Sacrificio de amor.



Summary: El coronel Cullen huye de la batalla para salvar a sus hombres. En Sudáfrica conoce a una tribu de aborígenes y una extraña chica a la que sacrificaran. ¿Podrá un corazón endurecido por la guerra volver a latir? EPOV/ Futuro Lemmon/ S. XX

Los personajes de este Fic pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía, por lo que queda absolutamente prohibido reproducir parcial o totalmente esta historia, bajo ninguna circunstancia.



Epilogo.



"Cuando el sol se pone y cada uno de sus rayos se extingue en el horizonte, las sombras se apoderan de la inmensidad de la tierra, mas cuando se está cegado siempre existe la luz que guía al caminante por el sendero correcto"

—¿Qué haces papi? —sonrió el pequeño Tom mientras restregaba su ojo.

Bella y yo llevábamos ya siete años de matrimonio y todo seguía siendo tan maravilloso como el primer día, es más: habíamos sido bendecidos con un par de mellizos preciosos que era el reflejo puro de la dulzura de su madre.

Dejé de lado mi escrito y le ayudé a sentarse en mis piernas, acaricié su liso cabello castaño y besé tiernamente su frente.

—Le haré un regalo a tu mami, pero es un secreto ¿Entendido, Capitán? —me puse la mano en la frente tal cual como lo hacemos con cuando saludamos formalmente en el Ejército.

Tom sonrió mientras se ponía nuevamente de pie y me respondía el saludo con una hermosa sonrisa. La pequeña Lily estaba aún en cama, se había caído jugando con su hermano, por lo que Tom le había ordenado a su Teniente que se quedase fuera del campo de batalla hasta nueva orden. Lily molesta se retiro hacía la cama, se veía tan divertida allí, con su pelo castaño ondulado que formaba una cortina que me impedía ver sus rosas mejillas por la evidente molestia de estar allí.

Tomé a mi pequeño hijo y lo llevé a la cama junto a su hermana.

—Papi ¿Puedo dormir contigo? —susurró mientras enlazaba sus pequeños brazos a mi alrededor.

—Sabes que a La Generala no le gusta, mi Teniente —sonreí.

Bella siempre decía que malcriábamos demasiado a los pequeños, pero es que realmente eran adorables y tiernos, a sus cuatro años derramaban miel por cada poro y debía aprovechar ahora que podía.

Entramos a la habitación y allí estaba la pequeña Lily abrazando al conejito de felpa mientras le cantaba una canción de cuna que le había enseñado mi cariñosa mujer.

Hizo una seña de silencio antes que entráramos en la habitación y dejó acostado a su lado al conejo.

—Papi ¿Por qué no podemos ir con ustedes? —susurró Lily para no despertar al pequeño Bunny.

Bella y yo habíamos decidido viajar, pero este no sería cualquier viaje como los anteriores en los que visitamos: Grecia, Italia, Francia y algunos países de América.

Este viaje era importante para Bella y sabía que necesitaría apoyo en el proceso.

Ella volvería a sus raíces, volvería a ver a la tribu que abandono hace ya casi nueve años y como no podíamos saber que ocurriría con esta visita decidimos evitar la exposición de los niños a esta vivencia que podría resultar más compleja de lo esperado.

—Por qué si ustedes van se perderán las sorpresas que mamá y papá quieren traerles —dije acomodando las frazadas al borde de su pecho.

No se quedaron muy convencidos con mi respuesta, pero no podía explicarle a un par de niños algo que era demasiado complejo, mejor sería esperar y dejarlos al cuidado de mi madre.

Salí de la habitación mientras los pequeños se quedaron en sus camas, sabía que no soportarían mucho tiempo allí, pero debía ver como se sentía Bella después hacerse la idea.

Entré a la habitación matrimonial y ella estaba allí, con un hermoso vestido acampanado que se ceñía perfectamente a su cintura, se encontraba recostada sobre la cama y sus manos cubrían su hermoso rostro.

