Los personajes no son míos. Solo la historia lo es ¡Te odio Meyer! ¡Porque ha creado a Hombres/Vampiros/Lobos tan irresistible! ¡Yo también quiero uno!... A ti también te odio Bella Swan


— Más rápido, Toretto, o no ganaremos la carrera — le urgí, aún con los ojos cerrados y mi cabeza apoyada en la ventanilla. Las feroces carcajadas de Emmett no tardaron en escucharse, resonando fuertemente dentro de la cabina de su grandioso y adorado Jeep. Fruncí ligeramente el ceño, aun molesta por, no solo su demente manera de manejar, sino también por su irrevocable decisión de que yo jamás volvería a manejar su jeep…

— Descuida, Mia, esta carrera la ganaremos. The Fast and the Furious, ¿Recuerdas?

— Deberían quitarte tu licencia, de verdad, eres un peligro para la sociedad — aseguré observándolo con severidad. Emmett se encogió de hombros, estirando una de sus manos para despeinar mi cabello. Gruñí por lo bajo, alejando su mano de un sopetón — Si mal no recuerdo, Toretto ama a su pequeña hermana, Mía…

— Aja

— Él le dejaría manejar su…

— Suerte con ello, Mia. Soy la nueva y mejorada versión Toretto — bufe fuertemente, cruzándome de brazos haciendo saber mi enojo ante esa injustificada decisión. Merecía manejar su Jeep. ¡Manejaba incluso mejor que él! Yo si era precavida y no conducía como demente. Eso debía de contar en algo, ¿Verdad?

— Quiero un auto.

— Woaw. ¿Qué?

— Me comprare un auto — afirme sin más, omitiendo olímpicamente la mirada asombrada del grandote. No necesitaba nuevamente uno de sus discursos sobre la responsabilidad, la edad, la vida y muchos otros temas más que tenía como objetivo hacerme notar mi inmadurez para tener mi propio auto; algunas personas, incluyéndome, llamaríamos a aquella charla un poco irónica, hipócrita, inclusive, aunque claro, ante los ojos de Emmett, él era la seriedad y madurez en persona, si como no… — Es lo justo, tengo unos ahorros y…

— Sabes que el dinero no es un problema, Bells — confesó mientras el auto doblaba la curva del estacionamiento. No me fue difícil reconocer el BMW rojo de Rosalie estacionado en su lugar habitual, justo a su lado, había un lugar libre que rápidamente había sido tomado por Alice. El resoplido molesto de Emmett no se hizo esperar, esto lo obligaba a pasear por el estacionamiento en busca de algún otro lugar libre.

— ¿Entonces?

— Eres mi hermana menor, aun me cuesta dejarte… crecer

— Ah, eres tan dulce, Osito — emití un burlón sonido proveniente desde mi garganta, abalanzando el peso de mi cuerpo hacia el brazo de Emmett. Alce mi mirada, observando su fuerte mandíbula y su sonrisa divertida. — Pero aun así, mi auto le pateara el trasero a tu jeep, hermano.

— Eso quisieras mocosa.

— Eso sucederá — termine de asegurar mientras él estacionaba el auto en el único lugar libre que había en el parking del instituto. Cerré la puerta en sus narices evitándome escucharlo quejarse, seguramente, por haberme bajado del auto cuanto este aun se encontraba en movimiento. Me conocía, nos conocíamos, y de verdad sabia que nuestra costumbre de querer tener la última palabra en cada conversación, nos llevaría a tal punto de terminar en una tonta apuesta, apuesta que posiblemente, y consultando nuestro historial, terminaría perdiendo yo. Y no, no volvería a cometer tal error, la última vez había sido su esclava durante su estadía en la casa de Charlie, y aquello no era mucho mejor de lo que sonaba.

— ¡Bella! — retrocedí dos pasos al sentir el peso de la pequeña figura que segundos antes y sin previo aviso se había lanzado sobre mí… como siempre. Alice Cullen. El pequeño diablillo había tomado la extraña y a veces dolorosa costumbre de, literalmente, lanzarse sobre mí, asfixiándome en un fuerte abrazo que podía llegar a tornarse dolorosos en los momentos en el que distraída, y recibiendo su peso extra sobre mi cuerpo, ambas caíamos de lleno al piso. Repito: Doloroso. — Te extrañe.

