que pasaría en un día, quizás dos… pero lleva ya tanto tiempo ahí, que… ¡Oh, señor Haruno, lo lamento!

-Calma, Tenten. Hiciste bien en llamarme. Llévame a donde esta mi hija, por favor.

Las pisadas acercándose y el ruido de la puerta al ser abierta acallaron las voces de mi amiga y mi padre que escuche en el corredor. Desearía que, de esa sencilla manera en que sus palabras pasaron a ser meros susurros, guardara silencio la voz en mi cabeza, que me atormentaba con cada segundo que pasaba; también me gustaría que mi corazón se detuviera, para dejar de sentir este agónico dolor cada vez que palpitaba.

Un corazón podrido de latir.

Y dolía. Cada movimiento, uno a uno esos latidos se fundían en el vestigio de lo que alguna vez pude llamar alma; las lágrimas ya no corrían por mis mejillas, tenía la sospecha que se habían terminado en alguna noche que no pare de llorar. Sentía los parpados pesados y el cuerpo acalambrado; sin embargo, conciliar el sueño era algo que me resultaba imposible.

Cuando cerraba los ojos su imagen acudía a mi, tras mis parpados se dibujaba su figura; al principio sonreía, me miraba con esa dulzura que me cautivo, atrapo y retuvo durante el corto tiempo en que conocí eso que llaman felicidad absoluta. Luego, su imagen mutaba hasta convertirse en la última mirada que tuve de su persona; la amable sonrisa desaparecía para formar en sus labios una mueca de repulsión y desagrado, mientras que sus ojos se deshacían del brillo especial que me encantaba para sustituirse por ese vibrante odio y rencor que lograba estremecerme.

Otra cosa que me impedía conciliar el sueño era mi afanosa mente. Cada que lo intentaba, cuando mi cabeza estaba a nada de volar al mundo donde Morfeo era amo y señor, esta se activaba a su máxima capacidad, torturándome. Dominada por mi consciencia que pese a ya haber dicho toda la verdad no me dejaba tranquila, recreaba los momentos que viví a su lado, marcando cada caricia, cada gesto y beso cual fuego en mis memorias –ocasionales eran las veces que incuso podía sentirlas en mi piel-; otras, menos frecuentes pero igual de intensas, inventaba sus propios escenarios, creando recuerdos falsos que jamás podrían convertirse en realidad. También estaban esas donde yo pensaba en las múltiples posibilidades de respuestas que pude decir en determinados momentos: ingeniosas, cursis, patéticas y ganadoras.

Las mas dolorosas eran cuando repetía nuestro ultimo dialogo una y otra vez.

Y con cada uno de ellos las palabras parecían mas crueles aunque siempre eran las mismas.

Yo lo que mas deseaba era dormir en paz, tranquila. Era lo único que quería. Dormir durante horas, días si era posible. Amaba perder el conocimiento de esa forma; pese a que los sueños eran dolorosos y lastimaban mas que golpes a sangre fría, valía la pena simplemente para disfrutar de esos dos segundos al despertar donde no eres consciente de nada, ni siquiera de quien eres.

Esa era mi parte favorita del día.

Rememorar mi vida luego de aquello era tan fácil como lastimero.

Ese día al llegar a casa fui directo a tomar una ducha –no agradecí a Tenten el gesto de llevarme a la mansión Uchiha, no lo tome en cuenta y temí que al abrir la boca me desmoronaría-, arrastre los pies hasta el baño, me desvestí y deje mi cuerpo bajo el tibio chorro de agua que descendía de la regadera. Aun ahora al cerrar los ojos puedo sentir el agua cayendo en mis hombros y deslizándose cuesta abajo por mi piel, los cabellos pegados a mi espalda y sobre mi rostro.

En cambio, todo lo que paso por mi cabeza en ese instante se encuentra nublado. Tal vez –no lo podía asegurar- realmente no pensaba en nada. Quizás el shock de los últimos hechos aun continuaba.

Luego del baño, recuerdo, me dirigí directo a la cama y en cuanto mi cabeza toco la almohada caí inconsciente, sin sueños ni pensamientos. Y no desperté hasta la mañana siguiente, pasadas las nueve.

Y había intentado continuar. ¡Que si lo había intentado!

