Disclaimer:

Twilight y Candy Candy son propiedad de Stephenie Meyer y Mizuki e Igarashi respectivamente y la historia está escrita en conjunto con Karlina (Gakarosi)


AMOR, DESEO Y SANGRE

CAPITULO 4

ACERCAMIENTOS Y PRUEBAS

Rumania; Transilvania.

EDWARD POV

Cuando volvimos a la mansión Cullen ya era bastante tarde. Y algo que me pareció extraño, fue ver una luna blanca y redonda en lo alto del cielo. No era algo muy común de ver en Transilvania, siendo una ciudad tan oscura.

-Probablemente sea porque estamos a mitad de año –aunque sabía que mi primo no podía "ver" dentro de mi mente, siempre me hacía dudar cuando acertaba con mis pensamientos –. Transilvania siempre ha sido menos oscura en esta época.

- No me preocupa el clima. Simplemente creo que si hay luna llena es más fácil que nos vean.

- Afortunadamente para nosotros, la mansión Cullen esta fuera de las miradas de los curiosos. Y no creo que la Sra. Helga, su esposo o su hija nos estén esperando.

Tal vez Terry tuviera razón, pero por precaución me aseguré de que todo estaba despejado mientras entrábamos a la mansión. Y contario a lo que hubiera hecho en otra época, me dirigí directamente al que fuera el despacho de mi padre.

- Es increíble lo bien que se conserva éste lugar –Terry, por supuesto, me siguió. Pero a diferencia de mí, se quedó de pie, merodeando por la habitación –. El tío Carlisle siempre fue un hombre muy meticuloso.

- Tenía muchas cosas en común con el duque –le aseguré mostrándole el libro que tomé de la biblioteca Grandchester algunas horas antes. Me deslicé hasta el librero de mi padre y lo añadí a esa colección –. Cambiando de tema, hay algo que quiero preguntarte.

- Tú dirás –me respondió con ese tono de desafío mientras cruzaba los brazos en una posición para nada sumisa.

- Ahora que ya no estamos "sedientos", y que puedes pensar sin preocuparte porque la ponzoña te queme la garganta, ¿sigues queriendo ir el lunes al lago Santa Ana?

- Por supuesto, Edward. Ya te dije que será una salida "normal". Simplemente quiero que pasemos un rato agradable, como humanos, ¿y quién mejor que ellas para divertirnos como humanos?

- Aunque no estés pensando en eso, igual no me parece muy correcto usarlas justamente a ellas para "divertirnos" –aunque las intenciones de mi primo no estuvieran dirigidas a Bella, estaba seguro de que su amiga Candy tampoco era la chica ideal para sus "juegos". Aquello no iba a resultar bien.

- Me extraña que hables en plural, porque a ti no te gusta "divertirte" –si hay algo que aún sofoca a mi paciencia, es el sarcasmo de Terry –. Pero descuida, no estaba pensando en ese tipo de diversión. Hasta yo pude notar que Candy no parece ser ese tipo de chica.

- ¿Y ahora vas a decirme que eso la hace más interesante ante tus ojos?

- Pues aunque lo dudes, sí. En las muchas décadas de tedio y aburrimiento que llevamos juntos, nunca una chica se ha mostrado más interesada en ti que en mí –finalmente se sentó frente a mí con gesto de resignación –. No es que pretenda ofenderte, querido Edward, sé perfectamente que nunca te has mostrado entusiasmado por llamar la atención.

- Me alegra que al fin lo reconozcas –le devolví un poco de ese sarcasmo que tanto le gusta usar.

- Sin embargo, creo que algo místico y maquiavélico debió suceder hoy, porque Candy, la primera chica que en verdad me atrae desde hace al menos unos cien años, te prestó más atención a ti, el Sr. luchemos por la castidad, cuando te mostraste tan "amable" con ella.

- Tal vez se hubiera fijado más en ti si no te hubieras pasado la mayor parte del tiempo coqueteando con Bella.

- No me malinterpretes, Edward, no tengo intención de caer en una discusión infinita contigo donde nos reprochamos mutuamente nuestras acciones. Simplemente quiero decirte que he encontrado una nueva ironía para la lista.

- ¿El que una chica no se fije en ti cuenta como una ironía cruel?

- Sí cuenta, porque resulta irónico que la primera vez que realmente quiero tener esa atención femenina seas tú el que la consiga, aún cuando no la deseas de verdad.

- Está bien, ponla en el puesto dos mil setecientos noventa y cinco de nuestras ironías crueles. Pero te advierto que yo ya he encontrado la dos mil setecientos noventa y seis.

- Y yo me muero por saber cuál es –me aseguró aunque su rostro decía que había tenido suficiente de ironías.

- Hoy, por primera vez en años, realmente me interesó leer la mente de una persona: Bella. Y cuando me preparé para saber qué pasaba por su cabeza choqué con un muro de ladrillos.

- ¿Ella estaba pensando en un muro de ladrillos? ¿Qué es, albañil?

- ¡No seas irónico! –le pedí sintiendo deseos de arrancarle la cabeza por su falta de comprensión- Intento decirte que no pude leer su mente. Nada. No "escuché" nada. Fue como si no estuviera frente a mí, como si no existiera.

- Es curioso –sus palabras me tranquilizaron un poco porque al fin estaba siendo sensato –. Tengo dos teorías. O te has cruzado con la persona capaz de convertir el término "cabeza hueca" en su mayor expresión literal. O de verdad has dado con el ser humano capaz de neutralizar tu don.

- Creo que no me gusta ninguna de las dos –le contesté entre dientes conteniendo mi furia. ¿Por qué no puedo tener un primo normal que sepa discernir el límite entre el humor y la compostura?

