Bien: este es el capítulo final de la historia "Para que nunca me olvides"...

Muchas gracias a mis lectoras por su apoyo y espero que sigan la siguiente ^^

Sin más preámbulos: léanlo y disfrútenlo


Para que nunca me olvides

XII

"…Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado".


Tokairin sostiene la mano de Natsumi, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo…

Una tras otra, las pesadillas van tomando forma: como si ella misma las estuviese atrayendo.

-Los paramédicos han llegado, Shouji…- le dijo Miyuki, a lo que el teniente asiente levemente: la muchacha se agacha, tocándole el hombro para poder captar su atención- Necesitan que te hagas a un lado, para poder trabajar y examinarla…

-Que lo hagan frente a mí: no pienso moverme…

La oficial asiente. De todas formas, ella haría lo mismo.

Todos los muchachos fueron a revisarla, sin que la mirada del teniente se despegara por un segundo de su prometida. Uno de los encargados del procedimiento fue quien dio el diagnóstico.

-Esto, claramente, son síntomas de pérdida: tenemos que llevarla inmediatamente a urgencias…

Los paramédicos y el teniente la subieron a una camilla, para poder trasladarla al centro hospitalario más cercano: el estado de Natsumi era crítico. Miyuki quería estar con ella, como siempre lo ha estado, pero bastaba ver la cara de preocupación del teniente, padre de los hijos de Natsumi, y luego, observar a sus compañeros, quienes no daban abasto como para regularizar la situación del accidente…

Estaba claro cuál era su lugar, en esas instancias.

-Ve, Tokairin: yo los alcanzo luego…

El teniente asiente, con los ojos rojizos de la desesperación que lo embargaba: sabía que quería estar con su amiga, pero dio prioridad al padre de sus hijos- Muchas gracias…

Entraron a su amiga a la ambulancia y cerraron una de las puertas.

La imagen de Nakayima se presentó ante sus ojos.

-Ken-chan…- musitó Miyuki, impresionada, asustada por verle.

Nakayima se veía pálido, triste: de un momento a otro, negaba con su cabeza… Los ojos de Miyuki se humedecieron.

No era posible.

El sonido de la ambulancia la despertó: la imagen se volvía borrosa.

-¡NO, NATSUMI: NOOOOO!

Miyuki salió corriendo tras su imagen, pero la ambulancia tapó su campo visual, para irse del lugar y no dejar nada de lo que había visto.

Cuando llegó al lugar, cayó de rodillas.

-Natsumi no: por favor…Resiste, resiste- musitaba Miyuki, una y otra vez, sin parar de llorar.


Flash back: día del velorio de Nakayima…

POV Tokairin

Fue un día muy extraño: apenas logré desocuparme de lo que tenía pendiente, llamé inmediatamente a la estación, para enterarme de lo sucedido.

Nakayima había muerto, cumpliendo su labor…

No, mucho más que eso. Sería un mal agradecido, de referirme así de él: fue un verdadero héroe… Rescató a una gran amiga…

Con dirección en mano, tomé mi bicicleta y llegué a su hogar.

Como era acostumbrado, el velorio se alargó por una semana: llegué al tercer día, con la pequeña ilusión de verla allí. Asegurarme, con mis propios ojos, que Natsumi estuviese sin secuelas: por lo menos, no en el área física…

Llegué al salón de bienvenida: vi que Miyuki me esperaba.

-Lo lamento mucho, Miyuki…- le dije: fui escueto, pero no tenía qué más decir. Sobraban las palabras en ese momento.

La situación no ameritaba más.

Miyuki estaba observando a otro lado: de un momento a otro, sentí su abrazo muy apretado. Toqué su espalda, tratando de consolarla en su pena.


Caminé por los pasillos, hasta que di con el salón: el olor a gladiolos me guió hasta ese lugar…

… Y allí la encontré: arreglando nerviosamente las flores…

Era normal en ella: cuando la situación escapaba de sus manos, de su control, se movía de un lado al otro, tratando de ser útil.

Se apoyó en un muro, observándola atentamente.

De un momento al otro, descubrí ese fetiche que no pude dejar.

-Hola, Natsumi…- la saludé, lo que la hizo saltar.

-Teniente…- musitó Natsumi: la vi muy pálida, pero bien parada en sus pies. Era imposible el verla endeble.

Fui hacia ella, cuando inmediatamente alzó la mano, en saludo marcial.

