Disclaimer: Twilight no me pertenece.

Sangre Inocente por Princesa Lúthien
Summary:
—Creo que tienen a Nessie. Tienes que ayudarme—le rogó Bella, con la voz rota por el dolor —Por favor Edward, por favor —. Tres niños ya habían sido asesinados, sangre inocente estaba siendo derramada y él, era el único que podía ayudarlas.
R: M

Capítulo 6

Forks, Washington

Nessie despertó lentamente, sentía los ojos inflamados y el cuerpo más pesado de lo normal, tenía los músculos entumecidos y ni siquiera tenía ganas de moverse, quizá había dormido más de la cuenta. Con pereza se rascó los ojitos y se estiró como un gato hasta que un gemido de dolor salió desde su garganta. Imágenes del día anterior, que ciertamente no quería recordar, vinieron a su mente inevitablemente como destellos de una vieja película de terror que la hicieron temblar. No quería volver a pasar por eso.

Con pesar se sentó y lentamente levantó la camisa de su pijama para descubrir manchas moradas sobre sus costillas. Con morboso masoquismo llevó uno de sus deditos hasta la piel magullada y apretó antes de dar un salto por el dolor que ese simple toque le había ocasionado. Torció la boca y sabiendo que esperar, con cuidado cubrió su herida con la palma de su mano siseando en cuanto entró en contacto con su costado; pausadamente se bajó de la cama y camino hasta la puerta intentando abrir inútilmente, esa mujer debía de haberla encerrado antes de irse. Le hizo una mueca de fastidio a la estúpida puerta y dio media vuelta.

Nos es que hubiera mucho que ver en aquella habitación. Estaban pulcramente organizadas: una cama, un escritorio y una gaveta. Era un cuarto soso y extrañaba el desorden que siempre había en su habitación con un millón de juguetes en el piso y todo revuelto después de ajetreados días de juego y estudio. ¡Es que ni siquiera había un libro para distraerse! A su tierna edad, nunca se había detenido a pensar lo aburrido que sería no tener que ir a la escuela. Seguro que prefería aguantarse a su maestro de matemáticas que a aquella pareja que la tenía retenida en contra de su voluntad.

Con un suspiro caminó hasta la ventana y todo lo que puedo ver fue árboles y más árboles, lo cual no la sorprendía en lo absoluto. En Forks había árboles fuera de las casas, dentro de las casas y en medio de estás, era un poco agobiante pero lindo una vez que te acostumbrabas a ellos. Sonrió al recordar a su madre que constantemente se quejaba de que todo era demasiado verde. La extrañaba horrores. Desde hacía unos años, siempre habían sido solo ellas dos contra el mundo. La precipitada muerte de su padre había sido un duro golpe que ambas habían estado llevando con calma apoyándose la una en la otra. Alec, su padre, le había dicho que tenía que ser fuerte por su mami pues cuando él se marchara ella sería la única razón de su existencia.

Aún podía recordar el rostro preocupado de su padre cuando las miraba atormentándose y sufriendo con ellas. Nessie entonces había sido fuerte por su mami porque al parecer ella había sufrido mucho en el pasado y temía que esta vez no se recuperara. A pesar de los años Nessie había notado como algo en su madre había cambiado, una luz brillante en sus ojos se había ido apagando poco a poco. No sabía con exactitud lo que podría ser pero extrañaba ese brillo en su mirada.

—Nessie, ¿cielo, tienes hambre?— escuchó una voz dulce que la llamaba y dirigiendo su mirada a la puerta se preguntó si su madre sospecharía de quien la tenía allí.


Auto de Edward Masen

A Edward se le secó la garganta. Le parecía ridículo que Carmen hubiera dicho esas cosas. No podía imaginarse a su dulce Bella ni siquiera matando a una araña como para que ahora la acusara de haber asesinado al hombre que amaba. Era bastante irracional.

Aun cuando Edward la había dejado hacía ya varios años, ella jamás tomó represarías o se vengó de él. Bella era una mujer paciente y delicada que definitivamente no le haría ni el más mínimo daño a nadie.

—Sí, me sorprendió que esa mujer te acusara de tal manera, ¿a ti no?

— No, bueno, supongo que ya estoy acostumbrada a sus comentarios — fue la respuesta de Bella.

— Ya, pero, eso no responde mi pregunta.

—Es complicado— le susurró Bella con nostalgia dejando que un suspiro se colara entre sus labios, miró a Edward solo para perderse una vez más en sus ojos de un verde imposible y entonces supo que no importaba cuan complicadas fueran las cosas, Edward siempre las entendería, es como si él pudiera ver a través de ella. Mirando sus ojos se dio cuenta de que a pesar de las adversidades, de los años, de las rupturas y llantos, su antiguo confidente aún estaba en alguna parte de él.

—Veo en tus ojos que ya sabes lo que voy decir—, murmuro Edward tras unos segundos de silencio — aun así voy a decírtelo: sabes que puedes confiar en mí, así que anda, dímelo—.