—Y pensar que ayer se vieron. — la burlona respuesta de Rosalie fue respondido por el infantil gesto de Alice, quien le saco la lengua, aun colgada de mi cuerpo. Reí divertida, mientras ella volvía a colocar sus benditos pies enfundados en unas hermosas botas de diseñador, en el suelo. — Buenos días, cariño — la suave, autoritaria y extrañamente maternal voz de Rose me hizo imposible no responder a su saludo, con un sonriente ˂˂Buen día Rose˃˃ acompañado de un rápido abrazo, y las inmediatas quejas de Alice

— Jo, Bella, a veces creó que no me amas — se quejo con un triste mirada cristalina. Rodé los ojos ante su ya conocida miradita cachorrito abandonado, acercándome a ella para abrazarla con la misma fuerza con la que ella implementaba en sus abrazos. — ¡Eso es amor!

— ¿Cómo pueden estar siempre de buen humor? — preguntó Jasper con confusión, acompañado por un desgarbado Edward. Le sonreí a ambos, observando aun con demasiado interés la ropa de Edward. Realmente me parecía graciosa su reciente contienda contra Alice. Por lo que sabía, y las constantes quejas de Alie, su hermano quería comenzar a vestirse como vagabundo, con jeans rotos y remeras gastadas, olvidando por completo las normas de vestimenta que regían al planeta. A mí por el contrarió, no dejaba de parecerme guapo. — Es fastidioso.

— Hey, se supone que solo las mujeres tienen el periodo — replico Rosalie con sorna, ganándose una furibunda mirada por parte de su rubio hermano. Aquella actitud por parte del tranquilo Jasper no dejo de parecerme extraña; a decir verdad, muchas cosas en él habían comenzado a cambiar drásticamente, entre ellas su humor, su trato con su hermana e incluso su característica forma dulce de hablarle a Alice.

— Esa estuvo buena Ro- Ro — las risas se hicieron escuchar a nuestras espaldas, en donde un divertido Emmett estaba tomado de la mano de su oxigenada y, al parecer, malhumorada novia.

— Idiota — el fuerte y claramente audible gruñido de Rose fue lo último que Emmett pudo escuchar antes de que la novia, con una sonrisa simpática al ver a los lejos a María, lo arrastrara sin más. Jasper no tardo demasiado en seguir los pasos de aquellos dos, sin tomarse siquiera la molestia de despedirse de nosotros, ni de Alice a quien dejó hablado sola.

Aquello era raro.

Miré ceñuda a Jasper, esta última semana se había vuelto un completo idiota sin razón aparente. Y no es que me molestara demasiado, bueno, era entendible, tenía a Emmett como hermano, pero Alice, ella era un tema completamente aislado. La nueva y radical actitud de Jasper no hacia otra cosa que alejarlos cada vez más, su idílica relación de amistad se desmoronaba a cada segundo y ante ello no había nada que las positiva actitud de Alice pudiera hacer, solo… solo estar allí, enamorada, observándolo como él se convertía en un completo idiota.

— Iré a hablar con el profesor Miller — el susurró quebrado de Alice, logro que realmente quisiera pegarle un puñetazo en medio de la cara al rubio malhumorado. A pasos apresurados, con Rose siguiéndola de ceca y yo a sus espaldas, Alice se dirigía hacia el edificio tres.

— Bella… — el firme agarre de Edward se mantenía en mi hombro, logrando que volteara a verle intrigada. Su suave fragancia e dio de lleno, dejándome casi ofuscada por todo él — Jasper está en una situación delicada, hazlo saber a Alice y Rose… por cierto, te ves hermosa hoy. — asentí, sonrojándome sin poder evitar sonreír ante sus palabras. — Hoy lo haré.

— Es difícil creerte cuando dices lo mismo hace más de doce días, Ed. — intente no sonar lastimada ante aquella triste realidad. Hoy lo haré. A veces incluso me parecía mentira que alguna vez él fuera a terminar con Tanya, porque ciertamente y según Edward, nunca encontraba el momento adecuado, siempre surgía un problema. Intentaba no culparlo, ser paciente, porque después de todo, terminar con alguien no debía ser fácil ni para el que termina ni para al que le terminaron, pero mientras más tiempo pasaba… más me sentía la otra, la tercera en discordia, la persona que arruinaba algo que pese a no funcionar se mantenía, porque si bien ellos ya no eran la pareja de antes, aun se seguían demostrando cariño con miradas que aun mantenían aquella complicidad difícil de olvidar.