Me levantaba cada mañana, seguía con mi rutina de aseo. Mi momento humano. Comía un poco de esto y algo de aquello –muy poco realmente, así era mi apetito- Salía de casa como todos los días, tomaba el autobús de todos los días y, fiel a mis costumbres trabajaba sin descansos. Al terminar mis labores, ordenaba y cerraba según mis horarios, volvía a tomar el autobús de regreso a casa, e iba directo a la cama, esperando el día siguiente sin verdaderos ánimos.

Las únicas diferencias que la gente rumoraba se notaba en mi eran la falta de algún libro en mis manos, siendo devorado por mis ojos mientras esperaba detrás del mostrador por algún cliente –ahora solo reposaba la cabeza sobre mis manos y me perdía en la nada – y que la sonrisa amable ya no surcaba mis facciones aunque lo intentara.

En eso constaban mis días. Levantarse, trabajar, dormir. Con esporádicos intermedios para llegar a ingerir algún alimento –o a intentarlo siquiera, ya que nunca lo terminaba por completo.

Pero un día, simplemente, ya no pude levantarme.

Las fuerzas, las ganas, los sueños… todo se había esfumado. Me habían abandonado cual niña que al crecer deja a un lado su muñeca preferida para evolucionar. Tal vez todo se percato que yo no evolucionaría, que ya no tenía más intenciones de continuar con esto. Esa era la verdadera explicación, quizá.

Gire sobre la cama, dándole la espalada a la puerta en cuanto escuche los pasos acercando aun más. Cuando el pomo de la puerta dio un giro yo me oville aun mas escondiendo mi rostro bajo las cobijas. El brillo de la luz exterior se reflejo en la pared, junto a la sombra de un hombre que yo conocía a la perfección.

-¿Sakura? –Llamo mi padre con cautela, mientras se acercaba a mí, lo supe por la forma de su sombra y el sonido de sus botas. –Cariño…

Sentí su mano rozar mi cabello, imperceptible casi. Me encogí aun más, y sentí los ojos anegados de lágrimas. Mordí mi labio para ahogar un sollozo. No quería que mi padre me viera así. Él fue mi fuerza durante mucho tiempo, mi protector. Era la parte más importante de mí. Yo era su pequeña, la luz de su vida, la razón por la que despertaba cada mañana. Ahora yo no era mas yo, ya nada quedaba de la niña que él educo. Los restos de persona que yacían sobre la cama, al mirarlos, le destrozarían el corazón.

Yo no quería que su luz se apagara.

-Oh, Sakura… -Dijo –Que te ha ocurrido, mi pequeña.

Y entonces, sucedió.

No supe cuando comenzó, ni como, el porque se lo atribuía a que era demasiado dolor para soportarlo. Me volví ajena a todo a mi alrededor, las voces les oía sin escucharlas realmente. Mis ojos, fijos sin ver. Y mi mente completamente apagada, distante… tal vez muerta.

-Lo lamento tanto, señor Haruno.

-Tu no tienes la culpa de esto, Tenten. Si alguien es culpable aquí, es ese infeliz del que me hablaste.

-¡Mi pobre amiga!

-Tranquila, pequeña… ella… ella estará bien. Tiene que estarlo.

-¿Y si no?... ¿Y si no se recupera?... ¡Que haremos entonces!... ¡Oh, señor! Perdóneme. Jamás debí permitirle continuar con esto, jamás debí dejar que se acercara a los Uchiha, pero, ¿Cómo iba yo a saber lo que le esperaba? ¿Cómo iba yo a interponerme en algo que le daba tanta felicidad? ¿Arriesgarme a perder a mi mejor amiga? ¡Que arrepentida me siento de no haber actuado a tiempo!

-Ya, Tenten, ya. Nada de esto fue tu culpa. Aunque me duela decirlo, y pese a ser mi hija, tenemos que aceptar que la responsabilidad y, por ende, culpa, es de Sakura. Ahora, hija, hazle un favor a este anciano, y llama a Okinawa; pregunta por Nishikado Soujiro y pídele que venga aquí. Dale tu dirección y que traiga un vehículo consigo.

-Señor, que…

- Me llevare a Sakura conmigo, Tenten. Me necesita cerca y solo así podré cuidarla debidamente. Anda, haz lo que te he dicho.

Seguí escuchando a mi padre, a Tenten, y pronto se les unió alguien más. Pero esto realmente ya no me importaba. Deje de llorar, deje de sentir.