Edward tomo con delicadeza las pequeñas manos de Bella entre las suyas que se sintió como en casa y entonces no hubo nada más, ni dudas ni arrepentimientos, sólo Edward y ella que le abría una vez más su corazón.

Bella estaba en una habitación blanca en la que todo lo que la rodeaba era blanco también. Ese color la enfermaba y si era posible, que lo era, la hacía sentir se más desgraciada mientras dejaba que las gruesas lágrimas que nacían desde lo más profundo de su alma se derramaran por sus mejillas dejando solo rastros de dolor y melancolía.

No llores amor—, le pidió Alec desde su posición que sin pensárselo dos veces ignoró la incomodidad de la intravenosa que tenía fuertemente clavada y abrió los brazos para que su esposa se refugiara en ellos. Bella tampoco dudó al momento de acercarse a él y acurrucarse en el reducido espacio que Alec había hecho para ella en la incómoda camilla de hospital.

¿Cómo me pides que no llore si estoy perdiendo al amor de mi vida? — repuso Bella. Alec sintió un dolor que nada tenía que ver con su enfermedad en lo más hondo de su pecho. —No me dejes, por favor— le rogó su esposa en medio de un llanto desesperado y aferrándose más a su cuerpo.

Sabes que no es algo que yo haya elegido—.

Alec sentía como la vida se le iba entre los dedos así que con toques débiles y sacando fuerzas de donde no las tenía empezó a reconfortar a su esposa acariciándole suavemente el cabello. Suspiró y guardó en su memoria aquel olor tan penetrante y tan suyo que lograba ahogar los molestos aromas del hospital.

Aún recuerdo nuestro primer beso—, le murmuró con la voz ronca —fue la primera vez que estuve tan cerca de ti como para oler tu cabello—. Bella le escuchó atentamente y le miró con las lágrimas nublándole la vista.

Fue un gran beso ¿no? —, le susurró sonriéndole a pesar del dolor, sonrojándose con aquel recuerdo a pesar de la tristeza.

El mejor de los besos—, respondió Alec en un suspiro. —Ven aquí, quiero dormir entre tus brazos—. Bella se acomodó de tal manera que Alec pudiera abrazarse a su cuerpo para acunarlo como un niño pequeño. —Consiénteme—, le pidió con un murmullo que hizo sonreír a Bella.

Te pareces tanto a Nessie—, le dijo Bella mientras agachaba la cabeza para unir sus labios con los resecos de Alec que sintió como su corazón se aceleraba justo cuando sus bocas entraban en contacto fundiéndose en un beso amoroso, tierno y delicado. Un beso que iba más allá del amor, más allá de la vida y de la muerte, una caricia en la que por fin dos almas podían estar en paz.

Este es el momento que me quiero llevar al más allá—, susurró antes de rosar de nuevo esos labios que tanto anhelaba y que no había podido besar lo suficiente — toda tú a mi lado. Tu aroma, tus besos, tu reconfortante calor.

Bella se hizo la fuerte para no llorar y en un gesto reconfortante abrazó más fuerte el maltrecho cuerpo de Alec y le acarició lenta y suavemente murmurándole palabras de amor hasta que ambos se entregaron al mundo de los sueños.

—Cuando desperté Alec ya había muerto— terminó Bella su historia limpiándose un par de lágrimas que caprichosas se habían escapado de su sus ojos. —Fui la última persona que le vio con vida. Alec me entregó sus últimos minutos al igual los mejores y últimos años de su vida—, suspiró con pesadez antes de continuar, — la vida de su único hijo, eso es algo que una madre no puede perdonar, Edward. Yo nunca la había entendido a ella ni a su dolor tanto como ayer cuando Nessie desapareció.

Edward que hasta el momento había permanecido en total silencio vio como el dolor de Bella se escapaba por sus ojos cafés sintiéndolo como propio. Se sintió en deuda con Bella y con Alec Suardi que aún después de tanto dolor que Edward había dejado sembrado en la vida de Bella, él se había llenado de paciencia y la había curado poco a poco hasta conquistar su corazón. Fruto de esa relación era la pequeña Vanessa que de un momento a otro había desaparecido y que tanto dolor estaba causándole a Bella.

—Te prometo que encontraré a Nessie. La buscare hasta el cansancio. Lo haré por ti y tu esposo—, dijo solemnemente sin que Bella notara lo importante que era esa promesa para él. —Ahora vamos, debemos regresar.

Edward escoltó lentamente a Bella hasta la entrada de su casa. Las llaves repiquetearon unas contra las otras mientras la castaña las dirigía hasta la cerradura, sin embargo, y antes de que siquiera los metales entraran en contacto la puerta se abrió en un rápido movimiento dejando ver la alta figura de Carlisle.

—¿Dr. Cullen?— susurró Edward confuso.