-¿Tienes que ser tan formal?- le contesté, con pena al sentirla tan lejana.

Bajó la mano y me saludó con un abrazo: el que terminé reforzando, ante la impresión de ella y la mía, por hacer tal hazaña- Lo lamento mucho, Natsumi.

No me alejé de ella, hasta que sentí que colocaba sus manos en mis hombros.

Tomamos distancia y vi que sus mejillas estaban sonrosadas.

¡Quién sabe, si es que alguien tuvo la delicadeza de abrazarle, darle el pésame: siquiera un apretón de manos! Por su reacción, lo dudo.

-Siéntate, Tokairin: yo le serviré una taza de té…- con sus dulces palabras me dejó, mientras caminaba a buscar la bebida.

Me senté en un cojín, observando todas las muestras de aprecio de sus compañeros y sus familiares, representadas por muchas flores a su alrededor.

Por lo menos, murió siendo muy amado.

Me gustaría pensar que será igual, de ser mi turno…

Estaba cavilando, cuando aparecía ella, con la bandeja de té.

Usaba una falda entallada, con una camisa manga corta: ambas de color negro… Se veía bellísima, como siempre: aunque el mundo se le cayera encima y se guardara todo el pesar que sentía en esos instantes, no se dejaría ver así…

Todos vivían su duelo,… todos menos ella.

-Te ves… muy bien…- le dije, sin poder contenerme.

Me miró extrañada, cuando alcancé a corregirme-… Digo, por la situación que están pasando…

-Hay que serlo, teniente…- dejó la bandeja, temblando un poco de la mano. Acto seguido, se sentó y sirvió ambos vasos de té: me entregó uno, el cual tomé con agradecimiento- Miyuki está destruida, todos lo estamos: pero esta es una circunstancia ineludible y tenemos cosas que hacer. La familia está destrozada y hay que atender a invitados: cuidar la casa y velar por Nakayi—Es increíble que diga estas cosas: todavía no asimilo que esté-- puso su mano en el rostro- Ah, Dios…

-Eres valiente, Natsumi: no cualquiera haría lo que haces,… no con esa misma entereza- le trataba de dar valor, tomándole la mano.

Estaba temblando: la tomé de ambas manos, pese a su resistencia.

No era voluntario…

-… No has dormido…- le dije, luego de mirarla atentamente.

No era posible que nadie notara su estado.

-No hemos tenido mucha ayuda, así que no he dormido bien…- contestó Natsumi, pero no pudo hacer que le quitara las manos- Vamos, Tokairin: sabes que estaré bien…

La miré detenidamente, sin creer ninguna de sus excusas.

Tan sólo tomé sus hombros, acercándola a mí: la recosté en mis piernas… Sentí que se puso tensa, así que me di la licencia de acariciar sus hombros, para que se relajara…

-Duerme, Natsumi… Yo voy a cuidarte.

Vi sus ojos violeta: abiertos y expresivos… Tenía ganas de besar sus párpados, para tranquilizarla, y luego bajar hasta sus labios—

No, no: estaba para apoyarla, no para tener otra clase de pensamientos con ella.

-De acuerdo…- musitó, ya con los párpados medio caídos.

Me daba gusto vigilar su sueño: me llenó de tranquilidad, de paz…

Desde hace un tiempo, algo interiormente me llamaba a cuidarla.

Así se quedó: durmiendo apaciblemente en mis piernas, y comprendí que mi lugar estaba aquí, a su lado… Velando su sueño tranquilo…

En un tiempo muy lejano vi la emoción de llegar a la cumbre de una montaña: con solo mirar su rostro, bastó para que comprendiera que la búsqueda había terminado allí.

Algo en ella llamó mi atención.


Esas manos que me llevan

Por las calles de la vida

Esa cara que me obliga

A mirarla de rodillas

Sólo hay una, sólo hay una

O tú, o ninguna.

Esa voz que me aconseja

No creer en las sonrisas

Ese pelo que me cubre

Como lluvia de caricias

Sólo hay una, sólo hay una

O tú, o ninguna.

O tú, o ninguna

No tengo salida

Pues detrás de ti mi amor

Tan sólo hay bruma

Si no existieras

Yo te inventaría

Como el sol al día

O tú, o ninguna.

Esa que, de puro honesta

En el fondo te molesta

Esa que te admira tanto

Que te obliga a ser un santo

Sólo hay una, sólo hay una

O tú, o ninguna.