—¿Qué pasa amor? —me senté a su lado mientras la ayudaba a incorporarse.

Lentamente quitó las manos de su rostro para dejarme ver aquellas pequeñas lágrimas que cubrían sus hermosas mejillas.

—Tengo miedo —susurró.

—No hay que temer, ya verás que ellos comprenderán tu situación, tú vas allí para cerrar esa etapa de forma sana y es necesario ir —le acaricié la espalda con suavidad.

—Ya no queda nada de mí allí, Edward… de esa mujer no hay nada, ella dejó de existir, ahora soy otra y no quiero volver a retroceder entre esas personas —hipó mientras la intenté controlar acariciando su cabello.

—Estas muy equivocada, sigues siendo la misma mujer de la que me enamoré, allí quizá ahora no exista mucho, pero alguna vez existió y debes cerrar ese episodio —le besé la frente.

Ella se abrazó a mi pecho con fuerza y contuvo sus lágrimas con gran dificultad, veía su sufrimiento al ir allí, pero también sabía que por las noches era torturada por pesadillas constantes que tenían que ver con aquel pasado.

—No quiero hacerte daño, sólo busco tu bien —susurré.

Ella asintió aún pegada a mí. Me abracé a ella intentando contenerla completa, de cierta forma el agradable contacto de nuestro cuerpo nos hacía lograr la calma y eso era lo que quería transmitirle: paz.

Logró dejar de llorar por unos instantes en los que alcé su rostro para mirarla fijamente y no tardó en volver a derramarlas nuevamente.

—Bella, si no deseas ir entonces no quiero obligarte —le expliqué acomodando un mechón de su cabello.

Ella levantó su mirada llena de brillo y una leve sonrisa se formó en sus hermosos labios.

—¿De verdad?

—No quiero causarte más dolor, si deseas no viajar lo entenderé y aceptaré, pero quiero que sepas que cuando te sientas cómoda y anheles estar en Somalia, te llevaré: sólo pídemelo—le aclaré.

Bella se abrazó aún más fuerte a mí como si nuevamente hablásemos sin tener que utilizar palabras, ella no deseaba volver y realmente no comprendía muy bien el por qué, pero aceptaba su decisión.

—Gracias —logró decir.

Ella era una mujer maravillosa, alguien en quién podía confiar mis sentimientos y ella también podía apoyarse de mí cuando no se sintiese bien, éramos un complemento y sabía que nada podía ser perfecto en esta vida, ella aún no cerraba su pasado y no deseaba hacerlo, más de alguna vez tendríamos problemas y más de alguna vez discutiríamos puntos distintos, ya lo sabía, pero nada de eso conseguiría cambiar mi amor por ella.

Besé sus labios tibios y húmedos por las lágrimas que había derramado y la acogí nuevamente en mi pecho.

—Estaré siempre —susurré —no importa que ocurra, nada podría arrebatar el amor que te tengo. Los momentos difíciles que alguna vez tendremos los superaremos juntos y lucharemos por esta familia —la abracé.

—Te amo —susurró. Se acercó a mí acariciando mi cuerpo mientras me besaba con necesidad. Seguí el ritmo que me imponían sus labios y me abracé a su cintura.

Su cuerpo se amoldó al mío haciendo más estrecha nuestra distancia, sus manos se enredaban en mi cabello mientras las mías soltaban el lazo que sostenía su hermoso pelo castaño, las ondas cayeron en sus hombros cubiertos por aquel vestido que no tardé en hacer desaparecer dejando a la vista el cuerpo de mi esposa, un cuerpo que podía considerarse perfecto ya que aquellos detalles y asimetrías que poseía lo hacían verse completo, nada en mi mujer podía ser cambiado, sin dudas ya no tenía el cuerpo de la chica que conocí, sus pechos ya no eran tan firmes y pequeños, su vientre ya no era perfectamente plano, pero eso no implicaba la perfección para mí, sus pechos tibios enclaustrados por mis ansiosas manos, su vientre rozando mi vientre y su cuerpo en unión perfecta con el mío era mi descripción perfecta de ambos.