¿De verdad aquello terminaría? ¿Y, qué era exactamente lo qué debía terminar?

Suspire. Todo era demasiado difícil.

— Bells…

— Debo ir tras Alice. Luego hablamos.

— Tras terminar el anteúltimo periodo, te esperaré detrás del gimnasio. — Susurró — No miento cuando digo que será hoy, de verdad — asentí distraída, mirando como un pequeño papelillo con forma de corazón era acercado hacia mi mano. Lo acepte sin más, ya acostumbrada a estas pequeñas tarjetillas que Edward solía hacerme, dejándola a veces en mi casillero, otras en mis cuadernos o como en estas situaciones, dándomela de aquella manera cautivadoramente sutil, como dos niños traviesos jugando a algo que sabían que si los descubrían los regañarían.

Corrí para alcanzar a hacia dónde sabía se encontrarían mis dos mejores amigas. No tarde demasiado en encontrarlas, ambas soltaban fuertes e ingeniosos insultos superando incluso al marinero más entusiasta.

— Oh, genial, al menos una de nosotras si tiene suerte en el amor — me encogí de hombros, restándole importancia al comentario de Rosalie, mientras esta no dejaba de observar el pequeño papel con forma de corazón— De verdad, si el chico es lo suficiente creativo como para saber hacer origami, debes darle al menos una cita.

— Un admirador — aseguró Alice con un suave tono tintineante. Observe por encima de mi hombro, encontrándome no solo con la delicada figura de Alice, sino también con la perfecta y sonriente Rosalie. — Suerte la tuya.

— Ustedes tienen a la mitad del instituto a sus pies, y no todos ellos son hombres — comente sin más, acercándome a abrazar a Alice — Por cierto, Edward dice que Jasper está pasando por una situación, que intenten entenderlo.

— Pero la persona a la que quiero siquiera me ve como mujer; y a Rosalie le sucede lo mismo. Que maldita suerte la nuestra.

— Te comprendo amiga

— Oigan — chillé por lo alto — Ya basta, si quieren deprimirse que sea esta noche y con helado, pero no aquí… además ellos no lo valen, si ni mi hermano y Jasper son capaces de ver las grandiosas mujeres que se pierden por estar con esas brujas, los que deberían estar deprimidos deberían ser ellos, no ustedes. ¡Vamos, chicas! Ambas son hermosas y divertidas, merecen mucho más que un tarado que las haga sufrir.

— Ella tiene un punto — sonreí ante la afirmación de Rose, haciendo un mueca al sentir una fuerte pisada por parte de Alice que saltaba a mi lado, aun mientras la abrazaba, confundiendo mis pies con el asfalto. Salte alejándome de sus tacones.

— Oh, Bella, eres grandiosa. Tienes razón ¡Mucha razón! — exclamó, Alice, comenzando a arrastrarnos a mí y una pensativa rubia hacia el interior del instituto. Llegábamos tarde a nuestra primer hora en la case de hoy, por lo que era casi imposible o al menos dudable que algún maestro nos dejara ingresar al aula, así que bajo el fiel concepto de Alice de "aprovechar el momento" nos dirigimos hacia el salón de música, ahora desocupado, para escuchar a Rose tocar la guitarra y ver a Alice danzar de puntillas de pie, intentando a que me animase a acompañarla.

— Tengo dos pies izquierdos — fue lo único que necesite decir para dejar de ser molestada por la pequeña duende, que ya había aceptado mi pastosidad natural luego de que ambas no hubiéramos caído debido a mi, y un descuidado tropiezo que tuvo como consecuencia la ruptura de su jean preferido, ¿La causa? Haberme enredado con mis propios pies.

Tras tocar la campana que anunciaba el final del primer periodo no nos quedo de otra que despedirnos, no podíamos volver a hacer novillos por dos causas, así que a regañadientes cada una se dirigió a su clase.

En la case de contabilidad intenten concentrarme en otra cosa que no fuera Edward, sin embargo aquello resulto ser una actividad imposible. Todo me recordaba a él, confundiéndome aun más, mucho más…

— Me haces cosquillas — durante el descanso, tras terminar nuestro segundo periodo, observe de soslayo como Tanya se mantenía abrazada a Edward mientras este acariciaba su brazo al hablar con Emmett y un muchacho del equipo, sentados frente a ellos.

