Disclaimer: Todo lo que reconozcan, no es mío.

Cap 24: El paso de los años.

Bella´s PoV:

Todos nos escondimos detrás de los muebles de la casa. Edward, Ainoa y yo entre risitas nos quedamos detrás del sofá y esperamos emocionados.

Debajo de la mesa Emmet hacía señas con los dedos para hacer reír a mi hija. Ainoa se tapó la boquita con las manos, sus hombros se sacudían por las carcajadas que estaba aguantando.

Entonces Rose le regaló un pequeño golpe a su querido esposo y Em dejó de hacer el tonto un rato. Edward puso su mano en mi hombro y besó mi cabello, con sus caricias me costaba mantenerme en silencio. Pero lo logré. Me puse a pensar en que, era extraño. En los siete años que llevábamos juntos, las reacciones de mi cuerpo seguían iguales que el primer día. Suspiré, mis piernas estaban comenzando a acalambrarse por estar en cuclillas. Esperaba que Alice llegara pronto o tendría a Edward masajeando mis piernas toda la noche. Mm pensándolo bien, quizás no me molestaría si la duende tardaba. Salí de mis pensamientos-oscuros y morbosos pensamientos, como Edward solía llamarlos-y me centré en no caerme de culo al suelo. De pronto la luz del hall de entrada se encendió.

Ainoa a mi lado me tomó de la mano, le sonreí. Sus preciosos ojos verdes-con la misma forma que los míos y el color de los de su padre-brillaron de expectación. Escuchamos los acompasados pasos de Alice y su familia y justo cuando se encendió la luz del salón, todos salimos y gritamos:

—¡Sorpresa!—Acto seguido, Alice dejó caer las bolsas que tenía en sus manos y sus ojos se aguaron de alegría. Habíamos ocultado muy bien la fiesta sorpresa para ella y su hijo-Nathe-que cumplía años el mismo día que su mamá. Incluso la hicimos creer que lo habíamos olvidado. ¡Ja! Jamás olvidaría algo tan importante como la fecha de cumpleaños de mi ahijado y mi mejor amiga.

—¡Tía Ali!—Ainoa, Víctor-hijo de Ángela y Ben-y Anne-la preciosa hija de Rosalie, una copia exacta de ella pero con el cabello negro de su padre-corriendo a abrazar a su tía y su primo.

—¡Mira tía Ali!—Mi hija y Anne se dieron vueltas sobre sí mismas para que Alice pudiera observar sus vestidos. Por supuesto la duende les había traspasado a las niñas su gusto por la moda y ahora en vez de jugar conmigo, había adoptado a Ainoa como su Barbie personal.

—¡Están preciosas! ¡Mis pequeñas princesas!—Jazz se puso a la altura de las niñas y las abrazó. Él las adoraba por sobre todas las cosas, amaba tenerlas cerca y llevarlas de paseo, les contaba historias y sobre todo las mimaba. Usualmente se dirigía a ellas como princesas, al igual que su hijo Nathe-que solía jugar con ellas adoptando el papel de sirviente del reino-y Víctor, aunque este último prefería ser el villano del castillo.

Me acerqué y estreché a Alice entre mis brazos.

—Felicidades cielo—Le dije, después me separé y me volví a acuclillar-Edward tendría trabajo con mis piernas esta noche-para besar y abrazar a Nathe—Felicidades cariño—Le susurré, Nathe rodeó mi cuello con sus pequeños bracitos y me besó la mejilla. Edward-con su majestuosa sonrisa torcida-cargó a Nathe en brazos y lo felicitó.

—¿Siete años eh? Te estas haciendo un hombre, campeón—Edward hizo el amago de abrazarlo, pero Nathe se separó.

—Tío, los hombres no se abrazan—Se acercó al oído de mi esposo y continuó en susurros—Eso es de niñas—Nathe rodó sus espectaculares ojos grises y Edward soltó una carcajada.

—¡Ey, pequeñajo! Eso no cuenta para los hombres Cullen, nosotros si abrazamos—Emmet entró en escena, cargó a Nathe sobre su hombro y comenzó a dar vueltas con él encima.