Separé con suavidad sus piernas e introduje mis dedos una vez más en la humedad que la envolvía, ella gimió suavemente al sentir la presión y me apoderé de su interior con más fuerza. Su delicado cabello cubría sus hermosos hombros y sus castaños ojos me miraban con dulzura, no necesité más preámbulo para disfrutar de la humedad de su intimidad, sin pensarlo más me introduje en ella con suavidad.

Las relaciones entre nosotros ya no eran aceleradas y desesperadas, no era necesaria tanta brusquedad, ahora era todo un ritual, un ritual de amor en el que cada roce suave era mucho más potente que la fricción desesperada de la juventud, cada caricia extendida en su máxima expresión era extremadamente placentera en el momento de sentir placer, sus manos eran como la caricia de una pluma en mi dorso y podía sentir como ambos nos llenábamos de pequeños detalles mientras el ambiente se llenada de deseo.

Acaricie con suavidad las cumbres de sus pechos, rozando suavemente mis labios en su erecto pezón, ella sonreía tiernamente mientras contenía aquellos gemidos que de seguro quería expresar. Bella, mi adorada Bella, ahora se abrazaba a mí deseando tanto como yo aquel momento culmine del acto, pero no teníamos que apresurarlo, pues cada suave caricia nos llevaba al mismo camino.

Besé una y otra vez sus labios con suavidad y ansias, contuve mis deseos de morder su labio inferior, pero aún así lo aprisioné suavemente contra mis dientes mientras el calor de sus piernas envolvía mi espalda, aumenté gradualmente el ritmo de nuestra danza y ella no tardó en expresar su éxtasis. El deseo de sentirla así en mis brazos aumentaba cuando comprobaba que ella aún disfrutaba de nuestra unión como si fuese la primera vez, no tardé en unirme en la gloria al pronunciar su nombre mientras el perfecto encuentro se sellaba.

Nos mantuvimos abrazados por un largo momento, hasta que perdí la noción del tiempo y me quedé dormido en sus brazos.

Una extraña claridad se impuso a mis parpados consiguiendo que despertase, me volteé con suavidad en la cama para encontrar allí a Bella junto a Tom y Lily, ellos eran el motivo por el cual me sentía tan aprisionado en la cama.

Sonreí al ver la hermosa imagen de mi familia.

Me levanté evitando despertarlos y me fui a la tina. El agua estaba a punto tal cual como me gustaba, cada músculo se distendió y logré relajarme por completo, las toallas estaban dispuestas y mi uniforme perfectamente doblado sobre una silla, sin duda Bianca era un sol, ella era la empleada más estimada de la casa, quería a nuestros hijos como propios y Bella tenía una confianza ciega en ella, la chica era muy dulce y me agradaba que poco a poco Bella estuviese ayudándola a educarse.

—¿Hace mucho que estas aquí? —susurró Bella a mis espaldas.

Abotonó mi camisa mientras que la saludé con un beso en la frente.

—No mucho, es sólo que necesitaba descansar y no quería despertarte —sonreí.

—Ya que solicitaste el permiso para ausentarte por nuestro viaje ¿Por qué no visitamos a tus padres? —sonrió.

No hubo que decir más, rápidamente ordenamos todas nuestras pertenencias y ayudamos a los niños con las suyas, en menos de dos horas estábamos emprendiendo viaje hacía la casa de mis padres.

—Deben portarse muy bien donde el abuelo —les recomendó Bella mientras arreglaba el vestido de Lily.

—Mami —susurró nuestra pequeña —. ¿Por qué debo llevar este vestido tan tonto? —dijo mientras levantaba los hermosos vuelos que tenía en el faldón.

Bella intentó contener la risa ante la pregunta de nuestra pequeña.

—No es tonto, es muy lindo, además a tu papá le encanta verte con ese hermoso vestido —le respondió cariñosa mi mujer.

Asentí corroborando lo que Bella le decía a la pequeña, pero ella no se veía muy convencida.

