Hoola mis princesas!

Mucho tiempo sin pasarme por aquí ejjejejejjee... tiene una explicación; hace unos meses me pidieron colaborar para el primer aniversario, de modo que desempolvé este pequeño outtake de los príncipes.

Fue un regalo para una de las integrantes del grupo, Vanesa Erika... pero también merece estar aquí, con todo el fic.

Beteado por Jocelynne Ulloa para la ocasión.

Espero lo disfrutéis ;)


Outtake 4: Celebraciones reales

Edward POV

—Altezas por favor, miren a la cámara; solo una foto más —nos pidió Jake a la vez que nos enfocaba con el objetivo. Mis padres, a nuestro lado, sonreían con educación y paciencia. Charlie estaba en medio de ellos dos tomado de sus manos, canturreando y moviendo rítmicamente su cabeza para todos los lados. Mi pequeña Catherine, desde los brazos de mi esposa, bostezaba a la vez que de vez en cuando escondía su carita en el cuello de Bella... tan tímida como su madre.

Mi otra princesita, Reneé, fruncía el ceño de manera divertida, a la vez que con su dedito jugueteaba con algunas de las condecoraciones que pendían de mi uniforme; parecía que fue ayer cuando nos dijeron a mi mujer y a mí que esperábamos gemelas... y ya tenían casi dos añitos.

Nos encontrábamos en el salón del trono, posando pacientemente para la prensa. Dentro de dos días se cumplirían veinticinco años de la subida al trono de mi padre, lo que se denominaba el Jubileo de Plata; claro está, las celebraciones ya habían comenzado. Dentro de una hora asistiríamos al desfile de las Fuerzas Armadas, incluida la Guardia Real. Sonreí para mis adentros a la vez que me acordaba de Emmett... siempre que tenía que vestir el uniforme protestaba hasta la saciedad.

— ¿Cuándo terminan, abuelo? —preguntó mi hijo en voz alta y no muy contento. La prensa allí reunida se carcajeó suavemente al escuchar la protesta de mi hijo; a sus cuatro años, Charlie soportaba de manera estoica todos estos asuntos protocolarios... pero llevábamos ya un buen rato posando, y como todo niño de su edad, se cansaba enseguida. Bella y yo todavía manteníamos a los niños bastante apartados de estos asuntos ya que aún eran muy pequeños... pero hoy era una ocasión especial, y Sam nos había informado que se tomarían fotos de toda la familia.

—Sólo unos minutos más —le consoló mi madre con una sonrisa, a la vez que le revolvía el pelo.

—Está agotado —me susurró Bella en voz muy baja, al tiempo que pasaba su mano libre por la espalda de nuestra hija Catherine, que prácticamente estaba dormida en sus brazos.

—Mami... —la llamó Reneé desde mis brazos, con un pequeño puchero.

—Enseguida terminan —le dijo a ella también, con una pequeña sonrisa.

—Luego puedes ir a jugar —negocié con ella en voz muy baja. Me dio una sonrisa desdentada a la vez que aplaudía contenta. Besé su frente y volvió a relajarse y a juguetear con las condecoraciones.

Los flashes de las cámaras seguían disparando, captando de seguro la conversación con mi pequeña hija y sus suaves risas; situados al lado de mi madre, Alice miraba a las cámaras con una sonrisa, pero el cansancio era visible en su rostro; sus casi seis meses de embarazo le pasaban factura, y se apoyaba en el brazo de Jasper para poder mitigar un poco el cansancio de llevar tanto tiempo de pie.

—Bien señores, la rueda de prensa ha finalizado; sus majestades y sus altezas reales presidirán el desfile militar que se celebrará dentro de una hora, en Horse Guards Parade —por fin Sam recitó las palabras mágicas. Mi padre agradeció con amabilidad la asistencia de la prensa y pudimos retirarnos a la antesala del Salón del Trono, donde ya libres de los objetivos todos respiramos aliviados.