- Sin embargo, esa revelación despierta mi interés. ¿Pudiste leer la mente de Candy?

- Sí. Estaba preocupada por terminar a la intemperie con un par de extraños, lo que me hizo ver que en verdad es una chica lista. Y eso me recuerda… ¿por qué no manipulaste sus pensamientos para que accediera a ir con nosotros, en vez de recurrir a la mentira, "Pinocho"?

- Lo siento, "Pepito grillo", pero ya que es la primera chica que realmente me interesa en años, quise que accediera a salir con nosotros por decisión propia. Así que tuve que restringirme de manipularla a ella, o a su amiga.

- Bien. Odio tener que admitirlo, pero me tranquiliza un poco. Por un momento pensé que habías manipulado a Bella para que intentara persuadirla.

- Pues ya ves, querido Edward, que hoy, el deshonesto fuiste tú. Yo no manipulé a nadie, pero tú si intentaste escabullirte en la mente de esa pobre inocente.

- ¿Cómo sé que no estás mintiéndome para hacerme sentir culpable? –le pregunté deseando poder fulminarlo con la mirada en vez de solamente tener acceso a sus pensamientos.

- Tal vez porque te gusta hacer las veces de mi "conciencia" –obviamente recordarme que podía saber exactamente cuando mentía o cuando decía la verdad no ayudó a mejorar mi humor –. Mira, si te tranquiliza, el lunes cuando vayamos al lago puedo intentar manipularla. Así sabremos si la señorita muro de ladrillos es realmente inmune a nosotros, o si sólo tiene una mínima porción de materia gris.

- De acuerdo, el lunes puedes probar tu don. Pero antes debes prometerme que no la obligarás a hacer nada descabellado –si Terry quería probarla tenía que asegurarme de que sus intenciones eran las correctas.

- Por supuesto que no intentaré nada extremo. ¿Acaso pensaste que la obligaría a saltar al lago?

- Conociéndote, más bien intentarás hacerme molestar a través de ella –podía imaginar con facilidad que la obligaba a llamar mi atención, o incluso hasta convencerme de participar en alguno de sus "juegos".

- Despreocúpate, Edward. Es crucial que sepamos si ella o Candy tienen alguna especie de defensa contra nosotros, así que procuraré ser discreto.

- Eso espero-usé el mejor tono de advertencia que tenía.

A partir de ese momento entré en una de esas situaciones contradictorias. Por un lado, deseaba que no llegara el día lunes, para así no tener el infortunio de estar en la primera fila de espectadores mientras que Terry usaba su don con la primera chica que en verdad me interesaba, durante nuestra cita "normal". Y por otra parte, más específicamente, mi parte egoísta, deseaba que ese momento llegara, para descubrir si yo estaba perdiendo mi facultad de leer la mente, o si Bella realmente era capaz de neutralizar nuestros dones vampíricos.

Por supuesto, mientras me hallaba en esa disyuntiva, el tiempo siguió avanzando, e inevitablemente, el lunes llegó. El odioso reloj sobre la cómoda de mi cuarto me lo recordó esa mañana. Y aunque no lo hubiera hecho él, Terry se apersonó a las 9 A.m. en el marco de mi puerta.

Al final, llegamos un poco antes de las 10 A.m. a la plaza central, pero Bella y Candy llegaron puntuales al lugar. Nada más verlas acercándose, mi recelo sobre la cita aumentó.

Demonios. ¿Por qué tuvo que escoger el rojo? Ahora se ve como una manzana incitadora al pecado…una jugosa y apetitosa manzana. Sonreí cuando "escuché" a mi primo lamentarse.

- Al menos el rojo le sienta bien a ella – le susurré mientras las veíamos acercarse a nosotros –. En cambio el azul sólo resalta más la palidez llamativa del cuello de Bella.

- No sé por qué, pero esto me hace recordar una frase que le escuché decir al tío Carlisle alguna vez –me respondió él, hablando con la velocidad propia de nuestra especie –. Las venas son azules y las arterias rojas, y aunque difieren en otras cosas, las dos funcionan con sangre.

- Demasiado irónico para el momento, si me lo preguntas. ¿La ironía dos mil setecientos noventa y siete en la lista?

- Dos mil setecientos noventa y siete, y contando…–me confirmó antes de fijar su mirada nuevamente en las que serían nuestras acompañantes esa mañana.

Aunque me alegraba el saber que ahora Terry también tenía dudas sobre nuestra cita, no pude evitar preocuparme. Digo, si él podía notar que Candy había escogido combinar su vestimenta con un tentativo color rojo, yo fácilmente podía notar que Bella, combinada de azul, sólo atraía más mi atención.

- Buenos días a los dos –Bella fue la primera en saludarnos cuando estuvimos frente a frente –. Creo que son buenos con la puntualidad.

- Por lo que veo, también ustedes –Terry le devolvió el halago –. Es agradable verlas otra vez.

- Terry, Edward –el saludo de Candy fue más breve, pero seguramente fue así porque, a diferencia de nuestro último encuentro, Terry enfocaba su atención sólo en ella.

- Hola, Candy. Hola, Bella –al igual que Terry, yo también centré mi atención sólo en la chica que en verdad me atraía.

Por supuesto, el destino se complace en estropear nuestras decisiones, o al menos la mía en particular, porque justo cuando decido ser honesto y dedicarle mi atención en exclusiva a Bella, ella decide ignorarme y concentrarse sólo en Terry. Desde luego, me miró con interés por un instante, ¡pero volvió a enfocarse en mi primo!

- Creo que ésta es la parte en la que debemos ponernos en marcha al lago –la pequeña broma de Terry hizo sonreír a Candy, pero contrario a los deseos de él, ella evitó su mirada en todo momento –. Después de todo, el transporte público no espera a nadie.