—¿Por qué Tom puede usar pantalones y yo no? Yo quiero usar ropa igual al uniforme de mi papi —dijo abrazándome fuertemente —. Papi ¿Me dejaras usar tu uniforme cuando sea grande como tú? —sonrió exquisitamente tanto así que no pude decirle que no.

—Por supuesto y tendrás muchas estrellas y halcones, ya verás —dije sentándola en mi regazo.

Tom miraba por la ventana, él era más tranquilo que Lily, le gustaba el uniforme tanto como a ella, pero tenía algo muy distinto y eso era su forma de ser, Tom era más pasivo e introvertido, aunque cuando jugaba con Lily era mucho peor que la pequeña, ambos parecían un torbellino que revolucionaba toda la casa.

No tardamos en llegar y me sorprendió ver a Jane acompañada de un muchacho en la puerta.

—¡Edward! —se colgó de mi cuello al verme.

—Hola, pequeña ¿Cómo estas? —dije sin quitar la vista sobre el joven que estaba a su lado.

—Muy feliz, hoy papá ha aceptado a Alec —sonrió —. Edward, este es Alec mi novio —el chico tendió su mano —. Alec, mi hermano del que tanto te he hablado, Edward.

Bella presionó suavemente su mano en mi brazo y me recordó de respirar, solté la tensión de mi mandíbula e intenté parecer cordial.

—Un gusto —dije casi en un susurro.

Entramos en la casa todos, Lily y Tom no tardaron en desaparecer para buscar a su abuela. Mi madre estaba en la cocina, como siempre horneando detalles para la cena.

—¡Edward, Bella! —sonrió mi padre al vernos llegar —. ¡Que alegría verlos!

—Igual, Sr. Cullen. Usted se ve de maravillas —sonrió mi esposa.

—Muchas gracias, pero te he dicho que me digas Carlisle —dijo besándola en la mejilla.

Aquella tarde conversamos de todo tipo de cosas y me pusieron al día en muchas noticias, las mismas que había omitido Jane al no decirme que tenía fecha con el sujeto que me había presentado, Bella me había dicho que ella no era una niña, que de hecho a la edad de Jane ella ya estaba casada conmigo, pero eso no tenía punto de comparación Jane siempre sería la pequeña protegida de la familia y nada de eso cambiaría aunque ambos tuviésemos arrugas.

—¿Sabías que Jasper Whitlock está aquí? —sonrió mi madre mientras servía sus exquisitas tartas.

—No, la verdad es desde que se fue a America no he sabido nada de él, rara vez me escribe —comenté.

Jasper se había marchado para olvidar a Alice, la hermana de Seth, ella le había rechazado en innumerables ocasiones y el orgullo de mi amigo se había visto herido tantas veces que prefirió alejarse de todo aquello que involucrase recordarla y al parecer también era una de esas cosas que había que olvidar, por lo que reclamé en variadas ocasiones para que volviese, pero Jasper siempre se había negado.

—En la tarde quedó de cenar con nosotros —sonrió Jane —. Deberías verle, ahora ni siquiera parece Jasper.

Tom y Lily comenzaron a jugar a mitad de salón una vez que se les acabó la tarta, ya me parecía extraño que estuviesen tan tranquilos.

—¡Dejen eso! —les ordenó Bella al ver que tomaban una figura de cristal de la mesita de centro.

—Déjalos, Bella —sonrió Esme —. Edward y Jane quebraron mucho de esos, por más que les digas que no lo hagan, más lo harán —rió.

Aquella tarde esperamos a Jasper a almorzar, él ya estaba enterado de mi presencia y me alegró saber que volvería a ver a mi amigo.

Cuando entró a la habitación recordé las palabras de Jane, pues eran absolutamente acertadas, Jasper estaba distinto, parecía que brillaba, con un corte de pelo distinto y una postura mucho más imponente que la última vez que le vi parecía haber olvidado completamente su tristeza, cuando se nos dio el tiempo de hablar en privado le hice alusión al tema.