—Por fin —musitó mi hermana, acomodándose en uno de los amplios sillones tapizados. Mi madre la imitó, todavía sosteniendo de la mano a mi hijo, que de forma automática se acomodó en su regazo.

— ¿Estás cansado, tesoro? —le preguntó.

—Un poco —refunfuñó mi hijo; quién desde tan temprana edad, parloteaba sin pudor alguno—. Abuela, ¿por qué nos han sacado tantas fotos? —le interrogó.

—Es el cumple del abuelo siendo rey —le explicó mi madre de forma graciosa y sencilla, para que pudiera entenderlo. El aludido y Jasper observaban la escena divertidos. Mi hijo torció el gesto, señal de que su cabeza maquinaba qué decir o hacer.

—Entonces... ¡cuando yo sea rey, tendré dos cumpleaños! —exclamó tan tranquilo, y con una sonrisa satisfecha —papá— me llamó—. ¿Puedo ser yo rey antes que tú?... ¿y podré tener regalos en micumpleaños normal y en el de rey?

Mi preciosa esposa, sentada en otro de los sofás con Catherine medio despierta, miraba a Charlie con una ceja arqueada. Tanto Bella como yo preferíamos no hablar de esos temas con nuestro pequeño; ya que para eso aún faltaban muchos años... incluso para que yo tomara el relevo de mi padre. Pero era algo que a veces, no podíamos evitar que sucediese, sobre todo desde que Charlie comenzó su vida escolar; los niños de su clase sabían quién era, y a veces los comentarios maliciosos o los cuchicheos de los demás padres eran inevitables.

Soltando un pequeño suspiro de paciencia dejé a Reneé en el suelo, que ajena a todo, se acercó con sus graciosos y torpes pasos hasta donde se encontraban Jasper y mi padre, quién rápidamente la tomó de la mano siguiendo su lento caminar y preguntándole adónde quería ir.

—Hijo —me senté al lado de mi esposa y mi otra pequeña—. Para eso falta mucho tiempo; y debes saber que un rey es una persona normal —Bella contuvo la risa mientras me miraba, ya que mi explicación era un poco torpe; la fulminé con la mirada, pero ignoró mi mueca de disgusto.

—Tu papá tiene razón —mi propio padre contestó, tomando asiento al lado de mi madre y alborotando los rizos rebeldes de mi hijo—. Eres un niño normal y corriente... ¿verdad te gusta jugar con tus amigos? —le preguntó.

— ¡Sii! —Respondió Charlie alborozado—. Sobre todo con Dani y Tom al fútbol, en los recreos.

— ¿Ves?; pues eso es algo que yo no puedo hacer —siguió explicándole mi padre.

— ¿Por qué, abuelo?

—Porque un rey tiene mucho trabajo, y lo que menos tiene es tiempo libre para poder disfrutar con sus amigos y la gente que quiere —Bella y yo mirábamos la cara expectante de nuestro hijo, atento a las palabras de su abuelo.

—Pero tú juegas al fútbol conmigo —contraatacó Charlie.

—Y termina agotado —apostilló mi hermana con una risa. Cuando mi hijo engatusaba a su abuelo para jugar al fútbol en los jardines del palacio, éste siempre acaba quejándose de su poca forma; era muy cómico ver quejarse y refunfuñar al mismísimo rey Carlisle II de Inglaterra.

—Pero no todo lo que quisiera —seguía mi padre, con su paciente explicación.

Cada vez que mis padres ó Bella y yo, teníamos que ausentarnos por algún viaje oficial, Charlie lo pasaba muy mal. Para mi esposa y para mí era muy duro tener que separarnos de nuestros hijos, sobre todo si el viaje duraba varios días. Antes lo llevábamos con nosotros, pero desde que empezó el colegio, hace dos años, ya no podía ser; no podíamos permitir que perdiera tantas clases. Y aunque a Reneé y Catherine todavía les quedaba un año para empezar, preferíamos que se quedaran con su hermano mayor.