Rose por detrás hizo una mueca-seguramente recordando que por la manía de Emmet, de darles vueltas a los niños en sus brazos, un día Anne vomitó encima del cabello de su madre.

—¡Es hora de los regalos, Nathe!—Ángela y Ben se acercaron, después de que el policía feliz y mi amiga felicitaran a los cumpleañeros, Víctor comenzó a emocionarse.

—¡Nathe, tienes que abrir mi regalo primero! Mola mucho primo, tienes que abrirlo y…—Ainoa puso sus manitos en sus caderas-gesto que por supuesto, aprendió de Alice y Rose-y negó con la cabeza frunciendo el ceño. En ese momento, ella me recordó tanto a mí misma. Miré a Edward significativamente, sus ojos estaban clavados en nuestra pequeña, me devolvió la mirada y pude ver la infinita devoción que tenía para con Ainoa.

—Nathe abrirá el mío primero—Mi hija tomó el regalo empapelado en tonos rosas-la intenté convencer de que usara algo más varonil, pero ella era tan terca como su padre-y lo puso en los bracitos de Nathe, que sonrió y negó con la cabeza. Víctor por supuesto-y ante los pestañeos y sonrisitas de mi hija-la dejó salirle con la suya. Sonreí ante el gesto de Edward, él era un padre muy celoso. Y todos sabíamos lo que Víctor sentía por Ainoa. Aunque ellos solo tenía seis años, como dicen, el amor no tiene edad.

—¡Oh, gracias!—Nathe miró el resto de los regalos ansioso. Alice ya estaba dando saltitos en su lugar, al final no pudo contenerse más y se sentó al lado de su hijo, para ayudarlo a abrir el resto de los obsequios.

Cuando terminaron de recibir regalos-Emmet se emocionó más que Nathe al descubrir el pequeño disfraz de hombre araña-los niños se fueron al jardín y Ali, Rose, Ang y yo comenzamos a preparar los bocadillos en la cocina.

—Ah Bella, quería preguntarte algo ¿Qué pasó al final con el incidente del colegio?—Chasqueé la lengua mientras esparcía la mayonesa en el pan. El director del colegio de los niños me había llamado para quejarse sobre el comportamiento de Ainoa. Llegué al colegio y encontré a mi pequeña llorando en la escalera de entrada. Entonces ella me contó sobre una niñita que la molestaba todo el día, le robaba los rotuladores y le llenaba el cabello de tiza. Entre Ainoa y Anne hicieron un plan para que la niñita-llamada Carla-dejara de molestarlas. Así que mi hija y Anne la acorralaron en el patio del colegio-a Carla y a su amiga Sonia-y las bañaron en pudín de chocolate. Y delante del director no pude controlar mi risa histérica, mi hija era un cielo. Jamás fue una niña agresiva, pero esa malcriada de Carla se estaba buscando su venganza desde hacía mucho tiempo. La regañé levemente-aunque esa misma noche escuché como Edward pedía detalles y se reía como un loco por la travesura de nuestra niña-y la tuve que castigar sin postre durante una semana. El director murmuró algo como "de tal palo tal astilla" y el incidente no pasó a mayores. Terminé de contarles y Rosalie empezó a reírse.

—Las adoro, definitivamente se parecen a nosotras—En un arranque infantil Rose y yo chocamos las manos, Alice y Ang rieron por nuestra camaradería.

En el jardín se escucharon risas estruendosas.

—Emmet—Dijimos a coro. Salimos fuera a tiempo para ver al gran oso Em-con la mascara del hombre araña insertada en la cabeza-huyendo de nuestros pequeños. Rosalie chasqueó la lengua. Edward, Jazz y Ben-desde la otra esquina-se sujetaban los estómagos y reían a mandíbula batiente. Edward me vio y se acercó a mí aún riéndose.