Confidente de mis sueños

De mis pasos cada día

Su mirada mi camino

Y su vida ya mi vida...

O tú, o ninguna

No tengo salida

Pues detrás de ti mi amor

Tan solo hay bruma.

Si no existieras

Yo te inventaría

Pues sin duda alguna

O tú

O tú, o ninguna

O tú, o ninguna.

"O tú o ninguna", Luis Miguel


Fin del flash back

El teniente estaba cabizbajo: sus rodillas apenas y sostenían el peso de los brazos lánguidos…Ya han sido un par de horas atrás, desde que el doctor tratante fue a conversar con él.

-Su prometida tuvo una alza de presión, a causa de la tensión que tuvo que soportar: tiene que estabilizarse… De lo contrario, corre peligro de abortarlos…

Estaba deshecho: nunca pensó recibir un golpe de tal magnitud, en una etapa de su vida en la que había encontrado todas las piezas por ensamblar… Justo cuando pensaba que Natsumi estaba a su lado y que no volverían a separarse, el destino se encarga de objetar sus planes y dejar que todo se vaya por la borda. Justo cuando Natsumi comenzaba a desligarse de los temores y sufrimientos que le causó el pasado en el que vivía…

Justo cuando van a ser padres…

No, no era posible: no podía imaginar un lugar en el que ella no estuviese a su lado…

Y sus pequeños: su nueva razón de vivir, estaban sufriendo…

No pudo evitarlo: las lágrimas descendían por sus mejillas, impotente.

Ocultó el rostro entre sus manos.

Si les pasaba algo a sus hijos, a su Natsumi, él estaba muerto.


Las horas pasaban y Miyuki llegó al hospital: llegó hasta la sala de espera, donde se encontraba el teniente, durmiendo.

Por su posición, supuso que el sueño había hecho mella en su resistencia… No pudo evitar el sentirse conmovida: era un hombre magnífico, bueno y caballeroso: estas cosas no deberían estarle pasando.

-¿Es usted familiar?

-¡Ah!- Miyuki se sobresaltó al escuchar la voz de la enfermera-… N-no: soy amiga de la paciente Tsujimoto: ¿cómo se encuentra?

-Está en tratamiento y estabilizándose: el muchacho pidió unos minutos para verla, pero veo que está dormido.

La oficial observó de nuevo a Tokairin: estaba tan plácidamente dormido, que no pudo evitarle el sueño.

-Me gustaría visitarla, si no es mucho problema…

-De acuerdo, señorita… Sígame- ambas caminaron por el pasillo, hasta llegar a la sala: con el pomo de la puerta en la mano, la enfermera se dio vuelta hacia Miyuki- Por favor: evite los ruidos y sea breve. Volveré en cinco minutos.

-Está bien…- la enfermera abrió la puerta y Miyuki entró a la sala…

Estaba todo a oscuras: la única luz era la de los aparatos que estaban conectados en la camilla de Natsumi. La enfermera cerró la puerta y la joven se acercó lentamente hasta llegar a su lado: una de sus manos estaba caída, al lado de su camilla, así que la tomó y sintió un frío sepulcral que la desestabilizó por completo.

Asió de su mano y se sentó cerca de ella…

-N-no quiero ser egoísta, no esta vez: prometí que no volvería a hacerte más daño… Mira con lo que me encuentro…- sus lágrimas caen en la piel del dorso de la mano de la muchacha, y un latido descoordinado en la máquina que la monitoreaba le llama la atención- Debes estar oyéndome: quizás meneando la cabeza, de poder hacerlo… Ya no puedo estar cinco minutos sin llorar…

Dejó reposar ambas manos de Natsumi en su regazo y acarició su rostro.

-Natsumi, tú me enseñaste que hay marcas que se pueden borrar…- tocó el cuello de la muchacha, en donde tiempo atrás estaba el moretón hecho por Tokki- Tomaste tus heridas y las propias, y seguiste adelante: no te importó desafiar al mundo entero en el trayecto… Y ahora, ahora que vienen los frutos de tu esfuerzo, la alegría de tener hijos, ¿vas a desaparecer de aquí?