— Me dan ganas de vomitar — murmuró Rosalie, al ver como el pelicobrizo recibía un rudo y apasionado beso por parte de su novia. Algo dentro de mí golpeo fuertemente mi estomago, haciéndome sentir al igual que Rose. Asentí, incapaz de encontrar las palabras suficientes para describir mis sentimientos ante aquella escena.

Pude notar cómo, tras separarse de aquel beso, la mirada de Edward intentaba buscar la mía. Lo ignore, o al menos eso fue lo que intente hasta el preciso momento en el que sin siquiera tenerlo en cuenta, yo también me encontraba buscando su mirada.

Sus ojos esmeraldas resplandecieron culpables, intentando trasmitir alguna especie de mensaje que para mi resultaba indescifrable. Sonreí débilmente al verlo atrapado nuevamente por los labios de Tanya…

— Creó que… Yo… Iré a la biblioteca…

Intente correr rápidamente hacia la salida, pero aquello se me volvió imposible al sentir un fuerte agarre en mi brazo. Alice me sonrió, entregándome lo que parecía un antiguo libro que seguramente debía devolver de manera inmediata o le sacarían el beneficio de la biblioteca. Torcí el gesto, observando sombríamente.

— Por favor

— Alice…

— La señora Smith, me odia, y a ti parece amarte. Te aceptara el libro sin siquiera preguntar nada, te lo aseguro — se apresuró a añadir tras escuchar mi quejido lastimero. Iba a replicar, sin embargo no paso demasiado para que tomase consciencia de que mi objetivo era escapar de Edward, no importaba cómo, solo escapar. — Por favor — rodé los ojos al escucharla extender la "o" el suficiente tiempo como para sacar de sus casillas a nuestra rubia amiga. Le arrebate el libro de las manos, librándome rápidamente de su agarre para comenzar a dirigirme hacia la biblioteca.

El camino no fue largo, tal y como dijo Alice y su extraño don para las premoniciones, la señorita Smith siquiera pregunto la fecha exacta en la cual el libro había sido pedido, solo me sonrió mientras comenzaba a contarme como lo había ido en su cita con el entrenador del instituto. Le sonreí en todo momento, no solo interesada en su relato, sino también contenta porque al menos no todo el mundo intentaba construir una relación con un muchacho que aun tuviera novia, pese a decir que sentía cosas por ti y quería estar contigo.

No sé muy bien cuanto tiempo paso desde que la señorita Smith había sido llamada por un alumno para que lo aconsejara en la elección del mejor libro que pudiera hablar de las monarquitas y su nacimiento, lo suficiente bueno como para que sacara un diez en su trabajo.

Salí de la biblioteca, comenzando a caminar distraídamente por los pasillos del instituto. Era relajante. Extraño, pero aun así no dejaba de ser relajante. La soledad de los pasillos y el fresco aire que corría por ellos eran una gran compañía hacia aquellas personas que necesitaban pensar con claridad, en un espacio silencioso, un espacio completamente antagónico con lo que en estos momentos era mi mente. Un sinfín de ruidos, pensamientos y recuerdo no dejaban que me concentrara en lo que realmente me importaba: El Dolor. No quería que nadie saliera lastimado, y es que, ¿Era realmente posible? Hasta ahora la única lastimada parecía ser solo yo, y aquello no era algo que terminara de agradarme del todo.

Un fuerte tirón me hizo retroceder, para, inmediatamente, sentirme atrapada por unos fuertes y cálidos brazos que reconocería incluso sin necesidad de mirarlo al rostro.

Cerré mis ojos, inhalando su aroma, suave y seductor, contradictorio, como el mismo portador. Sus suaves manos comenzaron a acariciar mi estomago, aun manteniéndome abrazada.