Deje de vivir.

Catatonia. Era una palabra para describir mi estado tal vez.

-¡Ese desgraciado infeliz! ¡Ya vera cuando le ponga las manos encima! Le destrozare la garganta y le romperé las piernas; lo desmembraré parte por parte, luego prenderé una fogata, arrojare el rompecabezas que será su cuerpo y bailare alrededor de las llamas.

-Si Soujiro, podrás hacer todo eso, luego de que me ayudes a llevarla a casa.

-Sakura… hermanita… ¿Qué te han hecho?

-Anda Jiro, ayúdame con esto. Tenten, por favor empaca en una mochila cualquier cosa que pueda serle útil.

-Si señor.

-Ahora Sakura, ¡Para arriba!

Sentí frió, luego, deje de sentir el colchón bajo de mi. Se sustituyo rápidamente por unos brazos a mí alrededor y un pecho que se me ofrecía como refugio. Era tan cálido. Me deje envolver por la sensación y recargue mi cabeza en ese hombro.

-Señor, ¿Qué le pasa?

-Lleva así mucho tiempo, por lo que ha dicho Tenten.

-Si, pero parece como si… fuera una clase de zombie o algo parecido.

-Bueno, es sorprendente la manera en que la mente humana intenta protegerse de lo que le daña, ¿No, Jiro?

-Ya le daré yo una lección a lo que le daña.

-Ahora no, Jiro. Nuestra prioridad es Sakura, recuérdalo.

-… Pon esa cobija sobre Sakura, Jiraiya-sama, hace frió fuera.

-Aquí tienes. Es su neceser de baño, un par de prendas...

-Gracias, Tenten.

Sentí al Sol moverse, cubriéndome con sus calurosos brazos. Me envolví en su estupor, y caí rendida ante ese calor interior que me embargaba. Dormida, en brazos de Sol.

Jamás supe en que momento llegue a casa, ni a mi alcoba, hasta la mañana siguiente que desperté ya vuelta en mí.

/+/

Nada había cambiado.

Seguía sin reaccionar, sin hablar, sin fuerzas para levantarme de la cama.

Ahora estaba en la casa de mi padre, quien se desvivía por mí. Llevaba alimentos para mi de manera constante –la mitad de las veces regresaba a la cocina con ellos intactos-, visitaba la habitación, mi vieja habitación, todos los días y se sentaba a mi lado por un rato, jamás le di la cara. Luego, suspirando –medio bufando- se levantaba y abandonaba el cuarto para, al final, volver antes de dormir, deseándome buenas noches. Así también, corría en mi auxilio en las madrugadas, sin importar la hora, cuando las pesadillas me abrumaban tanto que no tenía más opción que expresar mi miedo a base de gritos y lamentos.

También tenía un visitante constante. Soujiro Nishikado. Mi amigo de la infancia, mi mejor amigo. Iba cada día que le era posible y hacia mil y un intentos por animarme. A veces, cuando creí que no le estaba escuchando –porque siempre lo hacia, aun si no le contestara o prestara atención- soltaba su extenso y sucio vocabulario en contra de él.

De igual manera, pero con un poco menos de frecuencia, iba Tenten a pasar tiempo conmigo. Me contaba de las novedades en el trabajo, o me leía un poco de algún libro que llevaba con ella. Siempre se disculpaba por no haberme ayudado, antes y ahora, por no haberme detenido a tiempo. Y también pedía perdón por no acudir diario a verme, pero, decía, era doloroso contemplarme en ese estado.

Personas incondicionales que estaban ahí para mí en estos momentos tan difíciles. Pero cuyos esfuerzos parecían ser en vanos al no dar fruto alguno.

Sabía que contaba con ellos incondicionalmente, que estarían para mí siempre que los necesitara, donde quiera que estuviera. Pero, aun sabiendo esto, yo me sentía tan sola.

Porque había una gran diferencia entre estar sola y sentirse sola.

Yo no lo estaba, y lo sabía. Pero al no tener a mi lado a esa persona que tanto necesitaba me hacia sentirme de esa forma.

Tan sola.