Bella asintió por todos e inmediatamente nos encaminamos hacia la ruta que nos llevaría al lago. Entre el silencio y las miradas expectativas que perduraron durante gran parte del trayecto, llegué a la conclusión de que aquella iba a ser la cita menos "normal" de la historia.


CANDY POV

Desde el primer momento en el que subimos al jeep que sería nuestro transporte, la incomodidad que sentía desde que desperté se multiplicó por tres. Por supuesto, no era culpa de Terry ser tan atractivo, tan encantador, tan irresistible…él sólo estaba siendo natural, incluso amable, al intentar mantener una conversación "civilizada" con nosotras.

Y sin embargo, por mucho que pudiera admitir las muchas cualidades que lo hacían el hombre perfecto para cualquier mujer, yo incluida, no podía evitar desviar la mirada cada vez que sentía posarse sobre mí esos hermosos verdi-azules ojos. ¿Por qué lo hacía? Creo que ni yo misma lo sabía…

La última vez que nos vimos tenía una buena excusa para justificarme: él estaba interesado en mi amiga, no en mí. Pero hoy, aunque sonreía y se mostraba educado mientras hablaba con Bella sobre el clima, parecía querer llamar mi atención. Y por más que al duende egoísta que habitaba en mi cabeza, y que disfrutaba haciendo descender mi autoestima, quisiera persuadirme, supe que no estaba imaginando ese detalle.

- ¿Qué les parece? Ya hemos llegado–esa voz atrayente me hizo dejar, al menos de momento, mis pensamientos–. Tardamos menos de lo que había pensado.

- Llegamos en un buen momento –le escuché decir a Bella mientras el jeep se detenía y el conductor nos indicaba que podíamos bajar.

Edward y Terry bajaron primero, sin ningún tipo de problema. Seguro que yo tampoco lo tendría si tuviera unas piernas tan largas. Uno de mis peores estigmas siempre han sido mis 1,55 centímetros de altura. Incluso Bella, medía unos centímetros más que yo. Era un detalle que me reprochaba en secreto.

- Es increíble que aún existan paisajes tan bonitos y naturales–Bella, siempre dispuesta a ser independiente se preparaba ya para dar un salto y llegar al suelo, pero para su sorpresa, y para la mía, Edward se ofreció a ayudarle a bajar y ella no lo rechazó.

Tal como conocía a Bella, aunque se mostró tranquila y hasta retraída, seguro que estaba hiperventilando mientras Edward la sujetaba de la cintura con ambas manos para luego dejarla en el suelo. Mientras ella murmuraba un "gracias" algo rápido, vi a Terry acercarse al jeep otra vez.

- ¿Quieres que te ayude a bajar, Candy?–se mostró tan amable y tan sonriente que casi estuve dispuesta a aceptar. Pero la palabra "casi" se mantuvo como un eco en mi mente.

- Puedo ser bajita, pero no soy torpe–con rotunda negativa rechacé su mano abierta. Y por una vez, agradecí ser una de las mejores en la clase de gimnasia, porque gracias a eso pude dar un salto seguro que me llevó del jeep al suelo.

- No pretendía decir que lo fueras. Sólo estaba intentando ser amable.

Una gran ola de furia se apoderó de mi misma en ese momento, y a punto estuve de decirle lo que podía hacer con su "amabilidad", pero me contuve y compuse mi mejor semblante. Sólo Bella podría haber adivinado mi verdadero humor.

- El lago es precioso, ¿verdad, Candy? Es como si el amanecer se reflejara en élY probablemente lo hizo, y por eso está intentando distraerme.

- Sí. Es hermoso–tuve que admitir que la tranquilidad del lago contrastaba con mi estado interno.

Frente a ese lindo paisaje me concedí un minuto para relajarme. Aunque aún no era mediodía, ya había otras personas visitando el lago, al igual que nosotros. Grupos de excursionismo, parejas, grupos de amigos, todos disfrutaban por igual.

- Otro jeep vendrá al lago más tarde–Terry, que se había vuelto hacia el conductor del jeep, antes de que partiera, ahora se acercaba a nosotros–. Habrá dos viajes más el día de hoy, así que no tenemos que preocuparnos por quedarnos varados aquí.

- En ese caso, tenemos bastante tiempo para recorrer la zona. ¿Cuál será la mejor dirección para empezar?

- Hay dos buenas opciones–le respondió Edward a mi amiga–. Está el bosque al pie de la montaña, hacia allá –señaló en uno de los extremos que bordeaban el lago antes de señalar justo al extremo opuesto –. Y el mirador, desde donde se puede ver todo lo que rodea al lago.

- Ambos se ven interesantes –Bella miró a Edward un instante…antes de mirar en exclusiva a Terry–. ¿Qué opinas, Terry?

- Creo que las dos tienen su encanto. Propongo que comencemos con las dos al mismo tiempo.

- Estando en extremos opuestos, eso suena imposible–señalé lo obvio por el simple placer que me producía el llevarle la contraria.

- No si nos dividimos.

- Buena idea–para mi malestar, Bella estuvo de acuerdo con él–. ¿Cómo nos separamos?

- Sería sencillo si Terry y yo vamos a un lado y ustedes al otro, pero reconozco que tal vez sea lo mejor dividirnos de otra manera–no me pasó desapercibida la forma en la que Edward habló, así como en la insinuación que tenían sus palabras, pero mi amiga ignoró esas señales y se hizo la total desentendida–. Candy, ¿te importaría acompañarme al mirador? O podemos ir al bosque, si quieres…

- El mirador suena bien –le sonreí a Edward sintiendo un poco de pena por él porque, aunque lo disimulara muy bien, no era tan difícil notar que esperaba otra reacción de mi mejor amiga.