Miyuki se levantó de su asiento: estaba por salir, pero tuvo que afirmarse del barandal de la camilla… Una angustia, peor que la sentida en todo este tiempo, se atenazó en su pecho…

-Y-yo puedo soportarlo: me sobrepondré a la muerte de Nakayima, también a tu relación con Shouji,… N-no me pidas esto: no puedo vivir sin ti…

Se afirmó de cada extremidad de Natsumi, como si en cualquier momento fuese a esfumarse: como si nunca hubiese existido… Llegó a su rostro y lo tomó con ambas manos…

-Debes luchar, Natsumi: véncelos y retén a tus pequeños… Lucha contra esto. No me abandones: ¡no me abandones!- sin poder contenerse más, Miyuki llora en su hombro.

Su Natsumi no se daría por vencida: esta historia no terminaría así…

Después de un tiempo desahogándose, se levanta y toca su rostro.

Le da un beso en la frente y se marcha de la habitación.


Los primeros rayos del sol dan en el rostro del teniente, quien se remueve en su asiento: se despereza, mirando atentamente cada lugar de la sala. Cuando cae en la cuenta de la situación, se pone inmediatamente de pie y va en dirección a la sala en la que se encontraba su Natsumi…

Ya era demasiado tiempo sin conocer de su salud: sabía que su estado era delicado, pero no tenía certezas.

Estaba a punto de llegar hasta la enfermera que la atendió…

… Cuando, en un instante, ve salir a un par de asistentes con una camilla cubierta: era la sala de Natsumi…

No, no era posible: el teniente negaba una y otra vez la situación…

La camilla se alejaba y pasaba por sus ojos todos los recuerdos que tuvo a su lado…

Salió en pos de la camilla, cuando el ascensor en el que se internaron los auxiliares con el cuerpo se cerró.

Golpeó la puerta una y otra vez: no podía estar ocurriendo esto.

-¡Maldita sea!- sin esperar más, el teniente bajó las escaleras, parando en cada piso en el que pudiese parar el ascensor: finalmente, llegó al primer piso.

Nada: nada de la camilla, que se llevaba sus ilusiones, sus esperanzas…

A sus tres amores.

Se sentó a los pies de la escalera y se puso a llorar: todo se desmoronó ante sus ojos, y ni siquiera pudo decirle adiós a su pequeña…

-Mi Natsumi: mi pequeña Natsumi…- musitaba, desconsolado.

Estuvo minutos llorando, sin importarle nada a su alrededor.

Limpió su rostro: tenía que hablar con Miyuki. No podía hacerse a la idea de darle la noticia con la que acabaría de cuajo sus ilusiones y esperanzas de vivir.

Estaba por retornar a la sala de espera,… cuando escucha una voz familiar…

-¡SÍRVAME DOS TAZONES MÁS DE ARROZ Y UN PEDAZO DE PESCADO ASADO: TENGO DOS PERSONAS MÁS POR ALIMENTAR!

No era posible: de ser una ilusión, se amarraría con todas sus fuerzas a hacerla realidad… Caminó lentamente al casino, de donde provenía esa voz tan ansiada por sus oídos…

-Muchacha, no debería servirse tanto si está convaleciente…- dijo la señora del casino, a lo que Natsumi contestó.

-No me importa: mi estómago y mis pequeños piden comida, así que no andaré con chiquitas… A-de-más- recalcó Natsumi, moviendo los palillos- Ambos padres somos buenos para comer: si no quiero que me devoren viva, será mejor que los alimente. Sólo espero que no me encuentren aquí…

-Creo que es tarde para eso…

La voz ronca del teniente provocó un escalofrío en su espalda: se dio vuelta lentamente y se encontró con la mirada reprobatoria de Tokairin.

-A-ajá: hola, Shouji…- sonrió nerviosa Natsumi, sin que la cara del teniente menguara su enojo, sino más bien la aumentaba- Eh, ¿quieres un poco de arroz?

El teniente toma los palillos y los tira al piso, ante la indignación de su novia: acto seguido, la toma demandante de sus hombros y la mira fijamente.

-E-¡eso no es correcto, Shouji Tokairin! Te debieron haber enseñado el valor de un plato de comi—

-¡Basta! Es suficiente… No tienes derecho a hacerme pasar por esto, Natsumi-

Todos los que están allí estaban pendientes de la situación.

Natsumi estaba anonadada: la actitud del teniente no era la de siempre.