—Intentamos detenerle—Se encogió de hombros—Pero se escapó de nosotros, dijo que iba al baño y saltó por la ventana—Todas nos reímos por las locuras de Em. No era la primera vez que mi cuñado saltaba por la ventana del baño de Alice, era una manía que había adquirido recientemente. Se creía el agente 007 cuando hacía esas cosas. Negué con la cabeza y apoyé mi cabeza en el hombro de mi marido suspirando.

—¡Suéltala villano! ¡Ella es mía!—Edward se tensó por el comentario de Víctor. Emmet había "raptado" a Ainoa y la estaba paseando por todo el jardín cargada en su hombro, mientras que Víctor apuñalaba los tobillos de Emmet con una espada de plástico.

—Acéptalo Eddie, algún día mi pequeño Víctor será tu yerno—Ben palmeó la espalda de mi marido, después-al ver la cara de asesino en serie de Edward-escapó de él corriendo por todo el jardín. Edward lo persiguió y Jazz no tardó en correr detrás de ellos para hacerles un placaje en el suelo.

—¡Sándwich!—Alice chilló. Sonreímos antes de correr hacía ellos y tirarnos encima.

Yo-como siempre-quedé encima de todo el montoncito de humanos que estaban muertos de la risa en el suelo, los niños no tardaron en llegar y comenzar a hacer cosquillas a diestro y siniestro. Cualquiera que nos hubiera visto allí-ocho adultos revolcándose en el suelo como adolescentes-habría pensado que estábamos locos, pero eso no era algo que nos molestara. Nosotros éramos así y nos gustaba.

Observé-desde mi posición en el césped-como Edward se acercaba a Ainoa y la abrazaba, mientras murmuraba algo en su oído. Mi hija se sonrojó y asintió levemente con la cabeza, después besó a su padre y corrió a buscar a Anne para seguir jugando. Estábamos volviendo a la cocina cuando sonó el timbre.

—¡Yo abro!—Grité, mientras corría al salón. Sonriendo abrí la puerta de golpe—¡Esme, Carlisle! ¡Por fin!—Abracé a mis suegros con dificultad-ya que portaban una generosa cantidad de regalos en sus brazos-y los guié a la cocina. Carlisle saludó a "sus chicas"-como solía llamarnos-y se dirigió en busca de los hombres. Esme se quedó ayudándonos con los aperitivos.

Esme abrazó a Alice dulcemente y besó su mejilla.

—Felicidades tesoro—Le susurró. Esme Culle se había convertido rápidamente en una madre para nosotras. Lanna-la madre de Ang-y Charlie los adoraba a ella y Carlisle—Siento llegar tarde, pero Carlisle se puso cariñoso justo antes de salir—Me sonrojé, el saber que mis suegros aún tenían acaloradas sesiones de sexo rudo no era algo que me gustara saber. O imaginar. Pero las chicas rieron tontamente contagiándome al instante.

Charlamos animadamente sobre los niños, el colegio, el trabajo y demás. La empresa de modas que teníamos con las chicas creció como la espuma, Esme se hizo socia nuestra y con sus maravillosas ideas, hicimos de "Bhw´s" toda una eminencia de la moda. Estaba orgullosa de mi trabajo, todas lo estábamos. Terminamos con la comida y salimos al jardín, donde los chicos estaban montando las mesas.

Cuando todo estuvo preparado nos sentamos a comer.

—Papi—Ainoa se mordió el labio y se sonrojó. Eso solo podía significar que le costaba decir lo que sea que quisiera decir. Ella había adoptado todos mis pequeños gestos. A Edward le parecía tan adorable que prácticamente babeaba—¿Cómo se conocieron mamá y tú?—¡Wow! Esa era una pregunta que definitivamente no estaba esperando. Anne-en lo que ella intentó disimuladamente-le dio un codazo a mi hija y asintió con la cabeza para darle ánimos. Miré a Rose que se encogió de hombros, Emmet se sonrojó. Sí, el gran tío Emmet había abierto su bocota. No era tan terrible contarle a tu hija de seis años que su madre, y sus adoradas tías, hacían cosas como vestirse de novias y recorrer la ciudad corriendo como dementes ¿O si?