- En ese caso, nosotros podemos ir a ver el bosque–Bella se volvió hacia Terry con optimismo…un optimismo que sólo le había visto exhibir cuando quería encubrir una decepción. Pero, ¿por qué Bella se sentiría decepcionada?

- Sí, de acuerdo–no estaba segura, pero me pareció que Terry dudaba de darle una respuesta afirmativa…al menos hasta que intercambió una rápida mirada con su primo–. Nos vemos aquí en, ¿una hora?

- Seguro. ¿Candy? –Edward extendió su brazo hacia el camino, invitándome a seguirlo en un auténtico gesto de humor.

Reí por lo bajito antes de comenzar a seguirle. Pero no estábamos aún a tanta distancia para evitar que diera una última mirada en dirección a mi mejor amiga, y me percatara de que Terry le decía algo que la hacía sonreír antes de que ambos se encaminaran en dirección al bosque.

Fue entonces que lo comprendí. La razón por la cual me sentía molesta con ese ser perfecto: ¡estaba celosa! ¡Porque el que antes pensé que era un ángel encantador estaba resultando ser un demonio seductor! ¡Porque su seducción no era sólo para mí, sino para todo el género femenino, y lo peor de todo, mi mejor amiga incluida!

¡Alto! Mis deducciones se detuvieron en seco. ¿Estaba entonces molesta con Bella porque tenía la atención de Terry? No, eso es imposible. Estaba molesta sí, pero no con mi amiga, sino con el chico de mis sueños, por haber resultado ser demasiado perfecto para ser verdad.

- ¿Estás bien, Candy? No tenemos que ir si no quieres…

De pronto caí en cuentas de que Terry y Bella ya no estaban a la vista, de que yo había dejado de caminar y de que Edward me hablaba desde hacía unos momentos y yo seguía sin darle una respuesta.

- Lo siento–conseguí disimular mi decepción bajo una falsa sonrisa–. No suelo ser una buena compañía. Creo que sólo Bella me soporta.

- Normalmente tengo el mismo problema con Terry. Sólo yo lo soporto–su comentario, lejos de ofenderme, me hizo reír–. Y créeme, si alguien difícil de soportar, ése es él.

- No imagino por qué–no recordaba haber dicho una mentira con tanto descaro. Obviamente, era ya consciente de que Edward tenía una muy buena razón para considerar insoportable a su primo.

- Sin embargo, creo que lo soporto porque, pese a todo, es mi primo y sé que, aunque tiene defectos, es una buena persona.

- Ya lo creo–asentí lamentando coincidir con él. Aunque Terry tuviera el defecto de coquetear con todas, seguro que cualquier chica se sentiría afortunada de estar con él, porque sus otras virtudes eclipsaban ese defecto.

- Por eso, no se me hace difícil comprender a Bella–tuve que enfocarme de nuevo en la conversación porque no lograba darle coherencia a sus palabras–. Aunque no siempre seas la mejor compañía, seguro que en el fondo, hay muchas cosas a tu favor que hacen que quiera pasar su tiempo contigo.

- Gracias –le sonreí con sinceridad por ese gesto de solidaridad –. Intentaré ser una mejor compañía –quise mostrarme un poco bromista para dejar atrás la auto-compasión –. Háblame de ti, Edward. ¿De dónde eres?

- ¿De dónde soy?

- Sí, ¿de qué parte del mundo eres? ¿América? ¿Europa? ¿Asia?

- Europa. Terry y yo vivimos en Italia. ¿Y ustedes?

- De Norteamérica. Vivimos en Forks –le respondí sintiendo más curiosidad ante la posibilidad de saber más de él. De su primo, en realidad. Así que, son italianos.

- Se puede decir que sí –y antes de que pudiera volver a preguntar, él llevó la conversación a otra dirección –. Nos hemos mudado un par de veces, pero Italia se ha convertido en nuestro hogar.

- Y antes se mudaron porque… –dejé la frase inconclusa, dándole la oportunidad de contestarme…si es que quería hacerlo, porque su semblante me decía que no.

- A veces las cosas no resultan como quieres…Creo que habemos personas a las que se nos dificulta encajar más que al resto de la población.

- En eso tienes razón –reafirmé recordando mi caso en particular, lo difícil que había sido "adaptarme" a mi nueva vida –. Entonces, viven en Italia pero decidieron conocer Rumania.

- Supongo que vinimos por la misma razón que ustedes.

Por la misma razón que nosotras. Me los imaginé emocionados por conocer Transilvania, ansiosos por saber más de la "ciudad de os vampiros" y hasta deseando encontrarse con uno. ¡Imposible! La simple y absurda idea me hizo reír.

- Es que…–intenté explicarme mientras me observaba confundido, pero sólo hasta que dejé de reír pude articular palabra– La verdad, no me los imagino a ti o a Terry emocionados por conocer la ciudad de los vampiros.

- ¿La ciudad de los vampiros, dices?

- Sonara tonto, pero a Bella y a mí nos interesaba conocer Transilvania porque siempre la relacionan con los vampiros. Es…nuestro tema de ocultismo favorito.

- ¿Estás diciendo que a ti y a Bella les gustan los vampiros?

- Sé que es absurdo, porque la mayoría de las personas dice que son sólo un mito, pero…

- No es que se diga que son un mito, es que lo son.

- Como sea, el punto es que a Bella y a mí nos interesan porque siempre se les refleja como seres misteriosos y…bueno, a quién no le gusta el misterio, ¿verdad?