Papá entro nuevamente a la habitación y dejo salir un suspiro al mirar el plato de comida, intacto, frente a mí. Lo había traído media hora antes, y lo coloco en la mesa al lado de la cama. Ni siquiera lo mire, y ahora que lo tomaba nuevamente entre sus manos era cuando recordaba su existencia. Era escena de todos los días, pero verdaderamente yo no contaba con el apetito para comerlo ni con la energía para levantarme y sostenerlo.

-Bien, Sakura Haruno- Llamo ni nombre completo, como cuando niña me metía en aprietos. –No quería llegar a estos extremos, pero al no haber cooperación de tu parte no me dejas más alternativa. –Levante los ojos un poco, para ver el semblante cansado de mi padre, con muy poco interés en sus palabras. –Llamare a tu madre, le haré saber de esto… Y volverás a casa con ella

Me alarme.

No.

No podía recurrir a mamá en este hecho. Era mi problema, no habría porque involucrarla a ella.

Viví con mi madre toda mi infancia, tomando el rol de madre al ser ella un alma libre, una niña atrapada en el cuerpo de una mujer. Era yo quien cuidaba de ella y no al revés, era yo quien mantenía esa casa como debía ser: recordándole lo que hacía falta, las cuentas que debía pagar, o preparando los alimentos. Mamá daba el afecto y yo la responsabilidad. Formábamos un grandioso equipo, hasta que Dan llego a iluminar su vida.

Ya no necesitaba más de mí, ella ahora tenía quien la procurara, amara y cuidara como yo jamás podría hacerlo. Yo pase a la banca y deje mi espacio libre para el hombre. Aunque realmente no me importe relevar mi cargo al verla tan feliz.

Regrese a casa, con papá, para darle el espacio a mamá que necesitaba. No quería sentirme un estorbo ni un intruso en esa casa. Ellos debían disfrutar su tiempo como pareja y esa ecuación ya no me incluía a mí.

No opacaría la felicidad de mi madre con mis tonterías.

No lo hice cuando niña, no lo haría ahora, siendo un adulto. Un padre ya no resuelve tus problemas cuando creces. Si el solo hecho de estar ahora mismo en casa de mi padre me hacía sentir inútil y me avergonzaba, volver a Tomoeda con mamá seria ultrajante y vil.

-N...no –Logre decir, con voz rasposa por la falta de uso. –No llames… a mi madre.

-Sakura… -Sorprendido note a mi papa al escucharme hablar.

-Por favor… no lo hagas. –Respire con dificultad. –Yo no puedo volver con ella… no.

-No me dejas opción Sakura. –Explico. –No comes, no hablas, ni siquiera te levantas de esa cama, hija. Ya no se que mas hacer.

-Déjame así, papa. –Suplique. –Por favor, déjame así.

-No puedo. –Negó.-Eres mi hija, mi pequeña. Jamás podría darte la espalda.

-No me la estarías dando. Al contrario, complacerías mis deseos.

-Hija, no…

-Solo quiero dormir, papi. –Años sin llamarlo de esa forma. -¡Lo único que quiero es dormir!

Tome mi cabeza entre mis manos. Y cerré fuertemente los ojos. Me sentía caer cada vez más y más en ese abismo sin fondo, hundiéndome, ahogándome. Mi cuerpo tembló con mis labios y mis uñas se clavaron en mi piel desesperadas. Ya no podía, no aguantaba más de esto. Era demasiado, mucho dolor, tanto sufrir. Iba a dejarme sucumbir ya, harta de tanto luchar. La soledad soltaba lentamente los dedos que se aferraban a mis esperanzas, uno por uno, gozando del momento y del triunfo.

Pero, entonces, unos brazos fuertes, paternales me rodearon, y un halo de luz ahuyentó la oscuridad que me soltaba, permitiéndome volver a colocar mis dedos para sujetarme.

El abrazo de mi padre fue mi salvavidas entonces. Sorprendida por el acto –Jiraiya no era dado a las demostraciones afectivas- me deje hacer, rodeándole también con mis brazos.

Necesitaba consuelo, cual fuera. Y este me venía muy bien. Desee como nunca ser rodeada por el confort y calor familiar, por la seguridad paterna. Me olvide de Sakura Haruno, la mujer vil y cruel que había lastimado al ser que mas amaba, esa mentirosa sin escrúpulos; y, nuevamente, me convertí en Sakura, una niña frágil que corría cada verano a los brazos de su padre cuando tropezaba hasta que se acostumbro a ello.