— Debiste haber comido más. Emmett cree que estas en una de esas dietas peligrosas

— No tenia apetito — asegure, separándome de él para poder observar sus hipnotizantes ojos verdes. Su mirada confundida hizo contacto con la mía, no sé realmente que habrá visto en mis ojos, sin embargo aquello sirvió para que su actitud se volviera instantáneamente seria — Quiero terminarlo

— Bella…

— No, Edward. Llevo esperando dos semanas, y cada día, fuera y dentro del instituto observó como ella te besa y tú finges amarla y… ¡Realmente no lo sé! De verdad la amas o solo finges hacerlo y resulta que eres un gran actor, y si… y si eres un gran actor, quién asegura que esto no sea solo una actuación para ti

— Esto me es difícil, Bells. No miento, ni actuó cuando te digo que quiero estar contigo, pero cada que intento hablar con ella… No quiero lastimarla. Tanya es importante para mí, no en un sentido romántico, solo… ella fue, mucho antes de ser mi novia, una gran ayuda para mí, y lastimarla sería tirar a la basura todo lo que ambos compartimos

— No te pido que le rompas el corazón — replique — Pero tampoco te pido que me lo rompas a mí. No lo merezco, ¿bien? No pedí que esto cambiara, no pedí sentir algo por alguien que tiene una novia a la cual no puede dejar, no lo pedí Edward

— ¡Y crees que yo pedí esto!

— Yo soy esto, o al menos soy parte de esto — los escuche maldecir por voz baja, para luego intentar reconfortarme con una suave caricia en mi mano, intentando no invadir mi espacio. Me aleje aun más de él — Siento haber entrado a tu casi perfecta vida y haberla verdad, lo siento

— Bells, no quería decir eso — aseguró suplicante. Asentí sin más, intentando sonreírle con un mudo ˂˂Descuida ˃˃ — Solo intento no ser un idiota y dañar a alguien, pero al parecer no puedo evitar ser un idiota. — me abrazo tras dar una larga zancada que lo dejo a pocos centímetros de mí. Intente alejarme, pero me fue imposible no caer en la comodidad de sus brazos, a lo que mi cabeza inmediatamente buscaba el confort en su pecho. Una de sus manos acariciaba mis cabellos, mientras a otra le hacía lo mismo a mi brazo derecho — Nunca quise hacerte sentir así. Me importas demasiado, y te juro que encontrare la solución para poder salir de esta situación. Lo haré hoy. En cuanto vea a Tanya hablare con ella y aclarare todo.

— ¿Lo prometes?

— Lo prometo — susurró a pocos centímetros de mis labios. Debí utilizar parte de mi autocontrol para lograr voltear mi rostro en el momento exacto en el que el intentaba unir sus cálidos labios a los míos. Reí divertida el escuchar el sonoro ruido que hizo al terminar de besar mi mejilla — Siempre lo olvido — acepto quejumbroso. Mordí mi labio intentado no reír por su expresión. Ambos lo habíamos dicho, bueno, al menos yo lo había dicho y el había aceptado: Nada de besos. No lo besaría ni permitiría que él me besara hasta el preciso momento en el que su relación con Tanya terminara, porque yo no era la otra, y siquiera tenía planeado serlo, ni quería serlo.

— Si, lo haces

Afirme, devolviéndole un sonoro beso en su mejilla izquierda, siendo consiente como el entornaba los ojos al igual que adolescente enamorada para hacerme reír. Lo observe a los ojos, enarcando una de mis cejas a la espera que dejará de imitar muecas graciosas, intentando no reírme para no darle razones para que las siguiera haciendo. Nuevamente, nos estábamos comportando como uno niños, y me gustaba, pero también agradecía que los pasillos estuvieran desiertos.

— ¡Déjalo de una vez! — el fuerte grito proferido desde unos de los pasillos cercanos hizo que ambos, tal vez mucho más yo, nos sobresaltáramos, saltando ligeramente sobre nuestros ejes, e inconscientemente acercándonos aun más.

Observe a Edward a los ojos. Ambos habíamos reconocido al dueño de aquella voz: Jasper. No vasto demasiado para que Edward, quien había tardado menos en reaccionar, comenzara a arrastrarme en el momento exacto en el que los gritos comenzaban a tomar mayor agresividad. Sostuve fuertemente su mano, apurando mis pasos para mantenerme en sincronía con los suyos. En menos de lo que imaginábamos, ya nos encontrábamos frente a Jasper, enfrentando a una molesta María.

Al parecer, aquella pequeña discusión había captado la atención de varias personas que pasaban por allí, y estas, emocionados ante las perspectiva de que la pareja de oro del instituto se peleaban a gritos, habían corrido a llamar a otras personas. No era un grupo demasiado grande el que se había arremolinado alrededor de ellos, solo serian unas… diecisiete personas, veinte con Edward y conmigo, pero aun así, estaba segura que en cuanto todo esto terminara, los rumores comenzarían a esparcirse.