Esa vez, fue su turno de reír, cosa que para nada le reproché. ¿Qué esperabas, Candy? ¿Que te dijera, ese también es mi tema favorito? Sólo dos desadaptadas como Bella y tú se interesan por estas cosas.

- Supongo que, entre gustos y colores, hay muchos autores –dije intentando justificarme. Eso me gano por hablar de más.

- Por supuesto, cada cabeza es un mundo, y cada persona piensa diferente de la otra. Pero es difícil conocer a alguien que tenga esa opinión, y de ese tema en particular –dijo Edward ya serio, como si antes no se hubiera reído.

- Tal vez por eso Bella y yo nos llevemos tan bien–lo dije sólo para reafirmar lo que ya sabía–. Los que son diferentes, tienden a agruparse.

- Sí, eso dicen–me confirmó antes de callarse, dejándome en claro que no le animaba continuar hablando de ese tema.

Para mi buena suerte, llegamos al mirador en ese momento. Había otras personas usando los gigantes telescopios, pero de alguna forma logré apoderarme de uno.

- Las damas primero–me invitó a ver cuando entendió mi muda pregunta sobre si quería usarlo antes.

- Puedo ver pero… ¿cómo haces para enfocar? –pregunté mientras intentaba alargar más la vista.

- Me parece que debes girar esto–yo no pude ver lo que hacía, pero seguro que Edward consiguió dar con el botón para enfocar el telescopio porque de un momento a otro tuve una imagen más clara–. ¿Mejor?

- Así está perfecto–cuando conseguí el enfoque, comencé a girar el telescopio lentamente, primero para visualizar el lago, la montaña y luego…–. El bosque se ve muy bien desde aquí.

- Seguro que Terry y Bella ya están terminando el recorrido. Tengo entendido que no es un camino muy largo el que usan los turistas.

- ¿Estarán ya regresando? ¿No es un poco pronto?

- Creo que cuarenta y cinco minutos es tiempo suficiente para que hayan disfrutado la mejor parte del bosque.

- Vaya, el tiempo sí que pasa volando–di una última mirada a través del telescopio antes de preguntarle lo que desde hace rato me rondaba en la mente–. ¿Crees que deberíamos regresar ya?

- Creo que si regresamos ahora llegaremos al mismo tiempo que ellos. Pero podemos quedarnos unos minutos más si quieres…

- No, está bien. A Bella no le gusta que la dejen esperando–aclaré antes de soltar el aparato y ofrecérselo a él–. ¿No vas a mirar antes de irnos?

- Claro–accedió después de dudar un momento.

Apenas y transcurrió un minuto antes de que terminara de usar el telescopio, lo que me dio a entender que no le interesaba demasiado la vista. Genial. Ya somos dos.

Mientras regresábamos, no pude evitar pensar en que, seguramente, Bella habría estado divirtiéndose más que yo, y no precisamente porque hubiera elegido ver el bosque, sino por la compañía de cierto muchacho de ojos verdi-azules.

Tardamos un poco mientras caminábamos de regreso, pero aún así llegamos antes que Bella y Terry. Bueno, a decir verdad, segundos antes, porque un instante después pudimos verlos caminando hacia nuestro encuentro. Y algo en particular, llamó mi atención: ¡Bella reía!

Inmediatamente, verifiqué sus posturas, qué tanta era la distancia que los separaba mientras caminaban, si sus manos estaban unidas, todas esas señales que se supone indican si las personas sienten atracción entre sí. Para mi tranquilidad, no noté ningún detalle que me hiciera pensar en la palabra "atracción", aunque el buen humor reflejado en sus rostros era evidente. Definitivamente, amiga, te has divertido más que yo.


TERRY POV

Si en algún momento, en este mas de un siglo que llevaba compartiendo con mi primo, había pensado que él estaba mal de la cabeza, ahora no me quedaba la menor duda. Es decir, entendía sus inseguridades, el siempre había sido el más inseguro de los dos, a la vez que el que estaba más renuente a este tipo de vida que nos toco vivir, pero de ahí a que fuera un imbécil, eso si no era para nada propio de Edward.

Antes de encontrarnos con las chicas para nuestra cita habíamos tenido la misma conversación de los últimos días, es decir, le había repetido hasta el cansancio que yo no estaba interesado en su adorada chica ladrillo sino en su amiga, y según recuerdo, y miren que los vampiros tenemos una excelente memoria, también habíamos acordado que en esta cita cada quien se empeñaría en conquistar a la chica que le interesaba.

Y bueno parecía que todo había quedado claro, incluso mi primo había ayudado a Bella de una forma muy caballerosa a bajar del Jeep, cosa que me hubiera encantado que Candy me hubiera permitido hacer a mi también, pero en cuanto había sugerido el separarnos por parejas para recorrer el lugar, y al primer signo de desinterés de parte de Bella, ¿Qué había hecho mi primo? Pues nada más y nada menos que enfocar su interés en Candy y pedirle que ella fuera quien lo acompañara.

Así que una de dos, o a Edward le gustaba Candy, cosa que estaba seguro que no era cierta dada la fascinación con la que hablaba de bella, o, lo que era mas seguro, el orgullo de los Cullen había salido a relucir al verse rechazado por el objeto de su afecto.

Aunque claro que si mi primo hubiera estado más al pendiente de leer las expresiones de la chica, en vez de frustrarse por no poder leer su mente, se habría dado cuenta que la evasiva de ella no había sido otra cosa más que un escudo para no dejar en evidencia el interés que sentía por él.

Si, definitivamente este par de tontos eran tal para cual.