-Shouji…

El teniente toma su boca inmediatamente: sin bastar con ello, da un camino de besos desde su cuello y por su torso, a vista y paciencia de todo público… Natsumi no sabía qué hacer: estaba sonrojada y desconcertada. A punto de llamarle la atención, llegó a su vientre y todo cambió…

Cayó de rodillas: estrujó entre sus manos la bata, y sintió que el cuerpo del teniente sufría espasmos que empapaban su ropa…

-Yo creí- Creí que tú—

No podía articular palabra: a un paso de perderlo todo y ella se le aparecía así como así, tan lozana y tan fresca como siempre…

Era injusto: ¡era tan DIVINAMENTE injusto!

Natsumi trató de calmarlo, cuando la señora del casino puso una mano amiga en su hombro: volvió su mirada hacia el desconsolado teniente…

Se sentó y atrajo al teniente a su regazo, acariciándole lentamente sus cabellos- Ya, amor: estoy aquí, estamos aquí

Pasaron unos minutos, tratando de calmar al teniente: después de ello, la tomó entre sus brazos y se la llevó a la habitación, sin que pudiese terminar su desayuno…

-P-pero Shouji: ¡mi pescado asado!

-Haré que te lo suban a la habitación: ¡de verdad que no tienes remedio! Siempre estás preocupando a todo el mundo sin razones…

-Tenía mucho apetito: ¡la comida de un hospital no es comida! No voy a cargar con nuestros hijos con una jalea desabrida y un tazón de leche descremada…

Mientras el teniente y la muchacha discutían, alejándose del casino, la mujer encargada de la cocina sonrió tiernamente.


Tres meses después…

Miyuki estaba azorada, Shouji no lo podía creer…

Natsumi, bueno: ella estaba—

-¡NO PUEDO CREERLO: UNOS DÍAS EN CAMA Y ME PIERDO LA NOTICIA DE LA VIDA!

Eh, sí: estaba algo sorprendida. Agréguenle a ello los cuatro meses de embarazo que cargaba: embarazo múltiple, por aclaración…

Sí, podía estar algo molesta.

-¡Es increíble, ¿verdad?! Al principio le dije a Ikuko: "No, ésta no me la creo" ¡Y resultó ser verdad!- contaba Yoriko, con los ojos brillantes y emocionados- ¡La inspectora Kinoshita y el capitán Kachou se van a casar este fin de semana!

-Menos mal que sentó cabeza el capitán…- musitó Tokairin, en doble sentido…

-Insisto, ¡no puedo creerlo!: después de las escenas con las que me topé en Nueva York y sus insinuaciones…

Todos se le quedaron mirando.

-¡¿INSINUACIONES?!- dijeron al unísono.

-¿Dije insinuaciones? A já: ¡no, no, no, no, no: no me refería a esa clase de insinuaciones! ¡Qué mal pensados son ustedes!- rió nerviosamente Natsumi, ante la mirada escrutadora de sus compañeros.

Era pleno invierno y las copas de nieve han causado estragos en la capital nipona, lo que provocaba más trabajo policial: este era uno de los pocos momentos en los que podían darse el gusto de conversar y hablar con sus compañeros de las cosas de la vida.

Miyuki los observaba a todos, con una sonrisa: Yoriko seguía igual de cotilla, el teniente ganó un lugar en su corazón, por su nobleza y su energía,…

Natsumi volvió a ser la muchacha alegre de siempre…

De alguna forma, lograron sobrepasar el dolor y darle vuelta la mano al destino. No recuperaron nada de lo que tenían antes: sólo que volvió el equilibrio y la paz en sus vidas… No habría más cambios que hacer…

Bueno, eso era lo que todos pensaban. El rostro de Miyuki se volvió melancólico, por instantes…

Tal vez era una decisión apresurada, pero algo dentro de sí le dijo que era una nueva oportunidad que le abriría puertas en su vida.

Era radical: no podía darse el lujo de retroceder…

Eso se lo enseñó Natsumi, y no la volvería a defraudar.


Tomó el control de la televisión y la apagó.

Sacó todos los tiestos de helado de chocolate y naranja, (uno de sus antojos más raros, hasta el momento), y los botó a la basura…

La cadena del inodoro sonó por tercera vez, lo que provocó un bufido del teniente…

-Tokairin…

-Ya voy, Natsumi…- contestó, con una sonrisa en sus labios.

Se asomó al baño, donde una incolora Natsumi se lavaba los dientes y maldecía, en son de broma, el meterse en asuntos de XXX y atenerse a las consecuencias que, injustamente, debía sobrellevar la mujer.