Llore, aferrándome al hombre. –Papi…. ¡Papi! –Repetía sin cansancio esta palabra, luego de años sin usarla; aplicándola en esa oración que, cuando niña, decía con frecuencia –Me duele papi, me duele mucho.

-Tranquila pequeña. –Calmaba él con susurros, meciéndome suavemente en sus brazos. –Ya estoy aquí, contigo. Todo va a estar bien.

Y desee, más que nunca, creer ciegamente en la palabra de un padre.

/+/

-¡Ya vine, cariño!

Desperté de repente, al escuchar la estridente voz de mi amigo Soujiro desde el piso inferior. Abrí los ojos con parsimonia y gemí; odiaba ser despertada de forma tan brusca, y odiaba aun mas que mi amigo tuviera por costumbre -aunque yo lo llamaría mas reto personal- hacerlo cada que la oportunidad se le presentara. Cerré los ojos dispuesta a ignorar todo sonido y volver a lo mío.

-Arriba, ¿Verdad Jiraiya? Claro, como si pudiera estar en otro lado.

Sus pasos ruidosos subiendo la escalera me alertaron. Tome las sabanas y cubrí mi cabeza con ellas, mientras gemía. No estaba de humor para soportar a Jiro, aunque lo quisiera tanto, su energía me agotaba. Además, odiaba todo intento por hacerme salir de esto.

Yo no quería salir. ¿Era eso tan difícil de entender? Me merecía todo lo que estaba sintiendo, era mi castigo por mis malos actos. Cada una de las dolorosas punzadas, todos los pedazos de corazón que se desprendían poco a poco; la lenta agonía que acababa conmigo... eso y más era mi castigo.

No me quejaba.

La puerta se abrió con estruendo. Yo escondí mi rostro.

-Sakura ¡Nena! ¿Que tal lo llevas? -Bromeo el hombre. -¡demonios! Esto es más oscuro que una cueva de lobo, Sakura. Permíteme iluminar tu habitación, hermosa dam...

-¡No te atrevas! -Grite, sentándome con rapidez en la cama, movimiento equivocado al no tener las suficientes fuerzas, ya que todo giro en rededor y el mareo desenfoco mi vista. Jiro se precipito hasta mí, deteniendo mi caída.

-¡Whoa! -Exclamo.-Cuidado, pequeña. -Rió, aligerando el tenso ambiente.-Esto no pasaría si tuvieras las luces encendidas.

-¡No!-Ordene- No se te ocurra intentarlo, Nishikado Soujiro. No lo pienses siquiera.

-Esta bien, cálmate. -Puso sus manos frente su cuerpo -No voy a prenderlas; aunque no entiendo, ¿Que pasa contigo? ¿Ahora sufres de fotofobia?

-No... -Murmure -Pero no quiero ver la luz.

-¿Por qué?

-La oscuridad ayuda a conciliar el sueño. Y yo estoy tan cansada...-Para enfatizar mi punto, volví a recostarme, cubriéndome con las sabanas por completo. -Tan cansada. -Repetí.

-Sakura...

-Dormir -Continué con voz somnolienta. -Hace que el dolor se vaya.

-Esta bien. -Dudosa escuche su voz. -Todo está bien.

-Dicen que morir alivia el sufrimiento-Bostece -¿Es verdad? ¿Realmente lo alivia?

-Pero que demonios...

-Si es así, entonces yo quiero eso.

-¿Que te han hecho, hermana?

-Ya no quiero sentir el dolor, Jiro. -Murmure entre sueños. -No lo soporto más...

Dormitando, escuche un gruñido de mi amigo y la puerta azotarse al ser cerrada, las pisadas presurosas sobre las escaleras. Y, sin estar completamente segura, creí escucharle gritar y maldecir.

¡Esto es el colmo, Jiraiya! ¿Cuándo comenzó a decir tantas tonterías?

¡Pues tendrán que pasar sobre mi trasero antes de permitirlo!

¡No, no pienso tranquilizarme! Esa sanguijuela pagara por lo que le ha hecho.

¡Vamos Jiraiya, no voy a bajar la voz!

¿Cómo que ha donde voy? ¡Pues a ajustar cuentas, ahí voy!

¡Es día de sacar la basura!

Luego de eso, todo quedo en silencio, y yo caí inconsciente.