—¡Esa es una gran historia Ainoa, princesa!—Fulminé a Jazz con la mirada. ¡Maldito Jasper y su debilidad por las niñas! Él simplemente no podía negarles nada—Acomódense para escuchar la historia de Edward y Bella chicos—Los niños tragaron el pastel que estaban comiendo y miraron atentos a su tío—Hace siete años, justo el día del santo de Esme, Edward conoció a Bella—Hizo una pausa teatral en la que Edward apretó mi mano por debajo de la mesa y me sonrió con añoranza. Me perdí en sus hermosos ojos verdes mientras de fondo escuchaba la historia contada por Jazz—Las tías, Ang, Ali, Rose y Bells, decidieron buscar a su príncipe azul. Entonces se pusieron unos hermosos vestidos blancos y salieron a la calle a buscarnos—Agradecí que omitiera que el vestido era de novia, mi hija tenía las pupilas dilatadas por la expectación. Anne sonreía brillantemente—No todas tuvieron suerte ¿Saben?—Jazz negó con la cabeza y tomó un sorbo de su bebida—Sólo tu madre encontró a Edward. Y desde que se vieron, estuvieron juntos. Luego Bella, Ang, Rose y Alice aparecieron en una hermosa fiesta a la que nosotras las invitamos. Allí yo encontré a mi princesa—Acarició la mejilla de Alice y ella se sonrojó y suspiró—Y Emmet a su osita—Solté una carcajada, Emmet se atragantó con el vino de la risa y Rose fulminó a Jasper con la mirada—Pero no todo era felicidad—Jasper miró a Ángela y le sonrió. Ella se sonrojó y apoyó su cabeza en el hombro de Ben—Pasamos por momentos tristes, como la muerte de tu abuelo—Jazz acarició el cabello de Víctor—Pero después apareció Ben, con su traje de policía y su gran sonrisa .Y entonces las cuatro princesas tuvieron a su príncipe azul—Anne y Ainoa suspiraron al unísono y se sonrojaron maravilladas. Víctor miró a mi hija por debajo de sus pestañas y sus ojitos miel brillaron.

—Después, pasó el tiempo y Ali y Jazz decidieron hacer bebes—Emmet-con rostro solemne-puso su manaza en el brazo de Nathe y asintió con la cabeza—Algún día te contaré los detalles—Nathe y Víctor pusieron caras de póquer, todos miramos a Emmet con advertencia—Y entonces, como por arte de magia. Todas empezaron a quedarse embarazadas. Nosotros estábamos desesperados ¿Saben? Pensando que era una plaga o algo así—Solo Emmet podía hacer de una preciosa historia de princesas y príncipes algo como un cuento de terror y plagas. Rodé los ojos y Edward bufó. Era cierto lo que estaba contando Em. Alice llegó un día hiper emocionada a casa, gritando y saltando. Cuando pudimos hacer que se tranquilizara nos contó que estaba embarazada. En un arranqué de locura compramos ropa, cunas, biberones y chupetes para un país entero. Entonces al cabo de un par de meses, llegó mi noticia. Estaba esperando a Ainoa y Rose a Anne. Unas semanas después, Ang apareció con un biberón en la mano. Estábamos felices, las cuatro tendríamos a nuestros bebes casi por las mismas fechas—Y luego nacieron los pequeños demonios, ósea ustedes—Al instante la mesa se llenó de risas, Emmet se descontroló y comenzó con su usual ritual de dejar a la gente en ridículo—¡Jazz se desmayó en la sala de parto! Y Edward tuvo un ataque de pánico y le robó el oxigeno a Bella—Me reí recordando el día que tuve a Ainoa.

Edward-el eminente y deseado Doctor Cullen-comenzó a ponerse verde cuando me llegaron los dolores más fuertes. Sujeté su mano con tanta fuerza que terminé haciéndole un esguince de muñeca. Y de repente, mi querido marido me robó el oxigeno y se lo colocó en la boca mientras sudaba a mares. Después se dio cuenta de lo que hizo y me pidió perdón durante toda una semana. Me reí con ganas ante el ceño fruncido de Edward.