—Oh, Caslisle, no tenías por qué esperar— Bella se adelantó y con una sonrisa torpe abrazó al aludido que la tomó con fuerza entre sus cálidos brazos.

—No es ningún problema, Bella— le aseguró — estoy preocupado por ti y quiero asegurarme de que estás bien. —. Bella le sonrió en respuesta.

Edward que hasta el momento se había mantenido al margen, se aclaró con fuerza la garganta. La mirada de Carlisle se dirigió entonces a él para examinarlo con ojos acusadores. Asintió a manera de saludo al que Edward respondió con un mismo gesto.

—Bella, — continuó Carlisle sin apartar la mirada de Edward — ¿te importa si hablamos… a solas? — recalcó las últimas palabras.

Edward miró a Bella para buscar su aprobación.

—Voy por un vaso con agua, si no te importa. — Bella negó un par de veces con la cabeza. La habitación quedo en silencio durante los segundos en los que Edward caminaba, sin apartar la mirada de Bella, hacia la cocina.

—No me gusta que estés cerca de él—. Carlisle, obviamente, no era de los que se andaba por las ramas.

Bella abrió la boca sin saber realmente qué decir.

— Lo sé Carlisle, pero…—

—Pero nada. — Carlisle la miró con desespero —Aún recuerdo como estabas cuando él se marchó— tembló un poco mientras viejos recuerdos hicieron que un escalofrió le recorriera la espina dorsal.

—Todo eso ya está en el pasado— trató de defenderse.

— Si no hubiera sido por Alec, no sé dónde estarías en este momento Bella.

—Lo sé Carlisle pero le necesito. Él puede ayudarme a encontrar a Nessie, entiéndelo. — Él no supo cómo refutar eso, Edward estaba entrenado para eso.

—Sólo no dejes que te lastime— le pidió.


Instalaciones de G.E.I.H

Una vez más estaban todos reunidos para discutir el caso que de repente se había convertido en el más importante para Masen y por ende para todo el equipo. En la silenciosa habitación los chicos esperaban pacientes mientras veían como Edward se masajeaba el puente de la nariz con desesperación, claro signo de que estaba pensando.

Edward suspiró, una mujer que perdió a su único hijo. Fría como el hielo, mordaz y dura. Carmen parecía una excelente candidata para ser sospechosa además de que tenía una excelente coartada al ser la abuela de la pequeña.

—Jacob, quiero que mantengas vigilada a la señora Suardi ¿entendido? —mandó Masen aun pensativo.

El aludido miró a su jefe con la curiosidad pintada en su mirada. — ¿Quieres que vigile a "tu Bella"? ¿Para qué? —, no pudo evitar preguntar.

Rosalie, que había estado escuchando la conversación puso los ojos en blanco — Es obvio que no se refiere a Isabella, tonto, Masen habla de Carmen Suardi—, las hermosas facciones de su rostro cambiaron cuando desconcertada frunció el ceño — pero no entiendo, ¿para qué?

—Edward piensa que Carmen puede tener a Nessie—, murmuró esta vez Jasper uniéndose a la conversación— pero, ¿por qué? Es su abuela.

—Por eso mismo. Vi como trató a Bells hoy en su casa, no confío en ella.

Miradas incrédulas recibió como respuesta, no se atrevían a contradecir a Masen y el silencio fue todo lo que se escuchó hasta que un largo suspiro de Jasper quien generalmente no era el más valiente pero si el más sensato de todos habló con voz tranquila.

—Edward, creo que te estás dejando llevar. —Le explicó como quien no quiere la cosa— Ya nos contaste lo que pasó en casa de Bella y créeme que te entiendo cuando dudas de Carmen pero también sé que lo haces por como la trató que por otra cosa. No tengo ni idea de lo que significa Bella para ti pero si algo es seguro es que ella te afecta y temo que no estás pensando con la cabeza, amigo

Edward escuchó atentamente cada palabra reprendiéndose por ser tan obvio. Ellos no tenían ni una maldita idea de lo que Bella significaba para él.

Bella

Hacía muchos años que esa pequeña mujercita no ocupaba todos sus pensamientos más por conservar la cordura que por otra cosa. Eran extrañas las vueltas que daba el destino. Después de todo lo que él se había esforzado para salir de su vida, en no pensar en ella, en anteponer sus deseos sobre lo que posiblemente hubiera sido una vida larga y feliz en pareja; luego de desechar sus planes y sueños con ella y al final todo había sido en vano. ¿Quién se iba a imaginar que luego de años en los que ambos estuvieron evitándose a conciencia, algo como esto fuera a pasar?

Edward no quería pensar que lo que había dicho Jasper era cierto. Prefería decir que confiaba en su instinto y no se equivocaba.

—Sería mejor que no nos precipitáramos, Edward—, le susurro Leah mientras le palmeaba la espalda en un gesto alentador.


Con todo,

Princesa Lúthien