/+/

Abrí los ojos luego de un rato, lamentado el momento de mi despertar al sentir el primer encogimiento en el pecho que me recibía todas las mañanas.

¡Hola, mundo! Pensé con sarcasmo.

Por primera vez en mucho tiempo sentí la curiosidad de saber qué hora era y en qué día me encontraba, pero no hice intento alguno por levantarme de la cama. Seguí mirando la pared como si fuera la cosa más interesante del mundo. Escuche voces venir de abajo, pero no preste mucha atención; seguramente se trataba de papa y su televisor. O tal vez un amigo de papa -podía asegurar que no era Jiro, el no era silencioso-.

Pero, sincera, no me importaba.

La puerta de mi habitación se abrió sin previo aviso. Supuse que era papa en su ronda de rutina para ver cómo me encontraba. Al parecer aun albergaba la esperanza de que saliera de esta.

Me gustaría esperarlo tal como él, pero yo era más realista.

Jamás espere lo que sucedió a continuación.

-Sakura.

No fue la mención de mi nombre lo que logro poner rígido mi cuerpo y desbocar mi corazón, sino la seductora voz que lo pronunciaba. Esa que yo jure no volver a escuchar en lo que me restaba de vida.

Gemí por el abrumante dolor que llego a mí y ahogue un quejido. No voltee. No estaba lista para enfrentarme a esta nueva alucinación. Quien sabe que me tocaría esta vez. ¿Sería acaso el sensible, que repetía incesante su cariño? ¿O el que sin cansancio me regalaba eterno su odio?

Me encogí en cuanto la alucinación se ilumino por la luz de la habitación que mi mente recreaba. Comprendí que esto estaba saliéndose de mis manos. Las luces, aun en mis delirios, siempre seguían apagadas.

¿Era tanta mi locura, mi deseo de verle, que incluso esta vez incluía iluminación?

Empeoraba cada momento que pasaba.

-Sakura- Volvió a decir la alucinación. Me felicite mentalmente, cada día me acercaba mas a la perfección. Su voz, esta vez, era prácticamente idéntica a la verdadera. -Por favor escucha.

No.

No más.

Esto tenía que parar.

Me quejaba del dolor, pero yo misma lo aumentaba. Imaginándolo.

Ya no quería más esto.

-No estás aquí. -susurre, intentando que de esta forma, se grabara en mi cabeza para desaparecer. -No estás aquí.

-¿De qué hablas?

-¡No eres real!- explote, sacando fuerzas quien sabe de dónde y sentándome con brusco movimiento en la cama. Cerré con fuerza mis ojos y mis manos las puse en mis sienes -Solo eres un producto de mi imaginación, o quizás un sueño, pero no eres real. –Solté mi rostro y cruce los brazos sobre el pecho, intentando mantener unidas las piezas de mi roto corazón. –Solo quieres lastimarme.

Temblé. Era ahora cuando venían las dulces palabras o las hirientes maldiciones. Ya no deseaba escucharlas. Al yo esperar solo una de esas dos opciones, sobra decir que me sorprendió el recibir una tercera que nunca sucedía, que nunca contemple.

-Mi intención no es lastimarte, Sakura –Dijo con voz fría.-Yo no lastimo a quienes digo amar.

Abrí mis ojos con desmesura al escucharlo y gire mi rostro en su dirección.

Ahí estaba. Frente a mí. Tan hermoso como lo recordaba -no, aun más- mirándome con fijeza. Su piel más pálida, sus ojos más oscuros y apagados; sus cabellos desaliñados, su atuendo maltratado.

Era él.

Realmente era él.

Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando la verdad cayó sobre mí como un balde de agua helada. Tenía tantos deseos de verle, de correr y arrojarme a sus brazos, rogarle que me perdonara, que me brindara otra oportunidad.

Sasuke. Mi Sasuke.

No.

Ya no me pertenecía.

-Eres tú. -Deje que mi voz transmitiera toda la devoción que le profesaba. -Realmente eres tú.

-Decidiste despertar, por lo que veo.

-No lo decidí, pero si hay algo que recuerdo, es que mis alucinaciones me hablan con dulzura o furia, nunca con frialdad ni indiferencia; además, siempre lucen afeitados.

Toco su barbilla. Yo habría sonreído de recordar cómo.

-Tienes personas realmente preocupadas por ti. -Comento. -Han dicho que tienes más de un mes en cama, que has dejado de vivir.