Bueno, al menos Bella no parecía ser una persona desagradable, incluso estaba seguro de que podría divertirme mucho con su compañía, después de todo, podría ponerla a prueba y ver si era inmune a mi don como lo era con el de Edward, y en el transcurso, podría sacarle información sobre su amiga, que me fuera útil más adelante. Si, pensándolo bien, probablemente el cruce de parejas, en esta ocasión, podría ser muy provechoso.

Me giré hacia mi acompañante para encaminarnos hacia el bosque, pero vi que ella estaba observando fijamente como Edward se alejaba con Candy hacia la zona de miradores.

- Tú le gustas, ¿sabes? – le dije causando que se sobresaltara.

- No sé a qué te refieres – me respondió haciéndose la desentendida.

- A mi primo – dije encogiéndome de hombros –. Se nota a leguas que te gusta, y permíteme informarte que el sentimiento es mutuo.

- Si claro, por eso es que le pidió a Candy que lo acompañara al mirador.

- Ah, eso fue para ponerte celosa, y por lo visto lo consiguió.

- No estoy celosa – replicó mostrándose falsamente indignada.

- Seguro, por eso pusiste esa cara cuando Edward le pidió a tu amiga que lo acompañara.

- No puse ninguna cara – se defendió.

- De acuerdo, Bella, como tú digas – le dije en tono condescendiente y luego para dar por concluido el tema pregunté –. Entonces ¿vamos a dar ese paseo por el bosque?

- Claro – respondió animada y empezamos con la caminata.

Anduvimos un buen rato caminando, internándonos cada vez más en el bosque, Bella mostraba un enorme interés hacia cada detalle de su alrededor, como si quisiera grabar en su memoria cada imagen que aparecía ante nosotros.

- Platícame un poco sobre ustedes Bella – le pedí para romper el silencio.

- ¿Qué te gustaría saber?

- No se, cualquier cosa, ¿Qué estudian? ¿Qué les gusta hacer? ¿Los chicos que vimos ese día con ustedes en la iglesia son sus novios? Lo que quieras contarme.

- ¿Es una entrevista de trabajo o algo parecido? – preguntó divertida. Vaya, esta chica tenía una mente ágil, definitivamente iba a ser todo un reto para mi primo lidiar con ella.

- Si, la verdad es que mi primo y yo estamos buscando damas de compañía y queremos saber si cumplen los requisitos – le seguí el juego.

- Oh, siendo así, trataré de contestar lo mejor posible, la verdad es que me encantaría quedarme con el trabajo, y estoy segura de que a Candy también – rió.

- Te escucho.

- Bueno, nosotras somos de América, de Forks, Washington para ser exactos, aunque Candy es originaria de Chicago, ambas acabamos de graduarnos del instituto y nuestras familias nos dieron este viaje como regalo de graduación. Tenemos planeado asistir a la universidad de Seattle en otoño, y no, Albert y Jacob no son nuestros novios, solo compañeros de Tour ¿pasamos la prueba?

- No lo sé, déjame consultarlo con Edward y nosotros te llamamos.

- ¡Oh por favor! Di que tenemos aunque sea una oportunidad o no podremos dormir lo que resta del viaje – pidió con la mas falsa preocupación que había visto en mi existencia.

- Bueno, puedo mover mis influencias para contratarlas, siempre y cuando Candy acepte ser quien me acompañe a mí.

- ¿Te gusta Candy? – preguntó asombrada.

- La verdad es que si – admití, para ser honesto no tenia caso mentirle y sería muy conveniente tenerla como mi aliada.

- Entonces ¿Por qué no le pediste a ella que te acompañara en el paseo? Digo, estoy segura de que disfrutarías más de su compañía que de la mía – "y yo estoy seguro de que tu también estarías disfrutando más de la compañía de mi primo"pensé.

- Porque Edward se me adelanto ¿recuerdas?

- Ósea, que soy tu plato de segunda mesa – me respondió ligeramente indignada.

- Claro que no, de hecho dudo mucho que, aunque Edward no se lo hubiera pedido, Candy hubiera aceptado venir conmigo, es decir, tu amiga parece odiarme – ella soltó una carcajada ante mis palabras.

- De hecho, no podías estar más equivocado, Candy sólo esta protegiéndose, a ella le gustas y mucho.

- ¿Lo dices en serio? – pregunté incrédulo y sin entender porque me sentí algo emocionado.

- Claro, ella solo está algo molesta porque piensa que yo te intereso ¡por Dios, como si alguien podría interesarse en mi sobre ella!

- Edward lo hace – le aclaré.

- ¿Otra vez con lo mismo?

- Es la verdad, no ganaría nada con mentirte.

- Seguro, como si alguien como él pudiera fijarse en alguien como yo.

- Pues le gustas mucho, y por tu reacción puedo entender que el también te gusta a ti ¿o me equivoco?

- Pues… – se interrumpió mordiéndose el labio inferior.

- Anda, yo te conté que me gusta tu amiga, puedes confiar en mí.

- De acuerdo, si me gusta – admitió ruborizándose – ¿contento?

- Mucho, aunque Edward lo estará más cuando se entere.

- Oh no, por favor no le digas, me moriría de vergüenza cuando este cerca de él – suplico enrojeciendo aun más.

- No creo que sea para tanto – dije encogiéndome de hombros –. Pero de acuerdo, no le diré nada.

- Muchas gracias – me dijo completamente aliviada.

- Aunque veras, mi primo es algo conservador, y por consecuencia tímido con las mujeres, por lo que pienso que sería bueno que tomaras algo de iniciativa.

- Yo… no creo que podría – mencionó en un susurro, bajando la vista y sonrojándose violentamente.

- No te voy a obligar, pero piénsalo, no pierdes nada con intentarlo y puede resultar algo bueno de todo esto, además Edward no te va a morderal menos por ahora, agregué para mí.