—Papi... —volví la cabeza cuando sentí la vocecilla de mi hija Catherine; sus ojos marrones, similares a los de su madre, me miraban ya completamente despiertos.

— ¿Así que te has echado la siesta en la sesión de fotos, eh señorita? —le pregunté de manera graciosa haciéndole cosquillas en la tripa; se retorció de risa en los brazos de mi esposa que la acompañaba en sus carcajadas, a la vez que le acomodaba la pequeña diadema con un lacito rojo en el costado.

—Siempre hace lo mismo —exclamó mi esposa, divertida—. En las ruedas de prensa, o se queda dormida o arma un berrinche.

—Y luego no hay quien duerma por las noches —añadí yo con un suspiro de paciencia. Si con Charlie nos pasamos el primer año en vela, con las gemelas la cosa no fue mejor—. Espero que tengáis más suerte con la vuestra —dije mirando a mi hermana y Jasper. Esperaban una niña... pero claro, solo nosotros lo sabíamos.

—Si duerme como su madre, seguro que nos dejará la noche tranquila —exclamó divertido mi cuñado, ganándose un manotazo en el brazo por parte de Alice.

—Entonces... —la voz de nuestro hijo volvió a reclamar nuestra atención—. Creo que no quiero ser rey —dijo, pagado de sí mismo—. Si no voy a poder jugar cuando quiera, y ver los dibujos animados... —dejó la frase inconclusa; era muy divertido verle razonar en voz alta, con el rostro todo serio. Bella me miró, suspirando con paciencia.

—Dentro de unos años tendremos la conversación de nuevo —susurré para mi mujer—lo entenderá; sólo es un niño.

—Es normal, Bella —le dijo también mi madre—. Todavía es muy pequeño para entenderlo; Edward a su edad pensaba que ser rey era un juego.

—Y también pasó por la época en que no quería ser rey —añadió mi padre.

—A la edad de Charlie quería ser astronauta —repliqué con una sonrisa, recordando vagamente aquellos años de mi infancia.

—Eso a los cinco años, —corrigió mi madre—. A los siete querías ser futbolista, a los diez médico... —enumeró.

—A los dieciséis años querías ser músico —siguió enumerando Alice.

—Qué puedo decir… —me encogí de hombros, gesto con el todos explotaron en carcajadas. Justo en ese momento, Preston, la señora Cope, la señora Hiddick y Marianne entraron por la puerta... se acabó el descanso.

—Majestades, altezas —se dirigió a mis padres—. Los coches están listos.

—Ahora mismo vamos, gracias Preston —fue la escueta respuesta de mi padre.

La señora Cope les tendió a mi madre, mi hermana y Bella sus respectivos bolsos, y mi esposa y yo nos agachamos, quedando a la altura de nuestros hijos. Dimos un beso a nuestras pequeñas, que se fueron con la señora Hiddick y Marianne contentas. Charlie se quedó un minuto más con nosotros.

— ¿Qué vas a hacer después de comer? —interrogó Bella a nuestro hijo; después del desfile teníamos una comida oficial, y después de eso otro acto oficial en el Ayuntamiento de la ciudad; no regresaríamos hasta bien entrada la noche.

—Ver Kung Fu Panda —contestó satisfecho; suspiré de manera audible... hasta yo me sabía la película de memoria.

—Pórtate bien —le dijo mi mujer, poniéndole la camisa por dentro de los pantalones—No hagas enfadar a Marianne otra vez —le medio advirtió.

—Valeeeee —resopló cansado—. ¿Puedo sacar a Casper e Isolda de paseo esta tarde, por los jardines? —le rogó, cambiando completamente de tema; nuestras pobres mascotas huían despavoridas cada vez que Charlie se acercaba a ellas. Demasiados tirones de cola cuando mi hijo apenas empezaba a caminar.