Eso me sorprendió. No debía de saberlo. -¿Cómo es que...-Empecé a preguntar cuando un nombre me llego al instante. Estruje los ojos. -Papa.

-No puedes culparlo, le preocupas mucho. Él solo quiere lo mejor para ti, como tus amigos.

- Ese Jiro traidor –Dije entre dientes, antes de negar con la cabeza. –Estoy bien.

-No lo aparentas.

-¿Por qué te importa? –Pregunte a la defensiva, sin mirarlo. –Creí que no querías volver a saber nada de mí.

-Ya te lo dije –Contesto, esquivando mi rostro –Quería ver con mis propios ojos si sus palabras eran verdad.- ¿Curiosidad morbosa, ah? –No deberías preocupar así a tu padre, realmente te ama.

Torcí los dedos en el edredón, varias veces abrí la boca, pero la cerré de inmediato al no saber qué decir. Por el rabillo del ojo le vi observándome con fijeza, escrutándome con la mirada, no levante la mirada de mis piernas, con miedo de estar sonrojada -aunque lo dudaba realmente, no tenía fuerzas siquiera para eso.

Decidí romper con el silencioso momento, harta de todo.

-¿Por qué estás aquí?- susurre con la voz cargada de dolor -¿Para recordarme la asquerosa persona que soy?

Realmente quería conocer sus motivos reales. No vas a ver el estado de una persona que te lastima si realmente no te interesaba.

Y Sasuke Uchiha me dejo muy en claro la última vez que nos vimos que no le interesaba.

-No pretendo eso. –Negó de inmediato -Sakura yo…

-Pues hazlo- interrumpí. No soportaría su compasión. Ni quería su lástima.- Hazlo. Por favor. –Lagrimas descendían por mis mejillas, sin intentos de detenerlas.- Dime que arruine tu vida. Que soy lo peor que te ha sucedido. Oblígame a arrastrarme para obtener tu perdón. –Limpie con violencia mi rostro, odiando mi debilidad. -¡Dime que me odias, maldita sea!

Él hizo algo que yo no esperaba ni en mis más absurdos sueños.

Camino hacia donde estaba, se sentó en la cama y, con suavidad, como temiendo romperme, me atrajo hacia si, envolviéndome en sus brazos. Su olor me aturdió y su calidez me reconforto. Fue como si mi corazón renaciera de las cenizas, como si jamás hubiera pasado nada.

El dolor desapareció, la angustia se esfumo. Y la calma llego.

Los dedos que se aferraban a la esperanza, fueron empujados por la oscuridad sin miramientos, sin embargo la mano del hombre que me abrazaba sostuvo mi muñeca, salvándome de la caída. Halándome hacia terreno seguro.

Ordene a mis manos que se levantaran y correspondieran el abrazo, mas estas no reaccionaron. No tuve tiempo de reclamarles, pues Sasuke -su nombre no dolía ahora- volvió a hablar.

-No puedo- Dijo con firmeza en mi oído.- No me pidas que le diga que le odio a la persona que más amo en este mundo.

Jadee y me tense en sus brazos.

Había dicho que me amaba. Y eso resucito un poco de mi alma; permitió que mis esperanzas se elevaran.

-Perdóname –Continuo –Por causante tanto daño. –Apretó aun más sus brazos a mí alrededor –Por orillarte a esto. –Sus ojos se toparon con los míos mientras hablaba –Discúlpame por todo.

Nuevas lágrimas bañaron mi rostro. -¿Por qué te estás disculpando? –Hipe –Tú no tienes que pedir disculpas por nada; esto no es tu culpa. –Fruncí los labios y limpié mi rostro de forma descuidada –Soy yo quien debería estar pidiendo perdón, quien se merece todo esto.

Acaricio mi rostro con tanta delicadeza, en sus manos la vehemencia podía sentirse a través de las yemas de los dedos. Y rece fervientemente porque esto no acabara.

-Te perdono.

Yo casi lloro por sus palabras.

-Te perdono. -Repitió. -Pero eso no cambia las cosas, vida mía.

No.

¡No!

El hermoso sueño no puede acabarse así sin más. Aun no estaba lista para esto. Acababa de renacer, de resurgir cual ave fénix. No era justo que la poca paz que había encontrado en su persona se me arrebatara de esta cruel forma.