- Cierto ¿verdad? – sonrió.

Seguimos caminando un poco mas mientras conversábamos. Yo me dedique a sacarle sutilmente información sobre Candy, a la vez que le respondía preguntas que ella me hacia sobre Edward, era algo así como un acuerdo no expresado que habíamos hecho al confesarnos el objeto de nuestro afecto.

Tan metido estaba en nuestra conversación que había olvidado que aun no probaba si mi don con Bella para saber si era inmune a nosotros, o el problema de Edward solo se debía a que estaba embelesado con ella. Después de todo, durante el tiempo que habíamos pasado conversando, había comprobado que no tenía la cabeza hueca.

Tenía que encontrar una manera de ponerla a prueba, pero ¿Cuál sería la más apropiada? Definitivamente hacerla subir a un árbol estaba descartado, con lo torpe que había notado que era, lo más probable es que se cayera y se rompiera una pierna, y entonces si Edward haría rodar mi cabeza, literalmente.

Entonces, una idea cruzó por mi mente y no pude evitar sonreír ante ella. Probablemente mi primo iba a querer matarme de todos modos, pero estoy seguro de que después me lo agradecería; solo tenía que esperar el momento adecuado para hacerle la propuesta a Bella y que si no funcionaba pareciera algo casual.

Pasados unos minutos, en los que seguimos hablando animadamente y yo había aprovechado a lanzar el anzuelo para probar la efectividad de mi don con ella, nos dimos cuenta de que ya era hora de regresar a nuestro punto de reunión, por lo que le indiqué a mi acompañante que regresáramos por el camino que habíamos andado para no perdernos.

No es que yo fuera a perderme en el bosque, mi condición me concedía un sentido de la orientación perfecto, pero cualquier humano normal podría pasar horas dando vueltas tratando de encontrar el camino de vuelta, si tomaba un camino diferente.

- Y cuéntame ¿Por qué Transilvania? – le pregunté mientras emprendíamos nuestro camino de regreso.

- Y ¿Por qué no?

- No me malinterpretes, no tiene nada de malo, es solo que es bastante extraño que dos chicas tan lindas, en especial siendo adolescentes, se interesen por visitar lugares como este.

- Uy mira quien lo dice ¿Cuánto puedes ser mayor que nosotras? ¿Un año? ¿dos? – dijo riendo.

- Buen punto – rectifiqué reprendiéndome a mí mismo por no tener cuidado con mis palabras –. A lo que me refiero es que, por lo general, cualquier chica preferiría un viaje de compras a París, o tal vez un crucero por el Caribe, en vez de visitar una ciudad tan antigua como esta.

- Bueno ahí está el punto, Candy y yo no somos unas chicas normales – sonrió orgullosa de sus palabras –. De hecho somos bastante anormales para el gusto de nuestras familias.

- Me parece difícil de creer ¿Por qué dices eso?

- Digamos que en el instituto siempre fuimos las inadaptadas, no así al estilo de que no hablábamos con nadie o las clásicas nerds – se apresuró a aclarar –. Pero mientras nuestras demás compañeras se la pasaban preocupándose por cosas como citas o bailes, nosotras preferíamos reunirnos a leer un buen libro o a ver alguna película.

- Bueno, eso no las hace anormales, solo centradas – la conforté – pero no has respondido a mi pregunta.

- Temo que te rías – confesó sonrojándose.

- Prometo no hacerlo, anda Bella cuéntame, pensé que nos estábamos haciendo amigos.

- De acuerdo – suspiró antes de continuar – lo que ocurre es que Candy y yo tenemos una especie de fascinación por el mundo de los vampiros.

En cuanto escuche sus palabras no pude evitar soltar una carcajada, no era que me riera de ellas, era que la situación me parecía de lo más irónica, dos chicas hermosas fascinadas por los vampiros y vienen a toparse precisamente con un par de ellos. Vaya, y quién dice que el destino no existe.

- Prometiste que no te reirías – me recriminó al ver que no podía parar de reír.

- Oh, lo siento mucho Bella, pero te lo juro que no me río de ustedes, más bien de la situación.

- ¿A qué te refieres?

- Bueno, es que digamos que mi primo y yo nos inclinamos mucho por todo ese asunto de los seres de la noche, de hecho algo de eso fue lo que nos trajo en este momento a Transilvania, además de atender unos asuntos familiares.

- ¿En verdad? ¿No me lo estás diciendo solo por seguirme la corriente?

- Claro que no Bella. Es más, nos hemos inmiscuido tanto en el tema de los Vampiros, que a veces nos sentimos como si fuéramos uno de ellos.

- Te entiendo, a mi también a veces me gusta fantasear con que soy uno de ellos, bueno al menos el color pálido ya lo tengo – rió.

- Y también la belleza.

- Sí, claro – bufó –. Pero ya en serio, Terry, ¿te imaginas lo que sería toparse con uno de ellos?

Reí internamente ante su entusiasmo, me pregunté ¿qué pensaría realmente esta niña si tan solo supiera que tanto ella como su amiga estaban siendo pretendidas por un par de ellos?

- Pues según he escuchado, ellos son capaces de mezclarse entre los humanos, es más, nunca se sabe, pero incluso podrías estar hablando con uno y ni siquiera darte cuenta – de hecho eso es lo que estás haciendo en este momento, pensé.

- Eso sería magnífico – expresó de manera soñadora.

- Y dime Bella ¿qué crees que harías si tuvieras a un vampiro en frente?

- No lo sé – meditó por un segundo y luego continuó –. Creo que después de salir de mi estado de ensoñación, lo acribillaría con preguntas acerca de cómo es su existencia en realidad, qué se siente vivir eternamente y cuál de todas las teorías que manejan los diferentes autores son ciertas.