-Nadie te dijo lo contrario, Natsumi: ¡además!- la tomó en brazos, ante la cara de frustración de Natsumi, quien pataleaba para que la dejara en el suelo- A mí se me ha antojado algo y creo que es el momento de remediarlo…

-Ah, Shouji: no tengo- Ahhh- un beso en su nuca la hizo desistir de terminar con la frase- ¡Eso es trampa!

-Pero si te ves hermosa: me provocas constantemente y te vas sin darme nada a cambio- subió su polera, lo que tensó a la muchacha…

Lo malentendió con placer, pero su rostro verde lo hizo desistir de ello.

-¡Tengo que volver al baño!- salió nuevamente corriendo al baño, ante la mirada atónita del teniente y su frustración.

Han pasado tres meses y no han tenido ninguna noche emocionante, más que las maratónicas vomitadas de Natsumi y caricias que se limitaban a su espalda, para poder calmar su malestar.

Esa Natsumi y su estómago insaciable.

-¡Y no me culpes a mí: culpa a tu buena puntería!- ante tal declaración, Shouji se sonrojó por su falta de vergüenza.

Bueno, en realidad, tenía toda la razón: el teniente sonrió cansado y fue al baño, para cuidar de ella.

A fin de cuentas, sólo faltaban un par de meses.


Muchacha ojos de papel,
¿adónde vas? Quédate hasta el alba.
Muchacha pequeños pies,
no corras más. Quédate hasta el alba.

Sueña un sueño despacito entre mis manos
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayón,
no corras más. Tu tiempo es hoy.

Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.

Muchacha voz de gorrión,
¿adónde vas? Quédate hasta el día.
Muchacha pechos de miel,
no corras más. Quédate hasta el día.

Duerme un poco y yo entretanto construiré
un castillo con tu vientre hasta que el sol,
muchacha, te haga reír
hasta llorar, hasta llorar.

Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.

"Muchacha (ojos de papel)", Luis Alberto Spinetta.


Las mañanas eran maravillosas: sentir sus ronquidos acompasados podían desentonar la imagen que tenían sus ojos, pero era imposible no conmoverse ante la visión de sus despertares…

Natsumi, con sus frazadas a un lado y una delgada sábana cubriéndola del frío: esa tela que revelaba los contornos de su figura y su vientre alzado.

Ese par de traviesos pillos que hacen estragos en Natsumi y juegan en ella: con sus antojos, sus pataditas, que la dejan exhausta y totalmente feliz.

Sí, la vida se reproducía ante sus ojos, como una acción cortada en miles de tomas que el teniente tenía el privilegio de vivir.

Tenía que haber un término más grande para demostrar el regocijo que sentía en esos instantes: la felicidad quedaba corta, ante tantas bendiciones.

Natsumi se estremece: se toma el vientre, inconscientemente y a Shouji se le iluminan los ojos. Sin pensarlo más, el teniente posa su cabeza en el abultado vientre y siente los golpecitos de los niños…

-Los amo, hijos…- musitó Tokairin, dándole un par de besos a su vientre para cada pequeño. Después, se alza y besa los labios de la madre de sus hijos- Te amo, preciosa…

Las mañanas eran maravillosas y el teniente se encargaría de velar por ellas: por Natsumi y por sus hijos, mientras viva…


Día de la boda

No, no es lo que piensan: Kachou y Kinoshita, al fin, eran marido y mujer…

Todas estaban emocionadas: llorando como magdalenas, menos Natsumi, quien estaba indignada en su papel de dama de honor…

Era estúpida su reacción, lo sabía, pero no soportaba ver cómo la inspectora pudo seducir al hombre, por el cual luchó su buena contienda, de buenas a primeras…

Miró al teniente, quien le dio una mirada reprobatoria.

-Hola, lindo…- le sonrió, con una mueca de nerviosismo en su rostro.

Sin quitar su escrutinio, le dio vuelta la mirada y provocó un sudor frío en la muchacha.

De pronto, un sonido de copas llama la atención de todos en el lugar.

Iruka se incorpora y levanta su copa, anunciando un discurso, mientras Natsumi negaba una y otra vez con su cabeza.