Solté la mano de Edward al divisar la fuerte figura de Emmett acercarse. Él observaba ceñudo a Jasper, con Tanya y Lauren siguiéndolo de cerca e intentando buscar un lugar entre la multitud que les permitiera observar con mayos claridad como su amiga se peleaba con su novio.

Tal y como si hubiese escuchado que la nombraba en mis pensamientos, Tanya volteo hacia mi dirección, frunciendo el ceño, para luego, con ojos resplandecientes, colgarse del cuello de Edward.

Me aleje de ellos intentando localizar la rubia melena de Rosalie. No tuve éxito, así que decidí rendirme, aunque aquello no duro demasiado pues inmediatamente sentí un fuerte golpe en mi hombro: Rosalie. Refunfuñe por lo bajo, haciéndole notar que su entusiasmo ante la posible perspectiva de que su hermano se separase de la novia a la cual ella odiaba, solo causaría cardenales en mi piel

— Shh… Deja de quejarte y mira — me ordenó, y por un momento dude si mi mente funcionaba correctamente, y no realizaba saltos extraño, porque sin ser consciente, nosotras, que en primeras instancias nos encontrábamos fuera del lugar de la pelea, ahora, nos encontrábamos junto frente a Jasper y María, casi dentro del circulo que se había formado alrededor de ellos. Infantilmente, comencé a preguntarme si la teletransportación era posible, y aun mejor, si yo podía hacerla.

— ¡No haces más que ignorarme, Jasper!

— Difícil hacerlo cuando te la pasas sobre mí, hostigándome con tus caprichos — masculló entre dientes el rubio. Varios quejidos se dejaron escuchar, al parecer algunos no estaba muy contentos por, al encontrarse algo alejados, no poder escuchar de que iba la discusión. Bufé ante tal descortesía por parte de aquellos que solo les interesaba ser cotillas, sin embargo no paso mucho hasta que Alice y Rosalie me callaron con un amenazante siseo… ¿De dónde había salido Alice?

Negué divertida. Amabas eran unas cotillas, y mis mejores amigas…

— ¡Me engañas con otra, lo sé!

— Demonios, mujer, con quién podría engañarte. ¡Estas enferma! — Aseguró Jasper, intentando abrirse camino entre los presentes para largarse de allí — Crees que estaría contigo si te engañara.

— Tienes miedo a lastimarme

— Si la amara a ella, ¡Que no existe!, ¡Me importaría un comino todo lo demás! — exclamo molesto, chocándose de frente con la figura de Emmett. Observe como este lo retenía allí, evitando que se escapara de aquella situación, ayudándolo a solucionar sus problemas, porque como me había dicho Emmett, ya estaba arto de que esos problemas hicieran de Jasper un puto y deprimente niñito quisquilloso, según sus palabras textuales.

— ¡Eres igual a Edward!

— ¿Qué diablos tiene que ver él en esto? — inquirió ahora una furibunda Tanya, fulminando con la mirada a su bronceada amiga. Esta no se amedrento por aquel tono, por el contrario, avanzo varios pasos hasta quedarse frente a un sorprendido y ceñudo cobrizo

— Él ama a otra, nadie puede negarlo, solo él, ¿Quién me asegura que Jasper no haga lo mismo? — nuevamente las exclamaciones sorprendidas se hicieron escuchar, esta vez fueron Rosalie y Alice la que acompañaron aquellas exclamaciones, yo, por mi parte, solo quería que la tierra se partiera en dos y me tragara de lleno

— Edward me ama a mí, no seas estúpida y deja de intentar destruir mi relación al igual que lo haces con la tuya.

— ¡Ugh! Estas ciega Tanya, tan ciega que tienes miedo a preguntárselo — a firmes pasos, María se acerco a Edward, picándole el pecho para darle cierta amenaza a su persona — Dile, dile que no la amas, ¿He? No te atreves, ¿Verdad? ¡Dile la verdad, Cullen! — Edward la observo ceñudo, mostrando su enojo al poder apreciar su marcada mandíbula apretarse con fuerza, y sus manos transformarse en puños

— Yo no soy Jasper, María, no me jodas al igual que lo jodes a él

— No, no lo eres, ¡Pero te pareces! Ambos engañan — aseguro la morena con voz chillona — ¿Lo negaras? ¿O qué? ¿Qué? ¿Admitidas que te gusta otra y que no amas a Tanya? ¡Habla!