- ¿Y eso sería antes o después de que el te saltara a la yugular y bebiera hasta la última gota de tu sangre? – pregunté burlonamente, de primera mano sabía que no muchas veces los encuentros con los de mi especie son tan afortunados como éste.

- Oh vamos, trato de ser optimista y pensar que tendré la oportunidad de mantener por lo menos una charla con el, aunque para ser honesta, no me importaría ser mordida por uno de ellos.

- Y mucho menos si se pareciera a mi primo ¿verdad? – la piqué sabiendo que si algún vampiro en todo el universo sentía unas ansias locas de morderla, ese era Edward.

- Especialmente si se tratara de tu primo – me respondió de manera impulsiva y llevo rápidamente una mano a su boca cuando se dio cuenta de sus palabras. Se sonrojó furiosamente y un instante después ambos comenzamos a reír.

Segundos después, estábamos llegando al punto de reunión y vimos a Candy y a Edward que nos esperaban impacientes, ella miraba de manera inquisitiva a su amiga y a mí, mientras que mi primo me veía con una advertencia plasmada en su rostro

Tranquilo primito, aquí te la traigo sana y salva, sin un solo rasguño y con su virtud intacta, al menos en lo que a mi respecta. Me burlé internamente a lo que me gané un gruñido de él lo suficientemente bajo para que solo yo pudiera oírlo.

Y luego el momento que venía esperando desde hace un rato llegó, tuve que concentrarme mucho para no pensar en él desde que supe que estábamos a una distancia tan corta de mi primo que podía escuchar con facilidad mis pensamientos.

Bella miro fijamente a Edward y se mordió el labio inferior antes de caminar de manera decidida hacia él.

- Edward – le dijo cuando estaba a solo un paso de distancia.

- Sí Be… – comenzó a hablar el, pero antes de que siquiera pudiera terminar de mencionar su nombre, Bella lo jaló de la camisa y unió sus labios en un beso por demás apasionado.

Inicialmente Edward se quedó de piedra por la impresión, pero un segundo después la tomó firmemente de la cintura y comenzó a corresponder el beso con la misma intensidad.

Giré mi mirada hacia una sorprendida Candy, que veía la escena con incredulidad, como si se preguntara ¿Qué demonio se había poseído del cuerpo de su amiga?

&& - Flashback - &&

Nos habíamos sentado en un tronco caído para que Bella descansara un rato, antes de emprender el camino de regreso. Ella estaba contándome acerca de cómo había conocido a Candy en su primer día de instituto e inmediatamente se habían hecho amigas ya que tenían muchas cosas en común, en especial la timidez.

Fue entonces que encontré el momento adecuado para lanzar el anzuelo.

- Pues insisto en que debes empezar a vencer esa timidez Bella. Imagínate, mi primo es un reprimido y tú que no te animas a dar el primer paso… con esa combinación dudo mucho que el tiempo que vas a estar en Transilvania les sea suficiente para pasar siquiera del saludo.

- ¿Y qué propones que haga?, Que llegue y le diga "Edward me gustas ¿Por qué no intentamos tener un romance de verano el tiempo que permanezcamos aquí?" – dijo sarcásticamente.

- No, eso suena muy cursi, definitivamente no funcionaría – respondí como si no hubiera notado su sarcasmo y entonces proseguí –. Lo mejor sería que en el momento que nos reencontremos con ellos, vayas directo hasta mi primo y le des un beso salvajemente apasionado.

Ella rápidamente se giro a verme, completamente anonadada ante mi propuesta y yo aproveché que su mirada se había encontrado con la mía para hacer uso de mi don.

- ¿Lo harás verdad? – pregunte mirándola fijamente a los ojos.

- C…claro – respondió algo aturdida al inicio y luego sonriendo agregó –. Suena como una excelente idea.

&& - Fin del flashback - &&

Bueno, al parecer estaba comprobado: la chica ladrillo no era inmune a mi don.


Hi Vampires!

Lo sé, no tengo perdon de Dios por tardar tanto en actualizar, y la verdad es q podria venir a decirles todas las razones pero a final de cuentas creo q lo ultimo que quieren leer son excusas. Lo unico que puedo decir es q las cosas se complicaron un poco y eso de escribir en conjunto pues no es tan facil, porque cuando yo podia Karlina no o viceversa.

Ahora si, pasando al capitulo... ¿que les parecio?. Apoco no les gustó la manera que tuvo Terry para probar su don con Bella y Edward?. Bueno este par no se podra quejar, ya tuvo su primer beso (robado pero beso jaja). Y pues parece que al fin las parejas comenzaran a estar en su lugar.

Y por ultimo... pero no menos importante... MUCHAS GRACIAS a Brujislrc25, Elizabeth Lecter y a las demas personas que siguen historia, que a pesar que son pocas en serio me da gusto que me honren con su tiempo y que le den una oportunidad este fic, y porfis, si no es mucha molestia... recomiendenlo jajaja, se q a veces no nos gusta mucho leer crossovers, pero la verdad es un trabajo que hacemos con mucho cariño

bueno ahora si me despido... a las chicas que leen UN AMOR QUE VENCE TODAS LAS BARRERAS esperen cap a mas tardar el prox fin de semana

Y como siempre comentarios, sugerencias, críticas, etc. haganmelas llegar con un review... o aunque sea solo digan "si te leo" en serio me interesa mucho su opinion con esta historia

Dulces besos de sangre y abrazos tipo Emmett

"Mi vida era como una noche sin luna y entonces EDWARD cruzó mi cielo como un meteoro"

Ruby

Vampiressa de Edward Cullen