-¡UN SALUD POR LOS NOVIOS, QUE ESTABAN YA EN HORA DE COMPROMETERSE, Y POR MI PEQUEÑA NATSUMI, QUIEN ESPERA A SUS CAMPEONES Y EL TENIENTE, POR SU HOMBRÍA Y QUIEN HIZO ESTE GRAN ACONTECIMIENTO! AH, ¡Y NO OLVIDEN PASAR POR UNAS COPAS A MI BAR, QUE LS PRECIOS ESTÁN BAJÍSIMOS: SALUD!

-¡SALUD, COMPAÑERO!- dijeron al unísono los motoqueros, y en especial Kazuo, con lágrimas en los ojos por su Natsumi.

-Lo que me temía…- musitó Natsumi, golpeando su cabeza contra la mesa de los novios.

Todos estaban contentos y felices: Natsumi conversaba y reía con sus amigos, contando las anécdotas que los unió como compañeros de trabajo…

… En más de una ocasión, estaba presente Nakayima en esos bellos recuerdos: Miyuki los miraba detenidamente, tratando de memorizar cada rostro, cada sonrisa y cada palabra que decían…

Sin hacer ninguna objeción, salió calladamente del lugar…

Natsumi estaba conversando, cuando miró el lugar de Miyuki y por donde desapareció…

-Yo me adelanto: Shouji, no te preocupes por mí. ¡Felicidades a los novios!- dijo Natsumi, tratando de darle alcance a su amiga…


Tomó sus cosas y las acomodó en el maletero del auto: al cerrar la puerta, vio que Natsumi estaba allí…

Sus ojos estaban desconcertados: la situación no ameritaba otra cosa…

-¿Qué está pasando aquí?- dijo Natsumi.

Miyuki bufó: no era lo que deseaba, pero tendría que afrontarlo…

Se acercó a ella, poniéndose en su altura.

-Me voy de aquí, Natsumi: me voy a América…permanentemente.

Natsumi se quedó impávida: eso no era posible.

-¿Cuándo, quién, ¡por qué no me lo dijiste!?

-Necesitaba evitar esto: no saco nada con explicártelo, Natsumi… Voy a decírtelo, pero espero que tengas la mente abierta para poder comprenderme: no quiero hacerte daño…

En su mutismo, logró asentir levemente.

-Bueno,… pensé en todo lo que hemos tenido juntas: existe un vínculo muy grande entre nosotras y pienso que fue hasta cuando nos necesitamos una de la otra. Ahora, ahora ya no existe nada para mí en este lugar más que recuerdos: lograste sobreponerte a toda la serie de obstáculos en tu vida y tienes un rumbo fijo, mientras que yo sólo te tengo a ti…

Las lágrimas de Natsumi salieron por sí solas, ante la mirada triste de su compañera.

-E-entonces, ¿te alejas por mi causa?

-¡No, Natsumi: por Dios!- tomó su rostro, meciéndolo levemente- No eres la causa de esto, ¡no lo eres!: tienes que hacer tu vida… Tienes que criar a tus hijos, casarte, viajar, trabajar y ser feliz: a mi lado, jamás podremos dejar el pasado atrás si estamos juntas- le dijo Miyuki, mientras Natsumi negaba una y otra vez su cabeza- Sí, Natsumi: voy a arruinar tu vida, si sigo empecinada en mantener algo que ha muerto… Voy a levantarme y seguir adelante: ¡y tú harás lo mismo!

-Yo no quiero- Yo no quiero separarme de ti…

Miyuki, sintió, por primera y última vez, que todo comenzaba a ser lo de siempre: que sería ella quien debía levantar a Natsumi, por última vez.

-No lo haré, preciosa: no voy a separarme… Te llamaré seguido: podrás ir a verme y mis sobrinos van a poder comer pavo en Acción de gracias. No vamos a cortar este lazo, pero es necesario poner distancia… Tienes que prometerme que no vas a caer, como lo hice yo: mírame a los ojos y promételo, lo necesito…

Los ojos de Natsumi estaban empañados por las lágrimas, cuando sintió un viento que calmó su ansiedad.

Tomó valor y asintió levemente- Lo prometo…

La abrazó con fuerzas, tratando de sacar valor ante lo que se avecinaba.

-¿No quieres que vaya al aeropuerto?

-No, Natsumi: esto está bien… Además- tocó el vientre de Natsumi- no quiero que se congelen: prometo verte antes del parto.

Le dio un beso en la mejilla y fue a arreglar sus cosas: estaba a punto de entrar al auto, cuando se devuelve donde se encontraba su compañera.

-No me digas que te arrepentiste…- le dijo Natsumi, entre lágrimas, pero en son de broma.