— ¡Por supuesto que amo a Tanya, mierda! — exclamo con tanta seguridad que sería imposible contradecir sus palabras. Apreté fuertemente mis dientes, intentando que aquellas palabras no me afectaran tanto como realmente lo hacían, disimulando el impacto que causaban en mí. Exhale una bocanada de aire que realmente necesitaba expulsar, para que mi respiración se hicieran normal, lo logré, sin embargo, mis ojos habían comenzado a arder y mi pecho dolía, dolía como nunca antes.

— Termina con esto María, estas avergonzándote — las palabras de Jasper sonaban arrastradas, lejanas… Aunque, aquello último lo ameritaba al dolor que sentía al ver a una Tanya sonriente, lanzarse hacia los labios de Edward.

— ¡No lo haré, Jasper, porque tú… tú me engañas con Alice Cullen! — el fuerte gruñido de María, esta vez sí fue escuchado por todos. Varios soltaron suspiros e incluso sonidos de exclamación que hacían notoria su sorpresa ante tal "confesión", Alice, se encontraba entre estos últimos. — Esa enano manipulador con apariencia de trol…

— ¡ ¿A quién le dices enano, zorra?! — Oh. Mi Dios. Cubrí mi boca, intentando no reírme, de todos los insultos que había recibido el que más le había molestado a Alice fue "Enano". Fantástico, tal vez siquiera había escuchado los otros, y posiblemente fue así porque de otra manera María ya se encontraría muerta, y yo, tal vez allí tendría una excusa para llorar libremente sin luego tener que dar excusas.

— ¿Alice? ¿De verdad? — pregunto Jasper con incredulidad, obviando la furia de Alice, dirigiendo su pregunta hacia su novia. Esta asintió — ¿Me crees idiota?

— Bueno… — la vacilación de María parecía ser un insulto para todo aquel que la escuchaba, inclusive para el mismo Jasper, que había comenzado a acercase hacia ella — Pareces quererla...

— Alice no me interesa. Es como mi hermana, siquiera eso, es como el hermano menor por el que solo puedo sentir cariño, nada más. Imaginarla a ella, desnuda, o a mí en alguna situación romántica junto a ella, solo me daría dolor de cabeza. Ella no es una mujer, es Alice, solo…

— Modula tus palabras — gruño Edward, tomándolo por el cuello de su playera. — Estas hablando de mi hermana, idiota — Sentí como Rosalie me arrastraba dos pasos hacia atrás en el preciso momento en el que Edward estampaba el cuerpo de Jasper en unió de los casilleros. El ruido que produjo este, me hizo imaginar cuanto habría sido el dolor de Jasper al recibir semejante golpe en su columna, sin embargo el quejido del rubio pareció ser mucho más ilustrativo que el ruido del metal siendo golpeado por su cuerpo.

— ¿Que mierda te sucede, Edward?

— No necesitas desprestigiar a mi hermana para arreglar las cosas con la demente de tu novia, imbécil — los azules ojos de Jasper observaron entre la multitud, y se detuvieron en el pequeño cuerpo de Alice, blanca como el papel, con ojos llorosos y mirada dolida. Fue fácil notar el arrepentimiento en sus ojos al ver a Alice, y fue mucho más fácil notar como la furia se encendía en ellos al escuchar como algunos se burlaban de sus crueles palabras, y de Alice… fue fácil, porque aquella furia era la que en este momento estaba sintiendo, y el escuchar a Rosalie tronar sus dedos, me confirmo que también me acompañaba en sentimiento — Ahora cálmate, y arregla esto en un lugar donde nadie pueda escucharte…

El agarre de Edward termino tan pronto como había terminado de decir aquellas palabras, momento en el que Rosalie y yo aprovechamos para respaldar a Alice quien temblaba bajo mi abrazo. Jasper no tardo mucho en acercase hacia nosotras, y susurrar una disculpa hacia Alice quien asintió sin más.

¡PLAF!

Un fuerte golpe, proveniente de una rápida y certera bofetada resonó por todo el pasillo, dejando a todos pasmados, porque para sorpresa de todos, no fue ni Rosalie, ni fui yo, la que golpeo a Jasper; pese a que se notaba nuestras ganas de hacerlo, fue la pequeña Alice quien lo observaba impasible, con la mirada más fría que jamás había visto instalada en sus ojos.