—Si y Emmet se quemó las pestañas cuando recibió la noticia del embarazo de Rose—Contraatacó Edward. Las risas aumentaron de intensidad. Recordar ese episodio hizo que me dolieran las costillas de tanto reír. Habíamos quedado todos para cenar, Emmet estaba prendiendo la chimenea, entonces Rosalie-con su tacto natural, véase el sarcasmo total del asunto-entró en el salón, justo cuando Emmet tenía el fósforo en la mano. Le dijo "Osito, cariño. Estoy esperando un bebe" Y Emmet soltó la cerilla, las llamas crecieron antes de que Em pudiera apartarse, con la consecuencia de que sus pestañas se carbonizaron. Ver a Emmet con las pestañas echas bolitas de pelo chamuscadas, con los ojos cerrados y lloriqueando mientras gritaba "!Estoy ciego!" fue algo digno de ver. Sujeté mi estomago, Edward escondió la cara en mi pecho mientras su cuerpo se sacudía.

Emmet, por supuesto, se carcajeaba como un cosaco, él jamás se daba por aludido.

El resto de la fiesta pasó entre bromas y recuerdos. Cantamos "cumpleaños feliz" a Nathe y Alice, Ben terminó llorando. El policía feliz se emocionaba con los cumpleaños. Cuando llegó la noche, Esme y Carlisle tuvieron que despedirse.

—Vengan aquí mis niños—Esme se arrodilló y los chicos la abrazaron y besaron mientras ella reía. Todos amaban a Esme. Carlisle miraba a su esposa con devoción mientras agasajaba a sus nietos.

—Abuela ¿Podemos ir este finde a tu casa? ¡Por favor! ¡Queremos jugar con los patos!—Pidió Víctor-que también llamaba abuela a Esme, y abuelo a Carlisle-.

Por supuesto a ellos se les caía la baba con el pequeño hijo de Ang.

—Claro que sí. Haremos un picnic en el jardín—Los chicos chillaron en aceptación. Esme y Carlisle siempre preparaban actividades para ellos, solían llevárselos de acampada y al cine varias veces por mes. Además de que exigían un fin de semana al mes con todos sus pequeños.

Ainoa se acercó a su abuelo y abrazó sus rodillas, ella tenía devoción por él.

—Mi chiquitina—Carlisle la abrazó y acarició su cabello castaño.

Mis suegros se fueron y los niños decidieron ver películas disney en el cuarto de Nathe. Nosotros jugamos al monopoly. Aunque todos sabíamos que Jazz terminaría ganando y que Emmet quedaría sin dinero al instante. Aún así, disfrutábamos el estar juntos. Al pasar las horas decidimos volver a casa, al día siguiente teníamos que madrugar y Ainoa era muy difícil de despertar por las mañanas si no descansaba bien.

Salimos de la casa de Alice, ella y Jazz nos despidieron desde la puerta. Em, Rose, Ben y Ang entraron a sus autos e hicieron el acostumbrado sonido con los claxons, como despedida. Emmet pitaba dos veces y Ben una, a la que Jazz le seguía con otras dos y Edward finalizaba con una más. Era algo que las chicas no entendíamos y que ellos adoraban hacer. Algo así como su forma de comunicarse. ¡Hombres! Suspiré y me recosté en el asiento del copiloto. Ainoa ya se había acurrucado atrás para dormir. Edward manejó en silencio durante todo el trayecto.

Finalmente llegamos a nuestra preciosa casa-que Esme hacía decorado-teníamos un jardín trasero lleno de césped suave, con una gran piscina y varios árboles frutales, que despedían placenteros olores en primavera.