—No, querido amigo, estas muy equivocado —me explicó —. Jamás la he olvidado, pero he vuelto aquí gracias a ella, hace dos semanas viajó a USA en mi búsqueda y no pude negarme a Alice, pues sufrimos separados y aunque ella juraba que ni aunque fuese el último hombre de este planeta, terminó extrañando mis atenciones y aceptó ser mi novia cuando se lo pedí nuevamente.

Mi mandíbula casi cae de sorpresa ante la historia que Jasper me relataba, por lo que le felicité de todo corazón y le desee mucha prosperidad.

—Aunque aún así estoy molesto contigo, no me habías contado nada —reclamé.

—Luego de venir aquí, Alice deseaba visitar a Bella —sonrió.

—¿Dónde está ella?

—En casa con mi madre, ya sabes que no ha estado muy bien de salud y prefirió quedarse cuidándola, dijo que pronto vería a Bella —me explicó.

—Ahora que estas aquí ¿Piensas volver al Ejército? —inquirí.

—Debo ir a hablar con el General, quizá pueda reincorporarme —dijo Jasper.

Los días fueron alegres en casa de mis padres, pude controlar más el noviazgo de Jane y Alec, pero pronto desistí al ver que el chico estaba loco por ella, era realmente hermoso verles juntos, pero aún así le advertí que debía cuidarla ante todo.

Era nuestro último día y ya estábamos pronto a la hora de la despedida. Tomé la mano de Bella y la llevé al bosque. Caminamos largo rato, pero aún así no había olvidado el camino hasta allí, al parecer ella no comprendía que hacíamos allí.

—Edward —jadeó ante el trote —. Debemos volver, Tom y Lily se han quedado solos en casa.

—Están con mi mamá, no les pasará nada —reí.

No tardé en visualizar la verde pradera con las hermosas flores lilas y violetas en su esplendor, tal cual como la última vez que habíamos estado aquí.

Bella se quedó en silencio y admiró su entorno.

—Edward —susurró.

La silencié con un suave beso y la apegué aún más a mí.

—Te amo más que a nada en este mundo y si alguna vez no creíste que esto era para siempre, debo volver a confirmártelo —susurré —. Bella, no soy perfecto ni tampoco pretendo serlo, sé que el amor no lo es todo en esta vida y que día a día deberemos enfrentar luchas para ser felices, pues bien… estoy dispuesto a vivir contigo hasta el último de mis días, siempre y cuando lo vivamos como si fuese el primero, porque mi amor por ti no es perfecto ni inmortal, pero esa es la verdadera razón por la que me gusta amarte, porque mantener este amor implica un reto y yo estoy dispuesto a enfrentarlo día a día sin importar lo que acarreé con ello —mantuve mi mirada fija en aquellos hermosos ojos castaños que se nublaban de lágrimas y la besé con ardor.

Pues ella para mí sin lugar a dudas era todo lo que podía pedir y no estaría dispuesto a arriesgarme a una vida sin ella.

Tenía más que claro que el amor no lo era todo, que el perfecto amor eterno no existe, pues el amor se alimenta día a día, incluso de las peleas y discusiones ya que estas son las únicas que hacen valorar el verdadero afecto.


Hola chicas.

Si, lo sé había prometido que tardaría menos de una semana.

Pero he de confesar que no me he sentido con ganas de escribir y ayer retomé esto por ustedes.

La universidad está exigente y agotadora, debo estudiar a diario y mucho más que antes

así que el tiempo escasea por estos lados, aún así espero seguir escribiendo los caps que faltan en mis otras historias.

Mr. Misterious Actualizaré ojalá mañana.

Y Paper Love espero conseguir también actualizar mañana.

Espero que el EPILOGO HAYA SIDO DE SU GUSTO.

Y por SOBRE TODO...

Quiero darle las gracias a todas y cada una de ustedes que ha leido esta historia hasta el final.

que ha COMENTADO cada capitulo y se ha hecho el tiempo de leer a pesar de todo.

LAS ADORO.

Besitos

Manne