— Me lo merecía — susurró con su voz cantarina, carente de emoción, dejándonos a todos pasmados por tal confesión. ¿Se lo merecía? — Todo lo que has dicho, me lo merecía, Jasper, porque jamás debí enamorarme de un idiota como tú. ¡Eres asqueroso, despreciable! ¡Mereces a María tanto como ella a ti!

— Alice

— ¿Qué? ¿Me dirás que no lo sabías? — preguntó con burla, desasiéndose de mi abrazo, para acercarse aun más a Jasper. Él retrocedió, pasmado por sus palabras — Lo sabes desde que ambos tenemos memoria, y lo aceptas, siempre lo has aceptado, siempre te ha gustado que ande como una mascota tras de ti y hablar de los temas que te interesan, ¡Porque de eso se trata, de ti! Eres incluso más idiota que Emmett, que aun no admite que le gusta tu hermana por miedo a que… a que tú termines su amistad. Eres asqueroso, porque te aprovechas de mi amor y me utilizas. Desde niña siempre me e interesado por ti, por tus gustos, ¡Incluso aunque odio la guerra civil y las películas bélicas, las veo junto a ti, callada, fingiendo interés por ti y tus gustos! Pero… ¿Y qué hay de ti? Siquiera me conoces como amiga, solo crees que son una maldita adicta a las compras… ¡No me conoces, Jasper!

— Alice…

— ¡Cierra la boca, Edward, que tú no eres mejor que él, no luego de ser tan cobarde para arriesgarte por algo que amas! — Mire al suelo al sentir ambas miradas sobre mí, porque ambos hermanos estaban observándome, una con comprensión y el otro con arrepentimiento — Pero es normal, porque si fueras más valiente, hablarías, y lo único que has hecho es callar. ¿Saben? — observo a Jasper y Edward para luego buscar a un grandote Emmett que intentaba esconderse entre la multitud, ganándose miradas molestas por parte de su novia — No son los únicos a los que se pueden amar, porque… nos volveremos a enamorar y esta vez… tengan por seguro que ellos nos corresponderán, nos querrán, nos conocerán y se arriesgaran por nosotras, no como ustedes, que, créanme… se arrepentirán, chicos, y allí será demasiado tarde para todo…

— Alice, lo siento, yo no quería…

— Lo hiciste — aseguró — No es cuestión de querer o pensar o planear, es cuestión de hacer, y a ti no te tembló la voz para humillarme. No me sirven las palabras, Jasper, me sirven las acciones

Asentí, comenzando a seguir a Alice quien había salido furiosa de aquel lugar. Rosalie me seguía de cerca, ambas, intentábamos no meternos demasiado en el espacio de Alice, la conocíamos y sabíamos que necesitaba enfriarse un poco.

Volví a sentir mis ojos picar, y una traicionera lagrima escapar. Cuán reales habían sido las palabras de Alice. No me sirven las palabras, Jasper, me sirven las acciones. ¿No era eso lo que le pedía a Edward, acciones? Pues bien, al parecer eso fue lo que obtuve, porque esto se basaba en decidir, y él decidió que Tanya era a la que amaba. Me demostró, y a todos los presentes, que solo la podía amar a ella.

Entonces, era la hora de olvidarlo, olvidarlo y alejarme, sonaba sencillo, pero aquello era casi imposible en un pueblo tan pequeño como Forks, aunque no en una ciudad tan grande como New York o quién sabe, inclusive Los Ángeles, en este momento, sonaba encantador. Solo bastaba una llamada...

Ciertamente, no sé que decirles. La verdad es que mi vida aun sigue en constantes cambios, pero déjenme decirles que JAMAS ABANDONARE NINGUNA DE MIS HISTORIAS.

De verdad, les agradezco a todos por su apoyo y sus mensajes privados, ¡Gracias infinitas! A todos... a ustedes, las escritoras que si tienen una cuenta en Fanfiction y ustedes los lectores fantasmas... ¡se que están allí! Ya, de verdad, din lugar a bromas... ¡Mucha gracias a todos!

bueno, ya cambiando de tema, díganme, ¿Que les pareció el nuevo capitulo? ¿Interesante, aburrido... Algo?

Muy bien, muy bien, espero sus comentarios, ¿Si?

Besos: Bella-Ragaza

¡No olviden los reviews!