La fachada de color blanco perla y los ventanales celestes le daban un toque calido exquisito. Amaba mi hogar. Edward cargó a nuestra pequeña hasta su habitación-que era completamente rosa-y la acostó y arropó como todas las noches. Los observé en el marco de la puerta. Edward acarició la cabeza de nuestra hija y depositó un suave beso en su frente, después murmuró un dulce "Duerme tranquila princesa, papi vela tus sueños" y se levantó de la cama. Le sonreí y tomé su calida mano, deleitándome con la textura suave de su piel. Siete años juntos, siete maravillosos y largos años procesándonos amor día a día. Habíamos tenidos nuestros problemas-como prácticamente todas las parejas-pero nos amábamos y eso era lo importante.

Me cambié para dormir, mientras Edward preparaba la cama. Cuando salí del bañó mi marido ya estaba en ropa interior, con una suave-y sensual-sonrisita en su cara mientras me esperaba.

—Ven aquí amor—Susurró, humedeció sus labios y yo me estremecí. ¡El era tan endemoniadamente sexy!

—Mm—Murmuré de gusto mientras recostaba mi cabeza en su pecho. Su corazón comenzó a agitarse mientras yo acariciaba su marcado abdomen. Reí entre dientes. Pero entonces recordé algo—¿Edward?—Pregunté desde mi posición cómoda.

—¿Si?—Contestó con voz ronca por mis atenciones.

—¿Qué le dijiste a Ainoa? Ya sabes, cuando hicimos el "sándwich"—Inquirí con curiosidad, recordando cómo se había sonrojado mi hija.

—¿Nada?—Obviamente no me lo creí, su "nada" sonó más a una pregunta. Levanté mi cabeza, lo miré fijamente y enarqué una ceja—Esta bien. Le dije que pasara lo que pasara, ella sería mi pequeña princesita por siempre—Fruncí el ceño cuando él rodó sus ojos. Me costó mucho aguantarme la risa. Edward Cullen, celoso de Víctor, su ahijado de seis años. Finalmente me reí fuertemente—¿Qué? Es difícil verla crecer. Ella mira a Víctor como si fuera su sol personal o algo así—Se cruzó de brazos infantilmente e hizo un puchero. Besé y mordisqueé su labio para deshacer su deliciosa mueca.

—Amor, son niños. ¿No tuviste un amor a esa edad? Ya sabes, ¿Una chica a la que pegaras plastilina en el pelo para hacerla ver que te gustaba?—Enarqué una ceja con diversión.

Edward entornó los ojos pensativo y acarició su barbilla. Observé sus marcadas facciones.

—¡Oh sí! Ahora que lo mencionas hubo alguien, ella era una chica rubia que…—Ahora fui yo la que se cruzó de brazos y levantó un dedo para silenciarlo. Esa historia no me estaba gustando—Mm ¿Quién está ahora celosa de una niña de seis años, cariño?—Edward comenzó a dejar besitos por mi cuello, sonreí. Me costaba mucho enfurruñarme con él—¿Sabes una cosa?—Negué con la cabeza, Edward se acercó a mi oído y mordió levemente el lóbulo—Te amo—Sonreí y giré mi cabeza hacía él. Por muchas veces que repitiera que me amaba, yo adoraba escucharlo de sus dulces labios.

—Yo también te amo—Susurré, Edward metió las manos por mi corto camisón y me acarició los muslos mientras nos besábamos.

—¡Yo también los amo!—Giramos nuestras cabezas a tiempo para ver como Ainoa saltaba dentro de nuestra cama. Miré a Edward con diversión. Definitivamente esta noche, no tendríamos acción.

Ainoa le pidió a su papa que le cantara su canción-él también hizo una para ella, una hermosa nana que aún me emocionaba al escucharla-minutos después cayó profundamente dormida.

Edward y yo estábamos tumbados a cada lado de nuestra pequeña, ambos de lado y con la cabeza sujeta en una mano y los codos enterrados en la almohada. Nos miramos fijamente, escuchando la acompasada respiración de nuestro ángel. Los ojos de mi marido brillaron de malicia. Le sonreí, no tenía que leer su mente para saber qué pasaba por su cabeza en esos momentos.