Es como concederle a alguien la libertad, para matarlo a tres calles.

Como suele decir la gente, era demasiado bello para ser verdad.

-Soy yo el que ahora ruega por tu perdón, cariño mío- tomo mis manos sin separar nuestras miradas- Pues sé que voy a herirte.

-Sasuke…

-Mi corazón te anhela, mi cuerpo clama por el tuyo… Pero mi razón me dice que no debo confiar en ti.

Dibujo esa sonrisa torcida que tanto me gustaba. ¿Es que debía torturarme incluso con eso? Mordí mi labio aguantando los sollozos y él acerco su mano a mi boca, liberándolo.

-Entiéndeme, pequeña –Hablo cual padre a su hija –Te amo. -Confeso con ternura –Pero fue un golpe muy fuerte, ambos nos estamos haciendo daño y esto no puede continuar.

-Sasuke…

-Quiero que continúes, Sakura –Pidió su imposible –Sigue con tu vida. Termina con este sufrimiento para ti y para los que te aman; ellos también sufren al verte de esta manera.-Tomo mi rostro con sus manos –Yo ya te he perdonado.

-No, no hagas esto. –Dije desesperada –Te necesito.

-Sakura, no hagas esto más difícil. –Rogó. Pude ver en sus ojos lo mucho que le dolía –Créeme, es lo mejor.

-Lo mejor- Repetí -¿Para quién?

-Para todos. –Respondió. –Prométeme que dejaras esto- Supe que hablaba de mi estado –Prométeme que continuaras y serás feliz.

-Pides demasiado.

-Entonces, solo promete que intentaras hacerlo.

Esto era todo.

La mano que se aferro a mi muñeca me levanto y coloco sobre un lugar seguro para, instantes después, darse la vuelta de dejarme a mi suerte, sin una guía de donde debía dirigirme para continuar segura.

Respire con fuerza. –Te lo prometo.

Se levanto con lentitud de la cama, y me dedico una última mirada que se grabaría para siempre en mi memoria antes de darme la espalda, dispuesto a salir de la vivienda y de mi vida. En mi último acto de desesperación me estire hacia alcanzar su brazo y lo sostuve con fuerza.

-Sasuke, por favor –Llame –No me abandones. No de nuevo.

-Siempre estaré aquí para ti, hermosa –Prometió –Cuando me necesites, podrás contar conmigo.

Supe que sus palabras eran verdad. Pero también entendí el implícito mensaje en ellas. Yo contaría con él, con su apoyo; sin embargo ya no lo tendría a mi lado.

Esto ya era batalla perdida. ¿Por qué seguirse esforzando?

Solté lento el brazo que sostenía y baje los ojos. Sus manos me tocaron nuevamente -no quería decir por última vez, eso lo volvía mas real- Los labios que me enloquecían se presionaron en mi frente y me regalo un intento de sonrisa; trate de corresponderlo, mientras le veía marcharse del lugar. Podía escuchar los latidos de mi corazón sincronizados con cada paso que daba. Soporte las lagrimas mientras él avanzaba.

Cuando la puerta se cerró detrás de él, se abrió la herida recién sanada y brotaron ríos de lágrimas.

Llore como jamás lo había hecho. Llore aun mas al saber que mis esperanzas que conserve siempre aun en contra mía había sido reducidas a nada. Solloce, grite, gemí y me estremecí en llanto durante el resto del día.

Decidí que esa sería la última vez que lloraría por esto.

Dolía. Si. Como no tienen idea.

Pero había hecho una promesa, y Sakura Haruno siempre las cumplía.

Aunque acabara conmigo, pese a no sonreír nunca más, sin ser ya lo que antes era... yo continuaría.


N/A: ¡Hola! Después de siglos sin andar por estos lugares, lamento mi demora pero mi corta existencia se ha vuelto lo suficientemente dura en estos días, no sé si recordaran que mi papa estaba en el hospital, bueno hace algunos días mi papa acaba de fallecer y pues como verán no he tenido cabeza para absolutamente nada dentro de un par de días estaré al corriente con las historias.

Bueno realmente les agradezco su infinito apoyo prestado, ustedes han estado en las buenas, en las malas y en las peores conmigo realmente y se los digo de todo corazón gracias, por todo, su tiempo, y su infinita comprensión.