-Sólo me faltaba decirte algo, antes de partir y comenzar una nueva etapa…- tomó su relicario y lo dejó caer en la mano de Natsumi- Quiero decirte que te quiero, que siempre lo hice: que te cuides mucho y disfrutes del hombre indicado y, por sobre todas las cosas, te aclaro algo…

Apretó la mano y se acercó al oído de la bruna.

-Jamás, jamás he pensado que fuiste la culpable del accidente: no fuiste tampoco el error de mi vida… Al contrario: no creo haber sobrepasado todo esto, no creo haber podido sobrellevar su muerte, de no haberte tenido a mi lado... Te quiero mucho- besó su oído y se alejó de ella.

Tomó asiento en su auto y encendió el motor, viendo atentamente por el retrovisor a la imagen de su amiga: sus ojos se empañaron de la felicidad.

Natsumi seguía con los ojos cerrados.

Cuando los abrió, Miyuki se había marchado.

Era su decisión: si Miyuki pudo dar la vuelta, ella lo haría también.

-Yo también te quiero: sé feliz, amiga- musitó Natsumi, apretando fuertemente el relicario en su mano.


Hice siempre lo que quise hacer
soy fuerte pero hoy me siento sola
hoy estás cerca de mi
y nada puedo decir.

Mi corazón se romperá
y nada vivo, nada comenzará.
El viento soplará
y el tiempo se nos escapará.

Algún día tú vendrás
y sola no estaré
el amor puede ser
frío y triste también.

El amor es una preciosa historia,
puedes reír y sufrir
el tiempo no pasará
gracias amor.


Las lágrimas quedaron atrás: hubo un tiempo en el que creí, fidedignamente, que existía un orden en las cosas… Me volvía loca, del sólo pensar que ese orden se desmoronaría…

-¡Vamos, Shouji! Toma el pavo del horno, que va a hacer alas y se irá sólo…

-Ya voy, Natsumi…-dice Shouji, terminando de mudar al par de gemelos y llevarlos a brazos de su madre- Gracias, lindo- musitó en sus labios, dándole un beso al teniente.

Hoy entendí que el orden pasa por sobre la ubicación de acontecimientos: Nakayima tuvo que morir y tuvimos que sufrir su ausencia,… Natsumi y Tokairin estaban destinados a conocerse: a ser el salvavidas de cada uno…

-Vamos, chicos: la comida está servida… Ven, Michael: siéntate a mi lado…- dijo Miyuki y Natsumi movió las cejas con malicia, lo que provocó en Miyuki un fuerte sonrojo.

Tokki estaba destinado a caer por sus actos: nos encargamos de desaparecerlo del mapa… Natsumi logró ser superior en todo momento ante él y obtuvo su libertad: la libertad para amar…

-¡Vengan acá, preciosos!- Natsumi y Miyuki tomaron a ambos bebés- Tienes suerte, Tokairin: tienes a un par de varones, igualitos a ti- le dijo Miyuki al teniente, a lo cual sonrió.

-¡Ahg, no lo digas más, que sólo le aumentas el ego!

Conocí a Michael, quien era uno de los compañeros de Natsumi, durante su estadía en los Estados Unidos… Me permití una nueva oportunidad… Pero hay algo que no dejaré jamás…

-¡Un salud por esta cena: por Miyuki y su compinche y por mis hijos, que salieron iguales de glotones que nosotros, SALUD!

Todos cayeron al piso, por el brindis de Natsumi: era de esperar que alguna de los comportamientos en los bares se le pegaran a la muchacha.

Dejando a un lado eso, todos chocaron sus copas y brindaron.

-¡SALUD!

El recuerdo de haber sido amada por Nakayima: siempre tendré su presencia, un trocito en cada persona amada…

No te preocupes Nakayima, que nunca podré olvidarte…".

"Para que no me olvides, voy a entregarte mi ser: no en las cosas, sino en tu corazón".

Fin.


Síiiii, el ansiado final: primero, agradezco su apoyo y su paciencia.

Estoy resfriada, así que me ha costado sacar el final... Pienso que ha sido lo mejor ^^

Besos y gracias a Natsumi THH y a Natsumi Niikura (me persiguen las Natsumis XDDDDD): un gran apoyo en el término de este proyecto.

Besos y nos vemos en "Las armas, las letras y tu corazón": Air voir!!!!!