—Doctor Cullen, lo veo ansioso. ¿Será que necesita de mis atenciones?—Murmuré bajito, mirándolo fijamente. Edward se humedeció los labios.

—Oh…No sabe cuan ansioso me encuentro Señora Cullen—Susurró, mordí mi labio inferior. Oh sí, yo podía sentir que él estaba muy, pero que muy ansioso.

Me levanté de la cama despacio y después de besar a mi pequeña me dirigí hacía la oficina de mi marido. Muchas noches-en las que mi hija no quería dormir sola-nos encontrábamos allí. ¡Amaba esa bendita oficina! Casi corrí por el pasillo, llegué y cerré la puerta detrás de mí. Me senté en la mesa de madera y crucé mis piernas en una pose sexy. Edward llegó minutos después me sonrió de medio lado y se acercó a mí con ese caminar elegante que me volvía loca.

—Entonces…¿Por dónde nos habíamos quedado Señora Cullen?—Edward se plantó frente a mí y recorrió mis brazos con las yemas de sus dedos. Sus ojos fijos en mis labios. Rodeé su cuello con mis brazos y lo atraje hacía mí. Rocé mis labios con los suyos, él gimió en respuesta.

—Creo que nos quedamos por aquí Doctor Cullen—Devoré sus suaves y exquisitos labios mientras mis manos vagaban hambrientas por su torneada espalda.

Finalmente, parecía que esa noche sí habría un poco de acción en la casa Cullen-Swan.

Fin…

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N/A: ¡Bueno chicas, este sí es el final! Ya conocieron a los adorables hijos. Amé a esos niños imaginarios. Jejeje, ahora me da pena terminar. Pero bueno, algún día tenía que pasar ¿Cierto? Así que espero haber cumplido con las expectativas.

Pensé en hacer el epilogo desdé la boda de Bella o alguna de las chicas…pero nop. ¿Por qué? Porque para las que me han leído, saben que no suelo hacer las cosas que se esperan de mí, hay demasiados epílogos con bodas y yo quería algo distinto. Quería mostrarles a sus pequeños hijos y que las relaciones entre ellos siguieron iguales, incluso más fuertes. Que la amistad prevaleció y creció como la espuma. Y por supuesto quería hacerlo con un toque de humor, como siempre. Espero que les guste, yo disfruté escribiéndolo para ustedes. Ahora como estamos en el final, tengo que dar las gracias-otra vez-.

Son muchas las que me apoyaron siempre…Pensé en nombrarlas a todas pero ¡Son tantas! Dios, es impresionante. Así que para evitar saltarme alguna y quedar como una desarmada mal agradecida, lo diré generalmente.

A todas las que me apoyaron, a todas las que me enviaron mensajes y rr, a todas las que me pusieron en favoritos y alertas, a todas las que me recomendaron con sus amigas/os, a todas las que esperaron mis actualizaciones, rieron y lloraron con mis capítulos, a todas las que se enamoraron de los chicos Cullen y se mordieron los labios pensando en cómo se verían los chicos de la manada sin camisetas, a todas las que se sonrojaron con mis lemons…etc. ¡GRACIAS! ¡Las adoro y siempre me acordaré de ustedes! Jamás pensé que mi primer fic-técnicamente el segundo, el primero tuve un problema técnico con el y en un arranque de ira lo borré- tuviera tanta aceptación. Eso me dio las ganas para seguir haciendo lo que hago. Así que no se extrañen si vuelvo pronto con otra de mis locas ideas. ¡Las adoro y si quieren hablar conmigo o lo que sea, mi msn esta en mi perfil! Las invito a agregarme. ¡Besos!

Cathy, guardaré tu oscuro secreto. Tkm amiga. Besitos para ti.

Recomendación:

En mis favoritos tengo la historia de mi amiga Cathy-la que esta participando en un contest-y las invito a leerlo, es fantástico les encantará-lo sé-así que ya saben. Si quieren leer algo bueno de verdad, pasen por allí. No me despido-como dice mi querida y leal Liduvina-y nos seguimos leyendo.