—Sólo si no hace demasiado frío —le advertí ahora yo—, Y con Preston —añadí.

— ¿Por qué no puedo hacerlo sólo? —protestó, cruzándose de brazos; Bella me miró seria. La tozudez de la abuela Swan aparecía en todo su apogeo.

—Porque tienes cinco años, y no puedes ir solo por ahí —le explicó mi mujer; Preston, que esperaba por nuestro hijo a solo unos metros, ahogaba las carcajadas.

—No es justo —seguía con sus protestas.

—Charlie... —le llamé la atención. Algo debió ver en mi mirada, ya que asintió en silencio acatando las órdenes de su madre—. Sé bueno, ¿me lo prometes?

—Prometido papá —su voz sonó tan solemne que no puede evitar acercarlo a mí y darle un sonoro beso en la mejilla. Sus bracitos se anclaron en torno a mi cuello, devolviéndome el gesto.

—Sé bueno —le dijo también Bella, una vez se lo pasé llenándolo de besos.

Después de esa conversación, nuestro hijo al fin se fue con Preston. No nos habíamos dado cuentade que mis padres junto con mi hermana y mi cuñado ya habían salido de la antesala del Tronocamino de los coches. Mi preciosa esposa me dedicó una pequeña y divertida sonrisa.

—Testarudo como mi padre y la abuela —rodó los ojos, a la vez que se ponía bien su abrigo azul.

—Bueno...—canturreé—. Tú también tienes un poco de ese gen Swan —le dije divertido, a la vez que la atraía a mis brazos.

— ¡Oye! —Protestó, pero riendo a la vez—. Cuando te enamoraste de mí, lo hiciste con todo el pack —exclamó a la vez que pasaba sus manos por mi cuello. Sus ojos chocolate me miraban fijamente, brillando con ese amor eterno que ambos nos prometimos aquel veintitrés de junio, hace ya casi siete años.

Sin decir una sola palabra, mis labios buscaron los suyos; la calidez de su boca inundó mis sentidos, y mi mente se perdió... como ocurría cada vez que la besaba. Escuché su dulce gemido, y eso solo logró que el beso que compartíamos se volviera mucho más apasionado.

No sé el tiempo que permanecimos allí, en nuestra burbuja particular. Últimamente apenas teníamos tiempo para nosotros; nuestros hijos y el trabajo que llevábamos a cabo hacían que apenas quedase un poco de tiempo para nosotros; claro que no me podía quejar, esos tres pedacitos de cielo eran nuestra vida... pero echaba de menos nuestras escapadas románticas y los fines de semana tirados en nuestro sofá sin hacer nada más que estrecharla entre mis brazos y besarla.

Cuando no me quedó otra opción más que ir deshaciendo el beso -no sería la primera vez que tienen que venir a buscarnos e interrumpirnos- mi niña me miró con una sonrisa de cariño, a la vez que se acurrucaba en mis brazos suspirando satisfecha.

— ¿Y eso por qué ha sido? —su voz sonaba amortiguada contra mi pecho.

—Porque te amo —respondí simplemente apoyando mi mejilla en su cabeza.

—También te amo —contestó ella. A pesar de sus tacones, se puso de puntillas dejando un pequeño beso en mis labios antes de separarse de mí y arreglarse de nuevo. La imité, poniendo bien las condecoraciones y tomando la gorra y los guantes, los cuales me tendió mi mujer con una sonrisa.

— ¿Lista, alteza? —le tendí mi brazo, que ella cogió de inmediato, agarrando con su mano libre el pequeño bolso de mano.

—Vamos a trabajar —me susurró, guiñándome un ojo.

Con paso decidido salimos a cumplir con nuestras obligaciones; desde que mis ojos se cruzaron con los de ella, ese primer día de universidad, supe que había encontrado a mi mejor apoyo... como dije el día de nuestra boda... la princesa de toda Gran Bretaña... y lo más importante, mi princesa.